sam-ely-ember: Lamento la tardanza. Semana de finales, traumas por InuYasha...la vida no es sencilla -_-
Bien, encontrarán ciertas cosas interesantes, ignoro qué tan coherente y leíble quedó esto pero creo que supera la primera prueba de autor. Espero les guste.
Capítulo 8: Escape
La imagen de la chica moribunda en el suelo se quedó pegada en mi cabeza durante toda la mañana; fue difícil concentrarme en las cosas sabiendo que de dar un paso en falso todo el plan se iría a la basura. Comí el desayuno despacio e intenté actuar de la forma más normal posible mientras me aseguraba avistar en los padres de Samantha el más mínimo avisto de sospecha, eso dado a la intrigante actitud de Ida que me causaba un nudo en el estómago, mezcla de desconcierto y angustia.
En la habitación, tuve tiempo de escoger algo de ropa y empacarla en una ligera maleta de color negro, hablaba entonces con la vendedora de tiquetes del aeropuerto, haciendo todo lo posible por conseguir cupo en un vuelo que estaba a máxima capacidad. El precio era lo de menos, lo importante era viajar lo más lejos posible en horas de la mañana: si me daba el lujo de permanecer todo el día en Amity Park, alguien podría adivinar mis intenciones. Ya que no me fue posible encontrar un tiquete con destino a Roma, cambié el destino a Gran Bretaña, bien podría llegar allá y tomar un vuelo que me introdujera en la bota itálica.
Revisé un par de mapas que Samantha guardaba en un rincón de su clóset, quería asegurarme que Europa no había cambiado mucho desde la última vez que había estado allá, eso había sido hace bastante tiempo y me era difícil recordar muchas cosas. Había cambiado, en algunos aspectos, pero perderme era el objetivo así que no me preocupaba el hecho de verme extraviada en medio del viejo continente.
Leer los mapas y preparar el viaje me mantuvo ocupada, en realidad lo que estaba buscando, además del escape, era olvidar todo aquello relacionado con Gabriel…el nombre me provocaba un estremecimiento de arriba abajo. Me senté sobre la cama y suspiré, dirigí la vista hacia el tocador en el extremo de la habitación, ahí había comenzado todo. Pensar que en unas contadas semanas todo había dado un altibajo poco creíble. Sonreí con amargura, el orgullo era lo único que me impedía abandonar este cuerpo y olvidar que todo había pasado. Aunque lo cierto era que también buscaba una especie de venganza para con Daniel…ese sujeto extraño que tenía lo que yo no y que me había causado tantas molestias hasta hoy. El plan seguiría en marcha.
Dejé el celular sobre la cama, busqué una chaqueta negra y la vestí antes de tomar la maleta y salir por la puerta de la habitación. En la punta de las escaleras busqué indicios de alguna persona pero no logré ver a nadie. Silenciosamente bajé las escaleras maldiciendo internamente el hecho de no poder atravesar las paredes o volar sin sentir un dolor que me haría perder el control de inmediato. Me sentía estúpida actuando como una humana adolescente promedio, esa definitivamente no era yo. Abrí la puerta principal, salí y la ajusté cuidadosamente a mi espalda. Una vez segura de que nadie en la calle o dentro de la casa me estaba observando, corrí con todas mis fuerzas hasta la esquina y doblé a la izquierda.
Como si lo hubiese planeado, un taxi venía en mi dirección, lo detuve y le indiqué que me llevara al aeropuerto. El conductor me miró de forma inquisitiva, no era de extrañar: yo tenía la apariencia de una jovencita indefensa, noctámbula y poco cuerda, escapando de su casa y a punto de tomar un vuelo hacia un rumbo desconocido pero que evidentemente estaba a kilómetros de mi hogar. Saqué un par de billetes de alta denominación y sin decir palabra alguna, el sujeto emprendió marcha. Era una fortuna que Samantha guardara en un cajón todo el dinero que sus padres le daban para diversos usos, más aún que ella no lo hubiese gastado en nada.
