QUINTO CAPÍTULO
Anvard. 9 de la mañana
Cor y Corin corrían precipitadamente por los pasillos de la fortaleza de Anvard. Todos los demás inquilinos de aquel gran castillo estaban dormidos, excepto los criados que se levantaban al salir el alba. Ni un solo ruido reinaba en el castillo, excepto los pasos apresurados de los dos gemelos.
- Espera, Corin… - dijo de repente Cor disminuyendo la marcha – No tan deprisa – añadió cansado con el poco aliento que le quedaba. – Debemos darnos prisa, no vaya a ser que nos pillen por aquí a estas horas… y nos pregunten qué hacemos – dijo Corin con preocupación e instándole a seguir corriendo. – Pero… pero, de todas maneras se van a dar cuenta cuando vean que no estamos… en los dormitorios – respondió Cor.
- No, Cor. Tenemos que salir del castillo cuanto antes mejor – le insistió tirándole del brazo. Los dos forcejearon durante un rato sin darse cuenta ni del ruido que hacían ni del tiempo que perdían, hasta que unos pasos cercanos, les hicieron detener "su lucha" en seco para buscar un escondite. – Escondámonos, escondámonos – susurraba desesperado Corin mientras zarandeaba a Cor. Pero, se sabe que cuanto más rápido quieres hacer algo, más tardas en hacerlo porque no piensas con claridad.
No les dio tiempo a esconderse, pues una persona apareció ante ellos con cara de pocos amigos. – Aravis – exclamó Cor con sorpresa – ¿qué haces aquí? – le preguntó. Por su parte, la chica de piel oscura respondió con soberbia - ¿y es que a caso tengo prohibido estar aquí? – respondió a la vez que miraba con desconfianza a ambos hermanos - ¿qué se supone que tramais esta vez? – le dijo con cara de madre enfadada.
Los gemelos se miraron inquisitivamente hasta que Corin dijo – Vamos… vamos a… a un lugar que no te importa – respondió Corin, aunque era obvio para la inteligente Aravis que la escondían algo. – ¡Claro que me importa, decidme donde vais! – ordenó la chica con tono terminante. Cor, que era más amigo de Aravis que su hermano dijo entonces. – Está bien… pero no se lo dirás a nadie. Vamos a ir a presenciar la fiesta de los faunos – su hermano entonces dio un suspiro de resignación y Aravis, pensativa dijo – No se lo diré a nadie… pero si me dejáis ir con vosotros – entonces, ante esa amenaza le dijeron que la dejarían ir con ellos.
Los tres siguieron bajando escaleras y recorriendo pasillos estrepitosamente hasta que llegaron frente a la enorme puerta de madera que los separaba del exterior. Corin, que fue el primero en llegar hasta ella, probó a abrirla, pero con tanta brusquedad lo hizo que no consiguió abrirla. Aravis, que venía tras él, lo miró de mala manera y con delicadeza abrió la puerta, la cual se abrió con chirrido.
- Anda… si estaba abierta - dijo Corin algo avergonzado. Aravis esta vez esbozó una pequeña sonrisa en forma de que estaba perdonado y fue la primera en salir, detrás la siguieron Cor y Corin.
Delante de ellos tenían el foso, el cual cruzaron con cuidado para después pisar la mullida hierba verde cubierta aún de los restos del Invierno, por fría escarcha. Los tres respiraron el aire puro que se respiraba en aquel lugar, y miraron al horizonte. Entonces Corin rompió el silencio diciendo:
- ¡Mirad, allí están los faunos! - señalando a lo lejos a una hoguera y a una multitud en torno a ella.
- ¡Vamos! - dijo y los tres se apresuraron hacia el lugar que se encontraba en la cima de una colina a unos cuantos kilómetros de distancia.
Continuará…
Próximo capítulo: Joshep y Vosgo atraviesan el desfiladero del Monte Pire y se dirigen hacia la fiesta de los faunos. Entre tanto, Cor, Corin y Aravis llegan al mismo tiempo.
Enseñanza: Igualdad y respeto entre hombre y mujer, igualmente igualdad y respeto entre las diferentes razas, creencias y jerarquías sociales.
