sam-ely-ember: Mátenme, he tardado siglos con esto .__.
No daré blah blah, solo lean, y disfruten.


Capítulo 9: Destino.

La luz de un sol brillante hizo relucir el camino de piedras bajo mis rodillas. Levanté la vista, confusa, y el sol de medio día impactó en mi rostro con fuerza, parpadeé repetidas veces hasta que mi vista se acostumbró a la luz destellante. Me puse en pie y desempolvé un poco el vestido, al bajar el rostro los rizos cobrizos cayeron a los lados y cerraron mi campo de visión. Cuando estuve segura de haber limpiado la mancha de tierra en mi traje, vi una mano extendida hacia mí, elevé la mirada y un joven de ojos azules me ofrecía ayuda con amabilidad. Una joven de ojos ametista estaba tras él, sosteniendo una sombrilla en su espalda, lanzando una mirada de preocupación en mi dirección.

-¿Te encuentras bien?- Preguntó el joven.

-Eh…sí, no sé lo que sucedió, muchas gracias.

-Si quieres podemos acompañarte hasta tu hogar.

-No lo creo necesario, pero de todas formas lo agradezco.

-De acuerdo.- Asintió él y retiró su mano.

-Danny, ¿estás seguro de eso? Podría desmayarse de nuevo.- Habló la chica.

-Si ella dice que está bien, hemos de creerle, Sam.

-Lamento haberlos preocupado.- Respondí, inquietada por la familiaridad de sus voces y apariencia.

-Cuídate.- Se despidió la chica.

El joven regresó al lado de su compañera y le tomó de la mano, ambos emprendieron marcha no sin antes mirarse fijamente con timidez y sonrojarse. Al verlos alejarse recordé el motivo de mi cansancio y la razón de haber tropezado en medio de la plaza: estaba buscando a Gabriel. Reanudé mi búsqueda.

Él era todo en mi vida, jamás conseguí adjudicarle un título correcto, algo que describiera la fuerza de nuestra relación, ese hilo de vida invisible que nos mantenía juntos desde el primer día de conocernos. Ahora que mis padres finalmente habían aceptado entregarme a él en compromiso, tenía la absoluta certeza de que habíamos nacido para estar juntos, a pesar de sonar idiota e idílico en una época en la que las relaciones aristocráticas por conveniencia era lo que mantenía funcionando a la sociedad.

Caminando entre la gente y gritando su nombre, me encontré temporalmente nublada por el recuerdo de su liso cabello castaño, oscurecido con el paso del tiempo, y sus ojos azules, la perdición de mi alma. Desperté de mi ensoñación, estremeciéndome con el recuerdo físico de la primera vez que me encontré atrapada en sus fuertes brazos.

Una sombra se deslizó ávidamente por un callejón, unos metros más allá.

Me dirigí –inconscientemente- a ese lugar, guiada por la curiosidad y un mal presentimiento. El repique de los tacones sobre el pavimento y el eco que generaban mis pisadas me erizó de pies a cabeza. La oscuridad omnipresente infundió sopor en mis ojos y me vi en dificultades para mantenerlos abiertos.

Un montículo negro, apenas distinguible, yacía en el fondo del callejón. Alenté el paso, respirando pesadamente, cerré los ojos antes de descubrir qué era ese extraño bulto en el suelo.

La poca luz no impidió que el terror, la angustia, el dolor, la confusión y la ira se adueñaran de mí. Caí de rodillas contemplando el par de ojos azules sin vida que miraban en mi dirección, el desaforado cabello castaño oscuro y el rostro perfecto ahora pálido, la garganta cubierta de sangre.

-Gabriel…- susurré, el silencioso llanto me tomó víctima y me encontré sollozando, inmóvil, ajena.

La sombra, aquella misma que me había conducido a ese lugar, apareció súbitamente, bloqueando mi vista del cuerpo de Gabriel. Se inclinó sobre mí, bloqueando mis sentidos y arrebatándome el instinto de respirar.

No pensé, no analicé y corrí en dirección opuesta sin detenerme a mirar sobre mi hombro. Regresó la respiración en grandes y difíciles bocanadas que se mezclaron con el salado sabor de las lágrimas.

Corre, corre, escapa, me gritaba mentalmente, luego sabrás que hacer.

Una mano me tomó por el brazo, me detuvo y me hizo girar. De haber sucedido en cualquier otro instante, situación, tiempo o lugar del universo, creería con facilidad que esa persona era tan familiar a mis ojos como el propio Gabriel, pero ver Jacob enceguecido por el deseo de matar me llenó de extrañeza y miedo, pero sobretodo de tristeza.

-¿Ja…Jacob? ¿Fuiste tú?

-My lady- siseó entre dientes, sus ojos dorados brillaban inquietamente.

-¿Por qué?- Pregunté con la vista nublada por las lágrimas.

-¿Qué no lo ves? Tú eras mía, ¡mía! Hasta que él apareció…- Bajó el rostro y solo lograba contemplar su cabello azabache. -¿Por qué no te quedaste conmigo?

-Yo…nunca fui…tuya.

-¡Silencio!- Gritó, y cuando levantó violentamente el rostro pude ver que también estaba llorando. -¡Tú eras mía! Pero ya que no lo eres más…- Levantó una daga plateada, ligeramente cubierta de rojizo.

-¿Qué haces…?

-Adiós, Leila.

La daga desapareció y sentí un escozor en medio de mi garganta. El ardor me impidió gritar y me colapsé en el suelo, sintiendo cómo la oscuridad me devoraba en medio de sollozos y lágrimas.

Recordé la última vez que había estado a solas con Gabriel. El sol se ponía y él me abrazaba, sentados al pie del árbol en el que había visto a Jacob esta mañana. El tiempo transcurría silencioso mientras yo contemplaba fijamente el sonrojo sobre sus mejillas habitualmente albinas. Él contemplaba sonriente algún punto en la distancia. Su traje negro contrastaba con la camisa blanca y el lazo gris que cerraba un nudo sobre su garganta. Jamás había lucido tan excelso.

-¿Qué es tan gracioso?- Pregunté luego de que él riera.

-Nada en realidad. Pensaba en Jacob.

-¿Qué tiene él que ver en esto?

Rió de nuevo. –No me prestes atención.

Ahora podía adivinar con facilidad a qué se refería. Entonces me besó, después de jurar perderse en el castaño claro de mi mirar.

Desperté, en ningún lugar en particular, y descubrí que no estaba sola. Reconocí a la joven de ojos ametista que me brindó ayuda hace poco en la mitad de la plaza…y comprendí de quién se trataba. Samantha me miraba con una expresión ausente en el rostro, como si contuviera las ganas de llorar.


Continuará.



Notas de la autora:

Se preguntarán: "¿por qué tantas versiones de ese recuerdo?" Bien, es un recuerdo de hace muchos años ._. e influenciado por la fuerza de Sam, espero que eso se lograra entender fácilmente.


Si Dios lo permite, el siguiente capítulo será el final. Gracias por leer y seguir esta historia, sus comentarios han sido increíblemente importantes para mí, de verdad, gracias.