Autores: Fc SasuHina

Género: Hurt/Confort, Romance

Pareja: SasuHina (SasukexHinata)

Los personajes de Naruto, no me pertenecen. Son Propiedad de Kishimoto.

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Dos personas muy diferentes y por cosas del destino se unirían en una noche que traería la luz a sus oscuras vidas...una noche llena de suspiros y emociones a flor de piel.

Todo tiene un límite y, por supuesto, yo tengo un límite. Ella logró que el vaso de mi poca paciencia se viera totalmente rebalsado.

Esta noche moriré en ti,
en el aliento álgido y lejano,
en un abrazo yerto y olvidado...

Lo reconozco, me delaté varias veces, cometí muchos excesos, dije siempre las cosas que nunca debí haber dicho, estuve en los lugares más equivocados, me tropecé varias veces con la misma piedra sólo para que tú siempre pasaras de largo pensando en él. Y yo pensaba mucho en ti y en aquella noche que por algún motivo imperioso quería repetir, pero que tú parecías haber olvidado a la mañana siguiente. Feroz golpe a mi orgullo y a mi ánimo, aunque eso no era impedimento para que día tras día pensara en aquello, en tus gemidos, en la sensación de tu piel en mis dedos, en cómo me tocaste, en como estabas húmeda en mi cama. Sinceramente creí que me iba a volver loco, porque me estrellaba de frente con tu rechazo, con tu miedo, con tu mirada fija en él. Pensar que yo te arrastré esa noche sin imaginar que cavaba mi propia tumba en el proceso, que tonto fui.

Luego de que me rechazaras con una bofetada furiosa, comencé a seguirte. Espiaba cada movimiento tuyo, cuando estabas con tus compañeros, cuando entrenabas sola, cuando reías con las bromas tontas de algún chico -al que odiaba siempre-. Cada cosa que hicieras, yo parecía una sombra de ella, sin miedo representar el papel de ridículo obsesionado, no me importaba mucho en realidad. Siempre tenía el pretexto perfecto para rondarte, para estar más o menos cerca, y nadie lo notó porque era perfecto. Al principio me limité a seguirte en el pueblo, había muchos callejones desde donde te observaba, muchos tejados en los cuales estaba protegido de algunas miradas curiosas, pero más de alguna vez un imbécil se acercó a mí curioso. Por ejemplo, un ANBU, según él yo actuaba algo sospechoso. De la manera más sarcástica le aclaré que no era su asunto suyo, si no quería tener problemas, finalizando con mi Sharingan activado. Me insultó y se largó mientras yo mascullaba mi rabia.

Un día cualquiera oí a lo lejos los gritos de tu compañero, el que no quiso que esa vez me acercara a ti. Venían él y Aburame, sin ti en esa ocasión. Mi primera reacción fue darme la media vuelta, obviamente ellos no me importaban en lo absoluto, hasta que oí al pasar tu nombre, en el mismo instante me detuve en seco.

- Es sólo echarle una ojeada al departamento de Hinata-chan, luego nos juntamos con Kurenai-sensei.
- De acuerdo, debemos apoyar a Hinata en estos momentos, ha de ser muy duro para ella...

Hubiera querido saltarles encima para saber de qué hablaban, pero la rabia que sentía en esos momentos anuló cualquier impulso o pensamiento. Hablaban de apoyarte, de difíciles momentos y no me había enterado de absolutamente nada, claro, no me dejabas entrar a tu vida, ellos podían sí, ellos estaban ahí. Lo peor, vivías sola y jamás me comentaste la más mísera palabra, incluso nombraste a tu padre y su preocupación.

Nada. Que idiota ¿para qué lo harías?

Días más tarde, un atardecer gris salí de mi casa. Tenía una idea fija en mi mente.

