Todo empezó en Grecia
Capítulo 10
Desde la posición en que estaba, con Stella dormida sobre su hombro, Mac podía ver el muelle. Así vio llegar un coche del que descendió su amigo Frank Westwood, que se volvió a ayudar a bajar del auto a su embarazadísima esposa. Un marinero llegó corriendo a hacerse cargo del equipaje, y los Westwood se dirigieron al Stella Maris, tomados de la mano, riendo y conversando. Mac le pasó el dorso de la mano a Stella por su mejilla, con una suave caricia.
- "Stella, despierta, ya han llegado." Stella suspiró, metiendo más la cara hacia el cuello de Mac. Él insistió en la caricia. "Stella, corazón, los Westwood ya están aquí".
Stella abrió los ojos lentamente, mirando a Mac.
- "¿Qué me has llamado… Stella qué?" Mac la miró burlón.
- "No sé qué te he llamado. Te habré llamado Stella, Stella… Bonasera. ¿Qué otra cosa te puedo llamar?". Stella le dio un codazo en las costillas, estirándose discretamente y arreglándose el pelo.
- "No sé qué me ha pasado, me caía de sueño, estaba cansadísima. Ahora parece que me he despejado un poco". Al tiempo de decir esto, Stella y Mac vieron cómo llegaban al salón el capitán y su esposa. Mac les hizo señas.
- "Mac, Stella", dijo Frank cuando llegaron al lugar en que se hallaban sus amigos, "quiero que conozcáis a mi esposa, la alegría de mi vida, os presento a Eleni Dukas-Westwood"
Eleni era una mujer morena y delgada, excepto por su abultado vientre, con unos sorprendentes ojos azules bordeados de largas y negras pestañas. Una belleza, a pesar de su avanzado estado de gestación. Vestía un traje color azul pavo real, vaporoso y suelto, muy elegante. Les habló en un perfecto inglés, con las erres un poco arrastradas, típico acento griego.
- "Mucho gusto. Siento haberos hecho esperar, pero ya os habrá dicho Frank que venimos de una boda… Nunca es el momento de marcharse, con los brindis, los bailes… Las bodas griegas son muy animadas"
- "Cierto, es tardísimo, lo que me hace recordar que tengo una maniobra de desatraque que dirigir en unos… diez minutos" añadió Frank, mirando su reloj. "¿Quieres venir conmigo al puente y así lo ves, Mac? Podemos dejar que ellas charlen, sin nosotros podrán hablar en griego. Pero antes, qué tal si vamos a mi camarote. Eleni estará más cómoda allí, y tú también, Stella, pareces cansada"
- "Demasiadas emociones hoy, mucho para un solo día" respondió Stella mientras se dirigían hacia el camarote del capitán, todo un apartamento en realidad, con su despacho, salón, dormitorio, baño y hasta una pequeña cocina. Los hombres las dejaron allí mientras Mac acompañó a Frank para dirigir la salida de la última escala del Stella Maris. Por la mañana llegarían a El Pireo y allí terminarían estos maravillosos días a bordo para Mac y Stella.
Eleni pudo comprobar que tenían una jarra de café recién hecho. Seguro que Frank se lo había pedido a alguien del servicio de a bordo para que lo tuvieran listo para su llegada. Sirvió un par de tazas antes de sentarse en el sofá, descalzarse y poner los pies encima de la mesita.
- "Stella, me tienes que perdonar, pero ya no aguanto los zapatos. Hace horas que estaba deseando hacer esto… Ves, es una de las ventajas de estar tan embarazada. Puedes ser todo lo maleducada que te apetezca, se te perdona". Ambas mujeres rieron.
- "Me encanta tener con quien hablar en griego. Estos días he practicado más que en toda mi vida"
- "Frank me ha contado la historia. Así que hasta hace unos días, ni siquiera sabías que habías nacido en Grecia… Stella, eso lo tenemos que mirar. Seguramente podrás conseguir la doble nacionalidad. Y la nacionalidad griega implica ser nacional de un estado de la Unión Europea, lo cual quiere decir libertad de movimiento, residencia, trabajo… en 25 países de Europa. Puede ser interesante, todo serían ventajas para ti y para tus hijos, cuando los tengas"
- "No lo había pensado. Desde luego yo me siento americana, pero también me he sentido siempre griega, y más después de lo que hoy hemos sabido en Paros…" Stella continuó contando la historia que habían conocido esa misma tarde. Eleni se sorprendía a cada palabra.
