Zootopia y todos sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Disney.
Parachute (Paracaídas)
4. Abrazos
La primera vez que Judy subió a un tren tenía once años y un diente de leche a punto de caer. Sus padres le habían dicho que tuviera cuidado y que se mantuviera cerca de ellos en todo momento, pero Judy, quien en una de sus películas favoritas había visto a un grupo de detectives perseguir a un asesino por los vagones de un tren, decidió que no le vendría nada mal ir a investigar por los pasillos. Solo por si acaso.
Ese día sus padres la encontraron en la cabina del conductor, quien amablemente había aceptado enseñarle cómo funcionaba la locomotora y que, para variar, conocía la película en cuestión.
Aquella memoria le sacó una sonrisa melancólica. Judy había estado tan emocionada ese día que no se dio cuenta en qué momento perdió el diente.
La segunda vez ocurrió después de que fuera aceptada en el Departamento de Policía de Zootopia. Al inicio se había sentido un poco triste de dejar a su familia atrás, pero en cuanto vio por primera vez las enormes palmeras del Distrito del Sahara, los puentes interminables en Tundratown o cuando pasó debajo de las cascadas en el Distrito Forestal, una inmensa alegría la invadió por completo y supo entonces que una nueva aventura la esperaba.
Y no se equivocó.
Diez meses más tarde, sentada en el mismo vagón donde todo había comenzado, lo único que pasaba por su mente eran las horas que faltaban para llegar a su hogar. El trayecto le parecía interminable. Está vez ni si quiera el libro de policías que llevaba en su maleta o la belleza del paisaje habían podido hacerla olvidar todo lo que había pasado.
"No hay de qué preocuparse," repetía en su cabeza una y otra vez, "papá es fuerte. Él va a estar bien."
"Tiene que estar bien."
En cuanto llegó a la estación tomó uno de los taxis del sitio y pidió que la llevaran de inmediato a su casa. Lo último que le había dicho su madre, antes de que la batería del celular se le descargara, era que los doctores habían decidido que no había problema en que su padre se quedará ahí. Aquello debía ser una buena señal.
No obstante, en cuanto vio a su madre esperándola en la puerta, toda la preocupación que había sentido desde su llamada regresó de golpe y no pudo evitar correr a su encuentro.
"Oh linda, te extrañé tanto."
Bonnie la abrazó con mucha fuerza, como si hubiese estado esperando todo ese tiempo para hacerlo. "Y yo a ti, mamá."
Por un momento ninguna de las dos habló, Judy jamás había deseado tanto un abrazo de su madre como en aquel instante. Y después, cuando se sintió más tranquila, fue ella misma quien la apartó con cuidado. "¿Cómo está papá?"
Bonnie la miró con dulzura. "Él está bien hija. El doctor dijo que se encuentra estable."
"Me alegra tanto escuchar eso," soltó con entusiasmo. "Tengo que verlo."
Su madre asintió y lentamente caminó hacia la puerta. "Vamos, está descansando en la recamara."
"¿No ha despertado aún?"
"No, pero el doctor dice que no hay de qué preocuparse. Su cuerpo aún necesita descansar."
La oficial suspiró, le habría gustado verlo despierto. Tenía muchas cosas que decirle.
"Vamos Judy."
Pero al menos ahora sabía que ya habría otra oportunidad de platicar.
Y cuando lo ve por fin, después de esas largas horas de incertidumbre, siente un alivio infinito que no podía explicar. Era como si su cuerpo se sintiera más ligero, tan liviano que podría flotar.
Era como si el oxígeno regresara a sus pulmones, dejándola respirar por primera vez. Y todo volvía a tener sentido, porque su padre esta ahí, estaba bien.
Y ella estaba con él.
Cuando Judy le dijo a su madre que deseaba quedarse esa noche con su papá lo decía en serio. Se sentía tan contenta que estaba segura de que no podría conciliar el sueño aunque lo intentara. Además, le gustaba ver a su padre dormir y saber que era ella quien resguardaba sus sueños.
