Hola a todos… He aquí el penúltimo capítulo de este fic. Pero antes de que inicien su lectura, les recomiendo una pieza maravillosa del gran Örff: "Antigona". Es una composición musical con tal fuerza y sentimiento, que al oírla entenderán mejor cómo es que esa música dio origen a este capítulo.
ACLARACIÓN: LOS PERSONAJES NO SON MÍOS. DE LO CONTRARIO… YA SABEN LO QUE HARÍA A DRACO!! JA JA JA.
DEDICATORIA:
A KTY.BLACK, POR PROMOCIONAR MIS HISTORIAS.
GRACIAS OTRA VEZ.
Capítulo 16: "LAS ALMAS TRAS EL VELO"
"Por haberte dado sepultura,
Polinices, este castigo recibo…
Me arrastran ahora con sus manos violentas
Sin un lecho nupcial, sin cantos de himeneo,
Sin caricias de esposo, sin que a un hijo criara,
Sin que tenga ya amigos, desdichada me voy,
Viva aún a las cóncavas mansiones de los muertos."
-ANTIGONA, Sófocles.
Mientras el grupo de jóvenes guiados por Malfoy se adentraba en los oscuros pasillos de aquella horrorosa construcción con olor a podredumbre, Harry sintió que el desagradable silencio que los rodeaba, era mucho más amedrentador que cualquier sonido. Incluso llegó a pensar, con cierta nostalgia, que extrañaba los chillidos histéricos de Tía Petunia, y hasta las rumiaciones inentendibles de Dudley. ¿Qué sería de ellos? ¿Estarían al tanto de lo que ocurría en el mundo de la magia? ¿Los afectaría de algún modo? Podía imaginar a tío Vernon sellando puertas y ventanas para intentar apartarse de la peste de brujas y magos que habían invadido las calles desde que todo se había tornado caótico. Extrañamente, le era difícil no sonreír mientras les recordaba y es que, en ese momento, cuando la cercanía de la muerte era algo inevitable, los recuerdos de su infancia le parecían un refugio feliz, pues esos años junto a los Dursley tenían por gracia la inexistencia de Lord Voldemort.
- Es una trampa…- oyó decir a Malfoy, regresándolo de golpe desde sus recuerdos infantiles. El rubio joven se había detenido en medio de la oscuridad y en su rostro se advertía una pavorosa preocupación.
- Es probable que así sea… pero debemos avanzar.- dijo Harry con lentitud, ganándose por parte de Draco una mirada de profundo desprecio.
- ¿Es que no entiendes? No es normal que no haya nadie en estos pasillos…- explicó- Si "Él" los ha hecho retirarse a todos es porque sabía que vendrías por el guardabosques y está esperando el momento de caernos encima. Si sigues avanzando vas directo a su emboscada.
Draco inspeccionó los verdes ojos de Harry esperando una respuesta, pero la sola expresión del "elegido" le dio a entender que, aunque sabía que era una trampa, iría de todos modos. Draco Malfoy no pudo menos que sentir una profunda decepción. Siempre había atribuido a San Potter una infinidad de defectos, por celos, la mayor parte de las veces, pero nunca lo había considerado estúpido. Hasta entonces.
-Si eso es lo que quieres…- suspiró el rubio, haciendo un ademán con la mano para dejarle el paso libre.- Al final de este pasillo está la entrada a los calabozos. Estoy seguro que ahí encontrarás a tu amigo.
- De modo que hasta aquí llega tu "valentía"- se mofó Ron, lanzando a Malfoy una mirada inquisitiva.
- La valentía es superar nuestros propios miedos para hacer lo que es necesario. Lo de ustedes es temeridad… sinónimo de estupidez.- replicó Draco, buscando los ojos de Granger, a la espera de que ella pusiera un alto a aquella acción suicida, pero la joven parecía tan determinada como Harry a entregarse a los mortífagos. Incluso le susurró un gracias al pasar frente a él, siguiendo a Potter y los otros. ¡Qué decepción!- Solo una cosa más, Potter…- exclamó antes de que el grupo de jóvenes que se alejaban de él, en un gesto solo equiparable al de ovejas que siguen a su ejecutor al matadero, desapareciera completamente, y Harry se volteó a oírlo.- Sólo se gana una batalla cuando tu enemigo ha aceptado la derrota… Y eso es precisamente lo que tú estás haciendo.
Después de eso, desapareció, devorado por la oscuridad del negro pasillo, y el valiente Gryffindor sintió un desagradable escalofrío recorrerle el cuerpo, porque Malfoy tenía razón: Harry Potter había aceptado que moriría aquella noche.
