sam-ely-ember: Oh sí, oh sí, oh sí! Hoy salí oficialmente del trabajo que me tenía más preoupada en esta parte del semestre, (aquí lo dividimos por cortes, y acabo de terminar el segundo de 3...yay!!!) TTwTT no tienen idea de lo libre que me siento...aunque me duelen las piernas .__. ¡tuve que usar tacones, los odio! D:

Pero dejando de lado mis problemas con las modas actuales, anuncio que el siguiente capítulo será aquel que todos han esperado: el intermedio de la señorita Sam Manson .w. suena bien, ¿verdad? Aún no empiezo a escribirlo pero de antemano les digo que será una cosa bien rara XD

Danny Phantom y sus personajes pertenecen al gran señor Hartman, y desgraciadamiente a Nickelodeon inc.


Capítulo 7: Crisis pesadilla

No pasó mucho para que Daniel llegara y se tragara la historia de un fantasma anónimo cobrando venganza de su amigo, era un evento lógico y lleno de antecedentes que bien podía pasar por verdadero. La expresión ausente de su rostro al ver a Tucker ciertamente era desconcertante, era algo similar a ver a alguien cuyo corazón ha sido removido abruptamente. Me esforcé por lucir desconcertada, herida, y fue un asunto sencillo al lograr disfrazar mi ira de tristeza.

Luego de muchos eventos que mi consciente decidió ignorar como parte del disfraz de desasosiego, me hallé sentada en las sillas de espera de un hospital, cuando salí de mi aturdimiento y cobré consciencia del lugar donde me encontraba, vi a Daniel acercándose a mí posición trayendo dos vasos consigo.

-No venden café a menores,- se excusó, aún con esa expresión ilegible, -traje unas gaseosas.

-Está bien,- respondí –aunque me caería bien algo de cafeína.

Él se rió y se sentó a mi lado para pasarme el vaso con una bebida negra. Bebí un sorbo, no estaba mal, tomé otro sorbo, más grande.

-¿Te han dicho algo de Tucker?- Pregunté, sonando más cortés que preocupada.

-No mucho.- Bajó la mirada y la centró en el vaso entre sus manos. –Aún no saben qué tan fuerte fue el impacto, y el hospital de Amity no está preparado para casos que tengan que ver con fantasmas. Y no me extraña, jamás había ocurrido algo tan…extremo.

-Discúlpame,- le dije, intentando mostrar sinceridad, -si hubiera estado más atenta quizá…

-No, Sam, no es tu culpa,- sonrió acongojado, -si hay alguien a quien culpar ese soy yo, jamás debí haberlos expuesto a esto, es mi responsabilidad.

Por encima del murmullo del hospital y el constante repiqueo del teléfono de la recepción, pude escuchar el desconcertante suspiro del chico a mi lado. No comprendía ese sentimiento de culpabilidad…, bueno, Tucker era su amigo pero las circunstancias no apremiaban para un estado tan deprimente…¿qué tanto tenían los sentimientos humanos que les complicaban el simple paso de los días?

-Sam…sé que no es el momento pero…¿qué hacían con Tucker allá en el mirador?

Me lo esperaba, suspiré resignada y supongo que él lo comprendió como un suspiro de angustia. –Bueno…hablábamos de ti.- Volteé el rostro y le vi negar con la cabeza, sonriente. –De lo mucho que ha pasado entre tú y yo los últimos días. Entenderás que es algo que no puedo discutir contigo, Tucker me brindó apoyo…el mismo que te ha brindado a ti.

Cállate, como un demonio, Leila. Me dije, sorprendida por la facilidad con que la verdad salió de mis labios. Sin embargo, al considerar que la legítima verdad de lo que había hablado con Tucker no había sido revelada, no había nada por lo cual preocuparse. En realidad nada referente a mí, el problema era de Samantha y evidentemente yo debía lidiar con él.

-¿En qué momento todo se volvió tan complicado?- usó un tono de dolor, no comprendí si hablaba para sí mismo o para mí. –Era más fácil cuando teníamos 10 años, ¿verdad?

