Hola, pues por fin traigo el quinto capítulo recién salido de mi mente, jeje. Mucjas gracias a mi amiga The CursedPrinces91 por sus reviews y ayuda. Me has motivado para darle un final triste a esto, jeje, de hecho quería darle un final dramático desde "El Mundo que Dejo", pero esa vez ganó mi lado amable. Espero que te guste este capítulo.
El Prófugo
Capítulo 5: ¡No Los Dejen Escapar!
No hubo tiempo de empacar, ni siquiera de pensar bien las cosas, ese no se trataba de un viaje de placer. Tan pronto como Roxanne volvió a casa, Max y Goofy tomaron lo que consideraron les sería útil en el camino, abordaron su auto y comenzaron su travesía lo antes posible. ¿A dónde irían?, ¿Cuánto tiempo les tomaría llegar?, ¿Qué es lo que pasaría?, nadie lo sabía. Lo único que les importaba en esos momentos era salir de la ciudad lo más rápido y desapercibidamente posible.
Ambos consideraron conveniente conducir a velocidad normal mientras estuvieran dentro de la ciudad, de lo contrario lo mas probable era que levantarían sospechas. Tan pronto como salieran a carretera las cosas cambiarían y sería el momento de pisar el acelerador a fondo. No contaban con mucho tiempo y eso era sumamente preocupante para ambos. Tarde o temprano las autoridades descubrirían lo que habían hecho y saldrían a buscarlos.
Los dos conocían muy bien las consecuencias que traería el que los atraparan. Si de por sí ya era bastante malo haber asesinado al director de la escuela ahora también los acusarían de tratar de evadir la justicia. Goofy sabía perfectamente que el problema había dejado de ser únicamente de Max puesto que ahora él también era culpable, sin duda le iría muy mal en caso de ser capturado, pero de lo que estaba seguro era de que con tal de proteger a su hijo valdría la pena correr el riesgo.
Mientras tanto, en la casa de la familia Goof, un automóvil policial se encontraba estacionándose frente a la acera. De el vehículo bajaron los dos oficiales que horas antes hubieran visitado al propietario de la casa buscando a su hijo para someterlo. Esta vez ambos contaban con la susodicha orden de cateo y estaban más que dispuestos a revisar hasta el último rincón del lugar con tal de encontrar a su presa.
-Ese tal Goofy se cree muy listo, pero ahora no podrá impedirnos registrarlo todo- dijo uno de ellos.
-Y vaya que lo haremos, yo la verdad no le creí nada de eso de que el joven Maximiliano no había llegado. Estoy seguro de que lo está encubriendo- dijo el otro.
-Bueno, peor para él- le contestó su compañero.
Los oficiales llegaron hasta la puerta de entrada y llamaron a la puerta, esperaron unos momentos pero nadie salió. Volvieron a hacerlo con los mismos resultados.
-Señor Goofy, venimos con la orden de cateo, es mejor que salga de una vez- gritó uno de ellos.
No hubo respuesta, los dos hombres ya comenzaban a cansarse y mientras más tiempo pasaba más molestos se ponían.
-¡Se lo advierto, Goof!, ¡Salga o derribaremos la puerta!, ¡No puede detener un acto judicial!- volvió a gritar esta vez con un tono más amenazador. No obstante, tampoco nadie salió esta vez.
-¡Se lo advertimos!- gritó el otro policía y junto a su compañero comenzaron a golpear la puerta hasta tirarla.
Los dos oficiales entraron a la casa sacando sus armas e inspeccionaron cada rincón de la misma. No necesitaron mucho tiempo para darse cuenta de lo que ocurría. El policía más alto le dio una patada a una silla cercana completamente enojado.
-¡Malditos!, ¡esos infelices ya se fueron!- gritó.
-Tranquilo, no deben andar muy lejos. Además tomé las placas de su automóvil la primera vez que vinimos. No podrán escapar- lo animó el otro a la vez que corrían de regreso a la patrulla.
Uno de ellos tomó la radio y habló a sus otros compañeros –Atención a todas las unidades, estén pendientes de un vehículo civil color amarillo de placas AGM 540, en él viajan dos presuntos homicidas, un adulto y un adolescente. Es probable que estén tratando de salir de la ciudad- Dicho esto encendieron el motor y se dirigieron a la salida a la carretera más cercana.
Nuevamente con Goofy y Max, los dos habían sido afortunados hasta el momento. Acababan de salir de los limites citadinos sin percance alguno. Los dos iban extrañamente callados, no tenían nada que decir, nada que comentar. La radio permanecía apagada y únicamente el sonido de los otros automóviles era lo que se escuchaba. Max había comenzado a sudar frío y Goofy se dio cuenta. Era algo razonable, si él estaba nervioso su hijo con más razón, después de todo el era el fugitivo.
Supuso que ese era el momento adecuado para decir algo amable, aunque en realidad no sabía que decir. No era como si estuviera acostumbrado a animar a un chico buscado por la policía. Sin embargo prefería arriesgarse y por lo menos hacerle sentir a Max que no estaba solo en ese nuevo dilema.
-¿Sabes, Maxi?, Creo que ya no debemos preocuparnos tanto. Hasta ahora no hemos tenido problemas y lo más probable es que no los tengamos en un buen rato- dijo Goofy.
-Eso espero, papá, aunque no puedo dejar de pensar en qué pasará si nos atrapan- respondió Max.
