Draco y Hermione en un juego tocan una piedra entre las cosas extrañas de Tonks… Una que es para reconocer almas gemelas

CAPÍTULO 17: EL FIN DEL PRINCIPIO

"¡Detente! Eres, tan hermosa.

La huella de mi vida no puede quedar sepultada en la nada.

Basta el solo presentimiento de aquella felicidad sublime

Para hacerme gozar mi hora inefable".

- Muerte de "FAUSTO", Göethe.

Luna Lovegood tenía la extraña sensación de que todo transcurría en cámara lenta y ella era la única espectadora, la única capaz de visualizar el cuadro en su totalidad y ver más allá… Ver lo que otros no podían.

Desde el día en que la creación del último horcrux, encarnado por Orual, diera origen a aquel horrendo velo negro, el alma de cada mago que moría quedaba atrapada tras él, impidiéndole tomar su camino y alimentando con su poder al mago que lo creó.

Tras él estaba Regulus Black, que sin que Luna lo supiera hasta ahora, había rondado sus sueños desde niña, preparándola para ese momento, para que no huyese horrorizada cuando las almas fueron liberadas, para que oyese lo que debían decirle. Eran tantos rostros juntos, la mayoría desconocidos para ella. Pudo ver a Regulus de pie junto a Orual y a Hermione, frente a ellos, cayendo lentamente, sin poder hacer nada para detenerla.

- "Debía ser así"- dijo alguien a su lado.

- "¿Por qué ella?"- pregunto Luna con las lágrimas agolpadas en sus ojos.

- "Porque solo el amor podía detener al mago oscuro…"- susurraban las voces.

- "Solo el sacrificio por amor podía destruir el horcrux…"

- "Y ella lo amaba…"

Recién entonces, Luna fue consciente de que Lord Voldemort había caído y que las almas, libres al fin, se iban desvaneciendo poco a poco.

- "¿Y ahora?"- preguntó, inclinándose junto a Hermione, siendo la primera en tomar consciencia de su muerte.

- "Recuerda, Luna…- sonó junto a ella una voz dulce y cálida, que la joven reconoció al instante como la voz de su madre.- Debes recordar...". En un instante todo quedó en silencio, y entonces vio a Harry caminar hacia ella e inclinarse junto a la joven caída. Apreció el horror en su rostro, la desesperación al comprender lo ocurrido. La abrazaba con vehemencia, besando sus labios como si intentará traspasarle su propia vida a través de ellos; acariciando la piel de sus brazos, ahora fría y sin vida, como lo hacía en las noches de otros tiempos; hundiendo sus manos en el castaño cabello, como lo hacía cuando acercaba sus labios al oído de ella y le decía que la amaba.

Durante el tiempo que duró el triste cuadro nadie dijo nada. Ni Ron, confundido entre el dolor que le provocaba la muerte de la joven, y los inesperados sentimientos de su amigo; ni Ginny, que más que dolida por su amiga muerta se sentía repentinamente traicionada ante una verdad que nunca quiso ver. Y aún así, se compadeció de Harry y su dolor lo suficiente como para mantenerse en silencio. Tampoco Tonks se atrevió a sugerir que debían ir por los de la Orden, ni Malfoy pensó en dejar el lugar, como había prometido hacerlo cuando Voldemort hubiese muerto. Ni Neville se atrevió a llorar, como habría querido, pues el triste lamento de Harry Potter no dejaba lugar para el dolor de nadie más.

- No puede morir…- dijo Harry al fin, alzando el rostro hacia los demás y con tal determinación en él, que parecía un loco. – Debe haber un modo de traerla de regreso.- el silencio que secundó aquello duró largos segundos.- No me miren como si estuviera loco. Sé que hay un modo… Siempre lo hay.

- Harry,- se adelantó Tonks, con un tono más apagado del que utilizaba habitualmente.- Yo mejor que nadie entiendo lo que estás sintiendo, pero…

- ¡No, no lo entiendes! Acabo de ver a mis padres, a Sirius, incluso a Dumbledore… Si Hermione en verdad estuviese muerta, su alma habría estado junto a mí.

