Notas de la Autora:

Lo sé tantos meses sin actualizar, pero he tenido muchas cosas pendientes en mi trabajo… Sé que disculparme no es una solución pero aquí están los capitulos prometidos.

No se molesten, pero he tratado de hacer un capítulo en donde comiencen a darse los indicios de lo que sucede en las tierras del terrateniente.

Capítulo V: El misterio dentro del Castillo Parte 2

En la cabaña todos guardaron silencio, Inuyasha tenía razón debían apresurarse y encontrar el monstruo que estaba raptando a esas chicas; lo único que lo mantenía tranquilo es que ni Kagome o Sango estaban embarazadas sino se preocuparía por ellas también.

-Considero que debemos de ir a buscar algunas pistas – suspiro y se levantó- Vamos Inuyasha, debemos buscarlo.

-Está bien.

El joven analizaba la situación propuesta por el visitante, tenía conocimiento que podía ser algo de vida o muerte y que cualquier criatura que tocará un bebe inocente debería perecer; así que decidió comenzar a tomar cartas en el asunto.

-Dime, Sango ¿No crees que deberíamos ir por Kirara?

- Creo que estoy de acuerdo, excelencia.

Ambos se retiraron de la habitación para ir por la mascota de la chica y también por Kagome, la cual podía detectar algunas presencias dentro de cualquier terreno.

Por el pequeño Shippo no se preocuparon, pues parecía divertido jugando con el hermano de Sango y ambos se quedarían bajo la tutela de la anciana Kaede; y con la compañía de la dulce Rin sabían que estaría contento con sus amigos.

XXX

A punto de partir rumbo a sus tierras, el terrateniente ofreció transporte, por lo que el grupo decidió transportarse del modo habitual, con Kagome en la espalda del hanyou y la pareja sobre la mononoke, delante de ellos iban los guardias y el joven terrateniente que viajaban junto a ellos en los caballos. La castaña y el monje no dejaban de pensar sobre las intenciones del castaño; pero sabían que por los planes de su boda…necesitarían bastante el dinero que se había acordado que sería el cobró del trabajo.

Llegaron luego de un día de viaje, comenzaron a observar que los terrenos cercanos a la mansión del joven se mostraban mucho más obscura que el resto del lugar rápidamente la sacerdotisa y el monje se mostraron interesados por ir dentro del castillo; en cambio la exterminadora y el ojidorado explorar la parte exterior; así que decidieron separarse y buscar alguna pistas.

Luego de separarse por parejas para ir a explorar, el grupo conformado por Kagome y Miroku, lograron rápidamente dar con lo que parecía ser un libro extraño sus hojas tenían anotadas unos símbolos extraños y lo que más llamo su atención fue al finalizar el libro encontraron con sangre anotado un nombre él ojiazul conocía muy bien.

-Miatsu…. ¿Qué hace tu nombre aquí?

- ¿Sucede algo, Miroku?- pregunto la azabache sin mirarlo – Parece que viste algo.

- Es extraño, señorita - pensativo- No hay nada… aquí.

Mientas ágilmente guardaba entre sus túnicas el libro, su mirada parecía sensata y tranquila no mostraba nada extraño, sabía que cualquier cosa relacionada con su abuelo debía consultarla con su maestro Mushin.

Decidió decirle a la azabache que cancelaran la búsqueda, que mejor fueran por el lugar donde sus compañeros se marcharon; sin desconfiar de la intuición de su amigo, ella lo siguió dudosa debía ver porque el monje cambiaba su actitud…

XXX

Sango e Inuyasha investigaban los pastizales que rodeaban el castillo, los animales y la gente que había en esas tierras parecían tranquilos; el ojidorado aún seguía sin creer la historia que el dueño de estos terrenos les contará de un demonio. Sabía que con ella podía atraerlos y por la confianza que tenía en su grupo debía cuidar a la castaña, sino el monje lo acabaría.

-No se observa ninguna energía o presencia, Inuyasha- tratando de detectar algo- Creo que deberíamos regresar.

-Yo tampoco percibo algo, Sango.

Después de unos minutos caminando se encontraron por dos caminos ambos parecían dirigirse rumbo al castillo, cada uno tomo una desviación el peliplateado observo a la chica marcharse por el camino el izquierdo y sin percatarse de la presencia de una sombra obscura detrás de ella, tomo el otro camino sin preocuparse.

XXX

Miroku y Kagome corrían a paso presuroso ambos presentían que algo se acercaba, tal vez era una suposición de ellos, pero las cosas podrían cambiar de un momento a otro y al fijar su mirada al cielo observaron que todo el claro cielo se había teñido de un oscuro tono.

Llegaron al cruce de caminos tomado por sus compañeros minutos antes, decidieron que era mejor separarse y buscar; ella fue por donde Inuyasha y el monje tomo el que eligió su novia minutos antes. Antes de continuar su camino menciono unas palabras a su amiga.

-Kagome, nos vemos en veinte minutos en el castillo.

-Por supuesto- diciendo un guiño de adiós- Los espero a Sango y a ti.

-Mi bella Sanguito, espero… Estés bien.

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El joven hanyou tocaba impaciente sus dedos su el colmillo de acero, odiaba que intentaba buscar algún rastro pero su nariz no lograba percibir nada más que el olor a pasto fresco y el olor a lirios blancos… Odiaba reconocerlo pero sentía que era una estupidez separarse de Sango y venir a este lugar a investigar lo de un demonio inexistente; comenzó a detectar un perfume que conocía muy bien.

-Kagome ¿estás bien?

-Inuyasha, el monje Miroku y yo nos preocupamos por ustedes- pensó- ¿Dónde está, Sango?

-Se fue por el otro camino.

-Descuida, él fue por ella y yo creo que estarán bien.

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La castaña caminaba a paso tranquilo observando todo, cuando de repente sintió que alguien le seguía los pasos… Quiso voltear, pero sintió que algo se le subía a la espalda, tratando de respirar y pero lo único que conseguía era ver que su ropa comenzaba a desgarrarse.

Sabía que era una mujer valiente, pero esta situación se sentía vulnerable y no dejo evitar pensar que posiblemente esta entidad era lo que lastimaba a las mujeres con sus bebes.

Escucho unas palabras que la perturbaron y la hicieron desear que alguien la apoyara.

-Ahora sí, Sango – rio macabramente la sombra- Serás mi mujer en este lugar.

-Nooooo, Miroku – comenzando a llorar- Ayúdame.

De repente sintió que comenzó a perder la conciencia y todo fue obscuridad para ella.