Capitulo 13: LA POCIÓN DE VIDA
"Llévatela a la luz, mas sin volverte
a mirarla
en las sombras, o la muerte
de su destino habrá de
apoderarse".
¡Oh, impaciencia del hombre enamorado!
Volví
los ojos, y me fue arrancado
el corazón al verla
evaporarse...
"Orfeo y Euridice- Francisco Alvarez Hidalgo
Peter Pettigrew contemplaba con expresión horrorizada el pequeño cofre dorado que tenía frente a él. Había estado presente la noche en que su amo en persona hizo estallar en mil pedazos la puerta que lo ocultaba de los ojos del mundo en el Ministerio de Magia. Aquella puerta que, según se contaba, muchos habían intentado abrir sin lograrlo, y cuyo secreto pocos conocían. Asombrado había quedado al descubrir que tanto alboroto era por un cofrecillo de escuetas dimensiones, que ni adornos traía como para ser motivo de tantas molestias, y, sin embargo, su amo lucía más que fascinado al tomarle entre sus manos.
Pero esta fascinación duro poco… El mago oscuro pronto comprendió que abrir la puerta infranqueable había sido la parte fácil del trabajo, pues era ese cofre, el que no tenía llave alguna. Mucho se había preguntado Colagusano que podía haber en su interior como para que tantas horas gastara Voldemort en la difícil tarea de descubrir el modo de abrirlo, pero jamás había comprendido el objetivo de su amo… Hasta esa noche, en que él mismo se lo había confesado.
- Lo que hay ahí, mi fiel amigo- había comenzado el mago oscuro apuntando hacia el cofrecillo- es lo que muchos, por siglos, han creído un mito: la única poción capaz de devolver la vida a un cuerpo… ¿Te asombra saber que algo así existe?- preguntó, contemplando la anonadada expresión de Pettigrew- Pero existe… Y yo la necesito.
- Pero, mi Señor…- interrumpió Colagusano- ¿Por qué no ha intentado abrir el cofre entonces?- Tom Riddle sonrió ante la estupidez del torpe traidor.
- Lo he intentado, ciertamente, pero no supe como hacerlo hasta ahora… Verás, mi fiel Colagusano… La leyenda cuenta que un joven hechicero con poderes sin igual, contrajo matrimonio con una bella bruja. Sin embargo, al poco tiempo de casarse, la joven enfermó gravemente sin que ninguna poción pudiera salvarle, y murió. El hechicero, loco de amor y de tristeza, se dedicó durante meses a crear un hechizo capaz de revivirla. Muchos le dijeron que era imposible, que debía estar loco para pensar que lo lograría y que iba en contra de todas las leyes de la magia, pero él, obstinado como todo enamorado, siguió dedicado a su tarea, hasta crear la "poción de vida". Desafortunadamente, al intentar usarla en su esposa, no logró lo que deseaba, ya que la magia únicamente puede revertir los estragos de la magia, y la joven había muerto por causas naturales. Tras llorar durante años su pérdida, decidió finalmente sepultarla y condenarse a una vida de ermitaño. Pero las pociones poderosas no pueden mantenerse ocultas por mucho tiempo, y el rumor de la poción de vida comenzó a correr por la ciudad, atrayendo a más de un curioso en su búsqueda. Uno de estos curiosos, enfadado por el egoísmo del ermitaño, al no querer compartir con él la mítica poción, clavó una daga en el pecho del hechicero y buscó en la casa hasta dar con el cofre en que se guardaba el ansiado tesoro, pero no logró dar con el frasco, y es que el hechicero, con sus últimas palabras, lanzó sobre el cofre un hechizo, que imposibilita abrirlo a cualquiera que desee usar la poción para sí mismo… Y es por eso que no he podido abrirlo nunca…- guardó silencio un instante, observando la mirada atontada del intento de mortífago.- ¿Entiendes ahora por qué te he hecho venir? ¿Para qué te necesito?- El hombre se encogió de hombros sin entender el sentido de toda aquella historia y Lord Voldemort se maldijo interiormente por estar rodeado de tontos. ¡Si tan solo Bellatrix no hubiera desaparecido tan inesperadamente como lo hizo! Seguramente ella habría comprendido su intención, y habría estado dispuesta a sacrificarse, pero ahora, solo le quedaba Pettigrew…- Porque eres tú, el único entre todos los mortífagos, en quien puedo confiar. Se que tú no desearás lo que hay en su interior para ti mismo… Ya me has dado la vida una vez, Colagusano… cuando nadie más estaba ahí para ayudarme… Por eso confío en ti para que me entregues esa poción ahora y me permitas así enfrentar sin temores a aquellos que intentan destruirme. Sólo en ti confío, Colagusano.
