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Capitulo 9
Revelación
El gran día había llegado. Semanas atrás había rezado a todos los cielos que este momento no sucediera. Pero, era demasiado tarde para arrepentirse. El paso hacia delante lo dio cuando le dijo a su hija que tenía algo importante que decirle el domingo próximo, que precisamente era hoy. Además de haberle prometido a su marido; decirle la verdad a Sakura. Ahora se hallaba caminando de un lado para otro como si de un león enjaulado se tratase. Reprochó a su buena suerte cuando el fatídico suceso se anunció. El timbre de la puerta principal sonó por toda la casa. Resignada y con el corazón en la mano abrió la puerta cautelosamente.
Ahí estaba él. Un joven alto de unos 20 años, de piel morena y cabello negro azabache. Este le devolvió la mirada. La mujer sonrió al reconocerlo, sin soportar por más tiempo lo abrazó con todas sus fuerzas.
-Me alegra mucho que hallas venido – comentó entre angustiada y maravillada.
-Te dije que vendría a darle la noticia junto contigo – esbozó una sonrisa – Sobretodo porque ya la quiero conocer.
El poco semblante alegre de la fémina cambió por una sobria. Giró para observar escaleras arriba. Unos pasos se acercaban presurosos. Pronto hicieron presciencia unos pies masculinos que descendían los escalones. El hombre, de quien pertenecía dichos pies, se acercó a las dos personas que encontraban en el lumbral.
-Ah – exclamó lozano – Tu debes ser Touya – estiró una mano amablemente – mucho gusto – el joven estrechó su mano con la del señor – Soy Kinomoto Fujitaka.
-Es un placer conocerlo, Señor Kinomoto – apartó su mano de la del hombre – Mi madre habla todo el tiempo de usted – la mujer se sonrojó ante el comentario – tanto que hasta creo conocerlo muy bien.
-Por favor dime Fujitaka – pidió compresivo.
-Como usted quiera – respondió azorado. Prefiriendo cambiar de tema, agregó – Y ¿Dónde esta Sakura? – buscó a su alrededor esperando reconocerla.
Ambos adultos intercambiaron miradas. Ella una preocupada a sabiendas de lo que se avecinaba. Él tenía una mirada serena y llena de ánimos para su esposa.
-Esta en su recámara – dudó, no sabía si decirlo o no. Vio el talante desconcertado de su hijo – Todavía no sabe que haz venido – su esposo no dijo nada pero en sus ojos len decían tanto… – Esta bien, no sabe absolutamente de tu existencia – bueno ya lo dijo ¿Qué más querían de ella? – La llamaré – al darse cuenta que aun se encontraban en la puerta – Pero, pasa – le ofreció entrar con un ademán de su mano – Fujitaka, llévalo a la sala. Por favor.
Su marido asintió. Indicó al joven que lo siguiera mientras le ofrecía té y galletas, en lo que esperaban.
Decidida se dirigió a las escaleras. Subía uno a uno los peldaños con sumo cuidado. Deseaba que jamás terminaran. Nunca llegar al final. Cuando acabó de subir se dirigió a la tercera puerta del pequeño pasillo que había a su derecha. Respiró hondamente antes de tocar la puerta, que estaba entre abierta. Su curiosidad la mató, prefirió escuchar la conversación de su hija.
-Gracias, Tomoyo – decía feliz por el auricular – Perdón por llamar a esta horas, pero después de una hora – comentó seriamente – llegué a la conclusión de que no sabía como resolver el ejercicio de matemáticas.
El silencio reinó. Nadeshiko supuso que le esta contestando su amiga.
-Este… – no hallaba las palabras –si, lo sé – se rascó la cabeza distraídamente. Siempre hacía eso cuando se apenaba por su excusa – Se me había olvidado que mañana era Lunes.
Otro silencio. Esta vez Sakura frunció el ceño.
