Capítulo 11: ¿Me ama?, ¿Me amaba?, ¿Me amará?

Advertencia: Hay un poquito de toque cítrico en este capítulo, es bien suave, nada de cosas explícitas... esas vendrán después.


La Unidad de Rehabilitación ocupa toda el ala Este del subterráneo del Hospital, con sus salas de atención, gimnasio y oficinas de Fonoaudiología, Terapia Ocupacional y Kinesiología. Entre las salas de atención, una de ellas conecta directamente con el gimnasio, por lo que Sanada tocó la puerta para entrar.

"Permiso".

Yukimura le miró desde su silla en el círculo que habían formado 7 mujeres de bastante edad, con sus palillos y lanas de colores se voltearon a saludarlo.

"Buenos días". Les respondió Sanada acercándose a Yukimura. "¿Puedes prestarme una férula de extensión para antebrazo?"

"Claro". Yukimura dejó sus palillos y tejido sobre su silla. "Vuelvo en un momento".

Sanada quedó sólo con las señoras. "¿Están tejiendo?".

Las ancianas le sonrieron, y una de ellas le contestó. "Si, Seiichi-kun nos consiguió algunas lanas".

Sanada asintió interesado. "¿Qué teje?".

La mujer le mostró algo que empezaba a parecer un chaleco. "Pensaba en una mantita para mi hijo".

Mantas para hijos y nietos, una bufanda para un esposo enfermo, fueron varias de las respuestas que recibió Sanada mientras esperaba la aparición de Yukimura con el objeto solicitado.

"Genichiro, encontré estas". Yukimura le mostró tres férulas con diferentes amarres, Sanada tomó una con soporte de pulgar y cierres de velcro.

"Ésta me servirá".

Yukimura tomó su tejido y volvió a sentarse con su grupo de trabajo.

"¿Qué tejes?". Ya sabía lo que las ancianas hacían, pero no lo que Seiichi estaba armando.

El Terapeuta Ocupacional le miró con una sonrisa y levantó y trabajo para que el Kinesiólogo pudiera verlo por si mismo.

Zapatitos de bebé.

Sanada desapareció rápidamente de la sala, seguido por las risas de las mujeres presentes.


Oshitari cubrió un bostezo con su mano derecha, estaba cansado luego de un día repartido entre las clases de la mañana y la práctica en Pediatría. Suspiró sonoramente y apoyó ambos brazos en la mesa para acunar su cabeza.

"Si tienes sueño, puedes usar la cama".

El joven de cabello azul abrió los ojos y se quitó los anteojos para restregarse el rostro con fuerza. "Perdón".

Tezuka cerró el libro que tenía en sus manos y se levantó para ir a la pequeña cocina. "Un café no te vendría mal".

Volvió a bostezar. "Pediatría me mata". La verdad, necesitaba esta sesión de estudio con alguien que le obligara a estar atento y responder preguntas, incluso que le corrigiera aunque fueran las 4 de la mañana. Al menos tenían el viernes libre, y le permitiría dormir un par de horas más después de terminar el capítulo de neurología. "Eso y las clases de Kikuchi-sensei".

Tezuka vertió agua caliente en el tazón que usaba Oshitari cuando estudian juntos en el departamento. "Kikuchi-sensei tiene facilidad para quemarte las neuronas fácilmente". Luego mezcló tres cucharadas de azúcar y le entregó el preparado a su compañero, quien lo recibió contento.

"En estos momentos mis dos neuronas están enojadas, y como ninguna quiere trabajar más que la otra, están las dos en huelga". Le comentó antes de tomar un sorbo de café.

El otro joven de anteojos comenzó a prepararse un té de durazno. "Eso es grave".

"Cuando comience con convulsiones te tienes que asustar". Oshitari se levantó para estirar las piernas y apoyó su hombro en el marco de la puerta de la cocina, observando como Tezuka revolvía su té.

