CAPÍTULO 4 : MAGIA ANTIGUA

"Padecían de un mismo mal... se alegraban al verse,

Les dolía separarse; estaban desazonados,

Deseaban algo e ignoraban qué.

Sólo sabían, él, que origen de su mal era un beso,

Y ella, que era un baño."

"Dafnis y Cloe", LONGO (siglo III d.C.)

El cuerpo adolorido de Rodolphus Lestrange, yacía en medio de la penumbrosa sala redonda de alto techo. A unos pasos de él, Bellatrix, cruzada de brazos, mantenía una mirada imperturbable, glacial, siniestra. Había sido muda espectadora del castigo de su esposo, y sin importar cuanto este gritara, le parecía a ella que la expiación había sido insuficiente. Su hermana menor estaba muerta... No le importaban las justificaciones de Rodolphus; quería vida por vida.

Cuando Lord Voldemort, desde su ubicación en la zona más elevada de la sala, permitiera al culpable retirarse, los ojos de Bellatrix ardieron de indignación. Rodolphus, incorporándose trabajosamente, huyó, como animal herido, de la crueldad del mago oscuro y los mortales deseos de su esposa.

- ¿Aún no estás conforme, Bella?- la voz del mago llegó a sus oídos con aquella gravedad cargada de sarcasmo que le caracterizaba. Ella volteó hacia él sus delineados ojos para encontrar que en el pálido rostro de su amo, se dibujaba una sonrisa... macabra, si, pero excitante, como todo lo que Bellatrix amaba. El placer ante el dolor y el sufrimiento de otros, la sensación omnipotente de tener en sus manos la vida del más débil, imponerse... Lord Voldemort representaba para ella eso y más. No era, una cuestión de "amor", como Rodolphus sospechara muchas veces, sino admiración... y conveniencia. Una ciega idolatría hacia quien le permitía dar rienda suelta a sus más oscuros deseos, a su sadismo innato.

El hombre bajó el escalón del desnivel del piso para quedar frente a ella. La magia invocada en el macabro hechizo que le había devuelto a su forma corpórea, corría por sus venas mezclada con la sangre de Harry. Esto, y el incremento constante de su poder en el último tiempo, habían devuelto al Señor Oscuro las humanas formas de Tom Riddle. No en su versión más atractiva, ciertamente, pero eran los rasgos de un hombre, sin edad ni sentimientos, como si su rostro rejuveneciera a medida que los horcruxes que guardaban lo más oscuro de su alma, se deformaban y envejecían.

- No...- respondió Bellatrix tras una larga pausa contemplativa.- No lo estoy.

- ¿Preferirías verlo muerto?.- Ella no respondió con palabras, sino con la mirada. Lord Voldemort sonrió. – Ya veo... Quizá en algún momento te deje hacerlo, Bella. Pero por ahora, necesito de Rodolphus tanto como de los otros. Si la gloriosa "Orden del Phoenix" como dicen llamarse, se entera de que se están matando entre ustedes, podrían envalentonarse y contraatacar.

- ¡Como si pudieran hacer algo!

- Cuidado Bella... Menospreciar sus fuerzas es un grave error... Un error que ellos cometieron y gracias al cual yo estoy aquí ahora.

Ella parecía dispuesta a replicar, pero un golpeteo en la puerta interrumpió el diálogo. Al abrirla, Severus Snape hizo su ingreso.

- Me han dicho que quería hablarme, mi Señor.- masculló el hombre, con una leve inclinación de cabeza hacia el mago oscuro, e ignorando intencionalmente la presencia de Bellatrix, cuya mirada parecía querer fulminar al recién llegado con su odio.

- Así es, Severus. Tengo una pequeña misión para ti. Estoy seguro de que eres el único con las habilidades necesarias para lograrlo.- mientras hablaba, caminó hacia un sillón de amplias proporciones, y tomó asiento con la engreída majestuosidad de un rey.

- ¿Y qué misión sería esa?- Voldemort guardó silencio, indagando el rostro demacrado del supuesto "asesino" de Dumbledore: su mortífago estrella, su leal espía... Su más fiel servidor... Pero... ¿Lo era realmente?

- Quiero que encuentres a Harry Potter.- hubo una larga pausa, en que analizaba el rostro imperturbable de Snape.

- Y, ¿Cómo se supone que haga eso? Debo recordarle que ya no soy precisamente un miembro de la Orden...

- Confío en tus capacidades, Severus. Eres el único entre nosotros que ha estado suficientemente cerca de ellos como para saber donde ocultarán a Potter. Tú mismo dijiste que ya todos conocen la profecía, así que consideran al chico su única esperanza... Quiero que lo encuentres y me lo traigas... Debemos asegurarnos que no se hagan falsas ilusiones. ¿Entendido?- Snape asintió con una inclinación de su cabeza, y permaneció un largo rato en silencio, bajo la escrutadora mirada de Riddle.- ¿Qué es lo que te preocupa, Severus?

- Quisiera saber qué ha ocurrido con Draco Malfoy.- Los ojos de Bellatrix se abrieron con horror, y aunque solo fue un instante, esta reacción inesperada no pasó inadvertida para el mago oscuro.

- No lo sabemos aún...- respondió Voldemort, advirtiendo cómo se tensaba el cuerpo de la mortífaga.- Pero Rodolphus se encargará de encontrarlo y traérmelo... con vida o sin ella. Es parte del castigo por haber actuado sin mi consentimiento. ¿Algo más, Severus?- El hombre negó con la cabeza- Puedes retirarte entonces.

Hubo una última inclinación por parte de Severus, y luego, volvieron a quedar sólo dos personas en la sala. Voldemort analizaba atentamente el rostro de Bellatrix, sacando conjeturas, pero en ese momento, lo único que podía advertir en la bruja era su infinito odio hacia Severus Snape.

- No confío en él. – escapó de los labios de la mujer. El hombre la contempló unos segundos, con su sonrisa imperturbable y la mirada perdida en pensamientos propios.

Contrario a lo que aparentaba en presencia de los demás, era él, Lord Voldemort, quien más razones tenía para desconfiar de Severus Snape. Siempre le había considerado un espía doble, un embustero que traía tanta información a los mortífagos, como llevaba a los de la Orden. Por lo mismo, había puesto a Colagusano a vigilarlo. En más de una ocasión llegó incluso a engañarlo, informándole de planes inexistentes o entregándole datos falsos con la esperanza de que llegaran a Dumbledore. Pero jamás llegaron. Esto, y que fuera el ejecutor de la muerte del anciano, debían haber ganado para Snape la confianza de Tom. Pero, no fue así, y es que Lord Voldemort era, entre otras cosas, un experto en el análisis de la lógica en las acciones humanas... y, aunque no sabía qué, algo en el actuar de Severus Snape no tenía lógica... Algo no encajaba.

