Espero que la esperano haya sido mucha, esto de la universidad mata mucho tiempo ._.
Okay, no más blah blah, a lo importante.
Danny Phantom y sus personajes pertenecen al gran señor Hartman, y desgraciadamiente a Nickelodeon inc.
Capítulo 2: Nueva vida.
Desperté, adolorida, y el reloj marcaba las 6 de la mañana. Estaba aún sobre la alfombra y me sentí pesada cuando quise levantarme, aunque finalmente pude hacerlo. La habitación no pareció cambiar de iluminación con la muerte de la noche, así que abrí las cortinas rojas de la ventana. Era un día soleado, genial.
Caminé hasta el tocador, me contemplé por primera vez como huésped de Samantha. La pijama era una camiseta y un short, negros evidentemente. Delgada pero curvilínea, pálida, labios delineados casi perfectamente y el cabello lacio hasta la espalda, justo bajo los hombros. Luego, los ojos violetas. Curiosos, llenos de brillo, de astucia. Sonreí, me gustaba el aspecto que tenía.
-¡Sam!- Llamó la misma voz femenina de la noche anterior. Suspiré, hora de probar mi nueva voz.
-¿¡Sí!?
-¡El desayuno está listo, baja por favor!
-¡Me arreglaré y bajaré luego, ¿de acuerdo?!
-¡Muy bien, intenta no demorarte!
Perfecto. Pude manejar el tono de la chica sin dificultad alguna. Me dirigí entonces al baño, me deshice de la pijama y contemplé mi nuevo cuerpo de forma completa por vez primera. Nada inusual excepto la cicatriz en forma de medialuna sobre la rodilla derecha –una posible antigua lesión- y otra cicatriz, muy pequeña, en el índice del dedo izquierdo.
Abrí la regadera y me acomodé bajo la presión del agua. Lavé primero el cabello y luego el resto del cuerpo, sin prestar especial atención a nada. Tomé la toalla violeta que había en la repisa junto a las demás y me envolví en ella; limpié el vapor del espejo y me contemplé de nuevo: tenía el cabello ligeramente ondulado a causa del agua. Sonreí otra vez.
En la habitación, escoger la ropa fue cuestión sencilla, hice un pequeño escaneo a la mente de Samantha y supe qué debía usar. Mientras me vestía, hice otro pequeño escaneo, esta vez recolectando los datos básicos más importantes: nombres, personas y sus imágenes visuales.
Mi nombre: Samantha Manson. Odiaba el "Samantha" así que prefería el "Sam".
Edad: 16 años.
Mi familia: Jeremy y Pamela Manson, y mi abuela Ida.
Estatus social: adinerada, pero impopular. Vaya, eso era bizarro, pero explicaba muchas cosas.
Datos importantes: Hija única. Vegetariana. Gótica. Músico en secreto.
Con eso en mente, y la información sobre mis dos nuevos amigos de ayer, pude bajar a tomar el desayuno sin preocuparme por cometer errores idiotas. El primer día siempre era difícil, pero gracias a mi experiencia, contaba con la ventaja de escanear el cerebro del cuerpo anfitrión a gran velocidad, como una base de datos en una computadora, y así hallar soluciones a pequeños aprietos. El desayuno fue un poco de cereal integral con leche de soya. Asco. Aunque otra de las ventajas de ser huésped, es que puedo momentáneamente dejar a flote las sensaciones básicas del cuerpo para no sentirme incómoda, aunque a veces lo hago de forma inconsciente, y el cuerpo disfrutó de la comida.
La mochila violeta sobre el sofá de la sala debía ser el mío. Escaneé: sí, lo era. Lo tomé y salí cuando el reloj marcó las 6:45. Tenía clases en media hora y según el camino usual de Samantha, le tomaba ese tiempo –o un poco menos- llegar a la secundaria. Todo iba perfectamente. Caminando, decidí examinar el interior de la mochila: libros, lápices, un libro de hobbie al azar, y un reproductor de música; lo encendí y escuché un poco la música que tenía: Muse, The birthday Massacre, Evanescence, Skillet, Papa Roach. Absolutamente todo era rock, tendría que aprender a encontrarle el gusto a esa música estruendosa y homogénea.
