Entre azul y buenas noches

Por Katsumi Kurosawa

Capítulo 6

El mal augurio

Es que… Hana dice que te vas a morir…

Morir…

Que te vas a morir…

¿Por qué diría eso? —atinó nervioso.

Estaba perturbado, tenso… no había razón específica… si porque lo decía Hana o porque el muerto en cuestión era él.

¿Anna? Vamos, Anna… ¿Por qué diría eso…?

Sin embargo el prolongado suspiro de la sacerdotisa indicó que se había quedado dormida y que si insistía, sería golpeado por no dejarla descansar.

Al día siguiente salió a correr más temprano de lo habitual.

No hallaba una respuesta al comentario de la rubia y por más que se esforzaba las preguntas o conclusiones nunca llegaron completas a su cabeza.

Sin darse cuenta ya había corrido lo prometido de todos los días y más aún.

Regresó a la pensión, olvidando su trote siquiera.

Amo Yoh —susurró una voz tras él.

Amidamaru… ¡no me asustes así!

Pero Yoh-dono… lo he seguido por largo rato, siempre lo hago…

AH… ¿Sí?

El samurai lo miró extrañado.

Usted ya lo sabe, ¿no es así, Yoh-dono?—desvió la mirada pensativo.

¿De qué exactamente estoy enterado? —susurró incapaz de sacar una conclusión sintiendo por fin el cansancio de su larga trayectoria.

Del parentesco de Hana con usted…

¿Pa-pa-parentesco? —sus ojos se abrieron como platos mientras que el pálido sonrojo del samurai se extendía por sus mejillas.

Ah… pues… Yoh-dono… verá…

Lo sabrá a su tiempo, Amidamaru…

¡ANNA!

La rubia se limitó a lanzarle una mirada seria a su esposo, se dio media vuelta y entró a la casa.

No se vale…—susurró Yoh frustrado quitándose las sandalias y siguiendo a la rubia—… Quiero saber…

Pero lo que la Itako dijo pareció más bien una orden así que reprimió sus ganas de preguntarle a Hana.

………………

¡Annita!—se escuchóla nerviosa voz del castaño— ¿Estás… bien?

VETE… —se escuchó la voz ahogada de la sacerdotisa.

Yoh se dio la vuelta.

Estaba algo preocupado porque en los últimos días, la sacerdotisa no podía comer bien sin devolverlo todo. Su fortaleza se iba siendo sustituida por su apariencia lánguida y cansada aunque se mantuviera seria e intentara llenarse de cordura.

El pobre muchacho había pasado unos días exhaustos corriendo a las doce de la noche por unos panes que la rubia deseaba en el instante para luego devolverlo sin control.

Se dirigió a la sala y se encontró a Hana mirando el televisor sin verlo realmente.

Sintió algo en el pecho inexplicable. Aquella cara abstraída era extrañamente familiar…

Hana… —susurró dudoso provocando el susto del rubio quien se volvió para mirarlo con atención.

¿Sí?

Estoy muy preocupado —se sentó frente al chico y apoyó el mentón en una de sus manos—. Ella no está bien…

Es natural. No se preocupe…

Sé que es natural… es otra cosa lo que me preocupa… —bajó la vista para toparse con sus temblorosas manos.

¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué desde eso de su muerte estaba tan nervioso?

Morir. ¿Qué significaba morir?

Significaba dejar sola a Anna y a su futuro hijo, aunque fuera físicamente… no quería convertirse en fantasma aunque el hecho de dejar asuntos pendientes lo obligaría a eso: una vida color gris.

No quería criar a su hijo de esa manera… con las inmensas ganas de abrazarlo cuando llorara, de transmitirle con una caricia todo aquello que es imposible de pronunciar con palabras…

Ah… —agitó la cabeza con brusquedad y continuó apoyando el mentón en una de sus manos.

Levantó la vista.

Hana miraba el televisor nuevamente. Tenía un extraño parecido a… ¿Quién? Se parecía a… muchas personas…

Un poco a Keiko, su madre… por esa extraña manera en la cual escondía su tristeza.

