"¡De qué libertad gozarían los hombres y mujeres
si no se viesen constantemente engañados,
atrapados, esclavizados y torturados por su sexualidad!
El único inconveniente que tendría esa libertad
es que, sin el sexo, dejarían de ser humanos
y se convertirían en monstruos."
"EAST OF EDEN", JOHN STEINBECK.
Era media noche en el número doce de Grimmauld Place cuando Harry salía por una puerta del segundo piso que desaparecía al instante siguiente. Después de mucho tiempo, había conseguido hablar con Albus Dumbledore. Con el rostro ensombrecido por los tristes días que le tocaba vivir, se acercó a una de las ventanas. Eran mediados de diciembre, y afuera llovía a cántaros.
"Confía en Antigona", fue el último consejo del anciano. Pero, ¿cómo confiar en la bruja negra cuando Harry ya no confiaba ni en Dumbledore mismo?.
Poco tiempo había pasado desde que los de la Orden encontraran el cuerpo de Severus Snape. Fue difícil para Harry soportar los desagradables comentarios de sus amigos respecto al hombre, cuando él sabía que no estaban del todo en lo cierto. Hermione intentó refrenar las ofensas por parte de Ron hacia el "Asesino" de Dumbledore, pero desistió inmediatamente, al comprender que no podía poner en evidencia el secreto que conocía.
Desde esa tarde el Cuartel de la Orden había comenzado a funcionar como tal, siendo constantemente visitado por sus miembros. Incluso Viktor Krum había pasado por ahí, y, muy a disgusto de Ron, y del mismo Harry, mantuvo una larga conversación con Hermione. Y él, Harry Potter, la mayor intimidad que había tenido con la joven desde entonces fue la tarde en que confío a ella y Ron su descubrimiento respecto a la identidad de R.A.B.
- ¿¡Y eso qué?- había exclamado Ron- Con saber que el hermano de Sirius odiaba al Innombrable no estamos ni más cerca ni más lejos de dónde nos hallábamos antes...- Y Harry pensó que su amigo tenía razón. Después de todo, de bien poco les servía el misterioso R.A.B. estando muerto.
Tampoco Dumbledore, cuando Harry se lo contó, mostró mayor sorpresa. Lo que sí llamó su atención fue el último sueño del joven. Pidió a Harry que se lo repitiera una y otra vez en busca de detalles. Harry pensó que bien poco parecía importar a Dumbledore la muerte de Snape. Quizá la búsqueda de los Horcruxes sí estaba distorsionando su personalidad después de todo. Y tal vez también su juicio. Después de eso, el anciano le dejó ir.
- ¿Qué haces aquí?- preguntó Ginny emergiendo de la oscuridad del pasillo. Extrañamente aún iba vestida- ¿No puedes dormir?- preguntó acercándose.
- Necesitaba tomar aire.- respondió encogiéndose de hombros.- ¿Y tú?
- Insomnio.- mintió. En realidad, había sentido pasos y fue hasta el lugar con la esperanza de descubrir a Malfoy en un acto descabellado. Desde aquél día en que la joven despertara en su propio cuarto sin saber cómo había llegado hasta ahí y siendo la habitación de Malfoy su último recuerdo, estaba realmente paranoica respecto al rubio. No había tenido ocasión de enfrentarlo abiertamente desde entonces, pero se había impuesto vigilarlo con mayor constancia que nunca.
- Será mejor que regresemos a dormir- expuso Harry dirigiéndole una sonrisa cortés, pero sin emoción real. Y Ginny no pudo evitar sentirse molesta por el empeño de Harry en evitarla.
- ¿Todavía crees que corro peligro al estar contigo?- preguntó enfrentándolo. Quería que de una vez por todas, Harry comprendiera que ella no lo había olvidado. Pero Harry se limitó a bajar la mirada sin responder.- Yo aún te amo, ¿sabes?.
- Ginny...
- Por más que lo he intentado, mis sentimientos por ti no han cambiado nada...- dijo dando un paso hacia él.- Si me quedé aquí, es por estar contigo, porque no me importa cuán peligroso sea tenerte a mi lado...- Harry alzó los ojos hasta encontrar su mirada. Y Ginny se apoyó en la punta de sus pies para alcanzar sus labios, pero él la detuvo sujetándola por los hombros.- ¿Qué ocurre? ¿No has oído acaso que no me importa?
- No es eso Ginny...- susurró, soltándola lentamente. Su tono era triste, avergonzado.- Muchas cosas han cambiado desde entonces...
- Yo sé que aún me amas, Harry. ¿No es eso lo que importa?
- Ginny, yo...
- ¡No!- exclamó ella retrocediendo, para hacerlo callar. Lo último que necesitaba era oír sus ridículas disculpas.- Mejor no digas nada... No estoy de ánimo, Harry.- sentenció.- Será mejor que intente dormir algo.- comenzaba ya a caminar.- Buenas noches.
- Buenas noches, Ginny.- fueron las últimas palabras que ella oyó antes de salir, roja de rabia, en dirección a su cuarto.
