#08. Sentido de la orientación

"Despreocupado"

Tu madre siempre te dice que no te alejes, que te mantengas cerca para que ella no te pierda de vista. Mientras tú te sientes una pequeña mota entre todo el gentío que se da cita los fines de semana en el Diagon Alley. Es de esperarse que siendo tan pequeño te aferres con desesperación a la mano de ella, pero al menos en tu caso, es su mano la que te mantiene firmemente agarrado, infringiendo incluso un poco de dolor, pues con tu extrema curiosidad, te has alejado al menos tres veces en los últimos quince minutos.

A tu edad, cada aparador es una maravilla, y los colores, los tamaños y los complicados envases de diferentes formas con contenidos burbujeantes y extraños, te parecen un raro caleidoscopio difícil de superar. Y sabes que solo una palabra te viene a la mente para describir todas las emociones que en tu pecho se agolpan. "Fascinación". Mientras tu madre está demasiado distraída para observar que tu solo pides ver un poco más.

Van a trompicones por la enorme calle atestada, tropezando con piedras, pies y uno que otro gato en el camino, pero es que en segundos, tu padre los alcanzará con el pequeño Charlie para ir a comer en una plaza cinco calles abajo. Y tu madre no lo quiere hacer esperar. Por eso van tan rápido que los objetos a tu paso se mezclan para darte una visión borrosa y poco agradable, pues los síntomas de mareo comienzan a surgir. Sin embargo, no dejarás que eso cambie tu humor e iras recordando cada paso que das, con el único objetivo de guardar en tu mente un mapa improvisado que horas más tarde, te dará la oportunidad de visitar el lugar.

Y cuando pasas por el enorme local lleno de trajes de diversos colores y tamaños, tus ojos bailan como dos gotas de luces multicolores. Descubres que aquellas raras vestimentas en realidad, son trajes con los que has soñado en los últimos días desde que tu padre, en una importante charla padre-hijo te habló del quidditch. Y tu curiosidad ha aumentado a una velocidad irracional ahora que sabes de la posibilidad de encontrarte en persona a su jugador favorito, Armand Lutz, el estupendo guardián de la selección Nacional Irlandesa. Solo quieres que tu madre regrese, pelear con ella si es necesario, tan solo para maravillarte una vez más.

Y comienzas a contar tus pasos por inercia, dándole a cada uno la medida exacta para no errar en el cálculo final. Pues debes admitir que hacer que tu madre les deje ir así como así, es una batalla desde el principio perdida.

-Veinte… treinta… cuarenta- Tus cuentas van correctas, mientras tu abstraída cabeza se ha olvidado que tu madre va junto a ti.

-¿Dices algo Billy?- El sobresalto hace que olvides todo, y solo niegas de forma veloz agitando unos pocos mechones rojizos. Al segundo te lamentas. Si pensabas regresar más tarde tendrás que hacerlo con un plan diferente.

Cuando has llegado al restaurante, un pequeño lugar muy pintoresco que reluce en detalles por doquier, solo escuchas a tu madre arrancar suspiros de admiración. Pero tú le restas importancia porque tu mente ya se encuentra en otro lado, para ser específicos en una tienda de artículos deportivos que si bien sabes, cerrará en una hora. Estás tan distraído que has chocado en el trayecto a la mesa con dos magos y un enfurecido mesero.

Es hora de pensar más rápido.

Y no sabes como, pero en cuanto tu familia se ha acomodado en sus sillas, preguntas a tu madre si puedes ir al baño, te has percatado que está en una ubicación estratégica de escape y una vía fácil para salir corriendo. Y entonces huyes como si la vida se fuera en ello. Sabes que tus padres aún no lo han notado y comienzas a contar los minutos que tardarás antes que tu madre sospeche algo.

Tras unas cuadras ya no aguantas más la falta de aire, pero para ese momento, te das cuenta que tan solo faltan tres metros y tu objetivo se habrá cumplido. ¿Cuánto tiempo podrás estar en el aparador?

Pero tu mente ve otra idea, y planea entrar en la tienda, tan solo mirarás y tocarás unos segundos, tan solo unos pocos y luego te irás. Pero cuando flanqueas la entrada, ya ni recuerdas como te llamas. Tan solo ves colores, colores y formas y de nuevo colores. Hasta que algo dorado en una vitrina alta llama tu atención. Y te embelesas tan solo con el brillo para luego pisar a un hombre robusto junto a ti. Ni te das cuenta de la pinta pero luce atlético y albino. Y solo hasta que se queja, has decidido voltear y te recibe con una sonrisa.

