Disculpas: Tardé montones… Lo sé… Solo puedo pedir disculpas y asegurar que el próximo sí que viene pronto… Ok?

Besos a Todos y cuídense.

PS: A los que mencionaron este como el mejor Fic de la web… ¡GRACIAS! Es gracias a ustedes que sigo escribiendo.

PPS: Estaba viendo "El Lago de los Cisnes"… Solo puedo decir que es casi tan triste como la vida misma…

CAPÍTULO 11: EL ROSTRO TRAS EL VELO

"Cada vez que respires", dijo él, "te serviré

Cuanto mejor pueda, ni una sola vez, mientras exista,

Descansaré la cabeza en mi almohada hasta que les haya

Complacido en lo que me pidas, y esto, mi señora Krimhild,

Es todo por tu amor.

-SIGFRIED- El Cantar de los Nibelungos

Alastor Moody había deambulado por los estrechos callejones durante horas, arrastrando el peso de su pierna falsa. El frío calaba hondo en sus viejos huesos y el cansancio y la desesperanza le pesaban sobre los hombros.

Lupin había muerto en una batalla absurda que resultó no ser más que un distractor. Todos lo habían visto venir ¡Era tan obvio! El mismo Remus había expresado su temor de que el ataque de Nochebuena no fuera más que una trampa… Un señuelo para desviarlos del verdadero objetivo. Y Alastor estaba seguro de que Dumbledore lo sabía también.¡OH, si! Dumbledore lo sabía, y aún así, les había enviado ahí, a morir inútilmente, mientras El Innombrable y los suyos tomaban el control del Ministerio, dando a su doctrina el sitial de autoridad.

Dos semanas hacían ya de ello. Dos semanas desde que Scrimgeaud fuese puesto en Azkaban, junto a tantos otros. Dos semanas desde que magos y brujas no salían de sus casas por miedo al aire hostil del exterior, por temor a ser confundidos con un enemigo del Lord en aquellos días en que serlo merecía la pena capital.

Una sombra negra se proyectó sobre el pavimento frente a él, y el auror pegó su espalda al muro, escapando de la luz. Su corazón latía con una rapidez abrumadora y las piernas le temblaban a medida que la sombra se acercaba… "Un mortífago…" exclamaba una voz en su mente. "He aquí el final de mis días". Pero cuando las patas de un perro aparecieron pegadas a la sombra nefasta, el aire volvió a los pulmones del hombre. El animal temblaba de frío, contemplando al anciano con sus ojos vidriosos, ignorante de las razones de su miedo. Tras unos segundos de fría contemplación, echó a andar nuevamente, convencido de que aquel ser humano no tenía comida que ofrecerle.

Pasado el susto, Ojo Loco se dejó caer sobre el suelo frío. ¡Tan cansado estaba! Y pensar que solo a unos pasos de ahí debía encontrarse la entrada a casa de Sirius. Moody no podía dejar de preguntarse las razones por las cuales Dumbledore había cambiado la frase de acceso. ¿Por qué razón le había dejado a merced de los mortífagos ahora que más que nunca, la Orden necesitaba estar unida?

El ojo artificial del anciano se ajustó en su cuenca para alcanzar a leer el panfleto pegado en el muro frente a él: "Enemigos de los defensores de la sangre… ¡Temed! El fin de los impuros ha llegado". Un tétrico escalofrío recorrió el cuerpo del hombre. ¿Por qué Dumbledore había permitido aquello? ¿Sería posible que Lupin tuviera razón? ¿Sería posible que…?

- Alastor…- sonó la voz a su lado, interrumpiendo el silencio.- Será mejor que vengas conmigo, viejo amigo.- siguió, tendiendo una mano hacia él para ayudarle a pararse, mientras una amistosa sonrisa se dibujaba por debajo de su barba blanca.

- Albus, ¿qué…?

- He venido a buscarte. ¿No era eso lo que querías?- Alastor se puso de pie en expresión consternada. Algo había de irreal en todo. Algo no andaba bien.- Será mejor que entremos pronto, el frío de esta noche no es bueno para dos viejos como nosotros.