Y Harry se quedó ahí, dejando pasar la oportunidad de aclarar las cosas, lamentándose en su propia cobardía.
-HP-
Luna entró al cuarto de Draco Malfoy sosteniendo la bandeja del desayuno que Tonks le había encomendado llevar al rubio luego que Ginny se negara a hacerlo. La rubia bruja pensó en que su amiga estaba de peor humor que nunca y que algo tendría que ver su salida nocturna la noche anterior, de la que había regresado echando maldiciones contra Harry. En opinión de Luna, lo más extraño de la situación fue la nerviosa actitud conque Hermione intentaba calmar a su amiga. Aunque Luna tenía una idea bastante clara de cómo se justificaba aquella actitud, prefería no pensar en ello porque, si tenía razón y los hermanos Weasley llegaban a enterarse, Malfoy dejaría de ser el único odiado en aquel lugar.
Cuando Draco se despertó, vio ni más ni menos que a Lunática Lovegood depositando una bandeja en su mesilla de noche, y lo primero que se vino a su mente fue no sonreír. Ella le dio un "Buenos días" y él comenzó a moverse entre las sábanas, acostumbrando sus ojos a la luz. Se sorprendió al percatarse de las mejillas sonrojadas de Lovegood mientras contemplaba su pecho desnudo y, conciente del efecto sobre la joven, bostezó exageradamente para dejar más de sus pectorales a la vista de ella. No es que tuviera alguna pretensión con la pequeña bruja, pero hay pocas cosas que entretienen e interesan a un hombre prisionero; coquetear era una de las que Draco gozaba más.
Pero Luna pareció comprender su intención, pues movió la cabeza en el modo en que hacen los adultos cuando están frente a un niño travieso y volteó la mirada en un recorrido general por la habitación. Que Draco recordara, la joven sólo había estado ahí una vez antes, acompañando a Nymphadora. Cuando hubo pasado un rato y la rubia siguiera recorriendo el cuarto, Draco consideró que debía intervenir.
- ¿No piensas irte para que pueda vestirme?
Pero en lugar de responder a su pregunta, Luna dirigió a él su mirada y una pregunta que Draco no esperaba.
- ¿Cómo lo haces?- Draco alzó una ceja confundido.- ¿De dónde sacas la comida? Sé que no has estado comiendo la que te traemos, aunque no se lo he dicho a Tonks aún. La pobre cree que como tú no reclamas, lo está haciendo de maravilla.
- ¿Qué te hace creer que no he estado comiendo?
- No te has quejado de las cosas que Ronald ha puesto ahí...- "Buen punto", pensó Draco para sí.- ¿Es porque extrañas la comida de tu madre?- Draco intentó imaginar a Narcissa en la cocina. Pero la sola idea era ridícula.
- Algo así...- se limitó a responder.
- Yo también extraño a la mía. No tanto sus comidas, sino a ella.
- ¿Y por qué no estás con tu madre?- preguntó bostezando; el tema comenzaba a incomodarlo.
- Porque murió...- Una terrible idea cruzó por la mente de Draco. ¿Habría sido otra de las víctimas de los mortífagos? De ser así, la joven tendría buenas razones para odiarlo. Inconscientemente, introdujo su antebrazo izquierdo debajo de las sábanas, mientras su mente renegara una vez más de su antigua alianza- Murió cuando yo tenía nueve años.- Una extraña sensación de alivio relajó a Draco- Sé que ha pasado mucho tiempo, pero así es esto. Te pasará a ti también: uno nunca deja de extrañar a sus seres queridos.
Un místico silencio siguió a ello. La mente del rubio evocó dulces recuerdos de su madre y pensó que la muchacha tenía razón. Aunque hacía algún tiempo desde que sus padres murieran; aunque se empeñaba en actuar como si lo hubiese superado; aunque evitara siquiera pensar en ello; pese a todo esto, seguía extrañándolos como el primer día. Mientras estuvo en Hogwarts, nunca les había extrañado tanto y es que siempre había estado la certeza del reencuentro: bastaba con regresar a su hogar para volver a tenerlos cerca. Ahora era distinto.
- Es triste pensar que ya no recuerdo ni las formas de su rostro...- siguió Luna, quien se había sentado en la orilla de la cama, muy cerca suyo.- pero sé que era hermosa. Lo sé porque en algunas noches, cuando me despierto y todo está tranquilo a mi alrededor, la veo...- Draco alzó una ceja. ¿Sería que la joven estaba realmente loca?- Suele estar de pie e inmóvil en una esquina de la habitación. Luce como una figura ligera y desgastada de largos cabellos que le caen por el rostro, agitados por un viento que no es de este mundo. Sus ojos fijan su mirada en los míos y jamás parpadean o se cierran. Nunca se mueve ni habla, pero yo sé que es ella. ¿No te ocurrido a ti?- preguntó, fijando en él sus ojos celestes. Draco titubeó. Aunque no recordaba haber tenido una experiencia siquiera similar a la de la joven, los ojos de Luna le dirigían una mirada tan inocentemente sincera, que generaba en él la extraña necesidad de protegerla. Si Lovegood realmente creía en aquel mundo maravilloso en que parecía vivir, ¿por qué iba él a destrozar su sueño? ¿Por qué, cuándo él mismo quisiera tener un sueño similar como refugio?