El hombre, hinchado de emoción ante las palabras de su amo, se repetía una y otra vez que no habían sido en vano todos sus sacrificios después de todo, pues Voldemort al fin le confesaba que era en él en quien más confiaba, y Petter estaba seguro que este era solo el primer paso antes de ser la mano derecha del mago más poderoso de todos los tiempos… Podía ya imaginarse ocupando el lugar que Lucius dejara vacío y en su torpe corazón no podía más de regocijo. Y por ello, accedió sin chistar, y caminó hacia el cofre. Tras contemplarle unos segundos con innegable desconcierto, levantó su tapa sin mayores dificultades. Pero lo que apareció ante él no fue el tan esperado frasco de poción, sino una ráfaga de figuras hechizantes que le hablaban a coro prometiéndole gloria, fama y poder… y sus voces eran tan melodiosas y sonaban tan convincentes, que Petter Pettigrew no pudo evitar tentarse ante la oferta, y olvidarse de la poción y aceptar lo que ellas ofrecían sin recordar nada más… No fue hasta que una de las figuras besó su boca que comprendió que tras de ellas no había fama, ni gloria, ni poder, sino solo un desagradable olor a muerte… Y Voldemort vio con horror como el cofre se cerraba ante sus ojos, al tiempo que Colagusano caía muerto, levantando una ráfaga de polvo, sin poción alguna entre sus dedos gordos…
-HP-
Harry se sentía inquieto. En una esquina del salón principal de aquella casa, intentaba olvidar por un momento los oscuros días que le estaba tocando vivir. A ratos escapaba a los recuerdos de aquel tiempo en Hogwarts en que se sentía protegido a la sombra de Albus Dumbledore, y en que las malas noticias no eran más que amenazas de un futuro que no esperaba que llegase nunca… Pero había llegado. Y ahí estaba ahora, rodeado por aquella variedad de rostros desolados que traían mas noticias con olor a muerte y que le miraban como su única oportunidad de acabar con todo. ¿Es que en verdad creían que él, un adolescente sin mayor talento y sin siquiera haber terminado su enseñanza en Hogwarts, podría enfrentarse al mago más poderoso del mundo? ¿No comprendían acaso que todo estaba a favor de Voldemort?
Harry sintió por un momento la sangre bullir en sus venas de pura rabia: casi veinte adultos considerados los mas célebres aurores de su tiempo, en vez de hacer algo por cambiar su destino, se refugiaban en la esperanza de que "el elegido" los salvara del terrible enemigo, solo porque una ridícula profecía que bien pudo ser inventada por Trelawney, les decía que así estaba escrito. En ese instante, en verdad quería mandarlos a volar a todos, y gritarles con toda la fuerza que la ira hacía nacer en sus pulmones, que se olvidaran de su existencia y le dejaran disfrutar tranquilo de los últimos días de su vida, ya que, de todos modos, tarde o temprano Voldemort daría con él, y Harry podía vaticinarles muy bien el resultado.
Hermione, a su lado como siempre, pareció advertir este pensamiento, pues llevando su mano a uno de los hombros de Harry, atrajo su atención hacia sí para transmitirle con los ojos aquel mensaje que siempre lo tranquilizaba… Que ella estaba con él… Que lo estaría siempre. Y que, al contrario de otros, no esperaba de él ningún acto rebozante de heroísmo, porque lo amaba tal cual era.