Los ojos azules de Albus Dumbledore expresaban una serenidad que no concordaba con el cuadro. Había en ellos una absoluta indiferencia ante la horrible semana vivida por Alastor y el rostro del auror no pudo menos que mostrar la fría contracción de la ira contenida. Pero aún así aguardó a que el anciano murmurara las palabras que hicieron aparecer la puerta con el escudo de los Black.

La calidez del fuego que ardía en la chimenea le golpeó el rostro, generando en Alastor un agradable estremecimiento.

- Será mejor entrar aquí, no queremos despertar a nadie, ¿verdad?- sugirió Albus, abriendo el acceso hacia una cocina desolada. Una taza de té se servía mágicamente sobre la mesa de madera. Otra, frente a esta, estaba ya colmada, pero ningún hilo de vapor salía de su interior. Ambos tomaron asiento en silencio.

- ¿Cómo está Harry?- preguntó Alastor. Aunque había aceptado sentarse, solo contemplaba a Dumbledore beber tranquilamente de su taza, pero sin tocar la que estaba frente a él. Tan congelados estaban sus dedos que temía no poder moverlos.

- A salvo.

- ¿Y el resto de la Orden?

En este punto, el viejo director echó su cuerpo hacia atrás, apoyando su espalda contra el respaldo de la silla. Su rostro había tomado una expresión rígida, como la de quien se dispone a hablar de un tema desagradable.

- Probablemente ya sabes que Voldemort ha garantizado protección a todo sangre pura que, habiendo sido miembro de la Orden, le prometa lealtad.- Alastor asintió.- Sin duda este ha sido un golpe maestro, pues más de alguno de los nuestros ha sopesado tal posibilidad. Esa es la razón por la cual no podía dejarte regresar tan fácilmente, Alastor.

- ¿Es que acaso creíste que yo…?- El té se derramó sobre la mesa ante la brusquedad con que el auror se puso de pie para enfrentar al anciano, presa de indignación e ira.

- No dudo de tu lealtad hacia la Orden, estimado Alastor, pero no podía permitirnos correr ningún riesgo.

- ¿Y los demás?

- Muchos de los nuestros han sido llevados a Azkaban. Otros, como el señor Krum, han buscado refugio en su patria. La mayoría de los integrantes que no califican como "puros" están aquí. También los Weasleys, por supuesto.

- ¿Incluyendo a Persy?- El anciano fijó en él sus ojos, pero sin responder.- Sabías que era un traidor, ¿verdad? Lupin te lo dijo… Y aún así nos hiciste creerle… ¿Por qué?

- Será mejor que vayas a tu cuarto, Alastor. Necesitas descansar.- sugirió amable, volviendo a llenar su tasa de un té que parecía helado.

Tal era la indignación de Ojo Loco, ante la tranquilidad con que el anciano lo ignoraba, que de un golpe lanzó la jarra lejos de la mesa, derramando su viscoso contenido contra el piso, y, al verlo, el auror retrocedió aterrado. Conocía bien esa poción.

- ¡¿Quién eres?!- gritó al hombre frente a él, quien contemplaba con tristeza su taza vacía de poción polijugos.

- ¡Lástima!- suspiró el anciano.- Me habrías sido de gran utilidad…

Ante estas palabras, Moody retrocedió consternado. No era Dumbledore. No podía serlo. Nunca lo había sido. ¡Todos ellos habían sido engañados! ¡Incluso Harry!

- ¡No lo permitiré!- gritó alzando su varita.- No dejaré que le entregues el chico en bandeja a tu señor. ¡De aquí no saldrás vivo, maldito mortífago! ¡Avada…!- Lo próximo que sintió, fue la varita deslizarse por entre sus dedos y partirse frente a él. Nunca antes Alastor Moody había sentido tanto miedo como entonces.

- ¿Mortífago?- preguntó con una voz extraña. Una voz gélida, de ultratumba.- Si fuese un mortífago, el preciado Harry Potter ya estaría muerto, ¿no crees?- avanzó un paso. Las facciones de su rostro comenzaban a cambiar.