-HP-
Nymphadora Tonks se había alejado del grupo de aurores en dirección a Hogwarts, a causa de un extraño presentimiento. Al llegar a la Mansión Black, grande fue su sorpresa al encontrarla vacía y por única pista tenía un bosquejo mal dibujado que el mismo Harry había utilizado para trazar el camino entre aquel lugar y la antigua casa de los Riddle. Sin dudarlo un momento, emprendió el vuelo señalado, llegando a las puertas de una casa que impresionaba del todo vacía. ¿Dónde estarían Harry y los otros, y qué los había llevado hasta ahí?, era lo que se preguntaba mientras caminaba en torno a la casona en busca de una entrada.
- Sabía que vendría alguno de ustedes siguiendo a Potter…- le llegó la voz a sus espaldas. Una voz que ella no podía dejar de reconocer.
- ¡Tú!- gritó, apuntando con su varita, mientras el rostro de Rodolphus Lestrange emergía desde la oscuridad. Antes de que Tonks alcanzara a pensar en algo, una apretada cuerda apareció de la nada inmovilizando sus hombros y obligándola a soltar su varita.
- No te preocupes, pequeña Nymphadora…- sonrió Rodolphus- Esta misma noche te reunirás con tu querido hombre lobo.
-HP-
En el segundo calabozo a la derecha encontraron a Hagrid. El semigigante estaba helado, atado de manos y aturdido al extremo de no tenerse en pie, y ni todos los hechizos que Hermione conocía lograron hacerlo volver en sí, lo que llevó a la joven a deducir que habían utilizado alguna poción en él para impedir su liberación.
- Sabía que vendrían…- masculló el guardabosques en un lapso de lucidez, antes de caer otra vez en la más absoluta inconciencia.
- No podremos sacarlo de aquí, Harry.- murmuró Ginny- Ni entre todos nosotros podemos levantarlo del piso y ningún hechizo parece resultar.
- ¿Y qué sugieres entonces?- exclamó Ron, temiendo que su hermana pensara en dejar a Hagrid a su suerte. Pero antes de tener una respuesta, el ambiente fue interrumpido por un chillido ensordecedor, proveniente de uno de los calabozos frente a ellos. Un chillido bien conocido, que no pudo menos que helar la sangre a los presentes.
- ¿De modo que los bebés han venido a rescatar a su amigo el gigante?- Se mofó la mujer, con su rostro coronado por los oscuros barrotes de su propia celda.
- Bellatrix…- exclamó Harry asombrado. Si bien el cabello de la bruja siempre había sido desgreñado, y su rostro tenía desde antes aquella expresión desquiciada, el espectáculo que representaba ahora, con su ropa desgarrada y sucia, su cabello encanecido y sus labios rojos a fuerza de morderlos, era espeluznante. Más que merecedora del odio que Harry había sentido por ella en otro tiempo, la bruja era ahora digna de la más absoluta lástima.
- ¿En verdad es ella?- preguntó Neville contrariado, acercándose a la celda para comprobarlo.
- ¿Realmente creen que lograrán salir de aquí con vida?- seguía Bella, estallando en carcajadas- ¡Niños tontos! ¡No volverán a ver la luz del día!
- ¡Hazla callar!- gritó Ginny, encolerizada, - O yo misma lo haré.- agregó apuntando con su varita a la bruja, quien retrocedió extrañamente aterrada.
- ¡No! ¡Aléjala de mí, aléjala!- chilló desde el piso de su celda, ganándose una mirada de extrañeza general- ¡Maldita squib! No fui yo quien lo mató, fuiste tú… ¿Cómo iba yo a matar al favorito entre mis primos?
- ¿De qué diablos está hablando?- preguntó Ginny.
- Creo que ahora sí que terminó de enloquecer…- agregó Ron, mientras Luna y Hermione compartían una mirada de comprensión.
- Pobre Bellatrix…- llegó a sus espaldas una voz lejanamente conocida, mientras una serie de rostros emergían de la oscuridad apuntándolos con sus varitas, rodeándolos.- Solía ser una bruja admirable y temida por todos…- siguió Blaise Zabini.- Ahora cualquier traidor de la sangre se burla de ella.
Harry sintió la mano de Hermione aferrarse a la suya y lo invadió el pánico. En la ridícula aceptación de su propia muerte no se había detenido a pensar en ella… En Hermione… En que ella también moriría. Y los demás… ¿Qué había hecho?
- Pero basta de tanto hablar…- siguió Blaise, sonriendo ante el mutismo generalizado de los demás- es mejor que den la vuelta y comiencen a caminar.