-HP-

El desayuno en Privet Drive transcurrió en un silencio incómodo. Mientras Ron sostenía su cabeza en una de sus manos para que esta no fuera a dar contra la mesa, Neville jugueteaba con el cubierto contra sus huevos, pero sin comer. Cada cierto rato abría la boca como dispuesto a decir algo para romper el silencio, pero desistía al instante. Hermione, tan recta en su asiento que recordaba a Macgonagal, tenía las manos juntas sobre la mesa, y su mirada perdida en algún pensamiento. Harry sostenía un tazón contra sus labios, pero no bebía. Sus ojos entrecerrados, por detrás de sus gafas, daban la impresión de una meditación profunda. Y Ginny, que completaba el grupo de jóvenes encerrados en la cocina, no podía despegar su mirada de Harry.

Al mirarlo, la pelirroja recordaba con detalle como las pupilas del muchacho se habían dilatado mientras le informaba que debía terminar con ella, decisión a la que su noble y estúpido corazón le obligaba.

Harry había dicho que junto a él corría peligro. Y ella se preguntaba si sería realmente esa la razón. Amarse y estar separados era algo que Ginny consideraba sencillamente falto de lógica, ridículo. Pero lo que más le molestaba de todo, era la indiferencia conque Harry la trataba desde entonces. Como si nunca hubieran tenido nada, como si jamás se hubieran amado. Ella había guardado la secreta esperanza de que, al reencontrarse, él recapacitara. Pero no... Contrario a eso, evitó mirarla, le dio un insensible "Hola" por saludo, y estableció un frío juego de evasivas entre ambos.

Hermione le había preguntado la noche anterior si seguía enfadada con Harry. ¿Enfadada? No... lo que aquejaba a Ginny era más que enfado... Era rabia. Una rabia que la quemaba por dentro, que la consumía cada vez que tenía a Harry cerca y él desviaba la vista. "Lo hace por protegerte...", le había dicho Hermione. Y eso sólo aumentaba la irritación en Ginny, porque, cómo podía él haber dicho una vez que la amaba, y luego permanecer impasible a su lado, ignorándola, cuando ella, no podía dejar de pensar en él, y no soportaba su indiferencia. "Eres una niña aún, Ginny, nada sabes del amor...", eran las palabras que le repetía su madre intentando consolarla, " Ya verás como pronto te olvidarás de esto...". Pero ¿qué sabía su madre de sus sentimientos? Era ella, Ginevra Weasley quien había pasado seis años de su vida enamorada de Harry Potter, y justo cuando creía tenerlo, lo perdía otra vez, por la razón más ilógica de todas: Protegerla. ¿Quién quería protección? Ella era más fuerte que muchos y más valiente que nadie. No necesitaba protección. Lo que necesitaba, era tener a Harry junto a ella, como siempre había querido, como siempre había soñado. Quería retroceder a aquellas tardes de paseos a escondidas, al mudo lenguaje conque intercambiaban impresiones, a los besos cómplices y las miradas envidiosas de los demás. Quería sentir nuevamente que era el más importante apoyo en la vida del famoso Harry Potter.

- Ginny, querida...- Habló su madre a su lado. Tan sumida estaba en sus pensamientos, que no la había oído entrar.- debes comer algo...- Ginny observó el plato puesto frente a ella con desagrado. Y luego volteó a mirar a los demás. La expectación estaba plasmada en los rostros de sus amigos, como si todos estuvieran a punto de hacer una pregunta, pero no se atrevieran a tocar un tema del que los adultos querían mantenerles alejados. Y entonces Ginny recordó: Malfoy.

- ¿Qué paso con... con él?- fue ella la primera en romper el silencio, pero sin atreverse a pronunciar su nombre. Después de todo, era de un despreciable mortífago de quien estaban hablando.

La señora Weasley exhaló un largo suspiro. Aunque intentó sonreír y restar así importancia al asunto, la mirada de los jóvenes le hizo comprender que no aceptarían una evasiva.

- Está... Estable.- murmuró con una expresión dubitativa, como si ella misma dudara que la noticia fuera buena- La señorita Abegnielle se encargó de sanar sus heridas. No eran muchas...- se restregaba las manos con nerviosismo, evitando mirarles directamente a los ojos, como si el haber prestado ayuda a Draco Malfoy fuera un hecho reprobable.- Pero aún no ha vuelto en si...

- Pero... ¿Cómo llegó hasta aquí?- preguntó Hermione.

- Bueno, Tonks... ella le ha traído. Aún no sé bien por qué, pero... En fin.. Estaba herido. Había que ayudarlo.

- ¿Y cuándo lo enviarán a Azkaban?- siguió Ron. Las miradas de los demás fijas en él, como si fuera el portavoz de una pregunta colectiva. Molly enmudeció.

- No irá a Azkaban.- Las palabras de Remus Lupin, entrando a la cocina, les llegaron con toda su claridad.

- ¿Por qué no?- siguió Ginny.- Es un mortífago. Es en Azkaban donde debe estar, junto a su padre.

- No podemos juzgar con tanta ligereza a las personas, Ginny. Hay cosas que ustedes no saben y que...

- ¡Él dejó entrar a los Mortífagos a Hogwarts! Por su culpa, Dumbledore está muerto.- fueron las enérgicas palabras de Ron. La mirada inquisitiva de la propia Molly sobre Lupin, parecía apoyar las palabras de su hijo. Después de todo, el joven del que hablaban era el responsable directo del desfigurado rostro de Bill.

- Enviarlo a Azkaban, siendo quien es, sería sentenciarlo a muerte...- dijo Lupin, tras unos momentos de silencio.

- Eso es lo que merece.- masculló Ginny, pero Lupin siguió su discurso sin rebatirla.

- Lucius Malfoy murió ayer. – Los jóvenes guardaron silencio, expectantes.- Y también Narcissa...- La señora Weasley soltó un sollozo espontáneo.

- Me importa un bledo si ha quedado huérfano.- repuso Ron, suponiendo, más que escuchando- ¡Es un mortífago, y al ayudarlo, solo conseguirán que traiga a más de los suyos para matarnos!

- Fueron los mortífagos quienes mataron a su madre- siguió Lupin.- y si lo encuentran, le matarán también.- Por un largo instante reinó el silencio.

- Y qué haremos... ¿Quedárnoslo como mascota? ¿No pensarán hacerlo formar parte de la Orden, verdad?- siguió Ron.- Lo último que necesitamos es otro Snape entre nosotros.

