Capítulo 9: Accidentes que nos hacen llorar
Oshitari Yuushi y Mukahi Gakuto compartían un café mocca con algunos dulces, en la cafetería. Hace dos semanas que no se veían más que por web cam cuando coincidían sus horarios frente a un computador, alguna que otra llamada telefónica todos los días, tampoco había sido reemplazo de sentir la presencia del otro tan cerca.
Aunque, así es la vida entre sirenas y jeringas, como decía Gakuto. No podía desperdiciar la oportunidad de exponer uno de sus trabajos de investigación frente a la comisión del congreso mundial de enfermería; menos si era una invitación formal y personalmente extendida para él. Y eso, Oshitari lo sabía muy bien.
" Te extrañé mucho". Le susurró Oshitari.
"Ne, Yuushi, no te pongas sentimental". Le reprochó Gakuto con ternura. "Guarda eso para cuando lleguemos a casa".
Oshitari le sonrió y negó con la cabeza. En realidad poco podrían hacer esa tarde, después de todo, Gakuto no había repuesto las horas de diferencia entre meridianos, y él, había terminado su guardia de 36 horas en urgencia hace unos minutos atrás.
Oh, pero ese fin de semana, sucedería de todo.
Tezuka terminaba de llenar su ficha estudiantil de la tarde en geriatría, bajo la atenta mirada de una abuelita nueva en el piso. Subió la mirada y le preguntó con una sonrisa leve. "¿Puedo ayudarle en algo?".
La anciana se rió un poco y se acurrucó más en su silla de ruedas. "No jovencito, terminé ahí su trabajo y después me atiende".
"Ya casi termino". Le respondió Tezuka, mientras sacaba los miligramos de papilla enteral que debían proporcionarle a Noriko-san en su comida de la tarde.
Le entregó la ficha a la enfermera de la estación principal, y con un agradecimiento por la ayuda, se volvió a atender a la anciana.
"Ahora si, dígame … Mizu-san". Casi se olvida del nombre de la dama.
"Se acordó de mi nombre". La anciana le sonrió. " ¿Sabe qué?". Le preguntó, esperando que Tezuka le prestara atención. Claro que la encontró, una expresión de estar atento a lo que fuera a decir. "Mis nietos no me han venido a ver".
Tezuka se acercó a la silla de ruedas, quitó los frenos y comenzó a guiarla por el pasillo principal de geriatría. "Bueno, quizá tienen cosas que hacer, pero el fin de semana parece un momento apropiado para visitar". Tezuka la guiaba despacio hacia el jardín interior de geriatría.
La anciana suspiró con cierta pesadez. "Me siento sola".
Tezuka se detuvo, colocó el freno en cada rueda y abrió la puerta del jardín. "Es normal, al menos al principio, todos nos hemos sentido solos aquí". Le comentó, para luego quitar los frenos de la silla de ruedas y entrar. " Eso si, hay muchas personas con quienes puede conversar, y quizá hacer alguna amistad… si no le molesta, me gustaría presentarle a un grupo muy especial".
La anciana asintió con un poco de entusiasmo.
Los pacientes de tercera edad requieren de mucho apoyo, necesitan afecto, necesitan saber que les estás prestando atención, gustan de conversar con el personal, de contar historias de su vida, experiencias, de usar su memoria cristalizada.
Tezuka le presentó a un grupo particular de ancianos que conversaban, bordaban o leían. Una vez que la anciana estuvo acomodada entre otras abuelitas, uno de los hombres le hizo una seña a Tezuka, quien se acercó a él, sacando de su bolsillo una página del periódico doblada.
"Se acordó de mi sección deportiva". Dijo el anciano con agrado, al ver el contenido de la página.
"Claro, pero no le diga a Watsuki-san, que a él le pasé sólo la sección cultural". Ese trato de complicidad entre algunos ancianos y el alumno de 6° año, era parte de la estrategia de adherencia al tratamiento que usaba.
Si encontraba algún papel bonito, recortaba un cuadrado de 5 por 5 centímetros para regalárselo a Nakuchi-san, quien coleccionaba ese tipo de recortes; la sección deportiva del periodico era para Ruiki-san, la cultural para Watsuki-san, los crucigramas para Naoko-san, el sudoku y las sopas de letras para Sota-san.
Eran detalles, un saludo, una demostración de "me acordé de usted cuando vi esto", cosas muy simples, pero que afianzaban la relación entre el estudiante en práctica y los pacientes.
