Capitulo 5.

- ¿Dean? – Arioch llamó una vez más a la puerta sin conseguir respuesta. El humano debía seguir dormido aun.

Suspiró antes de abrir y entrar en la habitación. En todo el tiempo que llevaban en esa casa y desde que Lucifer le dio la misión de cuidar y vigilar al humano, Arioch tuvo que ir a recogerle y despertarle en varias ocasiones, porque Dean se rehusaba a asistir a las reuniones. Aunque eso solo fue al principio. Otras veces era que simplemente se quedaba dormido.

Cerró la puerta tras de sí y echó un vistazo. Dean dormía inquieto en su cama, revolviéndose y murmurando incoherencias. El demonio lo observó un rato, con preocupación.

Dean llevaba meses teniendo pesadillas. Siempre se despertaba gritando y sudando. Y siempre le tocaba a Arioch despertarlo y sacarlo de ellas. No era un trabajo agradable. Ni seguro.

Se acercó a la cama y lo zarandeó suavemente del hombro. La reacción del cazador no se hizo esperar. Era la misma en cada ocasión.

Dean agarró la muñeca de Arioch, todavía dormido y le hizo una llave que acabo con el demonio tumbado en la cama y el cazador sentado a horcajadas sobre él. Sus ojos verdes estaban turbios y desenfocados, señal inequívoca de que aun estaba dormido, pero la fuerza con la que le mantenía sobre el colchón, sujetándole por el cuello, apretando, lo convertía en sumamente peligroso.

- ¡Winchester! ¡Despierta! – gritó el demonio, tratando de soltarse del agarre del cuello. No pudo, apretaba demasiado y, si no fuera un demonio, ya le faltaría el aire. - ¡Dean, joder! – el cazador parpadeó, un par de veces y enfocó los ojos, mirándole.

- ¿Arioch? – Dean lo miró, descolocado y le soltó la garganta. – Tío… lo… lo siento… - se pasó una mano por la cara, tratando de despejarse y se levanto de la cama. – Te he dicho mil veces que no me toques cuando duermo. – masculló, alejándose un poco de la cama.

Arioch se incorporó, quedándose sentado en la cama, mirándole. El cazador se quito la camiseta que usaba para dormir, quedándose solo en boxers.

El demonio le recorrió el cuerpo con los ojos, aprovechando que Dean estaba distraído. El cazador se seguía manteniendo en forma, a pesar de las malas comidas que solía hacer. Sabia que entrenaba a diario con Araziel, cuando no tenían misiones que cumplir y que llevaba toda su vida cazando monstruos. Eso debía dar resultado, porque Dean tenía un cuerpo hermoso y fuerte. Aun le dolía el cuello por lo sucedido momentos antes.

- Tenemos reunión con el grupo esta mañana y vamos tarde. No te va a dar tiempo a desayunar. – contuvo una sonrisa al ver la mueca de disgusto del cazador al oír que no podría comer antes de la reunión. – Pero puedo decirle a Amy que traiga algo a la sala.

- Eso suena mucho mejor. Voy a ducharme y nos vamos. – lo observó desaparecer en el baño y al poco escucho el agua de la ducha cayendo.

Gruñó una maldición por lo bajo porque no se le había pasado por alto el tatuaje que adornaba la espalda del cazador. Un tatuaje que no tenía cuando llego y que no estaba terminado, pero que cada día que pasaba se veía más claro, más definido y no había duda alguna de lo que representaba.

El símbolo de Lucifer.

Un círculo dentro de otro circulo ligeramente más grande. En su interior una estrella de cinco puntas invertida y dentro de la estrella, la cabeza de un macho cabrio. Entre los dos círculos y colocados en cada uno de los extremos de la estrella, cinco símbolos hebreos.

El tatuaje aun no estaba completo y Arioch sabía que todavía quedaba bastante para que se terminara. Tampoco ignoraba como y porqué le estaba apareciendo ese tatuaje a Dean en la espalda, aunque eso fuera algo de lo que no podía hablar con nadie, incluido el propio Dean.

Se dejo caer en la cama, abatido. Todo el plan estaba funcionando a las mil maravillas, tal y como Lucifer quería. Pronto el Apocalipsis llegaría y los humanos serian destruidos. Incluido Dean…

Ahogó un suspiro.

Dean seria destruido, como el resto de los humanos…

El Apocalipsis de repente ya no le resultaba tan apetecible.

Media hora después, Dean y Arioch entraban en la biblioteca, en donde les esperaban el resto del grupo. Amy les había dejado una bandeja con café y donuts de los que solo Dean comería. Al resto no les hacia falta comer, aunque se tomarían el café solo por gusto.