- Por lo pronto, esperaremos a que se recupere. Ya veremos después.- intentó sonreír. Pero no encontró ningún rostro dispuesto a compartir su gesto.

- Profesor Lupin, - interrumpió Hermione con cierta timidez.- ¿Dónde está Malfoy ahora?

Remus torció los labios en una mueca preocupada. La noticia que tenía que dar no tendría precisamente una buena acogida.

- Necesitábamos un lugar del que no pudiera huir, así que... Le hemos dejado en el cuarto de Harry...

-HP-

-¡Esto es indignante!- seguía gruñendo Ron mientras bajaban junto a Nymphadora Tonks las escaleras hacia el sótano que habían acomodado para las prácticas conque los atosigaban continuamente, a fin de convertirlos en magos calificados.- ¡No pienso dormir cerca de Malfoy! ¿Cómo se supone que pueda cerrar los ojos sabiendo que él podría matarnos en cualquier momento?

- Bueno Ron...- interrumpió Neville, abrochándose su capa.- tanto como matarnos, no creo... ni siquiera tiene varita.

- ¡Existen otros métodos! Además... Hasta dónde sé, fue idea tuya traerlo hasta acá, Tonks. ¿No debieras ser tú quien compartiera el cuarto con él?

- Soy auror, Ron... Mi cuarto está lleno de artefactos mágicos. Aún no sabemos de lo que es capaz y podría...

- Matarnos a todos...- volvió a afirmar Ron, como si las palabras de Tonks confirmaran su punto.

- Ya te dije que eso no ocurrirá. ¡Y ya deja de molestarme con esto! Entre tú y la señorita "novia negra", me terminarán volviendo loca.

- ¿Novia negra?- preguntó Harry.

- Esa Abegnielle, o como se llame. No ha dejado de reprocharme en toda la noche por traer a Draco aquí.

- ¿Qué te ha dicho?- preguntó Ginny curiosa.

Tonks separó los labios para hablar pero se quedó en esa pose un largo rato, como si buscara una prueba para apoyar lo que decía, pero no la encontrara.

- Bueno, en realidad... No ha dicho nada... ¡Pero puedo sentir su reproche!... y lo peor, es que solo tenerla cerca me causa escalofríos.- Se estremeció, ejemplificando su comentario.- Ni siquiera sé cómo llegó hasta aquí. Todo en ella es tan... macabro. Anoche, por ejemplo, cuando fui a buscarla para que nos ayudara, en vez de abrir la puerta de su cuarto y dejarme entrar, como cualquier mago decente habría hecho, me atendió en el pasillo.- Tonks se sentó sobre un baúl de la amplia habitación rodeada de artefactos y utensilios mágicos. Era una versión un tanto más ampliada del salón que utilizaba en Hogwarts para DCAO. Los cinco jóvenes permanecieron de pie en torno a ella.- ¿Y saben qué es lo más extraño? Estaba vestida... Con todo y ese velo horrible... ¿Quién en su sano juicio está vestido a esas horas de la madrugada? Es como si no durmiera siquiera. Cuando le dije que necesitábamos su ayuda, se me quedó mirando, como si me leyera la mente, y por el enfado con que salió caminando, sospecho que la idea de que trajera a Malfoy aquí no le gustó.

- Es verdad... cuando pasó junto a nosotros en la escalera, apenas se percató de que estábamos ahí.- dijo Ginny- Fue entonces cuando mamá nos encerró en la cocina.

- Es demasiado extraña...- siguió Tonks.- Durante los cinco minutos que pasó revisando a Malfoy, en ningún momento preguntó quien era, o por qué estaba aquí. Remus hizo el comentario de que probablemente había sido víctima del ataque de mortífagos y lo único que ella dijo fue: "La Daga de Dorian", y aunque no pude ver su rostro, estoy segura de que se estaba riendo.

- ¿Qué es la "Daga de Dorian"?- preguntó Neville.

- No sé realmente en qué consiste, pero lo curioso es que, según Remus, fue uno de los artefactos que los Aurores se llevaron de la casa de Lucius Malfoy cuando fue encarcelado. No sabemos aún cómo pudo llegar a manos de los mortífagos.

- Pero, si querían matarlo,-siguió Ginny- ¿por qué no recurrieron al Avada kedabra y ya?... Habría sido mucho más efectivo, ¿no?

- Pero aburrido...- La helada voz provenía de una figura a sus espaldas. Los cabellos de la nuca de Harry se erizaron, y al ver la aterrada mirada de Tonks, el joven comprendió que no podía tratarse más que de Antigona Abegnielle. Se volteó lentamente, para enfrentarla.- "Avada kedavra"...- siguió la bruja con cierto sarcasmo en su voz.- Dos palabras que muchos temen siquiera pronunciar. Dos palabras que traen consigo una muerte repentina e instantánea.- su mirada parecía estar fija en Harry. – Dos palabras capaces de arrebatar la vida a un cuerpo... Pero eso es todo lo que el hechizo es... Dos palabras, efímeras e insustanciales, que una vez dichas, desaparecen con la misma facilidad, sin dejar más que un cuerpo inmóvil... Esa es la razón por la cual las otras dos maldiciones imperdonables resultan mucho más atractivas para los mortífagos. Y es también por eso, que esta tarde les enseñaré a enfrentarlas...

- ¿Las maldiciones imperdonables?- preguntó Neville.

- Exacto, Señor Longbottom... Y eso incluye el "Cruciatus".- Neville no pudo evitar sobresaltarse y palidecer, pero Antigona ya se había alejado, caminando con paso firme hasta el otro lado del salón.

- No creo necesario que...- intentó alegar Tonks.

- Es imprescindible, señorita Tonks. Sólo uno de ellos se tendrá que enfrentar irremediablemente a la maldición asesina, -algo se atragantó en la garganta de Harry- y contra eso no puedo hacer más que desearle suerte. Pero las otras dos maldiciones tienen solución y estos chicos deben estar preparados. ¿Sería tan amable de ayudarme en mi demostración?- Tonks palideció frente a la petición de la mujer, porque, ¿qué tal si Antígona había oído lo que ella decía? ¿Qué tal si quería tomar venganza?

- No sé si...

- No se preocupe, señorita Tonks. No saldrá herida.- agregó ella con rapidez.- Ahora, -dijo volteando su mirada hacia los cinco chicos frente a ella.- es bien sabido que la mayoría de los magos temen a las maldiciones imperdonables. Sin embargo, pocas veces escucharán que un mortífago se asuste fácilmente ante un Crucciatus o el Imperius. ¿En qué radica esa diferencia? En que ellos las conocen. Todo mortífago que se precie de serlo debe conocerlas. La gente teme a lo desconocido. Conociéndolas, ese miedo ya no existe. Ahora, señorita Tonks, necesito que use la maldición "Imperius" contra mí...

