Capítulo 7: Un médico no puede abrazar, pero un amigo, si.

Debían ser cerca de las 7 de la mañana, corría viento y un gato maullaba en el tejado del edificio de apartamentos donde vivía. Las hojas de los árboles sonaban al chocar entre si, un ruido bastante tétrico cuando no hay luz del sol, pero ni aún así, callaban Teardrop de Massive Attack que sonaba en la radio del vecino.

Tezuka estaba sentado en el suelo de su habitación, rodeado de papeles, hojas, apuntes, post it y varios libros abiertos. No era distinto del panorama de todo el departamento. Era pequeño, pero suficiente para él, al fin que a penas había comenzado a ganar dinero por su cuenta, decidió ahorrarse el tedioso viaje a la facultad y arrendar un lugar donde dormir y comer.

Era simple, habitación, cocina y comedor, baño y living, más una pequeña terraza con vista a la plaza. Kumiko-san le arrendaba por un precio moderado, al fin que Tezuka le pagaba diligentemente todos los 5 de cada mes y ella no había recibido reclamo de los vecinos.

No era extraño ver al estudiante sepultado por torres de apuntes, pero esta vez, todos eran del mismo tema. Cáncer, astrocitomas y oligodendrogliomas.

Se quitó los lentes por un momento para masajear el puente de su nariz.

Tenía un plan de intervención completo, pero sentía que algo faltaba… estaba pasando algo por alto y no recordaba que era. Había vuelto a tomar cuadernos que cerró en 1° año, otros tantos de libros que no leía desde que debía estudiar histología y un buen número de apuntes y publicaciones de Neurología.

Le interesaban dos en particular. Las dos prescribían tratamientos para cáncer de sistema nervioso con otras complicaciones como SIDA, y desde esa base podría movilizarse hacia un plan para presentar en oncología.

Le dolía la espalda, le dolía la cabeza, pero cada segundo contaba y sabía que Fuji esperaba que hiciera lo correcto para sanarlo.

Era una carrera contra una locura celular, una carrera en cuya pista su otro rival se alejaba de él miles de kilómetros cada día, y en cada detención para hidratarse, se llevaba un poco más de la vida de Fuji.

La noche anterior había soñado que Fuji moría antes de lograr inyectarle el primer fármaco de la quimioterapia. Obviamente, luego de eso, no pudo conciliar el sueño y se levantó con una taza de café en la mano a continuar investigando.

La cirugía era una opción tentadora, rápida, segura, pero demasiado local, y quizá, demasiado arriesgada para trabajar en una zona como el cerebro, donde ya había una infartación. Quedaba como opción reparadora de los tumores paravertebrales, porque aquel que estaba interrumpiendo el sistema anterolateral a la altura de la vértebra torácica 11, no podía ser removido, debía ser destruido.

Otra complicación del caso era el historial médico de los Fujis, muchas alergias, muchas reacciones que acortaban la lista de medicamentos y tratamientos que podían ser aplicados. Y, aunque sabía que Aoyagi-sensei esperaba con ansias la propuesta, su propio miedo de cometer un error de estudiante lo había tenido por 6 horas, sentado, leyendo, investigando más de la cuenta.

Sonó la alarma de su celular, diciendo que era momento de prepararse para un día de turno y trabajo. Dando una última mirada a su cuaderno de oncología, se dirigió al baño para ducharse.


Oishi acababa de llegar a su puesto de trabajo, portando una sonrisa como siempre, saludando a enfermeras y auxiliares a medida que avanzaba a ver las fichas que ese día atendería. Miró el reloj y confirmó que tenía unos minutos para tomar un café y quizá alcanzar uno de los primeros pasteles que salían de la cafetería.

Estaba en eso cuando se encontró con Fuji Yuuta, quien no dudó en acercársele.

"Fuji Yuuta-san". Le saludó Oishi con una sonrisa mientras esperaba su turno en la corta fila del café.

"Oishi-san". Respondió Yuuta, algo avergonzado.

"¿No es algo temprano para que esté aquí?, el horario de visita comienza a las 9". Se volteó para ver a la señora que estaba dispuesta a tomar su pedido. "Buenos días Mimi-san, cómo está?".