Y es que, es verdad que el estudiante cubre su ignorancia con afecto y acogida.
Tezuka miró el reloj, eran las 18:15, ya era hora de ir a ver a Fuji, aunque fuera por unos minutos. Se despidió de los ancianos, no sin antes comentarle a Namba-san, que el dibujo que había hecho estaba muy lindo, y se encaminó rápidamente a la habitación 506.
Namba-san siempre buscaba apoyo emocional, aprobación, tenía problemas serios de inmovilismo progresivo, un accidente vascular encefálico le dejó déficit cognitivo leve, pero notorio, además de un miedo a las caídas, que la dejaba en silla de ruedas todo el día, a menos que hubiera alguien a su lado para que la afirmara.
Secretamente, ella era una de las favoritas de Tezuka, solía regañarla por flojita, por no querer caminar, logrando convencerla de dar una vuelta por el jardín o por la sala. Sanada también tenía un espacio especial para ella en su corazón de kinesiólogo. Y sospechaban que Yukimura también, después de todo, el sling rosa que usaba en su mesa de trabajo, no era de conseguirse en el hospital.
Saludó al relevo de Gakuto en la estación de enfermería, nunca se había aprendido el nombre de la joven, pero tampoco le interesaba hacerlo. Prefería hablar con Gakuto, le conocía de antes, y había demostrado toda su habilidad en la especialidad… pero estaba en el turno de día.
Cuando entró a la habitación de Fuji, casi se le sale el corazón del pecho.
Fuji lo había intentado, pero se confió de la estabilidad aparente de sus piernas y la fuerza de estas. Ahora entendía un poco las consideraciones de Sanada cuando habían hablado de la diferencia entre sostenerse en pie con caminar un par de metros.
La caída sobre su costado izquierdo no fue tan dolorosa, pero no se comparaba a la creciente necesidad de ir al baño. Cada minuto era insoportable, y no le salía la voz para pedir auxilio, ni siquiera veía la cabeza de la enfermera paseándose por el pasillo… y se le acababan las opciones.
El accidente sucedió… y la vergüenza era astronómica.
Más aún cuando vio a Tezuka aparecer en la puerta.
"Fuji".
Ya era demasiado, no podía soportar todo eso, ya era imposible seguir soportando que esa estúpida enfermedad le quitara todo, su dignidad, su independencia, sus ganas de vivir, su tenis, sus fotografías… ahora el respeto de Tezuka.
A Tezuka no le cabía en la cabeza como la enfermera de turno no se dio cuenta de la caída de su paciente, quizá cuanto tiempo estuvo en el suelo.
Se acercó a Fuji, pero este bajó la mirada.
"No… te…acerques…". Le pidió con dificultad, entre la afasia de Broca y el intentar contener sollozos. Simplemente le partió el corazón a Tezuka, quien, de inmediato, temió una lesión ósea. Pero una mirada más analítica le permitió ver el origen de la vergüenza de Fuji.
"Fuji-san". Volvió a llamarlo, con voz suave, pero firme.
Fuji no levantó el rostro, pero esta vez si dejó escapar un sollozo. La enfermera de turno apareció tras Tezuka, pero este la detuvo con una seña en particular. La joven comprendió y les dejó solos, cerrando la puerta tras de si al salir de la habitación.
"Fuji…". Tezuka se acercó a Fuji y se arrodilló frente a él, de inmediato, Fuji intentó cubrir con su cuerpo la orina derramada en el piso de la habitación.
"No…". Fuji tomó aire. " ..me…mir….res…".
Tezuka buscó en uno de sus bolsillos y sacó un pañuelo desechable, y se lo ofreció a Fuji. " Son accidentes que pasan".
"Te…zu..ka…". Fuji subió un poco la mirada. "… no..se…upone…que…pase".
Tezuka asintió. " Pero son accidentes". Diciendo esto le secó una lágrima del rostro con el dedo pulgar. " Que no te dé vergüenza, son accidentes". Le miró con suavidad, y es que no podía evitar que le doliera en el alma, ver a su compañero de equipo en ese estado. " ¿Te duele algo?". Le preguntó preocupado.
Fuji negó con la cabeza, bajando más la mirada. Tezuka le tocó las manos, y la cadera.
"Te…moja…as…". Le dijo Fuji, sin mirarlo.
"Quiero asegurarme que no te golpeaste fuerte". Le susurró Tezuka, palpando los huesos de la cadera de Fuji, habían zonas mojadas de la ropa, pero era de esperarse.
"Pero… es…".
