Todo empezó en Grecia

Una advertencia:

Este capítulo es plenamente T por contenido sexual explícito, la verdad es que me ha salido, como decimos en España, muy verde. Es para poner un poco de picante en el exceso de azúcar de que suelen pecar mis fics.

Si no gustáis de leer estas cosas, mejor no lo hagáis. Ni hay violencia ni cosas raras, pero es muy gráfico. Para quien no lo lea el resumen es que Mac y Stella han dado un paso adelante en su relación y han tenido una noche de sexo muy placentera. Y se puede seguir tranquilamente al siguiente capítulo.

Capítulo 3

Diez años había esperado Stella ese momento. Porque, para qué negarlo, desde el instante en que vio a Mac por primera vez, supo que era el hombre de su vida. Puede sonar exagerado, pero así fue. Entonces Mac era un desconocido para ella, y lo más importante, un hombre casado... pero su piel se estremecía si casualmente se tocaban, su corazón fallaba un latido cuando él la sonreía... Pronto se encontró enamorada... como una colegiala de su profesor. Platónicamente, porque también tenía muy claro que nunca se interpondría en el camino de un hombre que tenía pareja. Después, cuando sucedió la tragedia, Stella estuvo allí como amiga, siempre pendiente de él, pero no se permitió a sí misma sacar partido de la situación. Se sentía extrañamente culpable, sí culpable... porque más de una vez deseó que algo sucediera para que Claire dejara a Mac. Stella nunca pensó en la muerte, desde luego, pero intuía que en el matrimonio de Mac las cosas no iban tan bien durante el último año... y si Claire le dejaba, quizás ella podría tener una oportunidad... Pero no así, no así... pensaba llorando mientras abrazaba a Mac aquel 11 de septiembre horrible, mientras veían, impotentes, las imágenes de la tragedia, antes de que Mac saliera en tromba hacia la zona, para comprobar, como ya intuía aún antes de haber llegado, que nada podía hacer por su esposa.

Todo esto pasó como un flash por la mente de Stella mientras Mac suspiraba ronco su nombre en su misma boca, antes de tomar, ávidamente, posesión de ella. Mientras tanto, sus manos trabajaban despojando a Stella del albornoz, bajando los tirantes de su camisón hasta descubrir el pecho, quitando obstáculos para sentir, por fin, piel con piel, boca con boca, boca con piel... su boca sobre cada centímetro de su piel, y Stella no podía evitar suspirar entrecortadamente... En cada lugar que Mac posaba sus labios, se concentraba toda la sensibilidad del cuerpo de Stella. Enterrado en su cuello, mientras acariciaba sus rizos, bajando por su escote hasta encontrar su pecho... besando, succionando... Stella sentía crecer, endurecer, avanzar sus pezones hacia esa boca que los acariciaba con devoción, hacia esas manos que seguían el camino de los labios, que ya estaban más abajo, en su estómago, deteniéndose en su ombligo, jugueteando con su perfecta redondez, bajando por su vientre hasta encontrar el vello púbico, y dejar olvidada ahí su mano mientras sus labios proseguían por el interior de los muslos, ahora abiertos para él, piernas flexionadas como la naturaleza misma imponía, la mente de Stella ya incapaz de controlar su cuerpo... Y la otra mano acariciando los tobillos, haciendo cosquillas en los pies...

Maaaccc... la voz cada vez más ronca, sus miembros cada vez más fuera de control... Stella quería más, quería sentirlo sobre ella, dentro de ella... Pero él estaba muy ocupado. Su boca había vuelto al punto que pasó por alto y se abría camino con su lengua entre otros rizos, otros labios, otros aromas... Dios, el sabor de esta mujer lo estaba volviendo loco, y suavemente se entretenía acariciando con su boca la zona, ya húmeda por la excitación, enredando los dedos en los cortos rizos, buscando ese punto sensible cada vez más prominente... Las caderas de Stella se levantaban hacia su boca, y Mac comprobó que ella estaba más que preparada. Si esperaba más, él tampoco iba a poder controlarse... de manera que deshizo el camino antes recorrido hasta encontrarse con los ojos más bellos que se puedan imaginar en un rostro humano.

- "¿Permiso?" le dijo, sonriente, mientras la besaba de nuevo. Stella no pudo menos que sonreír también, mientras él se posicionaba procurando apoyar los codos a ambos lados para no ser tan pesado sobre ella, que levantó más las rodillas, dejando aún más espacio para él entre sus muslos, esperando el contacto...

- "Avanti", le respondió, recordando su mitad italiana, cuando sintió que él situaba su ahora palpitante y erecto miembro... No pudo menos que bajar su mano y, acariciándolo, sintiendo su tamaño y su dureza a la par que la suavidad de su superficie, conducirlo ella misma hacia su vulva, y deslizarlo suavemente dentro de su vagina, más y más dentro hasta llenarla por completo. Le acarició entonces con delicadeza los testículos, ahora contra su piel, comprobando que estaban ya llenos y dispuestos...

