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De repente la puerta de su habitación se abrió. Robin miro hacia la puerta y allí vio a su doctor con un poco de sorpresa en su rostro. No llevaba camiseta y estaba un poco sudado.
-Oh, lo siento, estaba buscando el baño, pero parece que me he perdido.- dijo el espadachín.
Entonces Zoro se dio cuenta de que Robin estaba llorando. Siempre había visto el lado fuerte y frívolo de Robin pero nunca esperaba haberla visto así. Ella bajó la cabeza para que Zoro no le viese la cara, le daba vergüenza que la viese en ese estado. Él no sabia que hacer, ¿debía irse o no? No quería equivocarse de elección. Robin seguía llorando en el suelo, ni siquiera podía moverse, no podía mirarlo a la cara. Zoro decidió que no podía seguir viéndola así. Se acercó a Robin, se agachó y la abrazó. La arqueóloga sintió como todos sus males la abandonaban y sus lágrimas se detenían. Notaba como los brazos del espadachín se aferraban a ella con fuerza pero con delicadeza. El calor de torso desnudo de Zoro invadía su cuerpo. Zoro no podía creer que hubiese tenido valor para hacer eso. El olor del pelo de Robin se quedo gravado a fuego en el corazón del espadachín, al igual que la suavidad de la piel de la mujer que tanto le perturbaba. Zoro cogió suavemente a Robin de la barbilla y la miro fijamente a los ojos.
-Si lloras las lágrimas impedirán que me quede hipnotizado con tu mirada.- dijo el espadachín justo antes de secar las lágrimas de Robin. El roce de las manos por su cara y aquella frase provocaron que la arqueóloga bajase la mirada avergonzada. Él no podía creer que la Robin madura y fuerte que el conocía pudiese avergonzarse por algo así. Robin miró nuevamente a los ojos del espadachín y este sonrió. Ella ya no podía aguantar más tan cerca de Zoro. Se levanto y fue corriendo hacia la puerta pero él la detuvo sin apenas hacer fuerza. Se acercó a ella y cerró la puerta. Quedaron mirándose el uno al otro con una mirada que lo decía todo. Sus caras se acercaban muy lentamente. Los labios de Robin se abrieron ligeramente, como pidiendo su ansiado beso. Zoro posó sus labios sobre los de Robin y ambos cerraron los ojos y se dejaron llevar por sus sentimientos.