-HP-
No fue precisamente el inexistente afecto de primos que podría haber tenido Draco Malfoy por Nymphadora Tonks, ni tampoco un alegato a su tambaleante conciencia lo que le hizo detenerse al ver que la bruja polimórfica era arrastrada a merced de un mortífago por los oscuros pasillos de la gran casona. Lo que lo hizo detenerse y seguirlos en las sombras fue la identidad de aquel mortífago. Recordaba tan nítidamente el rostro macabro de Rodolphus la noche en que Narcisa murió, que no pudo evitar sentir un nudo en el estómago al verlo. Si bien no había vuelto a pensar demasiado en el hombre, desde la noche más nefasta de su vida, en el momento en que lo tubo en frente una serie de sentimientos se arremolinaron en el fondo de su alma, y surgieron en él los deseos más horrendos que había sentido nunca. Nunca, ni aún cuando intento con todas sus fuerzas desear la muerte de Dumbledore. Había llegado incluso a creer en las palabras del anciano. "Tu no eres un asesino, Draco". Pero ahora, a la luz de los nuevos sentimientos que se apoderaban de él, tuvo la certeza de que el torpe anciano se había equivocado, pues todo lo que Draco quería en aquel instante era ver muerto a Rodolphus Lestrange… por sus propias manos.
- Tu madre siempre fue la más hermosa de las tres…- comenzó Rodolphus, en un tono ridículamente jovial.- ¡Oh, si! Andrómeda era la más bella. Lamentablemente también fue la más estúpida, como lo demostró al casarse con un impuro.- En este punto adelantó el paso para quedar justo frente a ella, detenidos ambos en medio de un pasillo sin rumbo.- Es una pena que tú heredaras su misma debilidad por los impuros…- un nuevo paso le dejó a distancia suficiente para tomar la barbilla de ella entre sus manos- Pero también heredaste su belleza… ¡Qué desperdicio!- alcanzó a exclamar, justo antes de sentir que una sombra se deslizaba a sus espaldas. Grande fue su sorpresa al voltearse y descubrir ni más ni menos que al hijo de Lucius Malfoy parado frente a él, apuntándolo con una varita directo a su corazón.- ¡Vaya, vaya! Llevaba tiempo preguntándome cuándo volveríamos a vernos…- Intentó sonreír, pero la gélida mirada del muchacho… no, más bien del hombre que tenía ante él, le hizo comprender que no era el mejor momento para hacerlo.
La tenue luz de luna que alcanzaba a atravesar las inmundas ventanas, iluminaba parcialmente la figura del muchacho, revelando ante los ojos de Rodolphus el gran parecido que había entre él y su padre. Sin embargo, el mortífago no pudo dejar de notar una diferencia: los ojos de Lucius nunca habían reflejado tanto odio ni determinación como aquellas pupilas dilatadas coronadas de mercurio. Y las bellas facciones heredadas de Narcisa, en lugar de suavizar su expresión, daban a esta el aspecto terrible de un ángel macabro.
Incluso antes que Draco pronunciase el hechizo mortal, Rodolphus Lestrange supo que estaba perdido y pensó si habrían sentido así todos los magos y muggles que él había matado antes de ese instante funesto. ¿Habrían tenido también los otros aquella terrible necesidad de encender un último cigarrillo? Los labios del muchacho se movían en cámara lenta ante sus ojos, y el buscó desesperado entre sus recuerdos algún último pensamiento inmortal, alguna última frase impregnada de sabiduría con que afrontar aquel trágico momento de su vida, pero todo lo que salió de sus labios fue un "No".
A los oídos de Draco llegó el ruido sordo que produjo aquel cuerpo al desplomarse contra el piso de piedra, como la confirmación inesperada del crimen cometido. Un crimen deseado, ciertamente, pero que para su desgracia venía a confirmar el hasta entonces tambaleante sello de "asesino". Ya nunca más nadie podría ponerlo en duda. Ni Dumbledore. Ni Granger… Ni él mismo.
Tonks vio como el joven caía sobre sus rodillas contra el piso de piedra, pálido y temblando, con su mirada clavada en algún punto indefinido del pasado, en busca de la inocencia perdida. Y ella pudo comprender todos aquellos sentimientos arremolinados en el alma del joven, y la invadió la extraña necesidad de abrazarlo, queriendo transmitir con ese gesto que su crimen estaba justificado.
- De no haber sido tú…- le susurró al oído- yo misma lo habría hecho.
Y Draco respondió aquel abrazo porque estaba demasiado débil para resistirse, y aceptó aquellas palabras porque eran como un bálsamo para su espíritu, y porque, en el oscuro pasillo con olor a muerte, había nacido en él una suerte de afecto hacia Nymphadora Tonks, un sentimiento de camaradería que no había existido hasta entonces.
-HP-
Harry no habría sabido decir qué ocurrió primero, ni tampoco si fue producto de un frío cálculo o un intento desesperado de Neville por librarse de sus captores. Pero en algún inesperado instante mientras avanzaban por los oscuros pasillos, el entorno se convirtió en un campo de batalla y Harry Potter se vio encerrado en un lóbrego infierno de espantosos gritos, hechizos, maldiciones y quejidos, del que, inesperadamente, él también formaba parte.