-A que su brillo te deslumbra, ¿cierto?- Asientes atontadamente. - Es una snitch, supongo que tu padre ya te ha hablado de ellas.- Esta vez sientes que tu cabeza se podría descolocar por la fuerza con que le verificas la respuesta.

-Usted sabe mucho de quidditch igual que mi padre- Y al parecer tu afirmación le ha causado agrado porque te sonríe de nuevo.

-Estoy seguro que él es un experto, incluso más que yo- Y tu rostro se ilumina de admiración al poder demostrarle a un hombre como aquél, que tu padre definitivamente es mejor. -Me tengo que ir, pero… - Y saca una pequeña pelota de su bolsillo. Mientras te explica que es una imitación de la snitch de la vitrina, la raya de una manera extraña en la superficie. -Dale esto a tu padre-

-No se leer-

-Llévasela, el te dirá lo que es- Y le extiendes tu pequeña mano que desaparece en la de él, aún así su apretón es amable. -Ahora me voy, que me están esperando a comer- Y se mueve tan rápido que apenas alcanzas a decirle adiós con la mano.

'…Me están esperando a comer' Y tus ojos se abren tanto que duelen, sabes que has perdido tiempo y que ahora si pudieras usar magia, te desaparecerías como lo hacen los adultos.

Pero entonces al llegar a la esquina, entras a toda velocidad por la calle menos transitada. Un escalofrío recorre tu cuello cuando te has dado cuenta que tu sentido de la orientación esta vez te ha fallado. Y te paras de golpe, tan solo para aspirar todo el aire posible. Es ilógico que al haber contado incluso los pasos ahora no halles la salida.

Pasados los minutos intentas regresar en tus pasos. A estas alturas tu madre seguramente ya habrá mandado a llamar a los "orores" o como se llamen, para seguramente encabezar tu búsqueda, y te comienzas a preocupar, mientras involuntariamente pasas tu mano sobre la pelota dorada en tu bolsillo.

Sabes que fácil, te ha llevado como quince minutos encontrar el lugar, pero sonríes para tus adentros cuando lo ves a unos cuantos metros y sin pensarlo mucho, tomas un gran bocado de aire y entras en el lugar para afrontar la situación…-

-¡Billy!- Tu madre te abraza tan fuerte que sientes tus huesos tronar. -Hijo, cariño… ¿Dónde te metiste?- Y de repente observas que tu madre no está tan enojada, que bien puedes intentar una táctica evasiva.

-Ma… má me es…tás ahorcan…do- Y cuando sus palabras terminan de salir, sientes que eres separado bruscamente para sin remedio alguno, ser observado por los ojos maniacos de tu madre.

-¡¿Cómo te atreves a hacerme esto?!- Y tu alcanzas a retroceder un paso más. -Me has tenido muerta de pánico.. Y tu… y tú, vagando por quien sabe donde…- Tu padre trata de calmarla, y al parecer ella sede, pero en una repentina decisión, dejan el restaurante y aparecen en tu casa tan rápido que ni tiempo te da de correr.

-¿Se puede saber donde te metiste todo este tiempo?- Entonces tu gesto apenado hace que metas las manos en tus bolsillos, sacando rápidamente el objeto para ver si logras algo a tu favor.

Lo ofreces a tu padre. Y al parecer funciona porque su rostro se desencaja y observa de ti a la snitch tantas veces que comienzas a marearte.

-Esto… esto, ¿dónde lo conseguiste?- Y recuerdas que tu plan no era decir el lugar, pero tu padre luce emocionado y eso puede ayudar.

-Un señor en la tienda de quidditch me la obsequió… para ti- Y ves como sube las escaleras corriendo para regresar de la misma forma junto a ti, visiblemente agitado.

-¿Acaso… fue… este señor?- Y tu asientes con la cabeza mientras él te abraza tanto o más que tu madre, y respiras porque sabes que por el momento, la emoción ha olvidado su huída. -Este hijo, es Armand… Armand Lutz, y esta…- Señala la pelota hacia tu dirección- es su autógrafo-

Entonces comprendes y como si hiciera falta, agregas. -¡Ya lo sabía!- Y ahora sabes que tu aventura realmente ha valido la pena.

-fin-


Beteo: Nayades

Gracias... ! por todo... Rose, Wendy, Stef, taniz!, y los que pasan tanto de lj o de ff y disfrutan con la lectura... Saludos!

SOWELU