Esperé por horas bajo el aromo que está casi al frente de tu departamento. Creo que en algún momento dudé sobre seguir ahí parado como idiota o no, pero me decidí a continuar, porque las ganas de verte fueron mayores a mí. Pasaban las horas, pasaba la gente, todo me intranquilizaba, la risa de algunos, sus gritos absurdos y fuera de lugar. Yo seguía con la vista pegada a tu departamento, contando los minutos de esa desesperante espera que iba a acabar con mis nervios. Poco me importaba si alguien me descubría, lo que temía era responder alguna pregunta, alguna muy tendenciosa que me hiciera confesar lo que mi orgullo ocultaba a todos.

En la tarde comenzó la lluvia a caer muy tenuemente, de forma demasiado melancólica, pero en fin, últimamente me comportaba como un ser sentimental, casi como una niña. Odiaba en lo que me estaba convirtiendo.

En lo que me estabas convirtiendo.

En el departamento de arriba vive una pareja de recién casados, lo noté por la forma dulce en que se trataban. Dios, que escena más llena de dulzura, logró agotarme. En el departamento de abajo vive una anciana que tiene varios gatos y que parece adorarlos en verdad. Aparte de eso no noté mayor movimiento, y nuevamente mis ganas me carcomían, quería verte regresar. Por ese motivo no tenía posibilidad de irme porque podrías aparecer en cualquier momento y si no estaba ahí todo se iría al diablo...

Casi obscurecía y te vi venir a lo lejos a paso lento, muy pausado, demostrando un cansancio de siglos. Instintivamente me resguardé junto al tronco del aromo, mirando cada uno de tus movimientos y viendo como tus compañeros se despedían de ti y comenzaban su propio camino. Los miraste hasta que se perdieron e hiciste un gesto que no pude notar muy bien. Cuando te plantaste frente a tu puerta, decidí salir de mi escondite y rápidamente llegué a tu lado, sorprendiéndote. Ahogaste un gemido y retrocediste un poco por el susto que te di.

- ¿Qué ha-haces aquí, Sasuke-san?
- Pasaba por aquí... y quise saludarte ¿no puedo?

Miraste hacia atrás como buscando alguna explicación lógica a mis palabras, pero era tan evidente que la escena no era normal que volviste tu mirada a mí, interrogante. Mi sonrisa maliciosa te puso en alerta, lo sé, mi mirada febril logró en verdad asustarte. Las llaves de tu departamento cayeron de tus manos y chocaron contra el suelo con su ruido metálico. Me acerqué y te pegué contra la pared, no podía dejar de ver tus ojos que me observaban con auténtico terror ¿tan mal concepto tenías de mí? Esa vez sonreí con calma cerrando los ojos para así ahuyentar mi enfado. Te sentí temblar, te sentí indefensa, te sentí como una niña a la que abrazaría siempre. Quise darte un beso, pero apartaste la cara.

Otra vez él.

Era una hermosa noche. Hermosa y fatal con su lluvia melancólica.

- Esa misión ¿te dejó muy agotada?

Asentiste en silencio sin verme, mirando las llaves que seguían en el suelo, dudabas en recogerlas. Yo me había alejado un poco, pero no apartaba mis ojos de ti, necesitaba no perderme detalle de nada, de cada gesto, de cada expresión, de casa respiro que dabas.

- Yo he estado bien ─ Dije por lo bajo, sabiendo que poco te importaba en realidad, pero debía retenerte con cualquier recurso, por idiota que fuera. Estaba esperando algo, pero no sabía qué. En ese momento te arrodillaste para coger las malditas llaves que te separarían de mí.

Te volviste a mí, me miraste de forma extraña.

- Lo siento Sasuke-san, pero d-debo entrar a la casa, ya e-es muy tarde y necesito descansar.
- Vale, lo que tú digas ─ Respondí desviando la mirada por el pasillo. Comprobé que no había nadie cerca y tampoco había ruidos al rededor.

"La noche reinaba en todas partes. Quería sumergirme en ella, contigo."

- ¡¿Qué haces?!
- Algo que hace tiempo quería hacer, pero que no me dejabas.
- No...

