Capitulo 13.

El cielo estaba negro desde hacía horas. La tierra de ese pequeño campo santo se encontraba cubierto totalmente de sangre. Las lapidas rotas o derribadas por el fuerte viento que se había levantado desde que se abrió la brecha.

Castiel se acerco a los dos hermanos, implacable, su gabardina rasgada por la pelea, manchada de la negra sangre de Lucifer. El cuchillo en su mano brillaba siniestro mientras andaba.

Sam estaba de pie, a pocos pasos de su hermano. Dean no dejaba de gritar, a pesar de que su voz ya sonaba rota, cansada por el esfuerzo. El pequeño no comprendía porque no volvía todo a la normalidad. ¿No habían acabado con Lucifer?

- ¿Cómo que sangre? – retrocedió un paso más, interponiéndose entre el ángel y su hermano. - ¿A que te refieres con eso? ¿Qué vas a hacer con ese cuchillo, Cas? – el ángel no detuvo su avance.

- Apártate, Sam. Tengo que acabar con la profecía.

- ¿Cómo? No vas a matar a Dean. – Castiel paro en seco, mirándole extrañado.

- No voy a matar a Dean. ¿De donde has sacado eso?

- ¿Cómo que de donde? ¿Del cuchillo que llevas en la mano, a lo mejor? – el ángel miro el cuchillo y luego al cazador, que aun le observaba receloso.

- Olvidaba que tú estabas con Lucifer cuando Bobby encontró la forma de parar el Apocalipsis.

- Obviamente. – repuso molesto el chico, cruzándose de brazos. – Cuéntame que averiguo Bobby.

- La brecha sigue abierta a causa de la marca que tiene tu hermano en la espalda. Mientras eso siga ahí, el poder de Lucifer estará en este mundo y la puerta dimensional que ha creado se mantendrá abierta. Hay que eliminarla. – Sam desvió sus ojos hacia su hermano. Castiel siguió su mirada. – Y rápido, porque no parara hasta que consuma toda su energía.

- ¿Cómo?

- Por asombroso que parezca, los demonios que trabajaban con Dean nos dieron la pista. Muy vaga, pero una muy buena pista a fin de cuentas. Bobby la investigo a fondo. Hay una especie de… de… ¿contra profecía? No se si existe eso o no, pero es algo por el estilo.

Mientras hablaba, Castiel se fue acercando hasta Dean, mirando su espalda con expresión concentrada. Sam no dejaba de vigilarlo. No es que no se fiara del ángel, pero después de todo lo que habían pasado no podía permitirse el lujo de bajar la guardia y que alguien más le arrebatara a su hermano. No más. Ya estaba harto de eso.

- ¿Y que decía esa contra profecía o lo que fuera? – Castiel se quito la destrozada gabardina y la chaqueta negra que llevaba debajo, quedándose solo con la camisa. El viento a su alrededor, aullaba y soplaba con fuerza.

- "Cuando el enviado de la luz derrame su sangre por el mortal marcado, este será purificado y el poder del Lucero del Alba volverá a caer atrapado en las entrañas del Infierno por otro milenio." – recito de memoria y con voz monocorde mientras se desabrochaba el puño derecho y se recogía la manga dejando la piel del antebrazo expuesta.

- ¿Eso es una pista vaga? – pregunto el chico incrédulo. Castiel le dirigió una mirada de fastidio.

- No nos lo dieron así de claro, ¿sabes? Solo el nombre de un libro y unos números. Y era un libro muy antiguo. Nos hemos roto el culo buscándolo.

- Ya… bueno… lo imagino… - murmuro Sam, mirando con aprehensión el cuchillo. Castiel se hizo un largo corte en el antebrazo y dejo que la sangre cayera por la espalda desnuda de Dean, que inmediatamente dejo de gritar.

Sam se volvió a agachar a su lado, cogiéndole el rostro para comprobar que estaba bien. No gritaba, pero gemía bajito dolorido y tenía las mejillas llenas de lágrimas. La sangre caía sobre su piel, haciéndole sisear de dolor, evaporándose sobre la marca, borrándola lentamente.

No supo cuanto duro exactamente el proceso. Fue lento, muy lento. Sam mantenía sus manos en el rostro de su hermano, susurrándole palabras tranquilizadoras y dándole pequeños besos de ánimo, mientras vigilaba de reojo al ángel, que iba palideciendo cada vez más, a causa de la cantidad de sangre que estaba perdiendo.

- ¿Cuánto más tienes que hacer eso? – le pregunto, preocupado. Ya más que blanco, se estaba poniendo amarillento. Castiel sonrió débilmente.

- Hasta que el tatuaje se borre del todo. No queda mucho.

- No se te ocurra morirte, Cas. – susurro Sam sin apartar los ojos de Dean. – Dean no te lo perdonaría.