-Eres una chantajista – alegó con desesperación – Me niego a probarme uno de tus diseños…– abrió los ojos con terror – ¡No! – gritó tan fuerte que hasta su madre por poco grita del susto – Eso no, Tomoyo. Filmarme en la cafetería con uno de tus diseños…
La mujer creía que ya era suficiente. Golpeó suavemente la puerta. Sakura se asomó a ver quien era.
-Sakura, sobre lo que te iba a contar… – respiró una vez más – te espero en la sala.
-¿No puede ser más al rato? – preguntó con pesadumbre –Estoy hablando con Tomoyo…
-No, esto ya no puede esperar más tiempo – dijo con firmeza. Quizás había exagerado porque sonó autoritaria, lo cual no pretendía – Te espero en la sala. No tardes.
Perpleja ante el comportamiento de su madre, la castaña entró a su recámara para despedirse de su amiga rápidamente. Dejó el teléfono en su lugar. Corriendo llegó a la sala. Había un hombre al que no conocía, eso le extrañó. ¿No se suponía que su mamá le quería hablar de algo importante? Entonces ¿Qué hacía un tipo extraño con sus padres? Le pareció ver sonreír al joven desconocido en cuanto la vio entrar a la habitación. Sakura frunció el ceño ¿Ese de que sonreía? Intuyó que le estaban ocultando algo.
-Sientate, hija – sugirió su padre.
Ella obedeció, se sentó a lado de su padre. El ambiente era denso. La muchacha iba a preguntar que quería su madre hablar. Pero, ella se le adelantó.
-Tengo algo que decirte – comenzó insegura – hace muchos años yo me casé – se interrumpió – Era joven e ingenua en ese entonces…
Sakura no entendía nada. Claro que se había casado. Con su padre, Fujitaka.
-No comprendo – dijo ofuscada.
-Bien – trató de ganar tiempo en lo que ordenaba sus ideas – lo que pretendo de decir es: me casé hace mucho – la castaña asintió – con un hombre que no era tu padre.
-¿Perdón? – preguntó alterada mientras se levantaba de su asiento.
-Tranquila – la relajó su padre – siéntate, por favor. Deja que se explique.
Se volvió a sentar a regañadientes.
-Él, a principio, era bueno – se le hizo un nudo en la garganta – hasta que me embaracé.
Sakura abrió la boca para objetar. No obstante silenció al ver la advertencia en los ojos de su padre.
-No deseaba al niño – narró con amargura – Quiso convencerme de abortarlo.
La adolescente se horrorizó ante la sola idea. ¿Cómo podría un padre pedir la muerte de un hijo, solo porque no lo deseaba?
-Por supuesto yo me negué rotundamente – continuó – A él no le pareció, aunque… no siguió con la proposición. Un día me tiró por las escaleras para que perdiera el niño. Fui a parar al hospital. Sin embrago, su plan falló: no lo perdí. A pesar de todo se resignó. Tuve al niño.
La castaña se obligó a silenciar; quería saber a donde iba toda esa historia con lo que le querían decir desde un principio.
-Cuando lo tuve en mis brazos… – pausó para saborear aquel recuerdo – Hallé las fuerzas necesarias para pedirle el divorcio. Pensé que sería fácil. Me equivoqué. La pelea en los tribunales fue espantosa. Mi abogado vendido por el oponente. Sola y con un hijo… – reprimió un sollozo – Un día me robó al niño con tal de que regresara a su lado.
El corazón de la trigueña se contrajo.
-¿Aceptaste la propuesta de ese hombre? – preguntó incrédula.
Sabía la respuesta. Había aceptado. Quizás después de un tiempo el niño murió, su madre se había divorciado y años después se casó con su padre. Pero, quedó estupefacta al ver la negación de Nadeshiko.
-Eso le basto para desaparecer con el niño – expresó – Pasaron los años. Conocí a tu padre, me enamoré de él. Al poco tiempo te tuvimos. Pensé que con eso alejaría el sufrimiento por perder a mi otro hijo... – estaba hablando de más – Bueno lo demás ya lo sabes.
