#09. Sentido de la moda.

"Cambios"

Lo tenía claro, él poco gustaba de arrancar suspiros. Cuando podía, que era casi todo los días, se paseaba con ese aire despreocupado por los pasillos de Hogwarts. Y las chicas, que no eran pocas, gustaban de admirar ese cabello largo y pelirrojo que ponía a rodar peligrosamente su imaginación. Algunas lo definían 'salvaje' otras se limitaban a dejarlo en 'tierno' lo cierto era que su melena era tan famosa en el colegio que su tortura hacia las chicas era visto como una mera provocación.

Pero él no era de observar esos detalles, de hecho, poco se daba cuenta si lo miraban o no, porque William Weasley tenía otros aspectos más importantes según él, que ir coqueteando con cuanta chica se cruzase en su camino. No en balde era prefecto de su casa y Premio Anual. Algo que tenía completamente opuesto con su hermano Charlie. Pero el haber sido el hijo mayor, realmente le daba la perspectiva de no compararse con nadie. A decir verdad, una gran ventaja...

Dentro de la brillante personalidad que manifestaba, su atuendo era otra cosa. Le encantaba el ruido de sus botines en la losa del colegio y disfrutaba demasiado su cabello largo que resaltaba aun más su color que lo hacía único. Y es que el pelirrojo en su país era típico, pero el rojo Weasley realmente lo hacía ideal. Había descubierto que su personalidad chispeante debería tener un exterior que concordara, que lo hiciera realmente sentir cómodo, pero en su casa no era tan bien visto y sus oportunidades para tomar las riendas eran muy escasas.

Hasta hace un año, cuando tomó la decisión de vestir con ropa muggle, en una concienzuda búsqueda por rebelar quien realmente era, llegando a la conclusión que su aspecto de "rockstar" era lo que encajaba con él. Su repentina idea lo trasladó a escondidas a Londres, y en su aventura logró encontrar que no era que renegara de ser mago para usar las típicas capas que a su parecer eran muy llamativas y estorbosas, sino mas bien el hecho de que para él, el usar ropa común podía ser una gran ventaja para su estilo de viajero empedernido y de alguna forma, aunque poco lo aceptara, causaba una buena impresión en las chicas. Y como justificación a ese punto, decía que a su novia la volvía loca.

Por eso comenzó a dejarse crecer el cabello al mismo tiempo que cuando no estaba en la madriguera, aprovechaba días libres y salidas a Hogsmeade para mostrar su nuevo look. Y realmente tenía que aclarar varias veces al día que él no quería llamar la atención, sólo era un rasgo más de él, característico. Pero a pesar de tanto querer ocultarlo, siempre todo cae tarde o temprano, y para cuando su madre lo descubrió su cabello ya tenía un tamaño considerable.

No hace falta decir que a Molly le dió un ataque de histeria por casi todo el verano y andaba tras su hijo casi todos los días con tijeras en mano. Hasta que una noche, mientras dormía, su madre realmente decidida se había acercado a él, y sino fuera por el repentino ruido que se hizo al caer estrepitosamente un libro de su buró en la habitación, quizás hubiera amanecido todo tusado.

Se paró súbito de su cama y consiguió escapar de los maniacos ojos de su madre, que cual película muggle, se disponía a terminar con la vida de su tormentosa rebelión. Pero pareciera que no sabía nada de él, y en el umbral de la sala, después de un veloz recorrido, logró erguirse decidido.

-¿Acaso estas loca?- Su madre lo miró con los ojos alterados.

Realmente él sabía que esa frase no era la mejor para encararla, pero vamos, que lo había tomado por sorpresa con unas enormes tijeras. ¿Cómo esperaban que reaccionara?

-¿Perdón?- Una palabra, demasiado en juego. Bill tragó saliva ruidosamente, para posteriormente en un arrebato muy claro, tomarse su cabellera y amarrársela en una coleta discreta. Lo más imposible que estuviera su cabello, mucho mejor.

-¿Porqué te empeñas en cortarlo?- Su madre parecía no comprender.

-¡Es que acaso pretendes mantenerlo largo toda tu vida!-

-¿Y que si así fuera?- De repente la posición que Bill adoptó le indicó todo, y como si fuera imposible bajó lentamente la mano que mostraba todavía en una peligrosa posición unas tijeras.

Los ojos de Molly parecieron advertir algo muy claro. No iba a convencerlo nunca de que cambiara. Y esa noche, con sus 17 años ya cumplidos la mirada que le envió le aclaró unas cuantas cosas a su madre. Su firme argumento¡bah! si eso se podía clasificar como tal, le hizo desistir al menos un tiempo más.

Y así su último año regresó completamente nuevo, y según él, más sincero que nunca. Por supuesto las apuestas no se habían hecho esperar, pues sus amigos sabían que su madre era de armas tomar. Po eso cuando lo vieron entrar de nuevo sin cambio alguno, solo se conformaron con pagar y hacerle saber las nuevas.

Que por supuesto, eran que a su regreso al colegio, había surgido otro gran problema, lo creían "el chico guapo" y es que realmente su estilo de vestir resultó agradable a la vista de las chicas, con la simple excepción de que él no se consideraba tal. Al contrario, él más bien diría que su estilo era desaliñado, eso era, esa palabra encajaba mas con su sentido de la moda, si es que tenía uno y que era más bien desenfadado, gozando así, de sentirse libre al fin. Aún así, se ganó el nuevo rol y lo desempeñaba cada que podía sin realmente mucho problema.

Y de vez en cuando que bajaba alguna de las 142 escaleras del enorme colegio inmerso en sus actividades, llegaba a notar a una que otra chica solitaria a su alrededor. Y casualmente soltaba una media sonrisa dibujada en su rostro. Sin siquiera voltear. Después de todo, tenía que aceptarlo, de vez en cuando esos detalles no le molestaban para nada en absoluto.


Beteo: Náyades... simplemente grcias por seguir por aqui...Wendy, y Rose que se que andas por aqui!! jejejeje... otra mas... que tal?

SOWELU