Un par de minutos después ya me hallaba en el aeropuerto buscando el lugar para reclamar mi tiquete. La fila avanzó rápido, la vendedora me miró igual que el taxista y con un suspiro desaprobatorio, me limité a pasarle el dinero que correspondía al monto del vuelo, tomé el tiquete y caminé inconforme entre la multitud, arrastrando sin ánimo la maleta por el suelo. Me causó poca molestia las miradas de la gente sobre mí, tenía un montón de cosas en las cuales pensar como para prestarle atención a lo poco que sus ojos curiosos podrían transmitir.
Vi una silla vacía a unos pasos de donde me encontraba, sería bueno sentarme un rato antes de dirigirme a la entrada que me correspondía para partir; caminé con una sonrisa de satisfacción en el rostro, encontrar una silla vacía en la sala de espera de un aeropuerto era algo poco común y quizá este golpe de suerte sería el inicio de un tiempo de buenas rachas.
Justo a pocos pasos de lograr el cometido, sentí un cosquilleo en la boca del estómago, involuntariamente giré el rostro un tanto a la izquierda y el pánico me invadió. La mirada inamovible de Daniel me escrutaba descaradamente, había dolor y confusión en su rostro. Me sentí enojada e intranquila. ¿Qué rayos hacía aquí, por qué…cómo lo supo? Pero aún más importante ¿qué sabía exactamente y quién se lo había dicho? Abrí los ojos en medio de la expresión horrorizada que se formó involuntariamente en mi cara, maldije a baja voz y me lancé corriendo entre la multitud, debía llegar a la puerta de abordaje de inmediato, sin importar que faltaba más de una hora para que dieran entrada.
-¡Sam, espera!- Logré escucharle gritar en medio del gorgoteo de las miles de voces que se escuchaban en la inmensa multitud. Eso solo logró alarmarme más e incitarme a correr más a prisa, sin importar que el cuerpo de Samantha se cansara.
Esto no tenía sentido alguno. ¿Qué tan probable era que Daniel, por sus propios medios, pudiera adivinar dónde me encontraba y qué era lo que planeaba hacer? Miré hacia atrás y vi a Daniel corriendo entre la multitud dispuesto a alcanzarme; continúe moviéndome entre la gente agradeciendo el hecho de que dado el público, él no podría usar sus poderes para atraparme.
Él continuaba gritando y eso provocó que las miradas de todos se fijaran en mí. ¿Qué tan trillada era la escena de un chico corriendo detrás de la chica para impedir su vuelo? Maldije audiblemente y repetí la maldición cuando vi una pared humana impenetrable unos pasos más allá, bajé la vista y vi un pequeño espacio vacío entre dos personas, con impulso me lancé de costado sobre el piso y me deslicé por ese espacio. Me puse en pies, sintiéndome victoriosa, pero el alivio se esfumó cuando escuché nuevamente la voz del chico, ahora más cerca, corriendo y esquivando hábilmente cualquier obstáculo.
-¡Sam! ¿¡Qué rayos haces!?- Le escuché mientras me lancé a correr de nuevo. -¡Sammy!
Oh bien, ahora el apodo privado. ¿Qué este sujeto deseaba avergonzarme a toda costa? Logré avistar mi entrada objetivo, sonreí con desmesura.
Algo me tomó por el brazo y me hizo detenerme con brusquedad.
Un par de ojos azules fue lo primero que pude ver con claridad al girarme por completo.
-Sam, por favor, debes darme explicaciones.
-¿Cómo pudiste…?- Estuvo claro: a él no le importaría dejar todo al descubierto con tal de alcanzar a Samantha. Jamás lograría entender el pensamiento humano. No aunque hubiese sido uno en el pasado. –Danny, ¿qué haces aquí?
-Buscándote…deteniéndote. ¿Pensabas escapar sin decírmelo?
-No eres nadie a quien deba consultar mis decisiones- comuniqué hostil. –Ahora, suéltame para que pueda irme.
-No haré tal cosa.
-Bien, lo diré así: suéltame si quieres continuar de una pieza.- Fruncí el ceño, decidida a matarlo en cuanto tuviera la oportunidad.
-Entiéndelo, esto no se trata solo de mí. ¿Podemos hablarlo?
-No.
-Sí aún quieres irte, todavía queda tiempo para el siguiente vuelo, por favor…
-No quiero, suéltame ahora antes de que empiece un escándalo.
-Tú no eres amante de los espectáculos- me retó sonriente.
