Capítulo 8: Primeras sonrisas
Un café, un pastel de cereza y uno de sus libros de neurociencias, fotocopiado, obviamente; fue todo lo que Yukimura Seichi le pidió a Tezuka Kunimitsu para evaluar a Fuji Syuusuke.
"Es un lindo día". Comentó Yukimura, mirando hacia fuera del café universitario que estaba cruzando la calle por la entrada de urgencias del Hospital Clínico de la universidad de Hyotei de la Zona Norte de Kanto. Su capuchino reposaba en la mesa, mientras Tezuka buscaba en su bolso, las prometidas fotocopias.
"Si, no hace tanto frío como pronosticaron, o no se siente tan helado". Comentó Tezuka al dar con el Haines anillado que le había prometido a su colega.
"Genichirou ya no me invita a tomar café después de su turno…". Suspiró Yukimura recibiendo el libro y abriéndolo, revisando las páginas que, sabía que Tezuka, había cuidado por varios años. "Siempre quise este libro, pero es carísimo".
Tezuka partió un trozo de su pastel de frambuesa. "Tuve suerte de conseguir el archivo en pdf y una impresora".
Yukimura le sonrió suavemente.
"El caso de Fuji-san…es complicado". Le comentó sin desviar sus ojos de un párrafo interesante. "Vi el informe de Kinesiología y el de Oncología, pero no me han dado el de Neurología… ". Yukimura levantó la mirada hacia quien estaba sentado frente a él. " Le escucho con atención, Tezuka-sensei".
"No-".
Antes de que Tezuka pudiera aclararle a Yukimura, que él aún no se titulaba, Seichi le interrumpió.
"El título es sólo una formalidad".
Tomando aire, Tezuka comenzó a dar su informe como si fuera una reunión clínica.
Yukimura. Había sido toda una sorpresa encontrarlo en la misma facultad que él cuando entró a 1° año de medicina, sabía que Oishi, Oshitari y Sanada estaban ahí, pero no que el capitán de Rikkidai había postulado a una carrera del área de la salud.
Terapia Ocupacional, quién lo diría. Quizá tenía mucho que ver su propio padecimiento del Síndrome de Guillian Barré en su adolescencia, o el hecho de que se informó más que otro en la oferta de carreras, o que realmente no sabía a qué postular por ser bueno en el área humanista y en el área científica.
Seis años después, egresado, titulado y haciendo un postgrado en neurodesarrollo, trabajando en la misma unidad que Sanada, haciendo lo que el kinesiólogo no podía lograr con sus pacientes o complementando su actuar.
"Es una gran pérdida de desempeño ocupacional, especialmente por las actividades de autocuidado y las repercusiones que tenga este desequilibrio ocupacional en el correcto transcurso de la salud mental de Fuji-san".
A decir verdad, Tezuka entendía una buena parte de lo que Yukimura dijo, por no decir que era capaz de comprender todo. Pero cuando Yukimura usaba sus palabras técnicas propias y particulares de su peculiar profesión, dejaba a todos perdidos.
"¿Cree que sea correcta la derivación?". Le preguntó Tezuka, entrando en su papel de médico tratante.
"Hablamos de perdida de independencia, son áreas que no se restauran con el tiempo sin una guía, la derivación es correcta". Diciendo eso cortó un trozo de su pastel y se lo llevó a la boca con agrado, saboreándolo." Ya verás que si".
Fuji despertó de mejor ánimo. Por primera vez, desde que había sido hospitalizado, no era la enfermera pelirroja quien le despertaba, sino un rayo de sol desde la ventana.
Era temprano, pero se sentía descansado. El abrazo de ayer lo había necesitado desde hacía un buen tiempo. Sentirse protegido, comprendido y apoyado, saber que había alguien que, de corazón, estaba buscando la solución a sus problemas…
Vio a Oishi aparecer en la ventanilla y entrar calladamente.
"Buenos días". Le saludó Oishi al verlo despierto.
"Buen… ía". Respondió Fuji con dificultad, pero sin perder su alegría, pronto aprendería lenguaje de señas y volvería a hablar con la gente.
