CAPÍTULO 5: "SUEÑOS, HORCRUXES Y HUIDAS"
"Cuánto más loca es una persona, más dichosa es...
Y es tan extenso mi predominio que
entre todos los mortales dudo que sea posible
encontrar uno solo que sea sabio en todo momento
y que nunca fuera poseído por cierta especie de Locura".
-"Elogio de la Locura", ERASMO DE ROTTERDAM.
Luna Lovegood era una experta en gente que quería safarse de ella. Quizá por lo mismo siempre llevaba consigo aquel repertorio de historias fantásticas conque entretener a los demás. Si bien generalmente la tildaban de loca, le divertía enormemente hacerlo, precisamente por eso. La verdad es que ella misma a veces dudaba de su cordura, pero no le preocupaba mayormente, pues era una convencida de que todo ser humano está loco, y que solo se diferencian en que unos están más locos que otros.
Sin embargo, creía haber encontrado en aquel grupo de Gryffindors algo más que un simple par de espectadores para sus chifladuras. Pensaba que en ellos había hallado la "amistad" que siempre buscó.
Por esto, en el instante mismo en que Ginny cometió el –según Ron- gravísimo error de invitarla, no se hizo esperar. La perspectiva de encontrarse nuevamente entre gente de su edad que la consideraban "una de ellos", resultaba mil veces más atractiva que cualquier invitación de su padre a descubrir alguna criatura fantástica conque plagar sus crónicas.
Empacó sus maletas con tanta prontitud como le fue posible. Envió una lechuza a sus "amigos" y compartió una última tasa de chocolate caliente con su padre antes de irse a dormir, esperando soñar conque al día siguiente se encontraría otra vez entre los suyos. Pero su sueño fue bien distinto: estaba en el Departamento de Misterios, frente a aquel portal del que colgaba un velo negro. Los murmullos llegaban del otro lado, formando un lenguaje entendible. Y reconoció la voz de su madre... Y comprendió tantas cosas... Y sintió el lastimoso cantar de un fénix. Pero, al despertar, se fueron los recuerdos y no le quedó más que una extraña sensación de que las voces querían decirle algo... Pero ya no recordaba qué.
Muy temprano por la mañana se despidió de su padre. Tomó el collar de corchos heredado de su madre y partió junto a Tonks en su escoba, dispuesta a reunirse con sus amigos. Aunque le pareció extraño poder visualizar la casa incluso antes de que Tonks leyera la dirección del papel, como requería el hechizo, nada dijo... Después de todo, la vida de Luna estaba rodeada de sucesos extraños.
Después de reencontrarse con Ginny y los otros, y acomodar sus cosas junto a las de ella, recibió la noticia de que en el cuarto de al lado estaba ni más ni menos que Draco Malfoy. Extraño pareció a todos la tranquilidad conque Luna lo tomó, pero ella no hizo nada por explicarse ante ellos, sino que se dedicó a escribir una nota a su padre indicándole que había llegado sin novedades y después preguntó por cuándo comenzarían con las clases, y entonces fue presentada a Antigona Abegnielle.
-HP-
Aunque a la "bruja negra", como habían comenzado a llamarla en secreto, parecía molestarle la idea de ver aumentada la población en la casa, se guardó sus comentarios. Sin dar un saludo, ni intentar siquiera una presentación formal con la recién llegada, se puso de pie frente a todos, y comenzó a hablar.
- La magia antigua...- empezó a modo introductorio, caminando a través del gran salón subterráneo por delante de los jóvenes que se habían sentado en el piso para oírla- No es sólo cualquier truco que pueda realizarse sin varita... Esa es una de sus virtudes, sin duda, pero, en mi opinión, la menos importante. La magia antigua, jóvenes, es la esencia misma de la magia, y su poder radica en hacer lo que es correcto.- guardó silencio un instante, indagando en sus rostros.- Su poder está presente en los lazos familiares. Está presente en el autosacrificio. Está también en la vida... y en la muerte. He ahí la razón por la cual la muerte es tan poderosa y no existe ningún hechizo o poción capaz de regresar a los muertos...
- Pero...- interrumpió Hermione dubitativa- Si no existe forma de regresar, cómo es que... que el Señor Oscuro...