En medio de todo, apreció como sus amigos combatían con una furia que él no hubiese esperado por parte de ellos. Ron, que con su varita había petrificado a más de uno, lucía un rostro tan rojo como su cabello, dándole la apariencia de un demonio en la oscuridad. Luna, a su lado, se encargaba de desviar cualquier ataque dirigido al pelirrojo, siendo su varita la causante del mayor número de destellos luminosos que Harry había visto en su vida. Ginny, por su parte, custodiada por un acalorado Neville Longbottom, hacía uso de una serie de hechizos que Harry no recordaba haber visto nunca, pero que resultaron bastante efectivos cuando Blaise Zabini intentó maldecirla.
Y a su lado estaba Hermione… Su Hermione, con el cabello arremolinado y la respiración agitada, dirigiendo a él sus ojos brillantes, entre un hechizo y otro. A veces son su rostro preocupado, y otras, cuando lograba alguna ventaja contra el enemigo, con una clara expresión de complicidad… Era cuando le resultaba más hermosa.
- ¡Harry, cuidado!- gritó ella, y por un segundo el muchacho creyó que todo había acabado. Tan cerca estuvo la hebra escarlata de golpear contra su corazón. Buscó los ojos de su atacante y los encontró en un rostro de rasgos toscos que no había visto antes. Harry se lanzó en dirección a él, pero el mortífago lo eludió y huyó, y en ese momento, el "elegido" vio a Luna de pie, con la varita a un costado de su cuerpo, aparentemente sin usar. Tenía a Ron tomado por los brazos y lo estaba arrastrando para apartarlo de la menguante tormenta de maldiciones, ajena a todo lo demás.
La escena conmovió a Harry como si le hubieran echado un jarro de agua fría. Parpadeó, lanzó un último par de hechizos contra los dos mortífagos que quedaban en el lugar -con tan mala puntería que Hermione debió terminar de inmovilizarlos- y se acercó a Luna y al herido, que ya estaba gris a causa de alguna suerte de maldición macabra que le era desconocida.
- ¿Qué le ha ocurrido?- exclamó Ginny, llegando junto al círculo que comenzaba a formarse en torno a Ron.
- ¿Se han ido todos ya?- preguntó Harry, dirigiendo una mirada en torno al lugar, asegurándose que ningún mortífago quedara en pie… Pero aún quedaba uno: Draco Malfoy emergía desde la oscuridad, seguido de cerca por Nymphadora Tonks.
- ¡Ron!- exclamó ésta, tras distinguir la figura de quien yacía en el piso, acercándose luego hasta él.- ¿Qué le ha pasado?
- Una maldición…- respondió Luna, con su voz quebrada por la angustia.
- Pero no sabemos cuál…- completó Hermione. A los atónitos ojos de Tonks se revelaron las características de lo que había atacado al hijo de Molly. No solo su rostro se tornaba más gris a cada instante, sino que las venas de su piel se marcaban como tortuosas hebras negras a lo largo de todo su cuerpo, y algo parecía haberse apoderado de él, haciéndolo contraerse en convulsiones asincrónicas.- Me temo que sea…
- Magia negra.- completó Draco, acercándose con recelo al grupo de amigos.
- ¿Puedes curarlo?- preguntó Ginny a Tonks, ignorando al rubio por completo.- Por favor, dime que puedes hacer algo…
- No lo sé, Ginny… No conozco ningún hechizo compatible con esto…
- ¿Viene alguien más contigo?- preguntó Luna- ¿sabrán ellos como curarlo?
- Lo siento, Luna… me temo que soy el único miembro de la Orden que está aquí esta noche, y no sé si Ron resistirá hasta que llegue con ayuda…
- Nos matarán antes de eso.- murmuró Draco, ganándose una mirada de pocos amigos por parte del resto.- Además, la comadreja no resistirá tanto tiempo. El "Acoramortis" es una maldición relativamente rápida.
- ¿La conoces?- preguntó Harry. Los ojos de Luna se dirigieron al rubio clamando por auxilio y Malfoy no pudo evitar conmoverse ante aquella silenciosa súplica. "¿Qué habrá hecho la comadreja para merecer su amor?", se preguntó mientras contemplaba sus ojos celestes, pero desistió inmediatamente en su intento de encontrar una respuesta y decidió que, aunque la comadreja no era de su agrado, en nada le sería de provecho su muerte.
- ¿Sabes qué varita se utilizó al conjurar el hechizo?- preguntó directamente a Luna, ignorando a Harry.
- La de él…- dijo la muchacha apuntando con su dedo tembloroso a uno de los mortífagos que yacían en el suelo- logré hacerlo caer con el "Stupify" después que hiciera esto a Ronald.