Un asentimiento fue su respuesta y ella sonrió agradecida. Draco sintió su alma inflarse de una extraña satisfacción. ¿Sería que en verdad había placer en hacer el bien, aunque fuese a alguien como Lovegood? Sin saber por qué, él sonrió de vuelta, y ésta vez, ella no criticó su sonrisa.
-HP-
La lluvia de la noche anterior había dado paso a espesos nubarrones coronando un cielo gris que Tonks contemplaba a través de la ventana de la cocina. Ron, Harry, Neville y Ginny estaban en la mesa discutiendo sobre el mejor lugar para pasar Navidad mientras ella, absorta en sus propios pensamientos, soñaba con la cercanía de su boda con Remus Lupin. "Sólo un mes más", le recordaba su mente y una sofocante alegría recorría a la mujer de pies a cabeza.
- ¡Tonks!- gritó alguien a sus espaldas- ¡Cuidado con la...!- pero la advertencia de Hermione, que entraba en ese momento cargando un par de pesados libros, había llegado tarde, y una mezcla verdosa, que habría pretendido ser puré de arvejas, cubría la estufa y parte del suelo de la cocina.
- ¡Rayos!- exclamó la bruja polimórfica pero en realidad no parecía lamentarlo tanto. La embelesada sonrisa de sus pensamientos anteriores no había abandonado su rostro, y Hermione se percató de ello. Claro, no era necesario ser adivina para comprender en qué estaba pensando la mujer.
- Al menos ya no tendremos que comer esa cosa...- susurró Ron hacia Harry y Neville, riendo. Hermione, quien alcanzó a advertir el comentario, les dirigió una mirada asesina.
- No te preocupes, Tonks.- se apresuró a decir a la bruja que buscaba su varita para remediar el desastre, pero sin recordar dónde la había dejado.- Nosotros limpiaremos todo.- Ron le miró atónito cuando comprendió que eso lo incluía.- Es lo menos que podemos hacer para pagar las atenciones que has tenido con nosotros.- siguió ella, indicándole a los otros que se pusieran de pie. Neville y Harry seguían riendo, pero esta vez del pasmado rostro de Ron.
- Gracias chicos... En verdad no tendrían que molestarse. Prometí a Molly que me encargaría de ustedes y...
- Hermione tiene razón, Tonks.- siguió Harry guiñando un ojo hacia su amiga. Fue extraño para ella darse cuenta de que, pese a todo, el muchacho seguía siendo su amigo. Por su parte, Hermione ya no sabía qué era menos soportable: si la culpabilidad por traicionar a Ginny, o el auto reproche por ir en contra de sus propios sentimientos al huir de Harry.- Nosotros nos encargaremos de esto.
- Bueno, pero...- dijo Tonks confundida.- ¿Qué comeremos ahora? Lo que está en el piso era la última ración de comida que quedaba en la alacena...
- ¡¿Quieres decir que no hay nada más de comer!- exclamó Ron, sintiéndose súbitamente mareado.
- ¿Es por falta de dinero?- preguntó Harry pensando en su dinero guardado en Gringots.
- OH, no, no es eso Harry. El problema es que allá afuera las cosas están escaseando. Todos están demasiado ocupados intentando irse lejos como para producir comida. Y ni siquiera podemos recurrir a los muggles porque están igual que nosotros... Pero no se preocupen. Moody siempre resuelve estas cosas y quedó de traer más reservas para esta tarde. El problema es qué comeremos ahora.
- Un elfo doméstico bien podría resolver eso.- intervino Draco entrando a la cocina. Ron se puso bruscamente rojo.
- ¡¿Qué hace "él" aquí!- gritó el pelirrojo apuntándole con un dedo acusador. Aunque estaba enterado de que Malfoy daba vueltas por la casa, nunca se habían encontrado en ningún cuarto, y mucho menos había tenido el desagrado de oírle interrumpir una conversación.
- Lo he invitado a comer con nosotros.- fue la respuesta cándida de Luna. La expresión que tomó el rostro de Ron en ese momento era una mezcla de comicidad y espanto. Ginny soltó una carcajada nerviosa "¿Es broma, no?", preguntó a su amiga con los ojos. Neville y Harry parecían un tanto sorprendidos; Hermione y Tonks eran las únicas ahí que encontraron cierto placer en la noticia.
- ¡¿Que hiciste qué!- siguió Ron. Su rostro y su cabello parecían del mismo color.
- ¿Es necesario que montes este espectáculo siempre, Weasley?- preguntó Draco con seriedad, pero cuidándose bien de no llamarle "Comadreja", como habría querido. Su situación era demasiado delicada como para mostrarse descortés. Después de todo, Lovegood tenía razón: si se mantenía encerrado, no intercambiando palabras más que con Kreacher, acabaría loco muy pronto. Era conveniente mantener una cierta armonía con esos indeseables, aunque sólo fuera en apariencia, especialmente ahora, que las exigencias de la bruja lo obligaban a estar más cerca de Potter que nunca.