Toda la rabia que pudo haber en Harry se esfumó al instante con solo recordar que la tenía a ella. Por egoísta que pudiera resultarle a los demás, ya nada ni nadie importaba a Harry Potter tanto como Hermione. Incluso su amistad con Ronald y los otros, o la salvación del mundo. A tanto llegaba su amor por ella, que si Voldemort le hubiera asegurado la absoluta protección de Hermione a cambio de su propia vida, "el elegido" se habría entregado voluntariamente a él. Pero, por suerte para todos, el mago oscuro no conocía este detalle.
Fue un nuevo alarido de la señora Weasley lo que sacó a Harry de sus pensamientos. Fred terminaba de explicarle cómo habían dado con el cuerpo de Percy esa mañana, y George comentaba, no sin una cuota de dolor en su voz, que todo parecía indicar que el muchacho había sido muerto mientras entregaba información sobre la Orden a los propios mortífagos.
- ¡Como puedes decir algo así!- gritó la mujer.- ¡Creer que tu hermano era un espía! ¡Es como si te alegraras de su muerte!
- No es eso madre… - siguió George, intentando explicar la situación con el mayor tino posible, pero la mujer se negaba a oír. Después de todo, pensaba Harry, es natural en las madres creer que todos sus hijos son buenos… Especialmente los muertos.
Los presentes se limitaron a guardar silencio. Incluso Ginny, incluso Ron. Incluso el señor Weasley. Y los demás, independiente de sus opiniones, por condescender con el dolor de aquella familia, hicieron lo mismo, y ante un extraño llamado desde San Mungo, se retiraron en el más absoluto secretismo, a excepción de Molly y los más jóvenes.
Solo cuando Luna llegó con un té de manzanas para la mujer, logró que esta se calmara. Un aura especial tenía la joven para traer tranquilidad a todos, y ni siquiera Ron pudo dejar de notarlo. Molly acarició el rostro de la tierna bruja en señal de agradecimiento y aceptó la proposición de irse a su cuarto a descansar.
Mientras duró el cuadro, lo que Harry más lamentaba era no compartir el dolor de la mujer que lo apreciaba como a un hijo. ¡Y cómo compartirlo!, cuando él mismo creía que Percy siempre fue un espía, y que no merecía demasiadas indagaciones respecto a su muerte, especialmente cuando, lo más probable, es que no hubiese muerto a manos de los mortífagos… Al menos no de los que estaban de lado de Voldemort.
Aunque Harry no lo sabía, este pensamiento era compartido por más de uno de los presentes, como quedó de manifiesto cuando Draco Malfoy, ajeno a lo que acababa de discutirse ahí, bajó las escaleras, dejando a su paso un agradable aroma a perfume caro, que nadie se explicaba cómo lograba conseguir. En el lugar, solo quedaban el trío, Neville y Ginny, y fue por una extraña mirada de esta última, que Draco comprendió que alguna novedad había llegado esa mañana.
-¡Fuiste tú, verdad!- Ron fue el primero en alzarse rojo de ira. A Draco le asombró la facilidad que tenían los Weasley para tornar su rostro y cabello de un mismo color.
- No sé de lo que me hablas, Weasley.- expresó con cierta tranquilidad. ¿Cómo iba a saberlo cuando pasó toda la mañana esperando a Kreacher entre los pasadizos de aquella gran casona. El Elfo había tardado enormidad en encontrar la varita de su amo, pero finalmente lo había conseguido. Y Draco no pudo evitar sonreír al recordar que ya tenía su varita en sus manos.
Lamentablemente, esa sonrisa fue tomada por Ron como la confirmación al cargo de que le acusaba, y sin contar dos tiempos, se abalanzó contra el rubio con toda la ira contenida por años contra él, bulliendo en sus venas. Cada insulto, cada burla, cada desdén sufrido por parte de aquel "hurón" durante sus años en Hogwarts, llegaba a él ahora con toda claridad, como si acabaran de ocurrir, para despertar en Ronald Weasley un odio que ni él mismo se creía capaz de sentir.
