Título: El lado oscuro
Autora: Boone
Capitulo 13: Hacia el Sur
Pairing: Dean/Sam, Sam/Dean
Rate: NC-17, NC-18....para variar Porn...
Advertencias: uf....em....un poco d todo, incest, violencia...nose...XD
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen y no obtengo beneficio económico alguno por esto.
Resumen: NO se que poner como resumen....ya ireis descubriendo de que trata...juju así hay más miesterio!!
El lado oscuro
13. Hacia el Sur
El pomo de la puerta giró lentamente, demasiado para el gusto de un aterrado Dean, que era incapaz de moverse, estaba totalmente paralizado. Sam estaba en la ducha y él allí... a punto de estar ante su padre... no quería hablar con él de eso pero era inevitable...
Bobby entró y saludó jovialmente para luego tirarse sobre un pequeño sofá que había en una esquina del cuarto. Luego entró su padre... esa expresión no traía nada bueno. Estaba triste, pero también furioso.
Entró directamente hacia él y lo levantó cogiéndolo fuerte del brazo para después estamparlo contra una pared.
- ¡¿Por qué?! -gritó John, sujetando a Dean de los hombros y sacudiéndolo contra la pared- ¡¿Es que no os eduqué bien?! ¡¡Sois hermanos, por Dios!!
Dean estaba temblando, tenía miedo. Verdadero pavor. Entonces apareció Sam y apartó a su padre de delante de él y se interpuso entre ambos.
-Papá... ¡¡Dean sólo intentaba salvarme la vida!! Cuando tú ya no estabas fue él el que se encargó de protegerme de todo, incluso llegó a intentar protegerme de lo más peligroso, ¡¡intentó protegerme de mí mismo!! Él se hizo cargo de la situación cuando yo no estaba en condiciones de distinguir entre lo que estaba bien y mal, él decidió por mí... decidió protegerme y salvarme. Además... ¡¡Shhht!! -dijo Sam al ver que su padre intentaba hablar- Además... fui yo quién le sugirió que fuera él el que... ya sabes... -añadió bajando la mirada al suelo y sonrojándose
-Sam... -susurró Dean. Veía lo difícil que se le estaba haciendo a su hermano el hecho de confesar todo eso ante su padre.... y él no había podido... Sam siempre había sido más valiente para esas cosas que él...
-¡¡Pero es incesto, Samuel!! ¡¡¡Es tu hermano!!! ¡¡¡Tu sangre!!!
- Lo sé... El caso es, papá, que no lo pudimos evitar... Una vez me dijiste que debía ser como Dean: un soldado, un hombre adulto, y aprender a confiar sólo en la familia, no contar nada a nadie: confiar únicamente en ti y en Dean. Bien, pues eso es lo que he hecho... sólo se lo conté a él y le confié mi vida, pero eso dio pie a que me diera cuenta de algo que siempre ha estado ahí... Él ha sido el único que ha estado a mi lado en los momentos difíciles y el único que tuvo en cuenta mis sueños, mis ilusiones, cuando era pequeño... ¡¡era un niño papá!! ¡¡Y tú quisiste que fuera un soldado!! No me culpes por esto, no puedes hacerlo cuando has sido tú el que nos ha hecho esto... Dean me comprendía, me abrazó cuando lo necesité y confió en mí... no me digas esas mierdas de que es mi hermano y somos de la misma sangre, porque lo sé y me da igual. Le quiero... le amo... y pase lo que pase esto seguirá así.
Sam respiraba agitadamente mientras miraba al suelo esperando un golpe, pero el golpe no llegó. Dean se puso a su lado y le miró con agradecimiento.
-Papá... -comenzó Dean, girando la cara para mirar a su padre. Pero no puedo decir nada más porque éste lo envió directo al suelo de un derechazo.
-Eres un cobarde... se supone que eres el mayor y ha sido él el que ha tenido cojones para enfrentarme y decirme la verdad.
Después de eso John se dirigió hacia una habitación y cerró la puerta de un portazo.
-Bueno chicos, después de todo no ha sido tan malo... creo que se le pasará... -dijo Bobby- Teniendo en cuenta que planeaba torturaros y luego mataros... yo creo que ha sido benevolente. Dean, yo de ti me pondría hielo... se está hinchando...
**************
Al día siguiente, Dean despertó con el pómulo hinchado y de un color moratoso. Además le dolía muchísimo un simple roce, cualquier cosa que le tocara en el pómulo le hacía ver las estrellas.
Pero su padre no estaba muy arrepentido ni se mostraba piadoso. Cuando pasaba por su lado le dedicaba una sonrisa y le daba unos golpecitos "cariñosos" en el golpe. Era una verdadera tortura, pero, gracias a Dios, Sam le trajo una crema para la hinchazón y unas pastillas para el dolor.
