CAPÍTULO 12: LA VERDAD DE ORUAL

"Así terminó la carrera de Krimhild,

Una vez la doncella mas gentil y mas hermosa,

Pero ahora, tras sufrir tantas penalidades,

Un monstruo de cruel venganza."

- El Cantar de los Nibelungos-

Hermione oía la lluvia azotar las ventanas, mientras buscaba refugio en el tibio abrazo de Harry. Muchas veces había dormido junto a él, pero nunca le había sentido tan cerca suyo como entonces. ¿Como habían llegado hasta el cuarto? Tenia un vago recuerdo del camino recorrido, pero lo único vivo en su memoria era el rápido palpitar de su corazón mientras se escabullía tomada de la mano de Harry hasta ese lugar, temiendo ser descubiertos por alguien, por cualquiera, que pudiera arruinar ese momento maravilloso.

- Te amo, Hermione Granger.- susurró Harry con voz cansada a su espalda. Y ella sonrió. Se lo había oído decir toda la tarde.

- Lo sé - respondió, y se volteo buscando su boca, pero separándose inmediatamente después del beso.

- ¿Que haces?

- Debo irme- respondió arrastrando consigo una sabana para cubrir su cuerpo. No le agradaba la idea de mostrarse desnuda frente a Harry, ni aún sabiendo que él había conocido ya cada rincón de su cuerpo.- De lo contrario comenzaran a preguntarse donde estamos y no es conveniente que lo sepan aún.

- ¿Por Ginny?

- Y por Ron, y por nosotros... No quiero a Molly vigilándonos constantemente para guardar las buenas costumbres.

- Ahora menos que nunca ¿verdad?- dijo él insinuante, haciendo enrojecer las mejillas de ella.

- ¡Harry!- exclamó con ademán de golpearlo, pero él la jalo del brazo y la beso nuevamente.

- ¿Volverás esta noche?- preguntó cuando se separaron.

- Lo intentaré- respondió ella, aun con los ojos cerrados, volviendo a besarlo.

Hermione acababa de llegar a la puerta de su cuarto, cuando sintió el aire congelarse, y un gélido escalofrió le recorrió la espalda.

- ¿Me permite un momento de su tiempo, señorita Granger?- preguntó Antígona, de pie a unos pasos de ella, y sin esperar una respuesta, le dio la espalda y echo a andar, en dirección a su propio cuarto, con una atemorizada Hermione siguiéndole de cerca.

Cuando la joven hubo atravesado el umbral, la puerta se cerró de golpe haciéndola saltar sobre su sitio. En el interior, nada había cambiado respecto a la última vez que ella había estado ahí. ¿Se habría dado cuenta Antigona de aquella visita nocturna?

- ¡Claro que lo supe, señorita Granger!- adelantó la bruja en algo similar a una sonrisa, mientras tomaba asiento frente a ella.- Siempre lo supe.

- Lo siento, Señorita Abegnielle, no era mi intención...

- Por supuesto que no fue su intención. Fui yo quien la alentó a entrar aquí esa noche, y me aproveche de su natural curiosidad para lograrlo.

- Pero, ¿por que?- Hermione parecía confundida.

- Porque necesitaba que entendiera la historia, que comprendiera cual será su rol en todo esto. Lamentablemente su visita fue interrumpida antes de tiempo.

- Quiere decir que ¿había más por ver?

- Mucho más, por supuesto. Pero no se haga ilusiones. No la he traído aquí para satisfacer su curiosidad. Esta vez le hablare claramente, porque no nos queda mucho tiempo.

- ¿A qué se refiere?

- A que, lo que sea que el señor Potter este sintiendo por usted en estos momentos, ha despertado en Lord Voldemort una serie de sentimientos a los que teme. Y cuando los hombres como él temen, señorita Granger, es cuando lanzan sus golpes mas certeros. Por ello, estoy segura de que no descansara hasta encontrar el modo de llegar a nuestro "elegido", ya sea a través de la Orden, o... através de usted. Es una cuestión inevitable.

Hermione le oía atónita, asombrada de la falta de emoción que había en sus palabras. Antigona lo relataba todo como si se tratara de la desgracia de otros, como si a ella no le afectara, y la joven no podía dejar de preguntarse si aquella mujer estaría realmente del lado de la Orden.

- Si es tan inevitable como dice...- comenzó Hermione con voz temblorosa- No entiendo el sentido de esta conversación.

- Lo vería con más claridad si dejase de lado sus ridículas emociones por un momento.

- ¡¿Como se atreve a...?!

- Me atrevo, porque siempre la he considerado una persona inteligente, y me enajena ver que, como tal, deje nublar su raciocinio por sus sentimientos infantiles.

- ¿Se refiere a mis sentimientos hacia Harry? Yo lo amo... y él me ama a mí. Y nada, ni usted, ni el mismísimo Lord Voldemort podrán...

- La única razón por la cual Harry Potter dice amarla, es porque aun no descubre quien es él realmente. Pero yo puedo decirle quién es... Su gran Harry Potter no es muy distinto del mismo Lord Voldemort, y si gana esta batalla, no será menos que él. La única razón por la cual no ha demostrado su verdadera naturaleza, es el desconocimiento de sus poderes.

