CAPÍTULO 15: LA VALENTIA GRYFFINDOR

"Unos pocos cientos de campesinos a pie y sin capitán,

Armados de un par de rifles y rosarios,

Contra cientos de miles de hombres entrenados,

Con caballo, artillería y comandantes...

¡Y él quiere una pelea justa!"

–"El Arado y las Estrellas", Sean O'Casey.

Orual agradecía haber llegado a su cuarto. Sentía la cabeza darle vuelas horriblemente y una sensación nauseosa se había apoderado de su estómago anunciándole que algo andaba mal. Nunca habría debido ir a casa de los Weasleys, pero tanta había sido la insistencia de todos, que ella, en su papel de Dumbledore, no pudo desestimar la necesidad de dar el pésame a la madre de los pelirrojos. De lo contrario alguien podría sospechar... Aunque, en realidad, todos esos tontos de la Orden habían caído tan ridículamente en su mentira, que Orual muchas veces llegó a creer que no verían la verdad ni aunque se las restregara en la cara, simple y sencillamente, porque no querían verla... Tanto así necesitaban tener a sus espaldas al necio anciano que ella misma se había encargado de mandar a la tumba.

Dumbledore fue el único que sospechó de sus buenas intenciones cuando ella se ofreció a prestar ayuda para encontrar los horcruxes. El anciano siempre supo que algo andaba mal con ella, y aunque agradecía la información que le daba, no se fiaba tan ciegamente como a ella hubiese convenido.

Pero Dumbledore nunca se dio cuenta de la capacidad que ella tenía para leer su mente, de la facilidad conque se enteró del plan conjunto con Snape para salvar la vida de Malfoy, y se aprovechó de este, mandando al viejo a beber de una poción que sabía lo debilitaría suficiente para que no pudiera resistir maldición imperdonable alguna. Después debió convencer a Snape de que todo había ido de acuerdo al plan... ¡Y el muy necio se lo había creído!. Junto a él, llegó a los de la Orden, donde había otro par de idiotas dispuestos a creer en la resurrección, solo porque necesitaban creer en algo.

Aunque mantener aquel juego de doble identidad había sido difícil, el hecho de que el mismo Harry Potter se hubiera tragado aquella historia, fue sin duda un golpe de suerte que no esperaba, pero que supo aprovechar.

Con el tiempo, logró deshacerse de Severus, delatándolo como espía ante el mismísimo

Voldemort, sin que nadie notara su intervención. Luego fue Lupin el problema, con su ridícula insistencia por mantener a Harry oculto; después Alastor, descubriendo la poción multijugos... Y por último ese estúpido chico Weasley, cuya ambición desmedida habría llevado sus planes a la ruina... ¡Tan cerca había estado el pelirrojo de lograr entregar a Potter a los mortífagos, que Orual había decidido no volver a arriesgarse! Por ello se había descubierto ante todos como Albus Dumbledore; por eso había decidido provocar a Tom, cercenando a sus mortífagos. Por eso se había encargado de que él supiera que los Horcruxes habían sido destruidos, enviándole a Bellatrix de regreso.

¡Que difícil había sido para ella resistirse a la tentación de matarla! Había seguido a Malfoy en la oscuridad, la noche en que sabía se reunirían ambos... Y luego la siguió a ella. La observó durante horas, hasta que la mortífaga recordó donde había oído el nombre de "Antígona" antes y corrió en busca del collar oculto. Fue entonces que Orual la enfrentó. ¡Cuanto había disfrutado al ver el rostro horrorizado de aquella mujer que había sido la causante del más grande de sus crímenes, la principal responsable de su desgracia! Si tan solo Bella no los hubiese encontrado aquella noche en la cueva, Regulus seguiría con vida, y ella, libre de la culpa conque cargaba desde entonces.

Regulus... De un modo u otro, sus pensamientos siempre volvían a Regulus... El más grande de sus pecados y el más terrible fantasma de su consciencia. A veces, cuando lograba conciliar el sueño, era él el protagonista de sus pesadillas... No su hermano, cuyo rostro casi había olvidado, ni Tom, a quien estaba unida por una terrible maldición, sino él, Regulus Black, con su rostro de niño enamorado, contándole historias en sus noches solitarias.

Habría vuelto a llorar, como lo hacía cada vez que evocaba su imagen, de no ser interrumpida por unos apurados golpes contra la puerta de su cuarto.