Ambos suspiraron ante la sensación de conexión completa, respirando hondo mientras se acoplaban sus medidas, comprobando lo bien que se ajustaban entre sí... Mac la besó de nuevo, y mientras tanto empezó su danza sobre ella, a ritmo lento en el inicio, incrementando progresivamente la profundidad de cada acometida, desde casi salir por completo de ella hasta volver a llenarla de un sólo golpe impetuoso. Stella se sentía flotar, su cuerpo se arqueaba hacia él con cada embestida, haciéndole espacio para llegar más hondo, más dentro de ella cada vez... Estaba gritando su nombre antes del frenético movimiento final de Mac, tan rápido como la naturaleza le dictaba antes de, por fin, enterrarse por completo y quedarse allí mientras liberaba su semen dentro de ella, en lo más profundo de sus entrañas, entre respiraciones entrecortadas, espasmos musculares y sintiendo como las paredes de la vagina de ella le transportaban al séptimo cielo con los latidos de un orgasmo profundo, compartido y prolongado...

Mac hizo intención de apartarse, para no resultar tan pesado sobre ella, pero Stella no le dejó, abrazándole más estrechamente sobre su cuerpo, cerrando sus piernas sobre él, prolongando la sensación de sentirlo dentro. Mac metió la cara en el cuello de esta mujer a la que adoraba, de esta diosa, y los dos sintieron como sus respiraciones se iban calmando, su tono muscular regresaba poco a poco, ambos ya ahora relajados y satisfechos, felices de ser dos y a la vez ser uno solo... felices de compartirse, de haberse dado por completo el uno al otro.

- "Te voy a aplastar" murmuró Mac después de un rato, y giró hasta quedar de lado, llevando a Stella con él, aun abrazados. Ella se resignó y dejó salir a su prisionero, pero permaneció abrazada a Mac, besándolo, mientras de nuevo bajó su mano para acariciar su hombría, arriba y abajo, la piel suave y flexible...

- "Tenías razón..." Stella se rió por lo bajo, junto al pecho de Mac, "la estatua no tiene nada que hacer al lado de esto..." y su mano seguía jugueteando, ahora sorprendida de la pronta respuesta... al contacto de su mano sintió de nuevo endurecerse y erguirse esa parte de la anatomía de Mac que tanto placer le había dado... Bajó la cabeza hasta donde tenía la mano y lo besó. Mac se estremeció

- "No tienes que hacer esto..."

- "No tengo que hacerlo, quiero hacerlo", y seguía besando el miembro de Mac, recorriéndolo desde la punta, que volvía a sobresalir con renovada energía, hasta la raíz en toda su extensión, otra vez, tan pronto, erecto.

Mac se recostó con su espalda sobre la cama, muerto de risa, con su pene, para su propia sorpresa, nuevamente erguido, mientras Stella se colocó a horcajadas sobre él para, lentamente , volver a introducirlo dentro de ella. La cara de Mac era un poema cuando se vio de pronto siendo cabalgado por aquella perfecta criatura, que inicialmente a ritmo de trote y de galope después, le estaba procurando un montón de sensaciones increíbles. Sin perder la conexión de los ojos, Mac se sentía ligero a pesar del peso de Stella que ascendía y descendía sobre él, hasta dejar aprisonados sus testículos entre los dos, otra vez llenos y dispuestos para ella. La visión de esta belleza que lo estaba literalmente montando... era algo que sabía que no se podría sacar de la mente, con sus pechos bailando libres arriba y abajo en cada movimiento.

- "No sabía que Poseidón hubiera tenido relaciones con la reina de las amazonas..." la voz entrecortada de Mac le anunciaba que estaba ya cercano a culminar.

- "Todo es posible, ya sabes que eran muy promiscuos..." La voz de Stella era igualmente agitada, sus movimientos cada vez más rápidos sobre él. De pronto arqueó hacia atrás la espalda, apoyando las manos en los muslos de Mac, sintió su orgasmo llegar, echando el cuello aún más atrás. Mac alcanzó también su culminación, llenándola otra vez con sus chorros rápidos y calientes. Stella se recostó, aún agitada, sobre su pecho, casi sin respiración.

- "Dios, me podría acostumbrar fácilmente a esto..."

Mac se rió suavemente

- "Pues yo no creo que pueda sobrevivir mucho tiempo a este ritmo...". El corazón aún le latía desbocado, tan loco como el de Stella que ahora yacía sobre él.

- "Muertos a polvos... Sería una investigación curiosa de llevar..." Stella se reía ahora, verdaderamente agotada. "Habría que oír a Danny y a Don"

- "No se puede morir de mejor manera ¿no crees?". Mac la besaba el pelo, al tiempo que hablaba. Los dos se calmaron, quedando casi dormidos.

Apenas una media hora más tarde, Stella se despertó de pronto, alarmada. Su respingo despertó también a Mac. Ella aún estaba en parte sobre él, y se sentó a horcajadas en su cintura. Mac la miró, arqueando las cejas en actitud interrogativa...