Suspiré, tomé impulso y le abofeteé con fuerza. Le tomó unos minutos volver a mirarme mientras los susurros de alrededor se enfocaron en nuestra escena. "Pobre", "perdedor" e "iluso" eran las palabras que sobresalían entre lo demás.
-¿Decías?- Sonreí en gesto bufón.
El brillo de incredulidad en sus ojos me produjo placer, y el dolor que se convirtió su mirada con mi sonrisa de gozo me hizo sentir más fuerte.
-Entonces…era cierto.- Dijo, pronunció las palabras despacio, adolorido.
-¿Qué era cierto?
-Lo que dijo Tucker, era cierto.
-¿Tucker…despertó? ¿Cuán… ¡qué fue lo que te dijo!?
-No despertó del todo, me dijo que tú no eras precisamente Sam y cayó inconsciente de nuevo. No lo comprendí del todo, no quería creerlo, pero… esta no eres tú.
-¡Eres un idiota!- La ira y la preocupación en mi interior crecían -¿Te das cuenta de las estupideces que estás diciendo? Suéltame, como un demonio, Daniel Fenton, ¡suéltame ya!
Sorpresivamente retiró su mano de mi brazo y me encontré libre en un débil movimiento. ¿Qué debía hacer?, ¿correr, enfrentarlo? Sus ojos azules calaron en mí de una forma jamás prevista, sentí un vacío en el estómago seguido por náuseas y ganas de llorar. La pregunta era: ¿por qué?
-¿Cómo descifrarlo?- Preguntó él, ladeando el rostro, hablando para sí mismo.
No supe a qué se refería, el mareo producto de las náuseas me desorientó y pronto me vi arrastrada hacia una puerta cercana, Daniel me tomó de la mano y me condujo tras la puerta de color azul. Era una especie de bodega, supuse –en medio de la poca cordura que tenía- que era un almacén de objetos perdidos, enorme y oscuro, demasiado encerrado para mi gusto.
-Ahora dime, ¿qué hiciste con Sam?
-Sigues con eso- soné moribunda –Danny, si de verdad querías estar conmigo solo en una habitación pudiste haber elegido un lugar mejor y decírmelo de forma sincera.
-¡N-no es por eso!- Gritó avergonzado -¿De qué otra forma podría probar lo que quiso decir Tucker si no es alejados del público?
-Insinúas entonces que algo anda mal conmigo- me incorporé, comenzaba a sentirme mejor –de acuerdo, pruébalo.
-Yo…
-No sabes qué es, no sabes qué harás pero aún así te reto a que lo pruebes.- Permaneció inmóvil, en silencio. –Eso creí. Ahora, si me disculpas, tengo un vuelo que tomar.- Me dirigí hacia la puerta, pero el impidió que la abriera.
-¡No!- gritó, apretando los ojos con el rostro en dirección al suelo. –Repite la promesa.
-¿Qué promesa?- Le miré irónica –Estás loco.
-La promesa que hiciste al cumplir 8 años. Prometimos olvidarla pero sé que ella la recuerda mejor que yo. Repítela.
Sencillo, un rápido escaneo a la mente de Samantha y saldría con bien de esto. Buscar en el pasado de una mente es más complejo que buscar algo reciente, generalmente todo se halla en el inconsciente y solo un estado de shock puede sacarlos a flote.
¿Qué estás buscando, intrusa?
Habló Samantha con la voz llena de orgullo y fortaleza.
¿Danny finalmente te acorraló? Lo siento por ti pero no encontrarás lo que buscas. Me aseguraré de eso.
-¡Déjame en paz!- Le grité -¿¡Por qué simplemente no te rindes y me das lo que busco!? Tu vida ya era miserable antes de que yo llegara, ¿qué mal puede hacerte esto?
Daniel me miró confundido.
Este cuerpo es mío, mi vida será miserable pero es mi vida, y a pesar de sentirme estúpida, Danny es lo que me motiva a continuar. Tú mejor que nadie lo sabe, Leila, y quizá Gabriel pueda ayudarme un poco.
-Gabriel- Susurré, confusa, las rodillas colapsaron en el suelo y la cabeza calló inerte hacia adelante. Continuaba consciente pero enceguecida…
…la luz de un sol brillante hizo relucir el camino de piedras bajo mis rodillas.
Continuará.
