Advertencias: Lenguaje altisonante en el segundo drabble.


Compañía.

"Un equipo inusual".

La fotografía los presentaba a ellos cuatro mirando hacia el frente pero cada quien en sus propias ensoñaciones. Marie apenas dibujaba una sonrisa casi imperceptible. Tiedoll miraba con orgullo. Daisya sonreía, como siempre solía hacerlo y Kanda miraba hacia otra parte, demasiado orgulloso como para esbozar aunque sea un mínimo gesto amable.

A Kanda le gustaría recordar cómo es que habían llegado a ser un equipo siendo que ellos eran tan distintos. A Tiedoll definitivamente deberían gustarle los retos que implicaran que tres personas completamente diferentes pudieran trabajar en equipo y eso era precisamente lo que le gustaba al samurái: cada uno de ellos sabía lo que tenía qué hacer.

Recordaba cuando se habían conocido. Él, un inexperto samurái. Marie, imperturbable como siempre. Daisya, demasiado feliz para el trabajo que desempeñaba. Al principio, la convivencia había sido difícil. Daisya era tan molesto como Lavi, pero pronto aprendió que había límites que Kanda no estaba dispuesto a soportar. Y de alguna forma se hicieron amigos. O eso afirmaba siempre él.

—Amigo, ¿cómo estás? —decía y le ponía una mano en el hombro.

Si chistaba, el bufón sabía que estaba bien. Si Kanda guardaba silencio, es que había problemas.

A Tiedoll le encantaba afirmar que ellos eran como una familia. Kanda no estaba seguro de lo que significaba, no recordaba haber tenido una. Daysia decía que definitivamente, el equipo era mejor que su familia pues no tenía que aguantar a niños llorones.

—¿Tienes una familia, Daysia? —le preguntó Kanda un día, intentando no sonar demasiado curioso.

—Sí —dijo mientras pateaba indiferente una lata—, pero eran problemáticos y aburridos.

—Pero tenías una familia, ¿no?

—¿Qué no todos la tenemos? Deberíamos poder elegirla. Yo elegí estar aquí —contestaba y Marie sonreía y Tiedoll se emocionaba y Kanda chistaba porque no entendía cómo su compañero podía ser tan imbécil.

Eran un equipo inusual, sencillamente, aunque Tiedoll afirmara que eran una familia y Daisya se divirtiera con esos comentarios.

A Kanda le molestaba demasiado admitirlo, pero francamente le agradaba estar acompañado de ellos. Los caminos no eran tan largos. Las noches no eran tan oscuras. Su soledad no era tan dolorosa.


Soledad.

Aquél sitio realmente le agrada. Recóndito, alejado del bullicio habitual, solitario. El único lugar de la Orden que puede dignarse en llamar como "suyo" (además, por supuesto, de su habitación). Aunque quizá también fuera un poco mejor que su habitación. Aquí no había ninguna flor que le recordara que estaba muriendo. No escuchaba los grititos y sonrisitas estúpidas de sus compañeros de Orden y sus habituales "es la habitación de Kanda", que provocaba que pusieran los pies en polvorosa, como si tuviera alguna enfermedad altamente contagiosa. Tal vez la tenía.

Era un buen lugar para meditar. Para maldecir. Para golpear lo que fuera sin preocuparse porque alguien lo estuviera observando, ni siquiera su gólem que sólo en ocasiones dejara que revoloteara cerca de él.

Miró por encima del hombro aquel rincón donde había estado llorando como un idiota la noche anterior. Le avergonzaba y nadie tenía por qué saberlo, por eso ese lugar era un buen sitio para huir, aunque él todo el tiempo huía. Rehusaba de la compañía de todos, porque le daba miedo que ellos pudieran ver más allá de lo que él estaba dispuesto a enseñarle. Como la noche anterior.

—Estúpido. Estúpido, grandísimo idiota —susurró y apretó los puños.

Sabía que Marie probablemente había escuchado su llanto desde donde hubiera estado. Le extrañaría si no. Había golpeado con tanta fuerza las paredes que se había hecho daño. Lloró hasta la garganta se le secó de tanto gritar.

—Siempre fuiste un gran imbécil, Daysia.

Por eso había muerto y Kanda lo sabía. Y le dolía. Carajo, cómo dolía. La imagen de su compañero, con aquella sonrisa…

—¿Estabas sonriendo, estúpido?

Sí. Sonreía. ¿Qué había visto para que sonriera de aquella forma? Kanda quisiera entenderlo. Quisiera saber cómo es que alguien podría sonreír de aquella forma a pesar de que estaba muriendo, de que le estaban drenando sus… mierda, no quería ni recordarlo. Era perturbador. Y fingir indiferencia todo aquel tiempo lo había enfermado, carcomido. ¿Pero que quería que hiciera? ¿Qué abrazara a Tiedoll y lloraran juntos? Por dios, Kanda Yuu jamás haría eso. Todos estaban bien sabiendo que Kanda era un maldito demonio. Una persona que no necesitaba de nadie, porque él no quería que lo necesitaran.

No como Daisya. Él lo había necesitado.

"Porque me conocías. Y por eso dolió tanto".

Y cuando él se fuera, no quería que doliera. No quería que nadie entrara en aquella habitación y llorara por él.

No lo merecía.


N/A: Listo. Por el momento. Estoy pensando en escribir otro, pero aún no decido a quién utilizaré. Me encanta utilizar a Kanda, pero si es un poco difícil hablar sobre él porque hay tantos vacíos en su historia. Y por cierto, la clasificación T es precisamente por sus groserías. Coff.

Aún así, espero que les haya gustado y si no es mucha molestia, ¿me dejan un review? :3