Capitulo 6.

Sam caminaba por las desiertas calles de Little Falls, Minnesota, atento a cualquier ruido o movimiento extraño, escudriñando los alrededores con aire inquieto. No podía arriesgarse a que algo le impidiera llegar a la cita o que esta se estropeara. Era demasiado importante para él.

Todo empezó el día anterior. Habían pasado cuatro días desde el último encuentro con Dean. Le perdieron el rastro poco después y no hubo manera de volver a encontrarlo.

No había movimiento ni nada que pudiera alertarles sobre su paradero ni sobre sus futuros planes. Sam sospechó que su hermano estaba siendo especialmente cuidadoso, evitando que los ángeles le descubrieran. Algo muy inteligente por parte de Dean, pero que al pequeño le vino fatal.

Por más que busco no encontró nada. Ni una triste pista. Hasta que la noche pasada recibió un mensaje de texto en su móvil procedente de un número privado.

Lo abrió, extrañado, y el corazón le dio un vuelco en el pecho al leer el contenido.

Coordenadas.

Solo dos personas le mandarían coordenadas al móvil y una de ellas estaba muerta. La otra estaba viva, pero rodeada de demonios.

La posdata del mensaje le preocupó. Un simple "Ven solo. Que no te sigan." que le dejó pensando en como iba a dar esquinazo a dos ángeles para ir a esa cita. Pero a Dean se le tuvo que ocurrir algo parecido, porque diez minutos después, Bobby llamaba diciendo que tenía una pista nueva. Unos leves augurios en Brainerd.

Cuando Sam comprobó donde estaba ese pueblo casi le dio la risa. A menos de setecientos kilómetros de donde tenia que reunirse con Dean.

Al día siguiente se pusieron en camino y, aunque le costo lo suyo, consiguió evitar a Castiel y Anna, coger el Impala y conducir esos setecientos kilómetros hasta Little Falls para encontrarse con Dean.

Miro el GPS de su móvil, comprobando las coordenadas exactas que le llevaron hasta un sórdido y solitario callejón. No había nadie en el. Suspiró y avanzo por la estrecha y sucia calle hasta que alguien le agarró por detrás, inmovilizándole y le tapó la boca con la mano para evitar que hiciera ruido.

Ese mismo alguien le arrastró hacia el interior de uno de los edificios, entrando por una oxidada puerta que estaba oculta entre los cubos de basura.

Podría haber peleado y librarse del agarre, pero no opuso resistencia. Sabia quien le tenia cogido de esa manera tan posesiva.

- ¿Dean?

- ¿Quién va a ser si no, niñato? – preguntó burlón su hermano, soltándole.

Sam se dio la vuelta para poder verle. Con la oscuridad le resulto difícil, pero Dean parecía incluso más demacrado que la última vez que se encontraron. Tenia peor color, las ojeras más marcadas y sus ojos miraban hacia todos lados, nerviosos, casi asustados.

- Me alegra que me llamaras. ¿Estas bien? – le preguntó preocupado. – Tienes muy mala cara, tío.

- Estoy bien. Todo lo bien que puedo estar. Solo… - el mayor cerró los ojos un instante, intentando calmarse. – Solo quería verte. Tener un poquito de normalidad, por una vez.

Sam intentó acercarse pero su hermano retrocedió, manteniendo las distancias.

- Dean… ven conmigo, por favor. – el otro negó en silencio. – Encontraremos alguna manera de arreglar esto juntos, pero tienes que venir conmigo. Tienes que parar esto, tío.

- No puedo… no me pidas eso, Sam… no puedo… - Dean volvió a pasear la mirada por el lugar, nervioso.

- ¿Por qué? ¡No puedes seguir matando gente inocente para ellos, Dean! ¡Tú no eres así!

- No es tan fácil…

- ¿Con que te están amenazando? ¿Conmigo? – cuestionó Sam, frustrado. – Porque si es así, no te preocupes. Se cuidarme solo, Dean. No necesito que hagas esto para protegerme.

Dean retrocedió otro paso más y se revolvió el pelo, nervioso. Esta no era la conversación que quería tener con su hermano.

- No es solo eso… Hay… firmé un pacto, Sam.

- ¿Un pacto? ¿Con Lucifer? – Sam se llevo una mano al pelo, despeinándose, alterado. - ¿En que estabas pensando, Dean? ¿Cómo pudiste? ¡Otra vez!

- La guerra… la teníamos perdida. – la voz del mayor sonó esta vez baja y derrotada. – Lo supe… después de lo de Alastair, lo supe. No podíamos ganar y eso no era lo peor. Lo peor era que tú te estabas convirtiendo en uno de ellos y no hacías nada para pararlo. Al contrario, hiciste tu mejor esfuerzo para ser más poderoso.

- Dean… eso no era así… - Dean le miro triste. El pequeño estaba al borde de las lágrimas, parpadeando para que no cayeran.

- Si lo era. Tu no te dabas cuenta, pero yo si. Cada vez eras menos humano, Sam. Y Lucifer empezó a aparecer en mis sueños, ofreciéndome una solución. No para la guerra, ni para el Apocalipsis. Eso no me preocupaba. Sino para ti.

- Por eso me quitó la sangre de demonio y los poderes, pero no me mató. – suspiró Sam, comprendiendo.