Malfoy, anticipándose al golpe, se retiró con presteza, dejándole el paso libre hacia los peldaños de la escalera, con los que el pelirrojo trastabilló, para quedar finalmente derrotado, al pie de ésta, más rojo de lo que parecía posible, y Draco volvió a sonreír, mientras Hermione y Harry se acercaban al pelirrojo, tanto para constatar que se encontrara bien, como para evitar que volviera a intentar abalanzarse contra el rubio. Y es que Hermione no creía que Malfoy fuera el culpable, y Harry comprendió este pensamiento.
- ¡Ríete ahora maldito mortífago!- gritó Ron- Ríete mientras puedas, porque tarde o temprano, yo mismo te quitaré esa sonrisa de la boca, así sea que deba matarte para conseguirlo.
Draco lo contempló en silencio unos instantes, con su mirada imperturbable, mientras Harry y Hermione intercambiaban una expresión amedrentada. Nunca habrían imaginado una amenaza así saliendo de labios de su amigo.
- ¿Puedo saber al menos de qué se me acusa?- preguntó Malfoy, arrastrando sus palabras, y sintiendo la mirada de Ginny clavada en él, quemándole.
- No te hagas como si no supieras.- gritó Ron- ¡Tú lo mataste! ¡Tú eras el único con razones para matar a Percy!
Draco guardó silencio, analizando la situación, mientras los demás lo hacían en espera de una respuesta. Inesperadamente, el rubio volteó su mirada hacia Ginny, y comprobó que los ojos de la joven brillaban como el carbón encendido. Draco tenía la secreta esperanza de encontrar en ellos un dejo de duda respecto a la acusación, pero no la había. Ginevra también lo creía culpable.
- No puedo decir que me entristezca su muerte.- respondió frío.- Pero no ha muerto por mis manos.
- ¡Mientes!- gritó Ron.
- No ha sido él, Ronald.- interrumpió Luna, llegando junto a él, atraída por sus gritos.- Te aseguro que no ha sido él.
- Es verdad, Ron.- siguió Hermione- Malfoy no puede salir de estas cuatro paredes, y el asesinato ocurrió cerca de Hogsmeade.
- Déjenlo que crea lo que quiera.- replicó el rubio. No tenía intención ni de defenderse ni de ser defendido por nadie, no cuando Ginevra Weasley ya había resuelto que él era el culpable.- No es como si esto fuera a afectar nuestras relaciones.
- Vamos, Ron.- dijo Harry, intentado poner en pie a su amigo.- Te llevaré a tu cuarto.
Luna, con sus celestes ojos suplicantes, y acariciando el cabello del pelirrojo, logró que este se guardara sus insultos para el hurón y les siguiera. Neville, al notar la extraña mirada que compartían Draco y Ginny, decidió quedarse junto a ella para defenderla, temeroso de que Malfoy fuera a atacarla a ella también. ¿Cómo podía él adivinar que lo que en realidad Draco intentaba transmitir con su mirada era su inocencia; que ansiaba que entre todos, ella le creyera?
Ginny, por su parte, habría querido decir mil cosas, pero la presencia de Neville se lo impedía. En el fondo de su corazón quería creer en su inocencia, pero cómo hacerlo, cuando se trataba de la vida de su hermano. Y entre más duraba el silencio entre ambos, más se convencía ella de su culpabilidad. Y cuando finalmente Neville le tomó del brazo y le dijo que sería mejor que fueran con los otros, sintió como si algo le rompiera el alma, y recordó que Draco era un mortífago, y que nadie podría cambiar eso, y que lo mejor que podía hacer, era sumarse a quienes le creían culpable. Y así lo hizo, lanzándole una última mirada de desprecio desde el primer peldaño de la escalera, mientras Neville la guiaba hasta su cuarto.
-HP-
En total fueron once los mortífagos apresados esa noche en San Mungo, gracias a la oportuna intervención de Albus Dumbledore. Aunque el primer gesto de gran parte de los aurores que integraban la comitiva, fue de sorpresa ante la repentina aparición del anciano que creían muerto, bien pudiera decirse que fue gracias a él, a su increíble y renovada carta de estrategias, que no solo lograron acabar con el nuevo ataque de los mortífagos que habían llegado ahí quien sabía por qué, sino que, además, habían recobrado un cierto halo de esperanza que muchos creían perdido.
