Capitulo 12.
La cosa se estaba poniendo muy fea.
Feísima.
Más que eso, horrible.
Como siguiera así, Lucifer iba a hacer pinchos morunos con él y no podría hacer nada para evitarlo.
Cada vez estaba más cansado. Notaba un dolor intenso en los brazos de parar los golpes. La espada pesaba una tonelada y perdía terreno a una velocidad más que preocupante.
No es que pensara que podía ganar ese combate. Sabia que no. Solo quería que Lucifer soltara a Sam y dejara de ahogarlo. Alejarlo de él lo suficiente como para que Castiel le sacara de ahí.
Sabía que el ángel había pillado su indirecta. Llevaba el tiempo suficiente con ellos como para haber aprendido parte de su idioma, de su forma de hablar e interpretarlo correctamente.
Le vio por el rabillo del ojo, atendiendo a Sam, ayudándole a levantarse del suelo y observando el combate. Quiso gritarle que se lo llevara, pero si lo hacia desviaría la atención de Lucifer hacia ellos y mejor que no.
Pero no iba a resistir mucho más de esa manera.
Los golpes del demonio eran fuertes, muy fuertes y le estaban desestabilizando cada vez más.
Cuando, finalmente, su espada cayo, repiqueteando con un sonido metálico en el suelo, no le pillo por sorpresa. Demasiado había aguantado. Lucifer le miro arrogante y con superioridad. Como deseaba partirle la cara a ese tío…
- ¿Ahora que, Dean? – buena pregunta.
- Es una buena pregunta, Lucy. ¿Ahora que? No pienso matar a ese hombre… ¿Cómo vas a conseguir tu Apocalipsis? – Lucifer sonrió torcido. Con un gesto de su mano hizo levitar el cuchillo que tenia antes Dean y lo lanzo hacia el párroco, rebanándole el cuello.
El pobre hombre cayo de rodillas, sujetándose la garganta con las manos de la que manaba sangre sin parar, agonizando. Dean lo miro con ojos espantados.
- No necesitaba que lo mataras tu específicamente, Dean. Solo necesito que tengas la marca. Y eso ha sido todo un placer ponértela.
- ¿Qué?
- ¿Le has dicho a tu hermanito lo bien que lo pasamos poniéndote la marca? – Dean se sintió palidecer, mirando de reojo a Sam, que fruncía el ceño extrañado. - ¿No lo has hecho? – Lucifer negó con la cabeza a la vez que chasqueaba la lengua. – Que mal, Deannie…
- Cállate, cabrón. – siseo el cazador. El demonio se paseo delante suya.
- No le has dicho a tu hermanito que te acostabas conmigo. ¿Es que te avergüenzas de lo nuestro?
- ¡CALLATE! – chillo el cazador. A sus espaldas se había abierto una brecha de la que empezaba a salir el humo negro que indicaba la presencia de demonios. Sam tuvo un deja vu de cuando se abrieron las puertas del Infierno en aquel cementerio, cuando mataron al Ojos Amarillos.
Pero todo recuerdo quedo borrado cuando Dean empezó a gritar de dolor, con el símbolo de su espalda brillando levemente, mientras acababa de rodillas incapaz de seguir de pie.
Sam no pensó. No tenía tiempo para pensar. Su hermano estaba sufriendo y no iba a permitirlo. Ya habría tiempo de sobra después para hablar todo lo demás.
- ¡Sam, no! – Castiel le retuvo cogiéndole del brazo.
- Déjame ir, Cas. – siseo el cazador, tratando de librarse del agarre.
- Si vas, morirás. – Sam volvió a mirar a Dean, que se retorcía en el suelo, gritando. Lucifer se le acercaba despacio, con la espada en alto.
- Si no voy, Dean morirá. Y eso no va a volver a suceder. – gruño, zafándose al fin del ángel.