- Usted esta loca.- dijo Hermione, dando la media vuelta para marcharse. Le dolía la cabeza y una sensación nauseosa amenazaba en su estomago.

- No tan rápido, señorita Granger. Hay algo que debe ver.- dicho esto, camino hasta el fondo del dormitorio y cogió un cofre que puso ante los ojos de Hermione.- Estos,- dijo al momento de abrirlo- son dos de los tres horcruxes restantes: la primera insignia de Gryffindorff, esgrimida por el mismísimo Godric, cuando se produjo la separación de las casas. Fue el primer Horcrux creado por el joven Tom. Lamentablemente, no le puso en un lugar muy seguro, y aunque intentó volver por el en reiteradas ocasiones cuando salió de Hogwarts, Dumbledore siempre se interpuso... Y este... Este es el collar de Rowena Ravenclaw... Estuvo en poder de Bellatrix Lestrange durante años...

- ¿Y como lo ha conseguido?- preguntó Hermione anonadada.

- Eso no importa ya... Lo único importante es que ambos serán destruidos esta noche, y eso, es otra de las razones por las cuales Lord Voldemort se apresurara en atacar.

- Pero... ¿Y el último Horcruxe?

Fue en este punto, que Hermione sintió por primera vez como si pudiera ver los ojos de Antigona Abegnielle a través del velo, y era una visión espeluznante.

- Tendrá noticias del último horcruxe la noche misma en que Lord Voldemort y nuestro "elegido" se enfrenten. Y es ahí donde necesitaré su ayuda, señorita Granger.

- ¿Mi ayuda?

- Será usted quien deba destruirlo.

- Y... ¿por qué yo?

- Porque, para bien o para mal, no existe nadie más capaz de hacer lo que deba hacerse.

- No entiendo... ¿A que se refiere con...?

- No se preocupe... Ya lo entenderá... Ya sabrá cual será el precio a pagar por sus sentimientos. Ahora salga de aquí.- dijo esto al momento que hacia abrirse la puerta y le indicaba el camino. Y Hermione accedió, con toda la rabia acumulada ante el último comentario de la mujer, fluyendo por sus venas.

Luna soñaba con los ojos bien abiertos, recostada boca arriba sobre su cama. Soñaba con un mundo de cuentos de hadas donde ella era una princesa que amaba a un colorín príncipe azul… y era correspondida. Desafortunadamente para ella, sus ilusiones fueron interrumpidas con la estrepitosa llegada de Hermione, quien, tras un portazo en la puerta de la habitación, corrió a dejarse caer sobre su cama, echando a llorar.

Por el modo en que hipaba y la aparente desinhibición de sus lagrimar, Luna comprendió que la joven no se había percatado de su presencia. Con su ligero andar se desplazo hasta ella, hasta tomar asiento a su lado, y colocando una mano sobre el hombro de Hermione intento consolarla.

- OH, Luna! Lo siento- se disculpó Hermione, limpiándose el rostro.- No sabía que estabas aquí... Yo no...

- No te disculpes- murmuró ella con cantarina voz- Esta bien llorar a veces, Hermione. Es una de las cosas que nos hace humanos.

-Aun así no debería...- dijo incorporándose- es solo que... ¡Es tan horrible! Como puede existir alguien tan malvada... Como si jamás hubiese amado... Como si no hubiera sentido nada por Regulus...

- ¡Regulus!- exclamó Luna con los ojos desorbitados, saltando sobre su asiento. Esa misma tarde había reconocido el rostro del joven de sus sueños como uno más en el árbol genealógico de aquella casa... sobre el nombre de Regulus Black.

- ¿Que ocurre, Luna? ¿Te sientes bien?

- ¿Cómo es que sabes de Regulus?

- ¡Oh!... Eso es una larga historia... Y quizás solo haya sido mi idea, pero lo que vi en sus pensamientos me hace creer que en verdad se amaban...

- ¿Quienes?

- Regulus y ella... Antigona... cuando aún era Orual...- Ante esta respuesta, Hermione vio con preocupación como el enajenado rostro de Luna se tornaba en una extraña mueca de comprensión.- Luna... ¿Que ocurre?

- De modo que Antigona es Orual... ¿Como no lo vi antes? Eso lo explica todo... La advertencia, las visiones... El velo...

- ¿De que hablas? No logro entender lo que...

- Hermione... que equivocada has estado al pensar que ella le amaba... Fue ella, Orual, quien mató a Regulus...

La noche en que Regulus decidió ayudar a Orual a huir, no tenia una idea clara de por qué lo hacia, ni a dónde lo llevaría aquello. Pero en el fondo de su corazón tenía la certeza de que, estando junto a ella, nada más importaba... o al menos, eso era lo que los nacientes poderes de la bruja, le obligaban a creer.

Le mantuvo oculta a los ojos de todos, escondiéndola en los pasadizos de su propio hogar, y apelando a sus poderes para la oclumencia, volvió junto a los mortifagos para no levantar sospechas respecto al paradero de la joven y su propia traición. Extrañamente, su Señor comenzó a mostrar en él mayor confianza de la que nunca tuvo, hasta el extremo de confesarle el secreto de los Horcruxes.