Malfoy se acercó al lugar, tomando la varita de entre los gordos dedos del enmascarado. Por el amplio espacio que ocupaba su cuerpo, y la forma porcina en que parecía dormir le recordó a Goyle. Pero no se atrevió a quitarle la mascara para comprobarlo. Todo aquello debía quedar atrás… enterrado con lo que él mismo fue en el pasado. Con su cruel inmadurez… y su inocencia.
- Alguien debería encargarse de atar a esos idiotas antes que comiencen a despertar.- sugirió, dirigiendo su mirada a Harry- Podrían ser una molestia cuando lleguen los demás mortífagos.- Tras decir esto, y cerciorarse que Potter y Longbottom lo obedecían, se inclinó junto a Weasley, apuntando la varita de Goyle contra él.- "Oppositus", exclamó y ante los atónitos ojos de los presentes, Ron se incorporó de golpe, tosiendo exasperadamente como si hubiese tragado arena, recuperando poco a poco, un color más parecido al de un ser viviente.
Luna, al notarlo, no pudo evitar lanzarse al cuello de Ronald en un arrojo de infinita felicidad, con lo que vino a entorpecer un tanto que el muchacho recuperase el aliento pero a la rubia no parecía importarle demasiado. Fue mientras Draco apreciaba esta escena que sintió los quemantes ojos de Ginny fijos en él, y respondió a aquella mirada con la suya. La pelirroja sentía un contradictorio agradecimiento atascado en su garganta, pero los pensamientos jamás se convirtieron en palabras… No podía agradecer ahora el salvar la vida de Ron al mismo ser que antes ella había culpado por la muerte de otro hermano. Pero… ¿Y si en verdad no había sido él el culpable de la muerte de Percy? La duda se apoderó de su alma y la vergüenza la obligó a desviar la mirada para que él no supiera lo que estaba sintiendo. Su orgullo herido le impedía dejarle ver la verdad. Y Draco, que no había necesitado de Legimencia para entender todo cuanto la pelirroja estaba pensando, decidió que era mejor así.
Por su parte, Harry Potter, que volvía de asegurar las ataduras de los mortífagos, al ver al pelirrojo con vida, también dirigió su mirada al rubio y se percató, para su sorpresa, que estaba viendo a Draco Malfoy bajo una luz completamente distinta. ¿Sería posible que aquel pusilánime engreído pudiera hacer alguna vez algo de provecho?
- En verdad eres más listo de lo que creí.- le dijo. Malfoy apenas le miró y no se molestó en responder.
- Debemos seguir avanzando.- dijo al cabo de un momento, impaciente.
- ¿Hacia dónde?- preguntó Harry, extrañado.
- Hacia "él"… ¿No era eso lo que querías?- Y Harry debió preguntarse si no tendría razón Malfoy, si no habría llegado ahí, bajo el pretexto de rescatar a Hagrid, precisamente en busca de Lord Voldemort… En busca de que esa noche acabara todo. Y debió admitir que la respuesta era un rotundo "sí".
-HP-
Tom Riddle aguardaba impaciente. Aunque los mortífagos habían fallado en su cometido, el Señor Oscuro estaba convencido de que Harry Potter llegaría hasta él, por un lado, porque no se iría de aquel lugar sin el semigigante, y por otro, porque Potter también sabía -debía saber- que todo tenía que acabar esa noche.
- Mi Señor… ¿Y si intentan huir?- sugirió Blaise, a lo que Tom respondió con una divertida sonrisa. Siempre le habían causado gracia los individuos como Zabini, serviles al extremo de la repugnancia. Sin embargo, debía ser así: debían existir personas como él mismo, nacidos para imponerse a todo el que se deje imponer - los fuertes estaban hechos para eso- y los débiles, como Blaise y los demás, destinados a inclinarse ante ellos.
- No lo hará.- respondió sentencioso, y el joven mortífago consideró prudente guardar silencio. Había tantas cosas que no entendía en la conducta del mago oscuro, como la irracional idea de enviar a Macnair y los otros a Hogwarts, con el fin de entretener a los de la Orden, cuando era ahí, donde solo había dejado un puñado de mortífagos, en su mayoría inexpertos, que se daría la mayor parte de la acción. Sin embargo debía obedecer, por temor más que por lógica. ¿Y cómo no temer a aquel hombre, cuando se hallaba precisamente en el salón que había sido testigo de más de una tortura imborrable, de más de un castigo excepcional?. Las antorchas que rodeaban la gran sala circular otorgaban a esta un aspecto aún más tétrico, y el gran Arco de Piedra que el mago había insistido en hacer traer desde el Ministerio como un trofeo ridículo, coronaba el espectáculo aportando su cuota de tenebrosidad. En estos lúgubres pensamientos se encontraba cuando el grupo de muchachos que esperaban hizo su ingreso al lugar y los ojos del "Elegido" quedaron fijos en los de quien alguna vez fuera Tom Riddle.