La secundaria se alzó frente a mí antes de que pudiera darme cuenta, tuve tiempo de aprenderme una canción. Entré y nadie pareció darse cuenta de mis pasos por el pasillo principal. Perfecto, justo lo que estaba buscando. Hice otro escaneo cerebral para saber si debía cambiar de libros y, en ese caso, buscar mi casillero, pero no hubo necesidad: tenía los libros correctos en la mochila. Me recosté sobre una pared cualquiera y cuando intenté encender nuevamente el reproductor de música, alguien pareció gritarme "hola". Levanté la vista y una mata de cabello azabache con camisa blanca y jeans azul claro caminaba hasta mí. Hice otro pequeño escaneo para ver de quién se trataba.
Daniel Fenton. Interesante… 16 años, mejor amigo desde los 4 años, apodado por sus padres como "Danny". Gustaba de la misma música y de los videojuegos…y…tenía un secreto que…no pude escanear.
Espera. ¿Qué? ¿No pude escanearlo? Pero…¡No era posible! Era como si existiera una barrera mental especialmente diseñada para ese aspecto…¿Por qué no podía hacerlo? Era la primera vez que me ocurría algo así en décadas. Emocionalmente frustrada e iracunda, no tuve tiempo de reflexionar más, Daniel ya estaba frente a mí y clavó sus ojos azules en mi rostro…
Y Samantha sintió un hormigueo en el estómago. Entonces me fue evidente: ella estaba enamorada de él.
-Hola Sam, ¿qué tal tu noche?- Me permití relajar el ceño fruncido para responder como Samantha lo haría habitualmente.
-Nada especial, ya sabes, dormir.
-Claro.- Sonrió incómodo. Vaya tonto. -¿Has visto a Tuck? Hablé tarde con él anoche y me dijo que tenía algo importante para enseñarnos hoy.
Escaneo mental: Tucker Foley, también 16 años, mi otro mejor amigo de toda la vida. Enloquecido por la tecnología y constante compañero de peleas por cuestiones adolescentes existenciales como la música o la comida. Era como un hermano para Samantha…y no había hablado con él recientemente.
-Nop.- Respondí. –Nada de nada, aunque estoy segura de que "eso" puede ser un nuevo accesorio para su PDA.
-Sí.- Rió Daniel con desdén. –Probablemente tengas razón.
Gritando se acercó entonces un chico de tez morena y gafas. Tucker, presumí yo.
-¡Chicos!- Era evidente la alegría en su tono de voz. –Conseguí un nuevo accesorio para mi PDA.
-Te lo dije.- Hablé a Daniel.
-Este nuevo microcomponente logrará que mi PDA reciba estaciones de radio de más de 30 países.
-Tucker. ¿Sabes si quiera hablar uno de los idiomas de esos 30 países?- El rostro de Daniel era serio, yo levanté una ceja, escéptica.
-N-no veo la necesidad de aprender más de un idioma cuando la música es un lenguaje universal.
Sin necesidad de ser una humana promedio, me fue evidente que la dichosa adquisición del chico carecía de sentido lógico. Suspiré. Levanté el rostro e inesperadamente encontré a ambos chicos secreteando sin cesar, posaron su mirada en mí y Tucker codeó a Daniel susurrando algo que no pude escuchar.
-Sam…- dijo el de ojos azules. –Tienes hora libre en el tercer periodo, ¿verdad?
Revisión: Matemáticas, Literatura, Tercer periodo libre...aunque Samantha tenía planeado ir a la biblioteca. Bueno, seguramente sacrificaría ese espacio por hablar con Daniel.
-Sí, tengo hora libre, ¿por qué lo preguntas?
-¿Podrías regalarme unos minutos? Quiero platicarte de algo.
-Muy bien.- Sonreí con gesto inocente.
-Bien hecho, Romeo…- le aludió Tucker con tono dramático. Y la campana sonó.