"Me da gusto verle de buen ánimo". Comentó Oishi acercándose a ver la ficha clínica de Fuji, revisando las dosis de medicamento administrados durante el turno de noche.
"¿Te….ka?". Preguntó Fuji, acomodándose en la cama.
Oishi se acercó a acomodar el control de la cama a una posición de semisedestación.
"Tiene turno en urgencias ahora en la mañana, pero vendrá antes de las 11 para ver cómo estás". Le respondió con una sonrisa. "Ayer te estuvo acompañando toda la tarde".
Fuji asintió levemente, con una sonrisa natural en sus labios, claramente recordando momentos agradables.
"Me acompa… Kinesi… logo". Le explicó.
"Son sesiones largas y aburridas cuando te dejan solo trabajando, ayer no podían enviar a quien estará a cargo de tu rehabilitación kinesiológica, pero creo que hoy le conocerás… o reconocerás". Fuji alzó una ceja en signo de pregunta. "Por cierto, cambiaremos a su enfermera durante el día, Mukahi-san ha vuelto del congreso de Salud pública en Helsinki y retomará sus labores aquí".
Mukahi, ese apellido le sonaba familiar de algún lugar.
Oishi se despidió luego de que la auxiliar de enfermería apareciera con el desayuno de Fuji. Lamentablemente, Fuji yacía mientras su cuidadora temporal le daba en la boca los trozos de panqueque delgado y leche descremada.
Abrir la boca, masticar o tragar, volver a abrir la boca. No podía esperar a poder usar sus manos para sostener la taza de té entre sus dedos y cortar el pastelito, saborearse los dedos cuando se mancharan de mermelada o crema…
Escuchó la sirena de una ambulancia, le recordaba que Tezuka estaba atendiendo en Urgencia. Le recordaba esa promesa de volver a ser como era antes de sus dolores, de que había alguien apoyándolo y haciendo lo imposible por encontrar soluciones… alguien para quien no era una enfermedad, sino una persona con nombre y apellido, sentimientos y esperanzas.
Tenía recuerdos borrosos del momento en que Tezuka entró al cubículo donde su corazón se detuvo por unos segundos, eran imágenes nebulosas, que revivían años de escuela donde jugaban tenis.
La voz de mando de Tezuka, acostumbrado a obedecerla y prestarle atención, inevitablemente volvía su rostro en dirección del tono grave de su excapitán, y quizá eso le dejó atado a su cuerpo en el momento en que estaba por morir… quizá ese era el método por el cual Tezuka salvaba vidas en urgencia.
La tarde anterior se había sentido tan protegido en ese abrazo tibio, con esas manos suaves acariciándole la espalda por sobre el pijama de hospital. Sería más dulce si hubiera podido tocarlo también… aunque fuera por un momento…
Su madre llegó a las 9 de la mañana. Yuuta iría después de sus clases y Yumiko una vez que saliera del trabajo.
Contaba los minutos para que fueran las 11 de la mañana…
Oishi guardaba una ficha clínica cuando vio pasar a Tezuka corriendo al lado de una camilla, dos bomberos llevaban el riel principal por el pasillo indicando la presión sistólica y el estado de conciencia de la masa de carne roja y vendas…no, del paciente que llegaba a ser atendido… ese era su pensamiento biomedico pensando en vez del biopsicosocial.
No le gustaban las urgencias, por eso se había dedicado a neurocirugía en adultos y niños. Recordaba demasiado vivamente la primera vez que vio a Oshitari y a Tezuka llegar a una clase luego de un turno en emergencia… ambos lloraban sin ser concientes de ello, y había visto a Tezuka ir al baño a devolver el desayuno.
Días más tarde, fue el profesor de Medicina de urgencias I, quien contó la historia. Recibieron una niña atropellada, 5 años, un bus tomó la bicicleta y la arrastró varios metros, destruyendo el cuerpecito. Los estudiantes presenciaron todo el proceso de urgencia, desde el esfuerzo de los médicos por evitarle el dolor físico, la madre gritando desesperada y la muerte de la pequeña a pesar de todos los esfuerzos de los residentes. Y posterior a eso, debían redactar su informe de clínica.
