#10. Sentido Común.

"Tensión"

Una parte de él decía que debía estar aterrado. Que si bien Remus nunca le dejó de mencionar que posiblemente no sufriría como un licántropo completo, había otros puntos por los cuales preocuparse.

Quizás nunca se convertiría en luna llena, ni saldría corriendo por lugares alejados de toda civilización. Probablemente tampoco andaría por ahí dando tumbos con animagos, ni se escondería en la casa de los gritos. Aun así, él tenia sus dudas, o al menos una en concreto y era por lo cual sus pensamientos volaban con ferocidad en los últimos meses.

Esa noche su sentido común era una mierda, y su cabeza daba vueltas tantas veces como fuera posible sobre la idea. Y no era que pudiera desecharla tan fácilmente. Su paso era desgarbado y preocupado. Tragaba saliva de manera dificultosa haciendo que su garganta se raspara más con la acción.

Era imposible. 'Imposible'.

Se repetía que tenía que ser imposible porque simplemente era lo que mejor podía procesar su cabeza. Y en ese frío ambiente, la idea era aspirar todo el fuerte desinfectante de hospital que fuera posible, con suerte lograría marearse y no pensar más.

Habían pasado exactamente tres horas desde que un fuerte ruido en su habitación lo había levantado con la molestia suficiente de quien se ha pasado un día de perros y necesita descansar, pero la lluvia de improperios que se disponía a soltar en cualquier momento, solo fue parada por una sola y simple imagen.

Fleur.

Su cabeza ubicó rápidamente el lugar, y de pronto recordó que tenia esposa, y si, en efecto, ella en cualquier momento daría a luz. Porque a estas alturas sobraba decir, que su esposa tenia poco mas de ocho meses de embarazo, y en cualquier momento un bebé nacería.

También su cabeza le recordó que su pésimo humor se debía a la falta de sueño por haber despertado al menos diez veces en las ultimas cinco horas con la constante premisa de falsas alarmas. Y esta al parecer no era la excepción. Se levantó como pudo de su cama, arrojando las cálidas y que ahora a él le parecían en extremo suaves sabanas, y envió una mirada furibunda hacia el baño, donde una brillante y molesta luz pretendía acabar con su paciencia.

Con un gruñido y ni tiempo de tomarse la molestia de calzarse, se dirigió hacia donde estaba una chica delgada y en extremo rubia, que se frotaba suavemente una enorme panza tras una discreta bata de dormir. Su semblante que por lo general se mostraba dulce ante su marido, estaba desorbitado. Y una de sus manos aferraba con fuerza el lavamanos para dar la impresión de querer calmar un fuerte dolor.

Rápidamente Bill la tomó de los codos y la incorporó. La atrajo hacia él mientras ambos salían hacia la cama para recostarla, pero en el proceso todo cambió completamente. Un sollozo, las uñas enterradas en el antebrazo de él y la súbita baja de temperatura, le dieron muy mala espina a Bill, quien logró tomarla en brazos a tiempo suficiente de que se desplomara.

La aparición en San Mungo le tomó poco mas de tres minutos y la atención inmediata por los medimagos le dieron a Bill la certeza de que el momento se acercaba y por más que había sopesado las opciones, minuto a minuto, se odiaba un poco más.

Se odiaba por haber aceptado la terquedad de Fleur de casarse después de todo, de que había decidido ser feliz y como consecuencia tenia a su mujer en el área de parto con un bebé en camino.

Un bebé que a su pesar, podría ser veela en el mejor de los casos, o mitad licántropo en el peor de todos.

Y su desesperación aumentó.

Su corazón latía furioso, condenándose mentalmente. Caminaba de un lado a otro y su familia comenzaba a hartarse, pero nadie había abierto la boca porque muy en el fondo, y a pesar de constantemente desechar la idea de la cabeza de Bill, tenían el mismo miedo dibujado en sus rostros.

En cabeza del hermano mayor, ya se podía visualizar al pequeño varón con rasgos deformados, y en efecto visualizaba un niño, porque una niña para él era terrorífico. Sacudió su cabeza fuertemente, como si por acción fueran a salir sus pensamientos volando a estrellarse en las blancas paredes.

No podía más. Si no tenia noticias en los próximos minutos, el mismo tendría que ser hospitalizado por una serie crisis de nervios.

10 minutos.

15 minutos.

30 minutos.

Y la puerta se abrió. Su corazón se apretó.

Todo lo que había sufrido desde que se enteró del embarazo, le apretaba en el cuello como una gruesa soga a punto de tirar de él y ahorcarlo en cualquier momento. Todo se mezcló.

La sonrisa del medimago.

Su sonrisa como respuesta.

La frase típica del doctor –Todo salió bien-

Su respuesta obvia para evitar el menor dolor en caso posible. -¿Qué fue?-

Un segundo. Silencio..

-¡Niña!-

Su rostro se oscureció y su sonrisa se borró. Era una pesadilla.

-Y¿cómo están las.. dos?-

Su corazón pareció pararse unos segundos, el tiempo que esperó la respuesta.

-Su esposa es muy fuerte- Sino seguía latiendo su corazón seria muy grave para él.

-Su hija.. su hija es hermosa- La ultima palabra no encajaba con la descripción que esperaba recibir. Tardó demasiado en comprender.

-¿Entonces..

-Entonces.. puede pasar y verla por usted misma.-

Ese día Bill Weasley pudo decir que murió y regresó. Su corazón clamaba el aire suficiente para que sus pies se pusieran en movimiento. Y todo sucedió así.

Dos sonrisas. Dos manos que se tomaban mientras una pequeña pelirroja era depositada delicadamente por una enfermera junto a los brazos de su mamá. Y una sola palabra.

'Perfecta'. El pensamiento le cegó.

-¡Simplemente perfecta!-

-fin-

Beteo: Nayades, gracias Stef!

Merodeadora-chii, Rosewg, Goendi loovegood.. chicas gracias-- Rose y Wendy, gracias por todas sus opiniones..

SOWELU