Entre azul y buenas noches

Por Katsumi Kurosawa

Capítulo 11

En casa… de nuevo

Hana sintió la enorme fuerza de las energías de sus padres para convertirla en una esencia similar a un alma y tratar de hacer una posesión.

Sintió sus dorados cabellos agitarse por la colosal fuerza espiritual de los Shamanes. No sabía ni había medido nunca la capacidad Shamánica de ambos… era impresionante.

Se concentró de manera sobrenatural y antes de sentir su cuerpo movido por las energías, no pudo evitar ver por última vez a Yoh y Anna.

Las sonrisas de ambos sólo enmarcaban orgullo…

Fue entonces cuando sintió ser elevado por los espíritus y viajar por el tiempo de manera estrepitosa.

Cerró los ojos y apretó los puños, respiró profundo aunque una sensación de que el oxigeno se acababa lo desesperó de momento a otro.

Se aferró a su Katana tratando de estabilizar su estructura con ella y desfogando la energía propia para llegar con mayor éxito a su presente.

De pronto se sintió empujado y calló de rodillas al piso.

Abrió los ojos.

Seguía en la pensión.

— ¿Qué… demonios pasó? —musitó confundido.

Miró a su alrededor. Anna e Yoh no estaban allí.

Sin embargo, algunos cambios en la estructura que aquel patio le llamó poderosamente la atención. Se giró hacia cierto lugar de su pecado…

Cuando tenía diez años, jugando con una bengala que le había dado el tío Ryu, accidentalmente le prendió fuego al pasto de su querida madre dejando una marca negra en forma de hígado.

Ahí estaba la marca…

Una semana después del incidente ocurrido… su madre había muerto…

—Por fin llegas… te retrasaste cerca de veinte minutos… creí que te había enviado en el momento exacto pero ya veo que en aquel tiempo faltaba experiencia…

Hana se quedó helado. Quería voltear y mirarla pero no podía, la emoción lo embargaba y se había quedado estático

Sin embargo, lo logró lentamente y miró a su conversador.

—Ta… Tamao… —susurró algo sorprendido pues acababa de confundir su voz con la de Anna, su madre.

—Según lo que tu madre dejó escrito hace años, recuperarás la memoria en unos días, así que recordarás que has vivido conmigo desde que tenías seis años.

El rubio avanzó hasta la mujer de veintisiete años mientras recuerdos que no parecían ser suyos se aglomeraban en su cabeza haciéndole entender que las palabras de la mujer eran ciertas.

—Recuéstate… La señora Anna también dijo que si dormías, te sería más fácil recordar en los sueños.

Con una sonrisa cansada, accedió a la petición de la que durante sus seis primeros años, recuerdos nuevos acreditan como su madre.

Por casi inercia, se fue a la habitación que Anna le había dado en la pensión En, la cual seguía siendo la misma ahora en Funbari Onsen.

Entró a su habitación y dejó sus maletas a un lado.

Era exactamente como la que tuvo antes de morir su madre. Incluso conservaba los audífonos naranjas de su padre, colocados al lado de su futón.

Se tumbó sin cambiarse de ropa y el sueño se apoderó de él con rapidez.

Él no presenciaba la escena pero podía ver a Yoh Asakura sentado tranquilo frente a Horo, Ren, Chocolove, Fausto, Ryu, Manta y Lyserg.

Les decía que no iban a ganar el torneo de los Shamanes. Que el ganador iba a ser un tal Hao.

Pero que lo iban a sorprender mientras dormía…

¿Por qué veía aquello? ¿No se supone recuperaría sus recuerdos?

Después, el sueño dio un giro y se sintió diminuto entre los brazos de su madre.

Anna lo acariciaba con una sonrisa en el rostro casi imperceptible. Se veía hermosa de quince años, con sus ojos azabaches brillantes y su cabello más largo del que nunca conoció.

—Entonces tenemos que ir —le explicaba a Tamao—. Mientras Yoh sea el Rey Shaman…

Los siguientes recuerdos eran de su niñez. De una Tamao totalmente cambiada.

Al parecer estar lejos de Horo era algo amargo para ella… puesto que esa mujer provocaba miedo. Pero el joven estaba ocupado con la creación de su campo de plantas.

Entonces los pensamientos parecían ser metidos en una lavadora y pasaban ante sus ojos con una velocidad centrífuga.

Como su madre, o más bien, Tamao, le mandaba a una misión con el tío Ryu. Tenía que encontrarlos, a todos aquellos, hasta el día en el cual Anna e Yoh regresan de su confuso viaje y aunque Hana no entendía nada, parecía estar conforme con ello.

Nada de lo que recordaba de su presente era igual. Al parecer le habían dado muerte al causante de la Tercera Guerra Mundial… decían que el hombre que la causó era ayudado por un maestro del esoterismo llamado Hao, que al parecer era un Shaman que se desquició y quiso que los humanos se terminaran entre ellos para así sólo los Shamanes quedaran en escena.

Ahora ninguno de esos acontecimientos sucedió.

Pronto relacionó aquel nombre con el Hao del que hablaba su padre en el torneo de los Shamanes…

El muchacho abrió los ojos.

¿Qué demonios estaba pasando? ¿Tan alto era precio que pagaba por cambiar el pasado?