- Oh, Harry…- siguió Tonks.- yo tampoco he visto a Remus, pero sé que ha muerto.

- Tú no lo has visto…- interrumpió Luna, con los ojos aún fijos en Hermione, como intentando resolver un enigma- pero estuvo a tu lado. Nos es difícil ser conscientes de aquello en lo que no creemos.

- Pero eso no cambia las cosas…- siguió Ginny- Lo que Harry quiere es imposible.

- Para los muggles, la magia también es imposible…- siguió Harry.- Y para la mayoría de los magos, muchos de las cosas hechas por Voldemort también lo eran.

- Pero Voldemort utilizaba magia negra…- interrumpió Neville.

- ¡Pues recurriré a ella entonces!- gritó Harry, instaurando el silencio entre todos.- ¿No lo entienden? Estoy dispuesto a todo con tal de recuperarla.

- Quizá haya un modo…- sugirió Luna con su voz suave, atrayendo hacia ella la mirada de todos.- Ellos lo sabían… Regulus dijo que había un modo, yo creí que era alguna alternativa para evitar el sacrificio de Hermione, pero no se refería a eso… Y mi madre… ella… ¡Ahora entiendo!

- ¿De qué estás hablando, Luna?- preguntó Ginny alzando una ceja.

- Cuando era niña, mi madre siempre hablaba sobre una poción que el Ministerio mantenía oculta. Una poción que muchos magos habían perseguido durante siglos, pues era capaz de hacer lo que ningún otro hechizo podía…

- Revertir la muerte…- completó Tonks, como si recordase algo.

- Mi madre trabajaba en su laboratorio para crear una poción capaz de hacer lo mismo cuando murió…- siguió Luna- los del Ministerio dijeron que lo merecía por involucrarse con magia negra… Pero ellos no entendían. Es verdad que es magia negra lo que la custodia, es por ello que tantos han muerto intentando utilizarla… Pero fue creada por amor…

- La poción de vida…- completó Malfoy.

- Pero eso es un mito…- dijo Ron, contrariado.

- No creo que fuese solo un mito cuando el mismo Señor Oscuro estaba tras ella.- siguió Malfoy- Bellatrix siempre hablaba de cuanto deseaba tenerla en su poder.

- Y la consiguió.- agregó Tonks.- Hace unos meses, durante uno de los asaltos al Ministerio, el propio Voldemort logró abrir la puerta infranqueable y robar el cofre que guarda la poción…

- ¡Un cofre!- exclamó Harry recordando aquel que él mismo había hecho caer.- ¿qué tipo de cofre?

- Mi madre tenía bosquejos de el por todas partes. Era de madera, pequeño y sin adornos…

- ¿Cómo ese?- de pronto, todos los ojos cayeron sobre el pequeño objeto abandonado en el piso, al que Harry apuntaba con una extraña expresión en el rostro. Besó la frente de Hermione y depositó su cabeza tiernamente sobre el frío piso de piedra, echando a caminar en dirección a su única esperanza para salvar a la muchacha.

- ¡ No, Harry!- intentó detenerle Tonks, alcanzándolo por el brazo- Aunque la poción siga en el interior del cofre, es magia negra lo que la custodia.

- ¿Qué tipo de hechizo?- preguntó Ron cuando Harry, pese a las palabras de la bruja, seguía su camino y ubicaba el cofre sobre el pilar del que le había hecho caer.

- No se sabe con certeza, pues de quienes lo han intentado, nadie ha vivido para contarlo.

- ¡Harry, no lo hagas!- se lanzó Ginny hacia él, con el horror pintado en su rostro.- Ni el mismo Voldemort pudo abrirlo… Si lo haces no solo perderemos a Hermione sino también a ti…

- Debo hacerlo…- respondió, sin despegar los ojos del cofre- Le prometí que haría lo que fuera necesario para estar con ella…

Un cuchillo en el corazón no habría podido provocar en Ginevra Weasley más dolor que aquellas palabras. Ron, atribuyéndolo al dolor que causa la no correspondencia del amor, la atrajo hacia si, tanto para consolarla, como para dejarle el camino libre a Harry. Extrañamente, sabía que Harry debía hacerlo y los antiguos sentimientos que alguna vez creyera tener por Hermione no lograban empañar su admiración por el joven. Después de todo, así debía estar escrito.