Tezuka le arqueó el cuello para quedar a la altura de la mirada de Fuji. " Te aseguro que me han mojado con cosas peores". Entonces le tomó ambas piernas por debajo de las rodillas y le afirmó la espalda atrayéndolo a su cuerpo. "Afírmate un poco, por favor".
"Te.. moja…..ras..más…". Le regañó Fuji intentado alejarse de él.
"Fuji…". Le dijo en el mismo tono que usaba como capitán de Seigaku. "Como tu médico, si no te quito la ropa mojada, te vas a resfriar, y eso retrasaría tu mejoría". Le miró a los ojos, esta vez Fuji le mantuvo la mirada. "Y como amigo… permíteme cuidarte…".
Fuji se afirmó de sus hombros y Tezuka lo alzó con cuidado, llevándolo al baño de la habitación. Le dejó sentado sobre la silla especial que usaban para el traslado de W.C a bañera, y comenzó a prepararle un baño tibio, se quitó el delantal, el chaleco y se arremangó la camisa.
"¿No llamaste a la enfermera?". Le preguntó mientras le buscaba un pijama de cambio.
Fuji suspiró. "No…era… cambio… no…molestar…". Hizo una pausa. "No.. queeer… molestar".
Tezuka se arrodilló frente a Fuji. " No es molestar, es pedir un poco de ayuda, que al personal le gusta prestar". Le colocó una toalla alrededor de la cintura antes de comenzar a ayudarle a desvestirse.
"Después te revisaré el lugar del golpe". Le dijo, una vez que estuvo sin ropa mojada encima. Le volvió a tomar en brazos y le dejó con cuidado en el soporte de la bañera, para que estuviera bien afirmado mientras tomaba el baño. "Estaré afuera, cuando quieras salir.. toca el timbre y vendré".
Caminó hacia la puerta, pero la voz de Fuji le detuvo.
"Te…ka…". Syuusuke Fuji movió su mano derecha, señalando que deseaba que se acercara. "… ¿me…cuidas?".
Ninguno dijo palabra alguna mientras Tezuka repetía una tarea que no efectuaba desde su segundo año. Pasaba una toalla suave sobre el cuerpo de Fuji, quitándole la sensación tan desagradable de ropa húmeda y pegada a la piel.
Nunca se imaginó bañando a Fuji, quizá cuando era adolescente hubiera ideado un escenario un poco modificado, por no decir que muy distinto, quizá coincidan el agua, los dos en el baño… y eso ya era mucho decir. Pero, en ese momento todo era diferente, pasar la toalla suavemente entre los dedos de manos y pies, no tenía la connotación sensual que alguna vez pudo tener, o simplemente su diferenciación mental entre Tezuka enamorado de Fuji y Tezuka cuidando de Fuji, era más efectiva de lo que esperaba.
Sólo una vez que Fuji estuvo seco, vestido y dentro de su cama, volvieron a hablar.
"No… vol… a hacerlo". Le susurró Fuji, mirando como Tezuka escribía en su ficha la caída y el resultado de examen de palpación topográfica.
"¿Promesa?".
Fuji asintió.
"Por ahora, es necesaria la ayuda, pero pronto ya no la necesitarás". Tezuka dejó la ficha de Fuji en su lugar. " Solicitaré una radiografía si continua la molestia, todo se siente en su lugar, pero si es necesario asegurarse, lo haremos".
"Gra…cias…".
Esa tarde, Tezuka se quedó con Fuji hasta que el cansancio, las emociones del día y el accidente de hace un rato, le hicieron caer dormido.
Hablaría con Gakuto a primera hora de la mañana, además de Oshitari-sensei… pero por ahora, se quedaría un poco más, acariciando la mano de Fuji, mientras éste dormía.
"Supe lo de ayer".
Tezuka levantó la mirada de sus apuntes de neurología, para encontrarse con Oshitari-sensei, sosteniendo un café frente a su rostro. Lo tomó agradecido.
"Fue algo complejo". Le comentó Tezuka cerrando el libro y quitándose los anteojos por un momento.
"Claro que si, has visto ese tipo de situaciones en adulto mayor, no es adulto joven, y las reacciones son algo diferentes". Oshitari-sensei le miró con atención. "¿Hay algo que quieras decirme?... ¿algo que quieras hablar?".
Era su oportunidad de sacarse muchas cosas de encima, pero no sabía por donde comenzar. Bebió un sorbo de café y se acomodó los anteojos sobre el puente de la nariz.