- ¡Buenos días, princesa! – le saludo Araziel, sonriendo. - ¡Te has levantado tarde esta mañana! – Dean rió por lo bajo y se acercó a la mesa a servirse un poco de café.

- Tuve una laaaaarga noche. ¿Qué tenemos esta vez? – preguntó, dando un sorbo a su café. El resto se reunió alrededor de la mesa, donde había un plano extendido.

- Bueno… como lo de Morris se jodió y no pudimos destruir la iglesia, tuve que buscar otro posible objetivo que entrara en las condiciones y… he encontrado otra iglesia en Wadena. – explicó Araxiel, señalando la posición de la ciudad en el mapa.

- ¿También en Minnesota? ¿Tenemos algo personal con ese estado, Ari? – el demonio gruñó al oír el diminutivo. El resto intento disimular la risa.

- No tengo nada en contra de Minnesota, Dean. ¡Y no me llames Ari! – el cazador rió, cogiendo un donut de la bandeja.

- Ok, ok… que susceptible… - ojeó el mapa por encima del hombro de Araxiel. – Esta bastante al norte… un poco mas arriba y podemos visitar Canadá. ¿No hay por ahí unos casinos impresionantes?

- Si. En Alberta. Pero no creo que Lucifer nos de tiempo para ir a los casinos, jefe.

- Una lastima. Tenia ganas de probar suerte en el Black Jack. Me siento afortunado. – comentó cogiendo uno de los donuts y mordiéndolo.

- Tendrá que ser en otra ocasión, jefe. – Araziel le dio una palmadita en el hombro. – Ahora… ¿Cómo vamos a organizarnos con este pueblo? No quiero que los ángeles nos vuelvan a pillar en calzoncillos… - Baradiel asintió.

- Yeah… si no llega a ser por tu hermano, estaríamos fritos.

- No metas a mi… no metas a Sam en estas conversaciones. – siseó el cazador. El otro enarcó una ceja.

- Como quieras. Pero si tu… bueno… si no llega a ocurrir lo que ocurrió, habríamos perdido el culo. Y no tengo ningunas ganas de que vuelva a pasar, gracias. Aprecio mucho mi culo.

- Vale. Tendremos más cuidado la próxima vez para que no peligre tu apreciado culo, Bar. – rió Dean, comiéndose otro donut.

- Que manía con los diminutivos… - gruñó Amudiel, mientras el resto reía.

- ¿Qué pasa con los diminutivos? – preguntó Dean, aguantando la risa. – Me gusta poner diminutivos a la gente. Es divertido.

- Ya nos hemos dado cuenta. ¿Podemos centrarnos en el plan, por favor?

- Ok… supongo que nos limitaremos a lo mismo de siempre, pero esta vez que Araziel y Amudiel cubran los límites para controlar la posible entrada de ángeles. No quiero más sorpresas de esa clase. – el resto asintió.

- Estamos de acuerdo con eso. Supongo que pedir más soporte por parte de Lucifer seria una perdida de tiempo. – el cazador arqueó una ceja al grupo.

- Lo siento. Eso supongo que es más culpa mía que suya. Nadie más quiere trabajar conmigo. – repuso, encogiéndose de hombros y soltando su taza de café en la bandeja. Se llevó una mano a la frente y se la frotó distraído, frunciendo el ceño. – No es que me importe eso, de todas maneras…

- Si. Eres un maestro haciendo amigos… - gruñó Araxiel. Dean cerró los ojos un segundo, haciendo una mueca dolorida.

- ¿Qué puedo decir? Siempre he tenido un don para eso. – el resto ya no prestaba atención al mapa, sino al cazador que trataba inútilmente de disimular el dolor que estaba sintiendo.

- Jefe… - le llamo Araziel, consiguiendo una mirada dolorida de Dean. - ¿Te esta llamando?

- No… Vale… si.

- ¿Y por que demonios no vas? ¿O es que vas a esperar a que te reviente la cabeza?

- No. Es que… - por un segundo los ojos del cazador reflejaron todo el miedo que sentía. Solo fue un segundo, pero no paso desapercibido para el grupo. – No. Tienes razón. Terminad vosotros de organizar el ataque y comunicádmelo después, cuando este libre.

Dean salió de la habitación con aire abatido y seguido por cinco pares de ojos negros que lo miraron con distintos grados de preocupación.

- ¿Cómo va el tatuaje? – pregunto Araziel a Arioch.

- Avanzando. Y, visto lo visto, avanzara un poco mas hoy.

- Eso no suena nada bien… - el resto se volvió a mirarlo. – Ey… ya se que es necesario para el Apocalipsis y todo eso pero…

- Te cae bien el chico. – termino Amudiel por él.

- Si. Y no me hace gracia la perspectiva de que vaya a morir, la verdad.