Y a decir verdad, Stu parecía bastante repuesto, como si nada hubiese pasado. Incluso, Judy podía jurar que se le veía más robusto. "Barriga llena, corazón contento," solía decir su padre después de cada comida y tenía mucha razón. La buena noticia era que el doctor les había dicho que, con el debido reposo, su padre se recuperaría rápido. Claro, siempre y cuando siguiera un estilo de vida tranquilo, sin estrés ni preocupaciones. Lo cual sería todo un reto para la familia.
Pero ya buscarían la manera.
Era casi medio día cuando escuchó los pasos de su madre aproximándose a la habitación.
"Linda ¿por qué no vas a dormir un rato?"
Judy la recibió con una sonrisa. "Estoy bien mamá, no te preocupes."
"Tu papá va a estar bien Judy," insistió su madre, acercándose a ella y reposando una pata en su hombro. "En cambio tú, si no descansas algo puedes enfermar."
Judy sabía que su mamá lo decía de buena fe pero tampoco quería separarse de su padre. Aún le quedaba suficiente energía para aguantar un par de horas más. "Mamá, he hecho guardias más largas..." comenzó pero Bonnie la cortó de inmediato.
La coneja se cruzó de brazos. "Judy Hopps, en esta casa hay suficientes conejos como para formar un ejército. Estoy segura que alguno de tus hermanos puede tomar tu lugar." Y cuando Judy estaba dispuesta a replicar, agregó: "Tu papá querrá verte fuerte y animada cuando despierte."
Aquello la hizo reaccionar. "Tienes razón," suspiró. Después de todo sí se sentía un poco cansada. "Lo siento mamá."
"Está bien tesoro, ve a comer algo y te veo más tarde en tu habitación. Yo me quedaré aquí mientras tanto."
"Gracias," respondió con una sonrisa, y cuando se dirigió a su padre para darle un beso, algo más llamó su atención. Stu parecía haberse dado un golpe en la frente. "Mamá... ¿Por qué papá tiene estas heridas en la cabeza?"
Bonnie parpadeó sin comprender, hasta que vio de qué hablaba. "Oh, eso, no lo sabemos todavía. Probablemente se haya golpeado cuando cayó al suelo." Dijo restándole importancia.
Pero, por una extraña razón, para Judy pareció importante.
"¿Dices que estaba en la granja de los Grey cuando sucedió?" Soltó de repente, al recordar la historia que había escuchado cuando llegó.
"Sí, ellos fueron quienes lo encontraron cerca del almacén y lo llevaron al hospital." La coneja suspiró, mirando a su marido una vez más. "Si no fuera por ellos no sé qué hubiera pasado."
"Ya veo." Sin embargo, para Judy algo no estaba bien y su madre lo notó.
"¿Pasa algo Judy?"
La oficial negó con la cabeza, girándose hacia su padre. "Me gustaría agradecerles personalmente, es todo."
"Bueno, hoy vinieron temprano a ver a tu papá. También trajeron tartas para las visitas. Quizá mañana se den otra vuelta."
"Eso espero."
"Ve a descansar linda. Ya hablaremos de esto después."
Esa noche Judy despertó con una idea muy peculiar en su cabeza. Al inicio no estaba segura si se trataba de un sueño pues todo parecía bastante normal: se había levantado de vuelta en su departamento, bañado, cambiado, en fin, la misma rutina de todas las mañanas. No obstante, en cuanto puso un pie en la Comisaría, su visión empezó a distorsionarse… por decirlo poco. Justo en la entrada se encontraban todos los policías, quienes felices aplaudían la decisión de Benjamin y Nick de iniciar una relación formal. Sí, así como se escuchaba.
Lo curioso de todo esto es que ella era la única de ahí que lo veía raro. Algunos incluso lloraban de la emoción. Y por si fuera poco, ambos insistían en que ella fuera la madrina.
Pero eso no fue todo, el sueño se volvió todavía más confuso. Gazelle apareció en plena escena y Clawhauser, quien había estado enamorado de ella toda su vida, no dudó en confesarle su amor, dejando a Nick desconsolado.
