HOLA A TODOS! LAMENTO MUCHO LA DEMORA, EN VERDAD... SÉ LO DESAGRADABLE QUE ES RETOMAR UN FIC CUANDO HA TRANSCURRIDO DEMACIADO TIEMPO ENTRE UNA ACTUALIZACIÓN Y OTRA, PERO RAZONES DE FUERZA MAYOR ME HAN IMPEDIDO PONERME AL DÍA... Mi intención era enviar los capítulos 6, 7 y 8 juntos, para recompensarlos, pero estoy viendo que tardaré un poco más de lo esperado en editar los otros dos, así es que envío este mientras tanto... Creo que está un poco largo, y es que me ha costado un mundo escribirlo pues he intentado que cada acción de nuestros queridos personajes esté justificada... Dudas, comentarios y sugerencias son siempre bien recibidos.

Declaración: Ni Draco ni Harry son míos (Aún)... No soy más que un intento de escritora que recurre al mundo de Rowling y, por instantes, imagina que es suyo...

CAPÍTULO 6: EL HEREDERO DE LOS BLACK

"¡Qué estrecho, ruin, e insuficiente para sus culpas es este siglo nuestro!...

Lo único que puede hacer por mí es ordenarme cambiar mi nombre por otro,

cuando incluso el medioevo me habría dejado ocultarme,

tras la capucha del monje o el velo del leproso,

y estar en paz."

-OSCAR WILDE-

Harry bajaba las escaleras de la casa en dirección a la cocina, aún soñoliento y con el cabello arremolinado. El reloj de la sala principal marcaba las seis de la madrugada y la Señora Black parecía dormitar apoyada en el marco del retrato. Ni siquiera en aquel estado lucía menos venenosa que de día, con todo su repertorio de insultos.

Una vez en la cocina, el joven apoyó su frente sobre el frío vidrio de la ventana. No había tenido precisamente una noche tranquila y el dolor de cabeza era insoportable. A las constantes preocupaciones de su situación actual, se sumaba el conflicto de sus sentimientos por Hermione, tema en el cual no quería siquiera pensar. Y, por si esto fuera poco, la cicatriz no había dejado de molestarle en toda la noche.

- Un café sería una buena opción para usted, señor Potter- llegó a sus espaldas la voz de Antigona. Harry se volteó a enfrentar aquel rostro cubierto de tela y la vio de pie junto a la ventana del otro extremo de la cocina.- y creo saber qué hacer para conseguirle un cuarto propio, que seguro está deseando...- terminó, dejando a Harry intrigado por el acertado comentario, y es que esa mañana, como muchas otras, se había despertado atrapado entre los pesos muertos de un Ron ruidoso y adormecido, a la derecha, y un Neville inconsciente a la izquierda. Cuando apeló a los codos para ganar algo de espacio, recibió fervientes imprecaciones de ambos lados, pero sin conseguir que le cedieran ni un milímetro, razón por la cual resolvió levantarse.

- ¿Cómo sabe que...?

- ¿Que no ha dormido bien? ¿Cómo iba a poder dormir con su cicatriz molestando continuamente?- Harry retrocedió inconscientemente haciendo que su espalda chocara contra la pared. Ella caminó hasta la estufa donde el agua de la tetera lanzaba un hilo de vapor, y con un movimiento de sus dedos hizo aparecer una taza- No se espante de ese modo, señor Potter. Para nadie es un secreto lo de su conexión con el Señor Oscuro y considerando los eventos de esta noche, el dolor de su cicatriz es una consecuencia lógica.- dijo mientras llenada la taza con el líquido caliente.

- ¿Qué eventos?- Antigona caminó hasta él, extendiéndole la taza de café. Harry la recibió con desconfianza.

- El ejemplar de "El Profeta" que está sobre la mesa le podría dar una idea de lo que está ocurriendo. Pero si quiere más detalles, le recomiendo consultar noticias muggles.

Harry se inclinó hasta el periódico. En la portada, se leía en grandes letras negras: "AMENAZA DE CONFLICTOS BÉLICOS EN EL MUNDO MUGGLE", y bajo una fotografía que mostraba a Scrimgeud dando un discurso, agregaba: "El Innombrable y la Maldición Imperius estarían detrás de las querellas políticas suscitadas entre los principales países del mundo Muggle, abriendo la posibilidad a un conflicto internacional..."

- ¡¿Una Guerra!- exclamó Harry asombrado.

- Exacto... Muggles luchando contra muggles, sin saber siquiera porqué lo hacen. Sin duda es un método efectivo para acabar con ellos y a la vez generar tal caos en su estructura política que a Scrimgeud le sea imposible pedirles ayuda para enfrentar a los Mortífagos.

Harry no pudo evitar pensar en los Dursley ¿Estarían al tanto tío Vernon y tía Petunia? ¿Sospecharían que aquellos tiempos sombríos eran consecuencia del mundo que tanto odiaban? De ser así, Harry estaba seguro que sus tíos le recordaban a diario, pero no precisamente con los mejores deseos.

- Fue así como todo comenzó la primera vez...- siguió Antígona.- Y no me extrañaría que muy pronto "El Profeta" tenga como titulares la oferta de recompensa por nuestras cabezas... Es solo cuestión de tiempo para que Lord Voldemort tome el control nuevamente.- Harry guardó silencio. No sabía con exactitud como responder a aquel comentario. Por un lado no le agradaba el pesimismo de la confesión de Antigona, pero, por otro lado, era un miedo que él compartía.

- ¿Qué fue lo que ocurrió anoche? ¿Por qué me molestaba tanto la cicatriz?

- Para saber eso, ayudaría mucho que usted dominara la Legimencia. Algo ocurrió anoche, es cierto. Yo también pude sentirlo. Pero usted es el único capaz de ir directamente a sus pensamientos... Es el único que tiene la llave a la mente de Lord Voldemort...

