A ti lector que sigues leyendo esta historia¡mil gracias! y ¡Feliz año nuevo 2008!
Capitulo 8
Artificio
Se localizaba en la sala de una casa la cual no era suya, pero pudo ser. Estaba incómodo ante la situación. Había transcurrido solo media hora desde su llegada. Sin embargo, ya anhelaba el momento de marcharse. Ocultaba sus deseos en cada sorbo que le daba a la taza de té, que le ofreció ella minutos atrás. Él no había dicho palabra alguna; raro en su naturaleza. No solía callar por tanto tiempo ante las personas… solo con ella. Las cosas entre ellos se habían dejado claras casi desde que empezó su "relación".
La miró con el rabillo del ojo con el fin de que no se diera cuenta. Buscaba, en la mujer, el valor suficiente para dialogar.
-¿Cómo han estado? – preguntó precario.
La dueña de la residencia lo observó de forma suspicaz. Dejó de tomar el té de su taza. La posó sobre la mesa, agregó.
- Bien – comentó secamente.
Al igual que el hombre también se encontraba embarazosa ante su presencia. No era para menos después de aquél día… No volvieron a verse a solas. Claro, como buen padre que es visitaba continuamente a su hijo. Pero, a medida que crecía buscaba pretextos para ya no visitarlo tan frecuentemente. Por más que tratara no podía cumplir los deseos de la mujer que ama.
-¿Quieres más té? – preguntó cortés, la fémina, mientras sostenía la tetera en sus manos.
-No, gracias – sacudió su cabeza con una leve sonrisa.
Ella se encogió de hombros. Sirvió otro poco del líquido. Cuando terminó tomó la taza y sorbió el contenido de esta.
- ¿Cómo ha va nuestro hijo en la escuela? – procuró desvanecer la pesada atmósfera creada.
-Bien – hizo una pausa para dar otro sorbo. Sabía que estaba siendo muy fría con él. No podía evitarlo. Los ojos del caballero le profesaban amor. Su dolor aumentaba a medida que lo veía. Si, dolor. Dolor por no corresponder a esos sentimientos. Dolor en su alma por hacerlo sufrir. Si hubiera reaccionado aquel día, no estaría una estaca en medio de sus corazones – Hasta le han concedido una beca por sus buenas calificaciones – comentó rápidamente.
Se esmeraría por tratarlo con afecto, como una amiga. Pero, no como amante.
-Me alegra que se esfuerce tanto – esbozó una cálida risa.
-Pregunta mucho por ti – La taza de té la apoyó en su regazo. Volteó su rostro para prescindir verlo. No soportaba esa expresión cálida, para cualquiera que no lo conociera, pero intuyó melancolía.
-¿En serio? – fue una pregunta tonta en eso estuvo consiente. La adulta cruzó mirada con él – perdón, para mi no es fácil volver a conversar a solas contigo – dijo a manera de disculpa.
-Entiendo perfectamente – se sentó correctamente. Se inclinó hacia delante. Dejó su taza a un lado en la mesa, situada cerca de sus pies - ¿Qué han sido¿Once años? – se enderezó esperando la respuesta.
-Doce – respondió disfrazando su tormento – Catorce años desde que dejamos todo en claro – murmuró para si.
-Vaya, como pasa el tiempo – expresó sorprendida sin escuchar lo antes dicho. Un amargo sabor en la boca le obligó a cambiar de tema – ¿Por qué tarda tanto? – consultó la hora en su reloj de pulsera – le dije que hoy, precisamente, vendrías a verlo.
-A verlos – corrigió con desden – a ustedes dos.
Su amada ignoró lo último.
-¿Es por ello que estas enojada conmigo? – tanteó el terreno.
-¿Qué te hace pensar que estoy enojada? – preguntó áspera. Se levantó de su asiento dirigiéndose hacia la ventana que se hallaba a sus espaldas – Todo lo que teníamos que decir – suspiró – ya lo hicimos; quedó en claro ¿No?