- Porque jamás ha muerto...- respondió seca.- Lord Voldemort siempre ha creído que para alcanzar el poder absoluto es necesario ir en contra de las leyes mismas del universo. Su objetivo siempre ha sido superar el poder de la muerte para conseguir la"Inmortalidad", y piensa, erróneamente, que la ha alcanzado, cuando en realidad, lo único que ha hecho es prolongar su vida en un modo miserable... y a un costo muy alto.
- Pero...-siguió Hermione mordiéndose el labio inferior. Tener a la bruja frente a ella sin poder ver su reacción, aumentaba su nerviosismo.
- ¿Pero qué?
- ¿Qué hay de los Horcruxes?- Harry saltó sobre su asiento al oír la pregunta salir de los labios de la joven. Antigona se reclinó contra el respado de su silla. Parecía divertida.
-Los Horcruxes no son más que una grotesca forma de manipular el poder de la magia. Los artificios de la magia negra no suelen ser más que eso. Tom Riddle recurrió a ellos antes de convertirse en Lord Voldemort. Creyó que con eso aseguraba su poder pero no hizo más que condenarse a sí mismo...- Se puso de pie y caminó hasta una esquina de la sala. Dándoles la espalda, siguió su discurso.- Los Horcruxes fueron creados por Edmond Brandao, un alquimista muggle obsesionado con descubrir el límite entre la vida y la muerte...
- ¿Un muggle?- preguntó Neville con extrañeza.
- Un muggle... O al menos eso creía él. Debemos comprender que no todos los magos nacidos entre muggles han sido reconocidos como tales. Los colegios más antiguos no estaban siempre dispuestos a traer a un sangre mezclada a su comunidad. La alquimia nació precisamente de estos magos perdidos. Si bien muchos de los alquimistas no fueron más que grandes estudiosos, es entre ellos donde encontramos las mayores demostraciones del alcance que tiene la magia. Uno de los objetivos que perseguía era entender los misterios del alma migratoria. Querían generar vida... franquear la barrera entre la vida y la muerte. Pero lo que Brandao consiguió, aún sin él mismo saberlo, no fue mas que un truco para retener nuestra alma en este mundo. Salva al mago de la muerte, sí... Pero le condena a algo peor...- Con esas palabras concluyó el discurso, y Hermione no se atrevió a preguntar nada más.
-HP-
Remus Lupin aguardaba bajo el árbol de una plaza pública. El sol se estaba ocultando y los últimos muggles se habían retirado a sus casas hacía rato. Aunque de vez en cuando aparecía algún transeúnte, Remus estaba seguro de que las posibilidades de que "alguien" pudiera ser un testigo no deseado de su reunión con Severus Snape, eran nulas.
"Snape", pensó, recordando al mismo tiempo el sinnúmero de razones que tenía para desconfiar del único mortífago que pertenecía a la Orden del Fénix. "Y sin embargo confío", se dijo. Y era cierto.
El misterioso regreso de Dumbledore fue para Lupin un sorprendente descubrimiento. Aunque Remus había tenido sus dudas, Ojo Loco le tranquilizó explicando que él algo sabía del trato entre Snape y el anciano director. Dumbledore, por su parte, contó a todos que fue precisamente Severus el más reacio a cumplir con su deber. Incluso habían tenido una horrible discusión, de la que Hagrid fue parcial testigo, justo la tarde de su fingida muerte. Todo calzaba. Incluso aquel "Severus, por favor...", que Harry había dicho fueran sus últimas palabras, concordaba con el relato, y, aunque Remus sabía que Snape era un as de la Oclumencia, no podía evitar confiar en él... Pero algo había en todo aquel asunto que lo intranquilizaba.
- Profesor.- sintió una voz a sus espaldas. Un anciano de melena canosa y envuelto en gabardina gris, con todo y sombrero, le dirigió una inclinación de cabeza a modo de saludo, y tomó asiento junto a él. El disfraz era bueno, pero la ganchuda nariz y aquellos ojos negros con la profundidad de un pozo oscuro, delataban a Severus Snape.