Lo peor de todo era que Judy había terminado reconfortándolo.
"Zanahorías, ¿qué tiene ella que no tenga yo?"
Sentía escalofríos de solo recordarlo.
Moviéndose un poco en la cama, la coneja talló sus ojos con pesadez y gruñó. Aquello tenía que ser una broma.
"Y yo que creía que siempre despertabas de buen humor," respondió una voz a sus espaldas, tomándola desprevenida.
Judy se volteó de inmediato y la sonrisa que se formó en sus labios fue natural. "¿Lily?"
Y no se había equivocado. Delante de ella se encontraba una coneja alta, de pelaje grisáceo y ojos marrones, idénticos a los de su padre.
La coneja en cuestión asintió divertida. "¿No vas a saludar a tu hermana favorita?"
Judy no necesitó escucharlo dos veces para abalanzarse sobre ella.
"¡Lily! ¡Eres tú!" Saltó en sus brazos. "¡Me da mucho gusto verte!"
"Por supuesto que soy yo," bromeó con ella, separándola un poco para verla mejor. "A mi también me da gusto Judy, aunque debiste de haberme avisado que venías. Yo misma hubiera ido por ti a la estación."
Judy suspiró. A decir verdad no había tenido cabeza para pensar en algo más que no fuera la salud de su papá. "Lo siento, la batería de mi celular murió y no tuve tiempo de avisarle a nadie."
"Está bien," sonrió. "Lo importante es que estás aquí."
Judy estudió por un momento la imagen que tenía frente a ella. No recordaba la última vez que Lily y ella habían estado a solas en su habitación. "Probablemente fue antes de que entrara a la academia," pensó con nostalgia, y con ese recuerdo en mente comenzó a hablar. "Lily, recuerdas cuando…" hasta que cayó en cuenta de la oscuridad que las rodeaba. "Un momento, ¿cuánto tiempo estuve dormida?"
"Casi todo el día."
"¡Dulces galletas con queso!" La coneja la soltó rápidamente, dirigiéndose a la puerta en seguida. "¿Por qué no me despertaron antes?"
Su hermana rió al ver su expresión. "No te preocupes, teníamos todo bajo control y por eso preferimos dejarte descansar." Pero al ver que Judy estaba dispuesta a salir, caminó hacia ella. "Espera, ¿a dónde vas?"
"¿Y papá?" Fue su única respuesta.
"Despertó hace rato pero se volvió a dormir."
Aquello bastó para detenerla. "Oh," murmuró con las orejas caídas. "Esperaba verlo despierto esta vez."
"Tranquila," su hermana avanzó nuevamente hacia ella. "Le dijimos que habías venido a verlo. No sabes lo feliz que se puso.
La coneja sonrió con pesar. "Gracias Lily."
"Ya habrá otra oportunidad."
Judy también lo sabía pero no podía evitar sentirte un poco triste al respecto. No obstante, al mirar a la dirección de su hermana, algo más importante capturó su atención.
Por un momento había olvidado que su hermana estaba esperando una linda camada de conejitos.
"¡Lily, no puedo creerlo!" Una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en su rostro. "Mira nada más el tamaño de esta barriga, ¿cómo pude no verla antes?"
La susodicha río con ella. "Ya era hora de que lo notaras."
"¿Cómo están mis sobrinos?" Preguntó mientras colocaba una pata en su estómago abultado. Le hacía mucha ilusión ver a su hermana embarazada.
"Creciendo saludables y fuertes. O eso espero, me tienen comiendo todo el tiempo." Dijo sin dejar de sonreír. "Hablando de eso, apuesto a que no has cenado."
Judy río nerviosa. "Tal vez me salté algunas comidas..."
Lily, a su vez, se cruzó de brazos. "Tal y como me lo imaginé. Vamos, mamá preparó un rico caldo de calabazas."