"Tengo una disociación cognitiva con Fuji Syuusuke". Comenzó. " Hay momentos en que soy su médico… y otros donde no lo soy".
Oshitari-sensei había escuchado algo similar por parte de Oishi y su hijo. "Con tal que de 8 de la mañana a 6 de la tarde seas su médico, no hay problema".
Tezuka asintió.
"Si es por lo del baño… ". Oshitari-sensei se acomodó frente a Tezuka. "Hiciste un buen manejo de situación, supiste contenerlo, no se habría dejado bañar por una enfermera… y lo habrían sedado para calmarlo".
Tezuka volvió a asentir.
"La radiografía salió normal".
Tezuka asintió, una vez más, fue el primero en ver esa placa a penas salió de la sala de rayos.
"Leí tu solicitud a Sanada-san de trabajar la estabilidad de miembro inferior, y me parece muy bien acotada".
"Tengo la ligera sospecha de que no será la primera vez que intente caminar solo". Le respondió Tezuka, volviendo a ser el estudiante de siempre. "Por un lado, es una buena señal, pero no deja de ser peligroso".
Oshitari-sensei rió un poco, ese era su alumno.
De la familia Fuji, sólo Yumiko sabía del accidente de ayer, Fuji Syuusuke no quiso contarle a nadie más, pero estaba conciente de que Tezuka lo haría, si era necesario.
"Ne, Syuusuke, debes tener más cuidado y ser menos arriesgado". Le regañó su hermana. " Me hubiera gustado ver tu cara mientras te bañaba".
A Fuji se le subieron los colores, sólo por unos segundos. "Nee-san… me.. envidias".
"Yo lo meto a la bañera conmigo". Yumiko rió mientras observaba la expresión de su hermano. " Y a ti, las ganas no te faltaron".
Fuji se hizo el desentendido. Pero su hermana no estaba tan errada.
En secundaria, cuando conoció a este niño con cara de amargado, que más parecía un cuarentón que alguien con 12 años, supo que tenía que sacarle una sonrisa. En un principio, fue más que nada una meta personal, de hacerle ver a todos que podía hacer lo que parecía imposible. Con el tiempo, se convirtió en algo innato de si mismo.
No le había sido ajeno que en 3° año de secundaria, las miradas que se sostenían mucho sobre él, eran de Tezuka. Tampoco fue muy complicado darse cuenta de las razones de su ex capitán de cambiarse a Hyotei una vez que comenzó a tomarle la mano a Echizen como un sempai algo distinto.
El destino es extraño en su actuar, recordaba con cierto resentimiento el momento en que vio a Tezuka del otro lado de la red, usando los colores blanco y celeste de Hyotei. Entendía que Tezuka había preferido la oferta de beca deportiva de un mejor colegio, también entendía que quisiera cambiar de ambiente, buscar nuevas experiencias, nuevas exigencias, pero no soportaba que se desligara de su papel como pilar que sostenía al equipo de tenis.
Pensar que esta enfermedad, que lo había despojado de casi toda su vida, le devolvía la oportunidad de entender a Tezuka.
Quizá, cuando tenían 15 años, no era el momento de estar juntos. Y ahora que tenían 24, había una nueva oportunidad, un momento que debía aprovechar.
Cuando diera sus primeros pasos por si solo, le diría a Tezuka.
Si, eso haría.
Como era de costumbre, a las 11 de la mañana comenzó la sesión de rehabilitación diaria, con Tezuka haciendo una visita luego de su turno en urgencias.
Si hay algo de lo que Yukimura Seichi se sentía orgulloso, era de su ojo para los sentimientos y las emociones escondidas. Bastaba con sólo observar por un momento como Tezuka se expresaba frente a Fuji, y como Fuji intentaba mantener la atención de Tezuka sólo en él.
Si bien, no era su asunto, una ayuda anónima nunca estaba de más. Incluso Sanada estuvo de acuerdo.. bueno, casi de acuerdo, pero contaba como apoyo a sus planes de refuerzo afectivo. No iba a arriesgar un usuario por un trabajo de cupido, iba a aprovechar este trabajo de cupido para el tratamiento de un usuario.
Fuji Yuuta estudiaba, Fuji Yumiko, trabajo e hijos, Fuji-san madre, trabajo, y de Fuji-san padre, lo mismo. Su plan de intervención requería ciertos apoyos, tanto psicológicos como físicos, y Fuji iba a necesitar un acompañante en alguna que otra sesión.
Tezuka Kunimitsu era un buen prospecto de acompañante.