- ¡Cierra la boca, Malfoy! Ni creas que...
- ¡Ron!- le calló Hermione.- Ya es hora de que madurez. No podemos seguir con esas ridículas peleas infantiles...
- ¿Has olvidado quién es él?- preguntó Ron histérico. Draco se apoyó en el marco de la puerta con el ceño fruncido. Sabía que Weasley le acusaría de la muerte del viejo.- Es por su culpa que Dumbledore está muerto...
- No es sólo su culpa, Ron- siguió ella.- De haber creído en Harry cuando nos dijo que Malfoy era un mortífago, bien podríamos haber hecho algo... Y si Luna y yo no nos hubiésemos quedado de brazos cruzados en lugar de detener a Snape, también podríamos haber hecho algo...
- ¿Es que estás de su lado?- siguió Ron, quien había tomado la discusión como una ofensa personal.
- No, no estoy del lado de nadie. Sólo quiero acabar con estas ridículas peleas. Todos seguiremos viviendo aquí un buen tiempo, y ya es hora de que aprendamos a convivir en paz.- quedaron en silencio un largo rato. Extrañamente, Neville y Harry parecían apoyar la teoría de Hermione. Tonks y Luna mostraban una cierta fascinación en el rostro y Ginny... Bueno... Ginny tenía sus razones para mirar con recelo a Malfoy, pero no por eso iba a ir en contra de la opinión general. Estaba demasiado ocupada en odiar a Harry por herir su orgullo como para gastar energías en una discusión contra Malfoy.
El rostro de Draco, sin embargo, estaba lejos de mostrar satisfacción. Si algo odiaba era ser objeto de las buenas intenciones de una sangre sucia. Y es que aquella piadosa actitud de Hermione lo irritaba más que las quejas y maltratos de los otros. Podía desquitarse u obligar a los demás a callarse aunque sólo fuera en base a sarcasmos, pero ante el espíritu solidario que mostraba Hermione al defenderlo, se sentía tan desarmado como furioso.
Ron, ofendido en su amor propio más que ninguno, evitó decir alguna otra palabra y salió de la cocina. Luna, con una mirada triste, salió tras de él.
- No te preocupes...- siguió Hermione dirigiéndose a Malfoy- Ya se le pasará.
Aunque Draco curvó sus labios en una sonrisa cortés, estaba lejos de sentir agradecimiento. Haciendo un rápido análisis de la situación, concluyó que Granger parecía sufrir por todos, y rebelarse por todos. Quizá por eso le era tan difícil reír: estaba impregnada de dolor ajeno.
- En verdad es mejor que comamos todos juntos.- siguió Tonks- Lamentablemente, en este momento el almuerzo es esa cosa verde que ves en el suelo.- añadió con cara de disculpa.
- Y justamente necesitábamos ayuda para limpiar todo esto...- intervino Harry alargando una escoba a Draco. Y el rubio comprobó que no se trataba de una escoba para volar.
- Encantador ofrecimiento, Potter, pero sigo pensando que un elfo podría resolver este tipo de "dificultades".- dijo permaneciendo inmóvil contra la pared, de brazos cruzados.
- No puedes esperar que un elfo haga todo lo que te resulta desagradable, Malfoy.- interrumpió Hermione con cierta tristeza. "Y aquí viene el sermón de la defensora de los elfos", pensó Draco con fastidio. Ya no creía que fuera tan buena idea socializar con todos esos idiotas.- No puedes mirarlos como simples esclavos para satisfacer tus necesidades...
- Nunca les he visto como esclavos.- interrumpió él.- El problema, Granger, es que tú sólo ves lo que Dobby puso en tu cabeza. Dobby era un elfo extraño e inusual, tanto así que los otros elfos de mi padre estaban felices de verse librados de él. Debes entender que los elfos no suelen verse a sí mismos como "esclavos", sino como parte integral e irremplazable de una familia de magos. Para ellos, servirnos es un honor y nuestro trabajo es protegerlos. Ha sido así durante tantos siglos que el concepto jamás podrá ser cambiado, y esa es la razón, mi estimada Granger, por la cual tu P.E.D.O. jamás podrá resultar, algo de lo cual, estoy seguro, ya te habrás dado cuenta.
Hermione estuvo a punto de protestar, pero la idea de estar sosteniendo una conversación civilizada con Draco Malfoy, y que éste estuviese enterado de la P.E.D.O., la impresionó tanto, que no supo qué responder. Por unos breves minutos todos permanecieron en silencio.
- Pero... volviendo al tema...- interrumpió Neville- ¿Qué comeremos?
- Algo que nunca escasea en Hogwarts es la comida.- intervino Draco.- Si es que Granger no tiene objeción en pedirle un "favor" a los elfos que trabajan ahí, recurrir a ellos sería la solución más lógica.- Hermione nuevamente iba a decir algo, pero Harry la interrumpió.
