Capitulo 10.

- ¿Qué? Dean… de que… ¿Qué estas diciendo? ¿A que viene eso? – Sam retrocedió un paso. Dean seguía jugando con la navaja, moviéndola entre los dedos.

Con los ojos negros como el petróleo, el mayor parecía enfadado, muy peligroso y Sam ya había visto de lo que era capaz.

- Digo que voy a arrancarle las plumas a ese ángel, una por una. – el pequeño se estremeció al oír el tono cruel y tranquilo que usaba su hermano. – Y luego, le arrancare el corazón. Contigo ya veré que hago.

Dean parecía, no enfadado, furioso. Era de los que cuanto más cabreado estaba, mas baja y calmada le salía la voz. Y en esos momentos era casi un susurro.

- Dean… vamos a hablar tranquilamente…

- Yo no quiero hablar.

- Vale. Pues yo si. Y necesito saber porque quieres matar a Castiel.

Los ojos de Dean brillaron con rabia mal contenida.

- ¿Tanto te importa? – le rugió, acercándose un poco más. - ¿Tanto te preocupa lo que le pase al plumífero ese?

- Dean, en serio, no se de que estas hablando ni a que viene esto. ¿Qué te ha hecho Castiel para que estés tan enfadado con él? – se alejo un par de pasos, asustado.

- Más bien que habéis hecho los dos.

Dean le atacó con la navaja, que el pequeño esquivo en el último momento, desviando el golpe de un manotazo. El mayor giro sobre si mismo y le dio un codazo en las costillas que le hizo doblarse por el dolor. Un golpe seco en la nuca y Sam acababa de rodillas en el suelo, gimiendo dolorido.

- ¡Tu y ese… monstruo! – le grito el mayor, paseando delante suya. - ¿Qué coño pasa contigo? ¿Es que tienes que follarte a todos los monstruos que existen?

- ¿Follarme? – le pregunto Sam, estupefacto, frotándose el cuello dolorido. - ¿A quien se supone que me he follado? – replico, levantándose trabajosamente del suelo con una mano tanteándose las costillas. No se las había roto, pero dolían como el infierno.

Esquivo por los pelos una patada que iba directamente a su cara.

- ¡Dean! ¡Ya basta!

- ¿A quien? ¿Todavía te atreves a mentirme, Sam?

- ¡No te estoy mintiendo! – Sam se vio obligado a rodar por el suelo, para volver a esquivar otra patada. Se puso de pie de un salto, esperando el siguiente golpe.

- ¿Me vas a negar que te has acostado con Castiel? – Sam abrió tanto los ojos por la sorpresa que pensaba que se le saldrían de su sitio.

- ¿Qué? ¿Acostarme con Castiel? Pe… pero… ¿Tu que te has fumado? ¿Con Castiel? Tienes que estar borracho.

No quería responder a los golpes de Dean, pero como no le parara le acabaría dando una paliza. Lo malo era que no sabia como reaccionaria su hermano a eso. Si aquella vez, en el callejón, casi le dio un ataque solo por rozarle la cara… ¿Qué haría si lo acorralaba?

Lamentablemente, iba a tener que comprobarlo, porque Dean había vuelto a coger la navaja y a empuñarla contra él.

- Me has traicionado… - siseo. Sam se concentro en intentar predecir el siguiente golpe, para intentar bloquearlo.

- No digas estupideces, Dean. Si Cas siente algo por alguien, es por ti.

- ¡Mientes! Y no pienso dejarte vivir por esa mentira. Si yo no te tengo, no te tendrá nadie.

Dean se lanzo, dispuesto a clavarle la navaja en el corazón, pero el pequeño pudo desviar el golpe y desarmarle a duras penas. Le hizo una llave que lo tiro sobre la cama y le inmovilizo sobre el colchón, usando su cuerpo.

Tuvo que sacar fuerzas de donde no las tenía para evitar que se le escapara.

- Dean… ¿te estas escuchando? Solo dices tonterías. – mascullo, jadeando por el esfuerzo. Su hermano no dejaba de forcejear bajo él.

- ¡No son tonterías! ¡Os vi! ¡Os he visto besándoos! – Sam parpadeo confuso. Estaban solos y en casa de Bobby. ¿Cómo demonios…?

- Eso… eso esta sacado de contexto. Solo le estaba dando las gracias. – Dean se revolvió con más fuerza.

- ¿Las gracias por que? ¿Por el polvo que te había echado?

- ¡No, gilipollas! ¡Por sacarte del infierno y traerte de vuelta conmigo! – el mayor paro en seco, cosa que Sam agradeció. Ya le dolían los brazos de sujetarle. – Si, fue por eso y si, le bese, pero solo fue para darle las gracias. El no lo sabe aun, pero esta enamorado de ti. – le susurró. Dean aun le miraba enfadado, con los ojos todavía negros.

