Prometí actualizar este fic...¡y aquí está! 8D Ojalá la espera no haya sido mucha.
¿Alguien estaba curioso por el pasado de Leila? Bien, aquí apareceran algunos (muy importantes) detalles.

Leamos :3

Danny Phantom y sus personajes pertenecen al gran señor Hartman, y desgraciadamiente a Nickelodeon inc.


Capítulo 5: Reto

En ese momento me sentí completa y absolutamente humana. Estaba sentada sobre la cama, las piernas dobladas, los brazos sobre las rodillas y la cabeza entre las manos, mientras hacía un esfuerzo inútil por no llorar mientras respiraba agitadamente. Sentía odio, rabia, temor, desesperación, desasosiego. ¿Por qué tenía que pasarme esto a mí?, ¿qué fuerza inusual desatada sobre mí me llevó a conocer a ese chico? Lo peor del asunto es que tendría que convivir con el chico Phantom todo el día todos los días, eso con el propósito de no dejarme al descubierto.

El teléfono sonó repetidas ocasiones, no quise contestar, estaba absolutamente segura de que era Daniel quien llamaba. ¡Un día!, bastó un mísero, estúpido e insignificante día para que él echara todo abajo. Sonó el teléfono de nuevo. Apreté los ojos repitiéndome a mí misma que no debería perder el control, no podía dejar que Samantha y sus ya repetitivas apariciones salieran a flote de nuevo.

-Todo va a estar bien, Leila, todo va a estar bien.- Me dije, intentando controlar la respiración.

-¿Sam?- Llamó una mujer a distancia y la puerta se abrió. Era Pamela. –Hay una llamada para ti.

-¿Quién es?

-Tucker Foley.

-Bien, la tomaré aquí. Levanté el teléfono y respiré con profundidad, el propósito era conseguir un tono calmado. -¿Qué hay Tuck?

-Bien, ¿qué hay contigo?

-¿Conmigo? ¿A qué te refieres?

-Sam…- Me reprendió molesto. –Huiste. ¿Por qué rayos huiste?

Piensa en una buena excusa. –Tucker, prométeme que no le dirás nada a Danny.- Aspiré hondo. –Iba a desmayarme de nuevo.

-¿Y aún así corriste? ¿Estás loca?

-Ese no es el punto Tuck, Danny está paranoico con el asunto, huí antes de que se tomara las cosas al extremo como suele hacerlo con todo.-

-¿Segura de que esa es la razón?

-Completamente.

-¿Y estás bien?

-Mejor, la verdad es que no sé qué pasa conmigo…sí, Tucker, tendré cuidado.- Interrumpí lo que iba a decir. –Prométeme que no se lo dirás a Danny.

-Prometido.

-¡Hablo en serio!

-Yo también, Sam. Y…recuerda que siempre podrás contar conmigo. ¿De acuerdo?

Golpe bajo. –Gracias.

La llamada cayó, dejé el teléfono sobre la mesita y me acosté sobre el lado derecho. La ira se desvaneció e intenté concentrarme en el detalle de las cortinas estilo teatro: las curvas caían simulando a una cascada, el hilo era quizá uno o dos tonos más oscuros que la tela y en la parte inferior habían colgado unos sujetadores para el cabello de color verde encendido. Me dormí intentando imaginar a una más joven Samantha usando esos sujetadores.

Desperté en una banca de un parque, parte de mí sabía que estaba soñando así que no me sorprendió ver a la gente del rededor usando vestidos del siglo XIX, lo que sí me molestó fue hallarme a mí misma usando uno de esos. Me levanté y el sonido de los tacones me hizo extrañar los tennis y zapatillas del siglo XXI: la gente de esta época era demasiado poco práctica.

Caminé, sin pensar en realidad, en dirección a la fuente en el centro del parque, me senté en el borde y jugueteé un poco con el agua balanceando mi mano sin un sentido particular. Me asomé y el reflejo me tomó desprevenida: era yo…humana. El cabello castaño caía en rizos sobre mis hombros, los ojos verdes con un brillo que denotaba tristeza, los labios rosas curvados en un gesto angustioso. Desvié la vista del doloroso panorama que era mi forma humana y, para mi sorpresa, una pareja pasó frente a mí: eran Daniel y Samantha bajo una sombrilla, escondidos del sol, disfrutando de una simple caminata. Eso definitivamente corroboró que era un sueño.

-¿Leila?- Llamó una voz, lejana.

-¿Gabriel?- Dije de modo automático. Me llevé las manos a la boca en gesto de sorpresa.