- Malfoy tiene razón. Dobby no pondrá problemas en encargarse de eso.- dijo, con la mirada fija en Draco. No pudo evitar rememorar aquel tiempo en primer año cuando Draco Malfoy le ofreció su amistad. ¿Habría sido distinto el destino del rubio de haber aceptado su mano entonces? ¿Sería distinto su propio destino? Después de todo, el sombrero siempre afirmó que habría quedado bien en Slytherin. ¿En qué momento había nacido aquel odio declarado entre Draco y él?. Aunque Harry ya no estaba seguro de que fuera odio lo que sentía por el hurón, sabía que lo que Malfoy sentía hacia él no podía ser otra cosa. Y la razón que el rubio tuviera para ser "amigable" con ellos, a su manera, claro, no dejaba de intrigarlo.
- Bien. Si todo está resuelto aquí, -siguió el rubio.- estaré en mi cuarto hasta que llegue la comida.- Ginny intentó decir algo sobre limpiar la cocina, pero Tonks le detuvo, dejando que Malfoy se marchara en silencio, con las manos por detrás de la nuca, en esa actitud de aristocrático desenfado que le caracterizaba.
Nymphadora explicó que iría a Hogwarts por Dobby y los jóvenes tomaron sus varitas para reparar el desastre. Harry tuvo un lapso en que se mantuvo estático, con la mirada perdida en la nada.
- ¿En qué piensas?- preguntó Hermione acercándose a él.
- En Malfoy.- respondió.- Hay algo extraño en él. Es como si sus ojos siempre estuvieran alerta.
- Como los de cualquier persona que ha vivido demasiado tiempo cerca del peligro.- respondió ella.- Este último tiempo no ha sido fácil para él, Harry. No comparte sus emociones con nadie, porque se cree obligado a soportar todo esto mejor de lo que realmente lo hace. Pero eso no significa que no esté sufriendo.
Harry analizó sus palabras. Quizá Hermione no estaba del todo equivocada, pero para él, los conceptos de bien y mal estaban tan mal delimitados en Malfoy, que no podía confiar en él. Draco Malfoy era, según Harry, una andante contradicción entre lo que es moral y lo que no, batallando eternamente. ¿Cuál ganaría al final? Era difícil predecirlo.
-HP-
Ronald Weasley se había sentado en uno de los escalones que conducían al sótano de la casa de los Black, el cual parecía haberse convertido en su refugio frente a las frustraciones de las que era víctima con cierta frecuencia en aquel lugar. En más de una ocasión había pensado si no sería más feliz en la madriguera, junto a los gritos de su madre, las bromas de los gemelos y la hostigante presencia de Fleur, cuyo embarazo, según el mismo Bill había declarado, la había vuelto un tanto "sensible". Por la cara que puso su hermano al decirlo, Ron comprendió que eso no era nada bueno.
¿Por qué motivo Hermione parecía tan empeñada en defender a Draco Malfoy? Si tan solo ese maldito hurón no existiera, probablemente su estancia en aquel lugar sería más provechosa. Podría avanzar en su relación con Hermione, en vez de enfadarse con ella cada vez que lo hacía callar, o que lo tildaba de "infantil". ¿No sería que su amiga tenía más que simpatía por Draco? ¿No sería que...? ¡No! La sola idea era imposible. ¿Cómo iba Hermione a sentir algo más que lástima por Draco Malfoy? Era tan ridículo como pensar que Harry se sentía atraído por ella, como había sugerido Neville. ¡Como si su hermana fuera a permitir algo así! Además, Harry jamás le haría eso. A menos, claro, que no se hubiese percatado de lo que él sentía por Hermione. Después de todo, Ron jamás de lo había dicho... Pero era demasiado obvio lo que sentía por ella como para que Harry, o cualquier otro, no lo notara, ¿Verdad?... ¿Verdad, repitió la pregunta con un poco menos de seguridad. ¿Y si no lo había notado?. Un cierto pánico recorrió al pelirrojo, pero se evaporó pronto, al pensar que Harry debía seguir enamorado de Ginny.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por un par de pasos rozando el piso junto a él. El sonido delataba pisadas tan pequeñas, que incluso antes de que se sentara junto a él, Ron supo que se trataba de Luna. "¡Seguramente viene a disculparse por lo que provocó!", pensó Ron; pero esa estaba lejos de ser la intención de la joven bruja.
- Todas las personas somos como pequeñas luces destinadas a iluminar un trocito de mundo.- comenzó ella. Ron le dirigió una mirada incrédula. La pequeña tenía puestos en él sus ojos celestes, sentada en el mismo escalón, con un estrecho espacio separándolos.- Algunas iluminan más que otras, brindando a la vida sus matices. A veces, hay personas que tienen tanta luz en sus corazones que podrían iluminar el mundo entero... Pero no lo saben, y durante mucho tiempo no proyectan luz alguna. Creen que su destino es pasar desapercibidos por la vida y cubrir su propia oscuridad con la luz de otros. - a Ron le pareció extraño que aquella cercanía no le incomodara. Pensó que la extraña personalidad de Luna, junto a su pequeño porte y su naturaleza mística, le daban la habilidad de generar en otros esa sensación de familiaridad.- Muchos de ellos buscan refugio en los odios, la envidia y el egoísmo, y se quedan ahí, apagando su luz para siempre, sin saber que si tan solo se despojaran de esos horribles sentimientos, despertarían a la vida con tal fuerza, que la intensidad de su propia luz, embellecería el mundo entero...