- Harry…- le llamó.- Sé que podrás hacerlo.

Y Harry agradeció sus palabras. De pronto se sintió transportado a aquellos tiempos en que junto a Ron y Hermione, creía tener las fuerzas necesarias para enfrentar al mundo, y comprendió que, de no haberla amado como lo hacía, su sola amistad habría sido suficiente para ir por ella donde fuese.

Harry tendió sus manos hasta el cofre para abrirlo y aunque Tonks hizo un último gesto para detenerlo, fue el propio Malfoy quien la detuvo. Una intensa luz salió desde el cofre cuando estuvo abierto, encegueciendo a todos los presentes y para cuando volvió a cerrarse, el "Niño que vivió" había desaparecido.

-HP-

Lo primero que Harry sintió fue una cálida presencia en torno a él. Luego comprendió que eran más de una, aunque el exceso de luz le impedía ver nada. Poco a poco fue acostumbrando sus ojos al entorno y comenzó a oír sus voces, secundadas de una suave melodía.

- Tienes poder y fortuna…- dijo una de ellas.

- Tienes fama y juventud…- le susurró otra al oído.

- Tienes belleza…- oyó a sus espaldas.

Las tres mujeres lucían una piel brillante parcialmente cubierta por un traje de luz. Sus cabellos, largos y plateados, flotaban al compás de un viento inexistente.

- Dinos, Harry…- sonrió una con su bello rostro muy cerca de los labios del joven.- ¿qué has venido a buscar?

- La poción de vida…- respondió, con voz firme.

- Olvida la poción

- Nosotras te podemos dar mucho más…

- Serás el dueño del mundo…

- Con solo pedirlo…

- Serás inmortal…

- Con solo desearlo…- seguían las voces con su canción. Harry comenzó a sentirse mareado. Ante sus ojos pasaban imágenes de él mismo rodeado de un sinfín de mujeres hermosas que lo acariciaban. En otra, llevaba una larga capa negra y los magos y brujas de los más altos cargos se inclinaban ante él… Poco a poco, el rostro de Hermione iba perdiendo nitidez en su memoria y este hecho lo aterró.

- Necesito la poción de vida.- gritó.

- ¿Todos tus deseos por una poción?- preguntó una voz acariciando su rostro.

- ¿Por un frasco inservible?...

- ¿Por un líquido inútil?...

Las voces comenzaban a confundirlo, llevándolo a pensar en que la poción bien podría ser un engaño. Las voces prometían tantas cosas que poco a poco comenzaban a parecerle deseables. Pero ninguna de ellas incluía a Hermione.

- Hermione… - susurró, y la danza de las mujeres pareció detenerse. Harry cerró los ojos para intentar recordar el rostro de la joven, recordar por qué estaba ahí.- Quiero la poción para recuperar a Hermione.

- ¿Y renunciarás a todo el poder que podrías tener solo por ella?- preguntó una voz, distinta a las otras. Al abrir los ojos, Harry se percató de que el escenario había cambiado abruptamente. No había música, ni imágenes rodeándolos. Todo era luz y silencio. Frente a él, una mujer de larga cabellera rubia y vestida de blanco, estaba de pie ante el pilar que sostenía un frasco de ínfimas proporciones, donde se alcanzaba a atisbar un líquido celeste.- Dime, Harry Potter.- siguió la mujer con sus ojos serenos fijos en él.- ¿Renunciarás a todo por ella?

- Si.- contestó firme- A todo.- la mujer sonrió.

- ¿No entiendes cuánto poder tienes ahora, verdad? ¿Aún no comprendes como funciona la magia? Todo el Poder que Tom Riddle utilizó para el mal, tras su muerte, ha sido traspasado a ti, para que lo utilices a favor del bien. Tú eres ahora el custodio del mundo y mientras tú tengas ese poder no podrá existir otro Señor Oscuro. Pero… Si lo que quieres es la Poción de Vida, deberás renunciar a ese poder y conformarte con ser un mago ordinario, y es que una misma persona no puede tener ambos. Amor y Poder nunca han sido compatibles…

- Estoy dispuesto a ello.