"Ya me estaba preocupando tu episodio de ausencia". Tezuka se refería a los momentos en que Oshitari se quedaba pegado observando la pared o el techo mientras le hablaba, y luego despabilaba con una cierta desorientación producto del cansancio. "¿Quieres frutillas congeladas?".

Oshitari suspiró. "Hasta te aceptaría Mentix".

Tezuka le miró de reojo y negó con la cabeza, una sola experiencia con esa pastilla era suficiente como para dejarla de lado para siempre, prefería el método de la frutilla congelada en la boca o jugo bien cargado.

"Ya nos queda menos". Diciendo eso le tendió el pocillo con las frutillas recién sacadas del congelador.

Oshitari dejó las frutillas en la mesa y volvió a sentarse sobre su cojín. "¿Qué nos queda?".

Tezuka dejó su té a un lado y abrió el libro donde había quedado marcado por un lápiz abandonado entre sus páginas. "Lleguemos hasta Demencia y nos vamos a dormir". También ocultó un bostezo con una mano.

"Ya". Oshitari abrió sus apuntes en el capítulo propuesto, sólo necesitaba hacer el último esfuerzo.

Tezuka terminó el capítulo de Demencia cerca de las 4 de la mañana, Oshitari se quedó dormido en Amnesia, y el anfitrión no tuvo corazón para pedirle que volviera a su casa.

"Yuushi". Le susurró Tezuka moviéndolo suavemente. Oshitari estaba durmiendo sobre sus brazos, con el marco superior de los anteojos presionando contra la piel de su frente, de seguro tendría una marca divertida, o inclusive estaría babeando su brazo. En respuesta, el estudiante dormido sólo murmuró algo.

Tezuka tomó una frutilla congelada, hora de aplicar la metodología de estudio.

Oshitari se vengó de Tezuka despertándolo a la mañana siguiente para avisarle que se retiraba a su casa.


Eran cerca de las 9 de la mañana cuando sonó su celular con Individual System como ringtone. Tezuka abrió el aparato y contestó sin abrir los ojos, después de todo ya sabía quien podría ser.

"Buenos días Tezuka". Le saludó animadamente Yukimura.

"Buenos…". Tezuka cubrió un bostezo y se restregó los ojos.

"Te pillé durmiendo". Rió Yukimura al otro lado de la línea. Tezuka sólo le respondió con algo similar a un mmm. "Supe que tienes el día libre".

"¿Te contó un pajarito?".

"No, sólo la tabla de estudiantes en turno".

"¿Necesitas ayuda en algo?". Tezuka no podía encontrar otro motivo para una llamada así de temprano en su día libre.

"Si". Yukimura le contestó en un tono suave, mientras se escuchaba el pasar hojas de papel como sonido de fondo. "La verdad Genichirou y yo necesitamos ayuda, mira que la familia de Fuji-san no puede venir hoy en los horarios de rehabilitación y no tenemos otra persona que pueda acompañarlo".

Y así fue como se encontró en la puerta de la habitación de Fuji, cuando faltaban menos de quince minutos para las 10 de la mañana., con un bolso cargado de apuntes de Neurología, cerca de tres horas de sueño en el cuerpo, y grandes deseos de ver a Fuji.

Fuji. Tenía que admitir que esa semana le había visto un par de veces por día, nada comparado a pasar un par de horas en un abrazo o en una simple conversación, y es que luego del Cumpleaños de Fuji, y ese beso en los jardines, sentía que necesitaban más tiempo para ellos. Probablemente fuera la razón principal por la que estaba allí en vez de descansar en su día libre.

Ocultó un bostezo antes de entrar silenciosamente.

Fuji dormía. Su respiración suave y pausada, su rostro relajado, los labios ligeramente separados.

Tezuka se acercó a la cama, era la primera vez que lo veía dormir tan plácidamente. Es cierto que ambos habían asistido a campamentos de entrenamiento cuando más jóvenes, pero siempre era él quien se quedaba dormido antes que Fuji, cuando compartían habitación. Y los días en estado de vigilia disminuida, no podían contarse como observarlo dormir. Eso era observarlo luchar por su vida.