Jamás pensó Regulus en que Lord Voldemort contaba conque sería la misma Orual quien, una vez enterada de aquel particular misterio, convencería a Regulus de partir tras ellos. Y así lo hicieron. Cuando Regulus desapareció de entre los suyos, Lord Voldemort supo que era cuestión de tiempo para atraparlos a ambos, junto a los Horcruxes que ellos mismos se encargarían de reunir para él, sin saberlo.

Nada costó a Orual convencer al muchacho de la necesidad de ir tras los Horcruxes para destruir a Lord Voldemort. El primero en ser rescatado fue el antiguo diario de Tom Riddle, sepultado en los escombros de un orfanato muggle. El siguiente fue un collar de perlas oculto junto a la tumba del squibb cuya muerte le creó. Pero fue el tercero… aquel depositado en la cueva donde Dumbledore y Harry harían su peregrinación años después, el culpable de hacer realidad el futuro que el mago oscuro tenia preparado para ambos jóvenes.

- Una vez que el caldero este vacío,- dijo Regulus mientras ambos contemplaban el extraño liquido que ocultaba el tercer horcruxe- quiero que saques el guardapelo y lo reemplaces por este.

- ¿Para qué?- pregunto ella, con sus ojos celestes inquietos, sin comprender el objetivo del joven.

- Porque no hay satisfacción en la venganza a menos que el culpable sepa de quién es

la mano que lo ha burlado y cuál la causa del castigo.- sonrió. Orual permaneció inmutable unos instantes analizando el infantil proceder del joven que algo de ternura despertaba en su corazón marchito, y luego sonrió educadamente de vuelta. Lo ayudó a beber hasta la última gota de poción, lamentándose del horrible efecto que esta parecía tener en el muchacho, pero satisfecha de que con aquello estarían mas cerca de destruir a Voldemort, de hacerle nuevamente mortal, y es que Orual se había prometido a si misma no descansar en paz hasta verle muerto…

Pero no acababa de reemplazar el guardapelo cuando Bellatrix Lestrange y otros mortifagos aparecieron junto a ellos.

- ¡Que tontos han sido al caer en la trampa de mi Señor!- gritó Bella con regocijo cuando Orual yacía en cadenas a sus pies y Regulus, aun delirando bajo los efectos de la poción, era arrastrado por el mismo Lucius, de regreso al bote.-

Para cuando Regulus volvió en si, se encontró con las manos amarradas sobre su cabeza, sujetas a un cielo inexistente. Orual, junto a él y con el rostro cubierto de lágrimas, yacía de rodillas sobre el piso de piedra y con las manos fijas a la espalda.

El entorno no era un verdadero cuarto, sino algo similar a un terreno desierto, envuelto en neblina y oscuridad. Frente a ellos, a unos metros, se erguía un pórtico de piedra, y a su espalda, algo se movía…

- De modo que nuestro joven enamorado se despierta al fin…- sonrió maquiavélicamente Lord Voldemort mientras caminaba dando círculos en torno a ellos.- Ahora que estamos todos, supongo que debo agradecerles por haber recuperado mis tesoros… Siempre dudé que estuvieran bien resguardados. Ahora en cambio, estarán seguros en manos de mis servidores más fieles, ¿no es verdad?- Preguntó y dos figuras emergieron de la oscuridad asintiendo: Lucius Malfoy sostenía el diario de tapas negras, mientras Bellatrix jugueteaba con las cuentas del collar que llevaba al cuello.

- Así será mi Señor…- respondió Bella, con voz servicial- nunca nadie podrá llegar a su tesoro, mientras yo viva…

- Confío en ello, Bella… Y también en ti, Lucius.

- Mi señor…- asintió el hombre con una leve inclinación.

- Muy bien… Y ahora… Debo pedirles que se retiren… Hay algo que estos jóvenes y yo debemos arreglar.

- Pero mi Señor, - interrumpió Bellatrix- Yo sería la mas encantada en ayudarle a…

- No dudo de tu buena disposición a impartir castigos, Bella, pero esto es algo que solo atañe a nuestra dulce Orual y yo… No quiero a nadie mas cerca.

Bellatrix parecía pronta a responder, pero una mirada del hombre le advirtió que no era buena idea contradecirle, y guardando sus palabras, se dispuso a dejar el lugar.

- Un cosa más, Bella- siguió Lord Voldemort- El guardapelo… Quiero que lo entregues a nuestra invitada.

- Pero…- nuevamente fue la fría mirada del hombre lo que obligo a Bella a obedecer sin decir más. Herida en el amor propio al pensar que la hija del squib compartiría con ella la tarea de ocultar los tesoros de su señor, surgieron en Bellatrix los mismos terribles celos que la atormentaban durante la primera estancia de Orual en el castillo… La misma rabia al ver el particular interés que su señor mostraba por aquella joven. Y, sin embargo, se vio obligada a obedecer.