-¿Por qué me dices todo esto ahora? – inquirió.
Su madre se frotó las manos, nerviosa. En respuesta a esto el joven tomó una las manos en señal de apoyo. ¿Él quien era para hacer eso a su madre? O más bien dicho ¿Quién era él?
-¿Quién es usted? – le preguntó huraña.
El joven irradió alegría al ver que ella tenía interés por saber quien era.
-Mi nombre es Touya.
-¿Qué hace aquí, escuchando conversaciones familiares? – preguntó suspicaz.
El mismo iba a responder cuando la mujer intervino.
-Sakura, la razón de que te dijera todo esto fue – cambió mirada con el muchacho – porque encontré a mi hijo.
-¿Si? – esto no le estaba gustando – Me alegra mucho por ti. Pero todavía no entiendo que tiene que ver en todo esto él.
Señaló a Touya con efusividad.
-Tiene mucho que ver en lo que te estoy diciendo – aclaró.
-Explícate – ordenó impaciente – No te entiendo.
-Touya es tu hermano – soltó sin delicadeza – viéndolo mejor. Es tu medio hermano.
Su madre se había casado con otro antes que su padre. Bien, ella no la juzga por eso. Trató de divorciarse. Bien, el tipo la maltrataba y era justo lo que su madre pedía. Su mamá tuvo un hijo. Bien, ella siempre quiso tener un hermano. Su madre jamás le dijo la existencia de su medio hermano… Sin duda en esta situación aplicaría "Alto el mundo, me quiero bajar" Su cerebro trabajaba a mil por hora. Cuando pudo reaccionar saltó de su asiento como si este le hubiera mordido.
-¿Qué? – chilló – ¿Mi medio hermano?
-Si – sonrió lo más serena que podía – verás… yo…
-Ver – repitió – ¿Ver qué? Me mentiste todo este tiempo.
-¡No! – las cosas salieron peor de cómo las imaginaba.
-Claro que sí – contradijo – me hiciste creer que yo era tu hija única.
-Solamente te lo oculté – protestó.
-Pues para mí es lo más horrible – masculló –que me haz hecho en la vida.
-Sakura – la llamó al mismo tiempo que posaba una mano en el brazo de su hija.
-Suéltame – tiró con fuerza de su brazo para zafarse de la mano temblorosa de su madre.
-Entiende – suplicó con la mano, con la que había tocado a Sakura, suspendida en el aire.
-Perdón – se disculpó sin perder su voz impávida – pero no puedo comprender el porque no me lo dijeras.
-Cálmate – dijo sereno el joven.
-No me pidas que me calme – lo miró desafiante – tu menos que nadie.
-¡Sakura! – gritó sorprendida por el comportamiento de su descendiente – No le hables de esa manera.
-¿Por qué? – preguntó desdeñosa – ¿Por qué es mi hermano?
-Si, tienes que tratarlo como…
-No, hoy me entero que tengo un hermano de unos veintitantos y que es él –volvió a señalarlo con dureza – Por todos los cielos no me pidas que de la noche a la mañana le tenga afecto fraternal, mamá.
-Tienes que hacerlo – ordenó – el es mi hijo.
-Yo también soy tu hija – expresó voluble – Una hija a la que no le tuviste un tantito de confianza – hizo una seña de achicar con sus dedos – como para decirle sobre él. ¿Pensabas que no podía asimilarlo? – respiraba con dificultad – ¿Por qué no tuviste confianza antes? – sentía dolor – ¿Por qué ocultarlo?
-Tenía miedo – su mirada mostraba pánico. Tenía que estar viviendo una pesadilla – Veo que no me equivoqué – cerró los ojos tan fuerte como si le clavaran una espada en su pecho – Ahora me estas reprochando…
-No – negó de inmediato – No te estoy reprochando tu pasado – su voz se apaciguaba – Solo que me duele mucho que no me lo dijeras antes – su rostro expresaba sufrimiento –Quizás… si me lo hubieras confesado cuando niña… hasta habría saltado de gusto – rió con ironía. Como se mofaba la vida de ella. Desde que tenía uso de razón había anhelado un hermano, sin saber que ya tenía uno. Uno del cual no sabía nada ni de su existencia – El hubiera no existe.