- ¿Y a ver como se alza un nuevo Señor Oscuro, sin poder hacer nada para evitarlo? Porque ocurrirá, Harry Potter… Si tú renuncias a ese poder, este no puede quedarse en el aire… Necesita de un mago que lo alimente… Así es como funciona la magia… E irá a aquel que más lo desee y hay tantos magos esperando por él, que podrían hacer cosas tan grandiosas como terribles con ese poder… Basta que mires entre los que están cerca de ti…- sonrió- Y cuando "Él" comprenda lo que tiene en sus manos, no existirá un Harry Potter que lo detenga…

- Pero habrá otro…- alegó. Debía recuperar a Hermione sin importar las consecuencias.

- Pero en muchos, muchos decenios más… Dime ahora, ¿estás dispuesto a condenar al mundo con tal de recuperarla?...

Y Harry asintió sin dudar.

- HP-

No habían pasado ni dos minutos desde que Harry desapareciera, cuando el cofre volvió emanar un destello luminoso, quedando abierto a los ojos de todos, con Harry de pie frente a ellos.

- ¿Lo conseguiste?- fue la pregunta angustiada de Ron y nuestro héroe enarboló el celeste líquido contenido en el frasco, ante la atónita mirada de los presentes. Luna, quien sostenía la cabeza de Hermione, se apresuró a incorporarla de modo que pudiera beber la poción que Harry acercaba a sus labios, y cuando el frasco estuvo vacío el milagro se produjo.

Un intenso brillo emanado del cuerpo de la joven envolvió el lugar, encegueciéndolos. Y cuando todo volvió a ser iluminado apenas por la tenue luz de las antorchas, Hermione abrió los ojos y los fijó en Harry, quien sin aguardar un minuto más cubrió los labios de ella con los suyos impidiéndole decir nada.

"…Basta que mires entre los que están cerca de ti…", resonaron las palabras de la mujer en su cabeza y al abrir los ojos se encontró con la gris mirada de Draco Malfoy puesta en él. Una mirada que no comunicaba nada, que no decía nada. "…cuando Él comprenda el poder que tiene en sus manos, no existirá nadie capaz de detenerlo…" seguía la voz en su cabeza, y entonces, mientras sus amigos se abalanzaban sobre ellos festejando el feliz final, el rubio dio media vuelta y desapareció, devorado por las sombras del pasillo. Y Harry comprendió.

- Es él…- dijo, ganándose la atención de los demás.

- ¿Qué dices?- preguntó Hermione sin entender. Harry volteó sus ojos hasta encontrar los de ella y se perdió en el infinito amor que estos irradiaban. Había condenado al mundo por tenerla y lo volvería a hacer una y mil veces.

- Ya no importa…- sonrió besando su frente.- Lo único importante es que te tengo junto a mi.

-HP-

El Profeta, liderado por Ritta Sketter se encargó de convertir a Harry Potter en el innegable héroe del mundo mágico. El mismísimo Ministro, con una poco convincente sonrisa, acudió a fotografiarse dando la mano al "Elegido", para aparecer al día siguiente en las principales portadas a nivel mundial. Estaba convencido de que esto le aseguraría el cargo por un par de años más. Incluso los miembros del Ministerio que participaron como integrantes de la Orden del Fénix, y que en otros tiempos él mismo Slughorn habría mandado a Azkaban por su traición, eran ahora condecorados y exaltados por su gloriosa labor. Así, la población mágica no podría dejar de reconocer el importante papel que el Ministerio había tenido en la caída de Lord Voldemort – a quien ahora, estando muerto y enterrado, se atrevían a llamar por su nombre.

Por supuesto, jamás se dio a conocer el hecho de que Nimphadora Tonks fue el único miembro de la Orden presente al momento de la muerte de Tom Riddle, y que el resto de ellos no llegó al lugar sino horas después, cuando comprendieron que el ataque a Hogwarts no era más que un distractor. Tampoco se mencionaron los hechos tal cual habían ocurrido, sino la versión de Sketter, más fecunda en melodramas, que incluía a un Harry torturado hasta el extremo de lo que se puede soportar y que, "…en el último momento, invocando el recuerdo de sus padres muertos, conjura el hechizo final que habría de acabar con el mago oscuro".