- No creo que sea necesario...

- No se preocupe, señorita. Me he enfrentado a maldiciones de grandes magos, lo que una novata como usted pueda hacerme no es de temer.- Tonks enrojeció súbitamente.- Ahora... Si fuera tan amable.

Sin esperar una tercera oferta, Tonks alzó la varita y dejó salir la palabra de sus labios. Los jóvenes, cuyas miradas expectantes analizaban de cerca la escena, en espera de alguna reacción por parte de la mujer vestida de negro, descubrieron con cierto asombro que esta ni siquiera se movió. Cualquiera fuese la acción que Tonks quería imponerle, Antígona permaneció inmutable. Bajo la mirada ofuscada de su joven oponente, alzó la mano, en señal de que el ejercicio había terminado y agradeció secamente su ayuda.

- Espero haber probado mi punto...- siguió Antigona.- Ahora, deben saber que las maldiciones imperdonables son de los más antiguos hechizos que existen en el mundo. Originalmente utilizadas para castigar a los transgresores, llegó un momento en que su uso fue difundido tan masivamente y con tan tétricas consecuencias, que no quedó más remedio que prohibirlas. Pero esto sólo solucionó parcialmente el problema, pues siempre existirán aquellos que las dominen y que esperen el momento de utilizarlas. Después de todo, el sadismo es tan antiguo como el hombre mismo... Una solución más acertada habría sido simplemente difundir el antídoto... OH, sí, señor Longbottom, por asombroso que le parezca, tanto el Imperius como el Crucciatus tienen un antídoto, pero son pocos los que están dispuestos a trabajar arduamente para dominarlos...

- Disculpe, señorita Abegnielle...- interrumpió Tonks con desconfianza.- pero hasta donde he leído, no existe ninguna poción capaz de...

- No estoy hablando de pociones... Sino de conjuros... Estoy hablando de Magia Antigua... Algo que, hasta dónde sé, esta incluido en el programa de entrenamiento para aurores y que por tanto usted debiera dominar.

- Sin ánimos de ofender, señorita Abegnielle...-siguió Tonks, contrayendo la mandíbula de rabia.- aunque mucho respeto debamos a la Magia Antigua, por ser el origen de todos los hechizos, si ha quedado en desuso es precisamente por su escasa efectividad y la dificultad que presenta su manejo...

- ¿Escasa efectividad?- rió Antigona. Su carcajada llegó a los oídos de Harry como un chillido metálico, doloroso.- Ciertamente es poco efectiva cuando la mediocridad del mago le impide utilizarse correctamente.- Los ojos de Tonks ardían de furia.- Pero es, precisamente la Magia Antigua, que usted tanto menosprecia, la que ha puesto a Lord Voldemort por encima de otros...- todos, incluso Harry, sintieron un escalofrío recorrer sus cuerpos cuando la mujer pronunció el nombre. Aunque Harry mismo encontrara absurdo temer a un nombre, la naturalidad y falta de miedo conque Antigona lo dijo resultaba atemorizante, y extraño.- Y, hasta dónde sé, fue magia antigua también lo que salvó la vida de nuestro "Elegido".- El sarcasmo en su voz al pronunciar las últimas palabras fue notorio, pero Harry no dijo nada. Nadie lo hizo.- Por lo mismo...-dijo alzando su varita hasta una de las repisas de libros, desde donde dos grandes tomos volaron hasta situarse frente a las narices de los jóvenes.- les recomiendo aprender de aquí todo cuanto puedan sobre como utilizar magia antigua contra las maldiciones imperdonables. Entre mejor dominen la teoría, más fácil les será la práctica. ¿Si, señorita Granger?- preguntó al verla alzar la mano.

- ¿Debemos presentar un informe?

- ¿Un informe?-rió la bruja.- Lamento decepcionarla, pero yo no soy precisamente una profesora... no tengo intenciones de poner calificaciones sobre cuanto hayan leído. Si aprendieron o no, se verá cuando se enfrenten a una batalla real. Si no hay más preguntas, quisiera hablar a solas con el Señor Potter.

Dicho esto, comenzó a caminar hasta la escalera. Harry, algo atónito aún, la siguió. Cuando lo tuvo enfrente, la mujer dibujó un círculo en el aire con su dedo e instantáneamente, Harry se percató que todo sonido había sido abolido.

- No se preocupe señor, Potter, nadie podrá escucharnos.- dijo la bruja, adelantándose a la pregunta de Harry.- Dumbledore quiere hablar con usted esta noche. Asegúrese de estar frente a su puerta a las doce en punto. Yo me encargaré de que nadie más esté despierto. ¿Entendido?

- Pero... ¿frente a qué puerta?- preguntó, intentando asimilar la idea de que la bruja también estaba al tanto del secreto del anciano.

- La misma que encontró anoche junto a su amiga, señor Potter.- Harry se sobresaltó al saberse descubierto.- A las doce en punto entonces.- Y tras decir esto, el ruido producido por los demás volvió a inundar el salón, y la bruja con el rostro cubierto subió las escaleras rápidamente.

- ¿Para qué quería hablar contigo?- le preguntó Ron.

- ¡Ojalá pudiera decirte!- fue toda la respuesta de Harry.

-HP-

Hermione subió las escaleras en dirección a su cuarto con los dos pesados libros que Antigona Abegnielle les había encomendado leer, entre sus brazos. Aunque al principio agradeció que los demás le cedieran tan amablemente el privilegio de ser la primera en utilizarlos, no tardó en comprender que tanta generosidad se debía, principalmente, a la esperanza que habían puesto en un buen resumen escrito por ella. Eran situaciones como esa las que hacían a Hermione maldecirse interiormente por ser la "señorita responsabilidad".

Aún no había alcanzado el pasillo del segundo piso cuando el estremecedor sonido de una puerta a unos metros de ella le hizo recordar algo que, por un momento, casi había olvidado: ¡Malfoy!.

Vio como la puerta se remecía, como si alguien intentara desesperadamente abrirla. Miro en todas direcciones. El pasillo estaba desierto. Por un instante, fue conciente de que su corazón latía con más fuerza que nunca. Una mezcla de miedo y expectación recorriendo su cuerpo. La noche anterior apenas había sido capaz de verle de lejos. Sólo le reconoció por el cabello. Ese cabello rubio que tan ostentosa y ridículamente peinado se había paseado durante años por los pasillos de Hogwarts. La señora Weasley había mencionado que Draco se encontraba "estable". Pero Hermione no estaba segura de qué pudiera implicar ese término. ¿Establemente bien? ¿Establemente mal? ¿Establemente deforme? Había sido atacado por mortífagos y había escapado de la muerte. Hasta donde Hermione sabía, de entrar al cuarto en ese momento podría encontrarse con cualquier cosa.