- "Dios mío, esto es de novela, no te ofendas… Qué historia. Así que fue Manfred Schimdt quien os llevó allí, menuda pieza. Es amigo nuestro, también. Es un tipo que va a lo suyo, pero, con todo, se puede confiar en él. Si ya sabe que sois nuestros amigos se esmerará con vosotros cuando haya que proceder al cambio de titularidad de la casa y demás. Hablaré con él para solucionar sin demoras los problemas que se puedan plantear. Mira, de algo os servirá ser amigos del prefecto, o sea, míos"
Sin apenas haber sentido el leve movimiento, el barco se estaba alejando de la isla de Mykonos, en una noche de luna llena y mar en calma. Stella también se había sentado junto a Eleni, y ella le había invitado a unirse a la fiesta de pies sobre la mesa.
- "No sé por qué estoy tan cansada, en realidad", decía Stella "no hemos hecho ningún esfuerzo físico, pero me duermo en cuanto apoyo la cabeza. Después de las revelaciones sobre mi familia que he conocido hoy, pensé que no dormiría durante días, dándole vueltas en la cabeza… pero me dormí en la travesía de vuelta, en vuestro barco, y me dormí ahora mientras Mac y yo os esperábamos"
Eleni giró la cabeza hacia ella y la miró intensamente. Volvió del revés la taza de café de Stella.
- "¿Puedo?", preguntó. Stella afirmó. Así que Eleni también leía los posos del café…
- "Una señora mayor en Cabo Sounion ya me los ha leído. Por cierto, era un encanto, y me dijo algo en lo que no puedo dejar de pensar…"
Eleni estaba mirando el fondo de la taza. Fruncía las cejas, murmuraba, movía la cabeza…
- "Stella ¿Estás embarazada?"
Stella pegó un respingo
- "No, no. No es tan fácil. Quiero decir, apenas llevamos un par de semanas con esta relación"
- "Lo de que no es tan fácil, no sé si afirmarlo. En realidad hacer esto (y puso la mano sobre su vientre) es lo más fácil y placentero del mundo, en eso estamos de acuerdo ¿no? Te lo preguntaba porque hace unos meses, ocho y medio exactamente, cuando ni siquiera había tenido la primera falta para alertarme de mi embarazo, la primera señal que mi cuerpo me envió fue eso, sueño y cansancio. Caramba, qué mal lo pasé en un acto oficial aquella semana. El mismísimo presidente de Grecia vino a Naxos a inaugurar el nuevo museo y yo casi me duermo de pie durante su discurso"
Al tiempo que hablaba, Eleni hacía la mímica de alguien que quiere evitar dormirse pero se la cae la cabeza. Stella se reía con ganas, habían simpatizado al instante.
- "Y mira, del sueño y el cansancio, lo que resultó", señalaba la enorme tripa. "Si hubiera dedicado las noches de los días y semanas anteriores a dormir y no a hacer otras cosas, ahora no me encontraría en esta situación tan comprometida… a punto de que de mi propio cuerpo salga otro ser humano. Me muero de miedo"
- "No lo puedo creer, que tengas miedo"
- "Pues créelo. Hemos hecho la preparación al parto, sé de memoria todas las etapas y lo que sucederá en todo momento, pero se acerca la hora y tengo miedo. Y también, por otro lado, estoy deseando que todo pase ya, porque estos últimos días ya me encuentro francamente molesta. ¡Soy una ballena!"
- "No digas eso, estás preciosa"
Eleni la miró, arqueando las cejas con cara de ¿tú crees?, pero en seguida sonrió.
- "Tú sí que eres preciosa, Frank me lo había dicho, pero se quedó corto" Stella se ruborizó "Y dices que has descubierto en estos días que eres exactamente igual que tu madre y que tu bisabuela, la abuela de tu madre?" Stella afirmó. "Pues se ve que la rama femenina de tu familia tenéis un gen dominante que os determina este físico espléndido. Mira, cuando tengas una hija ya sabes cómo será"
- "Pues también sabemos cómo será está de aquí" Stella señalaba la tripa de Eleni. "Frank nos enseñó la ecografía tridimensional, y se la ve la cara casi perfectamente"
- "¿Os la ha enseñado?"
- "La lleva encima". Las dos se rieron otra vez
- "Dios mío, y eso que la niña aún no ha nacido… Está loco con ella. Cuando nazca y tenga verdaderas fotografías que mostrar, va a aburrir al mundo entero con su niña, qué hombre"
- "Se le ve feliz"
- "Sí, la verdad es que hemos tenido suerte. Desde que nos conocimos nuestra relación ha sido maravillosa. Yo pensé que sería más difícil, porque Frank, como Mac, no es ningún niño… Creí que le costaría más adaptarse a la vida en pareja, a la convivencia, pero ya ves… Quizás sea porque se pasa dos semanas fuera, y después, en la semana de descanso, no le da tiempo a hartarse del matrimonio... Ahora está loco como un chiquillo con esta niña. Aún no ha nacido y ya está pensando en encargarle pronto el hermanito…" De nuevo las risas. Eleni se levantó para ir al baño.