Una preocupación inimaginable se aglomeró en mi pecho y me levanté con el propósito de correr a un sitio que, se supone, conocía pero que en mi consciente no lograba identificar. Mis pies me llevaron quizá tres calles más abajo de la fuente, corrí sin pausas, sin preocuparme porque la respiración se aceleraba y me adentré en un callejón oscuro entre dos casas ostentosas. Desaceleré el paso, los tacones producían un eco espeluznante en la inexplorable oscuridad, me concentré en el sonido de mi respiración.

Llegué al final del callejón…y un par de ojos azules sin vida se posaron en mí.

-¡No!- Grité y me levanté asustada. Me llevé las manos al pecho, no me había dado cuenta que estaba llorando hasta que un par de lágrimas cayeron sobre la palma de mi mano izquierda.

Gabriel. ¿Por qué su nombre me resultaba tan familiar?, ¿por qué la sensación en mi pecho era una mezcla inexplicable de miedo y felicidad? Samantha no dijo una palabra al respecto pero sentí su esfuerzo por crear imágenes en mi mente y lo ojos azules de la persona en mi sueño se sobrepusieron a los ojos de Daniel. En un sentido metafórico, ese desconocido significó para mí lo que Daniel significaba para ella. Ese desconocido era Gabriel…pero no sabía nada más, no recordaba nada más.

El reloj parpadeaba '3:20', me levanté, dejé la ropa en el suelo y de forma perezosa, me puse la pijama de dos piezas. Estuve bajo las cobijas a las '3.23'…y no pude dormir, no al menos en un buen rato. Cuando estuve de nuevo dormida no hubo imágenes, no hubo sueños. Ese sueño había sido el primero en muchos años, descontando el encuentro con Samantha durante el desmayo de hace casi 24 horas.

Bajo la ducha, un poco retrasada debido al agotamiento, Samantha habló de nuevo.

Gabriel, ¿ah? Sonaba divertida. ¿Algo de tu vida anterior que intentas no recordar?

-No estoy segura.- Admití. –Pero puedo afirmar que tú sentiste lo que yo.

Eso no lo discuto, fue extraño. Se calló un momento. Pero lo interpreté. Yo he sentido esa angustia con anterioridad, he sentido esa mezcla con felicidad y esperanza.

-Daniel, ¿verdad?

Correcto. No sabes lo duro que es ser su mejor amiga… Se detuvo al emplear la última palabra con desagrado.

-¿Entonces no fue un intento para hacerme desistir de poseer tu cuerpo?

Tampoco dije que no lo era.

-En ese caso, guarda silencio.

Y así lo hizo. No la escuché más, eso me dio tiempo para pensar y tomar decisiones importantes. La primera: no desistiría, en nada, por nadie o nada. Segunda: Olvidaría todo lo que pudiera relacionarse con mi extraño sueño. Tercera: soportar a Daniel Fenton sería mi reto personal.

Por ningún motivo dejaría a Samantha victoriosa en la pequeña batalla personal que habíamos entablado, una de las dos caería y haría todo lo posible para que esa no fuera yo. Llegué a la escuela, durante el camino no escuché música, me concentré en los ruidos del rededor, los carros, las voces, el corretear de la gente. Daniel y Tucker me esperaban unos pasos más allá de la entrada de la escuela. Al ver los ojos azules de Daniel una ira incontenible ardió en mi interior y creo que ambos lo notaron, pero ninguno dijo nada.

En el siguiente par de días sucedieron dos cosas importantes, una: Samantha guardó silencio; segunda: Daniel hizo todo lo posible por no dirigirme la palabra. Y eso estuvo bien. Sin embargo, Tucker se mostraba de forma críptica, demasiado analítico para mi gusto…pero no haría nada…al menos hasta que fuera necesario.

Continuará.


Notas de la autora:

1. "Gabriel" no se pronuncia como en español, imagínenlo en inglés y evidentemente es una "e" en lugar de una "a" al principio.
2. Los vestidos del siglo XIX son increíblemente ostentosos. Usan enaguas y todo el asunto .__. El de Leila es azul, el de Sam evidentemente violeta.


Enredé el fic, ¿verdad? Suelo hacer eso XD.

Para el siguiente capítulo es OBLIGATORIO descargar una canción .___. Es "Unbeautiful" de Lesley Roy. Pueden darse ideas si quieren, pero lo que viene será completamente de imprevisto n-n

Los quiero! Gracias por sus 25 reviews.