Todo empezó en Grecia

Capítulo 11

Frank volvió rápidamente, acompañado del Dr. Paulopolos. Traía su maletín. Después de saludar a Mac y Stella se dispuso a reconocer a Eleni. Cuando lo estaba haciendo, ella tuvo otra contracción. Fue mucho más violenta que la anterior, más duradera en tiempo y más dolorosa. Eleni no pudo evitar gritar. Stella se asustó... era demasiado pronto, muy cercana a la anterior. Apenas habían pasado cinco o seis minutos. El médico la llamó, y preguntó si el líquido amniótico que había recogido del suelo era claro y transparente, y cuánto tiempo había pasado desde que tuvo la primera contracción.

- "Está de parto, sin duda. Y demasiado rápido para una primeriza. Capitán Westwood, sería inútil volver a Mykonos, creo que su bebé quiere nacer ya, aquí mismo, en este barco. La dilatación ya ha empezado, las contracciones son fuertes y próximas, la bolsa amniótica se ha roto... esto ya no se para. Sra. Westwood, todo va a ir bien, pero por fuerza va a ser un parto natural, no creo que dé tiempo de llegar al hospital de Atenas, y en el barco no disponemos de anestesia epidural para ayudarla con los dolores... Los partos no están previstos entre las contingencias que pueden pasar en un crucero". Calló para controlar la presión sanguínea, con el aparato que la había colocado en le brazo. "La presión está muy bien, eso es buena señal".

Eleni se rió, ahora relajada.

- "Digna hija de un marino, esta niña tiene que nacer en medio del mar..."

El médico pidió hablar con Frank en el salón. Allí estaba también Mac, expectante, mientras Stella se quedó con Eleni, sentada al borde de la cama, sujetando su mano.

- "Capitán Westwood, tengo que serle sincero. Desde mis prácticas de interno en el hospital no he vuelto a atender un parto. De momento parece que todo va rápido y bien, pero estoy preocupado por si hay complicaciones. Convendría saber si entre el pasaje contamos con algún obstetra o alguna matrona que pudieran ayudar con más experiencia..."

Mac y Frank recordaron a la vez que la mujer de la pareja española que había compartido mesa con ellos en la cena la segunda noche del crucero había dicho que trabajaba como matrona en un hospital de Barcelona, y que su excelente inglés se debía a que antes de en Barcelona había trabajado durante diez años en un hospital de Inglaterra trayendo niños al mundo. El tema había salido cuando Frank mostró a todos la imagen de la ecografía de su hija que llevaba consigo. La mujer española, que casualmente se llamaba también Estela, aunque lo escribía con "E" inicial, había dicho que la niña tenía aspecto de poder nacer en cualquier momento, ya estaba perfectamente formada... Frank se dirigió al teléfono y habló con su sobrecargo. Le encargó que localizara por favor a la señora Estela Alvarado y la acompañara al camarote del capitán, explicándole que su esposa estaba de parto. El sobrecargo se sobresaltó.

- "Dios mío, de parto. ¿De verdad? Dios mío, Dios mío... ¿En serio?"

- "Sí, Dimitri, no estoy para bromas con este asunto", le respondió Frank. Oyó como el otro colgaba sin siquiera despedirse, hecho un flan.

- "En fin, esperemos que encuentre a la Sra. Alvarado y que ella pueda ayudar. Pobre mujer, si ya están acostados les vamos a dar un susto, a ella y a su esposo. Pensará que ni en sus vacaciones se puede librar del trabajo..."

Antes de que volvieran al dormitorio de nuevo oyeron gritar a Eleni. Se aferraba a la mano de Stella como si no hubiera otra cosa en el mundo. Más fuerte, más duradera que las anteriores y apenas cuatro minutos después... Todo iba muy rápido. Cuando Frank y el médico entraron Stella salió. Mac le sonrió, y ella le devolvió la sonrisa, un poco forzada.

- "Eh, qué pasa, Stella"

- "Nada, sólo que parece que estamos destinados a ver como nacen los hijos de los demás... De todas formas, esto es algo maravilloso..." No pudo seguir, porque oyó a Eleni llamarles.

- "Stella, Mac... Por favor, si no estáis muy cansados... ¿Podrías quedarte conmigo, Stella? ¿No te importa, Mac? Creo que sólo ella podrá evitar que mate a tu amigo por haberme hecho esto". Stella sonrió, tomándole la mano a su nueva amiga.