Antigona Abegnielle jamás fue mencionada, como tampoco lo fue el sacrificio de Hermione, la liberación de las almas tras el velo negro, o la poción de Vida. Y es que Ritta Sketter había considerado que la historia, contada tal cual fue, era algo demasiado difícil de asimilar para la población general, y el lanzamiento de la historia verídica en el Sofista, una semana después, demostró que la buena de Ritta no se equivocaba: no solo fue un fracaso de ventas, sino que además, muchos consideraron que al autor se le debía haber zafado un tornillo como para inventar algo tan ridículamente absurdo.

Mientras tanto, la Mansión de Grimauld Plase, punto donde se desarrolló gran parte de esta historia, se preparaba a quedar tan vacía como lo había estado años atrás. Hermione regresaría junto a sus padres, llevando a Harry con ella. Ron y Ginny volverían a la madriguera con su madre. La señora Longbottom había acudido a preparar las cosas de su nieto para regresar con él a casa, orgullosa a más no poder ahora que su nombre aparecía entre los héroes del momento. Y Luna… aguardaba por su padre.

Ron jamás se había sentido tan triste como en el momento en que la separación se hizo inevitable. Si bien se reunirían todos cuando Hogwarts volviera a funcionar, para comenzar el año que tenían pendiente – y es que ni aún el hecho de ser héroes les excluía de la necesidad de obtener ese cartón para ser considerados magos de verdad- la idea de separarse de aquella pequeña bruja, a cuya tranquila presencia se había acostumbrado, le provocaba una inesperada sensación de vacío.

- ¿Escribirás?- preguntó a la joven, aprovechando un momento en que quedaron a solas al pie de la escalera principal. Luna, envuelta ya en su capa, recorría el entorno con sus grandes ojos celestes atesorando cada recuerdo que tenía de los meses transcurridos en aquellas cuatro paredes, un encierro que solo ella podría haber disfrutado.

- Claro que lo haré, Ronald.- sonrió, mirándolo como si Ron acabara de hacer la pregunta más estúpida del mundo.- Y tú… ¿Me extrañarás?

Nada habría preparado a Ronald Weasley para una pregunta como aquella. Intentó pensar que había sido hecha en el tono amistoso y hasta jocoso que podría haber utilizado Harry o algún otro. Pero el rostro de la joven dejaba bien en claro la intención de la pregunta, así como también la respuesta que esperaba. Su mirada expectante y sus labios entreabiertos eran más de lo que Ron podía aguantar y de no ser por su naturaleza tímida, y su reticencia a las explosivas demostraciones de afecto, la habría besado ahí mismo.

- Cada segundo del día…- Y Luna comprendió los sentimientos escondidos tras aquella respuesta y un brillo especial se fijó en sus ojos cristalinos. Inesperadamente se abalanzó hacia él, alzándose sobre sus pies para depositar un casto beso en la mejilla de un ya colorado pelirrojo, quien, tras unos segundos de dubitación, la envolvió en un tierno y prolongado abrazo.

-HP-

- La casa es tuya, Potter.- Dijo Malfoy llegando junto a Harry, que aguardaba por Hermione en el salón principal.

- Gracias…- atinó a responder el joven- Significa mucho para mí, dado que perteneció a Sirius y…

- Si en verdad crees que lo hago por eso, entonces eres más tonto de lo que pensé.- y antes que Harry pudiera agregar algo, añadió- Sólo llevaré conmigo al Elfo.

- ¿Kreacher?

- ¿Hay algún otro?

Harry observó sus ojos por largo rato sin intención de responder. Por el tono burlón de la voz de Malfoy, había llegado a pensar que el rubio seguía siendo el slytherin mimado y sarcástico que todos conocían, pero la frialdad de sus ojos grises impedía a Harry tener tal esperanza. Draco Malfoy jamás volvería a ser un malcriado e inofensivo slytherin, y Harry se preguntaba si no sería posible cambiar el final que aquellos ojos de mercurio presagiaban.