El discurso del anciano respecto a su inesperado retorno, y como lo había logrado, fue tan convincente, que muchos se sintieron tontos por no haber entendido antes que todo era una estrategia del viejo para tomar por sorpresa a Voldemort y los suyos. Después de todo, siempre había sido inconcebible la idea de que el Gran Albus Dumbledore yaciera muerto bajo una lápida de mármol.
Y luego de celebrar su retorno, unos con lágrimas y otros con renovadas promesas de lealtad, fueron testigos de lo que sería contado en la posteridad como el acto más inesperado y a la vez más despiadado que se hubiese visto en un mago que se suponía parte de los "buenos". Pero cuando Bill Weasley, entre todos, intentó proponerle que reconsiderara su decisión, ya que los mortífagos frente a él no era más que niños jugando a ser magos malvados, se topó con que la mirada del anciano estaba lejos de ser la de antes, y que su decisión era irrevocable. Y el joven Weasley, así como muchos otros, sintiéndose presa de una extraña fuerza que les obligaba a obedecer, aceptaron la orden y la acataron, como si mil razones de peso justificaran tal atrocidad.
Y así, el sentimiento de respeto que alguna vez sintieran por el anciano se transformó en algo que jamás habían imaginado sentir por uno de los suyos: Temor.
- ¿Qué ha ocugido, quegido?- preguntaría Fleur esa noche, al ver llegar a un descolorido Bill por la puerta de su departamento. Apreció como las horrendas cicatrices de aquel rostro que una vez fuera hermoso, lucían opacadas por el fruncido ceño de su expresión, mientras contemplaba al recién nacido dormir plácidamente en su cuna.
Y cuando ella se acercó a él, tomando su rostro entre sus manos y volteándolo a enfrentar sus ojos, descubrió con horror que algo se había roto en aquella alma noble, y tuvo miedo.- ¡Pog Dios, Bill! Dime que te ha pagsado!- Y Bill Weasley, el gran y valiente Griffindor, se dejó caer de rodillas ante ella, para abrazarse a sus caderas como nunca lo había hecho y llorar ahí como un niño desconsolado.
- ¡Oh, Fleur!- exclamó entre hipidos- Hemos hecho algo horrible…
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- ¿En verdad crees en la inocencia de Malfoy?- preguntó Harry a Hermione, mientras cerraba tras de ellos la puerta de su cuarto. La joven, dejándose caer distraídamente sobre la cama, negó con la cabeza.
- No creo que él lo hiciera.
- Pero… ¿Y quién pudo ser entonces?
- No lo sé en realidad… Pero estoy convencida de que Malfoy no lo hizo.
- Déjame decirte, Hermione- dijo Harry, tomando asiento junto a ella y acariciando su barbilla- que tienes una increíble capacidad para ver siempre el lado bueno de la gente… aunque este no exista.
- Creía que era eso precisamente una de las cualidades que te gustaban de mi.- sonrió ella, con cierta coquetería.
- Y estás completamente en lo cierto.- sonrió él también, acercando su rostro al de ella, para depositar en sus labios un tierno beso.
Hermione podía sentir los labios de él sobre los suyos, cálidos y suaves, y percibió aquel cosquilleo agradable que atacaba su estómago cada vez que él la besaba de esa forma. ¿Podía ser que alguien que la hacía sentir de aquel modo fuera a convertirse en el ser macabro que describía Abegnielle? Hermione no se atrevía a creerlo, pero tantas vueltas había dado a las palabras de la mujer, y tantas semejanzas había encontrado entre las vidas de Harry y la de Tom Riddle, que una cuota de duda había llegado a hacer mella en su perfecta historia de amor.
-¿Qué ocurre?- preguntó él, al sentirla tensa entre sus brazos, temeroso de que aquella reacción fuera consecuencia del avance inconsciente de sus manos. Rápidamente, retiró sus dedos, que se habían ido a perder por debajo de la falda de la joven, pero esto no logró cambiar el semblante de ella.- ¿Qué pasa, Hermione?- preguntó temeroso. La joven tenía la mirada perdida en un punto inexistente… sus pensamientos habían vuelto a evocar las palabras de la bruja.