- Profesor.- respondió a su vez. Mencionar el nombre de un mortífago prófugo podría traer graves consecuencias.- ¿Alguna novedad?- Snape negó con la cabeza, extendiéndole al mismo tiempo una bolsa con frascos. Eran ingredientes para la poción que evitaba la transformación de Lupin.
- Asumo que el Profesor Dumbledore ha desaparecido nuevamente.
- La búsqueda de los Horcruxes es una pesada tarea para él. Por eso no ha tenido tiempo para...
- Hablar con nadie.- respondió cortante. Y Remus guardó silencio, pues a él también le resultaban extrañas ciertas actitudes del anciano. Su constante ausencia, sus secretismos, y aquella rara sensación de que Albus Dumbledore ya no era el mismo, no dejaban de aquejarlo. Y es que el anciano, quizá presa de la desesperación o del desgaste propio de su edad, parecía obsesionado en su búsqueda de Horcruxes. Remus dirigió su mirada nuevamente a Snape, pero los ojos de éste nada dejaban traslucir. Sin embargo, por un breve instante, apartando los odios mutuos, Lupin pudo percibir que el hombre y él compartían este pensamiento. Quiso preguntar, pero fue interrumpido por un nuevo mensaje de Snape.- Potter es el nuevo objetivo del Señor Oscuro.
- ¿Harry?
- Me ha encomendado encontrarlo. Cree que con Dumbledore muerto ya no hay obstáculos para llegar a él.- Lupin no pudo menos que analizar el rostro de Snape. Por alguna extraña razón, casi podía asegurar que el hombre no tenía intenciones de entregar al muchacho, pese a lo riesgoso de su situación.
- ¿Te ha dado un plazo?- dijo Lupin con un tono preocupado, frente a lo cual, Snape le dirigió una mirada despreciativa y se alzó del asiento.
- Es importante que el Profesor Dumbledore lo sepa. La situación no se podrá mantener por mucho tiempo.- Lupin asintió.- Adiós... Profesor.- y, sin siquiera voltear a mirarle, echó a andar, en dirección opuesta a uno de sus antiguos enemigos de Hogwarts.
-HP-
Tonks subía las escaleras junto a Ginny cuando vio a su prometido aguardando por ella fuera de su habitación. Por la expresión de su rostro, la bruja podía adivinar la preocupación en él.
- Ginny, querida, ¿puedes llevar esto a Draco?- ordenó, más que preguntó, extendiendo una pequeña bandeja con comida a la joven cuando estaban frente al antiguo cuarto de Harry. Y pese a la aterrada mirada de la pelirroja, siguió su camino hasta Remus, colgándose de su cuello y entrando rápidamente junto a él a su dormitorio, sin importar el "Pero..." que la pequeña Weasley alcanzó a dirigirle antes de que la puerta le fuera cerrada en la cara.
- ¿Qué ha ocurrido?- preguntó Nymphadora, acariciando el rostro de Lupin mientras tomaba asiento frente a él en la cama. Que al hacerlo pasara a llevar un par de vasos que fueron a dar al suelo produciendo un estrepitoso ruido, no le importó. Remus no pudo evitar sonreír, y enredando sus dedos entre los azules cabellos de ella, la atrajo hacia sí y la abrazó con fuerza. Si algo le gustaba de aquella joven bruja era su capacidad de saber exactamente cuando algo lo intranquilizaba.
- Nada grave en verdad...- mintió.- ¿Sabes si se encuentra la Señorita Abegnielle? Necesito hablar con ella.
- ¡Esa bruja!- exclamó Tonks, y Lupin pudo notar que al decir "bruja", no se refería al sentido real de la palabra, sino al término conque se designa a una mujer despreciable.- ¡Si ella tiene que ver conque te sientas mal, te juro que...!
- No es eso.- sonrió.
- Es que sólo tenerla por aquí me provoca nauseas...