Mientras su familia comía el postre Judy tuvo una idea. Todos en Bunnyburrow terminaban de cenar cerca de la de la noche por lo que, si se apresuraba, aún podía llegar a casa de los Grey a una hora considerable.
El problema era su madre. Judy estaba consciente de que la coneja no estaría del todo de acuerdo. Era normal, suponía, no había necesidad de ir a molestar a los vecinos a esas horas cuando podía ir en la mañana.
Y Judy habría esperado, por supuesto, pero algo le decía que necesitaba escuchar su versión. No es que desconfiara de ellos, solo quería hablar con Gideon y su padre antes de pasara más tiempo.
Después de todo aún no era demasiado tarde para hacerles una visita rápida.
Y con esa idea en mente se disculpó de la mesa, asegurando que solo iría a darse una ducha. Aunque, una hora más tarde, la habitación en donde se encontraba era todo menos el baño.
"Judy Hopps, ¿verdad?" La coneja asintió de inmediato, esperando que su visita no les causara ninguna molestia. "¡Pero que grande estás! Pasa querida, estás en tu casa."
"Muchas gracias señora Grey."
La oficial caminó hasta uno de los sillones que había en la sala, admirando la hermosa decoración que había en el lugar. Jamás se habría imaginado que la señora fuera tan meticulosa con los arreglos y colores de la casa, porque era imposible que aquello fuera obra de la mano de Gideon o de alguno de sus hermanos.
Aunque, pensándolo bien, aquel zorro había demostrado tener talento en la resposteria. Así que, ¿por qué no?
"¿Cómo se encuentra tu papá?" La pregunta la sacó de sus pensamientos. Había algo en esa zorra que se le hacía demasiado familiar.
"Oh, él está mejor, gracias."
"Me alegro, el viejo Stu es un conejo fuerte."
Judy no podía estar más de acuerdo. "Así es."
"¡Judy!" Justo en ese momento el señor Grey había entrado a la sala, llevando consigo una caja con el logo del negocio. Judy ni si quiera recordaba cómo lucía, había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo vio. "Qué sorpresa linda, no esperaba verte por acá." Y asomando la cabeza por el marco de la puerta, gritó: "¡Gideon! ¡La señorita Hopps vino a visitarnos!"
Judy rió apenada por aquel recibimiento, no quería era su intención llamar la atención de esa manera. "Gracias. Solo venía a saludarlos y agradecerles las atenciones que han tenido con mi familia."
"No es nada," el viejo zorro sonrió, dejando a un lado lo que llevaba. "Lo hacemos con gusto."
"Aún así, " insistió, mostrando una sonrisa sincera. "Muchas gracias por todo."
"¿Judy?" Esta vez era Gideon quien asomaba la cabeza.
A Judy le causó mucha gracia verlo de esa manera, con la cara más roja que de costumbre y lo que parecía ser una pijama.
"Lo siento mucho," comenzó ella de inmediato. "De seguro ya estaban por acostarse."
"No te preocupes Judy," fue la señora quien habló esta vez. "Gideon siempre anda de pijama cuando está en la casa. ¿No es así, cielo?"
El susodicho bajó las orejas de la vergüenza. "Eh... Yo... Es un gusto verte por acá, Judy. ¿Cuándo regresaste?"
"Igualmente." La coneja trató de disimular su sonrisa. "Llegué hoy en la madrugada."
La señora Grey abrió los ojos como platos. "Pobrecilla, de seguro debes de estar muy cansada."
Judy mostró una sonrisa sincera. No podía evitarlo, la cola, el color, la nariz, aquella familia la hacía pensar en Nick sin duda alguna. Pero entre el tamaño y la gordura de Gideon y su papá, era la señora Grey quien más se la parecía.
"¡Oh, pero ya descansé!" Les aseguró con insistencia. "No se preocupen. Solo quería agradecerles, supe que ustedes auxiliaron a mi papá cuando se puso mal."
El zorro mayor fue quien asintió. "Mi Gideon lo encontró en el almacén, no teníamos idea de lo que le había pasado y preferimos pedir una ambulancia."