- Adelante.- se adelantó a decir al tiempo que la puerta se habría mágicamente para permitir la entrada ni más ni menos que a Harry Potter, con su cabello arremolinado y una gota de sudor surcando su frente.

- Necesito ver al profesor Dumbledore- explicó, sin introducción alguna, y Orual comprendió que su rostro preocupado era consecuencia del mismo malestar que ella venía sintiendo hacía horas.- Debo hablar con él inmediatamente.- la mujer no pudo menos que esgrimir una sonrisa por debajo de su velo.- ¡Es que no entiende! Voldemort tiene a Hagrid y el profesor Dumbledore es el único que puede hacer algo.

- Difícilmente podrá hacer algo desde su tumba...- rió despreocupada.

- ¡¿De qué esta hablando?! ¿Ha ocurrido algo al profesor?

- No desde hace algún tiempo...- un incómodo silencio secundó a su respuesta- No pensaba decírselo hasta que usted mismo lo descubriera, señor Potter, pero creo que eso no ocurrirá nunca, y ha llegado el momento de que lo sepa.

- ¿Qué es lo que quiere decir?- la bruja avanzó un paso hacia él y lo observó detenidamente. Harry casi podía distinguir un par de ojos a través de la espesa tela, y sintió una serie de pensamientos apoderándose de su cabeza, un mensaje inverosímil que lo dejaba todo claro.- ¡Usted! ¡USTED!- gritó espantado comprendiendo la farsa que había sido la resurrección del antiguo director.- ¡Siempre fue usted!

- Así es... Y lo seguiré siendo, mientras sus amigos de la Orden necesiten del anciano para sentirse seguros.

- No... No lo permitiré...- gritó retrocediendo espantado- Les diré la verdad, les diré que...

- ¡Usted no dirá nada!- gritó ella, cerrando mágicamente la puerta a espaldas de Harry.- No lo hará porque no le conviene... Porque, ¿qué haría la Orden al conocer la verdad a parte de sumirse en la más terrible desesperación? Usted no dirá nada porque necesita que sean valientes, ahora más que nunca, para rescatar al semigigante, ¿no es verdad?

- ¡Usted es un...Un monstruo!

- Al igual que usted.

- ¿Qué quiere decir?- preguntó Harry anonadado. La mujer debía estar verdaderamente loca.

- Yo sé lo que pasará con usted señor Potter, porque he visto en el fondo de su alma. Sé lo que hay en su corazón. No es muy diferente de Voldemort y usted lo sabe.

- ¡No sabe lo que dice!- dijo Harry retrocediendo.

- Oh, si... Si lo sé, Señor Potter. Conozco las similitudes entre usted y Tom Riddle. Usted mismo nunca ha podido acabar con el rencor que siente por sus tíos, ni jamás sintió demasiado afecto por los muggles... sino todo lo contrario. Se cree muy diferente a Tom, pero no lo es, y en el fondo de su corazón usted también lo sabe. Por eso tiene miedo ahora. Teme a la verdad que hay en mis palabras.

- No, no es cierto...

- Si que lo es... la única diferencia es que Tom nunca tuvo a nadie que lo amara en el mundo. No tuvo una fama que lo precediera, ni padres que lo hubiesen querido, o una fortuna que lo respaldase. Siempre se supo solo, y por eso debió valerse de su poder desde muy pequeño... Pero ese poder también está en usted... Yo lo he visto, aunque ni usted mismo es consciente de que existe. Y el poder corrompe todo, señor Potter: lo único que le ha librado de ser cómo Tom hasta ahora, es el desconocimiento de ese poder...

- Nunca seré como él, porque, a diferencia de Voldemort, yo si tengo a alguien que me ama.

- Es verdad... la señorita Granger aún cree en usted... ¡Pobrecilla! Difícil cosa es reconocer la maldad cuando esta se oculta en los ojos de quien se ama...

Harry estaba pronto a responder cuando una nueva serie de golpes en la puerta interrumpieron la discusión. Orual caminó hasta la puerta ignorando al joven parado frente a ella, para permitir el ingreso de Viktor Krum. El muchacho, con el aliento entrecortado y un semblante inusual en él, apenas dio una mirada a Harry para dirigir su atención a la bruja.

- Señorita Abegnielle, necesitamos a Dumbledore con nosotros... el Innombrable ha capturado a Hagrid, y creemos que con ello intenta atraer a Potter.