Quería acercarse y acariciarle el rostro, una mano, lo que fuera, pero por otra parte, prefería verlo dormitar tranquilamente. Así que el muchacho de anteojos se instaló en la silla al lado de la cama de Fuji y sacó uno de sus cuadernos para leer algo de materia.

Avanzó un par de hojas cuando vio una mano cruzarse por su campo visual, haciendo la señal de saludo. De inmediato alzó la vista para encontrarse con Fuji, apoyado sobre su costado, observándolo con su eterna sonrisa. La gran diferencia eran sus ojos azules que lo miraban con algo entre entretención y ternura.

"Buenos días". Le saludó Tezuka cerrando su cuaderno.

"Buenos… ías". Fuji estiró los brazos hacia arriba, moviendo su cuerpo para quedar recostado de espalda sobre el centro de la cama. "Te..zu…ka". Sin dejar de mirarlo, levantó una mano para hacerle la señal de que se acercara moviendo su dedo índice repetidamente.

Tezuka dejó el cuaderno sobre la silla y se acercó a Fuji. "¿Fuji?".

Con una sonrisa, Fuji continuó instándolo a que se acercara más y más. Cuando Tezuka se agachó al lado de su cama, Fuji le abrazó el cuello con ambos brazos y procedió a darle un beso de buenos días.

Ante tal sorpresa, Tezuka se vio obligado a afirmarse en la cama de Fuji antes de responderle el beso a un paso más suave que el que Fuji intentaba imponer. ¿Para qué apresurarse?, si esos momentos son para disfrutarlos.

"Fu-". Fuji interrumpió a Tezuka cerrándole la boca con un dedo.

"Syuu...suke". Le corrigió sin perder su sonrisa. "Kuni…mi…mitsu".

Tezuka solo pudo acomodar sus anteojos, que estaban algo chuecos y empañados, para tratar de disimular su sonrojo.


Sanada pasó a buscar a Fuji a las 11 de la mañana. Y en el camino hacia el gimnasio, el joven en silla de ruedas se negó a soltarle la mano al muchacho de anteojos, a lo que el kinesiólogo se abstuvo de comentar, pero no resistió preguntarle a Tezuka acerca del libro que sobresalía de su bolso.

"Es el Fustinoni". Le respondió acariciando con su dedo pulgar el dorso de la mano de Fuji.

"Si estas estudiando Neuro, ese es muy antiguo". Le comentó Sanada, quien ya había consultado ese libro en sus años de estudiante.

"El de la Biblioteca si, este no".

Algo le decía que Tezuka había encontrado una fotocopiadora con más variedad para contrabando de libros que la de Jiro-san. Se haría del dato lo más pronto posible.

Fuji le apretó la mano a Tezuka para llamar su atención. "¿Qué… es Fustinoni?".

Tezuka le sonrió muy levemente, pero le sonrió. "Es un libro de Semiología en Neurología". Comenzó a explicarle. "En la biblioteca hay varios, pero son muy viejos para estudiar, por eso me conseguí un que tiene casi dos años de publicado, pero es bastante más actual".

Tantas miradas entre ese par, de seguro Yukimura disfrutaría con la noticia.

Extrañamente el gimnasio estaba vacío, salvo por otro paciente más que estaba sentado haciendo levantamiento de peso y repeticiones con sus brazos, de seguro para mejorar transferencias y resistencia en el manejo de silla de ruedas, o al menos eso recordaba Tezuka de la clase de Fisiatría.

"Ayúdame a recostarlo en la colchoneta". Le dijo Sanada ante de ir a buscar una de las colchonetas y colocar una manta limpia sobre ella.

Al ver que Sanada no le ayudaría a levantar a Fuji de la silla, dejó el bolso en una orilla y se acercó a Fuji.