- Malfoy…- comenzó, buscando las palabras adecuadas.- debes saber que en este mundo son nuestras decisiones las que marcan nuestro camino… Nadie está predestinado a nada y creo que estos meses lo han demostrado… Tú, siendo Slytherin e hijo de Lucius Malfoy, debiste haber estado de lado de Voldemort como todos esperaban y sin embargo estuviste con nosotros… Del lado correcto.

- ¿A qué le temes, Potter?- sonrió, examinando la mirada de Harry. Y el Héroe del mundo mágico comprendió que en verdad tenía miedo… Miedo a algo de lo cual Malfoy aún no tenía conciencia… pero la tendría.

- ¿Te vas ya?- interrumpió Hermione llegando junto a Harry y apuntando hacia la única maleta de Malfoy, quien asintió en respuesta, evadiendo la mirada indagadora de Potter.

- No hay nada que me retenga aquí.

- Es cierto… Ahora que el mundo sabe de qué lado estuviste siempre…- Draco hizo una mueca que Hermione entendió. Aunque Sketter se había encargado de enaltecer su imagen como el "Slytherin Bueno" que ayudó a derrotar al Señor Oscuro, Malfoy no se sentía orgulloso de ello, pero había terminado aceptándolo como una parte inevitable en la evolución de su vida y su carácter: un condimento más a todo cuanto había sufrido.- Bueno… ahora que saben que nos ayudaste, puedes recuperar tu herencia e ir donde quieras y hacer lo que quieras, ¿verdad?

- Supongo.- respondió frío.

- ¿Nos veremos en Hogwarts entonces?- siguió ella a lo que Malfoy respondió con una mirada extraña. ¿Realmente pensaba Granger que regresarían a Hogwarts y que todo sería como antes?

- Si.-mintió.

- ¿Sabes? Si no tienes un mejor lugar a dónde ir durante las vacaciones, puedes ir con nosotros a Londres. Mis padres estarán encantados de recibirte, y aunque sean muggles, verás que pueden ser increíblemente agradables.- dijo Hermione sincera y Draco estuvo a punto de enternecerse con sus palabras. ¡Si tan solo no hubiese sido hija de muggles!

- Gracias. Pero tengo otros planes.- una mueca de decepción se pintó en los labios de Hermione que terminó por conmover lo que quedaba por conmover en la alma del rubio- ¿Sabes, Granger?- dijo, tomando su maleta desde el piso y dirigiendo su mirada a ella.- De haber sido otras las circunstancias, creo que tú y yo habríamos sido buenos amigos.- sonrió, ante la atónita mirada de Harry.

- ¿En verdad lo crees?- preguntó ella esperanzada.

- No… Pero pensé que te gustaría oírlo.- sonrió cándido, extendiendo su mano hacia ella.- Adiós, Hermione Granger.

- Adiós, Draco Malfoy.

Harry pensó que esa era una escena verdaderamente desconcertante. ¡Si alguno de los dos supiera lo que vendría en el futuro!- se lamentaba Harry- ¡Si alcanzaran a adivinar que ese sería el primer y último saludo que se dieran en plan de amigos! Si supieran lo que él ya sabía, entonces no estarían tan sonrientes. Y Draco comprendió ese miedo en los ojos de Harry y sonrió.

-HP-

Ginny le esperaba en la puerta principal y Malfoy se maldijo por ello. Habría preferido poder irse sin volver a verla jamás, no ahora que había decidido su destino.

- ¿Te vas entonces?- preguntó aparentando desinterés, sin mirarlo, con la espalda apoyada en la pared y su pie jugando con el borde de la alfombra en el suelo.

