Esa noche era luna llena, y no habían visto a Lupin en todo el día

Esa noche era luna llena, y no habían visto a Lupin en todo el día. Sirius estaba histérico. No había escuchado siquiera al montón de chicas que le proponían escaparse esa noche a Hogsmeade, ya que todo su cerebro intentaba localizar a su…amigo.

James, por su parte, perseguía a su mejor amigo por todo el castillo y terrenos de Hogwarts, intentando tranquilizarlo

-Pad, podemos volver al castillo, por favor?-gritaba por milésima vez-. Por si no te diste cuenta, está diluviando! Remus no sale los días de lluvia!-al ver que ojigris no daba señales de cambio, agregó.- Se te ocurrió mirar el mapa?

Sirius frenó en seco. Miró a su compañero y sin decir nada, se largó a correr hacia su sala común.

Ingresaron a las habitaciones totalmente empapados, pero no importaba. Peter, que había estado en la enfermería por comer unos pasteles en mal estado, no entendía que era lo que sucedía.

En menos de lo que tarda en decir "quiddich", el joven Black había dado vuelta la habitación, encontrado el mapa y localizado el punto con la inscripción "Lupin, Remus".

-Ya está en la Casa de los Gritos-dijo, más para sí que para el resto.

-Vas a tener que ir solo, creo que yo voy a morir…-interrumpió James, al momento que se tiraba sobre su cama, apretando con las manos sus costillas izquierdas.

Sirius sonrió y salió por la puerta.

Aún estando dentro de la escuela, se transformó en un gran perro negro, y al salir por la puerta principal, advirtió que ya estaba anocheciendo.

Saltó con agilidad sobre un nudo del Sauce Boxeador, que de inmediato se inmoviñizó, dejando expuesta la abertura.

Cuando se asomó, vio a su amigo casi totalmente convertido en lobo.

Esperó escondido que terminara la metamorfosis, y después saltó a su encuentro.

Toda la noche se hicieron compañía silenciosa. Ninguno de los dos se movía demasiado y evitaban el contacto tanto físico como visual.

Finalmente, el perro negro se acercó sigilosamente al lobo, y lamió una de sus orejas con timidez. El licántropo intentó atacarlo, pero en canino no se inmutó. Solo atinó a apoyar su hocico sobre el del otro.

Después de unos minutos de ese contacto, se vislumbró el sol desde dentro de la casa, y el lobo regresó a su forma humana, al mismo tiempo que el chico moreno.

Permanecieron en la misma posición, rozándose las narices, mirándose directamente a los ojos.

Sirius alzó una mano, y acarició suavemente una mejilla de su Remus, quien no esquivó el gesto, sino que lo correspondió.

Sonriendo, salieron de la casa, por el pasillo que los llevaba a los terrenos del colegio.

Seguía lloviendo.

El moreno se adelantó, dándole espacio al otro para hacer lo que quisiera; pero cuando sintió una voz de detrás de su espalda, sintió que le temblaban las rodillas, y un escalofrío que nada tenía que ver con el clima lo invadió.

-Si, Remus? Qué pasa?-dijo, intentando hacer caso omiso al cosquilleo que le había nacido en el estómago al ver al dueño de sus sueños empapado e indefenso, que lo miraba sonrojado.

-Yo…el otro día vos…

-Olvidate de eso. No sé que me pasó.

-No puedo olvidarlo-contestó en un susurro casi imperceptible.

Se miraron a los ojos. Plata y oro fundiéndose en una misma mirada, siendo la ventana de lo que ambos sentían.

Simultáneamente caminaron uno en dirección al otro, y cuando estaban a un paso, Lupin tomó el rostro de Black entre sus manos.

-Nunca me dejes.

-Nunca-respondió, guiñándole seductoramente un ojo-. Te amo…

El otro sonrió.

Cerraron los ojos y se dejaron llevar por el momento. Perfecto.

-Gracias a Merlín que se arreglaron-dijo James, observando todo desde la ventana de su habitación-. Estos dos son el uno para el otro.

-Quiénes?

-Nadie Peter. Volvé a dormir.

Ese era un secreto, exclusivamente para verdaderos Merodeadores.