Inclinándose a regañadientes junto a la joven, colgó al cuello de esta el guardapelo, sin obtener por parte de ella objeción alguna, lo que más rabia despertó en Bellatrix, quien aprovecho el instante para clavar sus uñas en la nuca de la joven, sin que los demás lo notaran, en un acto de venganza. Pero Orual no dijo nada. Solo fijó en ella sus ojos celestes hasta que Bellatix sintió un horrendo dolor quemarle la mano, subiendo por su brazo hasta su rostro, y saltó lejos de la joven, aterrada.

Lord Voldemort apenas y sonrió, como si supiera lo que acababa de ocurrir, e indicó a Bellatrix que se largara, a lo que la mujer obedeció sin chistar.

Regulus, quien también se había percatado de lo ocurrido, y comenzaba a recuperar sus fuerzas, se giró hacia la joven.

- Orual... ¿estás bien?- preguntó en voz baja, pero la joven se mantuvo en su estoicismo sin responder.- ¿Que le han hecho?

- Silentio!- grito el hombre y Regulus fue incapaz de decir otra palabra.- Lo siento, mi estimado Regulus, pero el motivo de tu presencia aquí no es precisamente oírte hablar.

- ¿Y cuál es el motivo entonces?- preguntó ella rompiendo su mutismo y alzando sus ojos directamente hacia los del hombre.- ¿Por qué dejarnos escapar primero si pensabas traernos de regreso aquí? Porque, ese fue el motivo de que pusieras todos esos pensamientos en mi cabeza, verdad? Asegurarte de que fuera tras los horcruxes, solo para atraparme.

- Así es... Fui yo quien te guió hasta los horcruxes. Sabia que nuestro joven Regulus te ayudaría en ello.- Tom Riddle caminaba en círculos, lentamente, rodeándola. Regulus se agitaba en el aire, intentando zafarse, pero incapaz de hacer o decir nada.

- ¿Y por qué dejarme escapar si pensabas traerme de regreso?- el hombre guardó silencio unos instantes, hasta quedar nuevamente frente a ella. Una extraña expresión ensombrecía sus ojos, a medida que se inclinaba para que ella pudiera oírle mejor.

- Debo admitir que las cosas no estaban planeadas de ese modo. Pero cuando comprendí los efectos que tenías sobre el corazón de nuestro joven, aproveché la oportunidad porque... Necesitaba alejarte... por un tiempo.

- ¿Por qué?

- ¿Acaso no lo adivinas?- sonrió extrañado, inclinándose aun más, hasta contactar con uno de sus dedos el mentón de ella.- Un rostro tan hermoso... Y un poder sin igual. ¡Que gran bruja habrías sido de nacer en el mundo al que pertenecías! Todos admirarían tu belleza, pero temerían tu poder... Todos... incluso yo.- Los ojos de ella se abrieron espantados- Así es, mi pequeña hija de squib... Yo también he sido victima de tus encantos, desde la primera vez que te vi... Tan triste y sola, y con tanto miedo de tu propio poder… Fue entonces que supe que tú y yo éramos iguales. Y tuve miedo de que fueras capaz de hacerme sentir mas humano. ¿Te ríes? ¿Es que en verdad no lo entiendes, Orual? Lo que el mundo llama "amor" es un sentimiento que yo no conozco... Pero estoy seguro que, de haber sido todo distinto, tú habrías sido la única capaz de enseñarme a conocerlo. Por eso necesitaba alejarte de mí...

- No había necesidad de ello, porque no hay forma de que un monstruo pueda amar. Y eso eres tú.

- ¿Un monstruo?- sonrió con tristeza- ¿Y tú no lo eres?- ella no respondió con palabras, pero la mirada en sus ojos dejó en claro que la respuesta era un "no". Lord Voldemort se limitó a sonreír con maldad.- Pues te enseñaré, mi querida niña, cuan parecidos somos tú y yo.- tras decir esto, la obligo a ponerse de pie y rompió las ataduras de sus manos. Orual retrocedió con una mezcla de espanto e incertidumbre mientras veía al hombre agitar su varita, haciendo que algo se materializara en el aire. Ella corrió hasta donde se hallaba Regulus intentando soltarlo, pero las ataduras de sus manos estaban demasiado altas para ella.

- Vamos, Regulus... Tienes que moverte... tienes que...

- ¿Intentarás salvarlo?- preguntó Voldemort a sus espaldas, tan cerca, que ella se giro espantada, cayendo a los pies de Regulus. Aterrada, vio como las manos del hombre sostenían un arma.- ¿Acaso sientes en verdad algo por él?

- Déjalo ir... Es a mí a quien quieres, ¿no?

- Así es... No tengo intenciones de hacer daño alguno a nuestro joven héroe.- sonrió- Serás tú, mi querida Orual, quien lo mate... Y ¿sabes por que? Porque tú también eres un monstruo.

- Prefiero morir antes de darte ese gusto.