"El pobre Stu se veía muy mal," comentó su esposa.
"Pero, ¿no saben qué pudo haber ocasionado el infarto?"
Gideon pareció meditarlo. "En realidad no, tu papá estaba muy tranquilo, incluso bromeó un poco cuando llegó."
Aquello inquietó a la coneja. "¿Estás seguro? ¿No dijo nada más?"
"No, lo siento Judy."
"Ya veo..." murmuró, tratando de procesar lo que acababa de escuchar. "Gideon, ¿Cómo fue que lo encontraste?"
"Bueno, ambos habíamos ido al almacén por unas cosas solo que yo olvidé las llaves del carro y regresé a la casa por ellas. Cuando volví el señor Hopps ya estaba inconsciente."
"Probablemente el infarto ocurrió cuando no estabas." Comentó su padre, "esas cosas suceden sin avisar."
Y tenía sentido, pero todavía había algo que no le dejaba tranquila. "Podría... ¿Echar un vistazo al almacén?"
"Claro," el señor no tardó en responder. "Aunque sería mejor que vinieras por la mañana, la luz no es muy buena en la noche."
"Sí, no hay problema señor Grey." Judy trató de sonar lo más educada posible, aunque en el fondo se sintiera un poco decepcionada. Le hubiese gustado ir en ese momento. "Gracias por su tiempo."
"A ti Judy, no tenías que venir hasta acá."
"En realidad," pensó, "sí tenía."
En todo el camino de regreso no pudo dejar de pensar en Nick. Aun se sentía culpable por lo que había ocurrido, por no haber podido ir detrás de él. Y ahora, a kilómetros de distancia, era consciente de que no podía hacer nada más que esperar.
Ni si quiera podía llamarlo, había dejado olvidado el cargador de su teléfono. Así que esa idea estaba descartada.
Además, sabía que quizá aquello no hubiera servido de mucho, después de todo Nick se veía bastante molesto. Bastante herido. Pero por lo menos le hubiera gustado poder explicarle cómo sucedieron las cosas.
Nick lo merecía.
"Aún después de todo este tiempo, ¿sigues desconfiando de mi?"
Sin embargo, las palabras que había deseado decirle se habían quedado guardadas en su mente.
"Confío en ti, jamás dejé de hacerlo."
Sentía un vacío en su interior cada vez que pensaba en ello, eran tantas las cosas que le hubiera gustado decirle pero si de algo estaba segura, era de que volvería por él. En cuanto su padre se recuperara, por supuesto, Judy se encargaría de compensar el tiempo perdido.
Sí, Nick lo merecía.
"Lily," se dirigió a ella en cuanto entró a la cocina. "¿Sabes si mamá sigue despierta?"
"Claro, solo fue a acostar a los más pequeños. ¿Por qué? ¿Necesitas algo?"
Judy negó sin dejar de sonreír. "No es nada." Y al ver que su hermana se encontraba lavando los trastes, se levantó las mangas y se colocó a su lado. "¿Te ayudo?"
"Claro." Lily se movió para darle espacio, y mientras la oficial tomaba uno de los platos, continuó: "¿por cierto, dónde te habías metido?"
Judy paró las orejas en respuesta. "Fui a darme un baño," soltó como si nada.
"Claaaro," repitió con lentitud, dejando los trastes por un momento. "Y seguramente necesitabas el carro para eso."
Judy casi rompe una taza al escuchar aquello. Lily, por su parte, no pudo contener la risa.
"Tranquila, no pensaba decirle a mamá."
Bajo esas circunstancias Judy sabia que no tenía caso seguir ocultando su visita a los Grey. Después de todo Lily era demasiado lista. Así que, ya más tranquila, retomó su historia.
"Fui a ver a Gideon y su familia."
"¿En serio?" Preguntó desanimada, como si esperara algo diferente. "¿Y para qué?"
"Solo quería agradecerles, es todo."
"Judy, Judy, Judy," canturreó con burla. "¿Y eso no podía esperar?"