El día siguiente fue uno de los días más raros de su vida. Su padre y Bobby andaban discutiendo por cada habitación y cada vez que ellos arrimaban la oreja éstos callaban y se iban a hablar a otro lado. Además, ni Sam ni Dean podían acercarse al otro porque si lo intentaban su padre ponía una cara que era mejor ni siquiera ver, daba verdadero miedo. Intentaron hablar varias veces a escondidas, pero su padre siempre terminaba por separarlos y gritar desquiciado.
Les resultaba muy duro estar separados, pero también ver a su padre así. Acordaron esperar una semana y, si en ese tiempo no se le había pasado, tomarían cartas en el asunto. Ese mismo día, Eos abandonó el cuerpo de Sam, pues ya estaba completamente curado y no podía hacer nada más, y entonces Eos aseguró a Dean que pronto sabría a qué se estaba refiriendo la otra noche con eso de que aún podía ayudarles. Bobby y John se pasaron toda la tarde y parte de la noche en el bar y cuando volvieron Dean y Sam ya estaban durmiendo, separados.
Varios días más tarde parecía que la cosa se estaba calmando, pero Dean estaba cada minuto más desesperado. Vale, podía aguantar sin tocar a Sam, ¡pero no sin hablarle! ¡Esa era la peor tortura por la que su padre le había hecho pasar! Habían tenido que recurrir a papelitos y mensajes de texto, pero creían que su padre ya se estaba dando cuenta, pues no era habitual que ninguno recibiera mensajes de texto, al menos que fueran para un caso.
Esos días hubo bien pocas cacerías, la muerte de Azel había dado lugar a una inusual calma. Por un lugar les alegraba porque no tenían nada que hacer, pero por otra parte estaban más alerta que nunca porque en esos momentos cobraba sentido la frase: la calma antes de la tempestad.
Esa noche estaban solos en casa, pero por más que Sam mandaba indirectas a Dean, éste no se daba cuenta de nada, así que Sam decidió provocarle...
-Dean... vamos... papá no está. ¡Por Dios! ¡Eres un maldito cobarde! -dijo Sam, levantándose de la cama y poniéndose frente al televisor. -No van a venir, al menos no tan pronto. ¡Se han ido hace diez minutos! Es físicamente imposible, sin intervención de fuerzas sobrenaturales o superpoderes, que una persona haga ese recorrido en tan poco tiempo y menos que haya tomado una copa.
Dean comenzó a reír ante el comentario de Sam y palmeó la cama invitando a Sam a que se sentara junto a él. Sam se lanzó sobre él y comenzó a besarlo.
-Oh, Dios... -gimió Sam- cómo te echaba de menos –susurró, llevando la mano a la entrepierna de Dean y comenzando a frotar.
-¡Es eso! ¡Soy un hombre objeto! ¡¡Sólo me quieres por el sexo!! -dijo Dean falsamente enfadado mientras se cruzaba de brazos e hinchaba los mofletes como un niño al que han castigado sin postre.
-Nunca lo he negado...
Dean abrió los ojos sorprendido y ambos comenzaron a reír mientras peleaban por estar arriba. Finalmente, Sam bajó de la cama y Dean se tiró sobre él, cayendo ambos al suelo.
-Bestia... -se quejó Sam frotándose la cabeza.
-Del sexo, te olvidabas de esa parte... es "Bestia del sexo", cariño.
Hacía tiempo que ninguno podía ser él mismo... siempre bajo la mirada atenta de su padre. Pero en ese momento no importaba nada, sólo las caricias y los besos.
Un rato más tarde, ambos estaban estirados en la cama viendo una película mala en la tele cuando las llaves sonaron tras la puerta y el pomo giró de nuevo, pero esta vez muy rápido, tanto que no tuvieron tiempo de separarse. Pero su padre entró y les saludó extrañamente tranquilo. Bobby le seguía sonriendo y al saludar a los chicos les guiñó un ojo. John se les acercó cabizbajo y parecía que le costaba mucho esfuerzo hablar, pues abría la boca pero ningún sonido salía de ella.
-Está bien, lo siento.
-¿¿Entonces, lo aceptas?? -preguntó Sam emocionado.
-No, pero no tengo más remedio que permitirlo...
Sam le sonrió y asintió con la cabeza, igual que Dean. Sabían que su padre tardaría en poder asimilarlo, pero acordaron que se lo intentarían poner lo más fácil posible. Cuando vieron a Bobby le dieron las gracias. Éste se hizo el loco diciendo que él no había hecho nada, pero ellos sabían que de algo debían haber hablado y le estaban de verdad agradecidos.