La puerta volvió a sacudirse frente a ella y, siendo tomada por sorpresa, dejó caer los libros de entre sus manos. Un ruido sordo inundó el pasillo y nada más se movió. Recuperando su respiración, pero inmóvil frente a aquel tablón de madera que la separaba ni más ni menos que de Draco Malfoy, Hermione se percató de que su presencia había sido evidenciada. Miro hacia todos lados. No había nadie. Malfoy estaba del otro lado. ¿Se sorprendería si la viera? La joven no podía evitar maldecirse a sí misma por su natural curiosidad mientras apoyaba una de sus manos en el pomo de la puerta.

Confiada en que la varita aferrada fuertemente a una de sus manos le daba una importante ventaja contra el hurón encerrado, dio vuelta la cerradura. Un "clic" se oyó en el espacio silencioso. Con el corazón latiendo a mil por hora, Hermione entró, descubriendo la penumbra del interior del cuarto, apenas alumbrado por la débil luz de una lámpara de noche. Se veía la cama desordenada, la mampara que daba hacia el baño, y el resto... vacío. ¿Dónde estaba Malfoy? Con la varita alzada, por delante de ella, adelantó un paso, luego otro. Paseó su vista por el cuarto, acostumbrando su visión a la oscuridad. Avanzó una vez más, y entonces... La única salida se cerró tras de ella en un ruido sordo, y de un salto, Hermione quedó frente a frente con el más joven de los mortífagos.

Él seguía reclinado contra la madera que cubría la entrada, examinándola. Su cabello y piel tan pálidos, que destacaban con su propia luz en la oscuridad... El mercurio de sus ojos, centelleaba como un líquido impenetrable... Casi hermoso, sino fuera por el odio que irradiaba...

-Tú...- fue la primera palabra que escapó de sus labios pálidos, con una mezcla de rabia y asombro, como si tenerla frente a él fuese increíble... impensable... Absolutamente aborrecible. Hermione alzó su varita amenazadoramente. Y él, al percatarse, se limitó a sonreír. La joven permaneció en silencio, estática, analizándolo. Algo distinto había en él. Unos centímetros más alto, una talla más delgado, el cabello alcanzando el ángulo de su mandíbula, y su rostro dibujando las facciones de un hombre; pero no eran las de Lucius, como ella habría esperado. Tenía los ojos de su padre, pero las facciones de ella, de Narcissa. Y, sin embargo, no se parecía a ninguno.- Hazlo...- Hermione le miró extrañada.- Usa tu varita... sangre sucia.- Ella retrocedió. No por el insulto, sino por la nueva expresión en el rostro del muchacho... No era odio, ni sarcasmo... sino algo completamente nuevo e inesperado en un Malfoy: desesperanza.

El mortífago dio un paso hacia ella. Hermione seguía inmóvil, estupefacta. Malfoy se apoderó de un extremo de la varita de la joven y la apuntó contra su propio pecho manchado de sangre. Ella abrió sus ojos aterrada.

- Hazlo...- ordenó nuevamente.- Para eso has venido, ¿no?- La pregunta tardó en ser comprendida por la muchacha, quien negó efusivamente.

- ¡No! Por Merlín, ¡No!- Draco soltó la varita, y retrocedió. En su rostro se dibujó una mirada extraña, cuestionadora... ¿Para qué estaba ahí entonces? Y Hermione comprendió.- No, Malfoy... Los de la Orden te han traído acá para ayudarte... No es nuestra intención mandarte a Azkaban ni mucho menos maldecirte... – Draco alzó una ceja. Una expresión de incredulidad se dibujaba en su rostro.- Tonks te encontró malherido y creyó...

- Si piensan...- interrumpió Draco con una voz glacial.- que puedo ayudarlos contra el Señor Oscuro, pierden su tiempo...

- No es por eso, Malfoy...- Hermione suspiró.- Todo lo que queremos es ayudarte... Sabemos que los mortífagos están tras de ti...- Draco examinó sus palabras y sonrió sarcástico.

- Gryffindors...- escupió el nombre con asco.- Siempre ansiosos de ver bondad donde no la hay. Tan... benevolentes, que es enfermante...- Dando un paso, comenzó a caminar en torno a ella, sin dejar de mirarla, como si analizara a un animal repulsivo.- ¿Valientes y atrevidos?- rió.- ¡Confiados y estúpidos es más adecuado!

- No es estupidez, Malfoy.- dijo ella, volteándose a mirarle.– Es piedad...

- ¿Piedad?- Dracó detuvo su paso. Su sonrisa se había transformado.- Él murió por su ridícula piedad...- Y Hermione comprendió. Los ojos de Draco dejaban traslucir un terrible arrepentimiento, tan digno de lástima que ella se sintió tentada a confesar que "Él", seguía vivo. Pero no podía hacerlo. Por un momento, Hermione tuvo que recordarse a sí misma que quien tenía frente a ella era Draco Malfoy, un mortífago... Draco Malfoy, quien permitió la entrada de los suyos a Hogwarts. Draco Malfoy, quien alzó su varita contra Albus Dumbledore. Y debió recordárselo buscando algún vestigio del odio antiguo, porque el joven que tenía frente a ella, no era ni la sombra del presuntuoso slytherin que ella recordaba.- Él quiso darme una oportunidad...- murmuró Draco. Había vuelto a apoyar su espalda contra la pared, abatido, desesperanzado.- Intentó dármela y yo no la tomé...-aunque hablaba en voz alta, parecía más bien hablar consigo mismo, como si de un momento a otro hubiese olvidado la presencia de Hermione.- Yo iba a matarlo... Y él me dio una oportunidad...- En ese momento calló abruptamente. Había dicho demasiado.

- Aún tienes esa oportunidad, Malfoy...- susurró ella, mordiéndose el labio con nerviosismo.

- Demasiado tarde...- una cuota de histeria se advertía en su voz.- Tarde por cuatro meses, seis días y... Tres vidas... – Draco volteó su rostro hacia ella con el intenso resplandor de sus ojos metálicos. Súbitamente, Hermione se sintió presa de aquella mirada, envuelta en una sensación de infinita belleza, nefastamente asida a la soledad y el infortunio.

- Nunca es demasiado tarde...- susurró, acercándose con lentitud.- Aún tienes una opción...