"Antigona Abegnielle", resonó el nombre en la mente del hombre, y aunque envolvió a la joven en un abrazo, la sonrisa se borró de su rostro. Cuando esa extraña mujer había llegado a la Orden, nadie había dado explicación alguna. Era difícil entender por qué Dumbledore parecía confiar en ella. Sin embargo, todo apuntaba a que la bruja era, desde hacía más de un año, la informante que tenía Albus para llegar a los Horcruxes. Moody y él habían llegado a esa conclusión; después de todo, oyeron aquel nombre por primera vez justo antes de que el anciano partiera tras el Anillo de Gallum. Pero, si estaban en lo cierto, y realmente era ese el papel de Antígona, nacía la incontestable pregunta de "¿Cómo puede ella conocer el paradero de los Horcruxes? ¿Cómo ha llegado a saberlo?". Y las posibles respuestas a esto eran el motivo de su preocupación.
-HP-
Draco seguía tendido en la cama. Aquella ridícula bruja de cabello azul, tras toda una tarde hablándole de quién sabe qué cosa, al fin le había dejado en paz. El joven tuvo la impresión de que pretendía consolarlo, pero a él no le importaba. Ya nada podía ser enmendado. Sus padres habían muerto, y él era el culpable.
No podía negar que era la muerte de Narcissa lo que más dolor le causaba. Ella había sido, a través de su vida, la única fuente de cariño desinteresado para él. El único ser que le profesaba un amor verdadero, algo que jamás encontró en Lucius. Draco muchas veces sospechó e incluso deseó que algo de pasión anidara bajo aquella doctrinaria mascarada de su padre. Pero si lo había, jamás lo sintió. Y aún así lamentaba su muerte. Aún así preferiría que siguiera con vida.
Se abrazó a la almohada, lamentándose. Si tan sólo no hubiera sido tan ingenuo para creer en la Utopía de Sangres-Pura que prometía el Lord Tenebroso... Si no hubiera sido hijo de un mortífago, o si no hubiera estado en Slytherin; si hubiera sabido que tenía opciones desde el principio... O quizá, si Harry Potter hubiese sido su amigo, entonces... Rió ante este último pensamiento. "¿Amigo del cara rajada?" La idea le resultaba absurda; tan absurda como estar atrapado en el cuartel general de la Orden del Fénix. Tan absurda como que ellos quisieran ayudarle. Tan absurda, como seguir viviendo.
El pomo de la puerta se giró en un movimiento brusco y al instante siguiente la luz entró al lugar, iluminándolo todo. Draco alzó la cabeza para reconocer al recién llegado. El rojo cabello de Ginny Weasley se distinguió en la oscuridad, caminando hacia él. Había una mirada recelosa en su rostro. Draco cerró los ojos para ignorarla. Ella dejó algo sobre la mesa de noche. Probablemente la comida que aquella bruja loca dijo que le enviaría.
Él podía sentir la mirada de la joven clavada en su rostro, acechante, por un largo momento, hasta que los pasos volvieron a sonar, alejándose. El pomo de la puerta se oyó girar, pero ella no se iba, y Draco comenzaba a impacientarse.
- Si crees -se oyó la amenazadora voz de la joven- que con tu actuación de "huerfanito en desgracia" nos has engañado a todos, estás muy equivocado...- dijo con rabia. Él no respondió.- Hermione siempre ha sido una ingenua, y Tonks no se caracteriza por sus aciertos, pero como soy la única aquí con algo de sentido común, me encargaré de velar por ellos, ¿Me oyes? Sé que me estás escuchando, Malfoy... Así que respóndeme cuándo te hablo.- demandó. La ira comenzaba a traslucirse en sus palabras.
Draco, lentamente, abrió los ojos y se incorporó, tomando asiento sobre la cama. Ginny, mientras hablaba, se había desplazado hacia él, y ahora sus miradas se encontraron. Él sonrió de lado y Ginny apretó la varita conque le apuntaba, con más fuerza. Habría querido borrar esa mueca de su rostro. ¡Lo odiaba tanto! Odiaba su risa, sus gestos, su posición y fortuna; odiaba aquel aire de superioridad conque miraba a todos. Odiaba su desprecio, especialmente cuando iba dirigido a ella o a otro de los Weasley. Lo odiaba por ser un arrogante engreído. Y lo odiaba, por ser tan soberbiamente atractivo. Porque sí, lo consideraba atractivo, y eso, en más de una ocasión le había hecho difícil aborrecerlo del todo. Y es que, ¿cómo odiar un rostro tan fascinador como el de Malfoy? No podía explicarse que era en sí lo que le atraía del joven, pero sabía que, de algún extraño modo, todo en aquel mortífago le resultaba sugestivo y excitante... Quizá fuera la peligrocidad de tenerlo cerca... Porque no se podía negar que Draco Malfoy era tan atractivo como peligroso...