- "Es un honor para mí que quieras que me quede. No podría dormir de ninguna manera, pensando en qué está pasando aquí..."

- "Yo esperaré fuera, como un buen tío, dando paseos por el pasillo" añadió Mac. "Mañana tenemos todo el viaje de vuelta a Nueva York para dormir".

En ese momento llegó el sobrecargo, acompañando a La Sra. Dña. Estela Alvarado, de profesión matrona.

El capitán Westwood salió a recibirla, junto con el médico.

- "Sra. Alvarado, sentimos mucho tener que molestarla, pero mi esposa embarcó esta noche para viajar a Atenas y esperar allí el nacimiento de nuestra hija, que suponíamos para la semana próxima, y parece que se ha puesto de parto y todo va rápido".

- "Llámeme Estela, por favor. No es ninguna molestia, no se preocupe para mí ayudar en estos casos es un deber, pero además un placer, me encanta mi trabajo. Necesitaré verla y evaluar si es mejor que el bebé nazca aquí o en la enfermería". El médico se puso a su disposición. Esta mujer inspiraba confianza, con su aspecto tranquilo y sólido. "¿No le dije, capitán Westwood, que la niña podría nacer en cualquier momento? Se la veía ya perfectamente hecha en la ecografía". El capitán se rió

- "Es cierto, la noche en que les mostré la ecografía... Acertó de pleno".

Habían entrado en la habitación, en la que estaban Mac y Stella. Frank se la presentó a Eleni.

- "Será mejor que salgamos los que no somos imprescindibles aquí" dijo Mac.

- "Sí por favor, señores" La matrona se hacía cargo de la situación. Le pidió al doctor unos guantes e inició una exploración completa. Después, con el estetoscopio escuchó los latidos del bebé. Eleni había pedido que se quedara Stella, de forma que estaban las dos Stellas y el médico.

- "Todo está bien, la niña está bien colocada, pero ya está demasiado avanzado como para trasladarla, ni a la enfermería ni a ningún otro sitio". La matrona hablaba con el médico. Otra contracción hizo casi doblar de dolor a Eleni, mientras oprimía la mano de Stella. Duró casi un minuto

- "Sólo han pasado tres minutos desde la anterior", dijo Stella. La frente de Eleni se estaba cuajando de sudor. Aún tenía puesto el vestido azul de la boda.

- "Mande traer toallas y sábanas estériles, y necesitaremos más guantes, batas para nosotros y para ella, y una bandeja de instrumental, o al menos pinzas y tijeras estériles para el cordón umbilical. Y también gasas, antiséptico... "

- "Lo traeré yo mismo", dijo el médico, y se dirigió rápido a la enfermería. Stella le limpiaba el sudor de la cara a Eleni.

- "Decía que querías que saliera ya... Pues mira, esta niña va a ser bien disciplinada, te ha oído y te ha hacho caso". Las tres mujeres se rieron por un momento. Frank se asomó.

- "¿Me dejarás quedarme? Quiero estar contigo, y ver nacer a mi hija"

- "¿Le oís? Ver nacer a MI hija, dice. Querrás decir a NUESTRA hija, espero"

- "Claro, mi amor, claro, es que estoy muy nervioso, y ni sé lo que digo..." Se agachó a besarle la frente por el otro lado de la cama en que estaba Stella sentada junto a ella. Otra contracción, violenta y dolorosa, empezaba y Eleni agarró las manos de ambos. Frank se sorprendió de la fuerza con que ella se las comprimía... lo que le daba una idea del dolor que estaba sintiendo. No sabía qué hacer ni qué decir, se sentía impotente.

- "Eleni, yo..."

- "¡Cállate!" le cortó ella entre dientes, aún sintiendo el último espasmo. "¡No sé si dejaré que vuelvas a tocarme en toda tu vida!". Frank miró con cara de susto a la matrona.