Intentaste pegarme luego de que te agarré la muñeca, pero no te lo iba a permitir de ninguna manera. Te atraje a mí de manera brusca, trastabillaste un poco, y logré mantenerte en pie. Alzaste la cabeza y me miraste con verdadera repulsión. Decidí que no me iba a detener por ello y continué tomándote y pegándote contra la fría pared. Por un momento temí que te pusieras a gritar y por consiguiente viniera algún molesto vecino, tal vez el muy dulce y tierno joven que observé en la tarde. O tal vez la señora de los gatos con su ejército de felinos. Pero no lo hiciste, sólo te limitaste a forcejear en silencio, tratando de no hacerme daño en verdad, lo que me hizo sonreír de malsana satisfacción.

"¿En verdad intentabas alejarme?"

Antes de caer rendida al suelo, me observaste de manera interrogante y cerraste los ojos no comprendiendo nada.

Te busqué por todos los rincones eternos,
por entre las cavidades perdidas del tiempo,
en los ojos que ríen en el reflejo...

Ya llovía con fuerza a esas alturas. Poco me importaba, porque te tenía en mi departamento, acostada en mi cama, y yo mirándote desde una silla. Todavía estabas bajo el efecto del genjutsu que utilicé para poder vencerte en aquella extraña y muda lucha. Me sentía nervioso, me cosquilleaban las manos de la ansiedad y las ganas, quería tocarte, pero a la vez temía tu reacción, temía que despertaras gritándome, odiándome más. Era raro, sentía que no me detestabas del todo, que algo en ti era lo que te impedía avanzar a mí. No tenía forma de saberlo en realidad, nunca podía llegar a ti, no te importaba que lo hiciera, no me dejabas.

Me sobresalté cuando te vi abrir los ojos con lentitud, tratando de fijarte en un solo punto, hasta que te hallaste conmigo. Abriste demasiado los ojos, te revolviste en la cama antes de sentarte en ella y me observaste sin querer creer lo que estaba sucediendo.

- Hola.

No me respondiste, imagino que no estabas de humor para hacerlo tampoco. Imagino también que todo se hizo claro para ti de forma muy rápida, por cómo me miraste y el no intentar irte, sabiendo que todo intento sería en vano.

- Las ventanas están selladas con chakra, todas las de mi departamento. La llave de la puerta la tengo escondida y por supuesto, no te diré dónde. Disfruta tu estadía aquí.

- ¿De qué s-se trata todo esto?
- Fácil. Eres mi rehén y de aquí no sales hasta que yo lo diga.
- ¿Qué dices? Yo tengo una vi-vida allá afuera y no puedes... ─ Estabas aturdida todavía por el genjutsu del cual fuiste presa, te temblaban los labios, pero no sé si de rabia o alguna otra cosa. Tal vez no dabas crédito a tus oídos.

Carraspeé levantándome de la silla.

- Llegué a mi límite, lo sabes aunque fingiste siempre no notarlo. Ahora, me cansé de cierta forma, porque estamos en la misma situación.
- ¿Me p-puedes decir por favor d-de qué hablas? ─ Exigiste en voz baja, sin mirarme, sin querer hacer contacto visual conmigo. Noté un ligero rubor en tus mejillas, un cándido, precioso y dulce rubor que me hacía sentir reconfortado a pesar de todo. Dudé en contestar, me parecía una escena bastante decadente para mí, pero no iba a dar pie atrás.
- Tú le quieres ¿no? Yo creía que no quería a nadie, o más bien, me gustaba la idea de no necesitar jamás a una persona. Quería bastarme con mi mismo y claro, uno se forma ideas estúpidas.

Me acerqué y te alejaste. De todas formas logré agarrar tu mano antes de que te salieras de la cama y te atraje a mi cuerpo, pegué tu rostro a mi pecho y estrellé mi nariz en tu pelo. Quería absorberte de la manera que fuese por entera, tu aroma no me había abandonado desde la lejana noche en que nos encontramos en el bosque y te propuse eso... y desde esa vez la idea se había apoderado de mi mente.

Demonios, me había vuelto una de esas estúpidas niñitas fans.

