Todo empezó en Grecia

Capítulo 6

Aquella noche, por primera vez en los últimos días, cada uno se acostó en su lado de la cama sin siquiera tocarse. Mac estaba enfurruñado, y Stella estaba empezando a cansarse de su actitud. Se había comportado fatal durante toda la noche, molesto por el trato exquisito que su amigo el capitán Westwood le estaba dando a ella. Tanto besar manos, poner la mano en la espalda de su chica o sobre sus brazos desnudos a Mac le sentaba fatal, y no lo podía disimular. Los dos hombres apenas habían hablado, a pesar de que hacía muchos años que no se veían y deberían haberse puesto al corriente del devenir de sus respectivas vidas.

Frank les contó a Stella y a los demás comensales que compartían su mesa aquella noche que Mac y él se conocían desde que sirvieron juntos en la guerra del Líbano, donde ambos habían resultado heridos en el mismo ataque y evacuados a Alemania, al gran hospital de la base aérea de Ramstein, en el mismo avión. Habían compartido su tiempo de rehabilitación y se había hecho íntimos amigos. Después, ocasionalmente se habían encontrado en reuniones de veteranos, o cuando ambos fueron condecorados por el Presidente, y cada Navidad habían hablado hasta que hace unos siete u ocho años habían perdido el contacto. Stella dedujo que tras la conmoción por la muerte de Claire, Mac se había encerrado en sí mismo y no había querido dar explicaciones ni a sus amigos más íntimos.

Stella sí tuvo ocasión de hablar algo más con Frank, pues bailaron varias veces tras la cena. El capitán, pese a su aire jovial ante los invitados, estaba preocupado con la actitud de Mac. Stella le puso al corriente de lo que había sucedido con Claire y Frank se quedó muy impresionado. Al verle con otra mujer pensó que quizás se habría divorciado, aunque su modo extraño de comportarse le había hecho pensar si no estaría allí viviendo una aventura... pero eso tampoco le parecía propio del Mac que él conocía. Stella le aclaró que estaban ahora en el inicio de su relación, después de ocho años de amistad inquebrantable, y que Mac estaba simplemente celoso.

- "¿Tantos años amigos, siendo él viudo y tú soltera, y hasta ahora no habíais tenido una relación amorosa? ¿Qué le pasa a Mac? ¿No te ha mirado bien?". Frank le decía esto a Stella mientras seguían bailando y ambos estallaban en risa. Mac, desde lejos, miraba con la cabeza gacha, la boca fruncida y las cejas enarcadas, en esa actitud suya tan característica.

Al finalizar la música, Sella y Frank volvieron a su lado.

- "Mac, no veo un anillo de compromiso en el dedo de esta señorita... Te arriesgas a que otro más rápido le ponga uno a la menor ocasión que se presente... y te quedarás sin... ¿amiga?"

Mac hizo una sonrisa falsa, totalmente de circunstancias.

- "¿Estás pensando en comprar un anillo, Frank?", le preguntó con un tonillo sarcástico.

- "Pues justo hoy no, pero yo que tú estaría algo más espabilado..." Con esto, al comenzar la música de nuevo, Frank sacó a bailar a otra de las pasajeras que aquella noche habían tenido el honor de ser invitadas a la mesa del capitán. Stella agarró a Mac para salir a la pista también, adoraba bailar, pero él no quiso moverse. El esposo de la señora que bailaba con el capitán invitó entonces a Stella, y ella aceptó, lo que acabó de fastidiar a Mac.

El ambiente era divertido, la música maravillosa, compañía buena, y todo el mundo estaba disfrutando. Todos, excepto Mac.

El capitán Westwood se retiró al poco tiempo, pues al día siguiente debía estar muy temprano en el puente de mando para atracar en la primera escala del viaje, la isla de Santorini. Seguramente, debido a la débil marea prevista, no podrían acercarse al muelle, al ser el calado del barco demasiado grande para el pequeño puerto local, y tendrían que fondear en la preciosa bahía, el antiguo cráter del volcán, y desembarcar en lanchas. Todo debía organizarse milimétricamente, y aunque su segundo era de su total confianza a Frank Westwood le gustaba dirigir la maniobra personalmente.

No hubo besos apasionados ni suspiros entrecortados, no hubo cuerpos ansiosos por fundirse en el otro, ni sudor, ni intercambio de fluídos… la inauguración de la cama que tanto ansiaba Mac cuando entraron por primera vez en su camarote no se había producido.