- "No se preocupe, capitán, eso lo decimos todas, pero después se nos olvida...". Miró otra vez, comprobando la dilatación. "Esto está a punto. En pocos minutos podrás empezar a empujar y creo que todo va a ir como la seda". El doctor llegó a tal tiempo y entre los dos profesionales en menos de un minuto colocaron las sábanas estériles debajo de Eleni, la despojaron de la ropa y le colocaron una bata de quirófano y Estela, la matrona, la colocó las piernas flexionadas, preguntándole si estaba cómoda así. La siguiente contracción se estaba anunciando y la matrona le indicó que cuando llegara, respirase hondo y empujase con fuerza. Eleni lo hizo, quedando sin aliento. Frank recordó entonces su papel aprendido en las clases de preparación al parto, y le indicó el ritmo de respiración. Pronto otra contracción se presentó y Eleni volvió a empujar lo más fuerte que pudo.

- "Muy bien, esto es excelente, ya veo la cabeza. Eleni, la siguiente vez saldrá la cabeza, tienes que empujar seguido hasta que esté fuera, yo te indicaré. Después de esto, todo está ya superado. Lo estás haciendo estupendo, nunca vi una primeriza que lo resolviera tan rápido. Venga, ánimo. ¡Empuja!" le dijo al sentir aproximarse la siguiente contracción. "¡Sigue, sigue!". Eleni no podía más, pero la voz de la matrona la animaba a hacer un último esfuerzo. "Ya está, relájate, respira, rápidamente saldrá el resto. Ahora voy a agarrar a esta señorita para ayudarle a sacar los hombros... y el resto es pan comido. Venga. ¡Ahora!". Con un último empujón, la niña se deslizó fuera, sujeta por la matrona. Ella misma empezó a llorar sin ningún estímulo, toda congestionada y furiosa.

La matrona se la pasó al médico, que la sujetó mientras Estela Alvarado maniobraba para pinzar el cordón. Le ofreció a Frank cortarlo con la tijera, lo que él hizo encantado. No podía dejar de mirar a su hija, que seguía llorando a todo pulmón.

- "Qué le pasa, por qué llora tanto?"

- "Porque está sana, capitán, no se preocupe. Está limpiando sus pulmones, llenándolos de aire, eso es muy bueno".

El médico envolvió a la pequeña en una toalla y se la entregó a su madre, que lloraba ahora profusamente, lo mismo que Stella.

- "Dios mío, es preciosa. No puedo creer que sea mi niña."

- "Pues de eso sí que no hay ninguna duda", le aseguró Stella, riendo. La matrona seguía trabajando, esperando ahora la expulsión de la placenta y poder asegurarse de que todo seguía su curso sin hemorragia ni complicaciones.

La pequeña se había calmado y había dejado de llorar. Por un momento abrió los ojos. Todos pudieron ver su color: azul como el más puro azul del mar en un día soleado. Justo como su madre. El doctor la tomó otra vez, siguiendo las instrucciones de la matrona.

- "¿Doctor, recuerda el test de Apgar? Hay que hacer la evaluación ya, y otra después de cinco minutos". El doctor recordó mecánicamente, tomando a la niña y colocándola en la superficie horizontal de la mesa

- "Frecuencia cardíaca, Esfuerzo respiratorio, Irritabilidad, Actividad y Apariencia"

- "Exacto, veo que fue buen estudiante"

El médico estaba tomando el pulso. Era fuerte, rápido y regular.

- "Pulso superior a 100, dos puntos para la señorita. En cuanto a la respiración, esos llantos tan potentes le dan otros dos puntos". Ahora la pequeña Stella se revolvía ante las "torturas" a que ese hombre la estaba sometiendo, y soltó un par de estornudos, gesticulando y braceando "Y dos puntos más por teatrera". Ahora tocaba evaluar la musculatura, flexionando brazos y piernas, primero forzadamente y luego libre. Stella pataleaba y braceaba como una fan de un grupo de rock. "Dos puntos más a la gimnasta, y finalmente, la apariencia y color de piel... No puede ser mejor, rosada y sin congestión, no hay labios ni uñas azules... ha sido un parto tan rápido que no ha tenido tiempo de sufrir... Dos puntos más que hacen un ¡Diez! ¡Matrícula de honor! En unos minutos lo repetiremos a ver si todo está normal, pero creo que podemos afirmar que es una niña completamente sana". La devolvió un momento a los brazos de su madre mientras preparaba el agua en el lavabo para bañarla.

- "Frank, estoy pensando que he cambiado de idea respecto al nombre" empezó Eleni, dirigiéndose a su marido.