- Tengo miedo…- confesó en voz queda, y Harry no pudo evitar pensar en que sus labios entreabiertos lucían mucho más tentadores que antes.
- ¿De qué?
- De ella… De Antígona.
Él la observó contrariado. ¿Cómo podía llegar el nombre de esa mujer a interrumpir sus momentos a solas?
- ¿Por qué?
- Porque está cegada por el odio, en tal forma, que no le importa destruir todo cuanto encuentre a su paso, con tal de acabar con Voldemort.
- Pero no debemos temerle, Hermione. Recuerda que Dumbledore confía en ella.
- Pero es que ya ni siquiera confío en Dumbledore.- confesó, y con tal seguridad, que Harry se estremeció en su sitio.- No es el mismo, Harry…
- Ha cambiado… Todos hemos cambiado.
- Tú no entiendes… Hay tantas cosas que me aterran en este momento. ¿Es que tú acaso no sientes miedo?
- El único miedo que tengo- dijo él, tomando su rostro entre sus manos y obligándola a mirarlo- es el miedo a perderte.
Todo pensamiento desapareció de la cabeza de Hermione, para ser reemplazado por aquella confesión. Y su cuerpo se estremeció en un modo inusual cuando sintió los labios de él sobre los suyos. Y ella se dejó llevar, y se perdió entre sus caricias y retribuyó sus besos. Una asfixiante necesidad de sentir su piel la obligó a deshacerse de la molesta camisa y de la propia ropa. Necesitaba sentirlo junto a ella, fusionados en un único ser, en un lugar inexistente, lejos de todos, donde no existía Antigona Abegnielle y sus palabras venenosas, donde Voldemort no podía llegar, donde sus amigos jamás los podrían descubrir. Donde sólo existían ella y él, y no necesitaban nada más.
- HP-
A solo unos metros de ellos, Draco Malfoy se encontraba dando vueltas a las páginas de un libro, sin poder concentrarse demasiado en la lectura. Había sido acusado de la muerte de Percibal Weasley en modo injusto y evaluaba la posibilidad de quitar la venda de los ojos a los estúpidos Griffindor y hacerles ver de una vez por todas, quien debía ser la principal sospechosa de aquella serie de muertes inexplicables dentro de la orden… Y es que Draco en verdad no comprendía que nadie, excepto él, viera en Antigona Abegnielle el peligroso ser que era.
Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por la estrepitosa entrada de Ginevra Weasley. La joven llevaba las mejillas encendidas, los labios entreabiertos y una mirada de fuego que Draco no habría podido interpretar. Aparentando una tranquilidad que no tenía, el joven cerró el libro entre sus manos y se puso de pie, dispuesto a enfrentarla.
- ¿Fuiste tú?- preguntó ella seca. Draco la contempló por un instante en silencio con sus ojos grises como dos piedras impenetrables. Repasó mentalmente todos los encuentros furtivos entre él y la joven pelirroja, todos aquellos momentos que le había hecho creer que quizá ella hubiera logrado traspasar el muro de piedra que él se había empeñado en alzar entre él y el mundo. Que quizá ella lo conocía un poco. Y sintió rabia por haberlo pensado, pues era claro que Ginevra no veía en él más que al mortífago.
- Si te consuela creerlo así...
- ¿Lo negarás entonces?
- ¿Me creerías si lo niego?
- No.- respondió fría. Si Draco hubiese mirado muy en el fondo de sus ojos enrojecidos, habría comprendido que ella, más que nadie, necesitaba creerle. Pero él no pudo ver ahí más que el odio que sus palabras declaraban.
- Todo está dicho entonces...
Draco se sonrió de medio lado, amargo, y Ginny apretó los puños enardecida. Lo odió entonces más de lo que le había odiado nunca, no tanto por ser el asesino de su hermano, como alguien hubiese podido pensar, sino por no tener la mínima decencia de negarlo, y ahorrarle con ello la angustia terrible de haberse involucrado con el directo causante del sufrimiento de su familia.