- Así es.- Ginny lo miró. Había tantas cosas que quería decirle, partiendo por disculparse por haberle culpado de la muerte de su hermano. ¿Cómo podía haber matado a Percy y luego salvado a Ron? Y aunque lo hubiera hecho, ya no quería saberlo. No le importaba. Al ver a Harry junto a Hermione y comprender la verdad, aparte de su orgullo herido no sintió nada más… Y recién entonces comprendió que jamás había amado al amigo de su hermano. Por más que se había empeñado en creerlo. ¡Cuanta razón había tenido Malfoy en decírselo una y otra vez! Pero ella no quiso escuchar, como tampoco quiso escuchar su alegato de inocencia; como tampoco quiso escuchar su propio corazón cuando intentó aclarar sus sentimientos por el rubio. Pero ahora, ahora que él se iría y que todo llegaba a su fin, necesitaba verlo… Necesitaba tenerlo en frente y pedir perdón por tantas cosas…

- Quería darte las gracias por ayudar a Ron.- siguió la pelirroja.- Sé que él no ha dicho nada, por orgullo, pero también te lo agradece.

- No lo creo.- respondió apático.- Weasley jamás podrá perdonarme el que le haya salvado la vida.

- Quizá tienes razón.- mordió su labio.- Pero también quería disculparme por lo que te dije hace unos días. Estaba muy dolida y dije cosas que no… Que no debí decir.

- ¿Que terminaría muerto o en Azkaban?- sonrió dolido y las mejillas de ella se ruborizaron aún más. ¿En verdad había dicho algo tan horrible?- Te conozco, Weasley. Sé muy bien que quisiste decir cada palabra. Esa es una de tus cualidades, ¿sabes?- sonrió nostálgico- Posees una gran capacidad para amar y para odiar en un solo instante, pero te falta estabilidad...

- Yo no…

- ¡Si tan solo me hubieses odiado un poco menos! Todo habría sido tan distinto.

- ¿Qué quieres decir con…?- pero Ginny no alcanzó a completar la pregunta. La pelirroja había pasado demasiadas noches examinando el gesto ladino de la boca del slytherin y la rapidez con que mutaba la expresión de su rostro. Sus ojos, a fuerza de contemplarlos una y otra vez, le eran tan conocidos en lo que tenían de burlones y astutos que Ginny comprendió entonces, recién entonces, la verdad detrás de sus palabras.

- Tú…- sonrió contrariada, con los ojos desmesuradamente abiertos y retrocediendo ante el desconcertante peso de aquella verdad.- Tú me amas.- La sonrisa se borró de los labios de Draco.- Me amas, ¿verdad?

- Eso ya no importa, Ginevra.

- ¡¿Cómo que no importa?! ¡Claro que importa!- Una triste sonrisa se poso en los labios de Draco.

- Es verdad. Ahora te importa. Ahora que todo llega a su fin.- el tono de su voz ascendía en cada frase.- Ahora que estoy cansado de buscar el modo de crear un futuro que nos incluya a ambos y que he renunciado a ti…- Algo en el fondo del alma de Ginny se estremeció ante aquellas palabras.- Ahora que sabes que esto es una despedida. Porque ese es tu gran defecto, Ginevra Weasley: desprecias todo cuanto se te ofrece. Sólo aquello que no puedes alcanzar, lo que se te niega, te parece deseable y lo conviertes en el anhelo de tu corazón. De haber estado más tiempo con Potter, habrías sido tú misma quien lo botara como a un bicho molesto, pero el desgraciado te botó antes y esa es la única razón por la cual has creído amarlo todo este tiempo. Y ahora yo me iré, y tú me convertirás en tu nuevo amor perdido. Pero no te preocupes, mi querida Ginevra. Te repondrás rápidamente. Las personas como tú tienen esa cualidad.

Ginny soltó una carcajada ante estas palabras, pero dejaba traslucir tan claramente su histeria y nerviosismo, que Draco llegó a sentir lástima por ella.

- ¿Y qué te hace pensar que yo te amo?- preguntó, alzando una ceja y aparentando una entereza que no tenía.- Lo siento, Malfoy, pero aquí no quedará nadie que te llore.

Él la contempló unos instantes con nostalgia, pero la respuesta de la joven no pareció impresionarlo en lo absoluto. En cierta forma la esperaba, pues la negación siempre había sido el recurso preferido de la pelirroja y él la conocía demasiado bien.

- Adiós, Ginevra.- Había comenzado a caminar hacia la puerta dándole la espalda, cuando la expresión burlesca de Ginny se rompió.