Durante una semana vio como ninguno de los dos podía mantener la comida en el estómago, y presenció dos ataques de histeria de Tezuka en un cubículo de la biblioteca. Eso fue más que suficiente como para decidir que materias sacar de su currículum.
Oishi suspiró, al ver su cartel de consultas vacío, se sentó en el cubículo de espera.
Le preocupaba Fuji, pero también le preocupaba Tezuka. Se estaba involucrando… o quizá estaba demasiado involucrado con su paciente… y no era por un obstáculo idóneo de no ser capaz de diagnósticar, tratar y medicar correctamente…
No fue un secreto para el club de tenis que Tezuka estaba enamorado de Fuji. Parecía que era conocimiento colectivo, después de todo, el capitán seguía a Fuji con la mirada en todo momento.
¿Amor adolescente?... posiblemente, pero no era suficiente explicación como para que Tezuka se cambiara de colegio una vez que Fuji encontró pareja en otra persona.
Oishi ha visto la evolución de Tezuka durante los años, le vio como un simple ichinen en el club de tenis y luego como un miembro titular de la Copa Davis Japonesa; como un estudiante que le tenía reticencia a la sangre hasta ser participe de las urgencias… y de cómo se enamoró lentamente de Fuji y ocultó un sentimiento amargo en el fondo de su alma cuando vio que no tenía oportunidad de conseguir la atención de quien quería.
¿Ahora?... quizá un amor adolescente superado; tal vez un amor adolescente no superado… pero le preocupaba mucho más que fuera un amor verdadero con otra oportunidad… Después de todo, el amor es como un potencial de acción… siempre es TODO o NADA.
Iba a continuar reflexionando, cuando Mukahi Gakuto apareció en la ventanilla del cubículo con una ficha médica en sus manos.
"Oishi". Le llamó. "Tienes un paciente en la consulta 3".
"Bienvenido". Le sonrió Oishi, levantándose a tomar la ficha.
"Los veo haraganeando, creo que necesito volver a poner mano firme". Gakuto se cruzó de brazos, con su expresión de enfermero encargado de Neurología.
Oishi se cuadró. "Hai, Mukahi-san".
El pelirrojo se rió un momento antes de negar con la cabeza. "Ya, ve a atender, para eso te pagan".
A penas y dieron las 11 de la mañana, Tezuka estaba llenando su ficha de practicante en el mesón de las enfermeras. Ni bien terminó su informe preliminar, subió corriendo las escaleras hasta el piso de cuidados, quería acompañar a Fuji a su primera consulta de la sección de rehabilitación.
Tocó la puerta suavemente antes de abrirla.
"Te…ka". Le saludó Fuji con más ánimo que antes, incluso le sonreía desde su cama.
"Tezuka-san". La madre de Fuji inclinó un poco la cabeza a modo de saludo, lo que fue respondido por Tezuka antes de avanzar hacia la cama de Fuji.
"¿Cómo están el día de hoy?".
A la expresión extrañamente suave del rostro de su amigo, Fuji sólo sonrió más. "Bieeee… espe…raba…".
"Esperaba con ansias verlo". Agregó la mujer acercándose a acomodar los cojines que soportaban la espalda de su hijo.
Fuji asintió temblorosamente.
"¿Muy mareado?". Le preguntó Tezuka, refiriéndose a la aplicación de la primera quimiterapia.
"No… poco… marea despueee". Intentó explicarle Fuji, claramente luchando contra las trabas de su propia pronunciación.
"Se sintió mareado después de la inyección". Afirmó Tezuka, buscando corroboración.
Fuji volvió a asentir.
"Esperábamos que fuera así". Le explicó Tezuka a ambos. "Si bien, algunas molestias son normales, si se sienten demasiado fuertes, es mejor que nos informen para buscar una posibilidad menos dañina de tratamiento".
Fuji-san miró a su hijo con ojos maternales y le acarició el pelo con suavidad.
"Ahora vendrá Yukimura-san para hacer una evaluación de Terapia Ocupacional". Ni bien Tezuka terminó con esa oración, se escuchó un golpeteo en la puerta y esta se abrió dejando entrar al susodicho.
"Buenos días". Saludó Yukimura con una reverencia a los tres presentes.