El silencio había regresado al ambiente. Los dos se dedicaron a mirarse sin decir o hacer nada, en un lenguaje secreto se decían tantas cosas. Ambos sólo lograban ignorarlas. La puerta principal se abrió estrepitosa.
-¡Mamá¡Papá! – gritó efusivo un joven de once años en el lumbral de la casa – ¿Dónde están?
La fémina compartió una mirada cómplice con el hombre antes de responder. Con ese simple gesto un pacto de sangre se había sellado.
-Aquí estamos – gritó sin dejar de observar a la persona sentada ante ella – en la sala, hijo.
Se escuchó azotar la puerta, luego pasos apresurados cada vez más cercanos hasta que…
-¡Papá! – corrió hacia señor tirando su mochila a un lado de su camino para culminar toda la estridencia en un fuertemente abrazo – te extrañé tanto.
-Yo también, Ken – cerró sus ojos temiendo no contener las lágrimas.
-¿Sabes? – su padre hizo el ademán de prestar oídos a lo que le diría a continuación – he sido el primer lugar en calificaciones del todo el salón.
El pecho del niño se hinchó de orgullo desmenuzado.
-Ese es mi muchacho – exclamó con alegría mientras que con una mano alborotaba el cabello de Ken – por algo eres mi hijo.
Tomoyo reaccionó antes estas palabras dirigiéndole una mirada poco confortadora. En cuanto al hombre sonrió con satisfacción. Sus últimas palabras fueron hechas con toda intensión.
-Que bueno que estas aquí – sollozó sin soltarlo – así mamá no estará sola – volteó a ver a la mujer – Mamá¿No te alegra que papá nos visite?
Ambos padres se miraron con tristeza. Su hijo ignoraba el porqué no se habían casado. El motivo que los orilló a no unirse totalmente como familia. Bueno, las razones que había planteado ella como obstáculo.
-Ken… se… – comenzó a articular. No podía esconder el dolor en lo que decía – Ken, será mejor que te arregles. Vamos a salir a comer.
El muchacho, sorprendido, se separó de su padre.
-¿No vamos a comer en la casa? –frunció el ceño.
-No – negó gentilmente, disimulando su dolencia con gozo.
-Pero, pensé que… – comenzó. Realmente deseaba almorzar en casa con sus padres. Juntos en un hogar para sentir que en verdad eran una familia como la de sus primos. Como los envidiaba por ello.
-Haz lo que te pide tu madre, Ken – interrumpió el hombre de forma apacible.
El muchacho asintió sin reclamar. Se encauzó a la salida de la sala, no sin antes recoger su mochila del piso. Una vez perdido en la vista de sus padres la conversación anterior fue retomada.
-Es un buen chico – verificó. Se irguió de su asiento – no es justo que lo estemos engañado, Tomoyo – soltó disgustado.
-Es mi orgullo – dijo anhelante – por ello te pido que no le digas la verdad. Sufriría al estar al corriente.
-Sufrirá más si él se entera de este engaño – comentó inexpresivo – Sólo alimentamos sus falsas esperanzas. Es mejor que sepa la realidad por nuestra propia boca.
-¿Qué quieres decir, Eriol? – se acercó a él insegura.
-Ya no puedo más – explotó – ya no puedo fingir que esta situación no me aflige. Te amo – se acercó a ella hasta anular distancias – Te amo y siempre lo haré.
Tomoyo no supo ni que hacer cuando se dio cuenta de que él ya la tenía en brazos y la besaba con pasión. Pasión y ansias. Unas ansias enormes. Estaba sediento, si sediento por no saborear esos labios. Por no probarlos. Por no sentirlos como tanto quería. La mujer se separó de esa boca. Ofendida le iba a dar una bofetada. Pero, una mano la detuvo aun antes de que ella levantara la suya. Le susurró algo al oído. La mujer abrió los ojos con asombro.