"Afírmate de mis hombros". Le pidió Tezuka, mientras que Fuji le rodeo los hombros con sus brazos para levantarse un poco. "¿Listo?". Fuji asintió contra su hombro derecho, por lo que Tezuka pasó uno de sus brazos por debajo de sus rodillas y el otro por la espalda de Fuji, para alzarlo.

Esa posición le recordaba un día no muy agradable un par de semanas atrás.

"Recuéstalo aquí". Sanada le indicó la colchoneta que usarían, por lo que Tezuka se arrodilló sobre ella, dejando a Fuji con suavidad para que quedara sentado en su lugar de trabajo.

"Gracias".

"De na-". Fuji le interrumpió con un beso en los labios.

Fuji le había besado dos veces en menos de una hora. Perdón, Syuusuke le había besado dos veces en menos de una hora. Era un sueño, y es que parecía imposible que fuera el mismo muchacho que amaba desde hacía tanto tiempo. De seguro tenía una cara de bobo, que debía ser la razón para que Sanada lo estuviera mirando divertidamente. Pero no importaba, era Syuusuke, su Syuusuke.


"Muy bien". Sanada le instó a continuar levantando la pierna con cuidado. Fuji levantó sus piernas una vez más. "Descansa".

El joven de pelo castaño tomo aire, relajándose sobre la colchoneta. "¿Voy… mejorando?".

Sanada asintió. "Esta resistiendo mejor y por más tiempo".

Fuji sonrió y volvió su cabeza hacia el lugar donde Sanada había dejado a Tezuka una vez que no necesitó más de su ayuda, en una colchoneta, estudiando. Pero, esta vez, no estaba estudiando, estaba durmiendo sobre uno de sus libros.

"Se quedó… dormido". Le comentó Fuji con su eterna sonrisa.

"Época de exámenes". Le comentó Sanada estirando las piernas. "Sé que Tezuka y Oshitari estudian de noche, así que no es una sorpresa verlo que se queda dormido en diferentes lugares en estas fechas".

"Hoy… vino temprano". Comentó Fuji, sin dejar de mirar a Tezuka.

"Tiene un buen motivo para levantarse temprano en su día libre".

Fuji se sonrojó sin desviar su mirada de los ojos de Sanada. "Mejor… le… de…dejamos… dormir".


"Yuushi".

Movió una mano espantando lo que le estaba molestando en el oído.

"Yuushi". Era un susurro suave, pero molesto.

Volvió a mover la mano para sacarse de encima lo que estuviera tratando de despertarlo.

"Yuushi". Esta vez era con un tono más firme y una sacudida en su hombro.

"No…". Se acomodó en la cama, tratando de moverse para que ese susurro no siguiera tratando de despertarlo. "…hoy… no".

Gakuto alzó una ceja ante ese comentario, definitivamente Yuushi debía estar muy cansado como para decirle que "hoy no", pero con casi un mes a ley seca, no era precisamente algo que le hiciera gracia, menos cuando era el único día libre que les coincidía. Además, Yuushi se quedó en casa de Tezuka la noche anterior, por lo tanto sólo les quedaba la mañana y parte de la tarde para ponerse al día.

"Yuushi, despierta". Insistió sentándose sobre las caderas de su novio. "Oshitari Yuushi, dijiste que pasarías el día haciéndome cariñitos".

Cariñitos sonaba a algo que Gakuto le exigiría. Bien, eso quería decir que estaba en su día libre y que tenía a su exigente novio en la cama junto a él, con ánimos de algo de amor. La mejor forma de comenzar el día.

"Gakushi". Sin abrir los ojos dejó sus manos sobre las caderas de Gakuto, sosteniéndolo en su lugar cuando éste se sorprendió.

"Yuushi". Le dijo con un tono molesto. "¿Te estabas haciendo el dormido?".

Oshitari inhaló con fuerza y suspiró antes de abrir sus ojos. "No". Le sonrió levemente. "Estaba preguntándome quién intentaba sacarme de un sueño dulce del cual no quería despertar".