Judy suspiró. Hubiese deseado poder explicarle a su hermana lo que sentía en esos momentos. ¿Pero qué podía decirle? ¿Qué tenía un mal presentimiento sobre lo que le había pasado a su papá? Es decir, no había nada de raro en ello, había sido un accidente y ya, seguramente Lily lo encontraría absurdo. Y a decir verdad, Judy también lo pensaba.
"¡Lily!" Le llamó uno de sus hermanos. "¿Hay más basura para sacar?"
La coneja miró a todos lados, como si tratara de buscar las bolsas faltantes. "Creo que hay una en el cuarto de los pequeños."
"Bien, la llevaré antes de que pase el camión."
"Le dije que lo hiciera desde la tarde," comentó la mayor, fregando con más insistencia uno de los sartenes. "Kevin siempre deja todo al último."
Judy se sintió aliviada por esa pequeña interrupción. "Lily, ¿necesitas ayuda con..."
"¡KEVIN!" Exclamó la coneja de repente, dándole un tremendo susto a su hermana. "¡Todavía no has sacado la basura del baño!"
"¡Lily!" Judy respondió en su lugar, llamando su atención. Lily tenía fama de despertar a todo el vecindario con sus gritos. "Yo lo hago, no te preocupes."
"Gracias Judy, por fin alguien capaz en esta casa."
La coneja solo rodó los ojos. "Debe ser el embarazo" supuso en sus adentros.
Al final Judy había terminado sacando la basura de toda la casa. No es como si su hermano le hubiera dejado todo el trabajo a ella –o quizá sí, no sería la primera vez– pero aquello le había servido para despejarse un poco.
"¡Y listo!" Soltó al dejar la última bolsa en el suelo, bastante complacida consigo misma. "No era para tanto."
La coneja se sacudió la ropa antes de admirar el paisaje. Si algo amaba de ese pequeño pueblo era lo impresionante que se veía el cielo por las noches. Tan inmenso. Judy jamás había visto tantas estrellas en Zootopia.
"Esa de allá es la Osa Mayor."
Recordaba a la perfección la voz entusiasmada de Nick, quien señalaba al cielo con una pose casual.
Judy arqueó una ceja en aquel entonces, segura de que su compañero enseñaba más interés del que quería demostrar.
"¿Seguro? Creí que se llamaba El Buhó, Lechuza, algo por el estilo." mintió, mostrando una sonrisa traviesa.
"¿Qué?" Nick casi parecía ofendido. "Zanahorias, ¿quien te dijo esa blasfemia?"
Judy no pudo contener la risa que escapaba de sus labios. "No sé Nick, lo acabo de inventar."
El zorro abrió la boca para contestar, pero al darse cuenta de que había caído en la trampa, se cruzó de brazos. " Muy graciosa."
"Lo sé, lo sé," Judy lo picó en las costillas, tratando de hacerle reír también. "Me parece genial que sepas todo eso, Nick."
"Si tú lo dices." En esa ocasión Nick había desviado su mirada, pero la sonrisa de su rostro se mantuvo incluso después de que regresarán a casa. "Solo no le digas a nadie."
Esta vez la oficial sonrió con nostalgia. Aunque lo negara, Nick aún conservaba su espíritu de pequeño explorador. "Torpe zorro."
Con ese recuerdo en mente decidió volver a casa, el camión no tardaría en pasar así que sería mejor ir a ver en qué más podía ser útil.
Pero mientras caminaba hacia la puerta, un ruido la hizo detenerse. Un carro se había parado justo delante de su casa y aunque por un momento creyó que se trataba del recolector de basura, sus ojeras captaron una voz peculiar.
"¿Dice que esta es la granja de la familia Hopps?" Escuchó a lo lejos y, sin darse cuenta, la coneja comenzó a avanzar hacia el auto.
"Estas son las madrigueras," le corrigió el conductor.
"Madrigueras, claro."
Judy contuvo la respiración. No podía ser. No había forma de que fuera él.
