Título: El lado oscuro
Autora: Boone
Capitulo 9: El regreso
Pairing: Dean/Sam, Sam/Dean
Rate: NC-17, NC-18....para variar Porn...
Advertencias: uf....em....un poco d todo, incest, violencia...nose...XD
[Disclaimer: Los personajes no me pertenecen y no obtengo beneficio económico alguno por esto.
Resumen: NO se que poner como resumen....ya ireis descubriendo de que trata...juju así hay más miesterio!!

El lado oscuro

9. El regreso

La chica gemía del dolor, encogiéndose con las manos abrazadas sobre el estómago, y entre los quejidos susurró:

- Azel...fue Azel...-

Cuando Sam despertó oyó a Dean hablando. Seguía empeñado en que Eos sabía el paradero de ese tal Azel. Hacía dos días que trataban de sonsacarle información a la muchacha, pero ella no decía nada, sólo se limitaba a mirarlos inexpresiva y a bufar de aburrimiento.

Bobby se pasaba los días entre libros pero en ninguno ponía nada de cómo encontrar a un demonio. Sam estaba aterrado pues no sabía cómo matar a Azel, si lograban encontrarlo primero... Además estaba el tema de su inminente transformación... podía hacerle daño a Dean y, lo que podía ser peor, tal vez no volviera a ser humano jamás.

Se levantó y fue a la cocina a por un poco de leche y unos cereales. El día anterior, harto de rebuscar en la nevera algo que no fuera queso rancio o comida con moho, fue a comprar. Arrastró a Dean al supermercado más cercano y anduvieron por los pasillos comprando y riendo. Eso le había encantado, se había sentido una persona normal. Era como si él y Dean fueran una pareja joven que había ido a comprar comida para el piso nuevo. Había tratado de disfrutarlo al máximo ya que podía ser la última vez que pudiera sentirse así.

Oyó gritos y salió de la cocina hacia el salón. Dean estaba al borde de un ataque de nervios. Sam se sentó a su lado y le habló tratando de calmarlo. Eos lo provocaba y él caía en la trampa. Sam suponía que el demonio trataba de hacer que rompiera la protección de alguna manera para intentar matarlo y en ese momento escapar.

- Eos, escucha, no te vamos a dejar salir si no nos dices dónde esta Azel o cómo encontrarlo... -dijo Sam seriamente.

- A ver ignorantes...Azel es un demonio...¿dónde va a estar?

- ¿En el Infierno? – preguntó Sam sintiéndose raro, sonaba tan infantil...

- ¡Bravo...! Un minuto y ya tiene la respuesta que llevas buscando una hora, Dean...- dijo Eos con sorna mirando a Dean.

- Pero tenía entendido que los demonios sólo pueden entrar en el Infierno como entes, es decir...esa forma de humo negro...-dijo Sam pensando- Si tengo que ir a por Azel...debo hacerlo salir del Infierno, porque el demonio y mi cuerpo están unidos, no puedo hacer que se separen, es decir, que me es imposible entrar en el Infierno.

- Más o menos...uhumm...Creo que estoy colaborando demasiado, pero no he perdido la esperanza de que me dejéis ir si os ayudo...soy una buena fuente de información, ¿sabéis? – dijo la chica sonriendo a Sam.

- No te voy a prometer que te soltaremos, pero, si logro acabar con esto del demonio, te dejaremos ir, si nos ayudas.- dijo Sam sin creérselo demasiado.

- Sam...no podemos...- dijo Dean, pero Sam le cogió del brazo y lo miró "Confía en mi", prometió mudamente con los ojos.

- A ver, Eos...explica eso de más o menos...

- Un demonio es en sí un ente maligno. En ese caso sólo así puede entrar en el Infierno, nunca podrá entrar mientras esté poseyendo un cuerpo humano, pues no tiene ningún vínculo con él.- Eos hizo una pausa y siguió hablando.- Pero tú eres diferente. Tu cuerpo esta ligado a esa parte demoníaca que hay en tu interior, así que serías como una especie de demonio con cuerpo semi-demoníaco. Tienes una parte humana y otra demonio, pero al no poder separarse podrías entrar en el Infierno sin problemas.- dijo mientras miraba a Sam, que esbozó una sonrisa, pero Eos hizo una aclaración.- No sonrías, yo de ti evitaría entrar allí, es el peor lugar que puedas imaginar. Nunca has soñado con nada peor, son todos tus temores y miedos juntos. Torturas, muerte, dolor...

- Entonces, ¿es por eso que salís a la superficie? ¿Para huir de aquel lugar?