- ¿Cómo es que usted pudo sentirlo?- interrumpió Harry. Antigona guardó silencio como si analizara las palabras dichas.

- Tom ha dejado marcas en muchas personas, señor Potter.- Y al ver la horrorizada expresión de Harry, agregó.- Pero no hablo de "ese" tipo de marcas... Contrario a la creencia de muchos integrantes de la Orden, no soy ni nunca he sido una Mortífaga.- acercándose a Harry, descubrió la amarillenta piel de su antebrazo izquierdo y lo extendió hacia él. El joven podía ver con toda claridad las venas traslucirse a través del delgado pellejo, pero no había ninguna marca ahí. Ninguna cicatriz en forma de calavera.- Beba su café, señor Potter.- repuso mientras volvía a cubrir su antebrazo ante el atónito silencio de Harry.- Y avíseme cuando esté listo para comenzar las clases de Legimencia, pues las necesitaremos muy pronto...

Un estrepitoso ruido proveniente de la sala principal interrumpió la conversación atrayendo la atención de ambos hacia la puerta de la cocina, donde hacía su ingreso Bill Weasley.

- Señorita Abegnielle, rápido... ¡El Fidelius ya no está!

-HP-

Todo pasó demasiado rápido. Instantes después de la sorpresiva entrada de Bill, Tonks descubrió que los golpes que no la dejaban dormir no eran producidos por Malfoy, sino por una angustiada Ginny encerrada en ese cuarto.

Una lluvia de reprimendas recayó sobre Nymphadora, y frases como "¡Te lo advertí!" , inundaron el ambiente. Alastor Moody y Remus Lupin , intentaban interpretar lo ocurrido buscando una relación entre la anulación del Fidelius y la huida del muchacho, pero Luna se encargó de explicar que ya desde su llegada junto a Tonks, el día anterior, el hechizo había desaparecido.

- El Fidelius...- interrumpió Antígona, quien se había mantenido de pie junto al tapete de los Black durante la mayor parte de la discusión- ,debió desaparecer en el mismo instante en que la Señorita Tonks trajo aquí a un verdadero heredero de la familia Black.

Todos permanecieron un instante en un escéptico mutismo, apenas comprendiendo las palabras de la bruja, y entonces, el silencio dio paso a la comprensión.

- ¡Malfoy!- exclamó Hermione llevándose ambos manos a la boca.

- Pero... No puede ser...- refutó Tonks.- Harry heredó la casa de Sirius y...

- Y según las leyes mágicas, el Señor Potter está en todo su derecho. Pero existe en esta casa una magia más antigua... Es un derecho de sangre... El mismo que mantiene el retrato de Walburga Black pegado a la pared.- Antigona hizo una pausa, apuntando a las líneas familiares dibujadas frente a ellos.- El nombre de Sirius Black fue borrado del árbol familiar. Al igual que el de Andrómeda Black... su madre, señorita Tonks. Aunque en conceptos legales, Harry es el heredero de Sirius, la magia que rodea esta casa sigue las líneas de herencia de este tapete. Cuando el hijo de Narcissa Black entró aquí, lo reconoció como su dueño pasando por sobre las leyes mágicas, de modo que el Fidelius se rompió...- Una burlesca carcajada llegó desde el retrato de la Señora Black, quien parecía muy divertida del nuevo descubrimiento de aquella multitud de traidores de la sangre.

- ¡Tú lo sabías, vieja bruja!- gritó Tonks al retrato.- Por eso habías estado tan callada, ¿no?- la carcajada de Walburga aumentó en intensidad, y Nymphadora, enfurecida, tomó una botella que encontró sobre la mesa y la arrojó contra el retrato, haciendo que la mujer se viera obligada a esquivarla y desapareciera unos instantes.

- Tranquilízate, Tonks.- murmuró Lupin atrayéndola hacia sí.- Lo que debemos hacer ahora es tomar una decisión rápidamente. Si los mortífagos descubren que ya no hay un hechizo que nos proteja, llegarán aquí en cualquier momento.

- Muy bien, niños...- se puso de pié la Señora Weasley, arreglándose el vestido, con la determinación en su rostro.- Empaquen sus cosas... Nos vamos de aquí ahora mismo.

- ¿Y crees que estarán seguros en algún otro lugar, Molly?- siguió Lupin- El actual objetivo de... del innombrable, es encontrar a Harry... Sin la protección del Fidelius, donde sea que Harry esté será peligroso.

- ¡Maldito Malfoy!- gritó Ron.- ¡Les dije que nada bueno podía resultar de tenerlo aquí!- Ginny se mordió los labios frente a la sola mención del nombre.

- No es su culpa, Ron...- intervino Hermione.

- ¿Cómo que no es su culpa?- gritó el pelirrojo enfurecido, alzando las manos.- ¡Claro que lo es! Lo más probable es que a estas alturas está organizando a los mortífagos para venir a matarnos.

- Malfoy sólo quería huir, Ron.- siguió ella- Tú habrías hecho lo mismo si de pronto hubieras despertado rodeado por mortífagos...

- ¡Basta de discusiones, chicos!- Gritó Lupin, intentando acallar los comentarios, que se habían transformado en gritos entre los jóvenes, y no tan jóvenes, ahí presentes.- Lo importante ahora es decidir dónde nos iremos. Y debemos hacerlo rápido...

- Quizá no sea necesario...

Los rostros de los presentes se voltearon hacia el origen de aquellas palabras, primero con incredulidad, luego con horror. Emergiendo por detrás de la oscura mampara de la sala, Draco Malfoy apoyaba su espalda contra la muralla, las manos en los bolsillos, y las piernas estiradas. Una divertida sonrisa surcaba su rostro frente a las atónitas expresiones del auditorio, que le observaba como si se tratara de un espectáculo inverosímil. Harry, que le veía por primera vez desde su llegada, pudo apreciar el largo de su cabello, la palidez de su rostro y el notorio cambio en sus facciones, que habían dejado de ser las de un niño. - No te preocupes Weasley,-siguió el rubio- no traje conmigo a un séquito de mortífagos prontos a matarte... Dudo que seas tan importante como para que alguien se moleste en querer hacerlo...