"Buenos días". Tezuka miró a su paciente. "Él es Yukimura-san, se encuentra a cargo de Terapia Ocupacional para neurología".
Yukimura se acercó a la madre de Fuji y le tendió la mano, presentándose más personalmente, de cierta forma, Fuji ya le conocía con anterioridad, así que no necesitaba dar demasiados detalles. No le tendió la mano a Fuji, sólo le tocó el dorso de una de las que descansaba sobre el cobertor.
"Si bien, Terapia Ocupacional es algo desconocida como profesión de la salud, y es complicada de definir, inclusive por los mismos practicantes." Habló Yukimura, entendiendo el cuestionar silencioso en los ojos de la madre de Fuji. "En conjunto lograremos recuperar las actividades que realizaba antes de que la enfermedad apareciera, no sólo en la parte física, sino también en la parte psicológica… quiero que tenga plena confianza en sus capacidades".
Luego de sonreír a Fuji, se volvió hacia la mujer. " Si gusta, puede quedarse, ahora realizaremos una pequeña entrevista".
Al final, la madre de Fuji se vio caminando por los pasillos con Tezuka a su lado.
"¿A qué hora le tocan las clases?". Preguntó la mujer mayor.
Tezuka miró el reloj de su celular. "Tengo turno en geriatría a las 3 de la tarde, hasta las 6".
"¿Cuántos turnos haces?... siempre te veo de un lugar a otro". La mujer le miró con cierta preocupación.
"En si, no tengo más clases sino que practico lo que aprendí, estoy en urgencias toda la semana y me quedo un día a turno de noche, más neurología, que es mi fuerte, pediatría y geriatría". Le respondió mirando por la ventana del pasillo.
Hubo un momento de silencio entre ellos.
"Tezuka-kun".
Tezuka se volvió hacia la mujer.
"No sabes cuanto apreciamos lo que hacen por Syuusuke…". La dama tomó aire. "En realidad… con todo lo que ocurrió con Morikawa-sensei, sus errores… yo… nosotros… yo, no sabía que podían hacerle a Syuusuke, pensé que eran los medicamentos correctos… y desconfiábamos de tu opinión…"
Tezuka abrió la boca, pero la madre de Fuji le hizo un ademán de que guardara silencio.
"Aún no termino…". Lo miró a los ojos. "Sé que la condición de Syuusuke no es la mejor, pero estos días lo he visto de mejor ánimo… incluso intenta mover sus piernas… estaba tan ansioso porque llegaras a verlo… el otro día los vi abrazados, y debo decirte que me da tanto gusto que te hayamos encontrado aquí… Syuusuke parece querer vivir una vez más".
Hace muchos años que Tezuka perdió su vocabulario de literatura, quizá por eso, guardó silencio y asintió en agradecimiento por las palabras.
Una vez hecha la entrevista, Yukimura Seichi se dio cuenta de muchos detalles que debería tomar en cuenta para su actividad terapéutica.
Fuji gustaba de espacios abiertos, lugares donde pudiera apreciar la naturaleza, así que las actividades grupales en los jardines eran una gran posibilidad. Por otra parte la falta de movimiento se vería compensada a medida que los medicamentos fueran eliminando los tumores. Eso le recordaba que debía hablar con Sanada referente atrabajar en conjunto, quizá tener en consideración la presencia de un familiar durante la terapia de rehabilitación.
Caminó en busca de Tezuka u Oshitari-sensei cuando divisó a la monitora de canilterapaia llegando con sus perros.
Eso le daba una buena idea.
"Oshitari-sensei". Tezuka llamó a su residente cuando este transitaba hacia su consulta particular.
"Oh, Tezuka-kun". Oshitari-sensei se detuvo, esperando a que su alumno le diera alcance a un paso moderado en los pasillos del hospital.
Tezuka le tendió una carpeta azul algo gastada por los años de uso. El médico la tomó.
"¿El informe de hoy?".
Tezuka asintió. En esa carpeta desde tercer año había estado entregando sus informes de práctica a Oshitari-sensei, quien siempre la dejaba en su casillero donde guardaba su delantal limpio para cada día. Era como una pequeña tradición entre alumno y profesor.