- Eso no excusa que le besaras. – Sam bajo el rostro y le besó. Un beso largo, profundo, que dejaba bien claro los sentimientos del pequeño.

- Ya. Pero a él no le bese así.

- Pero… - Sam bufo.

- ¿Qué tengo que hacer para que me creas? – una idea se le paso por la mente. Tal vez fuera una idea estupida, muy muy estupida, pero era lo único que tenia en ese momento.

Rodó en la cama, arrastrando el cuerpo de su hermano hasta colocarlo encima del suyo. Dean le miro confuso.

- Sam… ¿Qué…?

- Te quiero, imbecil. A ti solo. Y no he hecho nada ni con Cas ni con nadie. Si no me crees, adelante, mátame. No pienso detenerte.

Dean le miro, sentado sobre su estomago. Sam le había soltado las manos y le observaba con ojos de cachorro suplicante.

No sabia que hacer. Una parte de él quería destruir a Sam, librarse de esa carga que le había mantenido atado durante más de veinticinco años. Estaba cansado de protegerle, de cuidarle, de quererle.

Su otra parte solo quería besarle, aferrarse a él y no soltarlo, para que nadie jamás pudiera separarles.

Cuando Sam pudo ver algo de verde en los ojos de su hermano, respiro aliviado. Aun no había pasado el peligro del todo, pero si algo.

Dean paseo las manos despacio por los costados del pequeño, que se estremeció, subiendo por su pecho, su garganta, hasta llegar a su cara, donde las dejo, acariciándole el rostro.

Pego sus labios a los del pequeño y le dio un beso que les dejo a ambos temblando de ganas.

- Dean… por favor… - al mayor se le seco la garganta al oír el gemido de Sam.

- ¿Qué? – le salía la voz ronca.

- Te quiero dentro… - le susurro Sam, besándole. – Follame, Dean, por favor.

Con un gruñido lastimero, Dean le volvió a besar, sacándole la ropa a tirones, casi rompiéndosela. Le beso por todas partes, le araño, sus manos por todo su cuerpo, Sam mordiéndole en el cuello y quitándole los pantalones a empujones.

Cuando por fin se tocaron, piel con piel, desnudos sobre las amarillentas sabanas de esa cama, en aquel motel cochambroso, los dos soltaron un gemido de placer, de anticipación, de deseo mucho tiempo reprimido que les hizo estremecerse.

Sam se arqueo y gimió al notar los dedos de su hermano, dilatándole.

- Sam… ¿estas seguro de esto? – el pequeño le miro, debajo de su cuerpo, mordiéndose los labios.

- Un poco tarde para preguntar, ¿no te parece?

- Hombre… te he preguntado ahora, para que no pudieras decirme que no.

La carcajada que soltó Sam retumbo en la habitación e hizo temblar la cama. Carcajada que acabo convirtiéndose en jadeo cuando el miembro de su hermano le invadió de un solo golpe.

Dean empezó a moverse dentro de él, embestidas largas y lentas al principio, profundas y más violentas después.

Pronto la habitación se lleno de jadeos, gemidos ahogados, promesas susurradas, miradas que lo decían todo sin pronunciar palabra.

Dean termino primero, sin dejar de besar a Sam en ningún momento. Luego le ayudo a acabar también, bajando por todo su cuerpo hasta llegar a su entrepierna para lamerle y besarle ahí, consiguiendo sacarle gritos de puro placer.

Sam le abrazo, agotado por el esfuerzo, apretándole tanto entre sus brazos, que Dean empezaba a pensar que le dejaría sin aire.

- Ohhh… ¿no es conmovedor? – Sam se tenso al oír la voz fría y cruel, un segundo antes de que Lucifer se apareciera ante ellos. – No te envié para esto, Dean… me has defraudado. – el pequeño noto a su hermano temblar a su lado.

- No volverás a llevártelo. – le siseo. El demonio soltó una carcajada desdeñosa.

- Voy a hacer algo mejor. Os voy a llevar a los dos. – susurro, chasqueando los dedos.

En la casa de Bobby, Castiel se levanto de un salto de la silla en donde estaba leyendo, tirando al suelo el antiguo libro que estaba estudiando. Tanto Anna como el viejo cazador le miraron sorprendidos, sobretodo cuando le vieron cerrar los ojos, preocupado.

- Castiel… ¿Qué te pasa?

- Se los ha llevado…

- ¿A quienes? ¿Quién? – pregunto Bobby teniendo un mal presentimiento.

- Lucifer… se los ha llevado… a los dos…

- ¡No puede ser! ¿Cómo? – exclamo Anna, acercándose a él.

- No lo se. Pero tenemos que encontrarles antes de que Lucifer obligue a Dean a terminar la profecía. – Bobby se acerco también, con un libro en las manos.

- Bien, porque ya he encontrado la manera de acabar con esto. Si es que llegamos a tiempo.

Continuara...