- ¡Lo harás! Puedo asegurarlo... Al comienzo yo tampoco creí que sería capaz de hacer las cosas que he hecho... Hasta que descubrí que era el único modo. ¿Sabes cuál era mi objetivo en la vida? ¿Cuál ha sido siempre mi meta en este mundo? Que ya no existan mundos aparte... Que no existan muggles ni sangres sucias, que dejen de existir todos aquellos que infestan el mundo de la magia con sus miedos. Juré, cuando era aun un niño, que no permitiría que otros sufrieran como yo sufrí. Que no dejaría que ningún otro mago nacido entre muggles, sintiera el desprecio que me hicieron sentir. Y eso, mi querida niña, justifica cada acción que he hecho desde entonces.

- Estás loco.

- ¿Loco?- sonrió.- ¿Y si yo te dijera que hay una forma de traer a tu querido hermano a la vida otra vez?

- Es imposible...

- Nada es imposible en el mundo de la magia... ya deberías saberlo... ¿No quisieras devolverle la vida que le fue arrebatada por tu culpa?

Orual lo observaba con sus ojos atónitos en expresión incrédula. Tom sonrió regocijado, alzando su dedo hasta un punto a las espaldas de ella. Al voltear el rostro, Orual vio por primera vez el gran arco de piedra ante sus ojos, y un gélido escalofrió recorrió su cuerpo... una extraña idea respecto al significado de aquella estructura.

- Lo que vez ahí,- siguió Tom- fue utilizado hace mucho, mucho tiempo, para conectar este mundo al de los muertos. Es a través de él que podrás recuperar a tu hermano, siempre y cuando tengas un alma que entregar a cambio...

- Estoy dispuesta a morir si es necesario...

- Un gesto muy noble, sin duda... Pero el arco solo aceptará un sangre pura... Y eso es algo que no somos ninguno de los dos...- y sus ojos se voltearon a mirar al joven atado junto a ellos, y Orual siguió su mirada y comprendió por qué estaba Regulus ahí.

- No lo haré.- dijo, más para si que para Tom mismo.

- Lo harás, Orual... Sé que lo harás. Porque nada hay en este mundo que ames tanto como a tu querido Polinices. Ni siquiera el pobre Regulus.

- No lo haré... porque nada me asegura que con ello recupere a Polinices.

- Es cierto... pero tu amor por él es tal que estarás dispuesta a arriesgarlo todo por la sola posibilidad de tenerlo contigo.

- ¿Que ganas tu con todo eso? ¿Probar que soy igual que tú?

- Yo cobrare mi precio en su momento... Pero no será tu preciosa vida, Orual.- y volvió a acercarse a ella, esta vez tendiéndole la daga. Y ella la tomo, ante los horrorizados ojos de Regulus.- Sé que quieres matarme. Puedo ver el deseo en tus ojos... pero sabes que eso no es posible...

- Podría correr el riesgo...

- ¿Y correrías el riesgo de que, una vez que lo intentes, ya no este dispuesto a dar mi ayuda para traer de regreso a tu preciado hermano?

Orual le contemplaba dubitativa y, sin embargo, su mano no tembló ni por un momento, aferrada a la daga que sostenía mientras caminaba hasta Regulus.

El joven intentaba gritarle que no lo hiciera, que era una trampa... Un nuevo engaño de Lord Voldemort, pero las palabras no salieron de su boca. Y ella decidió no mirar la expresión en su rostro mientras hundía la daga en su vientre.

- Lo siento...- murmuró ella, y fue lo último que Regulus alcanzó a oír en este mundo antes que las ataduras de sus manos desaparecieran y su cuerpo diera contra piso de piedra, a medida que su vida se extinguía.

Un largo instante de silencio secundó aquello. Pero Orual podía sentir la risa de Lord Voldemort a sus espaldas, mientras su alma se partía en dos ante el crimen cometido.

- ¿Y ahora qué?- gritó, volteando a enfrentarlo, esperando se cumpliera la segunda parte del trato.

- ¿Quién es el monstruo ahora, mi querida Orual?- sonrió.

- Has que tu ridículo arco me devuelva a Polinices.- el hombre sólo amplio su sonrisa.- ¿No me oyez?

- Pero, mi ingenua niña, ¿quien soy yo para devolver la vida a los muertos?

- Tú dijiste que se podía... Tú dijiste...

- Y así es... Existe una forma de detener el alma en fuga y desviar el curso de la muerte... Pero puedo asegurarte que no es este arco...- sonrió. Orual sintió la mas terrible de las iras correr por sus venas e impregnar su alma y se abalanzó contra el hombre blandiendo la daga, pero un solo golpe de lord Voldemort la arrojó contra el piso.- Pobre niña tonta...- siguió, inclinándose junto a ella y tomándola por el cabello hasta obligarla a enfrentar su rostro.- ¿Quieres saber lo que gano yo con todo esto? Lo que estas sintiendo ahora es mi pago... Esa sensación de horror ante el crimen cometido, sentir que tu alma se fragmenta y sale por la boca... Eso, mi querida Orual, es lo que yo necesitaba que sintieras...

- ¡Te odio!- gritó ella en medio de las lágrimas, y él apretó sus cabellos con más fuerza arrancándole un alarido doloroso.