-HP-
Harry sintió el peso de la mirada del mago oscuro. Sin embargo, los ojos de Voldemort no expresaban nada, no comunicaban nada. No se podía reconocer nada tras ellos. No eran ojos humanos.
- ¡Nuestro invitado de honor!- celebró Riddle, con una absurda reverencia. Harry no alcanzó a responder, cuando se vio rodeado por un nuevo grupo de mortífagos, con Zabini en medio. Notó el intercambio de miradas que hubo entre éste y Malfoy; el débil temblor que se apoderó de Neville; el entrelace de manos de Luna y Ron; la determinación en los ojos de Tonks; y la dulce mirada de Hermione fija en él.- Veo que has traído compañía… ¿Nuevos amigos?- sonrió al ver a Draco entre ellos.- No es necesario que los sacrifiques, ¿sabes? Esto bien puede resolverse solo entre tu y yo.
- Lo se.- se adelantó a decir Harry, antes de que Ginny lograse hacer su ferviente promesa de ir con él hasta la muerte.- Y así debe ser.- dio un paso hacia delante con determinación. Hermione intentó retenerle, pero un mortífago se interpuso entre ambos, cercándole el camino. Lo mismo le ocurrió al resto, que de pronto se vieron rodeados por un estrecho anillo de Mortífagos sonrientes. Al notarlo, el pánico se apoderó de Harry.- ¡Déjalos ir!- gritó hacia Voldemort, pero el mago oscuro apenas y amplio su sonrisa.
- A estas alturas, debieses saber que no puedo hacer eso…- Harry intentó alegar que era solo a él a quien quería, pero nada pudo decir, pues sintió un espiral viviente estrecharse en torno a su cuerpo, cortándole la respiración necesaria para hablar.- Entonces… ¿Está el "Gran" Harry Potter listo para enfrentar la muerte?...
Fue en ese instante que lo sintió: un estruendoso ruido estalló en el gran salón circular y un segundo después, Nagini cayó a sus pies como un animal inerte, liberándolo de la presión que ejercía sobre los pulmones de Harry Potter. Un grito enardecido del mismo Voldemort secundó aquello, y mientras Harry intentaba recuperar el aire, vio la negra figura de Antigona Abegnielle materializarse justo en medio del círculo cercado de mortífagos, haciendo a estos retroceder de asombro y horror. Y es que en verdad daba miedo: sus ropajes danzaban al son de un viento inexistente y su velo ondeaba en medio de la oscuridad como un amenazante líquido negro. Su mano estaba alzada en dirección a Nagini, evidenciándola como culpable de su muerte.
Tom Riddle la reconoció al instante. Aunque no había esperado contar con su presencia en aquel lugar, algo muy en el fondo de lo que alguna vez fue su alma esperaba que ella acudiese hasta ahí, ya fuera en auxilio de Potter, o en busca de su propia venganza. Algo muy parecido a la nostalgia se apoderó de él y de no haber estado tan decidido a acabar con Harry Potter aquella noche, se habría tomado su tiempo para enfrentarla y dejarla nuevamente a su merced… Pero ya habría ocasión para eso. Lo importante entonces era el muchacho, quien había aprovechado el instante de distracción del mago oscuro para recuperar su varita y dirigirla contra él.
- ¡Acci…!- intentó decir Harry, siendo detenido en mitad del hechizo sin compasión por la maldición "Cruciatus".
- ¿En verdad crees que tus ridículos hechizos de estudiante pueden servirte de algo?- se burló mientras Harry se retorcía de dolor a escasos metros de él.- ¡"Crucio"!
Hermione, ante los gritos de Harry intentó desesperadamente acudir en su ayuda, pero una fuerza invisible la retenía en su sitio contra su voluntad y le bastó con dirigir sus ojos a Antigona para comprender que era la causante de ello. Entonces se convirtió en inmóvil testigo de lo que ocurría: la mujer no solo parecía mantener a todos sus amigos, incluido Malfoy, clavados en su sitio, sino que una extraña fuerza se apoderaba de los mortífagos en torno a ellos y estos palidecían de dolor, víctimas del poder macabro de la bruja. Algunos, como Zabini, huyeron a rastras de la masacre. Otros, los menos afortunados, convulsionaron un par de veces para luego no moverse más. Hermione recordó entonces las palabras de Víctor Krum al relatarle la inverosímil muerte de Dolohov y la participación que Antigona debió tener en ella.