Las últimas palabras de ella hicieron eco en la mente de Draco. "Una opción". En su vida nunca había tenido opciones. Nunca había necesitado decidir entre lo que quería o no quería ser, lo que le gustaba o desagradaba... Y nunca le había importado, pues era mucho más fácil de ese modo: Ser un engreído clasista, un Slytherin, un Mortífago... Un asesino. Siempre creyó que era su destino, y que las opciones no existían... Hasta esa noche, en que el anciano le ofreció una oportunidad... Y él no la tomó. Tan acostumbrado estaba a no tener opciones... Y ahora, por su culpa, el anciano había muerto, y con él, la única posibilidad de salvación para sus padres...

- Demasiado tarde...- repitió. Los ojos de su madre clavados en su mente. Habían muerto. Lucius y ella. Y ahora... Él también quería morir.

-HP-

Ginny subió las escaleras en busca de Hermione. No le habría sorprendido mucho encontrar a su amiga ya instalada en el escritorio estudiando. Pero quería tenerla cerca. Estar junto a ella le hacía más soportable la presencia de Harry.

Sin embargo, al llegar al pasillo del segundo piso, dos grandes libros tirados en el piso llamaron su atención. Comprendiendo que estaban frente a la puerta del cuarto de Harry, y recordando quién estaba ahí dentro, temió lo peor. Apretó la varita en su mano derecha, dio vuelta el pomo de la puerta y entró, para encontrarse con "él", sentado en el suelo, abrazado a sus rodillas, y ella, de pie frente a él. El cuadro era cualquier cosa, menos lo que Ginny hubiera esperado.

La mirada de la joven se detuvo en el hombre... bueno, en el niño... Nunca sería un hombre para ella. Nunca sería más que un cobarde niño rico. Un engreído. Un aristócrata presuntuoso y el monumento al egocentrismo.

Malfoy inclinó el rostro hacia ella, acostumbrando sus ojos a la luz que ingresaba por la puerta abierta. Cuando sus miradas se encontraron, el odio intenso de los ojos de la joven impactó contra los de él, fríos, metálicos, impenetrables. Su figura yacía angulada entre la pared y el piso. La luz iluminaba sólo parcialmente su pálido rostro y un mechón de cabello surcaba su frente. Sus ojos centelleaban... Por un momento, la escena semejó a Ginny uno de esos cuadros muggles donde atractivos rostros angelinos, parecían ser devorados por la oscuridad de un fondo negro... Un vestigio del bien consumido por el mal...

Draco volvió a ocultar el rostro, sin decir nada. Hermione caminó lentamente hacia la puerta y obligó a la recién llegada a salir.

- Necesita estar solo...- fue lo que dijo cuando ya habían descendido la escalera.- Ha sufrido demasiado...

Y Ginny se quedó mirándola un momento, incrédula, impávida. ¿Malfoy? ¿Sufrir, Era una idea que no compartía, pero... ¿Para qué decir nada? Hacía mucho que la más pequeña de los Weasley se había resignado a la costumbre de su amiga de ver la bondad en todo el mundo, incluso donde no la había. En su opinión, la pobre Hermione era una ingenua, pero esto ya no tenía remedio. Así que, sin decir una palabra, siguió con ella el resto de camino hasta la cocina.

-HP-

Lo que quedaba de la tarde transcurrió entre las abiertas críticas de Tonks contra Antigona Abegnielle y los infructuosos intentos de la auror por enseñar a los jóvenes hechizos avanzados de defensa.

A la hora de la cena, Lupin les puso al tanto de un par de noticias que resultaban especialmente importantes, como la puesta en libertad de Stan Shunpike, y un nuevo ataque de los mortífagos al Ministerio. Aunque el intento había sido fallido, los destrozos ocasionados habían puesto a Scrimgeour especialmente irritable. Esto, y la desaparición del "elegido", planteaban nuevas dudas en la comunidad mágica, y el rumor de la "muerte de Harry Potter" ya había comenzado a correr. Todo aquello, complementado con el tema de turno –Draco Malfoy- acabó con lo que pudo haber sido una tarde agradable.

Afortunadamente para Ron, la señora Weasley compartía su idea sobre el peligro que representaba dormir cerca de tan indeseable huésped, por lo que decidió acomodar a los "niños" exiliados en su propio cuarto y Hermione caminaba por los pasillos del primer piso, con las frazadas que los jóvenes necesitarían esa noche bajo el brazo, pensando en Dobby.

El elfo doméstico, contrario a lo que ella esperaba, había manifestado su disgusto ante la presencia del mortífago recién llegado y, tras una serie de disculpas, solicitó humildemente que le permitieran regresar a las cocinas de Hogwarts -donde los demás elfos insistían en mantener todo tan activo como si realmente estuvieran funcionando- para no tener que verse enfrentado en algún momento al hijo de su antiguo amo.

Aunque, en cierto modo Hermione entendía las razones del elfo, perder su apoyo sólo por estar dando refugio a quien lo necesitaba, era algo desmoralizante. Después de todo, había sido ella quien más enérgicamente defendiera los derechos de los elfos domésticos, atribuyéndoles una serie de virtudes, como la lealtad, el afecto, la compasión y la bondad innata; por lo cual, descubrir que Dobby no parecía dispuesto a facilitar las cosas para Malfoy, resultó una contradicción devastadora. ¿Sería posible que la única forma que tenían aquellas criaturas de comprender su derecho a la libertad fuera caer en el egoísmo que caracterizaba al ser humano? Aún así, había sido la primera en desear un feliz viaje al elfo.

Y por otro lado estaba el mismo Malfoy. Según Lupin, no solo se negaba a comer, hablar o a cualquier otro acto de supervivencia, sino que parecía sumido en una completa apatía y un rechazo a su actual condición que, aunque todos consideraban una respuesta esperable, en ella despertaba una terrible preocupación. ¿Qué estaría pasando por la mente de Draco Malfoy en aquel momento? ¿Representaba realmente un peligro, como decían los Weasleys? Aunque la impresión de Hermione era todo lo contrario, temía equivocarse. Después de todo, era Draco Malfoy de quien hablaban, y la gente como él no cambiaba de un día para otro.

Sumida en sus pensamientos, entró al cuarto de la señora Weasley. No había terminado de cerrar la puerta cuando el torso desnudo de Harry apareció frente a ella, a medio vestir, y con el cabello aún mojado.

Súbitamente y con las mejillas sonrojadas, la joven giró sobre sus pies, escondiendo el rostro entre las frazadas que llevaba con ella.

- Lo siento...- susurró en un hilo de voz.- Olvidé golpear.