- Y aún así, quieras o no, compartiré contigo mi alma e iras por el mundo sintiendo cuanto yo sienta... Y por mucho que desees la muerte, esta no llegara jamás, porque, quien se atreva a alzar la mano en tu contra morirá. Y si buscas consuelo en el suicidio, tampoco lo hallaras... Tú serás el más poderoso de mis horcruxes, Orual, porque eres la única con el poder necesario para soportarlo, la única capaz de abrir un vínculo entre dos mundos, y la única de cuya existencia nadie sabe nada. Por eso te busque a ti entre todos... Y fue mi miedo a amarte lo que te permitió huir. Pero ahora, me odias demasiado... y esa será tu condena...- dijo, antes de atrapar sus labios en un beso forzado. Orual sintió algo dentro de ella partirse en dos y para cuando él le dejo caer al suelo nuevamente, ella descubrió con horror como el cuerpo de Regulus se transformaba en una sustancia negra que fluía hasta los pies del gran arco de piedra y ascendía tomando la forma de un velo... un horrendo velo negro. Y después, todo fue oscuridad y silencio.

Para cuando Orual volvió a despertar, se hallaba sola en medio de un terreno baldío. Mucho tardo en darse cuenta que estaba de regreso en su hogar y caminó hasta el lugar donde debía encontrarse su casa envuelta en un vestido hecho jirones, deseando llegar a la tibia calidez de su cuarto y descubrir que todo aquello no fue mas que un mal sueño. Pero, no era un sueño: a su cuello llevaba el guardapelo que le recordaba aquella noche como real. Y a medida que el tiempo pasaba, fue comprendiendo que las palabras de Voldemort tampoco: realmente sentía lo que él sentía, atormentada por los odios ajenos mezclados con los propios, y anhelando una muerte que no llegaría jamás.

Aunque hubiera querido retomar su vida de muggle no habría podido, pues la gente la apuntaba por las calles como a un ser extraño y despreciable, y pronto comprendió por qué... Su rostro, que alguna vez fuera hermoso, comenzaba ahora a mostrar los surcos propios de un alma deforme. Y entre mayores eran los crímenes de Lord Voldemort, más despreciable era su aspecto, obligándola a ocultarse de los otros y vivir en el anonimato y el incógnito. Finalmente, decidió desterrarse a si misma de ambos mundos, jurando por el alma de su hermano muerto y el espíritu de Regulus, que no descansaría hasta acabar con el señor Oscuro.

- Por eso lleva cubierto el rostro por ese velo, Hermione.- siguió Luna ante los atónitos ojos de la joven- Cree que así, cubierto el misterio, nadie podrá ver el precio que ha pagado por sus pecados.

- Me cuesta creer lo que me dices...

- Pero es la verdad...- Hermione volvió a guardar silencio. Aunque el relato de Luna le hacía comprender muchas cosas, la crueldad que implicaba aquella historia era tal, que estaba fuera de su comprensión.- Hay algo más que debes saber...

- ¿A parte de que estamos en manos de un ser perverso?

- No debes juzgarla de ese modo, Hermione. Tú no puedes saber lo que ella sufre. Es un ser condenado a algo que ninguna de nosotras podría soportar... Porque nada hay peor que ser un Fugimortis...

- ¿Un que?

- Fugimortis... Es otra de las criaturas míticas cuya existencia han negado siempre... Yo misma no creía en ellos hasta que le vi. Y... temo que tú también le has visto.- agregó, tornando a mirarla con expresión sombría. Hermione dudó.

- Lo siento, Luna, pero no he visto ninguna criatura extraña que pueda...

- Oh, pero no es del todo extraña... Tiene el aspecto de un pájaro que abunda en los bosques muggles, sólo que el fugimortis es mas bien un espejismo... una parte del alma del condenado que lo representa en sueños...- Hermione tembló.

- ¿Que tipo de pájaro?

- No recuerdo el nombre, pero es uno que canta por las noches y que...

- ¿Un ruiseñor?- Luna se dejó caer sobre la cama.

- De modo que si le has visto...

- En mis sueños...- murmuro, dejándose caer junto a Luna.

- Eso es lo que quería advertirte...

- ¿Que cosa?

- Que no debes matarle, Hermione.

- ¿Por que habría yo de...?

- Porque eso es lo que ella quiere... Pero si lo haces... Si lo haces, Hermione, morirás. ¿Entiendes?

- Pero si no lo hago, Harry no podrá destruir a Voldemort.

- Encontraremos otra forma... Regulus dijo que hay un modo de que tú sigas con vida...

- ¿Regulus?- Luna se mordió el labio dubitativa ante la sorpresiva pregunta de Hermione.- ¿Me estás diciendo que Regulus Black se está comunicando contigo de algún modo?- Luna tomó aire.

- Hay algo que debo decirte, aunque no estoy segura que seas capaz de entenderlo, porque ni yo misma lo comprendo del todo.

- Oh, Luna... Puedes confiar en que intentaré entenderlo- dijo, tomando asiento a su lado y cogiendo una de las manos de la joven entre las suyas. Por la expresión en el rostro de Luna, Hermione supo que la joven estaba a punto de confiarle un secreto que bien podía ser la confirmación de su trastornado estado mental.