Harry sentía el terrible deseo de desenmascarar a la bruja ante Krum y ante todos. Pero sabía también que Antígona tenía razón: Albus Dumbledore era lo único que mantenía viva la esperanza entre los de la Orden, y quitarles aquello sería condenar a Hagrid a muerte. Por eso, y solo por eso guardó silencio, pese a que su mirada pretendía inútilmente fulminar a Antigona Abegnielle.

- ¿Dónde están los demás?- preguntó ella.

- En casa de los Weasleys.

- Adelántese entonces. Yo avisaré a Dumbledore.- Krum, sin esperar mayores explicaciones, y dando una última mirada a Harry a modo de despido, salió de la habitación tan rápido como había llegado y entonces la bruja volvió sus ojos hacia Harry.- Prudente decisión, señor Potter.- el joven no respondió, y comenzó a caminar hacia la salida- Con el tiempo verá que ha sido lo mejor.

- Puede que ellos aún crean en Dumbledore...- dijo Harry desde la puerta- pero yo ya no me fiaré más de usted.

Cuando Orual sintió la puerta cerrarse de golpe finalmente, no pudo evitar que una sonrisa se dibujara en sus labios a causa de las últimas palabras de Harry. Quedaba claro que el chico iría tras Voldemort por su propia cuenta, y... con eso contaba ella.

-HP-

"Deben evitar que Harry intente ir en su rescate", había dicho Bill dirigiéndose al grupo, mirando fijamente a Hermione, pero lo que encontró en sus ojos, estuvo lejos de ser una afirmación. Y Bill comprendió, sin necesidad de más palabras, que Harry iría de todos modos, y que ellos lo acompañarían, sin importar lo que él dijera. Por ello, dirigió al grupo una mirada melancólica antes de unirse a Krum y el resto de la comitiva.

A los pocos minutos, fue el mismo Harry Potter quien bajó por las escaleras, con la furia reflejada en sus ojos.

- Harry... La Orden ya lo sabe- Se adelantó a contar Neville.- Han formado una comitiva para ir en su rescate.

- Lo se... He oído a Krum... Pero aún así debo ir...

-"Debemos", Harry...- corrigió Hermione.- Todos iremos contigo, como lo hemos hecho siempre.- Una muda determinación por parte de Luna, Ginny, Ron y Neville secundó aquella afirmación, y Harry recordó entonces porqué los consideraba sus amigos.

- ¡Claro!, ¿No querrás atribuirte el crédito de rescatar a Hagrid tu solo, verdad?- agregó Ron, sonriendo.

- Lo agradezco chicos...- se disculpó Harry- pero deben entender que esto no es solo un rescate... Esta batalla será...

- La última...- completó Luna.- Hoy se decide el final de todo.

- ¡Oh, Luna! No seas tan pesimista, ¿quieres?- Exclamó Ginny- No tiene por qué ser el día de...

- ¡Pero lo es!- interrumpió Harry. Hermione y el pelirrojo asintieron en silencio.- Voldemort lo ha planeado todo para que hoy sea el día, por eso es mejor que valla solo.

Todos, adelantando un paso, estuvieron listos para rebatirlo, pero fue la voz de Luna la primera en oírse.

- Harry... ¿para qué intentar convencernos de algo que no aceptaremos?- preguntó con su voz melodiosa y sonrisa afable, imposibilitando a Harry a decir nada más.

La próxima pregunta que surgió en el grupo fue la de cómo llegar hasta Hagrid, a lo que Luna, con su incomparable inocencia, propuso tener una oportuna solución... Malfoy.

-HP-

Draco se encontraba incómodamente agitado. A su desagradable situación con la pelirroja se habían unido las malas noticias que parecían colmar el ambiente. Si Lord Voldemort había secuestrado ni más ni menos que al semigigante, era obvia su intención de atraer con ello a Potter. Y, conociendo a San Potter y su comitiva, sabía que la ridícula valentía Gryffindor los obligaría a ir tras él, tal cual Voldemort quería; y caerían en su trampa, como el mago lo había planeado... Y Potter moriría... Y sería el fin de todo.