Con solo recordarlo, una horrenda rabia se apoderó de ella, y se lanzó contra Malfoy con los puños apretados, intentando golpearlo, herirlo, borrarle su estúpida sonrisa de autosuficiencia. Pero Draco detuvo sus muñecas haciendo uso de una superioridad de fuerza que ella aborrecía ahora, y fue tal su impotencia, que se lanzó a llorar, dejándose caer, sostenida entre los brazos de él, que, inesperadamente, y contra toda probabilidad, parecía enternecido ante el sufrimiento de la joven.
Ginny sentía el tibio respirar de él en su oído. Sus grandes manos sostenían su espalda, generando con aquel abrazo una sensación tan increíblemente confortable, que ella lo odió otra vez, por hacerla sentir así de bien, cuando debía sentir todo lo contrario. Quien tenía que estarla abrazando era Harry, y no Draco Malfoy.
Apartándolo de ella de un golpe, se puso de pie, dándole la espalda para borrar el vestigio de sus lágrimas, en tanto la creciente necesidad de herirlo, se apoderaba de ella.
- En la última batalla, Malfoy,- dijo, con recobrada voz- Harry ganará, y tú acabarás muerto o en Akaban...
-¿Y qué conveniente para ti, no?- respondió frío. Detestaba que ella mencionara a Potter.- ¿Crees que cuando Potter gane, si es que gana, realmente volverá contigo? ¡Qué ciega has sido siempre, niña tonta!
- ¡Guarda tu veneno, Malfoy!- dijo volviéndose lentamente a enfrentarlo.- No hago caso a mortífagos.
- No querida,- respondió él, sonriendo de medio lado- tú solo te acuestas con ellos.- Tan rápido impactó la mano de Ginny en su mejilla, que no tubo tiempo para detenerla, y para cuando volvió en si del dolor que esta le produjo, la joven ya se hallaba en la puerta.- Solo una cosa más, Weasley...- Ella se detuvo con recelo- No es esta guerra lo que te separa de tu Potter, ni tampoco lo seré yo... Hace mucho tiempo que lo perdiste...
-HP-
Tom Riddle caminaba en círculos en torno al pórtico de piedra que sostenía aquel espectral velo negro que él había ayudado a crear hacía tantos años. La misma Bellatrix le había preguntado cuando él ordenó hurtarlo desde el Ministerio de Magia, que qué utilidad podía tener para él aquella reliquia que no representaba más que un artefacto mal comprendido en la historia de la magia. Él, por supuesto, había respondido discretamente con una sonrisa que no decía nada.
"¡Pobre Bella!", pensó para sí, al recordar el estado deplorable en que se hallaba ahora. Según Rodolphus, le habían encontrado aquella tarde dando vueltas entre las calles de Diagon Alley, murmurando palabras inentendibles sobre una Squib y un collar perdido, sin recordar siquiera quien era ella misma.
El primer sentimiento que se apoderó de Tom al comprender que el collar de Rowena, uno de sus últimos Horcruxes se había perdido, fue de rabia. Habría terminado de matar a Bellatrix con sus propias manos de no ser porque, al verla, comprendió que el irreversible desquiciamiento de Bella no se debía a hechizos habituales. Aquella inhabilitante locura desprovista de recuerdos era resultado de un tipo de magia completamente distinta. Un tipo de magia que estaba fuera de toda comprensión, y que sólo él, hacia muchos, muchos años, había reconocido en una temerosa jovencita que él mismo se había encargado de destruir.
Y ahora, de pie frente a ese velo la recordaba. Difícil sería comprender el sentimiento que lo unía a ella, aunque quizá pudiéramos recurrir para ello a su infancia. ¡Qué sólo se había sentido ya de niño! ¡Cómo la conciencia de no tener un hogar en ningún sitio había logrado paralizarlo y asfixiarlo interiormente! Y, por ello, la idea de pertenecer a alguien, aunque no fuese más que en el odio o en el sufrimiento, generaban en él el grato sentimiento de no estar solo. Una cálida sensación se apoderaba de Tom siempre que pensaba en ella, porque, fuera del modo que fuera, existía entre ambos un lazo irrompible...
Y ahora ella había regresado, y Tom sabía que el reencuentro estaba cada vez más cerca.