- Yo no permitiré que les hagas daño...- siguió amenazante.- ¿Entendido?
Draco se puso de pie y la diferencia entre sus estaturas quedó de manifiesto. Era mucho más alto que ella. Sus ojos la miraban inexpresivos y la boca estaba plegada en una sonrisa estereotipada.
- Entendido.- respondió él con un elegante asentimiento de su cabeza, y en ese instante Ginny sintió el impulso de hacer o decir algo para arrancarlo de aquella impasibilidad. Era como si Malfoy exagerase su cortesía en virtud del gran desprecio que sentía por ella. Él dio un paso, y ella lo miró extrañada. Recién al advertir cómo ampliaba su sonrisa, comprendió las intenciones del muchacho, pero ya era tarde: la varita estaba entre sus blancos dedos, apuntando hacia el pecho de ella.- ¿Y es así como pretendes salvar a tus amigos del malvado mortífago? ¿Dejándolo escapar?- rió.
- No podrás salir de aquí.- replicó ella, aparentando entereza.- La puerta está embrujada para que tú no puedas abrirla...
- Eso no es problema, considerando que tú la has abierto por mí...- Ginny comprobó con horror que era cierto: ella misma la había dejado entreabierta.
- No llegarás lejos.- gruñó.
- Para eso es la varita, Weasley.- sonrió caminando hacia ella hasta que la punta de ésta contactó con el borde de su escote. Ginny intentó retroceder pero él la cogió por los hombros y clavó en ella sus ojos. La débil luz de la lámpara de noche, dibujaba el contorno de su rostro blanco, alumbrándolo pálidamente. La intensidad de su mirada gris no podía menos que hacerla temblar, y, sin embargo, generó en la joven algo muy distinto.
Interiormente, la más pequeña de los Weasley no podía más que maldecirse por la reacción que la cercanía del rostro de Malfoy hacía nacer en ella. Sentía como la sangre se agolpaba en sus mejillas, y su visión se hacía borrosa. En forma inconsciente se humedeció los labios, a sabiendas de lo que podía ocurrir de un momento a otro, deseando que ocurriera. Y una extraña expresión apareció en el rostro de Malfoy cuando comprendió el mensaje.
Sus ojos grises se posaron en sus labios y antes que ninguno de los dos tuviera tiempo de pensar, el beso se produjo. Fue un beso inesperado y sin razón, "forzado", incluso, pero el fuego que consumía a Ginny mientras duró el contacto, le impedía pensar más que en lo novedoso de aquella sensación. Nadie la había besado así jamás... Ni Michael Corner, ni Dean Thomas... Nadie había sostenido su cuerpo con aquella pasión, ni había enredado sus dedos entre sus cabellos de aquella forma. Ninguno había mordisqueado así sus labios ni había recorrido su espalda de ese modo... Ni siquiera Harry... "¡Harry!", el nombre llegó a su cabeza trayendo consigo todas las razones por las cuales no debía responder de aquella forma a ese despreciable hurón. Rompiendo el contacto, lo empujó con todas sus fuerzas y lo maldijo, pero él se limitó a esbozar una sonrisa sarcástica, pasándose la manga de la capa por los labios. Parecía divertirle la expresión indignada de Ginny, la furia contenida es sus ojos. Pero de un momento a otro toda expresión se borró de su rostro, e invocó el "Stupefy". Un haz de luz roja golpeó el pecho de la joven, llevándola a la inconciencia.
-HP-
Aunque Ron se había mostrado como un buen profesor en la mayoría de los ramos del sexto curso al instruir a su hermana, las cosas cambiaron cuando a su auditorio se sumó Luna. La pequeña Ravenclaw no sólo sonreía constantemente frente a cualquier comentario del pelirrojo, sino que había corregido, en más de una ocasión, la técnica empleada por el muchacho, demostrando un mejor dominio en la materia.