"Pero sí, aquí es."
Y aún siendo imposible, en cuanto el carro arrancó, el único animal que quedó de pie era él.
Sus pasos se detuvieron en ese momento. Al igual que su corazón.
"¿Nick?" La pregunta fue dicha como un murmullo, sin esperar ser escuchada por nadie más.
"Sí Judy, soy yo."
Entonces todo ocurrió demasiado rápido. No supo en qué instante comenzó a correr ni tampoco sintió las lágrimas que empezaban a deslizarse por sus mejillas. Lo único que podía pensar en ese momento era en Nick, que estaba ahí, está vez no se trataba de un recuerdo.
Era completamente real.
Y cuando hundió el rostro en su pecho ya nada más importó, pues Nick estaba con ella.
"Zanahorias espera." La voz del zorro parecía temerosa. "No me digas que tu papá..."
"¡No, no!" Judy le detuvo de inmediato, la sola idea la hizo estremecerse. "Él está bien, ya todo está bien."
Nick suspiró en respuesta. "Me alegra escuchar eso."
Y Judy, quien aún se encontraba entre sus brazos, sonrió de felicidad. "A mi me alegra verte aquí."
Nick la abrazó con más fuerza. "Coneja sentimental."
"Oh cállate." Ambos rieron y Judy ni si quiera sabía lo mucho que había extrañado ese sonido.
"No vuelvas a irte así," habló de pronto, sonando un más serio que de costumbre. "Sin avisar."
"No va a volver a pasar," Judy le aseguró sin dudarlo. "Te lo prometo."
Y por un buen rato ninguno hizo el intento por separarse. Todo estaba bien.
"¿Entonces fue el jefe Bogo quien te avisó?"
Nick hizo un gesto de molestia. "Sí y no, digamos que yo insistí mucho."
Judy sonrió al imaginárselo. Bogo siempre perdía la paciencia con él.
Ambos caminaban lado a lado hacia la casa. "Siento mucho no haberte dicho nada. Todo fue tan rápido y después mi celular..."
"Lo sé Zanahorias, no tienes que darme explicaciones." Y mirándola de reojo, agregó: "Yo entiendo."
Judy asintió, poco convencida. "Además... Bueno, lo último que dijimos..."
Nick suspiró. "No hablemos de eso ahorita."
Pero algo le decía que ese tema era más importante de lo que aparentaba. "No Nick, yo no debí..."
"Judy... " Comenzó él, cuando la puerta se abrió.
Los dos se quedaron quietos de pies a cabeza.
"¡Judy!" Su madre tenía ambos brazos en las caderas. "¿Dónde te habías...?" Y en cuanto vio al zorro, sus ojos se abrieron de par en par. "¿Nick?"
Bonnie había visto alguna vez al oficial en videollamadas, fotografías y demás cosas que Judy le mandaba, y no es que le cayera mal, es solo que verlo por teléfono era una cosa y encontrarlo en la puerta de tu casa era otra.
La sorpresa de su rostro era inconfundible.
"Buenas noches señora Hopps," el zorro se apresuró a contestar. "Sé que es un poco tarde para presentarme de esta manera."
Judy iba a hablar en ese momento pero Bonnie pareció salir del trance en el que se encontraba. "No, no, para nada." Y lanzándole una mirada a su hija, continuó: "Los amigos de Judy siempre son bienvenidos."
"Gracias," respondieron al mismo tiempo.
"Pero pasa," la coneja se hizo a un lado, "estás en tu casa."
"Muchas gracias señora Hopps."
"Judy," Se dirigió a ella en cuanto llegaron a la sala. "Ofrécele algo de cenar." Y moviéndose hacia él, le sonrió. "Y tú Nick, ¿tienes dónde pasar la noche?"
"Eh... " pareció meditarlo. "Bueno, el conductor dijo que había un motel de paso a unos kilómetros de aquí."
"¿Qué?" Soltaron las dos conejas, asustándolo un poco. "¡Para nada!" Bonnie le regañó. "Hay suficiente espacio en esta casa para ti."