- De haber entrado unos minutos antes habrías terminado de conocer a Ron...- le llegó la voz del joven. Parecía sonreír. Hermione se preguntó si él no se habría percatado de que ella le había visto en nada más que su pantalón de pijama.- ¿Son esas las frazadas?- preguntó, y ella dio un brinco sobre sus pies al darse cuenta de lo cerca que estaban uno de otro. Él se secaba despreocupadamente el cabello con una toalla, sin nada cubriendo la parte superior de su cuerpo. "¡Definitivamente no se ha percatado!" sonó una vocecita en su cabeza.

- Si.- respondió, caminando hasta la cama para dejar ahí las mantas, intentando que él no notara el rubor que cubría sus mejillas- la señora Weasley dijo que ella misma terminaría de acomodarlos en cuanto se desocupara de la cocina, de modo que ustedes no debían tocar nada...- dijo, aparentando despreocupación en el tono de su voz, mientras se volteaba lentamente a mirarlo. Harry se encontraba de espaldas a ella, frente a un espejo de medio cuerpo, sacudiendo la maraña de cabellos negros. La luz proveniente de la lámpara de noche iluminaba su espalda, donde un par de gotas se deslizaban serpenteando. Ella no pudo evitar recorrer con la mirada la anatomía de sus brazos, descubriendo que no eran tan delgados como creía.

- ¿En qué estás pensando?- preguntó el joven con cierta preocupación, volteándose a mirarla, y las bien proporcionadas formas de su vientre y pecho generaron en ella un extraño estremecimiento. "¿Que en qué estoy pensando?", se dijo, "Dudo que quieras saberlo...".

- En nada... En todo... No sé...- respondió encogiéndose de hombros y desviando la mirada, mientras acomodaba un mechón de cabellos detrás de su oreja.

- Siempre haces eso...

- ¿Qué cosa?

- Eso...- dijo acercándose a ella para retirar un rizo de su frente. Hermione sintió que algo en su interior la consumía, y utilizaba todas sus fuerzas para evitar mirar directamente a los ojos de Harry. "Piensa en Ginny, piensa en Ginny", se repetía mentalmente.- poner el cabello detrás de tu oreja.

- ¡¡AH!- se oyó el grito de Ron, quien asomaba su cabeza por detrás del marco de la puerta de baño, donde se había escondido de Hermione al percatarse de su presencia.- ¿Se puede saber qué haces aquí?- preguntó con aparente indignación, y las mejillas casi tan rojas como su cabello.

- Solo traía un par de frazadas, pero ya me voy...- dijo aparentando molestia, y sin decir más, salió del dormitorio tan rápidamente como le fue posible, mientras Harry reía abiertamente.

-HP-

Cuando el reloj dio las doce, Harry se percató de que Ron yacía profundamente dormido, aún sosteniendo la tasa de café en su mano y el cuerpo apoyado incómodamente sobre la mesa de la cocina. Sólo minutos antes, mientras el pelirrojo insistía en desvelarse junto a él, Harry buscaba desesperado una excusa que le permitiera salir de ahí sin que su amigo le siguiera. Pero, al parecer, Antigona Abegnielle había cumplido su palabra, y nada en la casa se interponía entre él y su cita con Albus Dumbledore.

La puerta mágica estaba abierta y una leve excitación inundó a Harry ante la expectativa de volver a hablar con el anciano, quien le esperaba de pie junto a la chimenea. Con su amable mirada le indicó que tomara asiento frente a él.

- Y bien, Harry, ¿hay algo que quieras decirme?- "Extraña pregunta", pensó Harry, "cuando ha sido él quien me hizo venir...". Dumbledore sonrió, como si leyera sus pensamientos.- Lo pregunto porque son pocas las oportunidades que tenemos de hablar, y para mí es importante conocer tus inquietudes.

- La verdad es que... Me preocupa la presencia de... de Malfoy.

- Supuse que sería así. Y no eres el único.

- ¿Usted cree conveniente que él permanezca aquí?- El anciano regresó su mirada al fuego viendo consumirse las llamas.

- Para serte franco, Harry, no estoy seguro de qué tan inofensivo pueda ser Draco Malfoy. Pero en este momento al menos, tenerlo aquí parece ser lo más correcto de hacer, o así lo creen Nymphadora y Remus. Considerando que son pocas las ocasiones en que yo estoy disponible para que alguien pida mi opinión, no puedo juzgarlos por tomar decisiones por sí mismos.

- Profesor Dumbledore,- dijo Harry tras una breve pausa.- ¿Qué es lo que le mantiene tan ocupado?- Una satisfecha sonrisa comenzó a formarse en los labios del anciano.- ¿Qué hace cuando no está aquí?

- Eso es precisamente lo que quería explicarte, Harry. Quiero ponerte al tanto de cómo ha progresado aquella misión que me ha tenido ocupado por más de un año...- Y bastó una mirada insinuadora de Dumbledore para que Harry comprendiera.

- ¡Los horcruxes!

- Debo decir Harry, que me sorprende cuán fácilmente te olvidaste de ellos, considerando la importancia que tendrán en tu vida...

- El medallón no era el verdadero Horcruxe...- interrumpió Harry recordando.- alguien se lo llevó antes que nosotros y...- De un momento a otro una horrible imagen golpeo en la mente del muchacho con la fatal intensidad del recuerdo. En su cabeza se dibujaba con toda claridad el momento en que tomó el falso Horcruxe del bolsillo del anciano que yacía muerto sobre el piso. Había sido tan real, que la presencia de aquel hombre hablándole ahora, parecía sacado de un sueño. Por un momento, pensó en preguntarle detalles sobre qué sintió al fingirse muerto, y cómo lo hizo. Pero las palabras de Dumbledore se lo impidieron.

- Alguien lo destruyó...- dijo con marcada seguridad.

- Pero... ¿Podemos estar seguros de ello? ¿Sabe usted quién es R.A.B.?- Por un segundo, pareció a Harry que una extraña exaltación se apoderaba del anciano al oír aquellas iniciales. Pero desapareció con tal rapidez, que no podía estar seguro de lo que había visto.- ¿Lo sabe?

- Lo importante, Harry, es que el horcruxe fue destruido. Lo que debemos hacer ahora es concentrarnos en los que quedan.

- Usted algo dijo de que Bellatrix Lestrange...

- Es la guardiana de uno de ellos. Del collar de Rowena Ravenclaw, para ser exactos...

- ¿Cómo lo sabe?

- Sólo lo se...- respondió, con una sonrisa misteriosa.- Además de este, que será probablemente el más difícil de encontrar, queda alguna pertenencia de Godric Gryffindor que aún no hemos identificado.