- ¡Quiero i-irme! No me puedes tener aquí, y-yo... ─ Tampoco sabías que decirme. Todavía yo no te soltaba porque las ansias ya me subían por el cuerpo, quería otra vez sentirte en mis brazos, debajo de mi cuerpo, con tu rostro sonrojado de placer y disfrute. Te hice recostar a la vez que invadía tu cálida boca, la cual intentaste negarme al principio. Luego de un mudo forcejeo, incluido arañazos que no me hicieron el menor daño, pude hacer que te calmaras. En vez de seguir con mi ataque decidí levantarme y caminar hacia la puerta, desde donde me dediqué a observarte.

Suspiré de forma silenciosa, tu imagen, a pesar del odio con que me miraba, era preciosa.

- Deberías saberlo, en parte es tu culpa. No luchas, pero sin embargo por dentro te mueres. Yo hago ahora algo de lo que tú debiste hacer hecho.

Te acomodaste en la cama, abrazándote las piernas y apoyando tu mentón en ellas. Afuera el único ruido presente era el de la lluvia, el de la más infinita soledad. Por alguna razón luego de aquella noche, me venía sintiendo muy solo, yo un ser que desde hace años vivía sumido en la más profunda desesperación y que creía haberme acostumbrado a ella. No era así, se me hizo dolorosamente claro cuando en medio de la noche me despertaba extrañando tu cuerpo. La lluvia me gusta. Si hubiera estado solo en ese momento me hubiera dedicado a observar por horas la ventana, oyendo su ruido tenue y cadencioso, pero en ese instante llenabas todos los rincones, llenabas todos los espacios que, estando vacíos, me ahogaban. Algo tenía tu presencia, algo que no podía descubrir por más que luchara intentándolo. Podían ser muchas cosas, podía ser la suavidad que nunca abandonaba tus actos, la dulzura de tu sonrisa que nunca antes había notado en realidad. Tal vez porque eras simplemente tú y yo un idiota que estaba perdido en el mundo, que comenzaba a necesitarte.

Escuché tu canto de venganza
contra los que aún estamos, que estuvimos,
me reprochas, me hieres, ¡te marchas!

Hacía un tiempo que varias cosas habían cambiado en mi vida. Mi venganza después de ejecutada, no había logrado aplacar en nada el dolor y la apatía que me causaba el seguir vivo. Era como un títere que se levantaba en la mañana sólo por levantarse, no por tener fe en el día que se presentaba. Mi vida era la comedia inútil, como leí en un libro. Y en eso, una noche cualquiera en un bosque, perdido, apartado de todos, te cruzaste. Al principio no me causó alguna impresión, eras una más, eras un ser que siempre había estado lejos de mí, pero en ese momento sentíamos lo mismo, nos unían nuestras emociones, nos unía un mismo dolor y me acerqué como un ciego, no podía saber a lo que me precipitaba.

Pero luego ¿qué? Luego rehuías de mí, era eso, me encontraba atado de manos, porque no podía acercarme a ti. Y diablos, como me enfurecía, como me agotaba, como me hacía odiarlo todo y volvía a sumirme en mi ciclo de destrucción. Luego de ti, no tenía las ganas de buscar a alguna chica, ya no me atraía la idea de amanecer junto a una extraña que después no volvería a tomar en cuenta nunca más. Aquello más de alguna vez me significó soportar una escena de reproche y celos, pero no me importaba, todo para mí era un juego, todo era por sádica diversión. Dime ¿eras el castigo para esos pecados?

- Esta vez no te diré lo mismo. Quieras o no, deberás quedarte aquí, pueda o no tocarte ¿puedes ahora entenderlo?

"Una noche, en un bosque, yo no sabía..."

Alzaste la mirada de forma orgullosa, tus ojos brillaban con un fulgor que no había notado antes, y asentiste en silencio, pero no pude comprender ese gesto. ¿Podía acercarme a tu lado? ¿Podía estrechar tu mano? Decidí arriesgarme, decidí que quería sentirte un poco cerca, que necesitaba abrazarte sintiendo la lluvia y tu cuerpo.