Nunca hasta entonces había considerado lo terrible que sería un futuro sin Potter. No es que fuera a extrañar al intento de héroe, ni que le hubiese tomado aprecio en el último tiempo (era más bien todo lo contrario), pero al analizar las consecuencias inmediatas que la muerte de San Potter tendría en el corto plazo, comprendió que ya no contaría con un lugar seguro como refugio, y que la situación ameritaba un rápido plan de huída. Debía contactar a Kreacher para planear una nueva visita a la mansión Malfoy, tomar todo el dinero que le fuera posible, y huir de Inglaterra tan rápido como pudiera. ¿Estarían funcionando los transportes muggles?, Kreacher tendría que averiguarlo.

Inoportunamente, un golpeteo en la puerta le impidió seguir con su plan. Al principio intentó ignorarlo... Ya desistirían. Pero se repitió, dos veces más. ¿Para qué podían querer hablar con él? ¿No tenían cosas más importantes que hacer, como intentar salvar el mundo?

- Malfoy, abre la puerta... Sabemos que estás ahí.- era la voz de Granger. Al notarlo, lamentó el par de sonrisas intercambiadas con la bruja, pensando que quizá fuera eso lo que motivaba tan desagradable interrupción en aquel momento. Por varios segundos pensó en huir a través de los pasadizos, pero antes de decidirse, oyó un clic en la puerta, seguido de la agresiva intromisión de Granger, Potter y Weasley.

- ¿Qué Diablos quieren?- preguntó con voz agria. Por un instante, el nostálgico recuerdo de sus enfrentamientos en los años de Hogwarts le hizo extrañar la compañía de Crabbe y Goyle.

- Necesitamos tu ayuda, Malfoy.- comenzó ella, haciendo que Draco lamentara aún más la conversación de aquella tarde.- Necesitamos que nos muestres como llegar hasta el escondite de los Mortífagos.

- ¿Y por qué creen que el guardabosques está ahí? Podrían haberlo llevado a cualquier lugar...

- Porque el mismo Voldemort lo mencionó. Dijo que lo tenía ahí... en las mazmorras de cuartel.- respondió Harry. Malfoy lo observó un largo instante en silencio, analizándolo. Le resultaba increíble que San Potter estuviera dispuesto a ir, a sabiendas de que eso significaba su muerte.- Y tú eres el único entre nosotros que sabe como llegar hasta él, porque eres el único que ha estado ahí... ¿Qué te causa tanta gracia?- preguntó, ante la desagradable risa conque Malfoy respondió a sus palabras.

- Ustedes... Su ingenuidad. ¿En verdad piensan que yo tengo alguna razón para acompañarlos?

- Malfoy...- comenzó Hermione.

- ¿Tienen alguna idea de lo que me están pidiendo?

- Malfoy...- siguió ella.

- ¡Se los dije!- exclamó Ron.- ¡Es un maldito cobarde!

- Y orgulloso de serlo mientras eso me mantenga vivo... La valentía se la dejo a los Gryffindor.

- Malfoy...

- ¡Déjalo, Hermione! El maldito hurón sigue siendo uno de ellos...

- ¿Podrías al menos...- interrumpió Harry, con una voz bastante más tranquila de lo que Malfoy esperaba- decirnos dónde es? - Draco analizó la petición con detenimiento. La insistencia de Potter por ir a su propia muerte le disgustaba, especialmente por las consecuencias que esta tendría en su propia vida… Pero… Por otro lado, la muerte del pricipal rival del mago oscuro sería motivo de tal celebración entre los mortífagos, que podría resultar mucho más fácil huir de aquel maldito escondite. Sonrió al pensarlo. ¡Suerte que Lucius le había enseñado a sacar provecho hasta de las peores situaciones!

- La antigua Mansión Riddle.- respondió por fin.

- ¡Mientes!- gritó Ron- Ese lugar está custodiado por aurores, es imposible que el Innombrable haya podido...

- Los aurores solo vigilaban la superficie... Lo que pueden ver. Pero hay otra entrada, por el muro posterior de la casa, que da acceso a una construcción infinitamente más grande que el Señor Oscuro utiliza como su escondite, y al que solo tienen acceso los mortífagos.

- Como tú...- agregó Ron con veneno.

- Así es... Los mortífagos como yo.- sonrió amargo.

- Es por eso que necesitamos que vengas con nosotros, Malfoy- agregó Hermione.

- ¡Olvídalo, Granger!- se apresuró a decir- ¡No hay modo de que yo regrese a ese lugar!

- Pero es que...