- ¿Y por qué ayudas a ese bastardo entonces? ¿Por qué nos enviaste a todos a su trampa? ¡Remus ha muerto por tu culpa!- gritó, retrocediendo mientras la figura avanzaba.

- Remus Lupin debía morir. Siempre empeñado en proteger al señor Potter, impedía que el muchacho cumpliera su destino. Pero ahora… Ahora es diferente, porque ya no hay nada que esperar. Con Voldemort en el poder, a nuestro elegido no le queda más que enfrentarlo o perecer en el intento.

- ¿Por qué quieres que Harry muera?

- ¿Harry?- preguntó alzando una ceja que comenzaba a tornarse negra. Su voz había adquirido un tono que a Moody le resultaba extrañamente familiar- ¡Poco me importa lo que ocurra con Harry Potter mientras Voldemort muera!

- ¿Quién eres?- volvió a preguntar el hombre sintiendo como algo se estremecía en su interior. Frente a él, la figura tomaba su verdadera forma: los ojos de pupilas apagadas y parpados caídos, estaban muy hundidos en las cuencas; la piel de su rostro de un color terroso y tan tirante que hubiera podido ser una calavera. Todo eso le confería un aspecto siniestro y peligroso, y... en cierto modo, inhumano. Caminaba hacia Moody mientras la barba desaparecía y el blanco cabello se convertía en largas mechas negras.- ¿Quién eres?- volvió a preguntar el hombre, pero por única respuesta tubo el cadavérico rostro frente a él, iluminado con el fulgor de la muerte. En sus ojos podía advertirse un alma que había superado los límites de la furia y estaba dispuesta a destruir el mundo. ¡Tanto era su odio!

Lo último que el mágico ojo de Alastor Moody llegó a ver fue el rostro macabro de la bruja cubrirse de un espeso velo negro. Luego, los latidos de su corazón se detuvieron sin razón aparente y un intenso dolor le hizo llevar una mano al pecho, donde algo presionaba pesadamente. Sus piernas ya no respondían y le faltaba el aire. Su pesado cuerpo se desplomó contra el piso y su visión se nubló. Y ya no pudo ver ni sentir nada más… No en este mundo.

-HP-

Luna Lovegood se despertó sudando frío. Algo le había hablado en la noche. Algo o "alguien", que murmuraba palabras a su oído. A su mente acudía un nebuloso recuerdo de lo que había estado soñando mientras acostumbraba sus pupilas a la oscuridad del cuarto, pero ninguna imagen en concreto. En la cama ubicada a la derecha de la suya, el vultuoso cobertor de Hermione ascendía y descendía pasivamente al ritmo de su respiración. Más allá, la de Ginny se adivinaba vacía… Nuevamente.

Aunque Luna tenía una idea bastante exacta respecto de dónde podía hallarse la pelirroja a esas horas, decidió no pensar en ello. Ya había intentado hablarlo personalmente con Ginny sin conseguir a cambio más que la absoluta negación del hecho junto a una mueca de disgusto. No había, por tanto, nada que la rubia joven pudiera hacer y ella había aprendido hacía mucho a no perder el tiempo pensando en cosas que no podía resolver. Así pues, sus cavilaciones regresaron rápidamente al hecho que la tenía despierta a esas horas: el extraño mensaje de aquella voz que le resultaba lejana y a la vez conocida, como si pudiera despertar en ella un olvidado recuerdo de la infancia. Pero el mensaje era nuevo. Si. Nuevo.

"Detenla", resonó la voz a su espalda haciéndola girarse espantada en busca del origen de aquel eco. Pero no había nadie ahí. "Detenla", repitió la voz mas cerca de su oido y un horrendo escalofrió recorrió el cuerpo de Luna.

- ¿A quien?- pregunto al viento con su voz quebrada. De pronto, a los pies de la cama el juego de luces y sombras dibujó la etérea figura del joven de sus sueños que estiraba su transparentada mano hacia Luna. Ella, movida por una fuerza extraña respondió al gesto, tendiendo hacia la figura la suya. Los dedos incorpóreos contactaron los de carne y de los propios labios de Luna salió la respuesta que buscaba.