Lo presintió cuando lo vio a su lado antes de entrar o más bien querer entrar a su departamento. A pesar del cansancio del cual era presa su cuerpo después de esa larga misión, lo había visto todo muy claro. Por esa razón hubiera podido luchar, hubiera podido pedir ayuda, negarse mil veces, pero algo en su ser la impulsó, la arrojó a sus deseos y trataba de entender que le sucedía, porque sentía calidez al tenerlo cerca, ahora besándola con lentitud, sabiendo que tenía el poder de la situación, que tenía el tiempo, su tiempo en las manos.

Era un egoísta.

Nadie sabía dónde estaba, nadie podría saberlo porque ya conocía en parte el carácter del Uchiha y estaba segura que lo había calculado hacía tiempo, revisando el más mínimo detalle para hacerlo todo en el más absoluto sigilo. Sonrió al sentir el aliento de Sasuke golpear su fino cuello, pero de inmediato borró el gesto de su rostro ¿desde cuándo sonreía por él? Siempre cada uno de sus gestos habían sido dictados por su amor al rubio y ahora... ¿qué pasaba? Quiso alejarlo empujándolo suavemente, pero sólo consiguió que el joven se apegara más a su cuerpo y comenzara a pasar su mano bajo su camiseta. Eso provocó un gemido involuntario de placer, que la hizo enrojecer de vergüenza, porque en cierta forma se encontraba muy indefensa ante él.

A su merced.

"Naruto corriendo feliz hacia Sakura quien lo recibe con una encantadora sonrisa. Qué raro, antes de que se fuera a su largo entrenamiento, jamás lo hubiera hecho, de seguro hubiera preferido la muerte antes de dedicarle un gesto tan amable.

Pero ya no.

Ahora ellos, los contemplo y puedo notar algo que insistía en no ver, entre ellos es notoria la atmósfera íntima y cálida que sólo puede producirse... entre personas que se aman. Aparto la vista, me hace daño y quisiera gritar en ese instante. Soy tan tonta, ¿por qué no aprendo de mis errores? ¿Por qué todavía le sigo con la vista?

Y me encuentro con otra mirada, una que va dirigida sólo a mí. Una mirada obscura... creo que hace días me sigue, no lo sé bien.

Casi había olvidado la escena, me había repetido mil veces que eran ideas mías, que nunca Sasuke-san me miraría de esa forma, de la manera en la que pensaba, pero ahora...

Estoy aquí."

De alguna manera Sasuke consiguió darle la vuelta por lo que casi se ahoga contra las sábanas. Apartó la cara buscando aire, pero casi lo perdió de nuevo cuando el Uchiha logró llevar su mano hasta su entrepierna, la que acarició con suma delicadeza. Decidió ocultar el rostro, pegándolo a la colcha, que estaba impregnado del olor del joven. Un olor salvaje, muy masculino... un olor que no era desagradable. Apretó los puños, gimió por lo bajo ya que Sasuke comenzó a mordisquearle el lóbulo de la oreja derecha, la que estaba más expuesta. Le apartó el largo y sedoso pelo para acariciar con su lengua aquel fino y delgado cuello que siempre le ofrecía un cálido refugio.

- ¿Te gusta? ─ Le preguntó sobre la piel, ya con la voz ronca por el deseo, sin dejar de tocarla.
- N-no... ─ Pudo responder la Hyuga con apenas un hilo de voz, no muy convencida.
- Eres muy mala mintiendo, porque tu boca me dice una cosa y tu cuerpo otra muy distinta.

Era verdad, no era simple fanfarroneo, ya estaba completamente húmeda, luchando por no gemir cada vez que sus dedos se introducían por la entrepierna. El Uchiha parecía dispuesto a torturarla de esa manera puesto que no hacía nada más que acariciarla en ese sitio y eso comenzaba a impacientarla.

Quería sentirlo. Por alguna razón, lo necesitaba.

- Quiero oírlo de tu boca, o no voy a seguir.

