Entre azul y buenas noches

Por Katsumi Kurosawa

Capítulo 4

Síntomas

Ya habían pasado tres meses de la llegada de Hana a la pensión

Hana subió a su habitación. Se sentía ligeramente agotado porque la Anna lo había puesto a lavar trastos y luego barrer la entrada.

No debía haberse ofrecido la noche anterior… Ahora ella creería que lo haría siempre.

Sabía que era una mujer convenenciera y su aparente amabilidad sólo llevaba a la confianza y así… ponerte a lavar platos.

No le importaba mucho. Estaba bien acostumbrado a cada palabra de aquella dama.

Pero últimamente estaba… un poquito hostil a los comentarios… a los suspiros y hasta a las vistas perdidas de las personas a su alrededor.

Su mal humor había estado incontrolable… y el pobre Yoh cargaba con las consecuencias.

— ¡YOOOOOOOHHHHHH! —oyó un grito en la habitación continua.

— ¿QUÉ? —gritó el nombrado desde la planta baja.

— ¡QUIERO FRESAS CONGELADAS CON CAJETA!

— ¿QUÉ? ¡PERO SON LAS ONCE DE LA NOCHE!

— ¡NO ME IMPORTA, VE POR ELLAS!

—Bien…

La sonrisa de Hana se hizo presente. Que lindos momentos estaba presenciando.

Anna en todo su poder y gloria e Yoh en toda su derrota y bondad…

— ¿Ya me dirás la verdad? —se escuchó de pronto interrumpiendo sus pensamientos.

— ¿La verdad? —el chico rubio le devolvió la mirada y la encontró parada en la puerta de su habitación.

Retrocedió y ella lo acorraló en la pared.

Aquella mirada penetrante nunca le permitió mentir… era como un detector que se entornaba si lo que decía no era creíble.

¿Por qué no había usado esa poderosa arma antes?

—Vamos… quiero la verdad en este instante… —insistió jalándolo de la camiseta como si con la mano libre, fuera a golpearlo.

—No te entiendo —se hizo el tonto porque si compartía su fin, arruinaría la situación.

— ¿Te refresco la memoria?—murmuró amenazante— Tu no vives en América… tus padres no viven aquí porque no haz ido a buscarlos en un mes, le dices a Yoh que están muertos… y porque no soy una tonta para tragarme tu cuento… ¿Quieres que siga?

—Ah… —se quedó estupefacto.

Sabía. Lo sabía… no debía mentirle a la gran Anna Kyouyama o pagaría las consecuencias.

Pero qué tonto al pensar que podía ocultarle algo a Anna… a su propia madre…

—Desde cuando…

—Lo sé desde siempre… quiero la verdad… sospeché lo que me vas a decir ahora desde que dijiste que tu nombre es Hana… —entornó los ojos intimidante.

—Pero… ¿Por qué? —y claro que él no resistía los efectos de la "intimidación materna".

—Por que yo ya le había dicho a Yoh que quería que mi futuro hijo se llamara Hana… porque es la unión de nuestros nombres…

— ¿Qué con eso? Cualquiera pudo ponerle así a su hijo…

— ¿QUIÉN LE PONE "FLOR" A SU HIJO VARÓN?—masculló perdiendo la paciencia— ¡SÓLO YO!

Hana bajó la vista.

Cuando era niño se había preguntado eso…

"—Mamá… ¿Qué significa mi nombre?…

—Flor…

— ¿…y porqué me llamo flor…?

— Porque es la unión del nombre de tu padre y el mío…

— Pero ¿Quién le pone "Flor" a su hijo varón? —sonrió con casi sarcástico.

—Sólo yo…"

—Nunca pude discutir contra ti —musitó haciendo que la rubia se relajara un poco.

—Contra mi —repitió.

—Vengo del futuro… —susurró apesadumbrado—logré hacerlo gracias a una posesión y una teoría que dice que si se puede superar la velocidad de la luz…

—No me des lecciones de ciencia que no vienen mucho al caso…

—Pues… efectivamente… soy Hana Asakura… Soy tu hijo —pronunció con una débil sonrisa—. O más bien… lo seré… o lo soy… o… lo he sido… ya no sé ni lo que digo…

—Mi hijo… —murmuró desviando la vista por fin— No sé porqué me sorprendo si ya lo sabía…

—Pero creo que he puesto en peligro mi existencia al decirte esto, mamá…

¿MAMÁ? ¡Kami! ¡Qué vieja me sentí! —miró al piso. Sonrió de aquella manera tan sorprendente puesto que no aquellos regalos no eran tan frecuentes— ¿Por qué has venido?

Porque… tú morirás cuando yo cumpla diez años… y sé que no debe ser así…

Morir… sólo por eso ¿Qué hay de malo en ello? —se cruzó de brazos.

Pues… cuando tenía seis años… mi padre murió…

Por un segundo, le piel de Anna se erizó y sus puños se apretaron.

Muerto. Yoh muerto… y ella pasaría sus cuatro años restantes pensando en él.

Yo te oía echarte la culpa pero nunca me quisiste decir la razón verdadera… —se detuvo cerrando los ojos—Vine a investigarlo… y a detener su muerte.

No puedes cambiar el pasado… Si el destino así lo quiso fue para enseñarte una lección… —posó sus ojos de obsidiana sobre el muchacho nuevamente.

¿Y si el destino quiso que la lección la va a aprender usted, mamá… que yo vine aquí a enseñársela…? —sus ojos brillaron esperanzados. Su mirada nostálgica lo decía todo.

Esa puede ser una teoría válida… o una equivocación catastrófica… —soltó duramente—… y yo… yo…

Puntos negros danzaban descarados frente a ella. Pronto todo se llenó de humo y sintió como si su masa desapareciera lentamente mientras caía.

¡MAMÁ! —gritó el chico rubio deteniendo la caída con sus brazos— Mamá… mamá… que sucede… vamos… reacciona.

Con la fuerza que la adrenalina le concedía, levantó a la Itako. La llevó a su habitación y luego corrió al teléfono.

Fausto… Fausto… aquí está —sintió alivio al encontrar el nombre en la lista de teléfonos de la pequeña libreta junto al aparato.

¡FAUSTO! ¡Tienes que venir a la pensión de los Asakura! ¡Anna se desmayó… no vuelve en sí…! —soltó al oír el primer ruido.

¿Quién habla? —preguntó la confundida voz del auricular.

¡Soy Hana! Soy… un inquilino de la pensión… Yoh no está y…

Voy para allá…

Colgó.

Hana se quedó estupefacto. No sabía que hacer.

Tenía muy marcados los desmayos de su madre cuando la enfermedad que la había matado daba señales de existencia.

Volvió con Anna y acomodó la almohada bajo su cabeza para que se sintiera más cómoda.

Sus ojos no se volvieron a abrir…

Él, se limitó a contemplarla en lo que Fausto tardara en llegar.

Continuará

Nota del autor.

Bueno. Aquí la verdad tan obvia… ja!

No importa…

Bueno… creo que a partir de ahora tardaré más en subir los capítulos puesto que mañana comienzan mis clases y combinar eso con el Karate do es algo… agotador…

Ciao

Que los ilumine la eterna luz!!!