Tenía un aire místico que desprendía Mikihisa, su padre…

Sus ojos… sus ojos eran como…

Los de Anna —susurró sin apartar la vista.

¿Me hablaba?

No realmente —contestó inexpresivo— ¿Sabes algo, Hana? Te me haces muy conocido…

¿C-Cómo? —un escalofrío recorrió su cuello cuando su mirada se topó con la del castaño.

Supongo que alucino —soltó una risita— ¿No te ha dicho Anna que desde antes de conocerte quería ponerle Hana a nuestro primer hijo?

Eh… si… me lo ha comentado de vez en cuando —soltó una risita nostálgica mientras su mirada se perdía en fugaces recuerdos.

Yo… había regresado del torneo de los Shamanes cuando de la nada ella sacó el tema del nombre de nuestro hijo —un leve sonrojo le hizo recordar lo penosa de la situación cuando la rubia se lo planteo de la manera más sinvergüenza posible—. Fue entonces que ella escribió mi nombre en una hoja de un cuaderno donde acostumbra hacer notas importantes… después escribió el suyo; entonces noto que al leerse mi nombre "Ha" pegó le suyo y parecía "Ha-anna" y… así logró esa idea…

Pero mi nombre está escrito con el kanji que significa flor…

Si lees el kanji de mi nombre junto con el de Anna no dice nada en lo absoluto, por eso ella sólo usó la fonética y escribió "Hana" con el kanji "flor"…—se detuvo y suspiró, aquello le había costado un poco para entenderlo—. Fue algo muy curioso realmente porque no teníamos planeado tener un hijo tan pronto… ¡AHHHHHHHHH!

¿Qué sucede?

No le he dicho a la abuela que voy a ser papá… de seguro me matará…

¿Por no decirle?

No… por lo rápido que… —pero no terminó lo que quiso decir y corrió al teléfono.

Buenas, Tamao… ¿Me pasas a mi abuel…?

¿No crees que te tardaste mucho en avisarme, querido nieto…? —se escuchó después de un brusco movimiento del auricular. Seguramente la abuela le quitó el teléfono a la pelirosa.

Jejeje—soltó una de sus risitas acostumbradas—. Lo siento, abuela…

Eso ya no importa… hay algo que Tamao ha visto en su tablilla… —susurró de la manera más seria que jamás se pudo escuchar de Kino Asakura—…ha visto la figura del mal augurio caer sobre… Anna

¿C-cómo?

Y este mal augurio no es uno cualquiera… es uno de muerte…

¿Qué es lo que me quieres decir?

Supongo que tu hijo le ha dicho a Anna que vas a morir… ella es la razón por la que morirás. Te enviaré a Tamao para que te ayude en las complicaciones del parto… yo intentaré junto con tu madre… pedirle a los Dioses que esto no se cumpla… —el sonido del auricular colgar, lo despertó de su trance.

¿Qué? No entendió una sola palabra de lo que había dicho su abuela ¿Quién era entonces el que iba a morir?

Y… que quiso decir con que "mi hijo" le ha dicho a Anna que voy a morir…

Volvió a su lugar, frente a Hana intentando sacar una conclusión lógica sobre el asunto.

¿Quién le había dicho a Anna que él iba a morir?

Hana… —se respondió el mismo mirando al rubio como si todo se hubiera aclarado en un segundo.

Continuará

Notas del autor:

Mi regreso triunfal!!!!!!!!!!!!!! WOJOJOJOJOJOJOJOJOJOJOJO

Para los que ya no querían leerme… PUES TÓMENLA JOJOJOJOJOJOJO

(Katsumi, con lo del primer lugar en el ensayo de literatura, tu ego ha crecido más de lo que una persona normal puede aguantar)

(Calla, otro yo, déjame saborear mi victoria!!!! JOJOJOJO)

u.uU

Sin Palabras

Me largo

Ciao

Que los ilumine la eterna luz!!!!!!!!!!!!!!!