Hola, bueno, aquí tienen el octavo capítulo, espero que les guste y nuevamente agradezco los reviews de TheCursedPrinces91. Nos vemos/leemos.
El Prófugo
Capítulo 8: ¡Sométanlo!
La lluvia era intensa y el espectáculo que Goofy debía presenciar era demasiado perturbador. Max aún sujetaba la pistola apuntando a los policías y con aquella mirada frívola en su rostro. Por unos instantes Goofy hubiera jurado que su hijo se había convertido en un monstruo, un ser sin alma incapaz de pensar o sentir. Esta vez no había ninguna forma de evadir la realidad, él lo acababa de presenciar todo y por mucho que le doliera debía hacerse a la idea.
-Maxi…- dijo Goofy casi en un susurro.
Max no dijo nada, solo se quedó mirando los cadáveres mientras la lluvia lo empapaba cada vez más.
-Max… ¿Qué hiciste?- preguntó Goofy, mas a sí mismo que a su hijo.
-Ya todo está bien, papá, todo está bien- dijo Max en un tono bajo.
Goofy no sabía que decir, todo había sido tan repentino. Era verdad que por el momento estaban a salvo, pero la forma en que lo habían conseguido no le gustaba.
Max se repuso unos momentos después y se acercó a su padre para ayudarlo a levantarse. Le extendió la mano para que se apoyara en ella, pero Goofy no la sujetó. Simplemente ahora sentía mucho temor hacia Max.
-Ven, papá, tenemos que buscar combustible- le dijo Max.
Goofy no se movió, de hecho intentó retroceder un poco aún viéndolo con esa expresión nerviosa.
-Por favor no me mires así pá… tenía que hacerlo- dijo Max en un tono suplicante.
-¿Dos veces?- finalmente habló Goofy.
-Las veces que sean necesarias para sacarnos de este problema. Contestó Max.
-¿Entonces piensas seguir… matando?- preguntó Goofy.
-Créeme que no me gusta hacerlo, pero las cosas se han puesto muy difíciles y tenemos que sobrevivir a cualquier costo- dijo Max.
Goofy dudó unos momentos y finalmente aceptó la Mano de su hijo. Una vez que este lo ayudó a levantarse le dio un fuerte abrazo sintiéndose realmente mal.
-Maxi, no me gusta verte haciendo cosas malas- le dijo.
-Trataré de ya no hacerlo, lo prometo- dijo Max con un sentimiento de culpa por hacer a su padre pasar por todo eso.
Max se sintió reconfortando en darse cuenta de que su padre aún estaba dispuesto a seguir a su lado a pesar de sus recientes acciones. No obstante una parte de Goofy realmente estaba perturbada por lo que acababa de suceder. No era para menos, ¿cómo podría proteger a Max de la justicia cuando él mismo había visto de lo que era capaz?
Sabía que Max no era un mal chico y que las circunstancias lo había orillado a cometer esos homicidios, que contando al director Mazúr ya se sumaban cinco, de los cuales cuatro eran oficiales de la policía. En verdad deseaba evitar que Max se manchara mas las manos y entonces tomó una dura decisión.
-Max, quiero que me des el arma- dijo Goofy.
-¿Qué?, ¿para qué?- preguntó Max sorprendido por la petición de su padre.
-Ya la llevaste demasiado tiempo, hijo, y no quiero que vuelvas a usarla- explicó Goofy.
-Pero la necesitamos, papá. Sin ella será más probable que nos atrapen- alegó Max.
-No planeo deshacerme de ella… solo que ya no quiero que tu tengas mas esa responsabilidad- dijo Goofy –A partir de ahora yo la llevaré y me encargaré de darle uso… en caso necesario-
Max no sabía si reírse o ponerse a llorar. Si era inesperado en él asesinar a alguien era mucho más extraño que Goofy fuera capaz de un acto así. Definitivamente los últimos días habían sido muy raros, ya nada sería igual que antes y ambos lo sabían. Ahora Max se daba cuenta de que su padre lo quería tanto como para compartir sus pecados y hacer lo necesario para defenderlo.
-¡No papá!, ¡Tú no eres así!, ¡No te conviertas en un homicida por mi culpa!- dijo Max.
-No te preocupes más por mí. Ya me has demostrado el gran hijo que eres y ahora me corresponde a mi cumplir mi obligación como padre y hacer todo lo que sea necesario para evitar que te ocurra algo malo- dijo Goofy decidido.
-Pero, papá…-
-No hay pero que valga, Max, dámela- dijo Goofy extendiendo la mano hacia su hijo para que le diera la pistola.
Max tomó el arma, la miró unos pocos segundos y no muy seguro de lo que hacía se la extendió a Goofy. El adulto tomó el arma y se la guardó en el pantalón, luego le dirigió una sonrisa a su hijo para tranquilizarlo.
-Descuida, no pienso usarla a menos que sea realmente imprescindible- dijo Goofy
El amanecer llegó poco después y padre e hijo empujaron el automóvil hasta el pueblo más cercano. No había sido una tarea nada fácil pero al final lo habían logrado. Pronto encontraron una gasolinera y llenaron el tanque, que era su prioridad en esos momentos.