Ron intentó abalanzarse contra él, pero Harry lo detuvo. Si bien al joven de ojos verdes le parecía increíble tener a Malfoy enfrente, asegurando que no habían mortífagos con él, más inverosímil aún le resultaba el modo en que el rubio se había expuesto a todos ellos. Siempre había considerado a Malfoy un cobarde, pero la expresión del hijo de Lucius ya no era lo que él recordaba. Quizá Hermione no estaba tan equivocada... Draco Malfoy había cambiado, aunque Harry no se atrevía a asegurar si para bien o para mal.

- ¿A qué te refieres conque "ya no es necesario"?- preguntó Moody, con evidente desconfianza, y, por lo mismo, analizando con su ojo mágico cada gesto en la expresión de Draco.

- A que no hay necesidad de que se vayan...- Lupin dirigió una mirada de entendimiento a Moody. También él analizaba las intenciones del muchacho con especial interés.- Según acabo de enterarme, soy el nuevo dueño de esta casa, de modo que basta mi consentimiento para que el Fidelius quede reestablecido, ¿verdad?

- Así es.- respondió Lupin, expectante.

- Pues bien... Permitiré a todos quedarse aquí entonces.- dijo como si se tratase de la cosa más natural del mundo, evitando las miradas furiosas de los Weasley y clavando su mirada en la ceñuda expresión de Harry.

Harry pudo sentir el infinito desprecio que había en los ojos de Malfoy, y leyó en ellos el mesaje: "No te hagas ilusiones, Potter. Mis sentimientos hacia ti no han cambiado en nada".

- ¿Y por qué harías algo así?- preguntó Bill con cautela. Draco examinó al joven con detención, y las cicatrices de aquel rostro que una vez fuera atractivo le provocaron un leve escalofrío.

- Tengo mis razones.- dijo indiferente.

- Entre las cuales está que los mortífagos han puesto precio a su cabeza...- gruñó Ron.

- Muy observador, Weasley.

- Eso, y que el Ministerio le tiene reservada una celda en Azkaban...- siguió Neville. Todos se voltearon un tanto asombrados a mirarlo, pues nadie esperaba un comentario así del silencioso muchacho.

- ¡Y yo que dudaba de la inteligencia Gryffindor!- exclamó Malfoy con sarcasmo, alzando una ceja.

- De modo que,- siguió Lupin- lo que pides a cambio es protección.

- No.- exclamó seco.- Yo les doy protección a ustedes al permitirles quedarse bajo mi nuevo hogar. Si me beneficio de ello o no, es cuento mío.

- ¿Y a qué se debe tan dadivoso ofrecimiento?- preguntó Tonks con cierta ironía. La hipócrita actitud de su "primo" había comenzado a disgustarla.

- Pueden tomarlo como un pago por salvar mi vida...- dijo sin inflexión alguna en su voz. Ninguna emoción se dejaba traslucir de sus palabras, pero Harry pudo advertir cómo su mirada se clavaba en Hermione. Y ella lo sintió también.- Desde ahora, nada les debo.- Agregó, llevando sus ojos, desde la joven, hasta Lupin, quien examinaba la situación.

Ron sentía tal rabia inundando su alma, que sólo la fuerte contención que Harry hacía sobre él, le impedía avanzar, y borrar de un solo golpe la sonrisa del rostro del Slytherin, acabando de una vez por todas, con su insufrible superioridad.

- Supongo que pronto querrás formar parte de la Orden, ¿verdad?- gritó Ron.

- ¿Y dar más razones al Señor Oscuro para querer matarme?- repuso Draco.- ¡Y yo pensando que eras inteligente! No Weasley. No me interesa convertirme en otro mártir de San Potter, ni tengo intención de interrumpir lo que sea que estén haciendo en este lugar. Después de todo, no me agrada mezclarme con la escoria...- Nuevamente Harry debió contener al pelirrojo, mientras Draco se mordía los labios divertido.

- ¡Algún día, Malfoy, arderás en el infierno!- gritó Ron.

- Ya he estado ahí...- dijo Draco, y, aunque la mueca irónica no había abandonado su rostro, Harry comprendió que era presa de un desagradable recuerdo.- Y puedo decirte que no hay fuego en el Infierno. Es más bien frío, húmedo... y huele a ratas.

Lupin y Moody, que habían permanecido ajenos a la discusión, analizaban sus miradas en busca de una decisión. Y, finalmente, un frío asentimiento de Moody hizo a Remus interrumpir a los jóvenes.

- Creo que cualquier diferencia de pareceres puede esperar, muchachos. Por ahora, es conveniente renovar el Fidelius antes de que los Mortífagos se enteren de lo desprotegidos que estamos.- dijo lanzando intensas miradas a Ron y los otros. El pelirrojo se mordió los labios, cruzándose de brazos, mientras se dejaba caer de golpe sobre un sillón.

Lupin dirigió una mirada a Antigona, e incluso antes de plantear su petición, ésta hizo aparecer en el aire un pergamino, que fue desenrollando mientras caminaba hacia Draco. El muchacho, a medida que ella se acercaba, fue cambiando su posición hasta adquirir una actitud más a la defensiva. No había reparado en la bruja hasta ese momento y su impresión de ella fue todo menos buena.

- Y ésta, ¿quién es?- preguntó con desprecio más que curiosidad. Alguien respondió en voz baja, pero Draco no alcanzó a oír.

- Firme aquí, señor Malfoy...- dijo la mujer, extendiendo hacia él una pluma. Él se mantuvo inmóvil, observándola.- Es necesario para reestablecer el "Fidelius".- Draco tomó la pluma con asco, intentando contactar lo menos posible con la enguantada mano de la mujer.