- Si os hacia daño, a cualquiera de vosotros, el pacto se rompía. Aun puede romperse, por eso seguís vivos. Al menos, hasta que llegue el Apocalipsis y nos mate a todos.

- Dean… no debiste hacerlo… - el Winchester mayor soltó una risa seca.

- El cabrón lo tenía todo planeado. Le hago falta. No se para que exactamente, pero lo que me manda hacer tiene alguna razón de ser. Forma parte de algún retorcido plan suyo. Lo se. Pero no consigo averiguar el que. Aunque algo he oído.

- ¿El que? ¿Qué has oído?

- Algo sobre una profecía… y yo entro en ella de alguna forma. No hablan mucho del tema y menos delante de mí, por supuesto.

- ¿Una profecía? ¿Cómo la de los sellos? – inquirió el pequeño intrigado.

- No se… pero creo que esta relacionada. No lo se, Sam. Allí soy poco más que un mueble, la verdad.

- Un mueble que seguro que les da muchos problemas. – rió el pequeño. Dean sonrió, bajando la cabeza y rascándose la nuca.

- Se hace lo que se puede. Pero no puedo pasarme mucho o… No me puedo pasar de la raya. Su paciencia tiene un límite muy pequeño, créeme.

- Dean… - Sam intentó acercarse otra vez, extendiendo su mano para ponerla en el hombro de Dean, pero este retrocedió como si quemara.

- ¡No me toques! – chilló alterado el mayor, asustándole.

- Dean… ¿Qué te pasa?

- No… no me toques, Sam. No después de… solo, no me toques, ¿vale? – Sam achicó los ojos. La extraña actitud de su hermano le estaba alterando mucho.

- ¿Después de que, Dean? ¿Qué te han hecho esos bastardos?

- ¡Nada! – respondió demasiado rápidamente, evitándole la mirada. – No ha pasado nada.

- Ya. Claro.

- Sam, por favor…

- Pues deja que te toque. – pidió, volviendo a alargar la mano hacia el rostro de Dean. Este cerró los ojos fuertemente y se echó a temblar.

Sam estaba muy sorprendido. Jamás en su vida había visto a Dean temblando de miedo. Nunca. Le rozó la mejilla con la yema de los dedos, acariciándosela suavemente y acercándose un poco más. Dean dejó de temblar un poco, pero de sus ojos cayeron varias lagrimas que el pequeño se apresuro a limpiar con sus dedos.

- Dean… - le llamó, susurrando. – Mírame, por favor. – el mayor negó, cerrando aun más fuerte los ojos y volviendo a estremecerse. – No voy a hacerte daño. Soy yo… no podría hacerte daño jamás. – Sam le volvió a acariciar la cara con ternura.

Dean no quería abrir los ojos y encontrarse con la maléfica sonrisa de Lucifer en el rostro de su hermano. Pero la voz que le pedía que le mirara le sonaba tan distinta a la que se lo solía pedir normalmente…

El tono era diferente. La mano que le tocaba no era la fría y posesiva del demonio, sino calida y suave.

Abrió los ojos con miedo y se llevo una grata sorpresa al ver los preocupados ojos multicolor de su hermano.

- Sammy… - Dean puso una mano en el pecho del pequeño, a la altura del corazón y lo sintió latir acelerado. Otra diferencia más y la que le hizo derrumbarse.

Sam deslizó la mano de la mejilla de Dean hasta su nuca y lo atrajo lentamente hacia él, inclinándose para volver a sentir aquel roce que no pudo olvidar en esos cuatro días que habían estado separados. Necesitaba sentirlos otra vez.

Dean suspiró y le lamió el labio inferior haciendo que Sam gimiera y le dejara paso a su boca. Sus lenguas se rozaron y el mayor volvió el beso más intenso, sujetando a su hermano del cuello de la camisa para acercarlo aun más.

Se separaron minutos después, mas por falta de aire que por gusto, mirándose con los labios hinchados, las mejillas rojas y la respiración agitada.

- Sammy… yo… - el pequeño le interrumpió, callándolo con un suave beso en los labios.

- Estaba deseando hacer esto desde el otro día. – le confesó, riendo. Dean sonrió aliviado.

Un escalofrío recorrió la espalda del mayor, que se tensó y se aparto rápidamente de Sam, componiendo su cara de póker.

- Arioch… - masculló molesto. El demonio apareció ante ellos. No demostró sorpresa al encontrar a los dos hermanos juntos.

- ¡Winchester! ¡Es hora de volver! – el mayor asintió y se volvió hacia Sam, que le miro angustiado.

- Dean… no…

- No puedo, Sammy. Ya te lo dije.

Sam le sujetó del brazo antes de que se alejara.

- Te voy a sacar de esta. Te lo juro. Te sacare aunque tenga que matar a Lucifer yo solo. Te lo juro, Dean. – el mayor le sonrió tristemente.

- Te creo. Cuídate, Sammy. Y cúbrete las espaldas, porque yo ya no puedo hacerlo.

Sam le vio marcharse con el demonio sin poder hacer nada por detenerlo, otra vez. Pero le traería de vuelta. Ahora tenía una pista y no pararía hasta encontrar la manera de hacer que su hermano regresara con él. Costara lo que costara.

Continuara...