"Buenos días Oishi-sensei". Le sonrió la mujer, mostrando sus arrugas levemente. " Estoy muy bien, gracias, qué le sirvo?".

"Dos cafés simples y dos pasteles de frutilla".

Yuuta reaccionó. "¿Eh?".

La señora estaba preparando el pedido, cuando Oishi miró a Yuuta con esos ojos suaves que solía darle a un amigo que necesitaba consejo.

"Sé que necesitas hablar con alguien".

Yuuta se quedó en silencio.


Aoyagi-sensei era una dama antigua, de esas señoras que no se tiñen el cabello porque no lo necesitan, simplemente dejan que se vean de su color blanco y grisáceo brillante, pero siempre resguardado en los confines de un moño apretado.

Desde que sus manos comenzaran a temblar producto de las tendinitis que le trajeron las largas horas de operaciones en su juventud laboral, estaba haciendo horas de docencia en su departamento madre. Oncología.

Había hablado con Oshitari-sensei sobre el caso de Fuji Syuusuke, uno muy interesante por cierto. Y no dejaba de llamarle la atención que fuera un estudiante que estuviera a cargo de tamaño problema, por mucho que fuera uno de sus destacados en clase, hubiera preferido a alguien como Oishi, quien poseía las mejores calificaciones de todas las secciones.

Con calma revisó el la ficha que Tezuka-kun le dejara en un sobre color celeste con una línea amarilla. Salió de su oficina con paso rengueante y se acercó a una de las enfermeras.

"Sukazu-san".

La aludida levantó la vista del panel de turnos que estaba actualizando.

"Si, Aoyagi-sensei".

"¿Sabes donde puedo encontrar al alumno que dejó esto en mi oficina?". Le dijo mostrándole el sobre.

La enfermera se acercó para leer el nombre y sonrió levemente.

"Tezuka-kun tiene turno en la mañana en pediatría, posiblemente se encuentre allí, si no, estará en la habitación 506 de la sección de cuidados y observaciones".

"Envíale un mensaje a su ubicador". La profesora le dio la espalda, comenzando a caminar hacia pediatría.

"Es un estudiante, no tiene ubicador".

Aoyagi-sensei suspiró con cierta pesadez, no le gustaba tratar con estudiantes en la clínica, prefería verlos en la teoría presentada en un auditorio a tener que enseñarles metiendo las manos en un paciente.


"No sé que hacer". Yuuta apoyó su cabeza en la mano que tenía sobre la mesa donde conversaba con Oishi, tenía los ojos algo enrojecidos por contener deseos de llorar repetidamente.

"¿No crees que estás siendo muy duro contigo mismo?". Le preguntó Oishi con tono conciliador.

"Pero debo ser fuerte… ". Yuuta suspiró con cansancio. " No sé hasta que punto pueda serlo, ayer le dí un golpe a Tezuka… sin motivos…".

"Estas bajo mucha presión…". Oishi le tocó la mano con suavidad. " Creo que deberías permitirte llorar un poco, no es malo, no significa que seas menos hombre llorando… sólo necesitas liberar un poco tus emociones internas…"

Yuuta le miró algo extrañado.

"Ne, por qué no descansas un poco?... no creo que Tezuka se resienta por el golpe, no será la última vez que el familiar de un paciente reacciones así". Oishi le dio un apretón en un hombro.

"Oishi…san…".

Yuuta aún no estaba preparado para llorar por su hermano, no todavía.


El pasillo de pediatría estaba más ruidoso que de costumbre, pero al ver a Aoyagi-sensei, Tezuka se acercó solo una vez que terminó de examinar a su paciente, darle la buena noticia a su madre de que el niño estaba en la última fase de su resfrío y que pronto podría correr y jugar como todos los otros chicos y disfrutar del verano.

"Tezuka-kun". La mujer le hizo un ademán de que le siguiera a un lugar más tranquilo. "Quiero hablar contigo".

"Siento no haberme quedado para hablar con usted, pero mi turno estaba por empezar". Tezuka le siguió a una de las consultas vacías que había en el lugar.

"No importa, sólo quiero ver algunos detalles contigo". Aoyagi-sensei tomó asiento. " El caso Fuji es muy raro, incluso en estos días, está solo en al literatura y existen muy pocos estudios para nuestra práctica…". Hizo una pausa abriendo la carpeta de la ficha de intervención clínica que estaba propuesta. " … y este caso parece particularmente complicarse cada vez más".