En cuanto la fina letra de su firma estuvo estampada en el papel, pluma y pergamino desaparecieron, y la bruja, indicándole a Lupin que todo estaba resuelto, se retiró sin agregar palabra.

Mientras Draco observaba a la extraña bruja perderse por la escalera que conducía al segundo piso, sintió a alguien ponerse de pie frente a él, y antes de percatarse de quién era, una sonora bofetada impactó en su mejilla, y los ojos de Ginny Weasley le miraron con furia. Todos permanecieron en silencio un instante, en espera de su reacción, pero el slytherin se limitó a devolverle la mirada y sonreír de lado, entregándole su varita.

- ¡Ginny! ¿Qué ha sido eso?- gritó su madre, aunque en el dulce tono utilizado dejaba ver que no estaba del todo en desacuerdo con aquella bofetada. La joven, sin responder, tomó la varita que él le extendía y echó a caminar hasta perderse tras la puerta del pasillo.- ¿Pero qué le pasa a esta niña?

- No le habrá agradado pasar una noche de encierro por culpa de éste...

- ¡Ronald!- gritó su madre para hacerlo callar, y Ron se mordió la lengua. Draco seguía sonriendo imperturbable. El espectáculo le divertía.

-¿Sabes que haciendo eso cuando seas viejo estarás deforme?- preguntó Luna Lovegood, de pie frente a él en una actitud extrañamente serena. El muchacho alzó una ceja confundido.- Esa mueca que haces cuando sonríes. Puede que luzca muy encantadora ahora pero en algún momento las arrugas deformarán tu cara, y ya no se verá tan bonita.- Y sin decir más, dio la media vuelta y desapareció tras de Ginny.

-HP-

Si algo resultaba increíblemente desagradable para Ron, era la facilidad conque Draco había logrado estructurar las circunstancias en su provecho. El maldito hurón, de ser un fugitivo mendigo de sus consideraciones, había pasado a convertirse en el misericordioso protector de la Orden del Fénix.

Escondido de todos en el sótano vacío, Ronald Weasley se preguntaba si acaso el joven mortífago jamás recibiría su merecido. ¿Es que ya no existía justicia en el mundo? Lo peor de todo, era la rabia que el pelirrojo sentía consigo mismo, y es que, muy en el fondo, sabía que parte de aquel odio que tanto lo frustraba, era la envidia que Malfoy despertaba en él. ¿Envidia de qué, se preguntaba muchas veces, recriminándose por sentirla, pero, por injustificada que pudiera resultar, ahí estaba.

Y por si esto fuera poco, había oído a Bill decir que su madre estaba planeando regresar a la madriguera, a petición de los gemelos y su marido, y que sólo la ausencia de elfos domésticos en el cuartel de la Orden se lo había impedido hasta entonces, algo que Lupin, alentado por la "bruja negra", se había comprometido a solucionar muy pronto.

Si bien sabía que lograría convencer a Molly de que le permitiera quedarse ahí, junto a Harry y Hermione, sabía también que tenerla lejos, ahora que se había acostumbrado a sus constantes cuidados y mimos, no sería algo precisamente agradable.

Tanta era su frustración en ese momento, que no se percató de que Hermione había bajado al sótano, tomando asiento junto a él.

- ¿Te ocurre algo?- preguntó la joven. El pelirrojo volteó hacia ella sus ojos azules y la contempló en silencio, mientras Hermione acariciaba a Crockshanks, que ronroneaba sobre su regazo.

- ¿No extrañas a tus padres?- preguntó. Ella abrió los labios inmediatamente, pero la respuesta tardó en llegar.

- Sí y no...- murmuró sonriendo nostálgica.- Cuando llegan sus cartas siento unos deseos increíbles de correr lejos de aquí e ir con ellos, pero no por estar con ellos realmente, sino en busca de la seguridad y el cariño que ellos representan. No es que no los extrañe... no me mal interpretes, pues son mis padres y los quiero. Pero, de algún modo, estoy segura de que es aquí donde debo estar. Me es más fácil alejarme de ellos que estar lejos de Harry y de ti, pues eso implica alejarme de todo cuanto me es familiar. Sería alejarme del mundo al que pertenezco. Por eso prefiero estar aquí, lejos de buenos libros, en un encierro constante y sin muchas comodidades, pero siendo yo misma; antes que estar entre muggles, siempre escondiendo lo que soy en realidad.

- ¿Por qué escondiéndote?

- Porque ellos jamás podrían aceptar a una bruja, y ser bruja es para lo único que sirvo. ¡No sabes el tormento que han sido para mí las vacaciones de estos últimos años! Amo a mis padres, y jamás podría renegar del mundo muggle, porque ese mundo también forma parte importante de mi vida. Pero es entre magos donde realmente me siento yo misma.

- ¡Y yo creyendo que te quedabas por estar junto a nosotros!- exclamó Ron a modo de broma, y Hermione sonrió.

- También por eso, Ronald- agregó golpeándolo juguetonamente en el hombro. Él sonrió también y pasó uno de sus brazos por la espalda de ella atrayéndola hacia sí. En la imagen reflejada en el espejo frente a ellos, Hermione apreció con nostalgia la idea de algo que había deseado muchas veces, pero que ahora sabía no podía ser. Y es que su corazón, que durante tanto tiempo creyó pertenecía al pelirrojo, no latía con él como lo hacía cuando estaba con Harry.

Al volver a pensar en Harry, un aire afligido ensombreció el rostro de la joven. Ron, atribuyéndolo a la lejanía de sus padres, estrechó el abrazo aún más, acariciando el cabello castaño como si se tratase de una niña en busca de consuelo. Y ella aceptó tales caricias como se aceptan las de un amigo.