Sonrió con verdadera malicia cuando la vio levantar la cabeza bruscamente para buscarlo con sus opalinos ojos. De seguro pensó que se burlaba, pero al ver la expresión de ese rostro que tan frío se mostraba a veces, comprendió que era cierto. La tenía atrapada, si hubiera tenido la suficiente presencia de ánimo, le hubiera pedido que no la soltara. Decidió morderse la lengua antes de darle la satisfacción de saber que lo deseaba por igual. Así que apartó la cara e hizo gesto de querer levantarse, lo que nuevamente él no permitió.

- No importa, de verdad no ─ Dijo con algo de tristeza que no pudo disimular. Intentó sonreír.

Sasuke salió de la cama para tomar rumbo a la sala de su departamento. Hinata esperó en vano que regresara. Contó los minutos, luego las horas, todo se le hizo muy pesado en ese momento. La situación era lejos la más ilógica vivida en su vida, aunque si lo analizaba bien, su vida nunca presentaba grandes cambios, a veces creía ahogarse en la rutina. Y era él quien lo cambiaba todo.

Comprendió que había perdido esa vez, se puso de pie y se encaminó a la sala.

Lo encontró acostado en un sofá con la mirada perdida en el techo, y su postura denotaba un gran relajo. No se tomó la molestia de mirarla, no se movió un poco, continuó sumido en sus impenetrables pensamientos, en ese Hinata instante tuvo la idea de que le gustaría conocerlos. Se acercó lentamente y al llegar junto a él, se arrodilló a su lado. Tampoco con eso se movió. Ya un tanto molesta le pasó una de sus manos sobre la frente del Uchiha, quien cerró los ojos con ese contacto, mostrando que la ignoraba.

- Sasuke-san ─ Susurró de manera acariciante, acercando cada vez más su rostro al de él. A esa provocación el aludido dio vuelta el rostro, encontrándose unos ojos opalinos puros, tan cerca que mecánicamente echó la cabeza un poco hacia atrás. La joven soltó una risita nerviosa, y volvió a pasar su mano suave por los contornos del masculino rostro.

- ¿Qué? ─ Preguntó con algo de apatía, sintiéndose reconfortado con aquella caricia. Porque a pesar de que se había enredado con muchas mujeres antes, nunca alguna se preocupó de tomarse la molestia de tratarlo con esa amabilidad.

Hinata se mordió el labio inferior, mirando los del Uchiha.

- Olvidémoslo todo, no sé lo que venga mañana...

Le tomó de la mano y lo obligó a ponerse de pie para llevarlo rumo al cuarto.

...

Debo decir que fue delicioso. Durante tres días te tuve prisionera en mi departamento, saboreando todo momento, sin soltarme nunca de tu cuerpo. Comí bien poco y dormí mucho menos, Naruto lo notó de inmediato, lo cual me pareció raro, no lo creí tan suspicaz. Me miró con su sonrisita burlona mientras se afirmaba las manos atrás de su nuca. Entornó los ojos como si mirándome de esa forma pudiera descubrir lo que hice.

"Que estás muy pálido, Sasuke. Y delgado, ¿dónde estuviste estos últimos días?".

Fueron tres días en los cuales me sumergí en el placer, en el deleite, en tus actos, creo que hicimos el amor en todas partes, cocina incluido, aunque mayormente nos encerramos en el cuarto y no salíamos más que para comer. Era increíble, era todo extraño, tú aceptabas todo lo que te dijera, yo me rendía a tu piel, me abrazaba como un náufrago a tu cintura. A veces me dormía con tu suave voz, me cantabas una canción desconocida para mí, luego sentía que me tapabas y cuando me creías dormido, enredabas tus dedos en mi cabello. Una sonrisa se dibujaba involuntariamente en mi rostro y de verdad me quedaba dormido a ratos. Al despertar volvía a buscarte.

Le querías, pero eras de una infinita amabilidad conmigo. Y me sentía un idiota, confundido por una mujer que no podía quererme.

- N-no, e-estoy cansada...