-Te quiero demasiado, Eriol – se despegó del cuerpo del varón – pero no pretendo atarte a mí. Tuvimos un hijo al que amo tanto – las lágrimas querían salir – Te agradezco que me hayas concedido ese divino regalo. Tener un hijo… – pasó pesado – tuyo – el brillo de sus ojos de perdió por algunos segundos. Si bien, no pasó desapercibido por el hombre – Una muestra de amor sin duda. No sé si sea bueno que me ames así – sus mejillas se estaban humedeciendo a medida que hablaba – porque temo no poder llenar tus expectativas. Temo no poder amarte tanto como tu a mí.
Tomoyo se sentó en el sofá que antes ocupó para llorar amargamente. Pese a ese acto se esforzó por disimular.
-Sabes que mientras me ames – la consoló – con eso me basta para que llenes mis expectativas. Pero, lo que realmente me haría feliz es verte dichosa, radiante, alegre – se inclinó para acariciarle el cabello – prométeme que siempre buscarás esa felicidad sin importar mucho lo que piensen los demás.
-Mi felicidad es – "no hacerte daño", pensó – estar a tu lado – dijo entre sollozos mientras lo miraba – Nuestro amor es imposible.
-Si, existen muchas cosas que nos separa – expresó desanimado – Aunque seguiré luchando por ti. Hasta que estemos juntos.
La mujer se limitó a levantarse del sillón. Se limpió las lágrimas lo más prudente que pudo. Eriol compartió, una vez más, una mirada compinche con su amada.
-¡Kenshin! – llamó – ¿Estás listo?
Un ruido de un golpe con un mueble lo delató. Profirió una palabrota en voz baja antes de salir de su escondite. Se asomó por la entrada de la habitación.
-Este… sí – comentó azorado. Pasó una mano por su cabeza fingiendo acicalase el cabello, pues se estaba sobando el golpe que se dio. El escrutinio de sus padres le causó aprensión – yo buscaba… – pensó en algo – buscaba mis lentes.
-¿Lentes? – cruzó sus brazos incrédula.
-Si – asintió nervioso.
-Soy tu madre, Ken – dijo seria – yo sé bien que tu no usas lentes.
-Ah, es que… – tragó saliva – es que yo nunca especifiqué que tipo de lentes.
-Entonces ¿Cuál tipo de lentes? – preguntó frunciendo el ceño. Esto le divertía demasiado pero mantuvo sus facciones.
-Lentes para el sol – expuso tajante.
-Y ¿Dónde están? – intervino por primera vez Eriol.
-Creí que aquí pero… – buscó a sus alrededores – no, ya veo que no se encuentran – soltó una risotada frenética.
-Anda ya – se apresuró Tomoyo – dejemos esto para cuando estemos en el restaurante.
-Adelántate, Ken – haciendo una ademán con su mano.
-Esta bien – hizo lo que su padre le ordenó a regañadientes.
Ya solos sonrieron levemente.
-Gracias, por advertirme sobre la presencia de Ken – se sonrojó.
-Sé perfectamente que lo que dijiste no era del todo mentira ¿Verdad? – preguntó sin mirarla.
-Si – admitió a su pesar – lamento haberte metido en esto.
-Yo no soy quien – dijo amable – para reprocharte por lo que hiciste en el pasado.
-Por su puesto que si – comentó alarmada – Ahora eres mi esposo.
El hombre se acercó a su amada, posó sus manos en ambos hombros femeninos.
-Soy tu esposo – expresó paciente – no tu juez
Estaba tan emocionada al oír aquellas palabras que lo rodeó fuertemente con sus brazos. Mientras lloraba aliviada.
-El único problema va hacer – se restregó las manos – decirle a Sakura la verdad.
-Se lo tienes que decir.
-Lo sé – se tapó el rostro avergonzada – Le he ocultado por tanto tiempo la existencia de mi otro hijo que – su voz se quebró – a creído que es mi única hija.