Castiel lo vio salir corriendo hacia Lucifer y Dean, saltando sobre la espalda del demonio y derribándole con su peso. El ángel arqueo una ceja sorprendido. ¿Es que pensaba detenerle solo con los puños? Humanos…
Un destello plateado a su izquierda le distrajo de la desigual pelea, llamando su atención. Empezó a moverse con una leve sonrisa torcida en su rostro.
No estaba pensando. Eso estaba clarísimo. Seguramente, cuando más tarde lo pensara fríamente se daría cuenta de que lo que hizo fue estupido, temerario y posiblemente inútil.
Pero es que no estaba pensando.
Sam se quedo sordo y ciego para lo que no fuera su hermano en el suelo, gritando de dolor. Todo lo demás no existía, no importaba. Solo su hermano. Eso si importaba.
Por eso hizo lo que hizo. Se lanzo a lo loco sobre Lucifer, haciéndole un placaje digno de un jugador de rugby profesional y le derribo al suelo. Probablemente, si Dean no estuviera retorciéndose de dolor, se estaría partiendo de la risa por lo estupido de su acción. O regañándole.
Lucifer cayo bajo su cuerpo y Sam en seguida empezó a darle de puñetazos, descargando así todo el miedo y toda la rabia que sentía, devolviendo un poco de todo el daño que le había hecho ese demonio, por todos los demonios que le habían estado jodiendo la vida en esos años.
- Somos los Winchesters, gilipollas. – le siseo entre puñetazos. – No puedes joder a uno y esperar que el otro se quede mirando. – Lucifer rió, enfureciendo al pequeño más.
- Pues a tu hermano me lo he jodido un montón de veces, Sammy.
- No. – puñetazo. – Me llames. – otro puñetazo. – Sammy. – y otro mas. – Solo Dean me puede llamar así, cabrón.
Fue realmente humillante la facilidad con la que Lucifer se lo quito de encima. Aunque era algo de esperar del señor de los Infiernos. Pero eso no quitaba lo de humillante.
Sam acabo siendo sujetado por el cuello, levantado un palmo del suelo y casi estrangulado. La cosa no pintaba muy bien para ninguno de los dos cazadores, la verdad. Pero al pequeño solo le importaba que su hermano empezaba a quedarse ronco de tanto gritar.
- Bien… Samuel… como tu hermano ha sido tan amable de desencadenar el Apocalipsis para mí, ya no me hacéis falta. Ahora puedo por fin deshacerme de vosotros. – Sam jadeo cuando la mano de Lucifer le apretó aun mas la garganta, asfixiándole. – Os veré en el Infierno… cuando baje de visita.
- Tu primero, capullo. – gruño Castiel a la espalda del demonio. Lucifer le miro sorprendido cuando el ángel le clavo la espada, atravesándole. Sam pensó que debían prohibirle a Castiel seguir viendo películas de acción de los ochenta, porque la frasecita hacia sido totalmente de ese genero.
- ¿Cómo…? – Castiel sonrió.
- Solo un ángel puede matar a otro ángel. ¿Recuerdas, Luzbel? Esa es la norma. – Sam cayo al suelo cuando Lucifer dejo de sujetarlo, tosiendo por recuperar el aire. Vio al demonio brillar y convertirse en cenizas que se llevo el viento.
- Joder… ¿tenias que tardar tanto? – gruño el cazador, levantándose para acercarse a su hermano. Algo no andaba bien. Dean seguía gritando y la brecha que se había abierto antes permanecía en su sitio y soltando demonios.
- Nadie te dijo que saltaras sobre Lucifer a lo kamikaze. – Sam se arrodillo junto a Dean, mirando de la marca a la brecha, preocupado.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué no ha parado esto? – le grito al ángel, tratando de que se le oyera por encima de todo el ruido. Castiel se acerco a ellos.
- Porque aun no ha terminado. Falta algo para romper la profecía. – Sam parpadeo sorprendido cuando le vio sacar un cuchillo.
- ¿El que? – cuestiono, interponiéndose entre su hermano y el ángel de manera protectora. No había pasado por todo eso para que ahora Castiel matara a Dean. De eso nada.
- Sangre.
Continuara...
