"Recuerdos"
Cap5
"No existe"
-Lo
mejor será que os traiga ambos platos calientes-
dijo y se marchó. Tenía todas las ganas de golpearle en su redonda
cara, pero en un ambiente público como ese, era mejor mantenerse al
margen.
-¿Lo
conoce?-esa voz de
terciopelo me sacó de mis macabros pensamientos, le miré de reojo y
apoyé mis manos en la mesa, suspiré.
-Sí,
no sé si para bien, pero le conozco-
respondí con desgano.
-¿Le
ha molestado?- me extrañó
el tono molesto con que lo decía, y me volteé para verle la
expresión. No me miraba a mí, miraba a la puerta de la cocina, con
una extraña expresión de odio, por una extraña razón, su
semblante me atemorizó.
-N-no,
al contrario él suele protegerme-casi
fue un susurro, me aclaré la voz. Él volvió su mirada hacia mí,
pero con una expresión de alivio, o quizás era arrepentimiento o
recelo.
-Ah, ¿es tu
novio?- no sé con que
fue pero en ese instante me dio una ataque de tos inexplicable, ¿Qué
si David era mi novio? Él era un completo desconocido, ¿Con qué
derecho me preguntaba eso? Apresuré unos vasos de agua y tomé aire
con más tranquilidad, la Garganta me escoció por el
esfuerzo.
-¿Está
bien?- él se había
levantado para traerme el vaso de agua, estaba ahora arrodillado al
lado mío con un semblante de profunda preucopación. Sonreí
apenas.
-Sí, no se
preocupe, solo... me ha tomado por sorpresa-
le dije, con una señal de mano le invité a tomar haciento. Este se
sentó y entrelazó sus larguísimos dedos en la mesa.
-Entonces,
¿los son?- la curiosidad
y recelo bañaban esas tres palabras. Suspiré, ¿qué se creía al
preguntarme eso?
-Definitivamente,
no- ¿Y qué era lo que
me llevaba a responderle todas sus preguntas? Este sonrió y enderezó
la espalda, no me había dado cuenta pero los dos estábamos casi
totalmente inclinados en la mesa, a mi vez también me enderecé. Él
suspiró, como un suspiro de alivio, enarqué una ceja durativa y
luego le miré desafiante.-
Y usted ¿Ya tiene compromiso?-
Sus asombrosos ojos color cielo se desviaron punzantes hacia mi
persona y una traviesa sonrisa decoró su rostro.
-¿Qué
cree usted?- dijo en una
voz que pareció aturdirme.
-Aquí
están los pedidos, provecho-
David dejó ambos platos frente cada uno, y para distraerme comencé
a comer. David desapareció nuevamente por la cocina.
-¿Y,
qué cree usted sobre mi estado civil?-al
parecer a él le empezó a agradar verme atorada, o tomarme por
sorpresa. Tomé, otra vez, un vaso de agua para cesar la tos, y lo
miré algo molesta. Él ya no tenía mirada de preocupación, sino de
provocación...
-Supongo
que tiene compromiso, y si mi hipótesis es cierta no esta bien que
me mire de esa manera-
dije mirando mi plato y enrollé otro fideo blanco en el tenedor para
tener mi boca ocupada. En principio el se sorprendió de mi reacción,
pero luego sonrió gratificado.
-Pues
lamento decirle que se ha equivocado en su hipótesis, así que puedo
mirarla de esta manera-
lo miré nuevamente, sus ojos parecían querer tragarme en un espacio
infinito sin dimensiones. De un momento a otro esos ojos seductores
cambiaron a un potente odio que me desconectaron de ellos y me
intimidaron de manera fatal.-No
necesito de mi cuerpo para conquistarla, ¿sabe que preferiría ser
el hombre menos agraciado del mundo?-
Le
quedé mirando, no podía explicar como fue que esa mirada de odio me
afectara tanto, no pude articular palabra alguna, sólo pensar y con
esfuerzo analizar sus palabras. Al ver que no me movía, sonrió
amargamente y se tapó la mitad de la cara con una de sus finas
manos.