- Déjalo, Hermione...- interrumpió Ron, caminando hacia la puerta.- Todos sabemos que Malfoy es un cobarde.

- Vamos, Hermione.- siguió Harry, secundando a Ron- Sé cómo llegar hasta ese lugar.- Incluso cuando ambos jóvenes habían desaparecido tras la puerta, Hermione permaneció de pie, frente al rubio, con una extraña expresión en sus ojos, fijos en él.

- ¡No me mires así, Granger! He dicho que no iré y punto. El heroismo se lo dejo a los Griffyndor.

- Es tu decisión, Malfoy…- Dijo ella, y en el tono usado, Draco pudo advertir una profunda decepción.- Sé que es una elección difícil de hacer. Pero tú sabes, tan bien como yo, que la inacción no es el camino…

- ¿Y cuál es el camino entonces? ¿Unirme a San Potter y un puñado de Gryffindors, en contra de Lord Voldemort?.

- Es mejor que quedarse aquí y esperar un resultado…- La voz de Hermione era suave, incluso gentil- Sé que al ir con nosotros te pondrías en gran riesgo, Malfoy, pero los de la Orden sabrán como protegerte, y…

El relajado monólogo de Hermione fue cortado sorpresivamente por el fuerte golpe que provocara el puño de Malfoy al impactar contra la mesa frente a ella. Cuando Hermione alzó la mirada, para encontrar sus ojos grises, tomó conciencia de lo cerca que el joven estaba de ella y de la rabia que expresaba su rostro.

- ¿En verdad crees que será tan sencillo?- preguntó, con un tono frío- ¿Sólo mostrarles el camino, y luego regresar libremente a mi escondite?.

- No quise decir que…- ella comenzó, pero fue cortada nuevamente.

- ¿Realmente crees que una vez que se enteren de mi traición, ese montón de aurores decrépitos que conforman tu ridícula Orden, podrán mantenerme a salvo? ¿Qué podrán evitar que me maten?- Hermione guardó silencio.- Incluso si pudieran hacerlo… ¿Qué pasa si Voldemort es el vencedor? Tarde o temprano me encontrarán, y ¿Qué crees que me harían entonces, cuando ni tu gloriosa Orden, ni Dumbledore estén ahí para ayudarme? Ellos conocen maldiciones y torturas que tú no podrías ni imaginar, Granger…

- Entonces las sufriremos… Mejor eso que quedarse aquí de brazos cruzados y esperar a que ocurra de todas formas…

Draco permaneció silencioso, con sus ojos aún mostrando enojo, pero evitando mirarla. En su rostro apareció una extraña expresión que Hermione pudo interpretar como un esbozo de vergüenza.

- Malfoy, lo siento… No tengo derecho a…

- Siempre he sido un cobarde…- No fue realmente una interrupción esta vez. Habló con tanta suavidad, y en un tono tan bajo, que parecía más bien una confesión para sí mismo.- No soy uno de tus "bravos amigos"- siguió, alzando la mirada hasta encontrar sus ojos- No todos podemos ser héroes en este mundo Granger… No todos estamos listos para morir por una causa, por muy justa que esta sea…- Hermione se llevó inconscientemente una de sus manos al cabello, ubicando un mechón por detrás de su oreja con nerviosismo, al comprender que Draco Malfoy estaba prácticamente confesándose frente a ella. Admitiendo que tenía miedo.- Por muy justa que sea tu causa, por muy correcto que me parezca ahora estar en contra de los mortífagos, sé que no me convertiré de un momento a otro en un valiente Gryffindor… Uno no se torna en contra de Lord Voldemort, sólo porque eso sea lo correcto. Si ellos llegan a atraparme…

Hermione mordió su labio inferior, mirando a Draco, que, con ambas manos apoyadas sobre la mesa frente a él, temblaba. Su mirada parecía perdida en el terrible pensamiento que la sola posibilidad de caer en manos de Lord Voldemort creaba en su mente.

- Sé que es un gran riesgo, Malfoy.- dijo acercándose a él, y apoyando una mano sobre su hombro.- Sé que si llegaran a atraparte ellos probablemente te matarían… y torturarían...- el torció los labios con sarcasmo, pero sin mirarla. Hermione inclinó su rostro hacia él enfrentándolo.- pero si no lo haces, si no nos ayudas, tarde o temprano llegarán a ti de todas formas, y tu final no será distinto… Por favor, ven con nosotros…

Por un momento, él giró otra vez hacia ella sus ojos grandes y de un gris cristalino, y en ellos se pintó la admiración. Ese intangible y sereno valor que poseían todos los Gryffindor era una cualidad de la que Draco carecía, pero a la que rendía involuntario tributo.