- ¡No!- gritó ella.- ¡Espera! No te vayas, por favor…- pero Draco siguió su camino sin voltear y ella debió interponerse entre él y la puerta.- ¡No sé por qué he dicho todas esas tonterías!- gritó aforrándose a su brazo.- pero yo… Yo también te amo, Draco.- Por un instante y solo por un instante, la pelirroja se sintió victoriosa. Pero los ojos grises no se movieron. Ya no había duda en ellos, ya no quedaba nada. Sólo el triste vacío que inundaba su alma.- ¡¿Qué no me oyes?! ¡Te amo!- gritó otra vez, cerrando sus ojos y alzándose en puntas para alcanzar los labios de él, pero Draco se inclinó hacia delante para girar la manilla de la puerta.

- ¿Se acabó entonces?- preguntó Ginny en un hilo de voz, separándose de él lentamente.- ¿Es que ya no queda nada entre nosotros?

Draco despegó los labios para responder y Ginevra aguardaba expectante, ya fuera por alguna frase irónica o un reclamo, ya fuera por una simple confirmación devastadora… Por lo que fuera… le bastaba con tener una respuesta por parte de él, porque eso significaba que aún le importaba algo, que aún quedaba algo. Pero la respuesta nunca llegó.

Ginny Weasley se abalanzó hacia él hundiendo su rostro en la capa negra. Pensó que nada podía compararse con el dolor que sentía en aquel momento oprimirle el pecho, ni a la angustiante sensación de estar al borde de un abismo, condenada a caer por el y a vivir eternamente sin la única persona a la que realmente había amado… La única persona que era como ella, con quien no se veía obligada a finger. Era un slytherin mimado, es cierto… Pero ella lo amaba… Y lo sabía recién ahora, cuando lo perdería para siempre y una seguidilla de recuerdos acudía a su mente, aumentando su dolor:

"¿Qué es lo que buscas viniendo a mi cuarto de este modo, Weasley?"

"Es una lástima que no recuerdes que me besaste... Y te gustó…"

"¡Él no quiere lo que tú le ofreces... Porque lo que tú le puedes dar, ese fuego intenso que hay en ti, es algo que no tiene valor a los ojos de ese imbécil...!"

"¡Odio a Harry Potter por tener de ti lo que yo más quiero!"

"¡Qué ciega has sido siempre niña tonta!"

Si… ¡Ciega! Y ahora lo lamentaba tanto… En este recuerdo se encontraba cuando comprendió que Draco la alejaba de él y Ginny sintió su corazón detenerse.

- Lo siento…- le oyó decir.- Pero amor y poder no son compatibles…

Antes que ella pudiera hacer algo por retenerlo, se oyó el ruido de la puerta al cerrarse y Draco Malfoy desapareció de su vida para siempre mientras Ginny colapsaba en el frío piso de piedra, gritando su nombre.

Y Harry Potter, silente testigo de aquella escena, comprendió entonces el precio que todos habrían de pagar por su culpa.

- ¿Qué ha ocurrido?- llegó Hermione junto a él, pero Harry cubrió su boca con sus dedos obligándola a guardar silencio. Ginny tenía derecho a llorar a solas su dolor.

Y así, aferrado a Hermione y sintiendo el tibio latir de su corazón tan cerca suyo, se prometió que ella jamás se enteraría de lo que había tenido que sacrificar por recuperarla. Jamás nadie sabría que había condenado al mundo a una nueva época de oscuridad por amor.

-Fin de "Harry Potter y la Bruja Sin Rostro"-

Gracias a Todos por seguir esta pseudonovela durante los dos largos años que la he ido posteando. Espero no haberlos defraudado con el final pero no creo en los mundos color de rosa, como deben saber quienes me conocen. Seré feliz en recibir aunque sea sólo un comentario, por este, mi último fic.

Con cariño guardaré el recuerdo de aquellos cometarios que me subían el ánimo y me despido del mundo de Harry Potter, deseándoles la mejor de las suertes, a ustedes, mis fieles lectores.

Siempre suya, Alexandra Riddle

Junio 6 del 2008, Santiago de Chile.