Ron le dirigió una mirada atónita. Un aire espiritual envolvía el ambiente y una extraña sensación, de la que apenas era conciente, le decía que las palabras de Luna tenían un mensaje importante que él no había alcanzado a comprender.
- ¿Qué quieres decir con eso?- preguntó. Ella volteó hacia él sus soñadores ojos azules y Ron, por un momento, creyó perderse en la profundidad de aquella mirada.
- No tienes nada que envidiar a Malfoy...- fue la respuesta de ella.
- Yo no...- intentó negarlo, pero la seriedad en la expresión de Luna le hizo comprender que ella sabía su secreto; que, de algún extraño modo, aquella peculiar bruja había dado un vistazo en lo más profundo de sus sentimientos.
- Algún día, Ronald, descubrirás cuánto hay de valioso en tu corazón, y ese día, dejará de importarte lo que los demás piensen de ti, y serás tu mismo: un ser maravilloso que te has empeñado en ocultar por años.
Y sin agregar otra palabra, subió por las escaleras dejándolo solo, sumergido en un perturbador pensamiento.
-HP-
El almuerzo transcurrió prácticamente en silencio, pese a los intentos de Tonks y Lupin por hacer conversación. Aunque Ron se sentó a la mesa después de todo- su estómago no le habría permitido perderse una comida- en ningún momento quitó su vista de Draco, haciéndole saber cuánto lo odiaba. Pero el rubio no se percató de ello. Al no encontrar en la mesa a la endemoniada bruja de rostro cubierto, intentaba adivinar dónde podría encontrarse y qué tipo de relación habría entre ella y los demás.
Aunque Tonks le explicó tan cándidamente como pudo que en aquella casa se acostumbraba que cada uno lavara lo suyo, Draco se limitó a esbozar una sonrisa de "¿Es broma, no?", y la bruja prefirió no insistir.
- No estuvo tan mal, ¿verdad?- exclamó Hermione cuando Malfoy se hubo ido.
- ¡Habla por ti!- respondió Ron- Sólo tenerlo cerca me ha provocado indigestión.- pero eso no le impidió terminar de comer lo que quedaba en el plato de Ginny.
Cuando todo estuvo listo, Hermione se encerró en su cuarto a leer los libros que esa mañana había traído. Asombrada comprobó que Antigona Abegnielle no estaba del todo equivocada: la magia antigua si podía actuar como contra hechizo incluso de las maldiciones imperdonables; bueno, al menos dos de ellas hasta dónde se sabía.
Aunque las extrañas actitudes de la mujer siempre habían llamado la atención de Hermione, no fue hasta esa tarde cuando se preguntó de dónde podría haber salido alguien así, y por qué utilizaba aquel velo. ¿Qué ocultaba debajo? ¿No querría ser reconocida o se trataba de alguna horrenda deformidad? Por más que había preguntado a los de la Orden, nadie parecía poder darle respuestas y tampoco lucían muy contentos con la bruja. La aceptaban sólo porque Dumbledore confiaba en ella. Hermione pensó que si Antigona sabía incluso que el anciano estaba vivo, pese a que pocos conocían el secreto por miedo a un espía entre los de la Orden, debía ser porque la mujer merecía tal confianza.
Pero a Hermione no podía menos que desagradarle aquella aura maligna que emanaba de la bruja cuando la tenía cerca. Ni todas las clases que habían tenido desde su llegada a aquel lugar, habían ayudado a cambiar esa impresión, y ella pensaba que las cosas no mejorarían.
¿Dónde iría la bruja en aquellas misteriosas desapariciones? Sabía que no participaba de los intentos de la Orden por mantener alejados a los Mortífagos. Neville le había preguntado en una ocasión la razón de esto, y la mujer se limitó a decir que no era tan buena con la varita como los demás. Pero Viktor le había relatado un extraño episodio que tuvo lugar durante un ataque de los Dementores al Ministerio, donde los aurores estuvieron a punto de sucumbir ante los antiguos guardianes de Azkaban, hasta que, inesperadamente y sin ser llamada, llegó ella. "Sin siquierra sacar la varrita"- había dicho Krum con excepcional asombro.- "los controló a todos incluso antes que nosotros llegarramos... Y cuando encontramos a Antonin Dolohov, el mortífago que dirigía el ataque, nuestras intenciones eran sacarle algo de información antes de llevarlo a Azkaban, pero Abegnielle dijo que en su cabeza no había nada que nos pudierra ser útil... Lo que ocurrió entonces fue horrible. No estoy seguro de si mi interpretación es correcta, pero creo que el hombre reconoció algo en ella, pues la expresión de su rostro fue de horror, y antes de que pudierra decir nada, comenzó a ahogarse. Intentamos todo tipo de hechisos parra ayudarlo, perro no pudimos. Cuando ya había muerto Moody dijo que, de algún modo, Dolohov se había tragado su propia lengua y asfixiado con ella... Puede que esté equivocado, Herrmione, perro Abegnielle no había dejado de mirrarlo hasta que estuvo muerto.".