Fue entonces cuando la bruja alzó su mano en dirección al lugar donde Lord Voldemort torturaba al "Elegido", pero, contrario a lo que Hermione esperaba, no lo hizo para atacar al mago, sino al pilar de piedra, donde, por un instante, el negro velo pareció convertirse en un espeso líquido negro, pero solo por un instante. Luego, la negra tela ondeó, llamando la atención del Mago Oscuro… Y la de Luna.
- ¡El velo!- gritó la joven extasiada.- ¡Están detrás del velo!
- ¿Quiénes? ¿Quiénes están ahí, Luna?- preguntó Ron a su lado.
- Ellos… Todos… ¡Son tantos!…
- ¿De qué habla?- preguntó Ginny, intentando inútilmente liberarse de la extraña fuerza que la obligaba a mantenerse en su lugar
- Es verdad…- masculló Neville.- También yo los oigo.
- Señorita Granger…- se oyó por primera vez la voz de la bruja, volteándose hacia Hermione y extendiendo hacia ella una daga de arcaica empuñadura. La joven se sintió repentinamente liberada del hechizo que la mantenía pegada al suelo y comprendió en un segundo lo que la mujer estaba pidiendo.
- ¡No, Hermione! ¡No lo hagas!- gritó Luna al comprender lo que ocurría.
- Sólo usted puede hacerlo…- alcanzó a decir Antígona, antes que Lord Voldemort pusiera sus ojos en ella y la lanzara por los aires, con un movimiento de su varita.
- De modo que has venido…- se burló el hombre. – En cierto modo te he estado esperando, mi querida Orual…- siguió. La bruja, que minutos antes había dejado una sembradía de muerte a su paso, parecía a los pies del hombre un animal desvalido y temeroso.- Me alegra comprobar que tus poderes han aumentado más allá de lo que yo imaginaba.- se inclinó ante ella- Es una lástima que no te sirvan de nada contra mí. ¿Lo sabes, verdad? Es por ello que ni siquiera lo has intentado.- sonrió- El guardar una parte de mi alma te priva del derecho a destruirme. Por eso debías ser tú, como ya te expliqué la última vez que nos vimos… ¿Fue hace tanto?- se burló macabro.- Me pregunto si tu rostro sigue siendo tan hermoso.- Aunque la mujer intentó huir a sabiendas de lo que ocurriría, bastó un movimiento de la varita del mago para hacer desaparecer el espeso velo negro, revelando su cabello encanecido y su rostro apergaminado y amarillento. Sus ojos apenas conservaban el celeste que Tom Riddle recordaba y en ellos se apreciaba un odio sin frío ni fuego, pero de una ira implacable.- Lamento decir que los años no han sido contigo más indulgentes que conmigo mismo…
- Avada…- se oyó la voz a sus espaldas, pero Voldemort logró girarse a tiempo para evadir el fallido intento de Harry.
- ¡Niño tonto!- gritó, tras lanzarlo nuevamente por los aires hasta dar contra una columna pequeña, dispuesta a modo de sitial en un rincón de la sala, que al recibir el impacto de Harry contra ella, se tambaleó y dejó caer, a pocos centímetros del muchacho, lo que parecía un cofrecillo de escuetas dimensiones. Pero Harry no tubo tiempo de reparar en él.- ¿Es que aún no has entendido que no puedes matarme? De nada te servirá tu hechizo mientras el último Horcrux siga vivo…
Fue ante estas palabras que Hermione tembló, no porque fuera algo que no sabía, pues estaba al tanto de la necesidad de destruir hasta el último horcrux, sino porque fue entonces, y recién entonces, que comprendió que Antígona tenía razón… Destruir el último Horcrux era su deber, sin importar las consecuencias que esto tuviera. Lanzó una última mirada a Luna, quien, comprendiendo lo que ocurriría luego, intentó desesperadamente lanzarse a detenerla, pero la fuerza que la mantenía pegada al piso se lo impidió. Gritó hacia la joven, pero Hermione siguió su camino en dirección a la bruja, con la daga fuertemente apretada en una de sus manos. Dirigió entonces su mirada a Harry, quien se escudaba inútilmente de los cruciatus de Voldemort, que parecía regocijado en su propio monólogo.
Antígona la esperaba, hincada en su sitio, en señal de punición. Como Hermione titubeó al colocar la daga sobre su pecho, fue ella misma quien ubicó la punta de esta justo en el lugar donde debía estar su corazón.
- Por favor…- suplicó a la joven- Yo no puedo hacerlo…- Y Hermione comprendió entonces el dolor que había tras aquella petición y pensó que su propia muerte no era nada comparado con lo que Orual había pasado para llegar hasta ese momento… para anhelar de aquel modo su propia destrucción. Hundió la daga en el pecho de la mujer y ésta le respondió con una mueca agradecida y una inesperada expresión de alivio. Anonadada, la joven vio como el macilento rostro, recobrara ante sus ojos las perfectas formas que tuviera en otros tiempos, mientras el propio peso del cuerpo de la bruja, la hacía caer al piso de piedra y quedarse ahí, sin fuerzas.