Mostrando una sonrisa, Nick utilizó la voz más amable que tenía. "Muchas gracias."
"Iré a preparar una de las recamaras. Y Judy, no se te olvide la cena."
"No mamá."
"Bien, ahorita vuelto." Y mientras subía las escaleras, gritó: "Siéntete en tu casa Nicholas."
En cuanto su madre estuvo lo suficientemente lejos, Judy lo miró incrédula. "¿En verdad pensabas irte a un motel?"
"Por supuesto que no Zanahorias, es parte del encanto Wilde." Sonrió con seguridad. "Siempre funciona."
Judy rodó sus ojos, divertida. "Ajá."
"Funcionó contigo la primera vez, oficial Toot Toot."
Judy le lanzó una mirada de advertencia. "Ni me lo recuerdes."
"¿Cómo dijiste aquella vez? Un zorro elocuente en verdad." Continuó sin dejar de sonreír. "
"¡Nick!"
…
¡No me maten! Sé que tardé años en actualizar pero es que este capítulo fue muy, muy difícil de escribir. No sé, cuando inicié esta historia las interacciones entre Judy y Nick eran tan fáciles de imaginar pero pensar en Judy y su familia fue todo un dilema. ¡No tenía ni idea de qué escribir! Y ni hablar de los Grey… creo que por eso este capítulo me quedó un poco más flojo que los anteriores pero, por otra parte, de aquí en adelante los capítulos tendrán mucho de esta parejita, así que ahí los compensaré.
Y bueno, entre otras cosas estuve en semana de proyectos finales, lo que significa que la siguiente será de puros exámenes. Pero no se preocupen, me haré tiempo para continuar con el capítulo. ¡Oh! Y ayer fue mi cumpleaños, por eso es que hasta ahorita estoy subiendo esto x) digamos que me fui de rumba un rato…
Pero bueno. ¿Qué les pareció? De verdad me gustaría leer sus opiniones porque, como les dije, sentí que este fue un capítulo muy flojo, como que le faltó sentimiento, no sé D: así que acepto todo tipo de sugerencias. La parte con los Grey tampoco me convenció pero era importante para la trama que estuviera, así que al final lo dejé.
Y ya para acabar, me gustaría dedicar un momento para agradecerles todo el recibimiento y apoyo que me han dado en estas semanas. Se siente muy bonito recibir sus reviews en el correo, todos los días lo checo bien tempranito y con solo verlos ya me hacen el día entero. ¡Los quiero mucho! A cada uno de ustedes les he tomado mucho cariño y hasta ganas me dan de abrir un grupo o algo para que platiquemos bien xD porque por aquí siento que no es suficiente. De verdad se los agradezco de corazón. Oh, y un saludo enorme para Magicfans.
Por último, siempre trato de contestarles a todos los que comentan por este medio pero para quienes no tienen cuenta aquí va:
Themistery777: Sorry, I hope I didn't make you wait too long. Thank you for your patience! ;; Sorako: Me alegra que te hayan gustado las referencias, es una lástima que no haya puesto nada de eso en este capítulo :C ya veremos que pasa en el siguiente. Y estás en lo cierto en muchas cosas que pusiste, peeero no quiero decir mucho para no spoilearte la trama xD. Muchas gracias por tu mensajito, te mando un abrazo. ;; Tu si sabes: ¡Gracias! Espero que te haya gustado este capítulo :) ;; SoniOmega: ¡Oww muchísimas gracias! Es un gusto leer tus comentarios :') ;; Wariuko XD: A mi ya me estaba dando uno por no actualizar a tiempo xD creo que puse demasiadas cosas en el capítulo anterior que sentí que este quedó muy simple a comparación. Y, ¿verdad que sí? ¡Su química es magnífica! Amé cada uno de los momentos que tuvieron en la película :') gracias por tus comentarios linda, prometo echarle más ganas a la próxima. Y si notas algo de OOC no dudes en decirme.
¡Que tengan un bonito fin de semana!