Su esposo calló.
-Imagino lo que piensas – lo observó con sus ojos acuosos – Ocultar es casi lo mismo que mentir porque las personas que desconocen crean su realidad, así como cuando alguien miente… recrea un entorno distorsionado a los demás – su semblante se ensombreció –El resultado es lo mismo.
-No – contradijo su esposo Fujitaka – No estaba pensando en eso – levantó la barbilla de la mujer – Los seres humanos son propensos a errar. Pero, no somos apegos a reconocer nuestras equivocaciones ante las personas que afectamos con ellas.
-¡Tiene quince años!
-Creo que es lo suficiente madura para afrontar una noticia así – atajó.
-Sakura me ha demostrado ser una hija ejemplar y responsable – se defendió –Aunque últimamente la he visto cambiada – entristeció – Distraída, decaída, desanimada, no sé como decirlo.
-Si, me he dado cuenta de ello – respondió melancólico – Nuestra hija es de buen corazón pero, no significa que sea débil e incapaz de afrontar la realidad.
-¿Si me reprocha por no haberle dicho antes? – preguntó aterrada.
-Estoy seguro que te comprenderá – la calmó – cuando le expliques los sucesos…
-Terminará por odiarme – susurró.
-Si no se lo dices creerá que no confías en ella – los ojos de la mujer lo miraron horrorizados – Imaginará que la crees incapaz de asimilar el hecho de que tiene un hermano, Nadeshiko.
-Temo que me reproche por haberle ocultado – su voz cedió al pánico – tanto tiempo algo así; de suma importancia…
-Porque les concierne a ustedes dos. Más que a nadie – enfatizó – debes decirle. Termina con todo esta engaño que tu misma has empezado a creer.
-Se lo diré – comentó en forma de derrota –Confesaré. Desmoronaré la vida ficticia que con esfuerzos me costó construir – el hombre aprobó – Sólo que quede claro: el único motivo del porque lo hice. Fue por Sakura, para protegerla. Pero, por favor prométeme que no le comentarás nada aun. Seré yo quien se lo diga.
-¿Será conveniente…?
-¡Promételo! – exigió.
-No, no puedo – renegó expectante – ni quiero.
-Si tú… – empezó calmadamente
-Que no – dijo con necedad.
-¿Por qué? – se estaba poniendo impaciente.
-Tiene todo el derecho a saber lo que sucede – argumentó a la defensa.
-Entiende – suspiró implorando paciencia – él no debe de saberlo…
-No, Sakura entiende tu – objetó encolerizada – Él es tu esposo y padre de esa futura criatura – señaló el vientre de su amiga – por esa razón le compete saber sobre…
-Tomoyo, entiende por favor – rogó – Todo lo que hago es por su bien.
-¿Por su bien? – repitió exaltada – Amiga, si estas al tanto de lo que me has contado ¿No? – comentó irónica. La castaña la miró con cara de pocos amigos – Estas poniendo en peligro tu vida y la del bebé. ¡No es un juego! Si les llega a pasar algo a uno de los dos – bajó la mirada. Tragó saliva con pesadez – él se muera de pena – deseaba morderse la lengua para no seguir. Era tan doloroso estar conciente de la realidad – Son su luz y alegría.
-Si le pido incapacidad laboral al Señor Satoshi… – la desesperación regresaba a su ser – no sé lo que le haría a Shaoran con tal de obligarme a regresar.
-Tranquilizate – se sentó a su lado para rodearla con su brazo en señal de apoyo – El mal nacido de tu jefe debe pagar por todas las que te ha hecho – sintió que su temperatura corporal se elevaba rápidamente, a consecuencia de su enfurecimiento – Además si por su culpa llegas a ir al hospital por peligro de muerte…
-No me importaría en absoluto – se sinceró – Aceptaría morir pero – rodeó su vientre – sería injusto para mi bebé. Porque si muero ahora, el no nacería.