Al día siguiente se reunieron los cuatro para tomar café y almorzar algo en un bar que había a pocos kilómetros de allí. Bobby les explicó que volvía a haber señales de acciones demoníacas, habían comenzado de nuevo hace poco pero había muchas. En unos días se habían multiplicado y parecía que iba a ser algo grande. O: Por tanto decidieron dividirse: Bobby y John irían al Norte y ellos al Sur. Así podrían encontrarse en el centro en unas semanas si eran trabajos complicados y en unos días si la cosa era sencilla. Sam y Dean se miraron y sonrieron... ¿semanas?
A la mañana siguiente comenzarían las cacerías, pero esa tarde decidieron descansar. Ya estaba atardeciendo y Dean continuaba mirando el cielo. Algo le golpeó el hombro: Sam con una cerveza.
-Te quiero -susurró bajito al oído de Sam, que se había sentado junto a él en el balancín.
-Ya... seguro que es por la cerveza... ¡Me siento un hombre objeto! –dijo, imitando la voz de Dean el día anterior cuando había usado esa expresión, cosa que hizo que ambos estallaran en carcajadas, de esas que hacen hasta llorar. John les vio a través de la ventana.
-No puedes negarlo... son exactamente como tu y Mary... es amor John... -dijo Bobby, poniéndole una mano en el hombro.
-Lo se Bob, de verdad, amigo, pero se me hace difícil... Y es cierto, en cierto modo me recuerdan mucho a Mary y a mí... Vamos, es hora de hacer la cena.
-¡Muchachos! ¡La cena esta preparada! -gritó John una hora más tarde desde la cocina.
-¡Vamos! -respondió Dean, levantándose del balancín y girándose para decirle a Sam que se levantara. Éste lo hizo, pero agarró del hombro a Dean y le hizo girar la cara.
Una mujer avanzaba descalza por encima de los coches. Tenía el pelo rubio y ondulado y llevaba un vestido blanco que ondeaba al viento. Cuando la tenían a penas a unos metros los miró con los ojos negros y saludó jovialmente.
-Hola Dean. Hola Sam –saludó, bajando del coche negro que había delante del porche y subiendo las escaleras hasta estar cara a los hermanos.- Vengo a... haceros una visita corta.
-¡Eh! ¿¿Quien anda ahí??- preguntó John, saliendo afuera con un cuchillo en la mano, pero Sam le dijo quién era y y lo bajó.
-Bien, Dean, te dije que volvería para haceros una... oferta y, bueno, lo que querría es ofreceros mis conocimientos y mi ayuda para derrotar al que está detrás de todo esto -miró a Sam y prosiguió- Ayudaros a matar al demonio que te hizo eso, Sam, el que planeó la posesión y el que está planeando una... guerra -respiró profundamente- a cambio de todo esto, me gustaría recibir vuestra protección... pues seguro que Azaz... mi amo, querrá matarme después de esta traición.
Sam miró a Dean y asintió con la cabeza. Él quería saber, quería entender porqué él... y no otro. Dean miró a Eos y aceptó la oferta, pero con algún que otro reparo. La situación le daba mala espina y, aunque sabía que Eos había salvado a su hermano... no terminaba de fiarse del todo...
La cena estuvo llena de teorías y consejos, nadie se fiaba de Eos, exceptuando Sam, pero todos tenían curiosidad por saber qué tramaba.
*************
Al día siguiente, tal y como planearon, John y Bobby comenzaron su viaje hacia el Norte.
-Dean... ¿te das cuenta de que estamos solos? -preguntó Sam en un susurro- Completamente solos... -gimió al oído de Dean, quien lo besó y comenzó a desnudarlo.
-¡Dios mío, Sam! En lo que llevamos aquí lo hemos hecho en todas las habitaciones... incluyendo la cocina... hum... esa hay que repetirla -susurró Dean, recordando el pecho de Sam cubierto de chocolate- Es que no me dejas descansar ningún día y estoy agotado...
-No te hagas el inocente que no te va. Además, ¡eres un mentiroso! Tú eres quien me lleva de un lado al otro bajándome los pantalones a la mínima oportunidad... mi pobre culito esta agotado...
Dean sonrió y cogió la mano de Sam llevándola a su trasero.
-¿Y si... hoy me agotas tu a mí? -preguntó Dean, acercándose al oído de su hermano- Vamos, campeón, quiero que me folles... y además... no es cierto que lo hayamos hecho en todas las habitaciones...
-¡Ah! ¿No? -preguntó Sam con un hilo de voz recordando lo que acababa de decirle su hermano.
-Falta el granero... -dijo Dean, provocando que ambos sonrieran y salieran corriendo hacia allí.
Una vez en el granero, Sam no aguantó más y en un segundo se quitó la camiseta y empotró a Dean contra la pared del fondo.