-De acuerdo, vámonos ahora o llegaremos tarde a clase.- Respondió Daniel con gesto enojado.
Detestables matemáticas: aburridas, exactas, repetitivas. Más aún cuando has tomado las mismas clases una y otra vez por años, no había nada que me sorprendiera ya. La clase de hoy: "Ecuaciones de una incógnita con dos soluciones", fabuloso, álgebra. La explicación del profesor calvo me llamó poco la atención y dirigí mi concentración a un punto importante: ¿por qué no pude leer ese secreto?
Explorar la mente de una persona es similar a estar en un pasillo lleno de puertas, cada puerta abre paso a una habitación en específico: personas, sentimientos, conocimientos, habilidades. Esta puerta en especial parecía estar hecha de hierro, soldada, asegurada con un candado impenetrable de una única llave. La preparación mental que debió requerir el sellar ese pensamiento, ha de haber sido enorme, de paciencia, y costosa. ¿Qué era tan grande o tan horrible para mantenerlo exclusivo de Samantha?
No tenía idea. Pero eso no significaba que me rendiría, concentré mis esfuerzos en buscar caminos alternos al mismo pensamiento. Mis intentos fallaron uno tras otro, pero debía haber una forma de revelarlo. El pensamiento estaba ligado a otros tres en especial: el primero, Tucker, tan inmiscuido en el asunto como la propia Samantha. El segundo, una chica pelirroja. Jasmine. El tercero, tenía que ver con el enamoramiento hacia Daniel.
Pero sin importar qué tanto lo analizara, no podía leer ese pensamiento. Esta chica era…misteriosa, y quizá se convertiría en un útil y diferente pasatiempo. Quizá esta chica no era…normal. Una vida bastante interesante.
-¡¡Señorita Manson!!- La voz del profesor sonaba como si mencionara el nombre por enésima vez. Desperté de la abstracción de golpe.
-¿Sí, profesor?- Contesté con voz suave.
-¡Quizá lo que la mantenga tan pensativa sea la solución de la ecuación en el pizarrón que llevo pidiéndole hace cinco minutos!
Revisé el problema de álgebra con rapidez. Nada que no hubiese visto con anterioridad.
-Más o menos dos.- Respondí.
-¿Qué?- Preguntó el profesor, sorprendido.
-La respuesta al problema es más o menos dos.
-Correcto.- Concluyó el sujeto con resignación y regresó su mirada al pizarrón.
-¡Bien hecho Sam!- Habló Tucker. –Dudo mucho que vuelvan a preguntarte algo en clase.
-Gracias, supongo.- Respondí absorta.
Sonó la campana y aún confundida por ese pensamiento ilegible, seguí los pasos del grupo hasta el salón de Literatura. Si realmente el fuerte de Samantha era esa materia, tendría toda una hora reloj para dedicarme a explorar su mente, dudaba mucho que el profesor lanzara una pregunta a mi contra.
Me senté junto a la ventana y fijé la vista en el pizarrón, sin algún punto en particular. Otro profesor calvo –curioso- comenzó a hablar, esta vez la lección era sobre la aplicación de los postulados aristotélicos de escritura en las obras maestras de Shakespeare. Aburrido. Dudaba mucho que algún estudiante pudiera ponerse al nivel del profesor para debatir.
Concentrada, fui nuevamente interrumpida, pero esta vez de forma gentil. Una hoja con un "A+" en rojo apareció frente a mí y el profesor habló.
-Felicitaciones, Señorita Manson. Nuevamente obtuvo la nota más alta de la clase.- Había un extraño tono de admiración y envidia en su voz. –Considérese eximida del examen final del semestre.
-Eh…gracias.- Tomé la hoja y la guardé en la mochila.
Solo entonces me di cuenta de la expresión petrificada de toda la clase sobre mí. ¿H-había cometido alguna especie de error y había revelado que yo no era precisamente Samantha Manson?
-No puedo creerlo.- Dijo alguien.
-Lancer…eximió a alguien de un examen…y a ¡Sam Manson!