-Te he asustado,
cuanto lo lamento. Con permiso-
se iba a levantar, pero una reacción automática he inexplicable me
llevó a tomarle de la otra mano y detenerlo, su piel era gélida
como un témpano de hielo, pero no le hice mayor caso. Él se dio
vuelta y me miró sorprendido, no se movió.
-Toma
asiento, disculpa mi errónea reacción-dije
mirándole a los ojos, sus ojos se tornaron a una textura más
acuosa, y una sonrisa adornó nuevamente su rostro, volvió a su
asiento. Terminamos de comer sin decir nada, pagamos (cada uno su
parte) y juntaba mis bolsas para volver a casa.
-¿Le
ayudo?- dijo Elfric
tomando las bolsas que aún no tomaba.
-Gracias,
pero mi casa queda más o menos lejos, además yo me las puedo
sola-le dije, en mi
interior había una parte que no quería separarse de ese extraño,
pero otra, la lógica, me decía que ya era bien tarde y que a él no
le gustaría ir tan lejos, por más amable que fuera.
-No
hay problema, no tengo nada que hacer hasta pasado mañana-
dijo con una radiante sonrisa, que hermoso... ¡No! O sea, Angelic,
tú sabes el daño que produce tener lasos con alguien, ¡obvio!
¡Reacciona mujer! otra caída más y terminarás suicidándote
-La
verdad es que mi casa queda a las afueras del pueblo, la verdad no es
necesario, gracias de todas maneras-
le iba a quitar lasa cosas que había tomado pero este dio unos pasos
atrás, y me miró algo molesto.
-¿Qué
acaso no me está permitido acompañar a la mujer que amo?-
lo miré con los ojos abiertos como platos, ¡¿Qué fue lo que
dijo?! Que molesto, siento que está jugando conmigo, con mi pasado,
mis sentimientos y mi sufrimiento. Le arrebaté mis bolsas y apresuré
el paso en dirección a mi casa, sin mirar a atrás, maldiciendo todo
lo existente. Pero unas cuadras más adelante me detuvo tomándome
del codo, no me moby, solo agache la cabeza y recé por que las
lagrimas no salieran de mis ojos.
-Disculpe
si la he incomodado, pero es que no lo puedo evitar...-
se intentaba excusar... dibujé una amarga sonrisa, me di vuelta y lo
encaré.
-¿Usted cree
que soy tan tonta como para creerle?-
el iba a responder pero le corté inmediatamente-
Es completamente imposible que una persona se enamore de otra con
sólo mirarla, ¡Míreme!, usted no sabe quien soy, cual es mi
pasado, cuanto he sufrido, cómo es mi carácter, ¡y no estoy
dispuesta a ser víctima de un falso enamoramiento que me hará
sufrir el resto de mis días por mi imbecilidad! Con permiso -
me safé de un tirón, retomé todas mis cosas y partí nuevamente
hacia mi casa, que amargo me resultaba verle a los ojos, parecía
dolido, pero no decepcionado.
-Déjame
conocerte-dos palabras
que me helaron por completo, suspiré rendida, al parecer ese tipo no
me iba a dejar tranquila, esta bien, se lo concedería, pero me
prometí a mi misma que no me dejaría caer en sus maquiavélicas
redes.
-¿Deseas ir a
tomar té?-le respondí
sin darme vuelta. Sentí unos pasos acercándose y cómo su mano me
arrebataba la mitad del peso que tenía en las mías.
-Gracias,
te demostraré que el verdadero amor si existe-
me dijo, no respondí, sólo seguí caminando hacia mi casa. Bien,
Recapacitemos, yo estaba con un completo extraño que dice amarme, y
lo estoy llevando a mi casa para tomar el té...
¿Alguna vez hice
algo de semejante falta de cordura y extrema confianza?