- Y la tasa de Helga Hufflepuff...- Dumbledore sonrió.

- Me tomé la libertad de destruirla personalmente, pero es una historia que te contaré en otro momento.- Harry pensó que Dumbledore le debía ya varias historias, pero no insistió en el tema.

- Profesor... ¿Y que hay de Nagini? Usted dijo que podían ser seres vivos y que...

- Yo no me preocuparía por Nagini, Harry. Aunque en algún momento consideré esa posibilidad, puedo asegurarte que estaba en un error. Nagini no forma parte de los siete Horcruxes.

- ¿Siete? Creí que serían sólo seis: el diario, el anillo, el relicario de Slytherin,- comenzó a enumerar- la tasa de Hufflepuff, el collar de Ravenclaw, y algo de Gryffindor. ¿Cuál es el séptimo?

- Será destruido cuando llegue el momento, Harry...- un dejo de tristeza se podía percibir en su voz.- pero no representará un problema, así que nuestra atención debe estar centrada en el collar de Rowena, y alguna pertenencia de Godric. Es en esto en lo que invierto mi tiempo.

- ¿Y qué es lo que puedo hacer yo?

- Por ahora, lo importante es que pongas todo de tu parte para que, llegado el momento, puedas enfrentar a Tom. Eres el único que puede hacerlo, Harry, y aunque lamento que aquella responsabilidad recayera sobre ti, debo hacer todo cuánto esté en mis manos para que tengas éxito. Por lo mismo, te pido que te esfuerces en aprender ya no solo Oclumencia, Harry, sino también Legimencia.

- ¿Legimencia?

- La conexión que existe entre Tom y tú es lo único que tenemos para llegar a los demás Horcruxes.

- Pero, y si mientras intento llegar a los pensamientos de Voldemort, él llega a los míos... Si se entera que usted está vivo...

- Es un riesgo que debemos correr. Por supuesto, esperaremos hasta que domines la Legimencia lo suficiente para no arriesgarnos, y como sé que será poco lo que avances con esto si te dejo en manos de Severus, será Antígona quien se encargue de enseñarte... ¿Sucede algo, Harry?

- Es que... ¿La señorita Abegnielle?- en su expresión dejaba traslucir claramente su desagrado. Dumbledore sonrió.

- Comprendo que no es precisamente de tu agrado, pero es entre todos, la única opción que tengo a parte de Severus.

- ¿Usted confía en ella?

- Tengo mis razones para hacerlo. ¿Es que no confías en mi buen juicio, Harry? Créeme que la señorita Abegnielle tiene tantas o más razones que tú mismo para luchar contra Tom Riddle.

- No dudo que las tenga, es sólo que... Tenerla cerca me produce escalofríos... Es como si algo en ella... No sé...

- Nada hay tan terrible para un ser humano como tener que soportar lo peor...- Dumbledore tenía la mirada fija en el fuego de la chimenea. Aunque hablaba en voz alta, el comentario bien podría haber estado dirigido a Harry o a sí mismo.- porque cuando te ha ocurrido lo peor, ya no puedes temer nunca a nada. Y algo hay de antinatural en una persona que no siente miedo.- El joven permaneció en silencio un largo rato, esperando alguna explicación por parte del anciano. Pero esta no llegó.- Ya es hora de que regreses, Harry.- él asintió.

- ¿Cuándo le veré otra vez?- preguntó poniéndose de pie.

- Pronto, Harry... Muy pronto.- sonrió él, y tras una despedida que Harry habría querido extender por más tiempo, la puerta desaparecía y el silencio de la noche oscura lo envolvió.

-HP-

Ron se despertó abruptamente apenas guardando un par de recuerdos de lo que había sido un sueño encantador donde Hermione estaba frente a él, envuelta en un vestido rosa. Y él había tenido el coraje de besarla... Y ella no lo había rechazado, y el beso había sido tan, tan... corto. En el instante mismo en que había unido sus labios a los de ella, un ruido le trajo de vuelta a la fría realidad, donde su mano congelada sostenía aún el mango de una taza, y un hilo de baba descendía por la comisura de su labio. Dio un largo bostezo, y el mismo ruido sonó otra vez.

Volteando su cabeza a todas partes buscaba el origen de aquel golpeteo. Se oyó una tercera vez, y entonces, con sus sentidos un tanto más alertas, se percató de que una lechuza blanca con manchas café le observaba atentamente, con las patas agarradas al respaldo de la silla frente a él. En su pico llevaba una carta. Al percatarse de que el joven al fin la había visto, la soltó y sin esperar respuesta, ni recompensa alguna, echó a volar nuevamente, perdiéndose a través del tubo de la estufa.

Tras proferir un par de maldiciones contra el extraño animal, el pelirrojo tomó el sobre entre sus manos y después de un primer gesto de sorpresa, sacó rápidamente la carta y comenzó a leerla. Harry acababa de entrar a la cocina.

- ¿Qué es eso?

- Una carta...- respondió, pero sin dejar de leer.

- ¿De quién?

- De Luna...- Harry se acercó junto a él, y el pelirrojo, dejando caer el papel lentamente de sus manos y volteando a mirar a Harry con una extraña expresión en el rostro, volvió a hablar.- Esto es terrible...

- ¿Qué le ocurrió?- Harry se apresuró a tomar el papel, buscando el motivo de la cara de horror de su amigo.

- No es que le ocurrió a ella, sino lo que nos ocurrirá a nosotros...

Y mientras Ron profería rezongones lamentos contra su destino y contra Ginny, Harry leyó:

"Queridos amigos,

Ya está todo arreglado. Logré convencer a papá que me dejara quedar con ustedes hasta que regrese de su nuevo trabajo en Ucrania, y él a su vez, convenció a los de la Orden para que me acepten ahí. Muy pronto estaré con ustedes y no me queda más que agradecer su invitación.

Hasta pronto, su amiga,

L.Lovegood.

PS: Ginny, llevo conmigo la almohada extra que me pediste. Según el tipo que me la vendió las plumas conque está rellena tienen propiedades mágicas que te hacen olvidar los malos amores. Estoy ansiosa por verte y tengo mucho que contarte."

-FIN DEL CAPÍTULO CUATRO-

Próximo Capítulo: "SUEÑOS, HORCRUXES Y HUIDAS"

Hola a todos: Lamento en verdad que tardara tanto en aparecer este nuevo capítulo... Supongo que ya se olvidaron de lo que había ocurrido anteriormente... Como sea. Espero pronto recibir comentarios suyos, pues me son de gran utilidad y me alegran el día. Un beso enorme y cuídense mucho.

Les quiere, Alexandra Riddle.