-La incertidumbre me embriagaba – sus piernas no soportaban su peso. En cualquier segundo caería al suelo – Sentía morir cuando hablaba de ello.
-Yo te apoyaría para superarlo juntas – exteriorizó – Constantemente me dices que confíe en ti cuando tu misma no aplicas ni lo que indicas.
-Pensé que… – las palabras correctas… no las tenía – como eras pequeña no podrías…
-¿Comprender? – terminó por ella. Una nueva furia con más fuerza renació en la castaña – ¿Tan estúpida me crees?
-¡Sakura! – la reprendió su padre.
-Lo siento papá – comentó iracunda tratando de no descargar más ira en lo que decía – Será mejor que me vaya a dormir – agregó como excusa con tal de salir de ahí – mañana tengo que madrugar para ir a la escuela.
Se dirigía a las escaleras. Conteniendo a duras penas las lágrimas. No, no eran lágrimas de rabia. Eran lágrimas de abatimiento.
-Sakura, espera… – Touya se adelantó sujetándola de la muñeca.
-Yo jamás lo veré como a un hermano – se volteó para enfrentarlo – Nunca aunque quisiera – en su mirada había rencor, en la de él melancolía. Pronto la soltó para dejarle libre el camino – No pueden obligarme – se inclinó a un lado del cuerpo del joven para dirigirse a sus padres – Buenas noches.
Sin más salió de la sala hacia su cuarto. En cuanto entró a este cerró la puerta de un azote. Se recargó en la puerta y comenzó a llorar. Poco a poco su cuerpo se deslizó sobre esta hasta llegar al suelo. Apoyó su cabeza sobre sus rodillas. ¿No tenía derecho a que alguien confiara en ella? No, al parecer no. Ni su madre había confiado en ella.
Muchas veces pensó que debía ser una mala persona para que las personas no quisieran ni confiar ni querer su compañía. Pero¿Para que molestarse en mentirle¿En herirla? Se limpió las lágrimas y se acicaló un poco antes de disponerse a salir. Sin embrago, se detuvo al reconocer las voces que se acercaban. Rápidamente se subió a la taza del baño para ocultar sus pies. En silencio agudizó su oído. Las risas se hacían cada vez más fuertes.
-No lo creo – dijo una voz sin poder dejar el tono divertido.
La otra persona soltó una risita.
-Él mismo me lo dijo – puntualizó.
-Que cínico – comentó alegre – sin lugar a dudas fue él mismo quien soltó los rumores.
-Claro – estuvo de acuerdo – Kinomoto no es tan ilusa – satirizó – como para no saber que fue el propio Kizuko quien propició la historia.
Antes de contestar su compañera soltó una sorda carcajada como si le hubieran contado algo tremendamente gracioso.
- Aka, no me hagas reír – le siguió el juego. Respiró para recobrar la postura – Kinomoto es tan idealista… de lo contrario no hubiera creído en las palabras de Kizuko, teniendo en cuenta la fama que posee. Estúpida – bufó –Ya ves, lo rápido que abrió las piernas.
Otra tremenda risotada se dejo escuchar causando eco en la paredes del lugar. Eso quería decir que toda la escuela se enteraría sobre lo que ese mal nacido le había hecho. Como lo odiaba. Lo despreciaba. Deseaba terriblemente verlo morir. Verlo sufrir hasta exhalar su último aliento. Contrajo sus puños hasta hacerse daño. Entre abrió la puerta dispuesta a salir de una vez por todas.
-Espera – continuó la muchacha.
Sakura obedeció como si dirigieran a ella, aunque ninguna de las dos jóvenes se había percatado de su presencia.
-No te he dicho lo más interesante – exclamó.
¿Había todavía más? La castaña dejó de respirar para escuchar con atención.