Como era de esperar, la joven no había quedado muy tranquila después de aquel escalofriante relato. Ella recordaba a Antonin Dolohov desde la batalla en el Departamento de Misterios, donde el mortífago había estado a punto de matarla. Le resultaba difícil imaginar a aquel hombre corpulento y de mirar cruel, muriendo de ese modo. No naturalmente, al menos. ¿Y si las conjeturas de Krum eran correctas, y Dolohov había reconocido la voz de Abegnielle? ¿Y si realmente ella lo había matado por medio de su magia sin varita, para evitar que el mortífago la descubriera? No obstante, Harry les dijo a ella y Ron que Antigona no era una mortífaga. Pero, ¿qué era entonces?
-¡Aquí estás!- llegó una voz a sus espaldas. Era Neville.- Tonks dice que nos reuniremos abajo en media hora. Como ya aprendimos los principales hechizos de defensa, quiere enseñarnos a hacer conjuros.
- Dile que bajaré en cuanto termine de leer esto.
- Bien. ¡Ah, Avísale a Harry, ¿quieres? Yo aún tengo que encontrar a Ginny.- Y antes de que Hermione asintiera, Neville desapareció.
"¡Harry!", exclamó mentalmente. De un golpe cerró el libro, convencida de que ya no podría seguir leyendo, y tras dar una corta caricia a Crookshanks, que ronroneaba al lado de la vela frente a ella, se dispuso a salir en busca de Harry. Esperaba tener las fuerzas suficientes para darle el aviso y retirarse sin más. No creía que llegase a soportar algún nuevo intento de Harry por besarla sin corresponder al beso.
Mientras habría la puerta, intentaba evocar en su mente el recuerdo de Ginny. "¡Piensa en Ginny!", se decía mentalmente, pero la idea fue poco efectiva una vez que la puerta estuvo abierta y descubrió a un dormido Harry a unos pasos de ella. "Bien. Sólo debes despertarlo, darle el mensaje e irte. No puede ser tan difícil". Inconcientemente cerró la puerta.
Pero acercarse a la cama no fue una buena idea. Harry lucía absolutamente encantador con aquella tierna sonrisa curvando sus labios mientras dormía abrazado a la almohada y enredado entre las sábanas celestes. Hermione pensó que el muchacho debía haber dormido muy poco la noche anterior, como para acostarse a una siesta con todo y pijama... Bueno, el pantalón del pijama, pues en ese momento nada cubría su espalda. "Seguramente su discusión con Ginny..."- comenzó, pero con un movimiento de cabeza alejó ese pensamiento. ¿Qué había de malo en disfrutar un rato de tenerlo así, dormido, frente a ella?. La tentación de acercar su rostro al de él era enorme, pero Hermione Granger no sería capaz de tomar ventaja del joven mientras dormía. ¿Por qué tenía que ser tan correcta?
La respiración de Harry era lenta y silenciosa. Su espalda apenas se elevaba para volver a caer otra vez. Y en su negro y alborotado cabello, tenía enredada una pluma. Hermione se sintió súbitamente impulsada a quitarla de ahí. "¿Qué puede haber de malo en quitar una pluma?", se preguntó. Y sus dedos se movieron incluso antes de que ella diera la orden. Pero antes de poder retirarla notó que algo había cambiado en la expresión de Harry: tenía los ojos abiertos y muy fijos en ella.
- Lo siento. No fue mi intención despertarte.- se apresuró a decir. Harry estiró la mano hacia la mesita de noche para colocarse los lentes.
- ¿Qué hora es?- preguntó soñoliento enfocando con sus anteojos el coloreado rostro de Hermione.
- Tarde. Tonks quiere que nos reunamos en un rato.- y sonrió.
- ¿Qué es tan gracioso?
- Tienes una pluma enredada en tu cabello...
- ¡Grandioso!- exclamó sentándose sobre la cama para buscarla.
- Déjala, te queda bien...- siguió ella riendo, mientras tomaba asiento en la orilla de la cama.
- Pues creo que luce mejor en ti.- agregó él, sacándola de su cabeza y poniéndola detrás de la oreja de Hermione, como si se tratara de una flor. La expresión en el rostro de ella cambió súbitamente. La sonrisa se transformó en un esbozo de preocupación.
- Harry…- murmuró Hermione intentando retomar el tema que la atormentaba hacía días, y el tono de su voz generó en Harry un temblor extraño que lo recorrió de pies a cabeza.