- "No puedo pasar ni media hora sin ir al baño, de día y de noche. Es una tortura"
Cuando volvió, recogió las tazas de la mesita.
- "Los posos en tu taza son bastante claros, Stella… Dicen que de Grecia te llevas más de lo que crees, del pasado y para el futuro"
Stella se rió
- "Es lo que decís siempre, por lo que veo. La señora que te conté más o menos interpretó lo mismo"
- "Será porque es así…" Sus ojos azules chispeaban.
Se dejó caer otra vez en el sofá
- "¿Ves? Es que ya no me puedo sentar, simplemente me derrumbo" La expresión cómica de su cara hacía reír de nuevo a Stella. Se sentían bien, habían congeniado de manera extraordinaria en tan poco tiempo. "Y hoy a todas las molestias previas se ha sumado una presión tremenda aquí abajo", se señalaba la zona del bajo vientre, "yo creo que esta niña está deseando salir de la cueva, casi tanto como yo de que salga".
Sin darse cuenta, se habían pasado casi dos horas charlando. En ese tiempo, Frank Westwood y Mac Taylor, tras dejar el puente de mando después de fijar el rumbo, habían hecho un recorrido por la zona restringida del barco, la sala de máquinas, el centro de control, totalmente informatizado... Mac estaba maravillado de la moderna tecnología del Stella Maris. En esas horas, pasada la medianoche, todo era tranquilidad y calma. Frank le explicaba todo a su amigo con gusto.
- "Raras veces tenemos complicaciones, al menos no por parte de la maquinaria del barco. A veces hay algún problema porque alguien se mete en nuestro rumbo... la limitación mayor de un barco grande que se desplaza a toda máquina ya sabes que es que no podemos parar en poca distancia, y que variar el rumbo es una operación no demasiado ágil... Pero nunca hemos llegado a abordar a nadie, gracias a Dios, por mucho que se interponga en nuestro camino. Eso sí, la vigilancia es constante, y más en este último tramo, llegando a Atenas, en que el tráfico es intenso. Se supone que cada uno tenemos asignado un rumbo concreto, pero nunca faltan imprudentes, como en todo en esta vida".
Volvían sin prisa a reunirse con las mujeres
En el camarote del capitán, las dos mujeres seguían hablando, totalmente despejadas, pese a la hora tardía
- "Ups, otra vez tengo que ir al baño..." Por cuarta o quinta vez, Eleni se levantó, no sin dificultad.
Apenas habían pasado unos pocos segundos cuando Stella oyó que la llamaba desde el cuarto de baño. Algo en su voz la alarmó. Eleni había echado una toalla al suelo, y se limpiaba las piernas con otra.
- "Stella... creo que... a menos que me haya hecho pis encima, parece que acabo de romper aguas". Al mismo tiempo un impulso la hizo agacharse hacia adelante y apretarse el vientre con una mano y la espalda con la otra mientras ahogaba un grito. Stella reconoció una contracción, Eleni había tomado la misma postura que Lindsay ante cada una de ellas durante las muchas horas en que Stella la acompañó en el proceso del parto.
- "Ayyyy, esto sí ha dolido..." pudo decir Eleni cuando recuperó el aliento. Stella la ayudó a cambiarse, y echó las toallas a la bañera tras haber absorbido el líquido derramado en el suelo. Cuando llegaron Mac y Frank todo estaba aparentemente en calma de nuevo, Stella y Eleni en el sofá, con los pies en alto.
- "Míralas, qué buena vida. Nosotros dirigiendo importantes maniobras y ellas aquí, tan relajadas" Frank se acercó a besar a su esposa en la frente.
- "Frank, no te pongas nervioso, pero creo que estoy de parto. Hace unos minutos he roto aguas, y he tenido una contracción fuerte". Frank se levantó como un resorte del brazo del sofá.
- "No, no puede ser, estamos en medio del Egeo"
- "Pues va a ser que tu hija quiere nacer en medio del Egeo, fíjate...". Al ver la cara de susto de su marido, intentó tranquilizarle. "Bueno, ya sabes lo que nos contaron en la clase de preparación al parto... esto no es rápido, desgraciadamente. Llegaremos a Atenas a tiempo, ya verás..."
- "Quizás sea mejor volver..."
- "No", Eleni miró el reloj "Casi tardaremos tanto en llegar a Mykonos como a Atenas, y sería un inmenso trastorno para el pasaje..."
- "Voy a llamar al doctor, y según lo que diga, decidiremos". Frank se dirigió a buscar al médico del barco.
Stella ayudó a Eleni a trasladarse al dormitorio, y a tumbarse en la cama. La presión había aumentado y le costaba moverse. Mac intercambiaba con Stella miradas cómplices. Llevaban una racha de asistir a partos de amigos...