- ¿Dónde se habían metido?- preguntó Harry llegando junto a ellos.- Llevo rato buscándolos.- En el tono adusto de su voz, Hermione comprendió la poca tolerancia del joven hacia aquella muestra de afecto entre ella y Ron. Y el abrazo se deshizo lentamente.

Harry, por su parte, aunque había sido testigo de ese tipo de abrazos durante años, ahora no podía evitar sentirse molesto frente a ello. Sabía que no tenía derecho, y que sería ridículo hacer una escena de celos por algo tan inocente como un abrazo, pero sentía algo revolverse desagradablemente en su estómago, y no fue hasta que los jóvenes se separaron, que pudo respirar más tranquilo.

- Necesitaba escapar un rato... –respondió Ron.- No podía soportar un segundo más con Malfoy cerca.

- Me pregunto en qué irá a terminar todo esto.- siguió Hermione.

- Nadie lo sabe. Por lo que pude oír, Malfoy intentó convencer a Lupin para que le permitieran tener una varita...

- ¡No pueden consentir tal cosa!- gritó Ron.

- Y no lo harán.- aseguró Harry.- De hecho, pese a que Moody le ha hecho hacer un voto inquebrantable para asegurarse de que no nos traicionará, Lupin y otros miembros de la Orden exigieron que su permanencia sea a condición de estar constantemente vigilado y que permanezca encerrado en su cuarto...

- Querrás decir "tú cuarto"- aclaró Ron, dejando claro su punto.

- Como sea...

- ¡Aún no entiendo como pueden confiar en él!- exclamó el pelirrojo poniéndose de pie.

- ¿A dónde vas?- preguntó Hermione.

- A la cocina...- respondió.- Necesito comer algo para calmar mi rabia...- Y, subiendo por la escalera, les dejó solos.

Bastó conque Hermione acomodara un mechón de cabello por detrás de su oreja, evitando mirarlo, para que Harry comprendiera que quedar con él a solas le resultaba incómodo.

- ¿Qué crees tú?- preguntó el joven, intentando establecer una conversación que rompiera el silencio.- ¿Podemos confiar en Malfoy?

- No lo sé, Harry... No lo sé.

- Lo que es yo, ya no confío ni en mí mismo.- dijo, tomando asiento junto a ella. Crockshanks, a quien Hermione había dejado de acariciar hacía un rato, saltó de su regazo a modo de protesta y se perdió escaleras arriba..

- ¿A qué te refieres?

- ¿No has pensado en que Trelawney pudo haberse equivocado en su vendita profecía? Después de todo, nunca fue una verdadera adivina... ¿por qué tenían todos que creer en ella de un momento a otro? Puede que lo hiciera simplemente para conseguir el trabajo o quizá...

- Harry...

- O quizá Voldemort se equivocó y en realidad...

- Harry...- El muchacho volteó a mirarla, al notar la seriedad de su tono.- Tú sabes que no se equivocaron.- Los ojos de ella estaban fijos en los de él.

- No, Hermione... No lo sé... ¿Cómo pueden estar seguros de que soy yo el "elegido", como se les ha dado por llamarme? Mis padres eran brujos excepcionales, y aún así nada pudieron hacer contra Voldemort cuando éste tomó la decisión de acabar con ellos. ¿Cómo se supone que yo, con mi séptimo año sin cursar, calificaciones mediocres y escasa experiencia, peueda hacer lo que grandes magos no han podido? ¿Sabes qué es lo que me pregunto constantemente? Si no será que ese maldito en verdad es indestructible. Los Horcruxes explican en parte la razón de su aparente inmortalidad, pero debe haber algo más. Algo que lo diferenciaba de todos los otros magos.- hizo una pausa al percatarse de la mirada atónita de ella, pero ya había comenzado a hablar y sentía llegado el momento de dejarle saber en qué consistían sus miedos.- Dumbledore mencionó en una ocasión que Voldemort no conocía el amor, y que ese era el poder que lo destruiría.- siguió- Cuando lo oyes directamente de sus labios, la teoría puede sonar convincente, pero analizando la situación con mayor detenimiento, te das cuenta de que es poco probable que un montón de sentimientos invisibles tomen algún día la forma de una espada, un escudo, o de un haz luminoso que " lo cubra todo con la luz del bien y derrote al señor de las sombras...", como ocurría en los cuentos de hadas que veíamos de niños. No creo que eso ocurra, Hermione. Por lo mismo, prefiero pensar que todos están equivocados, y que quien está destinado a derrotar a Voldemort es otra persona. Al menos así, aún tenemos posibilidades.

- Pero eres tú.- fue la respuesta de ella.- Eres tú Harry, y aunque mucho me gustaría que no lo fueras, desde hace tiempo sé que debes ser tú.

- ¿Cómo puedes estar tan segura?

Ella guardó silencio un largo instante antes de dar su respuesta. Los ojos café vagaron por el entorno, como si rebuscara en el un recuerdo preciado. Harry volvió a sentir los latidos de su propio corazón aumentando en intensidad y ritmo. La cercanía de ella, su olor, la soledad que lo envolvía todo, y aquel firme convencimiento que ella mostraba, todo el entorno en sí, no hacían más que generar en él una sensación que Harry no quería permitirse.

- ¿Recuerdas esa noche en tercer año en que usamos el Giratiempo?- comenzó Hermione. Harry asintió en silencio.- cuando estábamos frente al lago aguardando que las cosas ocurrieran... Cuando espantaste a esos Dementores...- Hermione volvió a fijar sus ojos en él.- Cuando te vi de pie ahí, a ti, un niño de trece años realizando un hechizo digno de un mago poderoso, comprendí que no podía ser casualidad que tuvieras tal poder. En ese momento supe que tu destino reservaba pruebas más difíciles que para el resto de nosotros. Quizá por ello enterarme del contenido de la profecía no me sorprendió del todo. En cierto modo ya lo sabía... Pero no quería admitirlo.