-¿Sabes Max?- decía Goofy –Creo que hay que considerar la posibilidad de salir del país-
Max se sintió realmente mal con este comentario pero no objetó nada. No deseaba dejar todo lo que conocía, a sus amigos y a su novia Roxanne. Sin embargo sabía que era la opción más prudente que podían tomar en esos momentos. Goofy notó la decepción del muchacho y trató de animarlo.
-Me imagino que para ti es difícil irte, para mí también lo es, pero ya nos dimos cuenta de que aquí no estamos a salvo en ningún lado- dijo Goofy.
-Lo sé- dijo Max desanimado.
-Claro que eso no significa que no volveremos algún día. Solo hay que esperar lo suficiente a que se normalicen las cosas- dijo Goofy.
Esto último le subió un poco el ánimo a Max, aunque obviamente la tristeza no había desaparecido del todo. Los dos acordaron dirigirse cuanto antes al aeropuerto mas cercano y tomar el primer vuelo a donde fuera. Realmente lo que les importaba era alejarse de ahí más que el destino al que irían.
-Lo sé, Roxanne, pero no hay otra manera- decía Max en el teléfono desde el cual se había comunicado con su novia para avisarle de su plan unos minutos después de llegar al aeropuerto –No, no se a donde iremos, papá está comprando los boletos en este momento. Bien, te llamare en cuanto pueda. Nos vemos, te amo- dicho esto colgó el teléfono y regresó a la taquilla donde su padre lo esperaba.
-¿listo, Maxi?- pregunto Goofy al verlo llegar.
-listo- contestó el joven.
-Pues andando, el avión sale en media hora- indicó Goofy.
Padre e hijo caminaron hasta la puerta que indicaban sus boletos, se los dieron a la señorita que amablemente los condujo hasta sus asientos y se prepararon para iniciar el viaje hacia su nueva vida.
A pesar de todo, era relajante estar sentados en el avión rodeados de gente que ignoraba lo que habían pasado en los últimos días. La fresca sensación del aire acondicionado llegó a ellos y pronto pudieron escuchar las indicaciones de la azafata sobre qué hacer en caso de turbulencias y cosas por el estilo.
-Estamos a punto de despegar, por favor abróchense sus cinturones- dijo la azafata.
Todos los pasajeros obedecieron y entonces Goofy, ya sintiendo la dulce libertad, le dirigió una sonrisa de complicidad a su hijo.
-Bueno, lo logramos- le dijo.
Max le devolvió la sonrisa sin saber lo que les esperaba a ambos. Justo en ese momento llegó la azafata y comenzó a hablar nuevamente con los pasajeros.
-Disculpen las molestias, me temo que tendremos que retrasar el vuelo unos minutos por orden de la base- dijo la mujer.
Max y Goofy no le tomaron mucha importancia, sabían que eran cuestiones de rutina en todos los aeropuertos. No obstante de haber sabido que en ese momento estaban subiendo a mas personas al avión y no necesariamente pasajeros se habrían levantada y hubieran tratado de escapar lo antes posible.
Un rato más tarde llegó nuevamente la azafata acompañada de otros tres hombres vestidos con traje negro, lentes oscuros y aspecto severo. Los recién llegados se acercaron a donde estaban los Goofs y entonces la azafata volvió a hablar, esta vez con un tono menos amable.
-Señores, necesitamos que nos acompañen un momento- dijo la señorita.
Goofy y Max quedaron congelados por el miedo al ver a esos hombres. Algo dentro de ellos les decía que lo que estaba ocurriendo y no les gustaba para nada.
-¿Para qué nos necesitan?- preguntó Goofy con la vana esperanza de que se tratar de un mal entendido.
-Goofy Goof y Maximiliano Goof, quedan bajo arresto por el homicidio del director Mazúr y los oficiales Smith, Johnson, Williams y Juárez- dijo uno de los hombres mostrándoles un placa de policía.
Los otros pasajeros solo contemplaban la escena y murmuraban entre ellos. Los dos involucrados simplemente no salían de su asombro con respecto a lo que estaba ocurriendo.
-¿Cómo nos encontraron?- preguntó Max.
-Interceptamos el teléfono de la señorita Roxanne y rastreamos la llamada- dijo uno de los agentes –Y ni piensen en tratar de escapar. Notarán que hay mucho civiles aquí y lo que menos queremos es una balacera… además todo el aeropuerto está rodeado. No tienen escapatoria posible-
Goofy tomó a Max de la mano ya sin saber qué hacer, aunque sacara su arma y tratara de defenderse los agentes lo inmovilizarían rápidamente y alguien inocente podría salir lastimado. Por mucho que amara a su hijo no podía poner en peligro la vida de otros que ningún daño les habían hecho.
-Papá… creo que de esta ya no nos libramos- dijo Max levemente justo antes de que los agentes los sacaron por la fuerza del avión llevándolos finalmente con las autoridades. Ahora si parecía que todo estaba perdido para ambos.
Continuará………