-No pienses en eso ahora, ya nos preocuparemos por eso más tarde- lo tranquilizó su padre –Además, aún no nos capturan, posiblemente ni nos estén buscando por ahora-
-Ojalá- dijo Max aún con ese aire desanimado
Era realmente frustrante no poder hacer nada para amenizar la situación, aunque tanto Goofy y Max sabían que no era su culpa. El problema por el que estaban pasando no era tan sencillo y mientras las cosas no se arreglaran les sería imposible tener algo de paz. Y lo peor de todo era que las cosas estaban lejos de mejorar, de hecho, estaban a punto de ponerse aún más difíciles.
Luego de unas cuantas horas de viaje decidieron detenerse en un pequeño restaurante en la carretera. Ya estaba anocheciendo y la oscuridad comenzaba a cubrir todos los alrededores. Al principio no estaban muy seguros en detenerse pero ambos consideraron que ya habían sacado suficiente ventaja y que necesitaban descansar un poco.
El lugar no era muy lujoso ni muy cómodo, pero al menos tenía lo necesario para tener una merienda decente. Los dos Goofs se sentaron en una mesa y ordenaron su comida, al poco tiempo ya se encontraban cenando y mirando el televisor donde se transmitía el campeonato de juegos extremos.
-Que genial se ve eso- dijo Max –Algún día me gustaría probar eso-
Goofy se dio cuenta felizmente de que Max ya comenzaba a tranquilizarse y decidió continuar la conversación aprovechando cada momento de alegría que pudieran tener.
-Sí, esos juegos se ven divertidos- respondió Goofy.
-Cuando vaya a la universidad me inscribiré en un equipo y algún día ganaré el campeonato- siguió Max en tono soñador.
-Seguro que lo harás hijo- terminó Goofy sonriendo mientras daba un sorbo a su tasa de café.
En ese momento la transmisión fue interrumpida por un aviso urgente, nadie le prestó importancia al principio pero padre e hijo pronto se dieron cuenta con horror que la noticia que daban era nada menos que la del asesinato en la escuela y de la búsqueda del joven Max Goofy y de su padre.
Goofy se atragantó con el café al escuchar lo que decían por el noticiero y Max solo se quedó congelado por el miedo. Ninguno de los dos se esperaba eso y sabían que de quedarse en ese lugar lo mas probable era que alguien los reconociera.
-Creo que debemos irnos hijo- dijo Goofy y Max asintió.
Rápidamente pagaron la cuenta y salieron del restaurante casi corriendo. Pronto llegaron a su auto pero antes de que Goofy pudiera sacar las llaves notaron algo que los llenó de horror, unas luces. Unas luces azules y rojas que danzaban en la cercanía sobre un vehículo que se acercaba rápidamente como un mensajero de perdición.
-Olvídalo Max, tendremos que ocultarnos un momento- dijo Goofy a la vez que jalaba a su hijo por el brazo y lo conducía a los árboles para esconderse. Lamentablemente antes de perderse en la oscuridad del bosque lograron escuchar la frase "¡Ahí están!", detrás de ellos. Los habían descubierto.
Esa fue la señal para dejar de fingir tranquilidad y comenzar a correr por sus vidas, sus corazones latían con fuerza mientras que la respiración cada vez se dificultaba más. Los dos corrían con todas sus fuerzas sabiendo que tenían a un par de oficiales furiosos detrás de ellos que venían armados y que no dudarían un minuto en dispararle a alguno de los dos.
-¡Deténganse en nombre de la ley!- los escucharon gritar.
Por supuesto que no se detuvieron, continuaron corriendo como si el mismo demonio los persiguiera. Instantes después escucharon el aterrador sonido de un arma siendo disparada y una milésima de segundo más tarde una bala pasó rozando la cabeza de Goofy.
-¡No nos obliguen a matarlos!, ¡Saben que lo haremos!- volvió a gritar el policía.
Lo sabían, acababan de comprobarlo. La idea de entregarse pasó unos segundos por sus mentes pero al final decidieron que no era lo mejor para ambos. En ese momento Max tomó a Goofy por la manga y lo arrastró hasta detrás de unos arbustos donde los policías no podían verlos. Los dos se quedaron respirando agitadamente recuperándose del cansancio. Entonces Max habló nuevamente.
-Papá, no podemos seguir con esto. Si continuamos nos van a atrapar- dijo el muchacho.
-¿Y que propones que hagamos?- preguntó Goofy.
-No te preocupes, solo quédate aquí hasta que todo se calme- dijo Max.
-¿Qué quieres decir con eso?-
No obtuvo respuesta, justo en ese momento y sin ningúna advertencia, Max se levantó y salió corriendo de su escondite. El chico se dirigió a la oscuridad y poco después fue seguido por los policías, quienes se pasaron de largo sin darse cuenta de la presencia de Goofy.
El preocupado padre se quedó en su sitio asimilando lo que su hijo trataba de hacer.
-No puede ser, Maxi, ¿Qué rayos estás planeando?- pensaba Goofy mientras veía a su más grande tesoro alejarse para salvarlo a él. ¿Qué ocurriría?, ¿Cómo iban a salir de esa?
Entonces el silencio desapareció para dar lugar al sonido de varios disparos a la distancia. Goofy se quedó estupefacto escuchando los mortales truenos de las armas de los policías, seguramente apuntando a su hijo. Después de eso todo se silenció estrepitosamente.
-No…No… ¡Maxi!-
Continuará………
Y aquí lo voy a dejar, espero haber logrado la sensación de suspenso. ¿Qué habrá pasado?, lo sabrán en el próximo capítulo. Nos vemos/leemos, se cuidan.