Ella no dijo nada más, pero Harry no podía despegar sus ojos de los suyos. Una extraña brisa envolvió el ambiente y Hermione sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Pero lo que verdaderamente la hizo estremecerse, fue sentir "algo" tocar su mano. Harry entrelazó sus dedos a los de ella, apretándolos levemente, y le sonrió. Ella sonrió de vuelta.

El muchacho se percató de que, de algún extraño modo, ya no sentía el miedo de la noche anterior. La mano de ella en la suya le parecía tan extrañamente familiar que no quería dejarla ir. Sintió como ella acomodaba sus dedos a los de él, y apretaba levemente de vuelta, queriendo decirle con ello que todo estaría bien.

Hermione no podía dejar de repetirse a sí misma que Harry le sostenía la mano en un modo en que jamás lo había hecho. Podía ser que sólo buscara su apoyo, su amistad, pero los verdes ojos del muchacho le decían que había algo más... Algo no dicho aún, pero presente.

Pero, para su desgracia, la imagen de Ginny acudió a su mente y la vergüenza se apoderó de ella. Delicadamente y bajando la mirada mientras lo hacía, retiró la mano que Harry le tenía sostenida y la puso sobre su falda.

Harry pudo notar perfectamente el cambio en la expresión de su amiga y fue como si le lanzaran de pronto un balde de agua fría. Él sabía que ella estaba pensando en Ginny, así como él debería pensar en Ron. Sin embargo, en su mente sólo había lugar para apreciar la sencilla hermosura de aquel rostro iluminado por la tenue luz del entorno. Pensaba en la bondad que había en sus ojos café y en la grácil forma conque llevaba el cabello por detrás de su oreja cuando se sentía nerviosa, como en ese momento. El espacio que los separaba era menos de un metro. Sin saber cómo, se acortó a la mitad. Con la persistencia de su mirada logró que los ojos de ella respondieran a los suyos, y usando una de sus manos como apoyo en la banca donde estaban sentados, acercó su rostro al de ella... Aún más.

Hermione podía sentir los latidos de su corazón acelerarse; la expresión en el rostro de Harry reflejaba una firme decisión: una actitud que ella no conocía en él, pero que ahora le resultaba particularmente atractiva. Pero... Ginny... No podía hacer esto a Ginny... Y Ron... Las potenciales consecuencias que traería a su vida el aceptar aquel beso acudían a su mente con tal rapidez, y tan cruelmente, que Hermione pensó debía recurrir a algo, cualquier cosa, para impedir que sucediera lo inevitable.

- Harry...- dijo, desviando la mirada y respirando aceleradamente.- ¿No crees que estarán preguntándose dónde estamos?

- ¿A quién le importa?- Respondió Harry en un susurro, muy cerca de su oído. Hermione pudo comprobar que la expresión de su rostro no había cambiado y estaba tan cerca de ella que su respiración le hacía cosquillas.

- ¡No!- interrumpió ella, poniéndose de pie abruptamente.- Por favor, no

- ¿No qué?- respondió él, retrocediendo. Hermione lo contemplaba en silencio y Harry se puso de pié, lentamente, sintiéndose como un tonto.

- No podemos...- siguió ella. Su voz convertida en un susurro.- Será mejor que me vaya...

Y Harry, con un frío asentimiento, pero sin volver a mirarla, la dejó ir, nuevamente, pensando en que Hermione jamás se permitiría olvidar la amistad que le unía a Ginny. Y mientras ella volvía a subir las escaleras, esta vez sin detenerse ni una vez, decidida a huir de él, un nuevo pensamiento acudió a complicar aún más la vida de Harry Potter, y es que había recordado el por qué de su rompimiento con Ginny: protegerla... ¿No había sido esa la razón?

¿Cómo podía entonces pensar ahora en concretar algo con Hermione? ¿Es que acaso no le importaba arriesgarla a ella? Sí le importaba, estaba seguro, pero no le preocupaba. Quizá fuera que creía a Hermione más fuerte, o más protegida. O, quizás, simplemente la quería más... La necesitaba más...

Y fue entonces cuando Harry Potter comprendió que, aunque nada había sido dicho -y es que las palabras apenas alcanzaban a sugerir lo que realmente sentía por ella- se había establecido entre ambos un vínculo irrompible: Era con ella, y no solo, con quien debía enfrentar su destino... Con ella, y no otra. Con ella, que siempre había estado ahí. Con ella, sin la cual ya nada tenía sentido. ¡Cuán ciego había estado hasta entonces! No había dejado a Ginny por protegerla... Ahora lo sabía y pensaba que, probablemente, la pelirroja lo sabía también; eso explicaría su actitud. ¿Cuál sería su reacción si se enteraba? ¿Lo comprendería? Y Ron... ¿seguiría siendo su amigo?. En cierto modo, compartía los temores de Hermione, pero en ese momento, para bien o para mal, su corazón le hizo saber que ya no había marcha atrás

-HP-

De lo primero que Draco Malfoy tuvo necesidad al regresar al cuarto del que parecía haberse apropiado, fue de un baño. De la ducha, llena de herrumbre, salieron dos chorros de agua: uno contra la cortina y otro formando un espiral que apenas bastaba para mojarle. Pero eso era preferible a sentarse en la mugrosa bañera. Que él recordara, debía ser ésta la primera vez en la vida que ponía la planta de sus pies en algo tan sucio y descuidado. Ni siquiera durante su estancia junto al Lord Oscuro se había visto sometido a tan precaria situación.

Un año antes, probablemente habría reclamado hasta conseguir un elfo doméstico propio sólo para sus necesidades básicas de higiene, vestimenta y alimentación. Pero ahora, había decidido morderse la lengua y aguantar cuanto fuera necesario. No sabía hasta dónde le sería posible abusar de su suerte.

Bajo el escuálido chorro de agua tibia y tomando como nota mental la necesidad de comprar jabón, el muchacho se dedicó a repasar los recientes acontecimientos, notando la inverosimilitud de todo.