- Régulus…- alcanzó a decir, extendiendo débilmente una de sus manos hacia una imagen que Hermione no pudo ver, pero que estaba ahí, entregando una caricia invisible a quien alguna vez fuera Orual Black y que ahora, tras una larga vida de caminar por las sombras, exhalaba su último suspiro.
Hermione se mantuvo ante el bulto inerte atónita, expectante. Por unos segundos, en que pensó que quizá Luna estaba equivocada, que quizá no moriría después de todo, el tiempo pareció detenerse y sintió un vendaval arrollador que precedió a la salida abrupta de centenares de espectros informes a través del negro velo del arco de piedra. Todos ellos acudieron a detener al mago oscuro cuando alzaba su varita hacia Harry, formando un torbellino de figuras fantasmales que le arrastraban consigo impidiéndole cualquier movimiento. Hermione quiso correr hacia Harry y gritarle que ese era el momento, que Voldemort había vuelto a ser humano, pero los músculos no le obedecieron, y las palabras no salieron de su boca. Lentamente, fue cayendo al piso, y sus ojos se nublaron… Y vio a una transparentada Orual, de pie junto a su propio cuerpo muerto… Y a Regulus Black, junto a ella, sonriéndole.
- "Todo saldrá bien"- le dijo y tras esto, Hermione ya no pudo ver ni sentir nada más.
Harry no se percató de esto. Tan absorto estaba al reconocer entre el desfile de fantasmas los rostros de sus padres, de Sirius, y de Dumbledore.
- Harry…
- Hazlo…
- Ahora…
- Ahora, Harry…
- Cariño, hazlo…
Las voces sonaban como un eco que retumbaba en sus oídos una y otra vez mientras Voldemort, a merced del torbellino de almas, pretendía inútilmente incorporarse. De pronto, sus ojos encontraron los de Harry, y el muchacho comprendió que era el momento. La maldición imperdonable salió de sus labios con una naturalidad inesperada y Tom Marvolo Riddle que era aún inconciente de su recién adquirida mortalidad, no tuvo tiempo de elaborar una sola estrategia para librarse de aquel temido destino, común a todos los mortales, del que había huido durante toda su vida. Nadie habría imaginado jamás que su último pensamiento estuvo dirigido a aquella madre que jamás conoció y a la incontestable pregunta de ¿qué habría ocurrido si ella no hubiese renunciado a la vida, dejándolo a su suerte? ¿Habría sido distinto el final si hubiese existido alguien, cualquiera, que pudiera enseñarle el significado de aquella palabra que siempre le resultó absurda y vacía… que le hubiese enseñado lo que es el amor? Pero antes de encontrar una respuesta a sus pensamientos, él, Lord Voldemort, el mago más poderoso de todos los tiempos, cayó como un bulto inanimado sobre el frío piso de piedra… Y se quedó ahí, para no volver a levantarse jamás.
Una a una, las almas fueron transformándose en puntos luminosos que desaparecían al instante. También los padres de Harry… También Sirius… Y Dumbledore… También Remus Lupin, ante los angustiados ojos de Tonks, apenas dejando tiempo para un último adiós. Un instante después, ya no existía velo negro, ni tampoco Lord Voldemort. Todo había acabado y Harry, atónito ante el inverosímil resultado de aquel enfrentamiento, se giró sobre sus pies para encontrar los ojos de la única persona con quien quería compartir ese momento… Pero lo que encontró fue algo bien distinto: Luna Lovegood sostenía la cabeza de la joven que, tendida en el suelo de piedra, era presa del pálido color de la muerte.
- ¡Hermione!- gritó, corriendo hacia ella, alzándola del frío suelo e intentando desesperadamente despertarla. Pero la joven se deslizó entre sus brazos, fría y sin vida, como él mismo la había visto otras veces, en sus más terribles pesadillas. Pero Harry comprendió que de este mal sueño no despertaría nunca, pues era el precio a pagar por su victoria. Un precio que el consideró demasiado alto…
-Fin del Capítulo 16-
TATA TATANNN!! Me siento extrañamente poderosa ahora que soy la única que conoce el final de este fic, que ya está escrito, pero que necesita ser exhaustivamente revisado para completar esta historia con la calidad que ustedes, mis fieles – y no tan fieles- lectores merecen.
Les ruego disculpen la demora de este capítulo, pero ni se imaginan la de contratiempos que he tenido con los computadores… Sin embargo pronto, muy pronto, tendrán el capítulo 17 y final.
Un cariñoso saludo a todos, y recuerden que entre más reviews recibo, más rápido escribo… je je je.
Su humilde servidora, Alexandra Riddle.