-¿Qué puede ser?, Aka – preguntó intrigada.
-Kizuko no se acostó con Kinomoto por gusto.
Ahogó un gemido. No soportaría por más tiempo.
-¿No? Bueno, ella no es lo suficientemente atractiva – soltó deletérea – como para llamar la atención de un hombre y mucho menos de la escoria de Kizuko.
-Eso es verdad – compartió opinión – Es tan poca cosa. No la envidio. Después de todo lo que le hizo Kizuko – restó importancia – Además, quien mejor blanco para una puesta que Kinomoto.
El alma se le cayó a los pies. Una apuesta. Solo por esa razón se había cercado a ella. Debía haberlo sospechado. ¿Cómo ahora correspondía a sus sentimientos si antes los había despreciado?
-Ingenua – se dijo a si misma.
-Sígueme contando, por favor – pidió entusiasta.
-Pues… – dudó – no hay mucho que narrar. Mi vida fue y sigue siendo tan aburrida.
-No digas eso – se enfadó su amiga.
-Ya te conté lo que ha pasado en todos estos seis años – frunció el ceño – en la que no nos hemos visto.
-No mientas – reclamó – te conozco demasiado. No cambias a pesar del tiempo.
No supo si decirle lo demás. A nadie se lo había dicho. Nadie a parte de Touya.
-Tomoyo¿Te acuerdas de Kizuko? – temerosa tanteó el terreno.
-¿Miruo? – contrajo la cara igual que si hubiera probando el limón más ácido del mundo.
Su prima asintió. Al parecer nunca se olvidaría de él y menos cuando le dijo que estaba cometiendo el error más grande de su vida al ser novia de Miruo, justo antes de partir.
-No me digas que seguiste con ese tipo – se alarmó – después de que yo me marchara.
Con solo leer los ojos de su amiga supo la respuesta.
-Sakura, – puso los ojos en blanco – pero ¿En que pensabas?Cruzó los brazos.
-Eso mismo es lo que me pregunto – respondió con amargura – al recordar lo que pasó.
La mirada dura de su prima se baldeó. Desenredó los brazos.
-¿A qué te refieres? – indagó.
Suspiró para tomar fuerzas.
-Cuando cumplimos un año de novios…
-Un año – enfatizó desolada – Por Kami sama¿Tanto tiempo…?
-Tomoyo – alertó – déjame terminar.
La aludida alzó las manos en son de paz mientras encogía los hombros.
-Cuando cumplimos un año de novios – vio como fruncía los labios su amiga en señal de auto censura – me dijo que lo celebraríamos, no me dijo a dónde iríamos alegando que era sorpresa. Cuando el día llegó… pasó por mi – era capaz de ver sus recuerdos como si fueran un programa de televisión – Me engañó, no fuimos a celebrar, en lugar de ello – pasó saliva – me llevó a su departamento.
La amatista empezó a imaginar cosas. Es maldito fue capaz de… Eso era…
-Entonces, nos encerró – sus ojos se nublaron – No supe como me tiró al piso – se quebró su voz – se subió en mí y, y…
Ocultó el rostro con sus manos. Sentía rabia, coraje, miedo, dolor y vergüenza. En cambio Tomoyo se quedó inmóvil. Fue cuando lo comprendió. Aterrada desmesuró los ojos. Ese hijo de… No, no pudo forzar a Sakura. ¡No!
-Sakura… – se esforzó a decir con un hilo de voz.
-Me violó – finalizó – Me violó, Tomoyo.
Analizó a su prima. Lloraba como si le desprendiera el alma. Desconsolada, temblorosa y desconcertada se encontraba oculta en su único escudo: sus manos. A Tomoyo se le rompió el corazón. Sabía que era un desgraciado pero no creyó que caería tan bajo como para…
-¿Sabes lo peor de todo? – de repente preguntó.
En respuesta negó con su cabeza. Aunque Sakura no vio el gesto, prosiguió.