- "Stella, no creo que pueda de momento..." empezó, con sorna.

- "¡Calla! ¿Te das cuenta de lo que hemos hecho?"

- "Como para no darme... Hemos hecho... dos polvos memorables, lo que a mi edad... es mucho mérito"

- "¡Calla!", repitió ella, llevándose la mano a la frente, preocupada. "Mac... somos peores que dos adolescentes dominados por sus locas hormonas fuera de control... Oh, Mac... no estoy tomando la píldora, y no hemos usado ningún tipo de protección..."

El tema la había despertado por completo. Mac la miraba, divertido. Desnuda como la Afrodita del museo, sólo le faltaba coger una sandalia y pegarle. Los pechos de Stella nada tenían que envidiar a los que él había admirado en las estatuas del museo, alabando a los escultores de la época. La visión del torso desnudo de la mujer sentada ahora mismo sobre él era mejor que cualquiera de las diosas de mármol por muy idealizadas que estuvieran. Stella se daba cuenta de la mirada apreciativa de Mac, recorriendo su cuerpo. La hacía sentir hermosa, deseada... pero no era el momento. Le dio una palmada en la mano que se adelantaba a acariciar su pecho desnudo.

- "¡Mac, no me estás haciendo caso!".

Mac la atrajo hacia él, y la tumbó a su lado, mientras la miraba, apoyado ahora en su costado.

- "Bueno, te contaré algo que te va a tranquilizar en ese aspecto. No creo que necesitemos preocuparnos. Parece que mi armamento funciona bien pero... la munición falla, no sé si estará caducada"

- "¿Qué quieres decir"

- "Durante el último año de nuestro matrimonio las cosas no fueron muy bien entre Claire y yo, y parte de la tensión se debía a que intentamos tener un bebé, sin lograr que se quedara embarazada. No me había dicho entonces lo de su hijo, Reed, y cuando lo supe entendí por qué ella sabía seguro que sí era fértil. Aún así se hizo una serie de pruebas que demostraron que a ella, efectivamente, no le pasaba nada, por lo que si no se quedaba embarazada debía ser por mi causa. Yo tenía una cita para análisis en una clínica de fertilidad para el día 12 de septiembre... Como comprenderás, nunca acudí."

- "No tenía idea, Mac. Espero que no te sientas mal"

- "¿Mal? ¡Me siento divinamente!... La verdad es que siempre pensé que me gustaría tener al menos un hijo, pero ahora mismo... es algo que no me preocupa"

Stella suspiró. Se la había pasado el susto, pero ahora no sabía que era peor... si temer quedarse embarazada de Mac o temer que nunca podría hacerlo. Porque estaba segura de una cosa, y era que ella sí quería tener hijos, quería tener los hijos de Mac Taylor.

Se quedaron dormidos abrazados, satisfechos del contacto de su piel con la del otro, de compartir el calor, de acompasar sus latidos, de sentir el olor del otro...

La doncella de habitaciones les encontró así, desnudos y entrelazados, cuando entró a limpiar por la mañana, pensando que estaría ya desocupada, por la hora tardía y porque no había letrero de "no molestar" en la puerta. La mujer, ya madura, entró cantando con su carrito con los útiles de limpieza y se disponía a abrir las ventanas y empezar por el cuarto de baño mientras se ventilaba la habitación cuando los vio en la cama. El ruido les había hecho despertar, sorprendidos y de pronto buscando las sábanas para taparse.

- "Sorry, sorry" se disculpó la señora, mientras salía a toda prisa, aunque cuando llegó a la puerta se dio cuenta de que había dejado atrás su carro y tuvo que volver. Pasado ya el susto, era más la diversión, e hizo como que se tapaba los ojos con la mano. Stella se dirigió a ella en griego

- "En unos minutos estaremos listos, perdón por el espectáculo"

- "Nada que perdonar, linda mía, y no tengan prisa... dejaré esta habitación para la última... Disfruta del momento y de la compañía"

La manera en que dijo "linda mía" en griego estremeció a Stella hasta lo más profundo de su ser. Tenía dos años cuando su madre murió, ahora lo sabía, pero por alguna razón esa expresión sonó tan familiar a sus oídos que la recordó tiempos remotos, y otra voz, cálida y dulce, dirigiéndose a ella. Sonrió a la señora, que se fue, con un guiño cómplice. Se recostó otra vez en la cama, con su mano en el vientre, pensando en ese "linda mía", repitiéndolo en voz baja para sí misma. Mac la miraba sin entender, pero puso su mano grande sobre la de ella, y el calor de la mano del hombre llegó como una ola a través de su propia mano hasta su vientre y más adentro... en una sensación única y extraña de unión íntima. Mientras Mac se fue al baño para estar listo para empezar el día, ella se quedó acurrucada en la cama, llena de sensaciones que no sabía definir.

El vestido verde... ¿le gustará a Stella? ¿Qué mas querrá hacer Mac para que sea feliz, comprar para ella el Monte Olimpo?