Por un instante, cuando el volteó a mirarla, Hermione vio la duda reflejada en su rostro. Pero solo fue un instante. Y mientras ella rogaba en el fondo de su alma porque él tomara la decisión correcta, Draco volvió a ocultar los ojos en la visión perdida de la mesa frente a él, con una expresión en la que la joven pudo advertir tristeza y miedo, y una disculpa silenciosa por algo que no podía ser disculpado. Se separó de él, lentamente, mientras algo oprimía su garganta.

- Lo siento…- fue lo que escapó por los labios de Draco cuando se enderezó y volteó a mirarla.- Pero más importante que ser un mártir de la causa, para mí es sobrevivir esta guerra y alejarme de todo esto…- Hermione retrocedió, decepcionada e incrédula.

- Pues entonces vete…

- Lo haría si pudiera.

- Puedes hacerlo…- Draco volteó a mirarla, con la ceja alzada.- Soy la única que queda aquí. Nadie te detendrá, y con Voldemort ocupado en destruir a Harry, la atención de los mortífagos no estará en ti...

- ¿Dices que huya? ¿Así como así?- Ella asintió con tristeza, y sin mirarlo.

- Adiós, Malfoy…- Y sin permitirle una nueva palabra, salió por la puerta dejándolo solo, en medio de un terrible vacío.

-HP-

Tras una larga discusión respecto a como llegar hasta la mansión Riddle, habían decidido utilizar sus escobas. Luna, emocionada, celebró la elección, recordándoles a todos su anterior aventura, hacía unos años, cuando ellos mismos habían sobrevolado Londres en dirección al Ministerio. Aunque su inocente comentario había disipado un tanto las tensiones del grupo, la fría sonrisa de Harry dejó muy en claro que esa noche el final estaba destinado a ser distinto... A que debían esperar lo peor.

Mientras volaban en la fría noche, Harry contempló el decidido rostro de Hermione a su lado. Había tantas cosas que quería decirle, tanto que esperaba poder transmitirle antes que llegara el final, pero temía que no lograría hacerlo. Lo que si había decidido ya, era que, cuando el peligro fuera inminente, se encargaría de que Ron se la llevara lejos de ahí, así fuera que tuviese que aturdirla para lograrlo. No permitiría que algo le ocurriera a ella. Eso nunca.

- ¡Allí está!- gritó la joven, indicando con su dedo una construcción en ruinas que se distinguía a la distancia.- ¿Es esa, verdad?- preguntó girando su rostro hacia Harry, y el asintió en silencio.

- Descendamos allá, está lo suficientemente lejos como para que no nos vean llegar.- sugirió, y los demás lo siguieron.

Mientras caminaban entre el espeso ramaje del bosque que circundaba la mansión, Harry resistía el deseo de tomar la mano de Hermione y reafirmarle cuanto la amaba, por si no pudiera hacerlo después, pero nunca estuvieron lo suficientemente lejos de los demás para lograrlo.

- Allí está- susurró Ron.- Malfoy dijo que la entrada estaba por detrás.

Escondidos bajo el espeso manto de la noche, se deslizaron hasta llegar al muro posterior de la mansión, entre cuyos escombros y gruesas enredaderas, encontraron una puerta.

- Debe ser esta.- dijo Luna, apuntándola. Ron, adelantándose a ella, en gesto protector, apuntó con su barita.

- Alhojo…

- Si yo fuera tú, no haría eso…

La fría voz que vino de sus espaldas les hizo voltear con una mueca de incredulidad. La luz que emitía el foco frente a la puerta, creaba en torno a aquella figura negra un halo brillante, casi espectral. Las seis varitas se alzaron contra el joven que caminaba hacia ellos, hasta que su cabello platinado y sus ojos grises, quedaron al descubierto, y Hermione pudo reconocer la característica sonrisa de su rostro.

- ¡Sabía que vendrías!- sonrió ella y él exhaló un suspiro con fastidio. Pensó que Granger no se entusiasmaría tanto si supiera que estaba ahí solo porque, al reanalizar la situación comprendió que, de morir Potter, no solo se vería obligado a huir eternamente, sino que además, a renunciar a su fortuna en Gringgots… Y Draco Malfoy estaba dispuesto a muchas cosas, excepto, a ser pobre.