- "¿Qué has pensado? Creí que definitivamente sería una Irene, como tu madre. Eras tú la que hablaste de la tradición griega de llamar a la primera hija como la abuela y todo eso..."

- "Ya, pero las circunstancias se imponen. Mira, esta niña ha venido al mundo en el Stella Maris, y en su nacimiento han estado conmigo mi amiga Stella, y mi comadrona y ahora también amiga Estela... Creo que es el destino. Se tiene que llamar Stella. Stella Irene Westwood, un nombre precioso ¿No os parece?". Las dos Stellas se miraron, sonrientes.

- "Tres Stellas en un camarote del Stella Maris", empezó la matrona. "Nunca pensé que mi última noche de crucero me iba a dar tanto de sí para contar en Barcelona..." Todos rieron.

Eleni sintió otra vez dolor al expulsar la placenta y la bolsa de agua, pero salió fácilmente, sin sangre ni más complicaciones. La contracción del útero ya había empezado y tras limpiarla la matrona la dejó descansar, indicándole que tras unas horas de reposo, y si todo seguía así de bien, se podría duchar para quedar más cómoda. Mientras tanto, el doctor se había ocupado de la niña, lavándola con sumo cuidado en el lavabo. Nuevamente, la pequeña Stella dio buena muestra de su poder pulmonar, protestando airadamente al ser arrancada de los brazos de su madre para ponerla en una pileta de agua tibia y sentir como le echaban por encima agua en todas las direcciones. Pataleó dando muestras de su vitalidad. El médico se rió. La evaluación del segundo Apgar fue otro rotundo 10.

Eleni le indicó a Stella la maleta en que tenía cosas de la niña, de modo que pudieron ponerle un pañal y un diminuto pijama rosa. Envuelta en una suave mantita rosa que Eleni tenía también preparada en la bolsa de llevar al hospital, la pequeña se calmó. Stella la tomó en brazos. Los que esperaban en el salón debían estar muertos de curiosidad, aunque ya Frank había salido para decirles que todo había ido perfectamente.

Eleni miraba a Stella envolver a la pequeña en la manta con todo el cuidado de no tocarle en la barriguita, para no hacerle daño en el ombligo.

- "Te sienta bien, realmente bien" Le dijo cuando la tomó para salir a enseñársela a Mac.

El sobrecargo, Mac y el médico estaban en la salita cuando Stella salió con el pequeño bulto rosa en sus brazos. Frank la siguió, orgulloso.

- "Señores, les presento a mi heredera, la señorita Stella Irene Westwood, la niña más guapa de este lado del meridiano 0, y del otro lado también"

Stella sonreía embelesada con la niña.

- "¿Quieres cogerla?" Por segunda vez en pocos meses, Stella pasaba un bebé recién nacido de sus brazos a los de Mac, mirándole intensamente a los ojos. "Parece que es nuestro destino, ser los padrinos y los tíos de los hijos de nuestros amigos" le dijo en un suspiro. Él se estiró para besarla sobre la niña.

- "Alguna vez será tuyo, seguro"

- "Nuestro, Mac". Él sólo sonrió, mirando a la niña. "Es preciosa, realmente bonita". La pequeña Stella abrió de nuevo sus ojos y después de eso, otro llanto potente inundó la sala. El médico indicó que probablemente ya estaba reclamando comida, por lo que Mac entró con la niña a entregársela a su madre y a felicitarla. Stella también entró, no quería perderse ese momento. Todos los hombres salieron de nuevo y Eleni se quedó con las tres Stellas. La matrona la indicó la mejor forma de sostener a la niña para que ambas estuvieran cómodas a la hora de mamar, y la pequeña Stella no tuvo ninguna duda sobre lo que se debía hacer en ese momento. En cuanto sintió en su boca el pezón de su madre, sus chupetones se oían por toda la habitación. La matrona se reía.

- "Es una niña perfecta, no creas que siempre aciertan a chupar a la primera. Pero creo que a esta señorita se le van a plantear pocos problemas en la vida. Tiene una determinación fuera de lo normal... Es una suerte, en mi profesión no siempre asistimos a momentos tan felices"

- "Sí, la verdad es que soy poco creyente, pero ahora pienso que tengo mucho por lo que dar gracias a Dios. Cuando se piensa en todas las cosas que podían haber ido mal…". Mirando a su hija, sintió que no podía haber más felicidad. Frank entró para completar el cuadro. Hasta a un hombre tan grande y curtido se le aguaban los ojos al ver la escena.