-No hables así, como si tu vida fuera obligada sólo por traer al mundo a esa criatura – la reprendió duramente – A lo que se refiere lo acontecido años atrás quedó en el pasado. Ya no te atormentes por lo ocurrido. Pensé que ese asunto se había cerrado – aun le costaba creer la semejante confesión, que le había dado su prima, días después de su regreso a Japón. Su amiga todavía se culpaba y creía que su vida no valía nada luego de haber cometido tan terrible acto –Ahora tienes que pensar en tu hijo.
La amatista prefirió cambiar de tema. Sakura sólo asintió en silencio.
-Denúncialo. Hazme caso, podemos pedir orientación a Eriol – sugirió como no queriendo.
La trigueña frunció el ceño. Esa idea no le parecía. Si le comentaban algo a Eriol seguramente este se lo diría a Shaoran. Bueno sobre eso no estaba segura, ya que si había cumplido su promesa de no comentar nada referente a aquella noche que se conocieron. Ni Tomoyo, que la consideraba como una hermana, le había dicho toda la verdad…
-Si no quieres que sea tu abogado. Aunque como es uno de los mejores en nuestro país – se encogió de hombros – seguro que ganaríamos el caso.
-El Señor Satoshi tiene millones de dólares – recalcó – Lo más probable es que pague a los mejores abogados del mundo – la otra mujer iba protestar – No Tomoyo, sería inútil.
-Entonces renuncia al trabajo – solucionó fácil.
-Pero, Shaoran…
-Te lo suplico – se paró de un brinco de su asiento – ¡Por una vez en tu larga existencia piensa en ti! – exclamó histérica – Siempre pensando en los demás antes que en ti misma. Preocupándote por quien sea el lastimado para evitarlo. Me tienes harta Sakura. ¿Me oyes¡HARTA!
La castaña se quedó atónita ante la reacción de su prima. No dijo nada ni se movió un centímetro. En cuento a la amatista respiró con profundidad para calmar los animos. Sabía que se había propasado en su comentario. Cuando Sakura se llevó las manos a la cara. Cayó en cuenta de lo que dijo no era expresamente hacia su amiga, en parte había resultado ser un auto represalia. Era a ella quien le importaba no lastimar a los demás en lugar de buscar su felicidad a lado del hombre que ama. Sin reparar si fuera su prima quien estuviera de por medio. Sólo que le fastidiaba no tener es valor suficiente para ello.
- ¿Sabes? Al diablo con el señor Satoshi y con Shaoran – sonrió melancólica – Es momento de ser egoísta, piensa en ti – "porque yo no puedo hacerlo" pensó con aflicción – en tu hijo. En lo que verdaderamente interesa.
-Tomoyo – la llamó dudosa.
-También al diablo conmigo – su repentina alegría aparente se perdió. Sakura estaba extrañada.
Su prima esta actuando muy rara, más que de costumbre – Si conmigo por estarte en estos momentos gritandote y ponerte estresada, en tu condición, cuando deberías estar serena.
Volvió a sentarse con su prima.
-No tienes la culpa – susurró – Al menos tú si puedes luchar por lo que deseas – sus ojos se llenaron de agua, más no salió de estos – porque tienes al hombre que amas y te corresponde, de igual manera, junto a ti. Dándote fuerzas para seguir adelante.
No aguanto por más tiempo las ganas de llorar. Su vida era un asco. Las personas que la conocían pensarían que todo, en su mundo, era perfecto. Rica, atractiva, exitosa y llena de talento… ¿Qué más podía pedir? Sólo una cosa. Podía perder todo lo demás. Pero, lo que anhelaba, no. Deseaba ser correspondida por "él" que la mirara como mujer y no como una amiga. Sólo eso ¿A caso era mucho pedirle a la vida?
-No llores, Tomoyo – acarició la cabeza de su amiga.