Solté una risa vacía. –Sin duda más sencillo.

Me pareció una eternidad los escasos minutos que permanecimos en silencio, era incómodo no tener nada qué pensar (analizar para fingir) y eludir las ganas de querer ahorcar a la persona que se sentaba junto a mí, aún así lo logré, pensando en los muchos riesgos que corría al haber atacado desenfrenadamente al mejor amigo de Samantha. ¡Idiota!, ¿y cuándo despertara Tucker qué iba a hacer?, ¿hacer creer a Daniel que su amigo había enloquecido y era yo quien tenía la razón, sobre todo cuando eso implicaba un más incómodo acercamiento con él, la persona a quien yo más odiaba?, ¡vil y pequeña idiota!, ¿cómo no lo vi antes?

Pero no iba a huir, no podía permitirme huir, éste era un reto auto impuesto y tenía que superarlo.

Repentinamente sentí un brazo rodeándome, forzándome a inclinarme sobre mi costado derecho para encontrarme con el hombro de Daniel, era él quien me abrazaba. No opuse resistencia, de hacerlo, sospecharía de una Samantha completamente diferente, desinteresada y hostil. Apoyó su cabeza junto a la mía.

-No importa qué decisión tomes,- habló serio, yo sabía exactamente a lo que se refería. –eres mi mejor amiga y siempre estaré contigo, contigo y con Tucker, lamento mucho si te he puesto en peligro…y te guste o no, será para siempre.

Reí vagamente, como la Samantha de siempre lo haría. –Sí que será un sacrificio…- él se rió, lo cierto era que sí sería un sacrificio. –Gracias, Danny.

-Creo que será mejor que te vayas a casa, yo me quedaré para cuando lleguen los padres de Tuck.

-De acuerdo.

Estaba absolutamente segura de que en esa posición pasábamos por una pareja de novios cualquiera. Me molestó, y eso fue incentivo para levantarme e irme del hospital de la forma más veloz posible. Llegué a casa y me senté en una de las sillas del comedor, era si acaso medio día y lo único que podía hacer era cruzar los brazos sobre la mesa, apoyarme en ellos y comenzar a sopesar mis opciones.

Por un lado podría huir de este cuerpo y aparentar que nada de esto había ocurrido, sería Samantha quien tendría que lidiar con las explicaciones, pero esa salida tenía dos complicaciones: la primera, de saberse, Danny Phantom me daría cacería sin término y eso era algo que no estaba preparada para enfrentar, sin mencionar que sería alguna especie de suicidio estúpido; la segunda, yo había decidido no rendirme, simplemente no cedería la idea de perder ante un joven desadaptado y su mejor amiga cuya voz tormentosa se había silenciado, pero podía regresar en cualquier momento.

De seguir habitando este cuerpo había una sola solución: Samantha debía huir de casa. Y eso no sonaba mal, fácilmente ella podía costearse un viaje a un lugar recóndito sin dejar rastro, con mi conocimiento acumulado durante décadas bien podía conseguirle un buen empleo en otra ciudad y cuando llegara el momento, me desharía de su cuerpo como había hecho con los demás. Su familia encontraría en su descontento social la razón de su huida, sus amigos en la situación con Danny, y Tucker…Tucker continuaba siendo un problema, pero si tenía suerte, su historia jamás cobraría sentido en la cabeza de aquellos que me resultaban más preocupantes, Daniel y los padres de Samantha.

Decidido, huiría.
El asunto era, ¿cuánto tiempo me quedaba antes de que Tucker despertara y Daniel supiera la verdad?, no dudaba que fuera poco. Eso era una situación desconcertante e incómoda: debía desaparecer en cuestión de días.

No me di cuenta cuando los sirvientes de la casa pusieron la mesa para almorzar, de repente la abuela de Samantha apareció a mi lado izquierdo con esa sonrisa que Samantha recordaba inamovible, sonreí por cortesía y continué con el silencio absoluto. Esperamos unos 15 minutos hasta que todo estuvo en su lugar y los puestos de los padres continuaron vacíos. Un gesto de extrañeza me invadió.