Tezuka le miró algo nervioso.

"La radioterapia esta fuera de discusión, tiene que hacerse, una cirugía solo quitará localmente los tumores para vertebrales, pero no garantiza que los elimine, el sistema anterolateral esta fallando y es demasiado delicado como para intervenirlo". Tezuka se acomodó los lentes, pero Aoyagi-sensei no habló.

"Pensaba en antimetabolitos para detener la duplicación de la célula tumoral, están indicados para tumores neuroendocrinos, el fluoracilo sería el más indicado".

"El fluoracilo me parece bien salvo por sus efectos secundarios". Comentó Aoyagi-sensei.

"Comparado con el de otros medicamentos como el raltitrexed, florafur, doxorrubicina, etopósido y la citavabina, la diarrea no es tan complicada de controlar y en el caso de que se torne grave, se reemplazará el fluoracilo por el metrotexate, que si bien necesita una dosis más alta, no presenta efectos secundarios que varíen de nauseas en las primeras dos semanas".

"¿Y el tumor cerebral?". Aoyagi-sensei se colocó sus lentes y los colocó sobre el puente de su nariz, ojeando con seriedad la ficha.

"Nitrosureas, carmustina".

"Yo recomendaría Iomustina".

"Había pensado en ella, pero con el uso de Fluoxetina hace menos de dos meses, considero que es un riesgo de distrofia tardía y eso sólo empeoraría la rehabilitación física".

"¿Quién está viendo esa parte del tratamiento?".

"El departamento de kinesiología y terapia ocupacional".

La mujer lo miró severamente.

"Kinesiología, lo comprendo, pero terapia ocupacional… no lo veo necesario".

"Yo si, creo que necesita recuperar su nivel de independencia en las actividades que realiza a diario, al menos por resguardar su dignidad y salud mental". Tezuka le sostuvo la mirada a la doctora, sabía que pocos médicos usaban la terapia ocupacional, pero a él le parecía la mejor opción para la rehabilitación de casos complicados, especialmente si había pérdida de independencia. " Pienso que si presenta una depresión, lo más indicado sería tratarla con motivación antes que con psicología y fármacos".

Aoyagi-sensei se rió un poco.

"En mi época, ningún estudiante habría admitido que le gusta la terapia ocupacional". La mujer sonrió un poco más. " Me gusta tu plan de intervención".

Eso le quitaba un peso de encima a Tezuka.


La madre de Fuji y su hermana estaban presentes cuando Tezuka y Oshitari-sensei llegaron a hablar con Fuji sobre su tratamiento, para comenzarlo lo antes posible.

"La radio terapia y la quimioterapia serán las bases de los próximos meses, además que rehabilitación motriz en el departamento de Kinesiología y Terapia Ocupacional". Comenzó Tezuka. "Es su decisión si quiere tomar los tratamientos que proponemos".

"He sabido que tienen efectos secundarios". Comentó la madre de Fuji, mirando con preocupación a su hijo, quien escuchaba con atención.

"Si, si bien radioterapia es capaz de eliminar de forma más segura y permanente, los tumores que se presentan… no aconsejamos operarlos, pues están en lugares demasiado delicados, sería muy riesgoso". Habló Oshitari-sensei.

"La radioterapia provoca nauseas, fatiga e incluso problemas sanguíneos como leucopenia, que es una disminución del conteo del hematocrito". Tezuka miró a Fuji. " Y quimioterapia tiene el riesgo de provocar hipersensibilidad en sus manos, además de nauseas, fatiga y necrosis de la piel circundante de donde se inyectará".

Fuji miró a Tezuka. " ¿Y..mi..pelo?". Suspiró. "No.. quier… perdeer mi pelo".

"Si usáramos Etioposido, antraciclinas o ciclofosfamida, habría riesgo de pérdida de cabello, pero no los usaremos… prefiero que sea un tratamiento más largo, a que traiga tantos malestares".

Fuji sonrió y le intentó tomar una mano a Tezuka, su movimiento era errático y sin la fuerza que necesitaba para levantar el brazo. Sólo consiguió mover los dedos para alcanzar el borde del delantal de su médico.