Stella dormía agitada, murmurando cosas ininteligibles. Mac apenas había podido dormir, su insomnio crónico recuperado de nuevo. Se daba cuenta de que estaba dando un pobre espectáculo con sus celos y que Stella no se lo iba a consentir… pero no había podido evitarlo.

De madrugada se acercó a Stella, que le daba la espalda. La atrajo hacia sí y rodeó su cintura con el brazo. Ella, sin despertarse, buscó acomodo, apretándose más junto al cuerpo que había añorado hasta entonces. Su respiración se hizo más calmada y Mac notó como el cuerpo de ella abandonaba la tensión y se relajaba. Él hundió la cara en los rizos y por fin se durmió también. El mar estaba calmado y el movimiento del barco era apenas un suave balanceo que mecía los cuerpos abrazados.

- "Creí que no querías nada conmigo…" Stella murmuraba sin saber si él estaba despierto cuando por fin se despertó pocas horas después con toda la parte posterior de su cuerpo apretada contra Mac y su brazo rodeándola.

- "Hace años que quiero todo contigo… y me volví loco pensando que quizás en un momento te puedo perder, ahora que he conseguido que me hagas caso"

- "¿Qué te haga caso? Mac Taylor, no he hecho otra cosa que hacerte caso desde que entré en el CSI, eras tú quien no parecía reparar en mí para nada que no tuviera que ver con el trabajo…"

- "¡Ay, Dios, cuánto tiempo perdido. Stella, perdóname por la manera en que me he comportado ayer…" Stella se iba a volver para mirarle a la cara, pero él no la dejó. "Me volví loco pensando que encontrarías a Frank muy atractivo…"

- "Es muy atractivo" Aseveró Stella. Mac frunció el ceño.

- "Y que pensarías que es simpático, guapo, triunfador…"

- "Es simpático, guapo y triunfador…" Mac se desesperaba

- "Y, si le hubieras dado la oportunidad de poder hablar contigo, ese hombre tan atractivo, simpático, guapo, triunfador… y más alto que tú…"

- "Vaya, faltaba eso"

- "Ese hombre… te habría contado que no está ahora mismo pensando en perseguir mujeres, ni las de sus amigos ni ninguna otra… porque tiene a la suya en Mykonos, y es una temperamental griega que si se entera que dedica a otra mujer una mirada que sobrepase lo estrictamente cortés… le destroza la vajilla en la cabeza, plato por plato"

Ahora sí se volvió Stella a ver qué cara se le había quedado a Mac. Sorpresa era poco.

- "¿Frank se ha casado?"

- "Hace dos años. Y en unos días va a ser padre por primera vez. Una niña."

- ¿Por qué no me la dicho?

- "¿Cuándo, Mac Taylor? ¿Cuándo estabas pensando en darle un puñetazo en la nariz o cuando habías decidido que sería mejor partirle la boca? Me lo contó cuando hemos estado bailando. Él estaba intrigado con qué pasó con tu matrimonio y le dije lo de Claire, espero que no te importe…"

- "Está bien, está bien. Tienes razón, es mi amigo. Lo primero que teníamos que haber hecho era hablar, ponernos al corriente de lo pasado en los últimos años… ¡Va a ser padre! ¡Frank! ¡Con una esposa griega!"

- "Oye, oye, a ver… ¿qué tiene de raro casarse con una griega?"

- "Nada, nada de malo… Pero ese puñetero siempre tiene que robarme las ideas…"

Stella le miró ahora sorprendida. ¿Qué había querido decir? Antes de poder pensar en ello, Mac estaba sobre ella, besándola y pidiendo perdón.

- "Stella, perdóname, he sido un imbécil…"

- "Ahí llevas razón, mira. Y cuando la tienes no me importa dártela"

Mac sonrió y empezó a deslizar los tirantes del camisón de ella, sin encontrar resistencia. Cada trocito de piel liberado de la seda que lo cubría era besado con suavidad, más y más abajo… Hicieron el amor como se estaban acostumbrando a hacerlo, con toda la pasión y toda la dulzura… En el momento en que ambos alcanzaban el clímax, cuando el nombre de Mac salía entrecortado y ronco de la garganta de Stella repetidamente, en ese momento cumbre… la sirena del barco sonó, bronca y potente, anunciando que estaban en puerto seguro. Así se sentían ellos, mientras sus respiraciones se iban calmando, él aún dentro de ella… se sentían en puerto seguro.

Y por más que adorasen esa conexión… Santorini esperaba, con su caserío blanco en lo alto del abrupto acantilado que dominaba el puerto, como nieve que hubiese caído allá arriba.

