Capitulo #2
Las dos primeras horas pasaron lentamente, tenían mucho trabajo y Daniel entraba y salía trayendo más ropa que arreglar. Francamente parecía que nunca fueran a acabar; por suerte, terminaron.
- Bueno logramos terminar, son las diez –dijo mirando su reloj – quiere decir que nos quedan dos horas.
- Lo suficiente. –Dijo mientras contestaba su celular – ¿Si? ¿Tina? Dime, ¿Qué pasa?... ¡ah! Ya veo, si… yo me encargo.
- ¿Qué paso?
- La hija de su mejor clienta viene por un Valentino que fue confeccionado exclusivamente para ella. Es un disfraz para Halloween.
- ¿Aquí venden Valentinos? – pregunto sorprendida Rebeca.
- ¿En que tienda crees que trabajas?
- Pues en esta cosita chiquita.
- Tú eres una despistada primita. Por donde entramos solo entran los pasantes. La tienda es enorme, abarca casi toda una cuadra. Solo la gente más exclusiva compra aquí.
- Wow. Pero, ¿Quién manda confeccionar un Valentino para Halloween?
- Los que tienen diez mil dólares para gastar en un disfraz.
- Wow. Que gente mas extraña. Y, ¿Cuándo viene?
- En cualquier momento y tengo que ver que le quede bien, sino, toca mandarlo al diseñador para que lo arregle.
- ¡Que exigencia!
- Tu, prima, lee la pagina que te dije y en quince minutos empezamos con la tela blanca para que hagas el modelo primero en el maniquí.
- Como di… -
Marisol se vio interrumpida por una compañera de trabajo de Daniel. Solo se escuchaban "esta aquí", "ven", "rápido Daniel" y "oh no, llego la niña." Y vio a Daniel dejar la trastienda. Lo siguió y se dio cuenta que Daniel hablaba en serio, la verdadera tienda era enorme, tan ordenada, con tantos anaqueles y percheros con unos diseños exclusivos. Se escondió detrás de un maniquí y miro la puerta detenidamente. "Había, ¿había un limo afuera?", pensó. Un hombrecito de negro, con un bigote y guantes blancos abrió la puerta y delante de el desfilaron cuatro chicas perfectamente peinadas, vestidas y maquilladas de rosado. "Algo maniaco"- se limito a pensar.
- ¿Tu eres el que vera que todo este perfecto? – le dijo a Daniel mientras se miraba las unas.
- Yo… tengo el vestido listo.
- Ella no te pregunto eso. Te pregunto si tú eres el que se encargara de la prueba. –dijo la mas flaca.
- Si…si… Yo me encargare el día de hoy. Tina no pudo estar.
- Le dirás –dijo la más alta – que para la próxima no falte.
- No cualquiera le puede poner alfileres a un Valentino. – dijo indignada la mas bajita.
- Yo le diré no se preocupen.
- Aunque, no es por nada, pero tengo la impresión de que harás un buen trabajo. – agrego la mas alta.
- Por dios, lo están comiendo vivo –murmuro Rebeca detrás del maniquí mientras veía atónita como la gente no reaccionaba hacia el mal trato de las chicas.- Ojala no…
La chica que había hablado en primer lugar tomo su celular, poco después se escucharon "si puedes venir", "no Tina no esta". Hubo un silencio y le pasó el celular a la más flaca que se limitaba a añadir cosas como "no, no hay paparazis" y "si, ya puedes bajar." Rebeca no entendía nada; quien podría ser esta chica para tener un chofer, una limo, un "sequito", paparazis buscándola y un disfraz de 10 000 dólares.
Todas sus dudas estaban apunto ser respondidas. Entro a la tienda por fin la famosa clienta. Era medianamente alta, llevaba unas botas negras acompañadas por unos jeans azules pitillos. En cima llevaba un polo blanco con detalles en plateado y una corbata al cuello. Sus labios estaban perfectamente maquillados tal como sus ojos que realzaban por el potente color verde. Su cabello de un negro profundo estaba suelto y traía unas RayBans originales. Lo único que le paso a Rebeca por la mente fue pensar lo bien que se veía la chica. Al instante, las cuatro amigas se sumieron un silencio sepulcral y la rodearon. LA chica se limito a verlas de manera desaprobarte y se dirigió donde Daniel. Le dio una vuelta y lo miro de pies a cabeza, callo por un momento y finalmente hablo.
- Me gusta tu estilo. Esta bien chicas, siéntense. –todas hicieron caso al instante.- Charles, -el caballero del bigote la escucho atentamente – No nos demoraremos mas de 30 minutos, llama a mama y dile que Tina consiguió a un asistente…interesante. ¿Como te llamas? –dijo mirando a Daniel.