Se dio cuenta de repente que estaba sudoroso y frío. Todavía no veía a Yoh ni a Anna y al parecer sus recuerdos o en su mayoría se detenían donde terminó el sueño.

—Oyaji Usui, ven aquí en este instante… —susurraba Tamao fuera de su habitación.

El joven se movió incómodamente en su futón. Respiró hondo y dio vueltas para acomodarse.

De pronto, se topó con unos enormes ojos azules de un niño acurrucad a su lado.

— ¿Se encuentra bien, señor Hana? —le dijo con su vocecita dulce agachándose más provocando que sus largos cabellos azulados le fueran a la cara.

—Hola Oyaji, cuanto tiempo sin verte…

—Pero si esta mañana me dijo que se iría a pasear unos minutos…

El rubio sonrió. Se incorporó para acariciar la cabecita del pequeño de aproximadamente seis años. Había estado dormido cuatro horas y no se dio ni cuenta.

Era un niño muy lindo con sus rasgos agraciados y una sonrisa un tanto despreocupada.

—Por eso… unos minutos es mucho tiempo—disimuló para no explicarle algo tan complicado a un niño.

—Aquí estás —la mujer pelirosa entró a la habitación con semblante asesino.

El pequeño niño tembló.

—No… —susurró escondiéndose tras la espalda de Hana.

—Es hora… del baño… —murmuró sonriendo y el niño gritó de pavor.

Hana sólo sonrió.

—Al parecer sacó el amor a bañarse de su padre —Tamao tomó a su hijo por los hombros y lo levantó en lo que el pequeño hacía un puchero.

—Baño malo… —susurró el diminuto ser mordiéndose el labio.

Sí. En su mente estaba ya el recuerdo de Tamao diciéndole a Horo que estaba embarazada.

El grito de él, un beso, un abrazo y un cásate conmigo.

El joven rubio se levantó del futón.

Los recuerdos de Anna e Yoh caminando hacia la pensión lo invadieron.

Él, de seis años, los miraba extrañado… aquellas caras tan familiares y a la vez desconocidas.

Yoh en ese momento lo miró sorprendido. Su hijo había crecido mucho en seis años de su ausencia, al igual que él.

El joven de veintiún años de edad se hincó y extendió los brazos hacia el pequeño. El niño, impulsado por una confianza sobrenatural corrió a arrojarse a sus brazos.

Era su padre y se acababa de enterar. Después de que le explicaran el por qué de que se hubiera ido, una fiesta y todo, los recuerdos de unos los años restantes lo marearon.

Los entrenamientos a los cuales lo sometió su madre junto con su padre y ambos sufriendo. Los botes de naranjada que se terminaban juntos.

Su padre abrazando a su madre por la cintura mientras él jugaba con un balón de fútbol.

Luego su madre dándole una lista de instrucciones de lo que debía hacer para salvar su pasado y su confusión. Entonces implantó en su cabeza los recuerdos de un torturado pasado en el cual sus padre habían muerto y el sufría sobrenaturalmente. Así no habría error al llevar a cavo el plan, actuaría tal cual.

Cuando se recuperó de aquel ataque de recuerdos estaba hincado en el piso respirando con dificultad.

—Ya llegó todo ¿Eh? —Hana sonrió al escuchar aquella voz, se levantó como pudo y rodeó sin mirar a la mujer que le habló.

—Vives… es maravilloso —le dijo.

La miró bien. Rubia de ojos negros con el cabello hasta la cintura y su vestido negro con apariencia de una mujer de treinta años.

Era hermosa… indescriptible, jamás la vio así. Lo sabía por sus recuerdos sobrepuestos pero quería comprobar que lo vivió.

— ¿Despertó? —aquella voz de varón lo sacó de su embelesamiento por su madre y observó al hombre de ojos marrones entrar a la habitación sonriendo—, ya estaba harto de esconderme… Annita quería asustarte —soltó una risita en lo que la mujer le dio un zape por haberla llamado así.

Había crecido mucho. Era mucho más alto que Hana.

Su cabello castaño en una coleta le tocaba la cintura y los mechones sueltos le llegaban al pecho.

—Nunca imaginé verte con el cabello así de largo, papá…

—Sí… parece un hippie —susurró Anna mirando a su esposo de reojo—. Y a Hao… —agregó eso en voz baja y no se tocó más el tema.

—Sabía que funcionaría —susurró Anna tocando el cuello de su hijo. El chico se dio cuanta que traía un collar colgado—Este fue el medio que te protegió de no morir cuando di a luz… Estoy segura que ni te habías dado cuenta que lo tenías pues es tan ligero que e imperceptible.

Hana sonrió impresionado por los poderes de la mujer que tenía enfrente. Y tocó el collar de garras de oso que le pertenecía a su padre.

Les dio un cálido abrazo a sus padres como no recordaba haberles dado.

Bajaron a cenar. Junto con Tamao, Oyaji y Horo quienes estaban invitados.

Aquella sería una de las noches más felices de su vida…

Continuará…

Notas del autor:

Kamisama que es esto! Seh… bueno. Uno más y se acaba…

No tengo mucho que decir.

Disculparme por no actualizar sería hipocresía xDDD

Feliz año nuevo xDDDD

Ciao

Y… Que los ilumine la eterna luz!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!