Lo decías sin ningún tipo de convicción, por lo que me impulsaba a seguir. Hundía mis labios en tu cuello, en tus pezones, en tu delicado vientre que me gustaba tanto acariciar. Tu cuerpo respondía contra tus palabras, parecía que en ti se llevaba a cabo una gran lucha interior y yo quería confundirte también, que sintieras en parte lo que yo, así no me iba a sentir tan solo.

Ya te veré en el fondo de mi cuerpo.
Ya nos encontraremos en el ataúd,
¡el que está lleno de muerte hermosa!.

Hinata se resguardó contra la pared, mirándolo con enfado. Era evidente que había llegado al límite de su paciencia, ya se sentía agotada, hambrienta y de verdad necesitaba ver sus asuntos de afuera. Pero Sasuke por alguna razón se empeñaba en retenerla de manera posesiva y no estaba acostumbrada a eso. Tampoco gustaba de responder a preguntas, no le gustaba sentirse invadida, luchaba por resguardar un poco de su intimidad. El joven fue hacia la ventana y le dio la espalda.

Aprovechó la ocasión para coger su bolso, el mismo que traía de la misión. ¿No le bastaba con todo lo que le había dado? La había vencido, derrotado, arrastrado, saciado de ella, y aún quería más.

Trataba de comprender. Se acercó a él y le rodeó el cuello con sus brazos.

Pero la última vez que te tuve bajo mi cuerpo terminé acabado. Si bien estabas sonrojada, si bien gemías, si bien tu cuerpo respondía a mis caricias, a mis embestidas, tu mente estaba muy lejos de mí. Tu alma se había quedado detenida en algún otro sitio al cual yo no podía llegar. Me detuve en el acto, no sé si sorprendido o muy herido, por un instante no supe qué hacer sólo atiné a mirarte a los ojos. Bajaste la mirada y todo se me hizo claro.

Me habías llamado Naruto en un momento de placer, sé que te lo imaginaste, por esa razón tenías los ojos cerrados y no me veías a mí. ¿Por eso era tanto el disfrute?

Te odié como nunca antes había odiado a alguien, hubiera deseado acabar con tu existencia. Pero era una excusa, yo no podría hacerlo, porque siempre añoraba tu abrazo a pesar de todo.

No respondes mis preguntas. No me permites acercarme. No quieres verme. No me dejas alcanzarte. La vida ha seguido, hace días de eso y hoy te encuentro en una de las calles principales de la aldea. No estás acompañada por tus compañeros, estás muy sola resguardada atrás de un poste con la vista en dirección a un solo punto.

El desaliento me recorre el cuerpo, estás mirando fijamente a Naruto, con las mejillas sonrojadas. No sé a quién odio más, si a ti por hacer el papel de ridícula o a él, el dueño de tus afectos. Creo que los odio por igual, pero al final, en este momento interpretamos el mismo papel. Sentimos lo mismo, otra vez, tú podrías ser la única que me entienda, pero la única a la que no le interesa hacerlo.

De verdad, tengo ganas de alejarme de esa escena, pero por algún motivo mis pies se niegan a obedecerme y sigo contemplando tu imagen adorando a Naruto, lo que me hace sentir enfermo. Mal muy mal, me dan ganas de llegar a ti y obligarte a que dejes de verlo, que me veas a mí, que olvides cualquier otra cosa, pero no puedo. Podré encerrarte conmigo, podré llevarte a la cama, disfrutar de tu cuerpo, pero no puedo hacer que dejes de verlo.

Y eso es lo único que quiero.

Mi habitación me agobia, me trae recuerdos que me sofocan. He estado aquí encerrado por horas, ya que luego de que pude apartar mis ojos, aunque no mi mente, de tu imagen, llegué hasta acá y sólo pude lanzarme a la cama. Todo se me hace pesado, no sé si quiero verte. Si lo hago, lo más probable es que me lastime, porque parece que soy la niña de esta relación. Lo reconozco, me has cambiado, soy un ser que se desconoce a sí mismo y sólo encuentra una justificación a su existencia contigo. Patético.

Pero no puedo dejar de verte.

Continuara...