- A Orual...- luego, todo fue oscuridad y silencio.

-HP-

Cuando Ginny abrió los ojos en mitad de la noche, pudo ver la pálida figura de Draco Malfoy contemplándola desde el sillón frente a ella, con un cigarrillo entre los dedos. Hacían ya dos semanas que venia escabulléndose de su propio cuarto, para terminar en la cama de Malfoy y la pelirroja aun no se acostumbraba a la escrutadota mirada conque la contemplaba mientras dormía.

Ginny volvió a cerrar los ojos, sin decir nada, abrazándose a la almohada. Sabía cuanto disfrutaba el rubio cuando ella adoptaba esa poce. Lo sabía, no porque él se lo hubiera dicho, sino por aquel imperceptible temblor que acudía a los labios del joven, amenazando con torcerlos en una sonrisa. Lo sabía, por el modo en que empequeñecía sus ojos y viajaba con ellos a través del cuerpo frente a él, deteniéndose en aquellos lugares abundantes en pecas, que eran motivo de su infantil curiosidad. ¡Oh, si: infantil! Y es que, como Ginevra Weasley había descubierto, el frío Draco Malfoy, en el fondo, muy en el fondo, claro, seguía siendo un niño. Y en el fondo, mucho más en el fondo, disfrutaba tanto como ella de esas noches juntos... Y al pensarlo, Ginny no pudo evitar sonreír.

- ¿Que es tan gracioso?- preguntó él, aparentando seriedad. Pero ella respondió con silencio y una nueva sonrisa perturbadora. ¡Cuanto disfrutaba él con esos silencios! Y es que sabía que tras ellos había una invitación. Claro que lo sabía, porque la conocía bien.. Sabía que ella prefería la rudeza al romanticismo y que necesitaba una discusión como preludio para el sexo.

En algún momento de sus furtivos encuentros, habían dado paso a la conversación. Ella solía quedarse recostada contra el pecho de él, que semisentado contra la almohada, fumaba algún cigarrillo. Fue una lenta progresión que ninguno de los dos vio venir ni sabían cómo había ocurrido. Por supuesto que les parecía extraño terminar conversando las primeras veces. También estaba aquel beso que Ginny le diera a modo de despedida en una ocasión y que había dejado a un perplejo Draco preguntándose de dónde había venido eso, y a ella maldiciéndose por haber obedecido a un impulso que no podía permitirse. Pero por mucho que intentaran explicar cómo habían pasado de un punto a otro, no habrían encontrado la respuesta.

Para Draco habría resultado humillante admitir lo que sentía por Ginevra Weasley. Nadie debía enterarse jamás de cuánto disfrutaba estar con ella, porque sí: lo disfrutaba, y no porque fuera hermosa, sino porque ambos eran iguales. Aunque él mismo no sabía bien en qué consistía esa equivalencia, estaba seguro de que, de existir aquello llamado "alma", la suya y la de ella estaban hechas de lo mismo.

Ella, por su parte, no tenía muy claro qué tipo de sentimiento la unía a él, pero prefería no llegar a averiguarlo, pues, de saberlo, le sería mucho más difícil ocultarlo a todos y era preciso que nunca, nunca, su hermano o los demás, pudieran adivinar lo que ella sentía por Malfoy.

- Será mejor que me vaya...- dijo ella de pronto y el asintió en silencio- Creo que no debemos seguir haciendo esto...- agregó, esperando alguna reacción por parte del rubio mientras buscaba su ropa interior entre las sabanas.

- Creo...- respondió él, levantándose al fin del sillón y acercándose a ella- que nunca debimos haberlo hecho...- pero sus palabras no le impidieron robar a la joven un nuevo beso.

-HP-

Cuando Harry Potter llegó a la gran cocina la mañana siguiente, se encontró con el puñado de integrantes de La Orden que restaban, compartiendo un triste semblante.