Una vez que dejara a la "pobretona" inconsciente, debió soportar la "empalagosa" escena entre San Potter y la Sangre-sucia. Fue la inesperada ayuda de la anciana del retrato la que le ayudó a encontrar la salida, a través de un sistema de pasadizos del cual, según Walburga Black, nadie tenía conocimiento. En un dos por tres estuvo fuera, en medio de quien sabía dónde, y usó la varita de la pelirroja para llegar a su hogar en un instante. Poco importaba en ese momento que el ministerio pudiera rastrear el hechizo indebido. Tampoco le podía preocupar que los aurores vigilaran su hogar. Draco había huido de su encierro no en busca de un escape real –sabía que no lo encontraría- sino para abandonar aquel purgatorio de sangres-sucias y buenas intenciones, en busca de redención: en ese momento no importaba si su muerte estaba en manos de los mortífagos o de lo Aurores... Desde el punto de vista de un fugitivo sin esperanzas, ambos conducían a un mismo fin.

Una vez en medio de la amplia sala principal de la Mansión Malfoy, había contemplado los vestigios de su pasado. El sofá frente a la estufa, donde Narcissa solía pasar tardes completas, seguía intacto. El polvo no había tenido tiempo de invadirlo y es que... ¡todo había sido tan reciente!. Al lado de este, sobre una torneada mesilla redonda, descansaba una cigarrera, evidenciando el vicio que su madre había adquirido hacía poco, y pulgadas más allá, la fotografía familiar de diez años atrás... Cuando nada le hacía suponer lo que vendría.

El espacio vacío sobre la chimenea le había hecho recordar aquella fatídica tarde en que los aurores acudieron a remover los "objetos vinculados con magia negra" de Lucius. El cómo habían llegado los retratos de sus antepasados a ser considerados artefactos oscuros, era un misterio, pero, por ilógica que fuera la acción, los removieron todos.

Draco había tomado asiento sobre el sillón de piel de dragón de Lucius, y el recuerdo de las severas amonestaciones paternas le llegó con un aire nostálgico. En ese momento había deseado que sus ejecutores llegaran pronto, para no permanecer ahí más tiempo: demasiados recuerdos que soportar, demasiadas interrogantes que plantear.

¿Cómo había llegado él, Draco Malfoy, a acudir a su propio hogar en busca de la extinción de su vida? ¿Cómo le había ocurrido eso a él, que había nacido para ser el dueño de una gran Mansión, para hablar con gente refinada, para discutir sobre arte e historia, para tocar el piano, para escribir cosas que pareciesen bellísimas aunque careciesen de sentido, para manipular personas: para ser Político? ¿Qué habría dicho su madre al enterarse de su decisión suicida? Draco había imaginado el blanco rostro de Narcissa diciéndole que él no podía tomar ese camino... ¿Y qué habría dicho Lucius? El muchacho lo sabía bien... "No importa lo que hagan los demás, Draco. Tú no eres como los demás. Eres un Malfoy."

Rememorando todo desde aquel mugroso cuarto de baño en medio del cuartel general de la Orden del fénix, los pensamientos de Draco viajaron hasta aquella vez, cuando tenía diez años, en que había preguntado a su padre en qué radicaba la diferencia entre un Malfoy y los demás; pero Lucius no le supo dar una respuesta. Y con el paso del tiempo, muchas veces, Draco se hizo la misma pregunta, sin llegar a una conclusión... Hasta unas horas antes, mientras aguardaba la muerte sentado en el sillón de su padre...

Lo que le hacía diferente del resto- había concluido entonces- era que no había nada que un Malfoy no estuviese dispuesto a hacer, cosas que las demás personas no harían ni aunque les costase la vida. Quizás fuera porque los otros tenían más escrúpulos, o porque querían salvaguardar lo que les quedase de orgullo y morir con él. Pero... "Eso es algo que un Malfoy no se puede permitir"..., había pensado, y fue en ese momento cuando se puso de pie de un salto, y el horror lo invadió. ¡Él era un Malfoy!. No podía ser como todos los demás. No podía presenciar el naufragio del mundo con aire de indiferencia o falta de interés. No podía sentarse a esperar la muerte, ni mucho menos aguardar pacientemente por un milagro que le salvase. No era el modo en que un Malfoy debía actuar.

El reloj había dado una campanada y, de un momento a otro, Draco comprendió lo que su padre en alguna parte de sus interminables charlas de superioridad, había querido explicarle: los Malfoy se diferenciaban de los demás no tanto por su riqueza o la pureza de su sangre, sino en que ellos luchaban contra cualquier obstáculo que la vida les presentara, con una determinación que no conocía la derrota y continuaban la lucha aunque viesen que el fracaso era inevitable.

Cuando la tercera campanada inundó el ambiente, una frase retumbó en su cabeza: "No rendirse nunca". Aquellas palabras habían sido el lema de sus travesuras infantiles... y en ese momento, en medio del que fuera su hogar, y espantado por lo que había estado apunto de hacer, adquirieron para él un significado tan claro como lo habían tenido en su niñez, solo que ya no se trataba de un juego.

La quinta campanada había dado paso al silencio, y todo lo demás ocurrió rápidamente. Recordaba haber subido a su viejo cuarto, desde dónde tomó el único dinero ahorrado que había sobrevivido a la invasión de aurores, y algo de ropa, reduciéndolo todo hasta hacerlo caer en su bolsillo. Sacó una nueva capa y corriendo, regresó hasta la sala principal, de dónde arrancó la fotografía familiar y la cigarrera de Narcissa. Abrió la puerta y desde ahí, dio una última mirada: en el suelo quedaban las alfombras que su madre había hecho traer desde Egipto. El juego de espadas de su padre seguía decorando las paredes. El antiguo tapete de los Black, heredado de su moribundo abuelo materno continuaba en su sitio. Todo aquello que había formado parte integral de sus recuerdos más lejanos, todo lo que estaba ligado a las más profundas raíces de su ser, le había gritado un último adiós... Y es que, desde ese momento, todo lo que quedaría de la Gran Familia Malfoy, era él mismo y sus recuerdos.