Gakuto conocía esta táctica, por lo que se recostó sobre su novio, apoyando ambas manos a cada lado de la cabeza de Oshitari. "¿Si?". Se le acercó lentamente para quedar frente a él, narices tocándose.

"Si". Oshitari no perdió el tiempo volviendo a sorprender a su novio. Le abrazó con fuerza antes de voltearlo sobre la cama, quedando cómodamente encima del cuerpo del enfermero. "¿Sabes con qué soñé?".

Gakuto no podía evitar sonreír y reír como una colegiala cuando su novio se comportaba galán. "¿Con qué?".

Oshitari le besó el cuello suavemente. "Adivina".

Era simplemente inevitable comportarse como la primera vez que Oshitari le besó. Quizá el don más característico de su novio siempre será esa facilidad para hacerte sentir el ser más especial de todo el mundo con solo mirarte, porque cuando habla, es capaz de hacer que tus rodillas tiemblen y tus piernas no sean capaces de sostenerte.

"Soñaste conmigo".

"Si". Oshitari le besó la barbilla y luego los labios con un simple roce. " Y es que tengo un ángel pelirrojo entre mis brazos, que ha visitado mis sueños desde siempre, y me ha amado como yo lo amo a él".

"Yuushi". Gakuto le abrazó con fuerza. "Nunca cambiarás…".

"¿Quieres que cambie?".

"No" Gakuto le besó. "Sólo yo puedo soportar tu gusto por las telenovelas y los libros de romance rosa".

"Gakushi…".

Oshitari jamás podría amar a otra persona que no fuera su Gakuto. Al contrario de lo que muchos pueden pensar, él siempre ha sido fiel a la idea de encontrar su gran amor en otra persona y que sea quien le acompañe por el resto de su vida.

En Gakuto encontró su otra mitad, era él único que no caía a sus pies con sus tácticas de galán. En más de una ocasión le habría dado un buen golpe por pasarse con él, nunca aceptó una cita, hasta que ambos cumplieron 18 años, y aún así se negó a que Oshitari pagara por su entrada al cinte y su paquete de pop corn.

Un par de años después se encontró despertando a su lado, compartiendo la vida cotidiana con él. Y se dio cuenta de que en ese par de ojos traviesos, personalidad gruñona y cuerpo flexible, estaba su verdadero hogar.

Amaba la sensación de tener las piernas de Gakuto alrededor de sus caderas, verlo flectar la espalda, arquearse ante cada toque que le enviaba estímulos de placer, escucharlo gemir, jadear, respirar con fuerza contra su cuello o su pabellón auricular. Amaba sentirlo apretarse y moverse contra su cuerpo.

Le abrazó con fuerza mientras ambos intentaban calmarse. Le encantaría continuar una y otra vez, pero la Ley seca estaba afectando su rendimiento. Suspiró con fuerza besándole la cima de la cabeza sin dejar de abrazarlo.

"Te hace bien ir a estudiar con Tezuka". Le comentó Gakuto mientras entrelazaba sus piernas, pateando las sábanas hacia un costado.

"¿Lo crees?".

"Siempre que lo hacemos después de una noche de estudio con él, me dejas más que contento".

Oshitari no pudo evitar reír. "¿Sólo cuando estudio con Tezuka?".

Gakuto le miró por un momento antes de volver a sentarse sobre las caderas de Oshitari. "Tengo que preguntarle qué te da de comer". Le besó. "¿Listo para la segunda vuelta?".

"Más que listo". Oshitari le tomó las caderas con fuerza, de seguro le dejaría los dedos marcados.

"¿Qué esperas campeón?".


Se sentía extraño observar a Tezuka dormir usando un libro como almohada. Era que algo que ni siquiera en la Secundaria había visto, mucho menos en la Preparatoria.

De seguro estaba cansado, estudiando hasta altas horas en la noche y levantándose temprano al día siguiente. No le sorprendería que estuviera saltándose comidas o almorzando un yogurt, por muy cuidadoso que fuera, Tezuka también suele olvidar cosas simples pero necesarias

Sin embargo, llegaba a ser tierno verlo dormir.