- Sí.- Eos puso una expresión de tristeza que despertó un sentimiento de compasión en él- No quiero volver...y aunque tenga que traicionar a mi amo, prefiero eso a volver allí...

Dean cogió del brazo a Sam y lo llevó a la cocina para hablar de Eos. No se fiaba, parecía que actuaba muy bien y por eso le daba mala espina. Sam se fiaba pero Dean no. Acordaron que le seguirían la corriente para que les proporcionara información pero que no le quitarían el ojo de encima.

Entrada la tarde Dean fue a buscar información con Bobby, y Sam fue a la silla vieja que había en la terraza. Suspiraba pesadamente mientras pensaba en su padre. Tantos mensajes y no había contestado nunca. No se quedaba corto si decía que Dean le dejaba uno cada día o tal vez dos. Sonrió pensando que su hermano no se había dado cuenta de que él lo sabía. Lo escuchaba cada noche, bien tarde. Se levantaba y se iba afuera, lo escuchaba rogarle que volviera para ayudarle. En alguna ocasión Sam había sentido la tentación de salir y abrazar a Dean y decirle que le quería, que nadie nunca se había preocupado tanto por él.

Pero sabía que a Dean le costaba horrores aceptar lo que sentía y no quería que se sintiese mal, porque sabía que, si salía Dean se sentiría arrinconado porque sabría que lo había escuchado. Prefería esperar a que volviera y oírle decir que estaba tomando el aire. Después se metía en la cama con él y lo besaba. Sí, eso era mucho mejor.

Entró en casa, fue a la habitación y salió afuera otra vez. Mientras se sentaba en el balancín sacó el móvil de Dean del bolsillo. Marcó el número de su padre y dejó un mensaje. Dudaba que contestara a los suyos si no había contestado a los de Dean, pero quería intentarlo.

Dean salió. -"Con quién hablabas?"-, preguntó. Sam guardó el móvil con disimulo y dijo -"Con nadie..."-, mientras se levantaba y echaba una mirada rápida a la entrada de la casa. Tras asegurarse de que no había nadie besó a Dean con ganas y volvió a sentarse palmeando el asiento que tenía al lado. Dean se sentó y se quedaron en silencio por unos minutos, mientras contemplaban la puesta de sol.

- Estoy asustado Dean...-confesó Sam sin apartar la mirada del horizonte, en el que se admiraban colores naranjas y rojizos.

- Lo sé, pero no dejaré que nada malo te pase. Recuerda que lo prometí aquella vez en el bosque...- dijo Dean. Sam recordó la promesa, el ataque del licántropo. Dean siempre le salvaba la vida. De alguna manera eso lo hizo tranquilizarse y miró con cariño a su hermano.

- Sé que de verdad quieres protegerme, y siempre lo haces, no se cómo, pero siempre lo acabas consiguiendo, -dijo Sam-, pero esto es distinto. No se trata de algo que vaya a atacarme....se trata de mí. De eso que tengo dentro. Se supone que tengo que matar a ese demonio y no se cómo hacerlo, pues seguro que es mucho más fuerte que yo....

Dean simplemente susurró -"A veces desearía que papá estuviera aquí..."-, y abrazó a Sam. No podía creer que tal vez, si las cosas no se arreglaban, dentro de poco más de una semana ya no podría disfrutar de esos momentos de tranquilidad. No podía permitir que Sam dejara de ser su Sammy, lo sería siempre, costara lo que costara.

Bobby salió corriendo y les dijo que entraran. Se sorprendió un poco por cómo estaban abrazados pero no era momento para cuestionar nada. Entraron tras él y una vez dentro Bobby señaló a Eos. La chica estaba sentada, como meditando. Abrió los ojos y les dijo:

- Sé donde esta Azel. Pero debéis asegurarme que si os ayudo me dejaréis libre. Además de protegerme de la ira de mi amo.

- Sí, me parece bien...-dijo Sam, pero Dean le puso un brazo por delante y Sam se calló.

- ¿Cómo podemos estar seguros de que no piensas llevarnos a una trampa, o de que no es algún truco para que te liberemos?

- No puedes saberlo – dijo Eos sonriendo- Pero...yo tampoco puedo saber si vosotros cumpliréis vuestra palabra.

Bobby hizo una señal y lo acompañaron a la cocina. Tras cerrar la puerta habló con voz temblorosa.

- Hablaba en sueños, de un Plan...de Sam...de un demonio de gran poder...-dijo Bobby – Esto me da mala espina, creo que algo gordo se avecina y, muchachos, estáis justo en el medio....