- "En una hora llegaremos a Atenas, con tantas distracciones el tiempo se ha pasado volando. El doctor va a pedir una ambulancia para que os traslade al hospital, así os harán una revisión completa a las dos, pero cree que ni siquiera será necesario el ingreso. ¿Usted qué piensa, Estela?"

- "Creo lo mismo. Sí a la revisión, pero imagino que preferirá continuar e instalarse en su propia casa. No ha habido más sangrado que lo normal, todo va muy bien. Ahora, el dar el pecho a la niña contribuye mucho a la contracción del útero y a que la recuperación sea aún más rápida. Y la pequeña Stella colabora bien fuerte...". La mujer acarició la cabeza de la pequeña, que continuaba chupando con ahínco

Eleni le tomó la mano a la comadrona.

- "Estela ¿Cómo podremos mi marido y yo agradecerte suficientemente lo que has hecho por nosotros? No sé qué habríamos podido hacer sin ti. El doctor Paulopolos es excelente, pero no tiene experiencia en estos casos, tú me has dado la confianza necesaria para vencer el susto y no dejarme llevar por el miedo... De verdad que no creo que nada que podamos ofrecerte en agradecimiento es comprable a lo que nos ha dado"

- "No te preocupes, Eleni, es mi trabajo. En días como hoy, es una satisfacción personal, incluso. Traer al mundo una criatura sana y preciosa es suficiente pago por tan pequeña molestia, así que no pienses en que me debes nada. El trabajo verdadero ha sido el tuyo, el de toda mujer que da a luz un hijo. Vosotras sois las heroínas de la historia. Se inclinó y la besó. Y ahora, me voy a retirar. Mi marido seguramente se habrá vuelto a dormir tranquilamente, pero ya toca ir preparando las cosas para la llegada"

Frank había salido de la habitación pero volvió inmediatamente con una cámara de fotos, y Mac entró con él, con su teléfono también dispuesto a inmortalizar ese momento.

. "Antes de que nadie se vaya… Tenemos que sacar unas fotos de todas las Stellas, empezando por mi pequeña". Frank hizo un montón de fotos, a la niña, a la niña y su madre, a la niña con Eleni y Stella, y con Estela, a Stella con la niña en brazos y Estela la comadrona bajo el letrero dorado del salón con el nombre del barco… Mac también le hizo fotos a la niña, y a Stella con ella en sus brazos. Finalmente, Frank les hizo unas preciosas fotos a Mac y Stella con la pequeña Stella, una vez en brazos de Mac y otra en brazos de Stella.

- "Sólo prestada", recalcó Frank, refiriéndose a su niña, "si queréis una como ésta, tendréis que trabajar en ello para fabricar una… y no de cualquier manera, no es tan fácil crear algo tan bonito". Todos se rieron.

La Sra. Dña. Estela Alvarado se despidió otra vez de todos, besando a la madre y a la hija, y también a su tocaya Stella, y estrechando la mano de Mac y del doctor. Frank se empeño en que le diera su dirección en Barcelona, su número de teléfono, y su dirección de correo electrónico para enviarle las fotos que habían hecho con la niña. La acompañó hasta su camarote, despidiéndose de ella con un abrazo

- "Si alguna vez necesitan algo que esté en mi mano conseguir, por favor póngase en contacto con nosotros sin dudarlo" le dijo, dándole su tarjeta personal y de la naviera. "Y no dude de que si alguna vez vamos por Barcelona, les haremos una visita"

- "Queda obligado, recuérdelo, y que sea verdad".

Frank volvió a su apartamento y le dijo a Eleni que ya debía incorporarse a dirigir la maniobra de llegada a El Pireo. Stella se ofreció a quedarse con la mamá y la niña hasta entonces, y Mac se fue a acostar durante la hora escasa que les quedaba para llegar al final del viaje. Qué noche de emociones, pensaba para sí, mientras no se podía quitar de la retina la imagen de Stella con la pequeña Stella en sus brazos. Se la veía tan natural... En fin, por lo que estaba viendo, a la vuelta a Nueva York tendría que tomar cartas en el asunto... y por molesto que le resultara haría todo lo que hubiera que hacer para que... No pudo seguir con lo que estaba pensando, porque se durmió.