Cuando el irritado reclamo del pelirrojo tuvo por respuesta un ataque de risas por parte de Luna, y ésta fue secundada por el resto de sus compañeros, la decisión de Ron fue abdicar de su puesto, y entonces la pequeña rubia, frenando abruptamente su risa, hizo uso de cuánta ternura podía haber en ella, y pidió disculpas tan encantadoramente que toda rabia se esfumó de golpe en el corazón de Ron y accedió a sus súplicas. Luna le recompensó con un efusivo abrazo que hizo las mejillas del muchacho tornarse más rojas que su cabello, especialmente al notar cómo el busto de la joven, que contactó estrechamente con su propio pecho, había dejado de ser el de una niña. Aunque nada dijo al respecto, Harry pudo advertirlo por la tartamudez conque Ron siguió su discurso después de aquel abrazo.
- Sería gracioso, ¿sabes?- dijo Harry a Hermione, tomando asiento junto a la chimenea del primer piso mientras ella terminaba de ordenar sus libros en el otro extremo del sillón. Ron, Luna y Neville acababan de subir a sus cuartos dejándolos solos.
- ¿Qué cosa?
- Ron y Luna... Harían una linda pareja...- dijo mirando hacia el fuego, y entonces, un fugaz pensamiento pasó por su mente. En más de una ocasión, durante el sexto año, había sospechado que lo que sentía Hermione hacia el pelirrojo era algo más que una amistad. Volteó a mirarla, lentamente, creyendo que su comentario podría haber resultado incómodo para ella, pero no fue así. Hermione, más bien, parecía sonreír.
- Si... podrían hacer una linda pareja...- por extraño que resultara, había sinceridad en su respuesta.- además, sería una buena forma de darle una lección a Ron por todo lo que se ha burlado de ella... – dijo, dejando caer su cabeza contra el respaldo cuando terminó de ordenar sus libros. Harry la contemplaba en silencio.
- ¿En verdad no te importaría?- preguntó incrédulo.
- ¿Qué cosa?- volteó a mirarle somnolienta.
- Que Ron y Luna...Es decir... Que Ron y cualquier otra chica...
- ¿A qué te refieres exactamente?- sonrió curiosa, adivinando ya la pregunta.
- Lo siento. Es que siempre creí que entre tú y Ron...- ella abrió los ojos y él enmudeció.- Perdóname. Fue un comentario estúpido.- intentó perder la mirada en el fuego, pero el silencio que se impuso entre ambos se hizo tan incómodo que debía hablar.- ¿Te gusta?- ella le devolvió la mirada, examinando la intención en la pregunta, y, finalmente negó con la cabeza.
- Me gustaba. Admito eso. Sufrí enormemente mientras duró su relación con Lavander. Sufrí también cuando no me invitó al baile de cuarto año...- en este punto frunció el seño, como si el recuerdo le resultara amargo-, y sufrí constantemente esperando que alguna vez me dijera que él también me quería, como algo más que una amiga. Pero, desde que terminó con Lavander me di cuenta que, de algún extraño modo, algo se había roto.- Harry alzó una ceja sin comprender.- No digo que de un momento a otro haya dejado de sentir por él lo que sentía. Creo que el cambio fue más gradual, e incluso puede que ese sentimiento nunca halla existido. Ron y tú son mis dos mejores amigos, y siendo confidente de los sentimientos de Ginny, jamás podría haber siquiera pensado en confundir tu amistad y la mía con otra cosa, pero nada me impedía pensar en Ron de ese modo. Sin embargo, mientras él estuvo con Lavander me di cuenta de que, todos aquellos ataques de celos que yo había considerado siempre como pruebas irrefutables de su amor por mí, son los mismos que hace a Ginny. Quizá porque así me ve... Como una hermana. No descarto la posibilidad de que en algún momento él también confundiera sus sentimientos hacia mí, o que incluso lo siga haciendo de vez en cuando... Especialmente cuando Viktor está cerca, claro...- sonrió.- Pero, no es más que eso.
- ¿Estás segura?