- Creo...creo que deberíamos aceptar la propuesta...pero...no sé-dijo Sam pensativo

- Creo que deberíamos decirle que lo pensaremos y mañana darle la respuesta. Tal vez mejore su oferta...a lo mejor nos ha dicho eso porque sabe que estamos desesperados y...-dijo Dean.

- ¡Pero es que lo estamos!- confesó Sam.

- Y...nos ha dado una oferta mediocre...-finalizó Dean.

- Sam, sé que estás...estamos asustados, pero creo que deberíamos...actuar...y dejarle creer que no lo estamos tanto cómo parece. Tal vez así nos dé más información.

- Esta bien Bobby-, aceptó Sam abriendo la puerta de la cocina y andando hasta Eos. Le dijo que tenían que pensarlo y se marchó de nuevo a la terraza. Bobby hizo una señal a Dean con la cabeza para que fuera con Sam, y él lo siguió hacia la terraza mientras Bobby se sentaba en el sofá a ver la televisión.

Dean se apoyó en la baranda de madera al lado de Sam, apoyando la espalda en una especie de columna. Sam lo miró y se sonrojó, estaba de lo más sexy... Volvió a fijar la mirada en las hileras de coches que se encontraban aparcados a lo largo de la extensión de tierra que tenía enfrente y se quedó en silencio.

Cogió la mano de Sam y lo acercó. Sonriendo lo besó y le acarició la mejilla. Sam lo miró extrañado pero Dean simplemente se separó de la columna y lo llevó al balancín. Sam no podía creer que Dean estuviera cariñoso. Normalmente era más...brusco, no es que le disgustara, sino que siempre se dejaba llevar por el instinto...no era...delicado. Lo miró extrañado pero lo único que hizo Dean fue hacer que apoyara la cabeza en su hombro y mecer suavemente el balancín.

Bobby, mientras, miraba un aburrido programa de la tele tienda. Odiaba los programas de la noche, nunca eran interesantes... Eos dormía en el suelo arrebujada entre unas mantas que le habían dejado cerca.

-Entremos, comienza a hacer frío.-susurró Dean.

Bien entrada la noche la casa estaba sumida en un silencio demasiado inquietante. Todos dormían plácidamente a excepción de Dean. No podía pegar ojo con su cabeza dando vueltas a todos esos temas que lo tenían preocupado... Todo parecía más sencillo días atrás, cuando sólo se trataba de salvar a Sam. Ahora se trataba del Infierno....de matar a un demonio...de un amo que no sabía quién era o qué quería de Sam...

Dean se acomodó en el sofá tratando de dormir. Hacia varios días que dormía en el sofá. Desde la última noche que estuvieron juntos acordaron que eso sería lo mejor. No querían comprometer a Bobby, al menos no más de lo que ya lo estaba, pues seguro que no ignoraba lo que pasaba entre ellos y además así evitaba tentaciones innecesarias.

Harto de dar vueltas se levantó y salió a la terraza. No quería pensar en todo lo que estaba pasando pero seguía haciéndolo. Eran las cuatro de la mañana y seguía dándole vueltas a ver si encontraba algo que lo solucionara, pero siempre era lo mismo. Suspiró pesadamente y cerró los ojos, notando la suave brisa agitando su pelo.

Abrió los ojos y fijó su mirada en las últimas hileras de coches que la oscuridad le permitía distinguir. Apartó la mirada y la dirigió a su coche. Recordó el momento en que su padre le dio el coche. Le pareció el mejor regalo del mundo...pero si hubiese sabido que días más tarde su padre desaparecería no lo hubiera aceptado.

Si tan sólo pudiera recuperar a su padre....Él apreciaba de veras su coche...era precioso y, aparte, la única posesión que tenía de su padre...pero si le dieran la oportunidad de renunciar a él por su padre lo haría, sin dudarlo.

Dio un golpe en la columna de madera aguantando un grito de impotencia. Se dio la vuelta para entrar en la casa, pero oyó un ruido metálico a lo lejos. Intentó distinguir algo, pero estaba muy oscuro. Se tensó y le entró el pánico. Ya sabía que no era posible pero por un momento pensó que tal vez alguien hubiera escuchado su súplica y quería hacer un trato. Sacudió esas ideas de su mente y se preparó, sabía que había oído algo, era hora de saber de que provenía. Se adentró entre la multitud de coches, poco a poco y sin alejarse mucho de la casa. Unas hileras más adelante vio un fugaz reflejo plateado. Algo se estaba moviendo, pero muy lentamente.