"Escuché que Fuji-san esta mejorando con rapidez". Le comentó ojeando las hojas llenadas a mano.
"Si, hablé hoy con él". Contestó Tezuka algo nervioso. "La quimioterapia le provoca náuseas, pero no parecen ser demasiado molestas, además kinesiología informó que el tono muscular mejoró y Terapia Ocupacional le entrevistó antes de su sesión de rehabilitación física".
Oshitari-sensei asintió.
"¿Sabías que habrá un seminario sobre cáncer de sistema nervioso?". Le preguntó, ante la negativa de Tezuka, Oshitari-sensei continuó. " Me lo imaginaba, no está abierto a todo el publico, sino a alumnos y becados recomendados por el director del hospital y que deben rendir un examen para ver si están capacitados para entender las discusiones".
Tezuka le miró interesando. " ¿Cuándo será?".
"Veo que te interesa, es en tres meses más…".
En tres meses más debía rendir sus exámenes de semestre.
"En tres meses más son los exámenes de semestre…". Oshitari-sensei le palmeó el hombro. " Piénsalo, si te sientes capaz de ir, sería una buena opción y no deja de ser un plus para tu currículum".
"Ah, si". Tezuka cambió rápidamente de tema, pensar que pronto tendría que estudiar casi tiempo completo para esos exámenes, ni que además de los informes y el hecho de que no se le murieran pacientes a él, no fuera suficiente. "Yukimura-san propuso inscribir a Fuji-san en los beneficiarios de canilterapia, Sanada-san estuvo de acuerdo con él, lo consideró como una buena terapia afectiva, social y física en el caso de que se realice en el gimnasio, y yo estoy de acuerdo con ellos… Fuji-san no es alérgico al pelo de perro…".
"Si tu estás de acuerdo, esta bien, no sé por qué me preguntas".
"Porque como estudiante necesito la autorización de mi residente para acceder a terapias alternativas con un paciente".
Oshitari-sensei le miró un momento y suspiró.
"Envíame el formulario a mi consulta y lo firmaré".
"Está en la carpeta".
Algunas veces olvidaba que Tezuka y su hijo aún no se graduaban.
Hablando de su hijo, quizá en dónde estaría… extraño también que Mukahi-san no estuviera en su estación de enfermería. Mentira, no era extraño, estaban por terminar los turnos en menos de dos minutos y Gakuto estuvo en Finlandia por dos semanas, de seguro estaban recuperando tiempo perdido por ahí.
Fuji reposaba mientras las nauseas del medicamento pasaban. Mukahi-san ya le había quitado la vía y estaba paseándose constantemente cerca de su habitación en caso de que se ahogara con algún tipo de vómito.
Le daba asco pensar que podía llegara vomitarse, pero era una posibilidad.
Su kinesiólogo había estado con él antes de la medicación. Había movido las piernas, y con cierto agrado recordaba haber sostenido una pelota pequeña con su mano derecha sin que sus dedos la dejaran escapar como había sucedido la primera sesión.
Estaba mejorando.
Quizá pronto podría decir una oración completa sin trabarse entre palabras u olvidar letras, o mejor que eso, agarrar la mano de Tezuka cuando este fuera a salir de la habitación para pedirle que se quedara un poco más.
Tenía ganas de ir al baño.
Recordaba como la enfermera que le cuidaba le llevaba al baño, que estaba un par de metros más allá de la cama, sólo tenía que seguir los mismos pasos, apoyarse en las mismas partes.
Miró el botón de llamada a enfermería, miró la hora en el reloj. El cambio de turno en ese piso era a las 6. No quería molestar a quienes estaban por irse a casa o a quienes recién ingresaban.
Con gusto notó que podía sentarse solo. No había mareo, y sabía que la barra que cruzaba la habitación en dirección al baño, estaba firmemente sujeta a la pared. Ahí apoyaba su peso cada vez que deseba ir a satisfacer necesidades fisiológicas… con la enfermera vigilando que no se cayera. Pero estaba bien intentarlo una vez por si mismo, había movido sus piernas con más fuerza.
Volteó el cuerpo con lentitud para bajarse de la cama.