De un momento a otro, Harry tubo conciencia de la oscuridad del cuarto, de la cercanía entre sus cuerpos, de la cama bajo ellos, de la ausencia de una prenda que cubriera su pecho y del extraño brillo en los ojos de ella… De "Ella"… Del rubor que coloreaba sus mejillas; de sus labios entreabiertos; y de la duda plasmada en su rostro, mientras tímida y lentamente se acercaba a él.
Harry pudo sentir un extraño fuego naciendo en lo más profundo de su cuerpo, y un cambio inesperado tomó lugar entre sus piernas. De un momento a otro la palabra "pasión" se vino a su mente con un significado claro, transparente, casi tangible, pero a la vez, imposible de expresar en una sola línea, absurdo de explicar a otros.
Hermione colocó su mano tibia en la mejilla de Harry, y él sintió arder su piel frente al contacto, y su cuerpo dejó de pertenecerle. Como si de pronto, cada parte de su ser se estuviera preparando para algo que él no conocía, y que no entendía del todo, pero que sabía era inevitable.
Ella bajó la vista para escapar de aquella mirada que comenzaba a consumirla, pero pronto se percató de que hacerlo había sido una mala opción: Harry Potter, sin nada cubriendo su pecho, era una visión espectacular. Su atención fue atrapada por sus brazos; ella había soñado con aquellos músculos de adolescente muchas veces, desde la noche en que le sorprendió con el torso descubierto en el cuarto de Molly; y verlos otra vez, ahora levemente contraídos y semialzados jugando con uno de sus rizos castaños, la dejaba sin aliento, temblando.
Ya no importaba donde mirara realmente. Cada parte de él, parecía específicamente diseñada para elevar su temperatura hasta el límite peligroso. Sus ojos vagaron por el torso desnudo frente a ella, descendiendo lentamente hasta debajo de su ombligo, donde comenzaba el pijama a rayas que, sin dejar ver nada, permitía tomar una buena impresión sobre lo que ocultaba. Hermione sintió la sangre agolparse en sus mejillas al ser consciente de que Harry podía ver dónde ella había posado sus ojos, pero no pudo mirar a ningún otro lugar.
Por su parte, Harry intentaba inútilmente controlar su respiración. Los conceptos de lealtad y el remordimiento con que se atormentaba constantemente al pensar en Ron y Ginny, se habían evaporado de su mente... "¿Ginny qué?". Él sentía cada mirada de Hermione como una caricia frente a la cual no podía mantenerse inmutable, siendo incapaz de ocultar su reacción a ella. Quería que ella viera lo que generaba en él, que fuera testigo de lo indefenso que él estaba frente a la terrible sensación que ella hacía nacer y que lo consumía. Y necesitaba saber si ella lo sentía también.
Quería recostarla en la cama, y hacer cosas indescriptibles con su cuerpo, y oírla murmurar a su oído, y gritar su nombre. Quería encerrarse con ella en ese cuarto, y no salir de ahí nunca más.
Hermione, sin mover su vista de dónde había quedado detenida, pudo ver el cambio en él ocurrir, y una llamarada dentro de ella creció, junto al intenso deseo de incursionar con sus dedos ahí donde reposaban sus ojos, tomándole un supremo esfuerzo el refrenarse.
La tensión crecía entre ambos, inundando el ambiente entre los dos jóvenes inmóviles, con sus respiraciones agitadas, y el corazón golpeando cada vez con mayor frecuencia e intensidad dentro de sus pechos, al punto que uno podía oír los latidos del otro. Inesperadamente, fue Hermione quien rompió el silencio, haciendo una advertencia que estaba lejos de sonar como tal…
- No debemos…- murmuró, y sus ojos volaron a encontrar los de él, derritiéndose ante aquella visión: las pupilas del muchacho, dilatadas al extremo de que su iris parecía un fino anillo verde rodeando el negro. Sintió como su cuerpo se consumía ante aquella mirada.
Harry no estuvo seguro de cuál de los dos se movió primero; quizá lo hicieron ambos al mismo tiempo, en perfecta sincronía. Como fuera, al instante siguiente, ambos caían juntos sobre las almohadas de la cama, en un abrazo desesperado, con sus labios fundidos, sus manos entrelazadas y sus cuerpos tan juntos que parecían uno solo.
Antes de ella, Harry nunca habría pensado que besarse podía ser así: una completa y total subyugación de uno mismo a otra persona, tan profundo, que parecían querer derretir sus almas, y crear con ellas una sola… Única… Completa… Nueva.
-Fin del Capítulo 8-
Próximo Capítulo: LA HIJA DEL SQUIB
Esta vez la actualización fue rápida, ¿no? Me apresuré para que tuvieran finalmente un beso entre Harry y Hermione y ya no se desesperaran cada vez que ella huía de él. Les dije hace algún tiempo que las cosas entre las parejas iban a ir creciendo poco a poco, y mantengo mi palabra, así que ya saben qué esperar más adelante... Je, Je...
Reitero mis agradecimientos a todos aquellos que siguen la historia y que me dejan algún comentario. ¿Ya saben que me alegran el día, verdad?... Bueno, cualquier queja o sugerencia es bienvenida... Un beso enorme y cuídense mucho...
Alexandra Riddle.