Pero, después de eso... ¿Por qué había regresado precisamente al lugar de dónde venía huyendo? En realidad le era difícil dar una respuesta, y, a la vez, no veía ninguna otra solución.

Llegó con sorprendente facilidad, y a través del mismo pasadizo que usara para huir, se escabulló hasta el lugar donde la Orden se había reunido. Poco se tardó en comprender la beneficiosa situación en que estaba cuando oyó que el Fidelius había desaparecido. Oyó cómo la "sangre-sucia" lo defendía, y no pudo evitar pensar que Granger era tan buena persona que daba por sentado que todos los demás seres humanos lo eran también. Él casi había olvidado que existiera gente así. "Si supieras lo que realmente pienso de ti...", había murmurado Draco para sí mismo, "... no me defenderías con tanto entusiasmo". Era enfermante ser objeto de las bondades de alguien tan... Tan... Buena... Draco no pudo evitar hacer una mueca de asco. Fue en ese momento cuando volvió a preguntarse si realmente debía regresar, si debía permanecer ahí, con las bondades de la sangre-sucia y el odio de los demás, o si debía dar la vuelta e irse. Pero no podía... ¡No podía huir de Potter y los suyos! Debía quedarse y soportar las miradas inquisitivas, los comentarios de los Weasley y hasta la humillación de tener por defensora a una sangre sucia. Huir significaba darles en el gusto y él no estaba dispuesto a tal cosa. El solo placer de enfurecer a San Potter y su Orden, era razón suficiente para quedarse. Eso, y que un Malfoy no huye jamás. Eso, y que un Malfoy siempre enfrenta a sus enemigos. Eso, y que huyendo les daba la razón. Eso... y que no tenía otro lugar donde ir...

Mientras terminaba de vestirse, frente al único espejo del cuarto, el chirrear de la puerta al abrirse terminó por romper la atmósfera de recuerdos y traerle de regreso a la realidad. Justo frente a él, con una extraña expresión en el rostro, estaba Harry Potter.

Draco se incorporó con aparente calma, pero la presencia de Harry no podía menos que incomodarlo. Lo que menos esperaba en ese momento era un enfrentamiento cara a cara con "el elegido".

- ¿Qué quieres?- fue su pregunta seca. Una mano terminó de acomodar su cabello mojado y dando unos pasos, cogió la cigarrera de su madre. Mientras Harry lo examinaba en silencio, Draco encendió la cerilla mágica y la punta del cilindro de tabaco comenzó a tornarse roja, y luego gris. Una bocanada de humo salió por su boca, dibujando círculos en el aire.

-¿Dónde estuviste?- Draco sonrió. Le había extrañado que nadie se lo preguntara antes.- ¿Saliste siquiera de aquí?

- Si, Potter... Estuve unos instantes lejos de aquí.

- ¿Dónde?

- Eso no es de tu incumbencia...

- ¿Voldemort lo sabe?- Draco clavó en él sus ojos grises. Le desesperaba la facilidad conque Potter pronunciaba aquel nombre. Pero lo que más le disgustaba era la imbecilidad de los Gryffindor al pensar que en verdad él podría ir tras del Lord Oscuro después de lo ocurrido. Después de la Traición a Lucius... Después de la muerte de Narcissa... Después de que los mismos mortífagos habían querido matarlo. Al parecer, no todos los dignos representantes de la casa del León tenían como virtud la inteligencia.

Draco dio una nueva calada a su cigarrillo, examinando al "supuesto elegido" de pies a cabeza, y respondió.

- No.

- ¿Estás seguro?

- No, Potter... No estoy seguro. Pero creo que el hecho de que siga con vida prueba que el Señor Tenebroso no lo sabía. Tendrá cosas más importantes de las cuales preocuparse.

Harry inspeccionó la expresión de Draco por un instante. Parecía sincero, y su respuesta tenía lógica. Desde el momento en que supo de la huida de Malfoy, pensó que algo había tenido esto que ver con la dolorosa sensación que le había imposibilitado el sueño. Pero ahora pensaba que el Slytherin no había estado involucrado.

Aunque Ron insistía en hacerle notar la pérdida de la casa que Sirius le heredara, no era esto lo que preocupaba a Harry. Nunca había querido tenerla, y mientras siguiera utilizándose como cuartel de la Orden, como Malfoy había prometido, poco importaba quien fuera el dueño. Lo que le molestaba, lo que realmente lo incomodaba era la poca claridad de la situación.

Hasta aquel nefasto día en que los mortífagos invadieron Hogwarts – de lo cual si que no podía dejar de culpar a Malfoy- él siempre había tenido a Dumbledore cerca. Y, a través del anciano, todo tenía lógica: las personas eran buenas o malas, las acciones eras correctas o incorrectas; las decisiones adecuadas o inadecuadas. Ahora, en cambio, todo era una mezcla de ambas cosas y nada tenía sentido. ¿Podía confiar en Malfoy? Ya en una ocasión el hijo de Lucius lo había sorprendido, y esa mañana, al enfrentarse a todos en vez de huir, volvía a mostrar una actitud inesperada. Dumbledore había dicho que Malfoy no era un asesino. Pero no era necesario ser un asesino para causar daño.

Durante todo ese instante la expresión de Malfoy era de una fría expectación, como si estuviera a la defensiva para la siguiente pregunta. Pero Harry no la hizo, sino que, dándole la espalda, salió por la puerta, cerrándola lentamente.

-HP-

Próximo Capítulo: "PASADIZOS"

Gracias a todos por leerme y tenerme paciencia! Alexandra Riddle.