-Presumida.- Expresó la chica de tez morena que había visto el día anterior en el primer grupo.
-Suertuda.- Secundó el rubio que la asediaba.
-No los escuches Sam.- Daniel llamó mi atención. –Esto es histórico en la secundaria.
-Sí, solo están celosos.- Tucker sonrió con malicia. Al parecer, estos chicos tenían triunfos compartidos.
La campana sonó y yo me tomé bastante tiempo para guardar todo en la mochila y levantarme del asiento. Lista para emprender marcha, vi a Daniel en el marco de la puerta, con la mano me llamó para que le siguiera y salió, asentí justo antes de que se fuera y seguí su camino. Con varios metros entre nosotros, llegamos hasta el patio posterior de la escuela, llena de mesas para almorzar…pero yo no quería prestar atención a lo que Daniel quisiera decirme, solo quería descifrar ese secreto en la mente de Samantha que no me dejaba tranquila.
-Escucha.- Me dijo cuando llevábamos un buen rato sentados sin decir nada. –Esto no es fácil de decir, así que lo haré de forma conjunta…¿Está bien?
¿Qué era ese secreto? ¿Qué?
-¿Sam?
-D-disculpa. ¿Decías algo?
-Hoy estás…distraída.
-Solo un poco absorta, no es nada grave.
-¿Tiene que ver con lo de las noticias de esta mañana?
-¿Las…noticias?- Debí haber revisado las noticias.
-Lo de…la chica…jm…muerta cerca de tu casa.- Dijo la palabra con temor.
-Ah, eso. Sí, es lamentable.- Molly. –No es que esté asustada por eso pero…bueno…ya sabes…
-Entiendo.
-¿Qué me estabas diciendo? Algo de una conversación conjunta…
-Sí, sí.- Bajó el rostro, intimidado. -¿Recuerdas la rosa que te di la semana pasada?
-¿La naranja?
-Sí, esa.
-Sí, la recuerdo.
-Tiene que ver con eso.
Perfecto. Yo tenía un asunto pendiente por resolver con esta complicada cabeza y el sujeto se estaba…declarando.
-Continúa.
-Bien…- Suspiró. –Solo espero que salga como lo he practicado. Sam…
¡No!
Algo sonó fuerte en mi interior.
¡No vas a arrebatarme este momento de mi vida!
Era una voz llena de…dolor, y odio.
¡Sal de mi cuerpo!
¿¡Samantha!?
Sentí un horrible dolor de cabeza, punzante, insoportable. Me arrebató literalmente el aliento, apreté los dientes y me puse en pie, sosteniendo mi cabeza…
-¡Sam! ¿Qué pasa?- Daniel habló, sonaba lejano.
-¡Cállate!- Dije a la voz.
-Pero yo no…
-No te hablo a ti, idiota…- Aclaré, furiosa con él, con Samantha, conmigo…
¡Ya basta!
Había una evidente tristeza en el comentario…
Y el dolor de cabeza se convirtió en un adormecimiento…vi todo borroso y…la vista se nubló a negro.
Continuará.
Notas de la autora:
Leila contemplando a Sam sin ropa: No puede ser algo promiscuo, porque, uno: ambas son sujetos femeninos, y dos: Leila tiene experiencia en ese asunto, simplemente es un escaneo de reconocimiento.
"Músico": se aplica para femenino y masculino. No puede decirse música porque hace referencia al arte, no a la persona.
Postulados aristotélicos: Básica redacción de inicio-nudo-final. Lo estudié en segundo semestre nwn
Aviso muy importante: una tal Shadow Raven Dark Arrow se está robando mis historias y las está publicando en un foro de freewbs. Por favor, les pido que estén muy pendientes de eso, si conocen el foro danny_phantom_fenton en ese portal, denuncien a la "autora", estoy muy triste y enojada a la vez. De igual forma, si saben de otro portal, que no sea de mí autoría o donde yo participe, y mis historias estén ahí, avísenme, hay que evitar esto del plagio a toda costa.
Los amo, gracias por sus comentarios ^w^
