"Recuerdos"
Cap4
"Un extraño joven"
Me
levanté temprano, al parecer la velada de Hindi había salido de
maravilla, pues nadie más estaba despierto en casa. Preparé el
desayuno y decidí comer una manzana, pronto asomó Ofelia.
-Buenos
días-dije mientras le
pasaba una taza de té. Al parecer aún estaba somnolienta y de
seguro se había pasado toda la noche espiando a la pobre de
Hindi.
-Buenas...-
dijo de mala gana.- ¿Y
Hindi?-
-Debe
estar por despertar...-contesté,
terminé mi manzana y me dirigí a mi habitación-
El té está caliente, ten cuidado-
respondió con la cabeza aun con la niebla del sueño y salí de la
cocina. Al pasar cerca de la habitación de Hindi, ella salió y me
saludó con las mejillas ardiendo en fuego.
-Buenos
días- saludé, sabía
cuanto le perturbaban los interrogatorios de Ofelia-
Ofelia está en la cocina, ¿no prefieres vestirte primero?-le
dije con una sonrisa.
-OH!
muchas gracias-dijo
nerviosamente y entró en su habitación cerrando bruscamente la
puerta.
Seguí mi trayectoria hasta mi habitación y como este día
(sábado) era un día libre, decidí ir a caminar por la plaza y
aprovechar de hacer las compras.
Un jovencito me vendió el diario
que hojeé camino a la tienda, un encabezado me llamó mucho la
atención.
"SE RECLUTAN
MISIONEROS
Hermanos,
las leyendas están fuera de ser tales,
los
vampiros existen y han atacado en nuestras
tierras,
hermanos, os ruego veléis por nuestra causa
que
nosotros empezaremos la batalla contra esos
engendros
demoniacos..."
¿Vampiros?,
¿Existen? Aledaña a este encabezado, en el desarrollo de la noticia
enunciaban lasa formas de reconocer a un vampiro, y a una víctima de
este. Cómo combatirlos, sus víctimas preferenciales...Pero no lo
leí completo.
-Estupideces...
Escritores bañados en fantasía-escuché
decir a un hombre que estaba viendo la misma noticia. ¿Realmente
será así?... Decidí dejar el tema de lado, aún me quedaban las
compras guardé el diario en la bolsa de compras y me encaminé a mi
deber.
El tiempo pasó volando y como ya era hora de almorzar
resolví almorzar en alguna tienda, Hindi y Ofelia podrían
arreglárselas solas. Entré a un comedor de pastas, mi preferida, y
me senté en una mesa cerca del ventanal pedía a mi gusto y me quedé
viendo a la nada.
Vampiros... ¿Realmente existían? Bueno, había
que admitirlo, muchos niños y mujeres se han encontrado muertos y
anémicos fuera de la ciudad con sus cuerpos abiertos de par en par
con las tripas afuera. Sí, malos recuerdos... la semana pasada me
había tocado ver a una reciente víctima y en el club de caballeros
ya había sido un teme de cabecera, pues varios de sus mandados
resultaban ser víctimas de ataques de la misma naturaleza, primero
culparon a animales salvajes como lobos y ordenaron su exterminio,
pero aún así, después de satánica e innecesaria cacería los
ataques siguieron ocurriendo...
-Disculpe
señorita, ¿está sola?-una
voz masculina de dulce sonar me sacó de mis pensamientos, lo miré
al rostro y no creí lo que vi... intenté comportarme como me era
normal y le sonreí cordialmente.
-Sí,
lo siento pero acabo de pedir mi plato-dije
dándole a entender de que no desocuparía mi mesa. Este torció una
sonrisa.
-Pues, ¿Podría
sentarme con usted? Le invito el almuerzo-dijo
poniendo una mano en la silla frente a mí.
-Si
quiere puede sentarse, pero yo pagaré mi plato-dijo
media molesta... Yo era lo bastante autosuficiente y responsable como
para dejar que un extraño pague mi almuerzo, ¡que
humillante!
-Disculpe
si la he molestado-dijo
sentándose, me quedó mirando con semblante curioso. Suspiré para
relajarme y entrelacé mis dedos.
-No
se preocupe-dije
fríamente, miré por el ventanal.
-No
me he presentado, mi nombre es Elfric Bourcier-dijo
él. Lo miré un poco más calmada y le sonreí.
-Angelic
Coudray, un gusto caballero-
le dije, pero la verdad es que parecía ser de mi misma edad, unos
diecimuchos o unos veintipocos. Su piel era tan pálida como la mía,
pero quizás un poco más, su cabello era marrón y lo traía a medio
largo, pues no le tocaba el cuello de la camisa, sus ojos eran...
extraños... Eran de un celeste cielo, potente pero sereno... Desvié
rápidamente la mirada de él. Y mi plato llegó.
-Gracias,
el caballero también desea pedir algo-
le dije al mozo, que por tantas veces que venía allí ya nos
conocíamos, él se llamaba David.
-Sí,
claro Ann. Aquí está la carta joven.-le
entregó la carta a Elfric y este me sonrió, luego miró la
carta.
-Lo mismo que la
señorita por favor-dijo
él, David me miró divertido, yo puse cara de "¿Y yo qué sé?"
y tomé el tenedor para empezar a comer, pero David me lo
quitó.
-¿David?-dije
ingenua, y picándome a molesta.
-Lo
mejor será que os traiga ambos platos calientes-
dijo y se marchó. Quedé mirando hacia su dirección, viendo como
entraba a la cocina y me dejaba con el tenedor limpio en la mano, un
completo desconocido enfrente mío, un hambre voraz y una cara de "
Te voy a matar después de esto"