- La verdad es que... Conozco a Regulus hace mucho tiempo, aunque no fue hasta hoy, cuando le reconocí en aquel retrato de los Black, que supe de quien se trataba.

- Pero él está muerto, Luna.

- Si, pero... pero su alma está atrapada… Igual que la de todo mago o bruja que haya muerto después de él... ¿No lo entiendes? Aquel arco que vimos en el Ministerio, es el mismo que fue creado por Voldemort la noche en que Regulus murió. Por eso necesitaba que fuera Orual quien fragmentara su alma, porque así podía crear esa monstruosidad que es una extensión del horcruxe que Antigona representa, y el más poderoso de todos, porque cada ser que muere queda atrapado ahí, y él se ha estado alimentando de esas almas todo este tiempo.

- Pero Luna, ¿de donde sacas esas cosas?

- Es la verdad... ¿Por que crees si no que desde entonces nadie que muere ha podido volver como fantasma? ¿O como retrato? No pueden regresar como tampoco pueden morir realmente, porque están atrapados, a mitad de camino entre un mundo y el otro, mientras Voldemort se alimenta de sus almas.

- ¿Quien te ha dicho esto, Luna?

- Es algo que recién estoy comprendiendo.

- Pero Luna... Es imposi...

- ¿Recuerdas la noche en que murió Snape? Vino acá, e intento darme un mensaje para ti y para Harry, algo que para mí no tenia sentido, pero que para él era muy importante.

- ¿Y cuál era el mensaje?

- Dijo que Dumbledore no era Dumbledore...- por el modo en que Hermione abrió los ojos, Luna comprendió que aquellas palabras si tenían sentido para Hermione.- ¿De modo que si significaba algo?

- ¿Qué más te dijo?

- No alcanzó a decir más... No siempre se quedan mucho tiempo. Supongo que la conexión es más fuerte con Regulus... Me ha visitado desde niña y fue por él que decidí ingresar a Hogwarts en lugar de Bouxbuttoom donde mi padre quería enviarme. Fue él también quien me convenció de que debía venir aquí, con ustedes, aunque en ese momento yo creí que no se trataba mas que de un sueño que representaba mis deseos de ver a Ronald, pero...

- ¿A Ron?- exclamó Hermione con cierta sorpresa y vio como las mejillas de Luna se sonrojaban.

- Pero eso es otra historia... Lo que importa es que, según Regulus, debemos detenerla...

-¿A quién?

- A Orual... O lo que queda de ella...

Las últimas palabras de Luna resonaron fuerte en la mente de Hermione. "Lo que queda de ella..." No podía dejar de pensar en lo que Orual debía haber sufrido hasta convertirse en lo que era ahora. ¿Podía cambiar tanto una persona? Según Antigona, Harry mismo no era tan diferente de Lord Voldemort, y, de ser así, el sufrimiento para ella estaba asegurado.

Mientras cenaban e incluso cuando caminaba inconciente hasta el cuarto de Harry, pensaba en el relato de Luna con horror. Contempló al muchacho que amaba durante largo rato, con las palabras de Antigona resonando en su cabeza: "La razón por la cual no ha demostrado su verdadera naturaleza, es el desconocimiento de sus poderes"

El sueño de Harry fue interrumpido al sentir el cuerpo de la joven introducirse en la cama. Antes que él pudiera siquiera intentar besarla, la joven hundió el rostro en el hueco de su hombro y le hizo una sola petición para luego dormirse entre sus brazos: que le repitiera la promesa de su eterno amor.

- Así que el "Gran Harry Potter" esta hoy de buen humor- sonrió Malfoy sarcástico, cuando Harry pasaba por su lado camino al comedor, desde donde el desayuno preparado por Molly enviaba un delicioso aroma que impregnaba cada rincón de la gran casona- Supongo que Granger finalmente comprendió que puede ocupar su boca en mejores cosas que hablar...- apenas pudo terminar su hiriente comentario cuando vio a Harry abalanzarse contra él. Esquivó el golpe con elegancia y no sin esbozar una sonrisa. Harry lo observó con la ira en sus ojos, intentando entender el absurdo juego del rubio.

- ¿Se puede saber que te causa tanta gracia, Malfoy?- El aludido apoyó su espalda contra el muro de la gran sala, a prudente distancia de Harry, encendiendo un cigarrillo, pero sin dejar de sonreír.

- Tú...- respondió despectivo- Ustedes en general… Son todos tan obvios. Basta irritarlos un poco para sacarles cualquier verdad. Los mortifagos no tendrán necesidad de torturarlos siquiera.

- ¿Los mortifagos como tú?- pregunto con intención de herirlo, pero Draco solo amplio su sonrisa.

- ¿Eso es lo mejor que tienes, Potter?

Harry se limitó a observarlo apretando los puños de rabia. Claro que tenía mejores cosas que decir, frases mucho más hirientes, sin duda, pero no podía hacerlo, porque había algo que se lo impedía. Quizás fuera su tambaleante conciencia. O quizás, su temor a defraudar a Hermione. Por lo que fuera, se trago todas las palabras venenosas que amenazaban por salir de su boca, y se contentó con la reprimenda habitual.