-En cambio yo… – reprimió un gimoteo – no tengo a una persona especial a mi lado que me dé fuerzas.
-¿Qué me dices de Eriol? – comentó emocionada por la grandiosa idea que le acaba de surgir – Intenta entablar una relación con él – Tomoyo entornó los ojos sorpresivamente – como amigos – agregó viendo que su idea no era tan buena después de todo – tal vez… quizás lleguen a enamorarse – imaginó a la pareja feliz estando juntos – Sería fantástico – su rostro se iluminó – tu, mi amiga, siendo pareja de Eriol, amigo de Shaoran.
-Si realmente fascinante – satirizó.
Tomoyo estimaba a Eriol, pero de ahí que lo llegara a amarlo… era pedir demasiado. Lo que ignoraba su amiga era que ella ya tenía su corazón ocupado para otra persona. Sin embrago, el susodicho no la miraría, como quisiera la amatista. El hombre ya tenía a quien querer y eso le despedazaba de dolor. Un amor imposible. Por ese motivo Sakura no debía enterarse del nombre del sujeto. Ni el amigo de él, ni… él por supuesto. Nadie. Si fuera posible ese secreto se lo llevaría con ella a la tumba.
Continuará…
Notas de la autora:
Feliz año nuevo, eto… bueno ya sé que es algo tarde para decirlo. Pero, no había tenido oportunidad para desearles eso. El primer capitulo del 2008 ¿Qué les pareció? Fue realmente una coincidencia que empezara el año con el capitulo 8 ajaja, aunque como dice CLAMP las coincidencias no existen sólo lo inevitable XD
Perdón!!!! Por actualizar a estas alturas del mes, pero tuve una semana completa de taller por parte de la escuela U.u era en las mañanas y regresaba en la tarde. Créanme después de tanto tiempo de pasar en frente de una computadora… no tenía ganas de pasar otro rato en la mía. Además de la mendiga inspiración se fue de vacaciones, y si le sumamos la pelea campal que se llevó a la hora de mi inscripción… hasta salí despeinada y con un chicle pegado en el pelo ¬¬ Bueno, ya. Al grano ahora voy con comentarios al capitulo.
Puedo hacer muchísimos. Sin embargo, seré breve. ¿Como ven La relación E&T? No es una unión convenida por los dos. En un capitulo futuro, no diré cual, explicaré un poco como fue que… terminaron hasta por tener a Ken.
Después sobre el hermano de Sakura. Muchos dirán "que se fumó para sacar algo semejante" pero, créanme si llega a pasar situaciones así, lo sé perfectamente; de primera mano. Por ultimo, el trabajo de la nuestra protagonista. ¿Ahora comprenden porque no podía renunciar aun estando embarazada? La conversación diverge lo sé y lo siento u.u pero lo hice con intensión para clavar más la espina de duda sobre: una lo que pasó en la famosa "aquella noche" y dos sobre Tomoyo ajaja creo que a estas alturas ya han elaborado teorías en el lado amoroso de esta persona n,n ¿Quién sabe? quizás y hasta tengan razón.
Todas las incógnitas las iré despejando en los siguiente capítulos, sean pacientes.
Agradezco a:
Celina Sosa: Así es Celina, Eriol sabe muchas cosas de lo que aparenta, pero no conoció a Sakura justo después de lo ocurrido esa noche fue en otra.
Gabyhyatt: En algo tiene que ver pero no se conocen ellos dos ese día se conocen en otro, en pocas palabras en otras circunstancias más penosas.
Whiteratreturns: No te preocupes por no dejar comentarios como ya te dije antes. Puedes o no dejarlos.
Por sus comentarios. También a ti lector que no dejas comentarios pero, estas al pendiente de la actualización de esta historia.
Capítulo 9: Revelación
Se cuidan mucho, nos vemos y hasta luego!
PD: La semana que viene ya entro a clases… ¬¬ entonces actualizaré a finales de este mes o a principios del otro (si nada me lo impide).