- A ninguno nos hace gracia. Pero es lo que hay. – Araziel se sentó en una silla, mirando pensativo el donut medio mordido que Dean había dejado antes de irse.

- Lo se.

Dean entró al salón, aguantando las ganas de vomitar y de salir huyendo de allí a toda pastilla. Odiaba a muerte las reuniones con Lucifer. Sobretodo, porque lo que menos hacían era hablar.

Paró frente al sillón en donde estaba sentado el demonio, esperándole. Mantuvo su helada mirada azul intentando por todos los medios no estremecerse de miedo.

Lucifer arqueó una ceja y Dean se vio forzado a arrodillarse para no caer al suelo por el dolor en la cabeza. Detestaba cuando ese tipo le hacia eso.

- Dean… has tardado… - el cazador se froto la frente dolorido y le dedicó una mirada cargada de odio.

- Estaba en una reunión con los chicos. Tú sabes… para planear todo eso del Apocalipsis que tanto quieres… pensé que era más importante que averiguar que demonios quieres ahora. – el demonio chasqueó la lengua, fingiendo disgusto.

- Nada es más importante que complacerme, Dean. Deberías saberlo. – el cazador se levantó trabajosamente.

- Creía que lo del Apocalipsis también te complacía, Lucy.

Lucifer se levantó del sillón y anduvo hasta quedar a escasos centímetros del cazador, que se tenso al notarle tan cerca.

- ¿Cuándo te va a quedar claro, Dean, que hagas lo que hagas, no vas a poder evitar que te domine? – le ronroneó, poniendo una mano en el pecho del cazador y desabrochándole la camisa. – Podría controlarte y no lo hago.

- Si estas esperando que lo haga por voluntad propia, Lucy, espero que ese sillón sea muy cómodo, porque te vas a aburrir de esperar. – el demonio le quito la camisa, arrojándola al suelo y le rodeo para poder mirar su espalda. Dean no pudo controlar un escalofrío y un gemido cuando le acaricio el tatuaje.

- La esperanza es lo último que se pierde. – le susurró al oído.

Lucifer se volvió a colocar frente a él, con una sonrisa diabólica y empezó a desabrocharle los vaqueros. Dean le fulminó con la mirada, apretando tanto los dientes que pensó que se le romperían. Cuando el demonio termino de bajarle los pantalones y coló la mano en sus calzoncillos, acariciándole, se odió al notar como su cuerpo respondió a las caricias.

- No me toques… - gruñó con voz ronca. La sonrisa del demonio se amplió. Dean pudo sentir sus colmillos cuando le mordió suavemente en el cuello.

- ¿Por qué? Si te gusta…

- En tus putos sueños, cabrón. – la mirada que le dedico Lucifer no auguró nada bueno. Retrocedió un par de pasos del cazador, librándose de su camiseta, sin dejar de sonreírle torcido.

- Oh… ¿vamos a hablar de sueños, Dean? Porque puedo decir mucho sobre tus sueños…

- Cierra la boca. – le siseó. El demonio se libró de sus propios pantalones y se sentó desnudo en su sillón.

- Esos sueños tan calientes que tenias con…

- ¡Cállate! – rugió el cazador, sacándose sus pantalones y avanzando amenazador hacia el demonio. - ¿Quieres que hagamos esto? – le gritó, quitándose bruscamente la ropa interior. - ¡Pues hazlo de una puta vez y déjame en paz!

- Esos sueños… con Sam… - terminó de decir el demonio, ignorando las quejas del cazador. - ¿Qué pensaría tu hermanito si lo supiera? – Dean se sonrojó, avergonzado.

- ¡Que te jodan, gilipollas! – Lucifer sonrió y cambio su aspecto por el del pequeño de los Winchester. Dean gimió. No podía estar haciéndole otra vez eso. – Deja de hacer eso…

- ¿Por qué? Es la única forma en que podrías acostarte con tu hermano, Dean… - el chico volvió a gemir, frustrado, cuando el demonio le hizo un gesto para que se acercara.

Obedeció, arrastrando los pies y componiendo una expresión de profunda tristeza. Lucifer le cogió del brazo y lo atrajo hacia él, obligándole a sentarse a horcajadas sobre sus piernas. Lo acomodó hasta conseguir introducir su miembro en el interior del cazador, que se mordió los labios con fuerza, haciéndose sangre. Lucifer se los lamió, degustando el rojo líquido.

- Oh, Dean… sabes tan bien… Abre los ojos. – le susurró, volviendo a lamerle los labios. Dean obedeció, haciéndole sonreír. Algo en los ojos del cazador había cambiado. Pasaron del verde brillante al negro y ahora le miraban con hambre. - ¿Qué quieres que haga, Dean?

- Follarme, Sammy. – le gruñó antes de besarle.

Continuara...