Además, San Potter y su puñado de idiotas ya habían hecho cosas increíbles otras veces… Quizá tuvieran suerte otra vez… De no ser así, ya vería la forma de asaltar Gringgots o morir en el intento.

- ¿Cómo nos encontraste?- preguntó Ginny, alzando una ceja con escepticismo.

- Era de suponer que intentarían entrar por la primera puerta que encontraran. Los mortífagos cuentan con la ingenuidad de los Gryffindor cuando elaboran sus trampas. Ahora síganme.

- ¿Cómo saber que dices la verdad y que no nos quieres desviar del camino correcto?- era Ron quien le miraba con enojo.

- Abre esa puerta y averígualo por ti mismo, comadreja. Te llevará directamente a los calabozos y yo me mataré de la risa…- las miradas del rubio y el pelirrojo se enfrentaron en un instante tenso, pero la seguridad en la mirada de Malfoy y la duda en la de Ron, hicieron saber al primero que había ganado el enfrentamiento.- Entonces… ¿seguirás al malvado Slytherin?

- Vamos Ron…- fue la súplica de Hermione, y el pelirrojo tragó un último insulto, siguiendo a los demás, que habían comenzado ya a caminar detrás del rubio.

Se desplazaron a través de una fantasmagórica maleza, que desaparecía a medida que la atravesaban, hasta que Malfoy les hizo detenerse ante un espacio del amplio muro, rodeado por dos pilares carcomidos. Uno de los cuales ocultaba un espejo.

- ¿Y ahora qué?- siguió Ginny, aún reticente a tener al rubio como guía.- ¿nos lanzamos contra el muro y ya?

- Debo decir, Weasley, que para ser una bruja, tu imaginación deja mucho que desear…- sonrió el Slytherin, alzando uno de sus antebrazos, mientras desabotonaba la manga de su camisa. La marca oscura apareció frente a los ojos de todos, dibujada en su piel pálida, y Harry pudo advertir la mueca de disgusto en el rostro del rubio cuando la tuvo frente a él. Caminó hasta el espejo deslustrado y reflejó en ella la siniestra calavera. Un instante después, el muro frente a ellos se abría en dos, permitiéndole el paso a un corredor oscuro.

Harry fue el primero en aventurarse en su interior. Ginny le siguió al instante.

- ¿Vienes?- fue Hermione quien peguntó, sonriendo, hacia Malfoy, quien parecía dubitativo.

- Déjalo, Hermione. La valentía no es algo de lo que se enorgullezcan los slytherin…- siguió Ron. Draco le dirigió una mirada asesina.

- Eso de la "valentía" es un tema recurrente entre los Gryffindor, ¿no?- y caminó hacia el interior, para asombro de Hermione, seguido por los demás.

Luna, que fue la última en seguirlos, veía a los jóvenes adentrarse en aquella oscuridad espectral, como si fuesen engullidos, devorados por ella. Nunca antes Luna Lovegood había tenido tanto miedo como entonces, cuando cada fibra de su ser podía percibir el inevitable destino que les aguardaba, como si todos los fantasmas y voces que habían colmado su vida solitaria y excéntrica, la rodearan ahora, encaminándola a aquello a que había sido destinada. Muy cerca de su oído, el silencio se convertía en palabras susurradas por voces conocidas.

- "El velo..."

- "Muy cerca..."

- "Busca el velo negro..."

- Fin del Capítulo 15-

¡Y he aquí un nuevo capítulo! Y solo quedan dos… Lamento la demora, pero reinicié los internados y no había tenido tiempo de corregirlo… Un beso y mis agradecimientos a quienes dejan comentarios.

Por cierto, acabo de comprender que me estoy acercando al final de una etapa… Este será muy probablemente el último fic que escriba, y solo quedan dos caps que tengo bien adelantados… A fin de año dejaré de ser una estudiante, para convertirme en uno más del mundo laboral… y mi vida personal ha cambiado también, y en tal manera, que dentro de poco podría estar incluso pensando en anillos y velos de novia… Ja, ja… ¿Y mis sueños? ¿Dónde han quedado mis sueños de la infancia? ¡Dios me libre de renunciar a ellos!

Alex (nostálgica)