- ¿Eres un insufrible desgraciado siempre, Malfoy?

- No cuando duermo…

Harry lo observó nuevamente, mordiéndose la lengua. No importaba cuanto pudiera cambiar. En el fondo, Malfoy siempre sería Malfoy, y discutir con él no tenía caso. Dando la media vuelta intentó caminar lejos del rubio.

- Un último consejo, Potter.- espetó el rubio. Su voz ostentaba un timbre serio, que obligó a Harry a detenerse.- Fue tu agresiva reacción de unos instantes la que me confirmó que entre Granger y tú las cosas se han tornado mas… serias. Pero Lord Tenebroso lo leerá directo de tu mente, y la usará a ella para llegar a ti.

- ¿Por que me dices esto?

- Para que lo tengas en cuenta durante tus practicas de Occlumencia. Quizás te sirva de incentivo para que de una vez por todas logres bloquear tus pensamientos.- Tras decir esto, comenzó a caminar lejos de él, pero una voz que llegaba a la sala se lo impidió.

- Harry, te he buscado por todas partes- era Percibal Weasley quien hacía su entrada, ignorante de la presencia de Draco.- Hay algo de lo que necesito...

Aunque Harry no sabía el por qué del enmudecimiento repentino de Percy, ni de la fantasmal palidez de Malfoy, algo le dijo en su mente, que no se debía a las antiguas rencillas del colegio, y era cierto.

Percy había oído sobre la estadía de Draco Malfoy en ese lugar, pero siempre le imaginó encerrado y resguardado por cadenas, de modo que jamás pensó encontrárselo por los pasillos de la gran mansión. Pero ahora que le tenia en frente, un frió temor le recorrió el cuerpo. ¿Podría Malfoy reconocerlo? ¿Recordaría lo ocurrido aquella noche? Y la respuesta era un rotundo "Si".

Y es que Draco jamás podría olvidar aquella voz aguda e histérica que tan conocida le resultara la noche que creyó su fin. La misma voz que había ido a matarlo. La voz que se declaro con orgullo responsable de la muerte de Lucius. La voz de un cobarde... y un traidor. De pronto, todo el dolor de aquella noche se hizo real otra vez. Podía sentir el frió del agua helada quebrándole los huesos, y el miedo...

- ¡Conque fuiste tu!- exclamó. Sus ojos no dejaban traslucir más que el infinito odio que sentía por el hombre que tenía en frente, y Percy lo supo. Harry vio como la mano temblorosa del pelirrojo sacaba la varita de su capa y la esgrimía contra el rubio.

- ¡Atrás, maldito mortifago!

- No parecían molestarte tanto los de mi clase esa noche- murmuró Draco, pero sin sonreír.

- ¿Pero qué está ocurriendo aquí?- pregunto Molly, que llegaba atraída por los gritos, junto a Ginny y Ron.- Percy, cariño, baja eso...

- ¿Pero es que no ven que es un peligro tenerlo aquí?- gritó Percy.

- Si ni siquiera tiene varita...- arguyó Ginny con cierto nerviosismo, ubicándose entre su hermano y Draco.- a parte de su acostumbrado veneno, no le hace daño a nadie.

- Déjalo, Weasley...- exclamó Draco- No es a mí a quien teme, sino al precio que tendrá que pagar por lo que ha hecho.

- ¿Me estás amenazando, Malfoy?- gritó Percy. Draco lo observó en silencio unos instantes. Algo dijo Ron entre medio, pero no lo oyó.

- Jamás amenazaría a un hombre a muerte por la sencilla razón de que resultaría incomodo para ambos. Cuando decida vengar a mi padre, será sin previo aviso, y sin varitas de por medio. Y puedes decirle a Rodolphus Lestrange, que lo mismo corre para él.- Sin decir mas, dio la media vuelta y se alejo de ahí.

- ¿Han visto?- siguió Percy- Me ha amenazado frente a todos y ustedes dicen que no es peligroso...

- Vamos, Percy,- interrumpió Ron- en realidad el hurón es inofen...

- ¿Cual es tu relación con Lestrange?- se adelantó a preguntar Harry.

- Por supuesto que ninguna. Son sólo invenciones de ese maldito Malfoy.

- Vamos, Harry, ¿De que lado estás?- espetó Ron- ¿Le creerás a Malfoy?

Sin embargo, la ciega confianza del pelirrojo no parecía ser compartida por las mujeres Weasleys. Molly observaba a su hijo prodigo con cierto temor, y el frío silencio de Ginny dejaba en claro sus dudas. Sin embargo, nadie respondió a la pregunta hecha por Ron y Molly desvió el tema tan presurosamente como pudo.

- Vamos, niños... no sigan discutiendo sandeces, que las tostadas se enfriarán. Vamos, vamos... Todos al comedor ahora mismo.

Y Harry decidió obedecer sin decir otra palabra, más por el afecto que tenía por esa mujer que por estar realmente convencido de la inocencia de Percy Weasley.