- Mi señor...- llegó la voz de Zabini a sus espaldas. El pálido muchacho se había unido a los mortífagos hacía poco, y Tom no podía dejar de aborrecer aquel tono de lastimero servilismo conque se dirigía a él.
- Habla, Blaise... ¿O pretendes que adivine tu mensaje?
- Hay algo que usted debe ver mi, Señor.
- ¿Qué ha ocurrido?- Preguntó nuevamente, mostrando cierta exasperación en su tono.
- Es que... No sé si pueda explicarlo...
- ¿Me dirás de una vez lo ocurre o me harás sacártelo a fuerza de crucciatus?
- Lo siento , mi señor, es solo que... Los mortífagos... veinte de ellos han sido enviados hasta aquí por los de la Orden del Fénix...
- ¿Vivos?- preguntó algo extrañado y preguntándose si no seria que el mismo Potter y sus amigos estaban a cargo de la Orden ahora. Solo ello explicaría un acto tan estúpidamente piadoso como devolver prisioneros.
- Vivos, mi señor, pero... ciegos a fuerza de hechizos, y a los veinte les fueron amputados ambos brazos.- El rostro de Lord Voldemort se deformó, y en tal modo, que el mismo Blaise temió por su vida, pero al instante apreció la actitud de comprensión que tomó el rostro del mago oscuro, y tomó fuerzas para completar la noticia.- Hay algo más, mi señor.
- ¡Habla!
- Los que aún logran decir frases coherentes, afirman que ha sido el mismo Albus Dumbledore quien dio la orden.
La extraña sonrisa que se posó en los labios de aquel rostro serpentino, estubo lejos de tranquilizar a Zabini, quien lo observaba expectante, sin comprender.
- ¡Con que Albus Dumbledore!- rió Lord Voldemort.- De modo que la Orden del Fénix cree tener entre los suyos ni mas ni menos que a Albus Dumbledore.
- Quizá no se trate más que de un engaño para confundirnos...- dijo Blaise, intentando parecer inteligente. Pero Voldemort, en lugar de responderle, volteó su rostro nuevamente al velo negro, con una expresión extrañamente fascinada.
- Conque ese es tu escondite, mi querida Orual... Ni más ni menos que detrás de las barbas de un viejo muerto...
-Fin Capítulo 13-
Sorprendidos de que actualizara al fin???!!! Lamento enormemente la tardanza, pero he tenido un exámen tras otro y recién ahora estoy un tantito más relajada... Aprobé pediatria!!! Y bastante bien, según dicen... Razón de más para estar contenta... Ja, ja, ja...
En cuanto al fic... Lamento tener que informarles que Dumbledore jamas salió de su tumba, aunque ese era el plan, porque Antígona se encargo de que no pudiera hacerlo... Y que fue ella, esa bruja malvada que unos odian y otros compadecen, quien tomó su lugar, engañando incluso al mismo Snape, a quien después dejó a su suerte en manos de Voldemort, ayudando incluso a descubrirlo ante este cuando ya no le fue útil... También es responsable de la muerte de Lupin, de Ojo Loco, Percy y otros, como quedara claro en el próximo capítulo, y también de aquella atrocidad de amputar miembros y cegar a las víctimas... No crean que soy una sádica sin remedio, pues de hecho, aquello no se me ocurrió a mí... Me inspiré en un fragmento de la historia universal que siempre llamo mucho mi atención respecto a conductas despiadadas a través del tiempo. La razón de aquella crueldad, es que con ello no solo restaba integrantes de las filas enemigas, sino que al mandarlos imposibilitados de usar armas o valerse por si solos, obligaba a gran número de integrantes del bando enemigo a hacerse cargo de los lisiados, con un efecto desmoralizaste de por medio...
Ya... me cansé... les advierto que se viene el final... desde el próximo capítulo en adelante, el fic va en picada, así que estén atentos... ok? ahora si que vienen rápido, en estas dos semanitas miserables que tengo de vacaciones... Un beso enorme, cuidense mucho... Y gracias por sus reviews maravillosos!!!! (pocos, pero buenos)