En los ojos enrojecidos de Molly Weasley pudo leer un mensaje con olor a muerte, pero fue Charlie quien transformo la noticia de la perdida de Moody en palabras.

El desayuno transcurrió en un silencio angustiante y poco a poco, magos y brujas fueron dejando la mesa con una desesperanzada expresión en sus rostros, no sin antes dar una mirada hacia Harry Potter... La ultima esperanza del Mundo Mágico.

- ¡Malditos mortífagos!- exclamó Ron de pronto. Harry y Hermione, sentados junto a él en la amplia mesa de madera, secundaron su expresión con un asentimiento.- No se imaginan la rabia que tengo... Todo por culpa de ese maldito Lord Vo...Voldemort... Lo odio tanto que si lo tuviera en frente, yo... creo que lo mataría...

- ¿Lo crees solamente?- preguntó Harry con tranquilidad. La joven junto a él adivino su pensamiento- Yo tengo la certeza de que lo haré... Eso, o moriré en el intento.

Ron contempló por unos instantes a su amigo, y puso una mano sobre su hombro. Sabía que era uno de esos momentos donde las palabras ayudaban muy poco. Y Harry agradeció su silencio.

A unos pasos de ellos, Percy Weasley contemplaba la escena del trío con particular interés. Hacía ya un tiempo que, gracias a las intervenciones de su madre, se le había permitido refugiarse de los mortífagos en aquella casona antigua. Pero no fue hasta ese día que se le permitió salir del cuarto donde la reticencia de algunos le había mantenido encerrado. Dos largas semanas había pasado ahí, impaciente, aguardando como una garrapata el mejor momento para camuflarse entre los integrantes de la Orden y robar la información que pudiera serle útil. ¡Cuantos honores le rendiría el Señor Oscuro cuando le entregara a Harry Potter en bandeja! Seria la mano derecha del hombre más poderoso de todo el mundo de la magia. ¿No había sido esa la promesa del Lord?

- Percy, cariño... -le interrumpió su madre tendiéndole un plato de tostadas cubiertas de una salsa amarilla- será mejor que te comas esto. Estás tan delgado aun.- agregó con una tierna sonrisa y Percibal acepto el ofrecimiento admirando el ciego amor de esa mujer.

Pero, contrario a lo que se pudiera esperar, esta maternal entrega de afecto estaba lejos de despertar en él algún tipo de remordimiento. Después de todo, Percy se consideraba a sí mismo un hombre justo y, como tal, se encargaría de que llegada la hora, su familia fuera puesta a salvo de todo. Incluso su padre... Incluso Ron. Él, Percibal Weasley, el repudiado, seria el salvador de los Weasleys. No es que esperara algún agradecimiento por ello, pues sabía que siempre sería visto por los suyos como un traidor, pero no le importaba. Prefería vivir como un traidor poderoso, que morir como un miserable héroe de la causa... Después de todo, con su ayuda o sin ella, los integrantes de la Orden tenían los días contados.

Con estas regocijantes cavilaciones en su cabeza terminó de comerse las tostadas del plato, ignorante del detallado análisis que Antigona Abgnielle, a dos metros de él, hacía de sus pensamientos.

-HP-

- ¿Que ocurre, Harry?- preguntó Hermione, con voz preocupada, sentándose junto a él. Desde la noche en que Lupin muriera, el deprimente estado de Nymphadora Tonks, así como el pesimismo general frente a la guerra que había comenzado, impedían mantener la antigua rutina que contemplaba clases por las tardes, de modo que la vida de los jóvenes, había estado carente de enseñanzas o de prácticas en ese último tiempo, dejando en total abandono el sótano de la gran casona, que comenzaba a cubrirse de polvo y que, a la vez, se había convertido en el lugar predilecto para las meditaciones de Harry Potter.

Ahí se hallaba ahora, frente a uno de los grandes espejos, cuando Hermione llegó a su lado.

- ¿Es por Moody que estás así?- volvió a preguntar ella.

- No solo por Moody.- respondió sin mirarla.- También por Lupin, y por todos los que han muerto por mi culpa.