- Tranquilo. No tengo tanta prisa por volver arriba. – el pequeño le devolvió la sonrisa y desvió la vista hacia la brecha. Esta estaba casi cerrada y casi no podían salir demonios por ella.

- ¿Cómo le puso la marca? – Castiel parpadeo, sorprendido e incomodo por la pregunta. – Tu lo sabias, ¿verdad? Lo que hacia con Lucifer…

- No lo hizo por gusto, Sam. Lucifer es… siempre ha sido un experto en conseguir lo que quiere. Usa todo lo que te puedas imaginar y más, para obtener lo que desea. Engaño, tortura, magia… lo se te ocurra. – Sam trago en seco. – A saber que uso con tu hermano para que accediera. - Castiel echo un último vistazo a la espalda de Dean y se tapo como pudo la herida del brazo. – Esto ya esta. – murmuro con voz cansada, sentándose en el suelo al lado de los dos hermanos.

La grieta dimensional se había cerrado por completo a sus espaldas, aunque ninguno le estaba prestando atención.

- ¿Seguro que estas bien? – Sam miraba preocupado al pálido ángel, abrazando a su hermano que se había quedado inconsciente.

- Nada que un plato de esas tortitas que le gustan tanto a Dean no pueda arreglar. – el pequeño rió.

- ¿Y ahora?

- Ahora a esperar que Anna y Bobby vengan a buscarnos y luego me voy a pasar tres días viendo la maratón de "La jungla de cristal" en la cama. Y Dean debería hacer lo mismo.

Pasaron dos días antes de que Dean despertara y de que Castiel se recuperara. Dos días para que las cosas volvieran a la normalidad para el resto del mundo y para que Zacharias le reclamara a Castiel que volviera al Cielo.

El ángel se negó, diciéndole a su superior que volvería cuando su protegido estuviera completamente recuperado y fuera de peligro. Zacharias no estaba muy de acuerdo, pero no pudo negárselo, así que Castiel estaba oficialmente de vacaciones hasta que considerara oportuno volver.

Dean estaba despierto pero casi no consentía que se le acercara nadie, ni siquiera Sam, al que ni miraba a los ojos. El pequeño no sabia que hacer, ya que su hermano no dejaba que le curaran las heridas. Por suerte no tenía muchas, pero algunas necesitaban que le cambiaran los vendajes.

- A lo mejor si le hablas tú, averiguas que le pasa. – le soltó como el que no quería la cosa a Castiel en el porche de la casa de Bobby. El ángel le arqueo una ceja.

- ¿Qué? ¿Yo? ¿Y de que voy a hablarle? Si no entiendo las emociones humanas, Sam. – el Winchester dio un sorbo a la cerveza que traía en sus manos.

- Tú sabes lo que paso. A mi no va a contármelo, pero tú ya lo sabes. A lo mejor contigo habla. – Castiel negó con la cabeza.

- Te necesita a ti.

- Necesita sacarse eso. Es muy orgulloso para hacerlo conmigo, pero a ti si te cuenta esas cosas. ¿Lo harás? – le pregunto, haciendo un puchero que con Dean siempre le funcionaba. El ángel miro al pequeño y rió por lo bajo.

- Como si cuando pones esa cara de pena se te pudiera negar nada. Ahora entiendo más a Dean…

Dean se sentó en su cama, despacio y fastidiado por sentirse tan débil. Necesitaba salir de esa habitación. Dos días de encierro era demasiado tiempo para su gusto. Iba a vestirse y salir de esa casa a hacer algo útil, se pusieran como se pusieran.

Estaba intentando ponerse las botas cuando vio a Castiel entrar en su habitación. Se envaro al notarle sentarse a su lado en la cama.

- ¿A dónde vas? – le pregunto en un susurro. Dean volvió a su tarea con las botas.

- Fuera. A que me de el fresco.

- Sam dice que no le dejas tocarte, ni le miras a la cara. ¿Por qué?

- La sutileza no es lo tuyo, ¿no Cas? – rió por lo bajo el cazador.

La sutileza no funciona contigo, de todas maneras, Dean. – Castiel busco la mirada del cazador, pero este se la evadía. Al final, le puso la mano bajo la barbilla y le levanto el rostro. - ¿Por qué no dejas que Sam te toque?

- Sam lo sabe. – mascullo Dean. – Sabe lo que hice con Lucifer. – añadió al ver la mirada extrañada del ángel. Castiel suspiro.

- Más bien lo imagina. Pero no te culpa de eso. No podías hacer otra cosa, Dean. Se como Lucifer consigue sus propósitos y se que no hay alma que pueda negarse a sus poderes. – el ángel le dio un leve beso en los labios antes de levantarse de la cama, apretándole el hombro. – Olvídate de eso, Dean y deja que Sam te ayude.

El cazador le vio salir de la habitación y se quedo mirando la bota que no se había puesto aun, pensativo.

- Como si eso fuera tan fácil.

Continuara...