"Mitsu". Se le acercó apoyado sobre su cadera para quitarle los anteojos, que estaban completamente fuera de su lugar.

Tezuka ni se movió.

Duerme como un tronco. Sonrió acariciándole el cabello con cuidado. De cierta forma le gustaría tener las fuerzas necesarias para tomarlo y acomodarlo sobre su regazo para que estuviera más cómodo.

Los años pasaron para todos, pero al parecer el antiguo capitán decidió no cambiar nada en su apariencia personal, salvo crecer un poco más. Eran los mismos anteojos, o al menos el mismo marco, usaba el cabello de la misma forma, incluso la ropa que escogía no distaba mucho de su época de adolescente, salvo por el detalle de que no había visto la camisa manga corta morada, pero los demás estilos eran constantes.

Había tantas preguntas que hacer y responder. ¿Eran celos los que te llevaron a irte de Seigaku cuando comencé a salir con Echizen?, ¿por eso jugaste contra él en la semifinal de los nacionales?, ¿por qué cambiaste el número de tu celular cuando te fuiste a Hyotei?, ¿me amabas?, ¿me amas?, ¿me amarás?.

Tezuka se movió un poco y abrió un ojo. "Syuusuke…". A penas y logró cubrir el bostezo.

"Estas cansado". Le sonrió Fuji, mientras le tomaba los hombros a Tezuka, instándolo a acomodar su cabeza sobre sus piernas.

"Perdón…". Tezuka apoyó su mejilla contra el muslo derecho de Fuji, mientras el otro muchacho le acariciaba el cabello, relajándolo.

"¿Pru… eas?".

Tezuka asintió con los ojos cerrados, y suspiró una vez antes de abrirlo. "Si, pero cuando estoy aquí no es para que me quede dormido". Alzó su mano izquierda para tocar el rostro de Fuji con cuidado.

Fue inevitable que Fuji cerrara los ojos al sentir la mano de Tezuka acariciando su mejilla con tanto cuidado. Suspiró contento antes de apoyar su cabeza sobre la mano de su antiguo compañero.

"Mitsu".

"Dime, Syuusuke".

Fuji tomo aire y abrió los ojos. Sus ojos azules no llevaban la dureza que solía dirigir a quien tenía la mala suerte de verlos, por el contrario, nunca habían sido tan suaves. Románticamente hablando, Tezuka estaba seguro que podía ver su reflejo en ellos.

"¿Me quieres?".

Tezuka se quedó helado por un momento. Era una pregunta inesperada, una sorpresa que traía recuerdos de sus años de colegio, tanto buenos, como malos.

El primer campamento de Tenis al que asistieron. Recordaba la segunda noche, cuando se dejó caer una tormenta que no sólo trajo agua, sino también mucho frío. De alguna forma, Inui, Kawamura, Kikumaru, Oishi, Fuji y él, terminaron durmiendo en una sola cama; Fuji le habría abrazado en algún momento de la noche, metiendo sus manos heladas debajo de su pijama, lo que fue más que suficiente para que Tezuka decidiera colocar sus pies helados contra los de Fuji.

También el Torneo de Dobles que organizó Yamato-buchou, donde Fuji le había tomado la mano para inscribirlo como su pareja en el juego. Era la primera vez que se sentía parte de algo, incluso la primera vez que tenía un amigo.

De la misma forma en que Fuji era protagonista de recuerdos agradables e incluso divertidos, lo era de aquellos que aún le dolían.

Pero Echizen no estaba con ellos. Eran sólo Syuusuke y Kunimitsu, nadie más.

"Syuusuke".

Fuji miró hacia otro lado, mientras Tezuka se incorporaba de su lugar sobre las piernas del otro joven. De cierta forma esperaba que Kunimitsu fuera sincero con él, pero no sabía que le dolería tanto que su compañero no le correspondiera el amor que sentía por él.

"Yo te amo".

Fuji sonrió.