-¿Mis padres no están hoy, Abuela?

-No, querida.- Confirmó antes de llevarse una cucharada de sopa a la boca. –No explicaron por qué salieron y tampoco dijeron a qué horas volverían.

-Qué extraño.- comencé a jugar con el tenedor entre la comida. Inquietaeda. Llevaba una escasa semana habitando un nuevo cuerpo y ya tenía planes para emprender una huída. Esto jamás me había ocurrido con anterioridad…y me sentía completamente frustrada. ¡En qué rayos me había metido!

Ida me miró durante todo el almuerzo en silencio, buscando algo más allá de la fachada de una chica destrozada cuyo mejor amigo estaba internado en un hospital, no sé por qué razón temí que descubriera ese algo más. Se levantó y yo apenas iba en la mitad del plato, antes de irse me miró con esa sonrisa inquebrantable pero la duda impresa en sus ojos…no me gustaba en lo absoluto, parecía como si sospechara mis intenciones.

Subí a la habitación e instintivamente tomé un libro de la pequeña biblioteca del rincón. Resultó ser un viejo compilado de algunos escritos de Edgar Allan Poe, bien, hace mucho no leía algo de su autoría. Me senté sobre la cama mientras el sol se ponía a lo lejos, en la ciudad.

Sonó el celular, era Daniel. Aparentemente los padres de Tucker habían creído en la excusa de un accidente en el mirador, no culparon a Daniel o su familia por ser algo relacionado con fantasmas, lo que supuso un gran alivio para ambos. No dijo nada más, se despidió de forma breve y yo continúe sumergida en Los crímenes de la Rue Morgue.

Sin notarlo, me quedé dormida.

Se escuchaba un repiqueo de tacones, no pude ubicar su fuente hasta que me hallé girando por un pasillo largo y oscuro, me detuve frente a la única puerta abierta, pero desistiendo de entrar me escondí en la pared adjunta, atenta a lo que se desarrollara en el interior.

Observé nerviosa mis pies jugueteando sobre el suelo, bajo el enorme vestido beige que portaba ese día, me mordía el labio inferior con desespero, el corazón palpitaba desbocado y el oído se aguzó a tal punto que pensé escuchar incluso lo que ocurría en el piso de arriba.

-En estas circunstancias me parece pertinente que dejemos un punto claro, ¿cuál de nuestras hijas será?- habló una voz masculina, profunda.

-Considerando la edad de Gabriel supongo que su hija menor es la más adecuada.- Respondió otra voz masculina.

-¿Está seguro? No creo que Leila esté en condiciones de…

-Estamos seguros.- Comentó una mujer, -Queremos que sea ella quien contraiga matrimonio con nuestro hijo.

Un cosquilleo indescriptible se hizo presente en lo alto de mi pecho y la sonrisa más grande se dibujó en mi rostro al escuchar esas palabras. Corrí por el pasillo recorriendo el mismo camino que me había llevado hasta esa habitación. No sabía con exactitud a qué lugar me estaba dirigiendo pero sabía con seguridad que era a algún sitio en el parque junto a la mansión. Llegué y en las ramas más altas del único árbol del parque había alguien sentado, me acerqué y sentí mucha decepción cuando descubrí que no era la persona con la quien yo quería hablar.

-Jacob,- anuncié con fingida sorpresa,- ¿no estaba Gabriel contigo?

-Hasta hace unos minutos sí, fue a buscarte a la plaza de la fuente.

-Oh, muchas gracias.

-¿Se puede saber qué te tiene tan contenta, Lay?

-Bueno…- dudé un poco, y luego las palabras brotaron sin control, -finalmente lo decidieron, voy a casarme con Gabriel.

-¿Qué? ¿Cómo lo sabes?- Noté algo de enojo en su voz.

-Acabo de escuchar a mis padres discutiéndolo, ¡no te imaginas lo feliz que soy!