-Todo eso lo hizo por ganar una repugnante apuesta – trepidó su voz por la ira.
Cuando pudo ser conciente de su cuerpo. Tomoyo se acercó a la castaña para abrazarla. Frotó uno de los bazos de ella para reconfortarla.
-Tú no te lo merecías – comentó firme – Eres una buena persona que no se merecía algo tan… – se detuvo. Mejor en no pensar en el pasado – Tranquila.
-No, Tomoyo – se separó de su pariente – Eso no me mortifica tanto.
Sorprendida escudriñó de pies a cabeza a su prima. ¿Escuchó bien?
-Es que… – sería la confesión tan grande que jamás haría – hice algo espantoso.
-¿Qué es? – ya se estaba preocupado si es que más se podía.
-Tomoyo – más lágrimas se deslizaban por sus mejillas hasta caer al vacío – yo…
-Dime ya – se desesperó – me provocarás un infarto si no lo dices de una vez por todas.
Sakura profirió un sonido extraño que su amiga no supo como definir.
-Lo que pasó… – la garganta se le cerró – todo fue tan rápido que no sé ni como pasó…
No entendía. La trigueña hablaba sin sentido o al menos no entendía lo que estaba diciendo.
-Por favor – suplicó la amatista sintiendo su corazón detenerse.
Su prima enderezó su cabeza. Descubrió su rostro. Ya no lloraba. Por fin los ojos verdes la miraron. Juraría que la persona que le regresó la mirada no era la misma Sakura. Gélida como el hielo, agregó.
-Tomoyo, yo maté a una persona.
Continuará…
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Notas de la autora:
Al fin puede subir el capítulo. Perdón por la larga espera. Ahora viene mi pretexto de siempre ¬¬ la escuela. Antes me quejaba por los trabajos y tareas. Así que no tengo cabeza como para seguir escribiendo el siguiente capitulo, sorry. No con eso estoy diciendo que "no seguiré la historia". NO!! lo que digo es "por este motivo no se hasta cuando actualizaré". Solo espérenme y téngame paciencia. No sé cuando se arregle todo este lío. Está bien, ya no los agobio con mis traumas que no tienen porque interesarse.
Respecto al capitulo... ya esta. Sakura mató, más que confirmado. ¿A quién? Lo diré en otro capítulo ¿Cuál? solo les digo que falta un rato para ello. Ojo, quizás tengan sus sospechas... pero todo puede ocurrir (mejor no se apresuren en sus conclusiones). En cuanto al hermano... bueno ya se sabía, en un capitulo anterior lo mencioné, pero ahora les traigo como fue la presentación de este ante nuestra protagonista. Por último lo de la conversación sobre el tema de Kizuko. Bueno, se podría decir que un motivo más para matarlo se une a la lista. A todo esto ¿Qué tiene que ver con lo que sucederá? Mucho. Calma, esto poco a poco se va hilando.
Agradezco, especialmente, por sus comentarios a:
Whiteratreturns, Celina Sosa, Gabyhyatt y a Johanna-Ikari
Gracias chicos que, al menos los primeros tres, nunca falta sus comentarios ) En cuanto a Johanna; espero que sigas leyendo y sobretodo gustando la historia.
También gracias a ti lector por seguir las actualizaciones y a quienes se vayan uniendo de aquí hasta que termine la historia
Se cuidan -- (no sé si pase el mes sin estar en contacto o hasta más, asi que omito el hasta luego)
P.D.: les dejo unos avances del próximo capitulo, no se lo vayan a perder.
Capitulo 10: Inconvenientes
-Tu eres la famosa Sakura - su voz sonó despectiva. Su mirada altiva escudriñaba a la joven - que tanto habla mi nieto.
-Así es señora Li - asintió con cortesía.
-Me pareces poca cosa - respondió con una mueca de desagrado - para ser novia de mi nieto - antes que la castaña pudiera protestar, agregó - Nunca te casarás con Xiao Lang. No eres digna de llevar el apellido de nuestros ancestros... lo mancharías.