Otro ruido metálico. Estaba seguro de que lo había oído justo en el mismo lugar en que había visto ese reflejo. Pensó en avisar a Sam y a Bobby....pero si iba ahora a la casa...estando tan cerca de esa...cosa, a lo mejor al volver ya no estaba, y quería saber si era peligrosa o no.

Palpó el suelo, parecía como si estuviera mojado por algo. Sangre. Fuera lo que fuese eso que estaba allí, estaba herido. Miró a su alrededor, seguía sin ver nada, estaba muy oscuro y para variar había muchas nubes, que para su desgracia tapaban la luz de la luna. Buscó entre los bolsillos de su chaqueta, pero solo encontró un mechero viejo. Esperaba que sirviera de algo.

Encendió el mechero y una débil llamita iluminó el capó del coche que tenía enfrente. Acercó el mechero al suelo para examinar la huella, era muy reciente, pocos minutos o incluso segundos...

Inspeccionó el suelo y se dio cuenta de que las huellas hacían un extraño giro en ese punto. Ya no se dirigían a la casa, sino a un pequeño establo que había a pocos minutos de la casa. También pertenecía a Bobby, pero ahora estaba en desuso, antes siempre estaba repleto de hermosos caballos, pero ahora ya no servía para nada.

Dean se dio prisa en seguir las huellas. De vez en cuando también inspeccionaba algunos coches y en el capó de varios halló manchas de sangre. Quien quiera que fuese estaba muy herido, perdía mucha sangre. Al llegar a la puerta Dean se fijó en que las huellas se detenían, no había ni rastro. Tan sólo unas pequeñas marcas de rozadura en ella.

Respiró hondo y entró en el establo. Allí la llama del mechero hacía bien poco, sólo iluminaba unos pasos por delante de él y eso no le era muy útil. Mientras iluminaba uno a uno los cubículos donde se guardaban los caballos se fijó en las columnas de madera, en cada una de ellas había un pequeño farolillo. Los encendió poco a poco.

Eso le daba más visibilidad y más movilidad. Nada en el primero, ni en el segundo...podía haber unos quince! Siguió con su labor hasta que un leve quejido lo hizo centrarse en los últimos. Estaba seguro de que ese ruido había salido de allí. Se acercó poco a poco y maldijo por no ir armado. Había salido de casa, y, al no encontrar su chaqueta, había cogido una de Sam. Tendría que reprender a su hermano por no llevar siempre una pistola en la chaqueta.

Ya estaba en la esquina del último cubículo. Miró hacia abajo y vio que una bota negra, cubierta de barro sobresalía por la esquina. Sin pensarlo dos veces entró haciendo ver que iba a coger su arma de la chaqueta, pero al ver quién era el herido se dejó de teatralidades y se tiró al suelo a socorrerlo. Su padre se retorcía tratando de no hacer ruido para no delatar su presencia. Tenía un costado lleno de sangre y la perdía muy deprisa. Tendrían que llevarlo al hospital, no quedaba remedio.

Lo levantó como pudo y lo llevó hasta la casa. A cada paso le dolían más los brazos y las piernas, pero no aflojaba el ritmo, de ellos dependía la vida de su padre. Poco a poco consiguió llegar a la puerta. Al entrar comenzó a gritar y al poco Sam y Bobby se plantaron frente a la puerta viendo a Dean en el suelo sosteniendo el cuerpo de alguien entre sus brazos.

- ¿Que pasa, Dean?- preguntó Sam preocupado.

- ¡Hay que llevar a papá al hospital!- dijo Dean levantando la cara surcada de lágrimas.

Bobby, sin embargo, comenzó a inspeccionar los bolsillos de John hasta encontrar un paquete de tela atado con cuerdas. Se levantó y lo guardó en la caja fuerte.

- ¿Qué....? Có-cómo...?- quiso preguntar Sam.

- Luego os lo contaré todo, pero ahora debemos llevarle al hospital.

Dean corrió a buscar las llaves y unas tarjetas falsas y, después de meterse todos en el Impala, apretó el acelerador. Sam sollozaba y repetía una y otra vez: -"No te mueras, papá"-. Dean no podía soportar eso, no es que le molestara, sino que le dolía, y mucho. Porque él había estado presente en el momento en que Sam dijo que iba a ir a la universidad...esa pelea había quedado grabada en su mente con toda nitidez.

Sabía que desde el momento en que habían vuelto a "cazar" y se habían puesto en marcha con la búsqueda de su padre, Sam había querido disculparse con él. Y ahora, temía no poder hacerlo y que las últimas palabras que su padre hubiera escuchado salir de su boca hubieran sido "te odio".

Fin del capítulo