- ¿Por tu culpa?

- Si, por mi culpa...- respondió con convicción.- Es gracias a mí que estamos así, Hermione.

- No, Harry.- exclamó ella, sosteniendo su cabeza con ambas manos hasta encontrar sus ojos.- Es por él... Por Voldemort, que estamos así. Gracias a ti seguimos vivos. Es por ti que aun hay esperanzas...

- ¿En verdad crees que puedo hacer algo?- preguntó con un hilo de voz.- ¿En verdad crees que será él quien muera y no yo?- Hermione retiró un mechón del cabello negro de la frente de Harry y acarició su rostro con ternura. La pregunta que el joven le hacia era un miedo que ella compartía... una horrenda inquietud que la atormentaba por las noches.

- Si.- respondió con aparente seguridad- Si creo. Debo creerlo, Harry... Porque el solo pensar que tu podrías...que tu murieras...- un nudo se puso en su garganta y las lágrimas acudieron a sus ojos. La joven, sin poder completar sus palabras, hundió el rostro entre sus manos y echo a llorar. Él, conmovido, la envolvió entre sus brazos, atrayéndola hacia si, pero Hermione se zafó del abrazo enfrentándolo, con la desesperación plasmada en sus ojos y el rostro surcado por lágrimas.- ¡Oh, Harry! Si llegara a perderte, yo... Yo no podría seguir viviendo...

- Hermione...- intentó tranquilizarla pero ella le detuvo.

- ¡No! ¡Escuchame! He visto a Tonks, Harry... Ya no es la misma... Ella era feliz, Harry... El ser mas feliz de esta tierra... Y ahora... esa intensa luz que antes brillaba en sus ojos, se ha extinguido para siempre. Iban a casarse y ahora... ¡Oh, Harry! Debo lucir como una tonta llorando así, pero es que no soportaría perderte.

- Y no me perderás.- respondió él.

- ¿Me lo prometes?

Hermione sabía que Harry no podía controlar el curso de los hechos, y que, por tanto, era ilógico pedirle algo así, pero tanta era su desesperación, que pensaba que su palabra bastaría para que ella creyera… Y en verdad necesitaba creer.

Harry también sabía lo poco que valía su palabra en esas circunstancias, pero sabía también que era capaz de lo imposible y de ir donde fuera necesario con tal de estar junto a ella, y por ello asintió.

- Te lo prometo.- respondió. Y ella besó su boca hasta robarle el aliento, con una mezcla de ansias y desesperación, y él respondió con otros besos y algo más.

Lo extraño de los acontecimientos de cada día, es lo que tienen de inesperados. Una simple y cotidiana palabra puede generar diversas consecuencias cuando menos lo esperamos. Así, los besos de Hermione dejaron de ser simples besos para Harry cuando la vio ruborizarse tan bellamente como entonces. Y lo que Hermione vio en los ojos de él, le hizo comprender que había llegado el momento de algo más.

- Te amo, Hermione Granger...- murmuró mientras besaba su cuello escabulléndose a través de la ropa. Y ella respondió enredando con más fuerza sus dedos en los cabellos de él y jalándolo hacia su boca… y hacia atrás, hasta recostarse contra el suelo.

Ese era, según Harry Potter, el día más feliz de su vida.

-HP-

Muy lejos de ahí, el demacrado rostro de Tom Riddle se contorsionaba en una mueca de preocupación. Podía sentir una extraña felicidad apoderándose del chico. Podía sentir, para su horror, la infinita dicha de la cual disfrutaba en ese momento Harry Potter. Y aunque era un sentimiento que no conocía del todo, sabía bien que era peligroso. Sabía que lo que se estaba apoderando del muchacho en aquel momento era, como Dumbledore vaticinara alguna vez, el único poder capaz de destruirlo. Y el gran Lord Voldemort, actual amo del mundo de la magia, no pudo evitar sentir algo muy similar al miedo.

-Fin del Capítulo 11-

Próximo Capítulo: "La Historia de Orual"