- Daniel Rother, señorita Hayek.
- ¿Anotaste Charles? Y que le diga a mi hermano que busque a Tori a la peluquería. –La chica dejo de verlo y el hombre se fue – Entonces eres tu el que tiene mi vestido supongo –dijo de un tono un tanto arrogante.
Rebeca estaba atónita. Le sorprendía sobre manera la actitud de esa niña así como la de sus "subordinados".
- Si, señorita Hayek pase por aquí… - dijo Daniel mostrándole el camino a una escalera de caracol que llevaba al área de pruebas.
- Tú me inspiras confianza. Dime Laura por favor, nada de señorita.
- ¡Pero el no es un diseñador reconocido! – se quejo la chica de las uñas.
- Silencio Trish. No pedí tu opinión.
La chica se limito a retroceder y pararse detrás de las la chica mas bajita. Subieron la escalera y Rebeca los siguió disimuladamente. Pasaron varios minutos, Laura se puso el vestido, salió se miro al espejo un par de veces y sus amigas la aplaudieron, caminaba tal supermodelo en un desfile. Pero si había un problema al parecer pues llamo a Daniel y fueron a los probadores a arreglarlo. Rebeca se había quedado mirando tan detenidamente que no se dio cuenta que se había salido de su escondite.
- ¿Que crees que haces? –dijo la chica de las uñas.
- Yo…
- ¡No puedes estar espiando aquí querida! –dijo la mas flaca.
- Yo…
- ¿Y si tiene una cámara? – sugirió la mas bajita a sus compañeras.
- Yo…
-¿Quién te mando? ¿People? ¿In style? ¿Tiger Beat? –dijo la cuarta chica.
- Yo… - Rebeca bajo la cabeza, no supo porque pero lo hizo- yo… yo…
- ¿Tu que? – atacaron las cuatro chicas al unísono.
- Ahora también es tartamuda –dijo una de ellas.
- Y tiene un mal gusto en ropa.
- Tiene la cara lavada, crimen de la moda.
- Creí que la prensa cuidaba mas la imagen y a la gente que contrataba.
- Yo…-respiro hondo y por fin se lleno de valor para hablar- Yo trabajo aquí.
Las cuatro chicas estallaron a carcajadas.
- Si claro, ¿tu?, ¿aquí? –dijeron dos de ellas entre risas.
- ¡Estas soñando querida!
- No tienes ni aptitudes de costurera.
- Rebeca puedes venir un momento. –se le oyó gritar a Daniel.
- Allá voy, –cabizbaja – se los dije. –Corriendo a ayudar a Daniel. – ¿Que necesitas?
- Necesito que sostengas aquí mientras escondo este hilo, ¿si?
Rebeca cogió el vestido que seguía en el cuerpo de Laura en la parte que Daniel le había indicado.
- No lo cojas así. ¡Vas a dañar la tela! ¡Tienes que cogerlo con mas cuidado porque sino a la hora de hacer el zurcido invisible la tela se rasgara!
- Coge tu TU ves….-Daniel le tapo la boca antes de que pudiera acabar la frase.
- Discúlpala, –susurrándole al oído a Rebeca. – Ella es la hija de Salma Hayek, ¿sabes quien es? ¿la actriz? Mejor cállate antes de que Tina me despida por perder a su mejor cliente.
Rebeca se limito a asentir con la cabeza. Daniel hizo lo suyo y termino en un dos por tres. Laura se cambio, bajaron la escalera caracol y se quedaron en el lobby de la tienda.
- Daniel, fue un placer. Haz echo un gran trabajo, dale el vestido a Charles el se encargara de llevarlo. Tengo que hablar un momento con las chicas y ver si tienes algo interesante por aquí…-dudando un poco- aunque no, no importa, acabo de recordar que… Chicas…
- ¿Si?
- Nos vamos. –dijo poniéndose los lentes de sol.
El chofer abrió la puerta de la limo y Laura se subió primero, luego entro apresurado el cuarteto de robots rosados tras ella.
- ¡Al fin! ¡Que niña más consentida! ¡Me dio tanta rabia como te miraba su sequito! Y ella, ¡quien se cree para gritarme!
- Es el cliente. Y al final de cuentas, ella es quien te paga y con eso vives.
- Pero hay formas de tratar a las personas.
- Si pero esta gente no busca incompetentes prima, ellos quieren lo mejor, por eso se dan el gusto de gastarse tanto dinero.
-Tienes un buen punto después de todo. –Miro su reloj – Tendremos que dejar la clase para otro momento, tengo que irme. Me da pena con Irene.
-Responsabilidad antes todo primita, responsabilidad ante todo.