-Quítate los pantalones, Dean -ordenó Sam mientras le besaba el cuello.
Dean lanzó el cinturón lejos y bajó sus pantalones y su bóxer, que cayeron en un rincón. Sam lo elevó y él enredó sus piernas en torno a la cintura de su hermano. Sin dejar de besar a Dean, bajó sus pantalones un poco y la ropa interior.
-Que duro estás, Sammy...- gimió Dean, sintiendo a Sam duro contra su erección.
-Dean, no puedo, lo necesito ya.
-Házlo, Sam, fóllame... -suplicó Dean cuando las manos de Sam se colaron entre sus nalgas y dos dedos comenzaron a abrirse paso en él.
Sam retiró los dedos enseguida y se enfundó rápidamente en Dean, comenzando a embestir y a gemir sin control. Sam lo aplastaba contra la pared y cada vez que embestía él soltaba un pequeño quejido por el golpe que se daba contra las paredes de madera, pero eso no importaba para nada, lo importante era tener a Sam haciéndole gemir de ese modo.
Sam mordía el cuello y los hombros de Dean mientras gruñía y temblaba. Notaba como Dean arqueaba la espalda y veía como se mordía los labios cada vez que embestía fuerte. Era cierto que habían hecho muchas cosas esos días, pero con su padre en casa les era imposible relajase y disfrutarlo al máximo. Ahora era pura necesidad y deseo.
-¡Oh, Dean! Dios... sí... nngg... -gimió Sam, agarrando fuerte a Dean y aumentando el ritmo de manera notable. Dean comenzó a gemir y arañar la espalda de Sam hasta que se corrió con un ronco gemido. Sam lo acompañó segundos más tarde susurrando su nombre.
Unos minutos más tarde, Sam besó a Dean y se levantó.
-Bueno... tigre, voy a darme una ducha. Si no tardas mucho quizá podamos seguir con esto allí, ¿no crees? -preguntó Sam, poniéndose los pantalones y la chaqueta y cogiendo los zapatos y la camisa con una mano. Besó a Dean y se fue hacia la casa.
Dean comenzó a vestirse, hacía frío en el granero. Antes no se había dado cuenta, porque con el cuerpo de Sam encima suyo no hacía para nada frío. Se colocó los pantalones y los calcetines y comenzó a buscar su camiseta, debía de estar en algún lado, pero no la encontraba.
-¿Buscas esto? -preguntó una voz masculina a unos metros de la puerta principal. Esa voz no sonaba para nada normal, era distinta. Dean se giró con precaución, pues no llevaba armas. Y lo que vio le hizo abrir los ojos de la sorpresa. Era tan sólo un hombre, un hombre de pelo negro y penetrantes ojos azules, pero tan sólo un hombre. Vestía una vieja gabardina marrón.
-¿Quién eres? Y, ¿qué coño haces aquí? Es una propiedad privada. -espetó Dean maleducadamente y se acercó a él para arrebatarle la camiseta y ponérsela.
-Lo sé, Dean, lo sé... pero venía a... advertirte.
-¡Ah…! Y, ¿qué es lo que quieres? -preguntó Dean, ya de mal humor. Ese hombre le ponía de los nervios.
-No os mezcléis con demonios... Eos no es de fiar, tenemos sospechas de que no está jugando limpio. Creo que juega a dos bandas y no creo que sea buena idea compartir conocimientos con... ella, ¿no? Ahora tiene un cuerpo nuevo... después de haber estado en el de tu hermano...
-Pero, que mierda... ¡¡¿¿Quién eres??!! -preguntó Dean, cogiéndole del cuello de la gabardina, pero ese hombre se desvaneció y apareció justo detrás de él.
-Lo importante no es quién soy... sino lo que soy... -susurró cerca de su oído- ¿Qué sabes sobre los ángeles, Dean? -preguntó el moreno antes de desaparecer. Dean abrió los ojos desmesuradamente y se giró. Pero allí ya no había nadie.
*************
Dos días más tarde, él y Sam emprendieron el viaje y se dirigieron al Sur. En dos semanas estarían de vuelta y, después de matar a los demonios, vampiros o demás criaturas sobrenaturales que se encontraran, pensaba averiguar quién era ese hombre del granero. Sabía que, en cuanto se lo contara a Sam, él le daría libros y libros para leer y un montón de información, pero ahora mismo no estaba para eso.
-Sam, para un momento el coche allí al lado de los árboles. Tengo que ir a mear -mintió Dean. Y en cuanto Sam paró, se le lanzó encima.
-Tenemos que continuar lo del granero, que al final te duchaste sin mí... –le reprochó a Sam en un tono falsamente inocente mientras le bajaba la bragueta e introducía la mano en los pantalones.
FIN