-Si puedo imaginarlo. De cualquier forma, creo que no deberías decírselo.

-¿Ah no?, ¿por qué?

-Creerá que es trampa tuya.

-Madura, Jacob. Gabriel no creería eso de mí.

-Lay, ¿por qué eres tan ciega?

-¿Disculpa?- Espeté enojada, -Esa no es forma de dirigirse a una señorita.

-Mil disculpas, my lady. No era mi intención. Pero debes saber que detrás de tu fingida felicidad, están los intereses de sus padres.

-Iré a buscar a Gabriel.- Decidí ponerle punto final. –Nos vemos después.

-Claro, Lay…y felicidades.

-Gracias, supongo.

Me encaminé a la fuente que desde pequeña había amado, al verla sentí nostalgia y me senté en el borde, jugueteé con el agua mientras contemplaba mi reflejo perturbado por las ondas…¿cómo sería posible que Gabriel no estuviera interesado por alguien como yo?, Jacob era mi amigo pero ciertamente no entendía lo que el corazón de alguien como yo dictaba. Pensando en Gabriel me alteré y me pregunté por qué no lo había visto en ese lugar, la angustia aumentó cuando una pareja pasó en frente bajo una sombrilla para cubrirse del sol.

Me levanté y grité su nombre en medio de la plaza, no había duda de que parecía una desquiciada sin oficio buscando a una persona que no respondía a su llamado. Desistí en la idea de la plaza y busqué en las calles aledañas, pero cuando llegué a un callejón oscuro, el terror me invadió. Sintiendo las piernas débiles caminé intentando contener el aliento, solo se escuchaba el repiqueteo de mis tacones y la inmensa oscuridad parecía no tener fin.

Llegué al final e instintivamente cerré los ojos, cuando los abrí, un grito sofocado brotó de mi mente, caí de rodillas al suelo contemplando ese par de ojos azules sin vida que parecían haberse fijado en mí.

-Gabriel…- susurré y las tibias lágrimas corrieron por mi rostro.

Otra figura, que antes me había pasado desapercibida, se levantó de las sombras y posó ojos demoniacos en mi aterrada expresión. No tuve tiempo de acercarme a mi querido Gabriel y sostenerlo entre mis brazos, dejando que todo el dolor que ahora empezaba a nacer tuviera desahogo físico. Me levanté, di media vuelta y corrí desaforada por el callejón.

Giré, y unos ojos que sentí como inhumanos estaban sobre mí. Fue lo último que vi antes de que una daga plateada se interpusiera entre los rostros…

Y desperté gritando, sintiendo un indescriptible ardor en el cuello, como el de una cortada desmedida. Sentí ganas de llorar pero me contuve, decidida a no dejarme nublar por una escena tan familiar y ajena al mismo tiempo. Dirigí la vista a la ventana y el sol apenas se ponía, recuperé el aliento con respiros profundos y controlados mientras giré la vista hasta el libro que yacía abierto a mi lado. Condenado alcohólico Poe y sus pesadillas inducidas por el romanticismo inglés…y mi consciencia…humana.

Continuará.


Notas de la autora:

Los crímenes de la Rue Morgue © Edgar Allan Poe (aún no lo leo...completo .w.)


*Ríe malvadamente* :'D disfruté tanto escribiendo esto... ¿creían que me había olvidado del pasado turbio de Leila? ¡No tienen una idea! 8D

Dije que Poe era un maldito alcohólico...lo era ._. ¡Pero yo lo amo! sus historias son tan increíbles, leerlas me inspira muchísimo.
'Jacob' .__. puede que sí haya sacado el nombre de donde ustedes se imaginan que lo saqué pero lo cierto es que apenas me dí cuenta. Quizá les desarrolle con calma la historia a mis personajes, quizá no, aún no lo decido.

Consejo: no se descarguen la discografía de sus artistas/bandas favoritos .__. en unos meses sabrán porqué lo digo.

Un abrazo grande y gracias por esos lindos reviews.