- No podemos estar seguros de nada cuando se trata de sentimientos, Harry. Pero si alguna vez Ron y yo tuvimos la oportunidad de ser algo más que amigos, esa posibilidad se esfumó...
Un largo silencio secundó a aquella respuesta. Ambos jóvenes mantenían un monólogo interior; ella, preguntándose por qué había hecho aquella aclaración precisamente a Harry; y él, preguntándose si no habría pasado algo similar con su "amor" por Ginny.
- Supongo que los sentimientos son como el fuego...- dijo Harry, extendiendo una mano hacia la chimenea.- cuando están recién comenzando son pequeñas llamas, tan frágiles que cualquier soplo las apaga. Debemos esperar a que el Amor adquiera la fuerza de un incendio, y, recién entonces, ya nada podrá acabar con él. El viento no hará más que avivarlo, y sólo nos quedará aguardar a que lo consuma todo...- Harry volteó a mirarla. El asombro se leía en el rostro de Hermione, quien tenía los labios entreabiertos y la mirada expectante, inclinada hacia el fuego junto a él.
- Eso fue... muy bonito, Harry...-dijo conmovida, y su comentario fue secundado por un largo silencio en que ella le sostuvo la mirada por más tiempo del que debió hacerlo...
De un momento a otro, Hermione sintió como si él pudiera ver directamente a través de sus ojos y llegar hasta su mente, sonsacando sus más secretos pensamientos. La sola idea de que él comprendiera las nuevas emociones que habían nacido en ella, la hizo ruborizar, por lo que dirigió sus ojos rápidamente hacia otro lugar, perdiendo su mirada en la contemplación de las danzantes llamas frente a ella.
- Se está haciendo tarde...- dijo al cabo de unos instantes, incomodada por el silencio de Harry. Sentía los rápidos latidos de su corazón golpear contra su pecho y le atormentaba la idea de que él pudiera oírlos también. Un extraño calor recorría su cuerpo, y una especie de magnetismo le atraía hacia Harry- Creo que debo irme...- murmuró, pero sin mucho convencimiento.- Es hora de dormir y estoy muy cansada...
Harry separó los labios para decir algo, pero se contuvo. Su corazón golpeaba con fuerza también y no podía dejar de pensar que algo había pasado. Algo inesperado y preocupante. Algo que amenazaba con cambiar radicalmente su relación con la joven. "No te hagas el tonto, Harry. No puedes ignorar lo que estás sintiendo"- gritaba la vocecita en su cabeza y el recuerdo de aquel Beso, motivo de tantas preocupaciones, acudió a su mente. Ella seguía ahí, sin moverse ni mirarlo, y él comprendió, con cierta sorpresa, que ella sentía lo mismo. "Di algo... ¡Detenla!", seguía la voz, pero él era incapaz de moverse.
Hermione se puso de pie. La escena había transcurrido tan rápido y sin embargo, de un momento a otro, él lo comprendió todo: ella quería irse porque estaba tanto o más asustada que él. Pero Harry estaba demasiado aterrado y nervioso, como para hacer algo más que seguir sus movimientos en silencio, como una ridícula estatua.
- Buenas noches Harry...- murmuró, sin mirarlo, mientras caminaba lentamente hasta la escalera.
- Buenas noches...- carraspeó. Él vio como la joven se detenía en el primer escalón y volteaba hacia él. La luz del fuego alcanzaba a alumbrar levemente su rostro. Con sus labios entreabiertos y su mirada expectante, daba la impresión de querer decir algo, pero las palabras jamás salieron de su boca. Todo dentro de Harry lo impulsaba a detenerla, a decirle que no tuviera miedo, que de algún modo inexplicable él sentía lo mismo... Pero no se movió, y ella terminó de subir los escalones corriendo. Un instante después, se había ido.
Harry permaneció en la oscuridad por un largo tiempo, recriminándose su mutismo e inacción, pero, al mismo tiempo, aliviado porque nada había sido dicho... Aún.
-FIN DEL CAPÍTULO 5-
Próximo Capítulo: " El Heredero de los Black"
A todos mis queridos lectores: Gracias por leerme... Y a quienes disfrutan con el romance les diré, que este capítulo es sólo el comienzo... Besos, Alexandra.