"Me.. gusta… que sigas siendo… así…".

Tezuka le tocó la punta de los dedos con los suyos. " Será el tratamiento de cáncer y la rehabilitación motora".

Yumiko se acercó a su hermano, acariciándole la cabeza, arreglándole el cabello que estaba desordenado sobre el cojín que lo mantenía en un estado de semisedestación.

"Kinesiología, lo entiendo, pero… no quiero sonar ignorante…".

"Terapia Ocupacional es …". Tezuka comenzó, buscando las palabras para describir lo que significaba Terapia Ocupacional. Yumiko y Fuji sonrieron al ver que había entendido la duda de los presentes. "… no sé como explicarlo…".

"Me sorp…ende". Rió Fuji. " ¿Complicado?".

"Es que ellos no se encargan de devolver el movimiento, como lo hace un kinesiólogo, sino que al movimiento le da un uso…. Por ejemplo si están trabajando un movimiento de flexión de codo, es para que el paciente pueda volver a usar ese brazo para peinarse, vestirse, jugar volleyball…".

"O sea… devolver la independencia…". La madre de Fuji comentó con un poco de emoción en su voz.

Tezuka asintió.

Fuji bajó un poco la cabeza, ocultando una sonrisa demasiado verdadera.

Recuperar su independencia… deseaba eso desde hace mucho, y era increíble que existiera una carrera de la salud relacionada con eso, tan poco valorado por la gente sana, y tan ansiado por quienes la estaban perdiendo.

Esa tarde, cuando Yumiko volvió a su casa y la madre de Fuji iba a llamar a Yuuta para saber de él, Tezuka y Syuusuke quedaron solos en la habitación.

"Quiero… hablarte… cuesta hablar…". Suspiró Fuji, mientras trataba de mover los dedos de sus pies, efectuando unos ejercicios que Kinesiología había dejado para comenzar con la rehabilitación. Tezuka prefería que nos los realizara solo, y la verdad, el Kinesiólogo que habían enviado estaba ocupado con varios pacientes en clínica, por lo que no se quedaría con uno solo durante una hora.

"Va a ser así por un tiempo prolongado… las afásias de Broca no siempre evolucionan…". Tezuka le tocó la planta del pie evaluando el reflejo flexor. Aún estaba ausente.

"Quiero… hablar…".

"Cuando puedas mover mejor tus brazos, te enseñaré algunas señas… aunque sea para que las uses por un tiempo…".

Fuji le sonrió. "¿Sabes… señas?".

"Si… ". Tezuka lo miró y entendió que quería una explicación. " Tomé el curso cuando estaba en primer año, me pareció necesario si quería ser un médico integral y entenderme con mis pacientes".

Hubo un momento de silencio.

"Quiero… jugar tenis".

Tezuka lo miró, Fuji intentaba mover sus manos, tanteando el lugar para llegar hasta donde estaba una de las suyas.

"Me… quiero mover… como… antes…".

Cuando Tezuka le tomó la mano con suavidad y, en vez de dejarla en una posición correcta sobre las sábanas, la envolvió con cuidado con sus dedos más largos. Fuji derramó una lagrima.

"…. Quiero… ser… yo…".

"Fuji…". Tezuka le limpió el rostro con el dorso de la mano, haciendo que Fuji apoyara su mejilla contra la palma, esta vez, llorando con más fuerza.

Era una situación incómoda, era su paciente quien lloraba, pero la ética médica decía que no podía involucrarse con ellos… que tenía que mantener una distancia determinada.

En la puerta, Oshitari-sensei le señaló el reloj y la cerró con suavidad.

Tezuka miró la hora. 18:31. Su turno había terminado, ya no era un estudiante de medicina en su internado… ahora era una visita.

Ahora podía abrazar a Fuji como no lo había hecho en esos 5 terribles días…

La madre de Fuji volvió y los observó desde la puerta. Su hijo lloraba en los brazos de su médico, se estremecía con sollozos, mientras Tezuka le acariciaba la espalda y el cabello con cuidado.

Sabía que las manos de ese niño que Syuusuke invitara desde primer año de secundaria a hacer tareas o simplemente tomar algo de helado, estaban hechas para algo más que sostener una raqueta de tenis y ganar torneos.

Era un buen momento para bajar por un café.