Stella lo vio desde la ventana, y se lo señaló a Mac.

- "Arriba, marine, nos espera un duro día de turistas… "

Él la besó de nuevo, separándose de ella, resignado.

- "El deber nos llama, Bonasera".

Mac no quería, pero ella se empeñó en subir en burro. Las empinadas cuestas se podían evitar ahora con el funicular, pero Stella quiso hacerlo a la antigua usanza. Mac no las tenía todas consigo. Su burro, además, era testarudo y desobediente. Un par de veces estuvo a punto de enviarle por encima de las orejas. El cuidador le gritaba disparates en griego, que a Stella divertían mucho.

- "He aprendido más tacos en esta subida que en toda mi vida de estudiar griego, Mac"

- "Ah, cuánto me alegro. Pues te diré que no sé si responderé de mis partes a partir de ahora… me ha dado unos golpes en semejante sitio que me ha acabado de dejar…"

Stella se acordó de lo que le había contado sobre su presunta infertilidad, y le interrumpió.

- "No lo digas, Mac, no bromees con eso"

- No pasa nada, es un decir"

Ella le besó.

- "Sólo… no lo digas"

La vista desde lo alto era impresionante, se apreciaba el casi círculo de altas rocas alrededor de la bahía, antes cráter, donde el Stella Maris y otros dos grandes barcos estaban fondeados, pareciendo pequeños, casi juguetes, por la altura a la que estaban sobre ellos.

Las casas eran tan blancas que refulgían al sol, casi hacían daño a la vista. Las cúpulas azules de las capillas entonaban con el color del mar y del cielo… aquello era el paraíso.

En Nueva York, Lindsay había esperado a terminar el trabajo del día para contar a sus compañeros noticias de Mac y Stella. Cuando la mayor parte del personal se hubo ido, y sabiendo que Flack y Angell vendrían a entregar unos informes y recoger otros, les llamó a los dos, y también a Sid, a Hawkes… convocó a Adam, y dejó para el último a Danny, porque sabía que si le decía a Danny algo, no la dejaría en paz hasta desvelar el secreto.

Cuando todos estuvieron dispuestos ante la pantalla de plasma del puesto de mando del laboratorio, Lindsay les habló.

- "He recibido noticias de Mac y Stella. Están bien, se quedan unos días más de vacaciones…" Las miradas pícaras y los uy, uy, uy… se prodigaron por la sala. "Y Stella me ha enviado unas fotos que quiero que veáis. Son una evidencia…"

- "¿Cómo, trabajan en un caso?", preguntó Flack

- "Bueno, un caso no es exactamente, pero que las fotos son evidentes, lo son". Al mismo tiempo, puso la pantalla en marcha y apareció la primera foto, que previamente había cargado. Mac y Stella, bailando en la terraza del hotel, con el Partenón iluminado al fondo.

Los Oooohs y los Aaaaahs se generalizaron, y se incrementaron con la siguiente, tomados más de cerca y mirando a la cámara

- "Dios, Stella está… radiante", no pudo menos que comentar Sid. La siguiente foto era la del beso. Fue una explosión de alegría. Danny levantaba el puño como si su equipo hubiera ganado la súper-copa, todos reían contentos.

- ¡Por fin, creía que nunca llegaría a verlo! Flack abrazaba a Angell, aprovechando el momento.

Lindsay dudaba entre poner la siguiente foto o no… decidió que no. El cachondeo iba a ser demasiado para el pobre Mac. Apagó la pantalla, pero mientras todos salían hacia el pasillo, ella retuvo a Angell.

- Tengo una foto más, pero es sólo para chicas.

La cara de Angell era un poema, entre sorpresa, incredulidad y risa cuando en la pantalla del teléfono móvil de Lindsay apareció la foto de Mac cual Poseidón, desnudo como el día que nació, pero, eso sí, mucho más desarrollado…


Espero seguir unos pocos capítulos más en este nivel amable en el que este Fic se ha instalado. Ya sé que en realidad no está pasando nada, sólo la relación personal entre dos personajes está evolucionando, y quizás sean demasiado "cuento" para tan pobre argumento... pero me estoy divirtiendo, y lo quiero continuar hasta el comienzo del otro que he publicado, de manera que el otro sea un epílogo de éste.

Si ya sé, los epílogos se escriben después... pero vaya, "Y los sueños ¿sueños son?" surgió cuando él mismo asaltó mi cabeza y no tuve más remedio que escribirlo para que no se me olvidara.